Autor: Adaptación para El Historiador del libro de Felipe Pigna Los Mitos de la Historia Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004
El 2 de agosto de 1492 las tres naves estaban listas para zarpar, con toda la tripulación y provisiones para un largo viaje. Al día siguiente la expedición partió rumbo a las islas Canarias, a las que llegaron el 9. Allí repararon las embarcaciones, recargaron provisiones y el 6 de septiembre volvieron a zarpar poniendo proa hacia lo desconocido. Colón calculaba que deberían navegar unas 700 leguas (3.500 km.) más para llegar a las tierras del gran Kan (la China). A principios de octubre muchos comenzaron a impacientarse y algunos propusieron regresar. Colón consultó con sus capitanes y Martín Alonso Pinzón propuso ahorcar a los que no quisieran seguir, diciendo que si no se animaba el almirante lo haría el mismo, “porque no había de volver atrás sin buenas nuevas”. Durante la noche del 11 al 12 de octubre, Colón sostuvo que había sido él el primero en ver las luces de la tierra que pensaba asiática, quitándole el honor y la recompensa de 10.000 maravedíes al humilde marinero de la Pinta, Juan Rodríguez Bermejo, sevillano nacido en Triana. Los que insisten en festejar el Día de la Raza el 12 de octubre se verían en problemas si se confirmaran las recientes investigaciones que afirman que el grito del llamado Rodrigo de Triana se produjo el 13. Pero, puesto que tal número se identificaba con la mala suerte y que el 12 de octubre era la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, patrona de los Reyes Católicos, y caía ese año en viernes, día de la pasión de Jesús, el almirante habría cambiado la fecha a su antojo para quedar bien con sus benefactores. El 12 o el 13 de octubre, Colón y sus hombres estaban frente al islote de Guanahaní (actuales Bahamas), al que Colón llamó San Salvador. Don Cristóbal confiaba en haber llegado al Asia, aunque se asombraba de no toparse con los clásicos mercaderes chineos, sino con gente “muy bella y pacífica” que tomaba las espadas por el filo por desconocer las armas de guerra. Ni Colón ni los reyes tenían la menor noción de haber “descubierto” un nuevo continente. Seguían pensando que habían llegado al Asia, pero de todas maneras se sintieron con derecho a apropiarse de estas tierras y sus habitantes, sobre los que dice el almirante: “Son la mejor gente del mundo y sobre todo la más amable, no conocen el mal –nunca matan ni roban-, aman a sus vecinos como a ellos mismos y tienen la manera más dulce de hablar del mundo, siempre riendo. Serían buenos sirvientes, con cincuenta hombres podríamos dominarlos y obligarlos a hacer lo que quisiéramos”.(…) Aún hoy, algunos textos nos siguen presentando argumentos muy curiosos para justificar la conquista de América. Hablan de la “necesidad” de expansión de las potencias europeas, de la búsqueda de nuevas tierras, de la voluntad de expandir su fe. ¿Estas “necesidades” justifican acaso el genocidio y la imposición de diferentes modos de producción y diferente cultura? Es una notable curiosidad que civilizaciones que han basado su poder y riqueza en la imposición de la propiedad privada no la respetaran cuando se trataba de “salvajes”. El propio Ginés de Sepúlveda, gran teórico de la conquista, lo admite en un diálogo de su Demócratas alter: “Si un príncipe, no por avaricia, ni por sed de imperio, sino por la estrechez de los límites de sus estados o por la pobreza de ellos, mueve la guerra a sus vecinos para apoderarse de sus campos, como de una presa casi necesaria, ¿sería guerra justa?”. Se responde a sí mismo: “No, eso no sería guerra justo sino latrocinio”.
Fuente: Adaptación para El Historiador del libro de Felipe Pigna Los Mitos de la Historia Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004
Autor: Adaptación para El Historiador del libro de Felipe Pigna Los Mitos de la Historia Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004
El 2 de agosto de 1492 las tres naves estaban listas para zarpar, con toda la tripulación y provisiones para un largo viaje. Al día siguiente la expedición partió rumbo a las islas Canarias, a las que llegaron el 9. Allí repararon las embarcaciones, recargaron provisiones y el 6 de septiembre volvieron a zarpar poniendo proa hacia lo desconocido. Colón calculaba que deberían navegar unas 700 leguas (3.500 km.) más para llegar a las tierras del gran Kan (la China). A principios de octubre muchos comenzaron a impacientarse y algunos propusieron regresar. Colón consultó con sus capitanes y Martín Alonso Pinzón propuso ahorcar a los que no quisieran seguir, diciendo que si no se animaba el almirante lo haría el mismo, “porque no había de volver atrás sin buenas nuevas”. Durante la noche del 11 al 12 de octubre, Colón sostuvo que había sido él el primero en ver las luces de la tierra que pensaba asiática, quitándole el honor y la recompensa de 10.000 maravedíes al humilde marinero de la Pinta, Juan Rodríguez Bermejo, sevillano nacido en Triana. Los que insisten en festejar el Día de la Raza el 12 de octubre se verían en problemas si se confirmaran las recientes investigaciones que afirman que el grito del llamado Rodrigo de Triana se produjo el 13. Pero, puesto que tal número se identificaba con la mala suerte y que el 12 de octubre era la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, patrona de los Reyes Católicos, y caía ese año en viernes, día de la pasión de Jesús, el almirante habría cambiado la fecha a su antojo para quedar bien con sus benefactores. El 12 o el 13 de octubre, Colón y sus hombres estaban frente al islote de Guanahaní (actuales Bahamas), al que Colón llamó San Salvador. Don Cristóbal confiaba en haber llegado al Asia, aunque se asombraba de no toparse con los clásicos mercaderes chineos, sino con gente “muy bella y pacífica” que tomaba las espadas por el filo por desconocer las armas de guerra. Ni Colón ni los reyes tenían la menor noción de haber “descubierto” un nuevo continente. Seguían pensando que habían llegado al Asia, pero de todas maneras se sintieron con derecho a apropiarse de estas tierras y sus habitantes, sobre los que dice el almirante: “Son la mejor gente del mundo y sobre todo la más amable, no conocen el mal –nunca matan ni roban-, aman a sus vecinos como a ellos mismos y tienen la manera más dulce de hablar del mundo, siempre riendo. Serían buenos sirvientes, con cincuenta hombres podríamos dominarlos y obligarlos a hacer lo que quisiéramos”.(…) Aún hoy, algunos textos nos siguen presentando argumentos muy curiosos para justificar la conquista de América. Hablan de la “necesidad” de expansión de las potencias europeas, de la búsqueda de nuevas tierras, de la voluntad de expandir su fe. ¿Estas “necesidades” justifican acaso el genocidio y la imposición de diferentes modos de producción y diferente cultura? Es una notable curiosidad que civilizaciones que han basado su poder y riqueza en la imposición de la propiedad privada no la respetaran cuando se trataba de “salvajes”. El propio Ginés de Sepúlveda, gran teórico de la conquista, lo admite en un diálogo de su Demócratas alter: “Si un príncipe, no por avaricia, ni por sed de imperio, sino por la estrechez de los límites de sus estados o por la pobreza de ellos, mueve la guerra a sus vecinos para apoderarse de sus campos, como de una presa casi necesaria, ¿sería guerra justa?”. Se responde a sí mismo: “No, eso no sería guerra justo sino latrocinio”.
Fuente: Adaptación para El Historiador del libro de Felipe Pigna Los Mitos de la Historia Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004
Adaptación para El Historiador del libro de Felipe Pigna Los Mitos de la Historia Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004|www.elhistoriador.com.ar
El 2 de agosto de 1492 las tres naves estaban listas para zarpar, con toda la tripulación y provisiones para un largo viaje. Al día siguiente la expedición partió rumbo a las islas Canarias, a las que llegaron el 9. Allí repararon las embarcaciones, recargaron provisiones y el 6 de septiembre volvieron a zarpar poniendo proa hacia lo desconocido. Colón calculaba que deberían navegar unas 700 leguas (3.500 km.) más para llegar a las tierras del gran Kan (la China). A principios de octubre muchos comenzaron a impacientarse y algunos propusieron regresar. Colón consultó con sus capitanes y Martín Alonso Pinzón propuso ahorcar a los que no quisieran seguir, diciendo que si no se animaba el almirante lo haría el mismo, “porque no había de volver atrás sin buenas nuevas”. Durante la noche del 11 al 12 de octubre, Colón sostuvo que había sido él el primero en ver las luces de la tierra que pensaba asiática, quitándole el honor y la recompensa de 10.000 maravedíes al humilde marinero de la Pinta, Juan Rodríguez Bermejo, sevillano nacido en Triana. Los que insisten en festejar el Día de la Raza el 12 de octubre se verían en problemas si se confirmaran las recientes investigaciones que afirman que el grito del llamado Rodrigo de Triana se produjo el 13. Pero, puesto que tal número se identificaba con la mala suerte y que el 12 de octubre era la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, patrona de los Reyes Católicos, y caía ese año en viernes, día de la pasión de Jesús, el almirante habría cambiado la fecha a su antojo para quedar bien con sus benefactores. El 12 o el 13 de octubre, Colón y sus hombres estaban frente al islote de Guanahaní (actuales Bahamas), al que Colón llamó San Salvador. Don Cristóbal confiaba en haber llegado al Asia, aunque se asombraba de no toparse con los clásicos mercaderes chineos, sino con gente “muy bella y pacífica” que tomaba las espadas por el filo por desconocer las armas de guerra. Ni Colón ni los reyes tenían la menor noción de haber “descubierto” un nuevo continente. Seguían pensando que habían llegado al Asia, pero de todas maneras se sintieron con derecho a apropiarse de estas tierras y sus habitantes, sobre los que dice el almirante: “Son la mejor gente del mundo y sobre todo la más amable, no conocen el mal –nunca matan ni roban-, aman a sus vecinos como a ellos mismos y tienen la manera más dulce de hablar del mundo, siempre riendo. Serían buenos sirvientes, con cincuenta hombres podríamos dominarlos y obligarlos a hacer lo que quisiéramos”.(…) Aún hoy, algunos textos nos siguen presentando argumentos muy curiosos para justificar la conquista de América. Hablan de la “necesidad” de expansión de las potencias europeas, de la búsqueda de nuevas tierras, de la voluntad de expandir su fe. ¿Estas “necesidades” justifican acaso el genocidio y la imposición de diferentes modos de producción y diferente cultura? Es una notable curiosidad que civilizaciones que han basado su poder y riqueza en la imposición de la propiedad privada no la respetaran cuando se trataba de “salvajes”. El propio Ginés de Sepúlveda, gran teórico de la conquista, lo admite en un diálogo de su Demócratas alter: “Si un príncipe, no por avaricia, ni por sed de imperio, sino por la estrechez de los límites de sus estados o por la pobreza de ellos, mueve la guerra a sus vecinos para apoderarse de sus campos, como de una presa casi necesaria, ¿sería guerra justa?”. Se responde a sí mismo: “No, eso no sería guerra justo sino latrocinio”.
Un joven de 17 años, quien presuntamente habría sido el autor del robo de una bicicleta fue detenido el sábado en horas del mediodía cuando circulaba con el rodado en cuestión por avenida Cazadores Correntinos.
Todo comenzó, aproximadamente a las 10 de la mañana, cuando una mujer de apellido Encina dejó estacionada su bicicleta tipo playera frente a un telecentro ubicado en inmediaciones de las calles Güemes y Tacuarí de esta ciudad. La mujer ingresó al local para realizar una deligencias y al salir tuvo la ingrata sorpresa de que su bicicleta ya no estaba.
La señora hizo la denuncia y rápidamente llegaron al lugar efectivos de la Patrulla Motorizada de la Policía provincial quienes tras recabar algunos datos partieron en busca del rodado. Realizaron un amplío rastrillaje por la zona, hasta que finalmente lograron dar con el presunto autor de éste hecho y en su poder la bicicleta que le fuera sustraída a la mujer.
Se trata de un joven de 17 años, cuya identidad personal no se proporciona por razones legales y quien en oportunidad de ser aprehendido circulaba en la bicicleta sustraída. El muchacho transitaba por avenida Cazadores Correntinos. Por razones de jurisdicción intervino la Comisaría Quinta Urbana, quien continúa con la investigación del caso e instruye la actuación sumarial correspondiente.
El ministro del Interior Aníbal Fernández calificó a la Izquierda como » siniestra » por la utilización política del 24 de de Marzo, pero no olvidemos de que también hay una Derecha, que es continuación ideológica del Proceso muy bien representada por Mariano Grondona quien increíblemente a esta altura de la historia puede escribir cosas como estas en el diario La Nación:» … La recordación de la tragedia fue unilateral, ya que los crímenes de la guerrilla fueron ignorados. La campaña mediática, iniciada por el Presidente al declarar feriado nacional permanente e inamovible el 24 de marzo como si fuera un nuevo 9 de julio y completada por él mismo en su discurso del Colegio Militar, fue acompañada con convicción por el puñado de los ideólogos que lo rodean y con sospechoso entusiasmo por la vasta legión de los oportunistas de siempre…»
LaDerecha argentina no tiene escrúpulos y es mucho más que siniestra, yo diría de terror. No puedo entender como un hombre con tanto conocimiento encima como Grondona puede seguir sosteniendo frases como crímenes de la guerrilla cuandoestá claramente demostrado que en Argentina no hubo ninguna guerra en los 70, más bien genocidio ante escasos ejemplos de resistencia.
La revuelta y represión estatal dejó entre 141 a 700 muertos (según la fuente que se tome) y centenares de heridos. Este suceso es también conocido en América Latina como el primer pogromo, matanza y robo a un grupo determinado de personas, ya que el grupo paramilitar fascista Liga Patriótica Argentina atacó a la comunidad judía local.Argentina. Desde diciembre de 1918 los obreros se encontraban en huelga. Los sucesos comenzaron en los Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena, cuya fábrica se hallaba en Cochabamba y La Rioja de la Ciudad de Buenos Aires (donde actualemente se encuentra la Plaza Martín Fierro en el barrio de San Cristóbal). Los huelguistas, algunos de ellos afiliados a la FORA – Federación Obrera Regional Argentinadel Vº Congreso (de tendencia anarquista), reclamaban la reducción de la jornada laboral de 11 a 8 horas, mejores condiciones de salubridad, la vigencia del descanso dominical, un aumento de salarios y la reincorporación de los delegados despedidos al iniciarse el conflicto. Vasena era una de las empresas más importantes de Argentina, con 2500 trabajadores, la mayoría de su paquete accionario era de origen inglés.
3 de enero.
Durante la madrugada se produjo un tiroteo en las inmediaciones de los depósitos de la empresa en Pompeya, en Pepirí y Santo Domingo, entre obreros que hicieron un piquete y agentes de la comisaría 34 y la guardia de Caballería que llegaron custodiando una chata de la fábrica. Al día siguiente hubo otro tiroteo que causó heridos graves.
7 de enero.
Se inició en el puerto una huelga de obreros marítimos y se cortó el tránsito en la Ciudad de Buenos Aires. Hubo enfrentamientos entre obreros y la policía y en todos los barrios los transeúntes eran palpados.
Unos carneros, rompehuelgas, nuevamente manejaban vehículos custodiados por la policía hacia los depósitos de Vasena, se encontraron con piquetes de obreros con sus familias que les tiraron algunas piedras y maderas, la policía disparó contra la multitud, mató a 4 trabajadores y dejó más de 30 heridos graves.
La Sociedad de Resistencia Metalúrgica lanzó entonces un paro general en todo el gremio, apoyada por los obreros marítimos que también estaban en huelga. La FORA, la del V Congreso y la del IX Congreso de tendencia sindicalista, llamaron a una Huelga General para el 9 de enero, día del sepelio de las víctimas.
El Departamento Nacional del Trabajo había hecho lugar a los reclamos obreros y dispuso satisfacer las demandas que fueron desoídas por la parte empresaria. La empresa intentaba seguir funcionando con obreros rompehuelgas provistos por la Asociación Nacional del Trabajo, organización pro patronal.
El presidente HipólitoYrigoyen relevó al jefe de policía, nombró a Elpidio Gonzalez en ese puesto y prohibió a la Liga Patriótica Argentina, grupo paramilitar fascista. Ni bien entró en funciones, Elpidio Gonzalez comenzó a negociar -por instrucción del presidente- con dirigentes de la FORA IX° Congreso, de tendencia sindicalista. Rápidamente llegó a un acuerdo con Sebastián Marotta, secretario general de la entidad gremial, por el cual se aceptaban todos reclamos obreros, se establecía un plazo de 24 horas para su aplicación por parte de Vasena y se liberaban a los obreros detenidos durante los incidentes. A cambio, los huelguistas deberían desalojar el establecimiento ocupado | secretario general
Sin embargo, la tendencia anarquista de la FORA logró imponer el rechazo al acuerdo en el plenario de la agrupación gremial y la continuidad de la huelga.
Elpidio decidió entonces ir personalmente a los talleres para negociar con los manifestantes, antes de que la situación se torne más violenta. Los huelguistas desconocieron su autoridad y los sectores más radicalizados intentaron agredirlo, volcaron e incendiaron el auto oficial en el que había llegado. Esto causó la muerte de un custodio.
Ante el estancamiento de las negociaciones, la patronal decidió intervenir mediante grupos de choques y rompehuelgas, a los cuales se sumaron organizaciones de ultraderecha como la Liga Patriótica Argentina que produjeron violentos incidentes en toda Buenos Aires contra trabajadores, inmigrantes, judíos y cualquiera que fuese visto como una «amenaza para la patria» por parte de estos grupos.
Con la Policía de la Capital totalmente desbordada, el Gobierno decidió la intervención del Ejército y puso al frente al General de División, Luis Dellepiane.
9 de enero.
Piquetes de huelguistas se armaron en las calle para garantizar el paro, consiguieron la adhesión casi unánime de los trabajadores. Al medio día cerraron los comercios y pararon también los trabajadores del tranvía y del subterráneo. La Capital Federal quedó prácticamente paralizada.
La planta de Vasena fue bloqueada por los huelguistas y se construyeron barricadas. En el interior de la empresa la patronal estaba a la expectativa con una guardia armada provista por la Asociación del Trabajo.
Delegados de la FORA(IX Congreso) negociaron sin llegar a un acuerdo con la patronal.
A las 15 hs partió el cortejo fúnebre desde el barrio de Pompeya, donde estaban los depósitos. Decenas de miles de personas lo acompañaron, familias enteras con mujeres y niños. Se produjo un multitudinario sepelio para los obreros fallecidos. Más allá de un tumulto que se generó en la intersección de la Avenida Corrientes con Yatay, cuando algunos manifestantes cantaron consignas al pasar por una iglesia y fueron repelidos desde la misma, la caravana logró llegar al Cementerio de la Chacarita sin mayores complicaciones.
A las 17 hs, sin embargo, cuando estaba por comenzar a hablar el tercer orador, miembros del Ejército, de la Liga Patriótica Argentina y algunos Bomberos comenzaron a disparar contra los manifestantes. Esta acción fue impulsada principalmente por sectores nacionalistas tanto militares como civiles. Se baleó impunemente a la multitud. La Vanguardia, un periódico obrero, habló de alrededor de 50 muertos.
Los obreros que bloqueaban la fábrica, enterados de lo pasado, abrieron fuego contra la misma. Alrededor de las 19 hs. intervino el Ejercito y los desalojó.
La ira de la masa trabajadora había estallado, se produjeron decenas de tiroteos en distintos barrios de la Capital, una guerrilla urbana en los barrios obreros, sobre todo en Barracas y La Boca, pequeños grupos de francotiradores disparaban sobre los patrulleros que no sabían desde dónde les caían las balas.
La FORA(IX Congreso) y el Gobierno negociaron; éste se comprometió a lograr que la empresa acepte las reivindicaciones, un aumento del 40% y la reducción de la jornada laboral, y a liberar a todos los detenidos.
10 de enero.
La Capital estaba totalmente paralizada. El paro ferroviario y marítimo había aislado por tierra y por mar a la Ciudad del resto del país.
En Santa Fe estaban en huelga Ferroviarios, municipales, portuarios y trabajadores de las máquinas trilladoras.
En Buenos Aires portuarios, ferroviarios, albañiles y trabajadores de obras sanitarias paraban en Mar del Plata; en Bahía Blanca ferroviarios y panaderos; en la zona norte de la provincia los trabajadores de las máquinas trilladoras.
Yrigoyen movilizó 30 mil hombres del ejército, 2 mil de la Marina y las tropas policiales. Dellepiane amenazó con «emplazar la artillería en la plaza del Congreso y atronar con los cañones toda la ciudad». Mientras tanto, un destacamento del ejército instalado frente a la fábrica, y comandado por el teniente Juan Domingo Perón, abrió fuego contra los obreros.
Continuaron los actos de guerra civil. Grupos armados de obreros enfrentaban a los fascistas de Liga Patriótica.
Yrigoyen citó a Pedro Vasena a su despacho y le exigió la aceptación total e inconcidional de lo que acordó con la FORA. Vesena no tuvo otra alternativa que ceder.
La FORA(IX Congreso) resolvió levantar la huelga para el día 11 de enero. El planteo fue apoyado por el PS y el PS Internacionalista (después comunistas).
Los obreros movilizados no acataron. La FORA anarquista (V Congreso) también rechazó el acuerdo y pidió la liberación de Simón Radowitzky, un anarquista que purgaba prisión perpetua en Ushuaia por haber matado al jefe de policía Ramón Falcón, 11 años atrás.
11 de enero.
Sólo volvieron a sus trabajos los obreros de los frigoríficos. En las provincias todavía proseguía la huelga. La FORA anarquista (V Congreso) llamó a proseguirla.
Comenzó la detención de dirigentes sindicales, militantes anarquistas y socialistas. Los detenidos llegaron a 5 mil.
La Liga Patriótica se lanzó a efectuar pogromos en los barrios judíos.
13 de enero.
La mayoría de los obreros ya trabajaban.
14 de enero.
Dellepiane se reunió por separado con las dos FORA en donde ambas pidieron «la supresión de la ostentación de fuerza por las autoridades» y el «respeto del derecho de reunión». Es decir, que el Gobierno garantice la normalización de la situación. El planteo es aceptado y ambas centrales finalmente levantan la huelga.
15 de enero.
Yrigoyen ordenó la puesta en libertad de todos los detenidos.
Algunos datos sobre las direcciones política y sindicales.
El movimiento obrero, las masas movilizadas.
Al momento de producirse la huelga, el movimiento obrero había llegado al pico más alto de sus movilizaciones, se encontraba en pleno ascenso. Con el fin de la guerra en 1918 se había desatado en Argentina una crisis coyuntural económica, los obreros venían luchando contra la intransigencia de la patronal que se había enriquecido a la sombra de la guerra.
Las masas fueron ganando confianza en sus fuerzas, lograron hacer retroceder a la burguesía. Cuando se generó el conflicto en Vasena en 1919, amplios sectores se encontraban en lucha ó al borde de ella. No es casual que no bien estallara la huelga éstos se plieguen en solidaridad. Incluso, luego de la levantada la medida, ésta prosiguió de hecho en las calles a pesar de los dirigentes.
La Semana Trágica, no devino en una insurreción generalizada porque sólo alcanzó a la clase obrera.
En 1919 hubo 367 huelgas.
FORA – Federación Obrera Regional Argentina (IXCongreso – Sindicalista).
Se propuso desde un primer momento limitar los objetivos de la huelga general, dentro del marco reivindicativo que permitiese la negociación con el Gobierno y la patronal. En su seno había otras posiciones, como las de los ferroviarios que quisieron sumar otras reivindicaciones para obtener un triunfo solidario y en conjunto.
La sucesos rebasaron esta dirección, y pese a obtener las reivindicaciones de los metalúrgicos el resto de la clase, del movimiento, prosiguió la lucha. Las masas comprendieron que habían arrinconado al Gobierno y a la Patronal y que podían obtener mucho más que lo logrado en un gremio aislado.
Manejaban la huelga general con cautela, ponían el acento en las reivindicaciones inmediatas, se desarrollaron en las provincias.
El Socialismo.
Estuvo en contra de las características que se le habían dado a la huelga. Coincidía con la FORA – Federación Obrera Regional Argentina (IXCongreso – Sindicalista). Sólo quería obtener los puntos de los metalúrgicos.
FORA – Federación Obrera Regional Argentina (V Congreso – Anarquista).
Se encontraron dirigiendo las acciones de enero de 1919 pero con su propia metodología individualista. El accionar de grupos aislados hizo más fácil la represión de la policía.
Coincidían con las aspiraciones de los trabajadores movilizados que le dieron el carácter de huelga general amplia, enfrentados también con el Gobierno y su represión, pero no les dieron un programa definido ni una organización adecuada.
La táctica anarquista se centró en 5 aspectos:
La Violencia
Ejercicio de la violencia por grupos aislados de las masas (las mismas no estarían en condiciones de accionar como un todo).
Negación a todo objetivo intermedio, transitorio. Por ejemplo, 8 horas, aumento de salarios…etc. (esto sería rebajar al movimiento). Liberación de Simón Radowitzky. Huelga Revolucionaria.
Oposición a toda política de negociación con el Gobierno
Diferenciación de las corrientes reformistas. No acordar sobre la huelga con sindicalistas y socialistas.
Llamaron a huelgas sin términos que hicieron que los obreros se cansen y vuelvan atrabajar desilusionados sin haber logrado conquista alguna.
Presidencia de Hipólito Yrigoyen.
Obraba de árbitro. Apenas apareció la insurreción obrera violenta, apeló a la represión.
Política de dos caras. Más tarde directamente fusiló obreros en la Patagonia.
Durante las presidencia de Hipólito Yrigoyen se conquistaron varias leyes a favor de la clase obrera, como la ley de organización gremial, la ley de contrato colectivo de trabajo, la adhesión de la República Argentina a las Convenciones Internacionales del Trabajo, la jornada de trabajo de 8 horas, el descanso dominical, el seguro por accidentes de trabajo, el salario mínimo, la ley de jubilación, entre otras.
Se reconoció al Gobierno Provisional Ruso y se mantuvo a los funcionarios diplomáticos luego del triunfo bolchevique.
Bibliografía:
– Historia del Movimiento Obrero Argentino. Héctor A. Palacios . Tomo I Ed. Gráficas Mundo Color.1992.
– La Fotografía en la Historia Argentina. Clarín – Proyectos Especiales. Tomo II. Arte Gráfico Editorial Argentino. 2005
– Peña, Milciades (1973). Masas, Caudillos y Elites. Buenos Aires: Ediciones Fichas.