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El Gobierno reestatizó el astillero naval Tandanor

La Nación
 
El Estado retoma otra empresa: se revocó una decisión de Menem

 
La ministra de Defensa, Nilda Garré, dijo que será por decreto; sorpresa entre trabajadores
 
Cuando se publique el decreto en el Boletín Oficial, el Gobierno habrá sumado una compañía más al portafolio de empresas públicas. Ayer el presidente Néstor Kirchner anunció que volverá a la órbita del Estado el astillero Tandanor, privatizado en 1991 y después gerenciado por los trabajadores después de que quebrara el accionista mayoritario.

El Presidente firmó ayer un decreto de revocación de la decisión adoptada en 1991 por el entonces gobierno de Carlos Menen de vender el 90% de las acciones de Tandanor a la sociedad Industria Dársena Norte (Indarsa).

El anuncio corrió por cuenta de la ministra de Defensa, Nilda Garré, que dijo que el decreto "deja sin efectos la licitación y encomienda" a su cartera "tomar posesión inmediata de los astilleros, reorganizarlos e instrumentar un programa de propiedad participada" con los empleados.

Garré calificó la privatización de "una operación vergonzosa" y señaló que hubo "vicios notorios y manifiestos" en el proceso de licitación para la privatización de los astilleros, que supusieron bajar el precio de venta, pactado inicialmente en 168 millones de dólares, a 59,7 millones.

Actualmente, Tandanor tiene un plantel de 381 trabajadores y no recibe subsidios estatales para funcionar. Sin embargo, por cuarto año consecutivo, el astillero terminó el ejercicio con ganancias después de facturar 55 millones de pesos.

La ministra detalló que Indarsa sólo abonó una primera cuota -por US$ 7 millones-, y que en ese momento el Estado, en vez de rescindir la operación por la falta de pago, ejecutó los distintos pagarés y esto llevó a la quiebra de la firma.

La noticia tomó por sorpresa a los trabajadores y a la dirigencia de la empresa. A pocos metros de la reserva ecológica de Costanera Sur, la compañía gerenciada por los trabajadores desde 1999 amaneció sin ningún conocimiento de la medida que, en principio, modificará su destino laboral.

"No sabemos nada. No es un proyecto que se haya consultado con el directorio de la empresa. Tampoco tenemos ninguna comunicación del Gobierno ni de la Justicia", dijo ayer a LA NACION el presidente de la compañía, Claudio González.

El astillero Tandanor es una empresa con algunas particularidades. En 1991 se privatizó, pero años más tarde, el accionista mayoritario quebró. La Justicia, entonces, nombró un síndico que se hizo cargo de seguir los números de la compañía.

Con el accionista mayoritario en quiebra, en julio de 1999, Tandanor designó un directorio conformado por trabajadores que todavía se mantienen a cargo de la gestión del astillero.

"Hubo tres años donde los trabajadores capitalizamos nuestros sueldos porque no había posibilidad de pagarlos. En 2002 se empezaron a ver los frutos. Ahora el astillero da ganancias y está pagando las cuotas de la convocatoria", dijo González.

Sucede que después de la quiebra de Indarsa, Tandanor se presentó en convocatoria de acreedores. Pero la reactivación del sector, de la mano de la ventaja competitiva que le da a la Argentina el nivel de salarios bajos en términos de dólares, hizo de esa empresa, inviable años atrás, pasara a ser a una compañía con perspectivas positivas.

Así las cosas, Tandanor inició un proceso de saneamiento. Pagó $ 7 millones de un total de 25 a los que asciende la deuda concursal.

"Estamos al día con el acuerdo y sin deuda posconcursal. Aún se deben $ 18 millones con vencimientos en los próximos cinco años. La compañía está marchando bien", sostuvo González.

Licitación sospechada

El proceso de licitación de los Talleres Navales Dársena Norte (Tandanor), uno de los más grandes del país, desembocó después en una causa judicial por irregularidades en la que están involucrados empresarios y directivos de bancos.

Uno de los principales encausados por este juicio, bajo los cargos de defraudación al Estado y administración infiel, era el recientemente fallecido Antonio Erman González, ministro de Defensa y de Economía durante el gobierno de Menem. La causa judicial por irregularidades en la privatización se inició en 2000.

El grupo adjudicatario Indarsa, compuesto por las firmas BHU Amro, Brisard Sud Marine y Catma, debía pagar al Estado una suma total de unos 59 millones de dólares, discriminada en 7 millones en efectivo y los restantes 52 millones financiados en bonos de deuda pública.

Pero, según la investigación, a los pocos meses de la licitación se modificaron las condiciones en favor del grupo, pues sólo debía pagar la suma inicial, con un plazo de 10 años para el resto, con tres años de gracia. Finalmente se pagó una sóla cuota.

Por Diego Cabot
De la Redacción de LA NACION

 
 
 
 
La sexta desprivatización de Kirchner
Economistas afirman que aún son casos excepcionales y exigen que las compañías sean eficientes
 
 
 
 
 
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POLÍTICA

Lluvias récord en Santa Fe: 3 muertos y 26.000 evacuados

La Nación
 
Temporal devastador: cayeron 586 milímetros en marzo

Las fuertes tormentas afectaron también a Entre Ríos, Mendoza y el Gran Buenos Aires
 
 
SANTA FE.– Andrés tiene miedo. Oscurece y sabe que le espera una noche de vigilia si no quiere perder lo poco que le queda en su vivienda a manos de los oportunistas, siempre presentes. Nelvia Acevedo, en tanto, dormirá en una casa prestada, separada de su marido que, al igual que Andrés, se quedó en su casa para protegerla de posibles asaltos.

Pocas cuadras más allá, Luciana Hernández pasará otra noche aislada y sin comida en un segundo piso. Es que en su barrio, desde anteayer, es imposible conseguir alimentos. Ella no para de lamentarse: “¡Otra vez el agua, no lo puedo creer!”

Esas son las historias que, a cada paso, quedaban al desnudo en los 15 barrios del oeste de esta ciudad sitiada por las aguas en el día más crítico, a raíz de las inundaciones provocadas por las permanentes lluvias que, por el volumen de agua caída, son récord en esta provincia.

Con tres muertos en Rosario, 26.000 evacuados en toda la provincia, rutas cortadas y tres millones de hectáreas productivas anegadas, la situación roza ya la calificación de catástrofe y el fantasma de las inundaciones por la crecida del río Salado de hace cuatro años merodeaba amenazante aquí y allá en suelo santafecino.

Las fuertes tormentas afectaron buena parte del centro del país –en Entre Ríos ya hay tres muertos y 3400 evacuados, y en Buenos Aires, otros 700–, pero están haciendo verdaderos estragos en Santa Fe capital, donde ayer había ya 20.000 evacuados, lo que hizo que la ayuda de la Nación se enfocara en esta ciudad, en particular, y en la provincia toda, en general. Tanto que de los 66 camiones con ayuda social, exactamente dos tercios fueron para Santa Fe.

El gobernador Jorge Obeid, que a causa de la catástrofe debió adelantar su regreso desde Venezuela, reunió muy temprano a su gabinete, escuchó los informes de los funcionarios de cada área e, incluso, el que sobre salud le presentó el ministro nacional del área, Ginés González García, que ayer dijo aquí que, no obstante la gravedad del cuadro, la situación sanitaria estaba "controlada", y que los equipos técnicos de la Nación y la provincia "trabajan intensamente para dar atención directa y rápida".

González García comprometió el apoyo de su cartera para una campaña masiva de prevención de la leptospirosis y vacunación contra la hepatitis A, que es uno de los principales temores en situaciones como la que se vive actualmente en la provincia, expresó. Desde Salud se enviaron a Santa Fe más de 15 toneladas de leche en polvo, 60.000 pastillas potabilizadoras y 3000 dosis de vacunas polivalentes.

En tanto, el Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Alicia Kirchner, repitió durante la jornada envíos de ayuda en aviones Hércules, hasta totalizar 10.100 colchones y 5400 frazadas.

Evacuaciones

Como consecuencia de los anegamientos, producto de las incesantes lluvias de las últimas dos semanas, el intendente Martín Balbarrey dispuso la evacuación preventiva de todos los barrios del oeste de la ciudad, con el objeto de evitar que nuevas lluvias posteriores aumentaran la emergencia.

Tras esa decisión, rápidamente la ciudad pasó de 12.000 a 20.000 evacuados, que fueron asistidos en 46 centros, la mitad de ellos, escuelas públicas.

En las primeras horas de la tarde el panorama en la provincia se complicó mucho más con la caída de un puente sobre la ruta nacional 11, entre las localidades de Coronda y Arocena -55 kilómetros al sur de esta capital-, lo que prácticamente dejó sin conexión a esta ciudad con Rosario, la más importante ciudad provincial.

Así, la capital permanecía virtualmente sitiada por los cortes en los accesos. Para llegar desde Buenos Aires hasta esta ciudad era necesario cruzar a Entre Ríos en Rosario, ir desde Victoria hasta Nogoyá, y de allí a Paraná, para poder cruzar por el túnel subfluvial y, al fin, llegar a Santa Fe.

El transporte público de pasajeros sufría el obvio impacto de la crecida de las aguas, circulando por avenidas y sin entrar en los barrios anegados.

En tanto se sucedían las denuncias por la falta de funcionamiento de las bombas extractoras y la atención a destiempo de la comida en los centros de evacuados.

Por ejemplo, se citaron casos de que la cena del día anterior había arribado a las cuatro de la mañana y el almuerzo de ayer, pasadas las 16.

El panorama en la ciudad sigue siendo crítico. El 40 por ciento de la población carece aún de energía eléctrica, debido a que decenas de subestaciones subterráneas están anegadas y, por otra parte, salió de servicio la estación transformadora Santa Fe Oeste. Santo Tomé, Recreo, Esperanza, Franck y San Carlos viven una situación similar.

Las clases están suspendidas y la mayoría de los negocios, especialmente aquellos vinculados con la provisión de alimentos, están cerrados por el temor de sus dueños a eventuales saqueos.

Hubo quienes, incluso, tradujeron sus miedos y su impotencia por las importantes pérdidas en bronca y manifestaciones. LA NACION pudo verificar la existencia de piquetes de vecinos en decenas de puntos de la provincia.

El gobierno declaró la emergencia provincial para facilitar trámites de logística, especialmente, la compra directa de insumos.

Además de Santa Fe capital, la emergencia se refleja en otros departamentos cercanos. Lo más preocupante se observa en Las Colonias -cabecera de Esperanza- donde por lo menos seis poblaciones están aisladas.

Según datos a los que tuvo acceso LA NACION, más de 3 millones de hectáreas productivas quedaron anegadas, con pérdidas que hoy se justiprecian en un 30 por ciento de merma en los cultivos de temporada, soja y trigo.

Las inundaciones también afectan el resto de la producción agraria. Por caso, la cooperativa SanCor ya anticipó que habrá faltante de leche, algo que se había observado en los últimos días. Como la red caminera de tierra está cortada, los camiones cisterna de las usinas pasteurizadoras no pueden acceder a los tambos. Además, una complicación extra que ya se evidencia es la falta de forraje.

Los técnicos sostienen que cuando cese el período de lluvias serán necesarias por lo menos cuatro jornadas con funcionamiento a pleno de las bombas extractoras para retirar la actual masa líquida que afecta a esta capital.

Todos aquí esperan que se cumpla el pronóstico del Servicio Meteorológico, que aventura un mejoramiento de las condiciones climáticas, para que el buen tiempo aleje el miedo a la catástrofe ambiental.

Por José Bordón
De la Redacción de LA NACION

De los lectores

A partir de una convocatoria de LANACION.COM, los lectores opinaron y enviaron fotos sobre las graves inundaciones

  • Martín Arechavaleta
    Victoria, Entre Ríos

"Este arroyo [foto] tiene normalmente un cauce de diez centímetros y se cruza todo el año perfectamente con un vehículo. Hoy tiene una profundidad de tres metros". Los vecinos temen que el agua siga avanzando.

  • Mariel Sánchez
    Santa Fe

La lectora tomó anteayer la fotografía que aquí se reproduce. Corresponde a Blas Parera al 7000, en la ciudad de Santa Fe. "No hubo nadie de los gobiernos nacional, provincial o municipal que se acercara" a la gente que padece la catástrofe, se quejó.

  • Natalia Leites
    Gualeguay, Entre Ríos

En Gualeguay, situada a unos 240 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, 700 personas tuvieron que ser evacuadas como consecuencia de las inundaciones que provocaron las lluvias. La lectora Natalia Leites, que actualmente vive en Buenos Aires, dijo que muchos de sus coterráneos tuvieron que "dejar, desesperados, sus casas con el temor generalizado de que se corten las rutas, vías de ingreso de la ayuda para los afectados. La fotografía la envió desde la ciudad de Aranzazu Iriarte.

  • José Zenclussen
    Esperanza, Santa Fe

"Media ciudad está sin energía eléctrica por seguridad y es constante el ingreso de agua desde otras localidades. No llueve fuerte, pero igual el agua crece", explicó el lector, que tomó la fotografía en el barrio Sur, donde hubo numerosos evacuados como consecuencia del temporal.

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POLÍTICA

Las inundaciones en el Litoral y en Córdoba

La Nación
 
 

Hubo dos muertos y 19.000 evacuados

 

En Entre Ríosse ahogaron dos hombres; en Santa Fe, la zona más perjudicada, empeora la situación

 
Dos hombres murieron ayer en Entre Ríos y unas 19.000 personas debieron abandonar sus hogares en esa provincia y en las de Santa Fe y Córdoba, como consecuencia de las fuertes lluvias registradas en la región, que ocasionaron la crecida de ríos y arroyos. En total, hasta anoche había más de 60.000 personas afectadas por los perjuicios que les traen las inundaciones. Entre otros, pérdida de bienes, aislamiento y cortes en servicios domiciliarios.

Si bien Santa Fe es el distrito más perjudicado por los anegamientos, con 16.700 evacuados, ayer el agua se cobró las dos primeras vidas en tierra entrerriana. Un hombre de 69 años, de Gualeguay, y un joven de 22, de Urdinarrain, a 80 km al nordeste de esa ciudad, murieron ahogados como consecuencia de las intensas lluvias caídas sobre casi toda la provincia.

Carlos Enrique Campagnolo padecía mal de Alzheimer y fue sorprendido por la inundación dentro de su vivienda, en Gualeguay. En Urdinarrain falleció Cristián Pierovich, al intentar rescatar a su perro, que había caído al arroyo San Antonio.

Las crecientes de ríos y arroyos provocaron el corte de rutas y afectaron a unos 8000 entrerrianos;entre ellos había ayer 1000 evacuados y 1000 autoevacuados, especialmente en Gualeguay, en el sur provincial.

En esa ciudad, las costosas defensas costeras inauguradas hace pocos meses no sirvieron para enfrentar la fuerza del agua, que ingresó por sectores imprevistos e inundó barrios nunca antes afectados. El titular de la Unidad Ejecutora Provincial, Martín Fabre, explicó que las obras funcionaron, pero que la ciudad no se inundó por el río Gualeguay sino por el arroyo Clé.

Quien está a cargo de la Dirección Provincial de Vialidad, Santiago Gaitán, dijo que la ruta provincial 11, que vincula Paraná con Gualeguay, se cortó cerca de esa ciudad y de Diamante; el agua interrumpió el tránsito también entre rutas aledañas a Villaguay.

En Paraná hubo cerca de 150 evacuados, pero la situación estaba controlada, según dijo el director de Defensa Civil, Roberto Destri.

Emergencia

La situación más dramática vuelve a registrarse en la ciudad de Santa Fe, varias veces jaqueada por las inundaciones en los últimos años. Anoche, los evacuados eran unos 13.000 en los más de 15 barrios anegados del Oeste y las personas afectadas, directa o indirectamente, sumaban 50.000 sólo en la capital provincial. El 60% de la población de la ciudad no tenía suministro eléctrico.

En Rosario había 2700 evacuados y 1000 en el resto de la provincia. Ante el agravamiento del panorama, el gobernador Jorge Obeid convocó a una reunión de urgencia de su gabinete. Se presume que durante esta jornada el panorama se complicará más todavía, ya que seguirá lloviendo.

Además, ayer visitó la capital el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, y comprobó que la situación sanitaria permanecía bajo control.

Los problemas persistían también anoche en la franja centro-sur de la provincia, con 15 cortes en rutas y 20 localidades con anegamientos parciales. En total, había unos tres millones de hectáreas bajo el agua y la red de caminos de tierra estaba interrumpida.

En Córdoba, las intensas lluvias caídas desde principios de la semana ocasionaron inundaciones en centros urbanos y campos de una amplia zona del territorio provincial. Ayer había unas 300 personas evacuadas, varias rutas cortadas y los ríos serranos, desbordados. Las situaciones más complicadas se daban en la capital provincial y en la ciudad de San Francisco.

Mientras diversas unidades de las Fuerzas Armadas continúan prestando asistencia a los inundados del Litoral por instrucción de la ministra de Defensa, Nilda Garré, varias son las colectas que ya están en marcha.

La Universidad Abierta Interamericana recibe alimentos y ropa para los damnificados de Rosario en su sede local (Ovidio Lagos 944) y en las que posee en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano. En tanto, en la Casa de Entre Ríos (Suipacha 846, de 8 a 19, 4328-2284/5985) se reúnen donaciones para los inundados de Gualeguay.Informe de nuestros corresponsales

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POLÍTICA

La ciudad tiene Código Procesal Penal propio

La Nación
 
 
 
Lo sancionó anoche la Legislatura
Regirá dentro de 180 días; da más atribuciones a los fiscales
 
 
 

La Legislatura porteña terminó de sancionar ayer el Código Procesal Penal (CPP) de la ciudad, que entrará en vigor en 180 días, cuando -según las previsiones de los diputados locales- el Congreso habrá ratificado el traspaso de ciertas competencias penales de la justicia ordinaria nacional a los juzgados contravencionales de la Capital.

El código aprobado ayer en particular constituye el instrumento normativo necesario para juzgar en el futuro los nuevos delitos transferidos: lesiones en riña, abandono de persona, omisión de auxilio, exhibiciones obscenas, matrimonios ilegales, amenazas, violación de domicilio, usurpación, daños, ejercicio ilegal de la medicina, incumplimiento de deberes de asistencia familiar, malos tratos o actos de crueldad contra animales y discriminación.

A diferencia del método empleado por la justicia nacional, el flamante Código Procesal Penal porteño reemplaza el sistema inquisitorio por el sistema acusatorio, que da mayor participación al Ministerio Público en el proceso, ya que la investigación queda en manos de los fiscales.

Así lo explicaron a LA NACION las diputadas kirchneristas Ivana Centanaro y Silvia La Ruffa, presidentas de las comisiones de Justicia y Seguridad, respectivamente.

Este cambio, aseguraron las legisladoras, le imprimirá más celeridad al trámite judicial. "Estimamos que las causas que hoy la justicia nacional tarda dos años en resolver, en la ciudad serán resueltas en un año, aproximadamente", explicó La Ruffa.

Y basó su cálculo en la experiencia acumulada tras la transferencia, también de la Nación a la Ciudad, de la potestad para juzgar los delitos de tenencia y portación de armas. "Cuando se efectuó ese traspaso, modificamos una ley para que el procedimiento fuera asimismo acusatorio. Como resultado, el sistema resuelve en tres meses los casos que antes demandaban entre 12 y 18 meses", sostuvo La Ruffa.

La legisladora, experta en seguridad, aclaró que -a partir de la aplicación del flamante código- "la Justicia atenderá casos en lugar de expedientes. La mayor cantidad de pruebas se producirán con grabaciones, con nuevas tecnologías o testimonios. No habrá hojas acumuladas".

Al igual que La Ruffa, su compañera de bloque Ivana Centanaro destacó que, si bien el código imprime más rapidez al proceso, resguarda el ejercicio de todas las garantías de defensa y debido proceso.

"Es un texto absolutamente garantista, que asegura, desde todo punto de vista, un acceso más acabado a la justicia. Está basado en los estándares mundiales más recientes", señaló Centanaro. En efecto, el CPP deposita en los jueces el control de las garantías.

También contiene un capítulo muy moderno sobre asistencia y protección de las víctimas de delitos.

El vicepresidente de la Comisión de Justicia, Alejandro Rabinovich (ARI), recordó la importancia de la ley sancionada para la autonomía porteña: "Es un gran avance. La Capital ya no deberá regirse por normas federales".

En rigor de verdad, el Código Procesal Penal sólo podrá ser empleado dentro de 180 días. Para entonces, estimaban ayer en la Legislatura, el Congreso Nacional ya habría ratificado el convenio que transfiere las competencias penales de la justicia ordinaria nacional a los jueces contravencionales de la ciudad.

Consultada sobre si el sistema local cuenta con los recursos humanos y materiales necesarios para atender las nuevas atribuciones, Centanaro respondió a LA NACION: "El Consejo de la Magistratura y el Poder Ejecutivo deberán generar todos recursos posibles. El presupuesto 2007 prevé partidas; podrán ser readecuadas para mejorar la instrumentación del CPP".

Por Angeles Castro
De la Redacción de LA NACION

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POLÍTICA

La UCR porteña apoyaría a Telerman

 
 
(Periodismo.com) – Luego de que la UCR nacional confirmó su apoyo al ex ministro Roberto Lavagna para las elecciones presidenciales, los radicales porteños estudian impulsar la candidatura de Jorge Telerman para la Ciudad de Buenos Aires. Por su parte, Telerman está cerca de sellar el acuedo para que su compañera de fórmula sea la ministra de Derechos Humanos y Sociales, Gabriela Cerruti.

"No es contradictorio apoyar a Roberto Lavagna en la Nación y a Jorge Telerman en la Capital", indicó el presidente de la UCR porteña, Jesús Rodríguez, al diario La Nación.

Sin embargo, antes de que la UCR hablara de poyar a Telerman fue necesario contar con el visto bueno de Lavagna, quien habría accedido a partir del enfriamiento de las relaciones con el macrismo, y ante el explícito apoyo del oficialismo a Daniel Filmus.

Por otra parte, tal como informa el diario Página 12, Telerman tiene previsto lanzar a pleno su campaña después de Semana Santa, cuando anunciaría formalmente a Gabriela Cerruti como su compañera de fórmula.

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Música

BICICLETA BLANCA

Enviado por Adrian Yanatonne
 
 
 Este sábado 31 de Marzo en el Madero Rock se presentara el Quinteto
BICICLETA BLANCA.
 
" Contamos con su presencia ya que es muy importante para nosotros tocar en el barrio donde nacimos y de paso estar festejando el 4to aniversario de la banda" .
 
El lugar: Estación Villa Madero (Ferrocarril M.Belgrano línea Buenos Aires – G.Catan / M.C.Gral Belgrano)
La hora: 18Hs
 
colectivos que nos llevan: 21 – 28 – 86 – 97 – 103 – 63 – 185
 
Un abrazo  . bbbbbbbbbb
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Salud y bienestar

BASTA!

Enviado por Jovenes latinoamericanos libres de tabaco
 
 
 
BASTA!,  un movimiento joven que recién está comenzando, te invita a la 2º Reunión de BASTA! el próximo sábado 31 de marzo a las 16 hs.

BASTA! Jóvenes Latinoamericanos Libres de Tabaco es una organización que surgió el año pasado en Washington, USA, durante un Congreso Mundial de Tabaco o Salud donde se reunieron más de 100 jóvenes de todo el mundo para luchar contra el tabaquismo.
BASTA! está formado por jóvenes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay.
Nuestro principal objetivo es prevenir a futuras generaciones de jóvenes para que no comiencen a fumar y ayudar a otros a que puedan dejar esta adicción.

El encuentro será en los bosques de Palermo, en la escalera de entrada al Rosedal. Si llueve, la reunión será en la puerta del Shopping Alto Palermo, por la entrada de Av. Santa Fe (y Cnel. Díaz)
Es una actividad abierta a la comunidad .

Si querés hacer alguna consulta, escribí a esta dirección: joveneslibresdetabaco@yahoo.com

Saludos.   

BASTA! Argentina
 
 
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POLÍTICA

Para no olvidar

 

Nunca más al horror

Diferentes organismos marcharon a Plaza de Mayo para repudiar el Golpe de Estado del ’76.

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Rel. Internacionales

LO QUE PASA en el Mundo

La Nación

Un fuerte sismo sacudió a Japón

 

El foco del temblor se registró esta mañana a una profundidad de 50 kilómetros debajo del lecho marítimo y alcanzó una magnitud de 7,1; hubo un muerto y 85 heridos

 

 
TOKIO, (Reuters).- Un fuerte sismo con una magnitud preliminar de 7,1 sacudió el área costera del centro de Japón esta mañana y produjo la muerte de una persona, mientras que al menos 40 personas sufrieron heridas, según señaló la emisora pública NHK.

NHK también dijo que al menos nueve casas se derrumbaron cuando se produjo el terremoto a las 9.42 hora local.

El sismo. El foco del temblor se registró a una profundidad de 50 kilómetros debajo del lecho marítimo costas afuera de la península de Noto en la prefectura de Ishikawa, a unos 300 kilómetros de Tokio.

La víctima. NHK informó que una mujer de 52 años de edad murió en Wajima, en la zona occidental de la península, después de quedar atrapada debajo de un farol de piedra que se desplomó en su jardín. La emisora precisó que unas 40 personas estaban recibiendo tratamiento por sus lesiones en el hospital local.

Los heridos. En Nanao, una ciudad de la península con una población de unas 60.000 personas, los servicios de ambulancias no daban abasto ante los llamados para ayudar a personas que habían sufrido quemaduras y lesiones, dijo la agencia de noticias Kyodo.

La prefectura de Ishikawa emitió un alerta de tsunami de olas de hasta 50 centímetros y NHK manifestó que un pequeño tsunami ya había alcanzado algunas áreas.

Las compañías de energía eléctrica no reportaron irregularidades en las plantas nucleares en la zona.

Los terremotos son comunes en Japón, una de las zonas de mayor actividad sísmica del mundo.

El país sufre alrededor del 20 por ciento de los sismos de magnitud 6 o mayor intensidad que se producen en el mundo.

 

Murió el primer ministro armenio

 Andranik Markarian, de 55 años, sufrió un infarto; tenía insuficiencia cardíaca y había sido operado en reiteradas oportunidades


Incendio en club nocturno de Moscú: diez muertos

Cuatro personas resultaron heridas y hubo 150 evacuados; un descuido durante un espectáculo que requería el manejo de fuego originó el siniestro


Abbas se comprometió a continuar la tregua con Israel

 El presidente palestino le dijo al secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, que espera poder alcanzar con acuerdo de paz global


El drama de la villa del Ferrocarril San Martín

Vivir cerca del tren les costó la vida de tres pequeños hijos; fueron arrollados; sin respuesta oficialLa jurisdicción que los hace "invisibles"


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Medios - Diseño - Imagen y Sonido

Fotografías de fantasmas

Por Antonio Muñoz Molina para LA NACION.

Tres exposiciones neoyorquinas ilustran los cambios en la Europa de los años 30. Las imágenes del fotógrafo Martin Munkacsi y de su discípulo, Henri Cartier-Bresson, muestran en el International Center of Photography cómo las mujeres y los atletas son desplazados por ejército hitleriano.

Los grises invernales de Nueva York se correspondían bien estos meses atrás con el blanco y negro de las fotografías antiguas, y más aún con esa época de Europa que por culpa de la fotografía y de la tristeza sólo sabemos imaginar en blanco y negro. En el International Center of Photography se inauguraron simultáneamente una exposición de Martin Munkacsi y otra de Cartier-Bresson. Y en un lugar más retirado y bastante más íntimo, el Center for Jewish History de la calle 16 oeste, se muestra una colección de fotos sobre las vidas de los judíos polacos entre la Primera Guerra Mundial y la Segunda, bellamente titulada And I still see their faces: The vanished world of Polish Jews . Son fotos anónimas, en su mayor parte, tomadas por aficionados o por fotógrafos artesanales, y en muchos casos las personas que aparecen en ellas son tan desconocidas como sus autores. Pero justamente por eso adquieren delante de quien las mira una presencia más abrumadora que las de Cartier-Bresson o Munkacsi: la obra de arte absorbe para sus propios fines los materiales de los que se alimenta, aunque éstos sean tan cercanos a la vida como una escena callejera. Su valor de testimonio queda detenido en el interior de una experiencia estética, ennoblecido por ella, rescatado de la vida real, como un insecto o una hoja dentro de una gota de ámbar. La foto familiar tomada de cualquier manera, el retrato severo de un matrimonio burgués con sus hijos pequeños hecha en un estudio conservan una realidad inmediata, una capacidad de interpelación que la lejanía y el paso del tiempo no mitigan. Sobre todo cuando esas fotos son, además, los únicos restos de un mundo no desvanecido, sino aniquilado, como un país entero que se hubiera tragado la tierra.

El nombre exótico y sonoro de Martin Munkacsi no me sonaba de nada: como les habrá ocurrido a muchos espectadores, yo descubrí sus obras porque se exhibían en las salas contiguas a las de Cartier-Bresson. Pero en cuanto las vi tuve una sensación inmediata de reconocimiento: Munkacsi es uno de esos artistas que no alcanzan mucha celebridad o que no tardan en ser olvidados, pero que perviven muy poderosamente gracias a su influencia en discípulos mucho más conocidos. Richard Avedon e Irving Penn fueron dos de ellos: la perspicacia psicológica y el despojamiento formal de los retratos de Avedon, la aproximación escenográfica a la fotografía de modas y el descaro en la representación de lo femenino de Penn proceden en gran medida del magisterio de Munkacsi, que llegó a los Estados Unidos en 1934, en la gran oleada de fugitivos y expulsados de Europa que trajo a este lado del Atlántico -y en muchos casos a esta ciudad- a algunos de los mejores talentos del siglo. Visto con distancia, no deja de asombrar el empeño demente y a la larga suicida con que una gran parte de los países europeos decidieron en esa época desprenderse de muchos de sus ciudadanos más valiosos, hacerles la vida imposible o directamente llevarlos al exterminio. En ese contexto, el exilio español, lejos de ser el resultado de una melancólica fatalidad nacional -la España madrastra y no madre de sus mejores hijos-, se comprende como una variante de la gran diáspora de Europa, que dañó perdurablemente a la Europa misma y benefició en grados diversos a toda América, dándoles a ciudades como Buenos Aires o Nueva York una parte de la densa fiebre cultural, tan peculiarmente urbana, que había resplandecido no sólo en las capitales mayores, en París, en Berlín, en Viena, sino en otras ciudades menores que ya no volverían a brillar con la pujanza que tuvieron entonces: la Varsovia en la que se educaron Milosz y Bashevis Singer; la Budapest de Robert Capa, de Sandor Marai, de Arthur Koestler; la Bucarest afrancesada y moderna de la que salieron Ionesco, Mircea Eliade, Cioran, Mijail Sebastian; la Barcelona en la que estrenaban con igual éxito García Lorca, Arnold Schonberg y Alban Berg; el Madrid donde se levantaban edificios como proas Art Déco y desde donde Ortega y Gasset discutía con Victoria Ocampo los pormenores de la fundación de Sur en el curso de carísimas conferencias telefónicas. Por no remontarse un poco más atrás hacia la Petersburgo trágica de Anna Ajmátova, Osip Mandelstam y el joven Sustakovich, de la que había huido muy pronto Vladimir Nabokov.

El itinerario vital de Munkacsi es el previsible: de Budapest a Berlín 1928, de Berlín a América. También son previsibles hasta cierto punto sus inclinaciones personales, las de un hombre joven y despierto en una época en la que las terribles tensiones sociales que siguieron a la Gran Guerra eran compatibles con un impulso jovial de modernidad. La decisión de hacerse fotógrafo ya tiene algo de declaración de principios: parecía que para retratar una época nueva hacía falta recurrir a un arte parcialmente nuevo aún, la fotografía, tan inmediata como el cine, sobre todo desde que se inventaron las cámaras portátiles, tan hecha de instantaneidad, tan propicia a la embriaguez visual. En Budapest, en los años veinte, Munkacsi trabajó para un medio también nuevo, las revistas ilustradas, con su diseño limpio, sus audacias gráficas, su vocación de público masivo. Amaba, inevitablemente, la vida urbana, las motocicletas y los autos, la vibración de los cafés, el espectáculo de los deportes, la animación de las playas, donde hombres y mujeres jóvenes vivían con entusiasmo la novedad de la camaradería al aire libre y el esplendor de los cuerpos al sol, cubiertos tan sólo por bañadores muy ceñidos. Los futbolistas de sus fotos tienen una majestad de héroes clásicos y un vértigo de movimiento cinematográfico. Las mujeres son jóvenes, joviales, descaradas, atléticas. Nos parece que escuchamos de fondo la música del joven George Gershwin, que esos hombres y mujeres, cuando regresen de la playa, se vestirán con trajes de noche para bailar sobre pistas lacadas al ritmo de las orquestas de jazz que llegaban de América. Según dijo memorablemente Richard Avedon, lo que emocionaba a Martin Munkacsi era el gusto de la felicidad y el amor de las mujeres.

La capital europea de las revistas gráficas era Berlín: el destino natural para un fotógrafo de éxito al que se le quedaba pequeño su país. Mirando sus primeras fotografías berlinesas me acordé de la exposición titulada Retratos alemanes , que había visto en el Metropolitan unos días antes. El Metropolitan posee el secreto de maravillar con la abundancia y la calidad suprema sin abrumar con la cantidad, con el mareo de lo excesivo. Los cuadros que se podían visitar en el Metropolitan habían sido pintados en la misma época y en la misma ciudad de las fotografías de Munkacsi, pero parecían provenir de otro mundo, retratar a otra variedad de la especie humana. Otto Dix, George Grosz, Beckmann, Christian Schad: nadie puede negar que entre los cuatro crearon un cuerpo de obras de arte que no tiene comparación en el siglo XX; nadie negará tampoco que el efecto invariable de esa pintura magnífica es la desolación. O peor todavía, el presentimiento de algo que va a ser espantoso y que será fatal, la euforia enferma de Weimar, el resplandor y el vértigo de un tiempo situado entre dos desastres, el de 1918 y el de 1933, el cataclismo anticipado por ese instinto colectivo de muerte cuyo enigma desconcertó tanto a Freud. Visto en conjunto, el repertorio humano de los retratos del Metropolitan tenía algo de parada de monstruos, de catálogo entre acusatorio y morboso de anormalidades. Tan eficaces en el desgarro eran las caricaturas cruentas de Grosz como la serenidad helada de los personajes de Otto Dix o Christian Schad. Aristócratas depravados y mirones, prostitutas con la cara cortada por un navajazo o devastada por las drogas, veteranos de guerra sin brazos o piernas y reducidos a la mendicidad, plutócratas hinchados que en lugar de cerebro tienen en el interior del cráneo una mierda humeante, coleccionistas de arte o empresarios judíos consumidos por una ansiedad que les exagera los rasgos hasta un extremo peligroso de caricatura.

Los interiores de esos cuadros tienen una luz turbia de cabaret o de prostíbulo: por las ciudades de cielos bajos y esquinas ominosas circulan prostitutas, asesinos, especuladores, veteranos mal vestidos y hambrientos. Las mismas figuras pintadas como espectros que se repiten en las canciones de Kurt Weil sobre poemas de Bertolt Brecht. No encontraremos en esas calles a ninguno de los personajes a los que fotografiaba por la misma época Martin Munkacsi, a esas mujeres modernas, empleadas de tiendas, mecanógrafas, secretarias, al filo de la emancipación, que aparecen en las comedias americanas de la época, y que fascinaban en Madrid al poeta Pedro Salinas: «Jóvenes muchachas/ que bajan de automóviles/ me llaman.»

¿Qué Berlín es más verdadero, el del fotógrafo o el de los pintores, el de las prostitutas cocainómanas o el de las secretarias deportistas? Probablemente en los dos hay una parte de verdad y otra de mentira. La diferencia es que en las pinturas el daño de la guerra parece irreparable, y el porvenir sin remedio, de modo que al mirarlas proyectamos sobre ellas como una profecía nuestro conocimiento de la historia futura. En las fotos, sin embargo, el presente adquiere una soberanía luminosa, tal vez frívola o atolondrada, pero también afirmadora de la vida. Sabemos lo que vino después, pero a la vez nos damos cuenta de que no era forzoso que sucediera lo peor. El estudio de la historia conduce al fatalismo: porque las cosas llegaron a suceder de un cierto modo, damos por supuesto que tenían que suceder así, en virtud de fuerzas tan objetivas como irresistibles. Pero mirando al pasado con un poco más de atención -intentando verlo como lo hubiera visto quien lo estaba viviendo, tan inocente del mañana como las personas que salen en las fotos-, comprendemos la indeterminación del azar y también la responsabilidad escalofriante de los actos humanos.

De lo que iba a traer el porvenir fue también testigo Munkacsi: en un momento dado sus fotos empiezan a poblarse de uniformes y en vez de deportistas o de actores de cine empieza a retratar a jerarcas nazis. El fondo sonoro es ahora de botas golpeando equinamente el suelo y de marchas militares. Munkacsi, extranjero y judío, hubo de poner tierra por medio. En París debió de conocer el trato canallesco que la República francesa reservaba a los fugitivos de la crecida del fascismo sobre Europa central: la incertidumbre de los documentos, los hoteles clandestinos, las redadas de la policía. No es improbable que en París conociera a otro virtuoso de las pequeñas cámaras Leica, Henri Cartier-Bresson, quien decía que tomar una foto es como hacer un dibujo instantáneo. Según confesión propia, Cartier-Bresson descubrió su vocación al encontrar en una revista, en 1932, la foto de unos niños africanos saltando sobre las olas del lago Tanganika. Su autor era Martin Munkacsi. En los años siguientes, Cartier-Bresson fue tan viajero como su maestro, empujado por un desasosiego de conocer países y retratar a gente que ya nos parece otro signo de la época, una predisposición anticipada hacia los peregrinajes forzosos que vendrían más tarde. A Munkacsi lo fascinaba la irrupción de lo nuevo: Cartier-Bresson, muchas veces, buscaba la persistencia de lo intemporal o de lo anacrónico: los personajes rancios de París, las prostitutas pobres de España o de México, el blanco de la cal en una fachada popular de Sevilla. Munkacsi escapó a América cuando todavía era posible: Cartier-Bresson se quedó en Francia, atrapado por la guerra y la Ocupación. Desapareció y durante un tiempo lo dieron por muerto: el Museo de Arte Moderno de Nueva York estaba organizándole una exposición póstuma cuando se supo que estaba vivo, aunque prisionero en un campo alemán.

En los Estados Unidos, Martin Munkacsi recobró el tono jovial de sus fotos húngaras de los años veinte: se hizo fotógrafo de las estrellas del teatro y del cine y de las revistas de modas. Sus retratos de Jean Harlow, de Joan Crawford, de Claudette Colbert, de Louis Armstrong, de Katharine Hepburn, definieron el esplendor de lo femenino de una manera tan poderosa como las imágenes del cine. Su amor por el dinamismo y la ligereza de la vida moderna, por la gracia gimnástica, por la trepidación de la ciudad encontró en Nueva York y en Hollywood un paraíso que además no estaba amenazado por el desastre ni mordido por la pobreza, como los de Budapest, Berlín o París. Cuando retrató a Fred Astaire en diciembre de 1936, casi flotando contra un fondo blanco en un paso de baile, Munkacsi logró ese dibujo instantáneo del puro presente que buscaba siempre Cartier-Bresson. Pero esa imagen tan hermosa, cuando uno la mira más despacio, o cuando deja de mirarla y piensa en lo que mientras tanto estaba sucediendo en Europa, tiene también algo de mentira, el descaro entre insensato y cínico de quienes siguen disfrutando de los privilegios de la normalidad y de la abundancia mientras en otros lugares progresa el infierno.

Mientras Martin Munkacsi retrataba a modelos de lujo y estrellas de Hollywood y Cartier-Bresson soportaba el cautiverio, los personajes de las otras fotografías, las anónimas, las de la exposición del Centro cultural judío, no tenían ya ninguna posibilidad de escapar y estaban siendo metódicamente exterminados. La historia de casi todas las fotos es muy parecida: cuando alguien comprendía que estaba a punto de ser detenido llevaba sus fotos personales a casa de un vecino no judío para pedirle que se las guardara, en un afán instintivo por dejar al menos un rastro de memoria. Dejaban las fotos, no los objetos de valor. Lo más valioso eran de pronto los testimonios de vidas que durante mucho tiempo fueron comunes y normales: escenas callejeras, retratos formales de familia, recuerdos de un día de campo, de un domingo en la playa, fotos de boda, de ceremonias y fiestas judías. Una muchacha con melena corta y ojos risueños sonríe contra un fondo marítimo, vestida con un bañador como los que aparecen en las fotos de Martin Munkacsi, montada a caballo sobre un amigo que gatea en la arena. Leyendo el pie descubrimos que unos años después volvió clandestinamente al gueto de Varsovia para buscar a su marido enfermo, que huyeron los dos juntos, que desaparecieron para siempre en la Unión Soviética. Un grupo de escolares, sentados cada uno en su pupitre, mira a la cámara con aire de formalidad y de júbilo contenido, porque es el último día de curso y sienten la embriaguez anticipada de las vacaciones que comenzarán dentro de un rato, en cuanto termine la formalidad de posar junto a sus solemnes profesores. Pero este final de curso sucede en junio de 1939, y dentro de tres meses el país de esos muchachos habrá sido invadido y despedazado, y casi todos ellos, que son judíos, están condenados a un horror que no son capaces de imaginar. Nos asombra que sus miradas inteligentes y francas no vean el porvenir que nosotros conocemos: nos gustaría, ha escrito Elie Wiesel, viajar en el tiempo y avisarles, romper ese cristal que los mantiene tan próximos y sin embargo tan apartados de nosotros, en otro mundo que ya es el de su desgracia. En el interior de un marco grande, sobre una cartulina blanca, hay una foto diminuta, la de una cara recortada, tan gastada que apenas se distinguen los rasgos, una mujer joven, peinada a la manera de los años veinte: con un estremecimiento descubrimos que esa foto, esa mínima oblea de papel, la conservó durante sus años en Auschwitz la hija de esa mujer. Se la guardaba entre los pliegues del uniforme; la escondía en la suela de los zuecos; algunas veces, cuando la obligaban a desnudarse por completo delante de los verdugos, la tuvo pegada en el cielo de la boca o debajo de la lengua.

Pero en muchos casos no hay nombres que identifiquen a las personas que aparecen en las fotos, ni historias que las acompañen: el vecino que las guardó se olvidó de que las tenía escondidas, y quizás sus hijos o sus nietos las encontraron al desajolar la casa familiar después de su muerte. O se olvidaron los nombres, al cabo de los años, o quien los recordaba fue perdiendo la memoria. Esas caras sin nombre son las más difíciles de olvidar. Nos miran desde la pura nada, desde la muerte, desde el olvido sin remedio. Nos advierten de que la fotografía, siendo un arte tan moderno, es también un arte íntimamente funerario, porque su materia es el presente que se vuelve pasado después del instante del disparo. En la distancia, los deportistas y estrellas de cine de Martin Munkacsi ya son tan espectrales como los buhoneros judíos de esas calles de Varsovia que también fueron arrasadas, las calles con letreros en yiddish y en polaco, con fruterías y talleres, con carros tirados por caballos, con zaguanes en sombra de los que nos parece advertir que sale un olor a especias y a humedad. A él mismo, al cabo de los años, le fue alcanzado el mismo destino de olvido en el que pereció su época, el mundo al que él había pertenecido y del que pudo escapar. Cuando murió, en 1963, nadie recordaba su gloria y ninguna universidad quiso comprar su archivo, que acabó desperdigado entre América y Europa, perdido en gran parte. De la memoria de Martin Munkacsi, como de los tres millones de judíos que vivían en Polonia cuando él era joven, sólo ha quedado lo más frágil: las huellas tenues de la luz y la sombra sobre el papel fotográfico.