«A TODO CULORR»

Clarín

TELEVISION: EL MARTES DEBUTAN CON "A TODO CULORR", POR CANAL 13

Casero-Brédice: locos de humor

El vuelve a la pantalla con un programa de sketches, en el que ella compondrá distintos personajes. Aquí cuentan cómo nació una amistad entrañable que los llevó a elegirse arriba y abajo del escenario.

Fernanda Longo.

flongo@clarin.com

El la agarra, la mima, se le ríe a carcajadas, la sacude, le festeja los chistes, le enseña. Por momentos parece un padre primerizo, por momentos un esposo celoso, no le saca los ojos de encima. Ella le hace sus gracias, se disfraza, lo sorprende, pide aprobación, lo desafía, coquetea, se deja querer. Nada parece impostado en esta pareja improbable hasta que uno los ve, y resulta una evidencia que debían terminar juntos. "Como el Groncho y la Dama, como Susana (Giménez) y (Alberto) Olmedo, como Moria (Casán) y (Jorge) Porcel…", dice ella. "Como la Venus que acompaña toda la fuerza de Marte", dice él, menos prosaico.

Alfredo Casero y Leticia Bredice harán público su "romance" el martes, cuando debuten en A todo culorr (a las 23), el nuevo programa humorístico ideado, escrito, dirigido y actuado por Casero, y realizado por el equipo de Canal 13. Un programa de sketches en el que Bredice interpretará distintos personajes, y que, a casi una década de la desaparición de Cha cha cha, quiere resucitar aquel espíritu indómito del doctor Vaporeso (Ver El espíritu…).

¿Cómo surgió la idea de trabajar juntos?

Leticia Bredice. Cuando hacíamos Locas de amor, que fue algo muy distinto a esto, pero muy precioso, empezamos una linda amistad. Y empezamos a soñar… Como los dos somos medio magos, por las magias y los aliados en común, ese sueño se hizo realidad.

Alfredo Casero. Nuestra idea original era hacer teatro juntos, pero la prominente panza de mi compañera hizo que todos nos pusiéramos a esperar al Indio. Ahora el Indio ya nació, tiene unos huevos así el chico…Y yo quería capitalizar lo más rápido posible todo lo que ella traía como madre, sacán dola un poco de lo que venía haciendo hasta ahora.

Leticia Bredice. En realidad, Alfredo no estaba del todo decidido a hacer el programa. Un día lo llamé y le dije: "La gente se quiere reír, hagámoslo, quiero estar ahí con vos". Y me le colé.

Como esas parejas que sostienen relatos incongruentes sobre la primera cita, Casero y Bredice no se ponen de acuerdo. Ninguno de los dos quiere resignar el mérito de haber sido el primero que descubrió al otro. "Yo soy ambiciosa, si quiero trabajar con un comediante, elijo al mejor", prepotea ella. "Yo elijo a la Bredice para la vida, para el alma. Trabajando con ella me vi, me reconocí, descubrí cosas que uno no suele reconocer de sí mismo. El común de la gente piensa que el que trabaja mostrándose tiene claro quién es. Y no es así, porque uno no se pasa la vida mirándose", dice él.

"Leticia es como una nena —se entusiasma—. Es muy parecida a mi hija Minerva, de 6 años. Tiene cosas de mi hermana Mabelina, y otras de Guillermina, mi hija mayor. Yo la siento muy familiar. Hay una cosa profunda, de mucha armonía, femineidad y belleza en ella, y a mí, si algo me interesa, es mostrar la belleza."

Casero insiste en que no hay, no puede haber, nada de oportunista en esta extraña pareja. "Lo nuestro fue una cuestión puramente biológica, química. Todo el grupo funciona como un organismo, y creo que Leticia no se da cuenta de lo importante que es que ella esté para los demás. Acá hay gente que no tiene tanta experiencia en la actuación, y ella es increíble. No hablaría de humildad, porque no me gusta esa palabra, pero sí de apertura mental. Es una de las pocas personas que conozco en este medio que te dice no, vos le explicás cómo sería, y te devuelve ah, bueno, entonces sí".

Es conocida la fama que se ganó Casero de tipo "obsesivo", que necesita estar personalmente en todos los detalles. Sin embargo, Bredice conquistó su confianza, y tiene pista libre para hacer con sus criaturas lo que se le ocurra: ella las engendra, las escribe, las viste, y luego se las vende. Una profesora de gimnasia alienada por conseguir un físico de almanaque; una "paquetona" insufrible que cree que la mucama le roba las milanesas del freezer; una conductora de TV descerebrada; una pésima actriz ítalo-ucraniana que enloquece a su valet…

"Alfredo es un tipo ávido de ideas, porque él mismo es un pulmotor de ideas maravillosas —sigue Leticia—. Yo soy muy prepotente, muy tana, si no me hago escuchar, la sangre no me corre. Los dos tenemos personalidades fuertes, pero yo recién estoy empezando en esto, y me gusta ir descubriendo el proceso del otro".

Dice ella que él la acompañó mucho durante su embarazo, y que allí empezó a tomar forma el amoroso vínculo que los une, más allá de lo laboral. "Alfredo es un hombre muy cariñoso, muy intuitivo, un poco brujo, yo creo que de verdad tiene poderes… Es una persona que transita otros planos de locura, y a mí me encanta mezclarme con gente así."

El habla de nutrir, de alimentar, de cuidar, de proveer. "El arte es eso: nutrirte, darte algo para que te lleves, y, con el tiempo, tal vez me lo devuelvas de alguna forma. Si yo alimento a los otros, me alimento a mí. En el fondo, yo soy como un gran Padre… que no puede vivir sin su familia".

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