Callejeros tocó y recordó a las víctimas

La Nación
 
Tras el incendio en Cromagnon: un show en Córdoba sin estridencias
 
Los sobrevivientes de la tragedia dijeron que fue como concluir el recital del 30 de diciembre de 2004; hubo 19.000 personas
 

CORDOBA.- Faltaba un minuto para las 17. El público, unas 19.000 personas, estaba ansioso y emocionado, pedía a gritos la aparición de los protagonistas. Ellos, los integrantes del grupo Callejeros, subieron al escenario y el Estadio Córdoba vibró.

Para muchos de los sobrevivientes comenzaba el show que había quedado trunco la trágica noche del 30 de diciembre de 2004, en Once.

El líder de la banda, Patricio "Pato" Santos Fontanet, se sentó en un amplificador, dio las buenas tardes y comenzó a cantar. El tema elegido para comenzar el recital fue "Señales". El público lo acompañó con palmas y coros.

En la platea norte estaba Carolina Rotundo, de 26 años. Para ella no era un día más. Ella y su hijo Santiago, de 7 años, pudieron escapar de la trampa mortal en que se convirtió República Cromagnon. Ayer estuvieron en el Estadio Córdoba.

"Vine para terminar el show que no pudo concluir la noche del 30 de diciembre", dijo Rotundo a LA NACION, que tenía puesta una remera amarilla con la leyenda "Basta de culpar a Callejeros".

Carolina, que vive en el barrio de Flores, llegó a Córdoba ayer, a las 12, en uno los cuatro micros que salieron de Villa Celina, La Matanza, el mismo barrio de Callejeros. El viaje había comenzado anteanoche a las 23.30.

Marihuana y alcohol

El show se realizó en medio de un importante operativo de seguridad. Según explicó el jefe del operativo, comisario mayor Ramón Frías, todo salió como estaba planeado, e informó que se detuvo a seis jóvenes entre otras cosas por tenencia de marihuana, estado de ebriedad y por portación de entradas falsas (ver aparte).

Mientras Fontanet cantaba "Señales", Rotundo acariciaba la mano derecha de su hijo Santiago. Unos metros más atrás, Maximiliano Navarro, de 19 años y vecino de Merlo, que también había llegado en micro desde Villa Celina, saltaba y se abrazaba con su novia Valeria. El también es un sobreviviente de la tragedia.

Pasaban los temas y de pronto el líder y voz de Callejeros hizo un silencio y se volvió a sentar en un amplificador para hacer la primera referencia a lo ocurrido en Once: "No es una cuestión de ganar o perder [por la disputa con los padres de las víctimas que quisieron frenar el show]. La noche del 30 de diciembre de 2004 perdimos todos. Como sociedad tuvimos un problema. Uno de los primeros que vamos a recordar a los chicos [por las 194 víctimas] somos nosotros. Cada vez que Callejeros toque los chicos van a estar vivos, más vivos que nunca", aseguró Santos Fontanet, y el público, en su mayoría adolescentes y jóvenes, no mayores de 23 años, deliró.

Emoción y llanto

Cuando el líder de la banda hizo referencia a las víctimas, Navarro y Rotundo se quebraron. Cada uno en su lugar lloró, en ese momento se acordaron de los que ya no estaban para compartir el recital, recordaron a los "invisibles", como llama Callejeros a las 194 víctimas.

El "Pato", sin nombrarla, hizo una referencia a la jueza de la causa, María Angélica Crotto, cuando dijo que tuvieron los instrumentos musicales secuestrados durante más de un año.

"Nos importa un huevo"

También habló del embargo dictado por la magistrada sobre la recaudación del recital. "¿Pensaban que un embargo iba a debilitar a una banda de rock? Nos importa un huevo", sostuvo Santos Fontanet.

Mercedes y Pablo Blanco perdieron a su hijo Lautaro en Cromagnon. Su hija Mailing escapó de la tragedia. Ayer, el matrimonio y sus hijos Mailing y Martín estuvieron en un palco especial para sobrevivientes, familiares y allegados.

Se fueron del Estadio Córdoba muy emocionados. "Fue un show espectacular y muy bien organizado. Ahora entendemos lo que decían los chicos de cerrar algo que había empezado", afirmó Mercedes Blanco.

Las canciones se sucedían y Callejeros eligió un tema para homenajear a las víctimas. "A los chicos que tanto ellos como nosotros necesitamos esto, hacer el recital y terminarlo", dijo el líder de la banda, arengó al público y cantó "Rocanroles sin destino".

Callejeros se fue del escenario, pero tuvo que volver para hacer cuatro temas más. Estaba claro que la gente no se iba a ir sin varios bises.

Maximiliano Navarro estaba feliz, llamó a Merlo y le hizo escuchar un par de temas a su mamá. Le había vuelto la sonrisa.

Carolina Rotundo estaba alegre. "Fue espectacular", dijo después de que la banda tocó "Imposible", tras dos horas de show, y se fue del escenario.

La gente se retiraba y en el cartel electrónico del estadio se podía leer la última alusión para las víctimas: "A los invisibles por siempre".

Por Gabriel Di Nicola
Enviado especial

El fanatismo de un Fernández

  • El ministro del Interior, Aníbal Fernández, consideró que "no hay ninguna razón que impida" que el grupo Callejeros ofrezca un recital en cualquier ciudad argentina y reveló que su hijo Facundo es "fanático" de la banda, a tal punto que tiene tatuado el logo del grupo en el hombro derecho y cada vez que juega hockey lo hace con una remera del conjunto debajo de la ropa. "No habiendo ningún impedimento judicial respecto del conjunto en sí mismo, y cumpliendo con la normativa específica que la ciudad le marque o le indique para poder llevar adelante este tipo de recitales, no tiene por qué no tocar", señaló.
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