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Música

Bersuit * Pavarotti * Sabina

Clarín
 
 
De la Bersuit, para las Abuelas

La Asociación Abuelas de Plaza de Mayo y los músicos de la Bersuit se reunieron ayer en el Estudio Del Cielito para terminar de grabar el tema Victoria Clara compuesto por Juan Subirá, cedido por Bersuit a las Abuelas. El canal Much Music hizo un video de todo lo que pasó en la jornada, con testimonios de los participantes, que será estrenado el 24 de marzo, a las 21, en el debut del programa Mejor hablar de ciertas cosas, y en el marco de la conmemoración de los 30 años del último golpe de Estado. Sobre estas imágenes se hará un video clip de distribución gratuita, para ayudar a las Abuelas en la búsqueda de los más de 400 nietos robados durante la dictadura. Es difícil de entender/ cómo pudo suceder/ semejante crueldad/ de saber que no es quien es, dice el tema. Podrá bajarse desde el 24 en las páginas

 

Buenos Aires, sin Pavarotti

El tenor canceló sus actuaciones en Latinoamérica por un repentino dolor en la columna.

El tenor italiano Luciano Pavarotti debió postergar (o tal vez cancelar, aunque todavía no hay nada asegurado) la gira que en estos días lo traería a la Argentina, Brasil y Chile, aparentemente por causa de un repentino ataque de dolor en la columna mientras pasaba sus vacaciones en las playas del Caribe, que obligó a internarlo en un hospital de Nueva York.

La decepción cundió este fin de semana en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, donde el tenor iba a ofrecer (el sábado pasado) un show gratuito para unas 400.000 personas junto con Roberto Carlos. No iba a ser la primera vez vez que el tenor italiano y el popular cantante brasileño actuasen juntos: ya lo habían hecho en Porto Alegre en 1997, cuando compartieron la canción O Sole Mio. En 2000, Pavarotti había estado también en Salvador de Bahia, acompañado en algunas canciones por Gal Costa y Maria Bethania.

Los empresarios de Luciano Pavarotti, Terri Robson y Harvey Goldshmith, dijeron que el tenor deberá permanecer 60 días fuera de actividad, por lo que también se suspendieron las actuaciones oportunamente programadas en Bosnia y Portugal. Pavarotti debía llegar a Chile el 20 de marzo desde Belo Horizonte a bordo de un jet privado, con tiempo suficiente para los tres ensayos previos al concierto del 22 en el Estadio Nacional, acompañado por una orquesta de 80 músicos.

La escala latinoamericana de su interminable gira de despedida (la "Farewell Tour" había empezado en marzo de 2004 con un recital en el Metropolitan y los organizadores no paraban de agregar escalas) iba a cerrar en Buenos Aires, con un concierto al aire libre el sábado 25 de marzo, con la soprano Simona Todaro y el pianista y director Leone Magiera. Ya una década atrás, el tenor se había presentado en el Campo Argentino de Polo.

El del sábado 25 iba a ser un gran show abierto al público sobre la Avenida 9 de Julio, de espaldas al Obelisco (mirando hacia la calle Belgrano), con la tradicional avenida transformada en un megateatro preparado para albergar unas 450 mil personas, además de un sector "vip" reservado para cuatro mil invitados.

La agenda de Luciano Pavarotti en Buenos Aires aparentemente incluía además un concierto privado a realizarse el día 23, del cual el músico ya habría cobrado un adelanto. El voluminoso tenor tenía planeado alojarse en una gran suite con cocina propia del Sheraton Park Tower.

 

 

 

 

 

PRIMER RECITAL DE SABINA EN EL GRAN REX

El regreso tan esperado

En un teatro colmado, el cantautor andaluz dosificó temas nuevos y viejos. Sus fans corearon casi todas las canciones.
 
Gabriela Saidon.

gsaidon@clarin.com

Ningún Mick Jagger saltando de una punta a otra del escenario. Joaquín Sabina volvió sereno, el martes, en el marco de su gira "Ultramarina", después de cuatro años de "silencio" —un accidente cerebral lo mantuvo alejado de los escenarios… y de los cigarrillos—, a un Gran Rex. colmado de fans expectantes. El cantautor no los defraudó. La escena se repetirá el sábado, domingo, martes 28, miércoles 29, 1ø y 2 de abril, antes de sus actuaciones en Rosario, Córdoba y Mar del Plata.

Con el poema de Pablo Neruda Amo el amor de los marineros en ritmo de bolero, arrancaron sus músicos, coautores y coproductores Antonio García de Diego (especie de Christopher Walken versión española) y Pancho Verona, sentados con sus guitarras, bajo y teclados. Y el baterista Pedro Barceló, vestido de Wally (el de Dónde está Wally).

Finalmente, sobre un fondo de un barco llegando a puerto (donde la iluminación provoca amaneceres, atardeceres y noches) aparece él: sombrero de copa, frac y bastón, una valija y un perrito de peluche. El teatro se viene abajo. Lo acompaña la cantante Olga Román. Sabina queda con una remera negra con letras rojas: Norma Jean Baker (nombre de civil de Marilyn Monroe).

Promete un recital "íntimo y acústico, con algún rocanrolito". Se sienta en una banqueta y despliega una serie de objetos (entre ellos, una petaca donde, advierte, hay whisky). Con o sin su guitarra, Sabina cantará veinte canciones, más ¡diez bises!, de su nuevo disco, Alivio de luto (2005), pero también hits de Mentiras piadosas (1990), Física y química (1992), Malas compañías (1980), 19 días y 500 noches (1999) o Nos sobran los motivos (2000).

El público coreó estribillos, cantó canciones enteras y demostró que había estudiado la lección, entonando los últimos temas, y casi no pidió canciones, tal vez porque Sabina supo dosificar lo nuevo y lo viejo, quizás porque satisfizo la necesidad de volver a escuchar Una canción para la Magdalena, Calle de la melancolía, Siete crisantemos o Dieguitos y Mafaldas, tema "bostero" que dio pie a chiflidos y aplausos ("veo que hay muchas gallinas aquí", dijo Sabina). Hubo un tango: su versión de Mano a mano. La promesa se cumplió con Conductores suicidas, y todo el mundo bailando rock and roll.

Para sus dos cambios de vestuario, Sabina cedió el micrófono a García de Diego (donde más se notaron los problemas de sonido), y a Román, debidamente promocionada para su show del jueves 30 en el Ateneo.

Sabina, como Sandro, como Serrat, atraviesa géneros y edades, y trasciende lo musical, un fenómeno que en el "andaluz más porteño", el de las letras con constantes referencias a Buenos Aires, se explica en parte por su condición de contador de largas historias (con recursos como enumeraciones, repeticiones y juegos de palabras, estratégicamente aplicados), por sus alusiones ácidas a la realidad, y por ese culto a la transgresión y a la voz ronca que lo caracteriza. Recursos que también vuelca en comentarios como "A mí, a todos, siempre nos han gustado las colas de las argentinas, pero esta vez nos han emocionado mucho las colas que han hecho los argentinos y argentinas".

Sombrero y sonrisa puestos, Sabina cerró con su ranchera Y nos dieron las diez. Se despidió con un "hasta siempre, gracias". Eran las doce en punto de la noche y el telón se cerraba.

 

 

 

 

 

 

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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