Después de décadas de desigualdad, la Iglesia se dio cuenta recién ahora
BUENOS AIRES, nov 10 (DyN) – El gobierno nacional, a través de la Cancillería, manifestó hoy su "enérgico repudio" al "criminal" atentado perpetrado ayer en Jordania y que se atribuyó la red Al Qaeda.
"El Gobierno argentino manifiesta su más enérgico repudio por el criminal atentado perpetrado en Amman el miércoles 9 de noviembre que dejó un saldo de numerosos muertos y heridos", aseguró un comunicado del Palacio San Martín.
La cartera que encabeza Rafael Bielsa expresó también "sus condolencias y su solidaridad al Reino Hashemita de Jordania, su pueblo y los deudos de las víctimas".
En ese contexto, ratificó "su convicción de que sólo a través del diálogo y la negociación podrá alcanzarse una solución integral al conflicto de Medio Oriente" e hizo "un llamamiento para que todas las partes involucradas extremen sus esfuerzos para retomar esa vía a la brevedad".
La red Al Qaeda se atribuyó en las últimas horas el triple atentado suicida perpetrado contra lujosos hoteles de la capital de Jordania, que dejaron por lo menos 56 muertos y casi un centenar de heridos.
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| Ferry con más de 200 pasajeros se hunde Bangladesh | ||
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DHAKA (Reuters) – Un ferry que transportaba más de 200 personas se hundió el lunes en la Bahía de Bengala mientras navegaba desde el puerto de Chittagong en Bangladesh, informó la policía. Cerca de 60 personas, incluyendo algunos heridos, fueron rescatados en botes de la marina y de otros equipos de rescate, dijo un funcionario. Por el momento no hay informes de muertos. Aún se desconoce el destino de los otros pasajeros que iban a bordo de la embarcación. La policía dijo que la mayoría de los pasajeros retornaba a Chittagong luego de celebrar el festival musulmán Eid al-Fitr con familiares en la isla de Sandwip. Cientos de residentes de Bangladesh mueren cada año en accidentes de ferry. La mayoría de los hechos ocurren porque las naves exceden el número de personas que pueden transportar. |
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El gueto en cólera amenaza la convivencia en Francia y no se solucionará con represión y detenciones, como promueve el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy. Se impone una conciliación. Un cambio de lenguaje, una ola de consideración social y la integración como única solución a la crisis. Aunque también hará falta el reemplazo de Sarkozy o su pedido de disculpas después de sus vulgares calificaciones de «limpiar industrialmente» la «escoria social» de los suburbios.
Clarín.com6/11/05
Esto es como Irak», dice Walid y se ríe, tímido y escondido debajo de su capucha gris. Nadie diría que es el mismo Walid que se transforma en un «rebelde» por la noche y con su banda de compañeros no vacila en incendiar los automóviles de todos sus vecinos, tan pobres como él. Una escena dantesca que se repite en Francia por décima noche consecutiva en los suburbios de los excluidos sociales, en una descontrolada rebelión social que va empeorando.
Los pantalones le bailan por la cadera y se arrastran en el piso. Apenas ha cumplido 18 años y sus padres llegaron de Argelia hace más de 20, escapando de la pobreza. Su mamá no trabaja, su padre perdió su empleo en una fábrica de autopartes 11 meses atrás.
¿Y él? No ve el futuro, a pesar de su mejor educación. «Porque en Francia a los musulmanes franceses pobres nos llaman ‘racaille’ (canalla), nos rechazan en los trabajos, atacan la mezquita, gasean a nuestros abuelos y a nuestras madres, no nos respetan y nos discriminan. Por eso estamos arrasando todo, para que nos respeten y si no nos quieren, que al menos nos teman», explica, sin cambiar el tono de voz.
Walid, musulmán, negro, adolescente inmaduro, es un estereotipo de los protagonistas de esta «Intifada de los excluidos sociales», que azota al menos a nueve ciudades en Francia y amenaza con expandirse.
En 1968, los estudiantes y los obreros franceses se unieron en una revolución de la libertad, abrazados por un idealismo. Hoy un abismo separa a los franceses y sus excluidos rebelados. Hay un «ellos» y «nosotros» insuperable, donde hasta la izquierda impone su distancia. Pide respeto por los inmigrantes pero tampoco los entiende ni pretende hacerlo. Los jóvenes rebelados no son politizados: es más, detestan a los políticos.
Están tan desideologizados que queman el cuartel de los bomberos que los pueden rescatar, las fábricas donde trabajan sus padres, el colegio de sus hermanos, o los autos de los vecinos.
Su identidad común es religiosa: el Islam y los códigos de origen de sus padres, que los imanes en las mezquitas les tratan de inculcar para sacarlos de la droga, del alcohol o la delincuencia para pagarse sus dosis.
Autos incendiados, comercios saqueados, edificios públicos atacados y durísimos enfrentamientos entre manifestantes y policías. Esa postal parece que se repetirá de nuevo esta noche, tras los disturbios de la madrugada de ayer a hoy. (ver nota aparte).
La situación preocupa al Gobierno francés, que ha sido acusado de no hacer nada para detener la violencia. Por eso, cuando la noche se cernía sobre París, el primer ministro de Villepin recibió a 16 jóvenes residentes de los suburbios parisinos para que le transmitan cuáles son las dificultades por las que atraviesan.
Los jóvenes, de 18 a 25 años y algunos de ellos inmigrantes, se reunieron con el premier para expresarle los problemas que enfrentan cada día y las inquietudes que les trae un futuro en el que el desempleo, la discriminación social y los problemas económicos son moneda corriente. Villepin les hizo promesas.
Las conversaciones formaron parte de una serie de reuniones y consultas que inició el mandatario con vistas a un nuevo plan de acción para los suburbios en crisis.
Mientras tanto, el polémico ministro Nicolas Sarkozy analiza con sus asesores cómo hacer frente a los revoltosos manifestantes que prometieron no detenerse hasta que se termine la agresiva política de seguridad del funcionario y éste renuncie.
Según especialistas, la violencia de los jóvenes refleja el fracaso durante años de las políticas de integración de estos jóvenes, muchos de ellos inmigrantes o descendientes de africanos del Norte y subsaharianos.
La Policía francesa difundió hoy por primera vez un balance de los disturbios, según el cual fueron detenidas 230 personas y 1.260 automóviles fueron incendiados, la mitad de ellos en la noche del jueves.
María Laura Avignolo. PARIS. CORRESPONSAL
A las empleadas del centro comercial de Bovigny aún les dura la conmoción. Más de 40 jóvenes con sus cabezas encapuchadas asaltaron el «shopping center» del suburbio en el noreste de París, robaron, rompieron las vidrieras y aprovecharon para pegarles con palos, especialmente en la nuca y la cabeza. Apenas había anochecido el miércoles. Ellas se preparaban para regresar a casa, sin imaginarse que podrían correr la misma suerte que otros nueve departamentos de los suburbios de París en rebelión social.
«Fue aterrador y nadie los esperaba. Arrasaron con todo», explicó Edith, una de las responsables de una cadena de ropa. Bobigny queda a un paso de París.
Se sumó del miércoles al jueves un ataque al destacamento policial con la intención de quemarlo. Cuatro policías, dos bomberos y tres civiles heridos y más de 135 personas interpeladas.
Un camión de la TV TF1 fue atacado en el suburbio de Aulnay sous Bois, cuando marchaba detrás de los bomberos. Jóvenes encapuchados advirtieron a los aterrorizados periodistas que no cesarían en su acción «hasta que renuncie Sarkozy» (el ministro del Interior) y que todos los suburbios estaban en «pie de guerra».Una advertencia que hizo el sindicato policial, cuando habló de «guerra civil urbana» y acusó a las autoridades de no escuchar.
La polémica figura del ministro Nicolas Sarkozy y su agresiva política de seguridad está detrás de esta crisis de la «banlieue» parisina. El conflicto se extiende a todo el gobierno que trata de olvidarse de sus peleas internas y las disputas entre el premier Dominique de Villepin y Sarkozy por sus ambiciones presidenciales, para hacer frente al levantamiento de los excluidos franceses.
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La madrugada del miércoles al jueves dejó otra estremecedora cifra de caos y violencia. Más de 270 autos fueron incendiados, se constataron disparos de armas de fuego en cuatro lugares diferentes y otros suburbios se contaminaron con la ola de desobediencia de los excluidos sociales. Fue la séptima noche de violencia y aún el gobierno no encuentra ni un método ni un discurso unificado para poner fin al problema.
De Villepin se reunió con Sarkozy para encontrar una solución a la crisis. La reunión continuó tensa y sin frutos durante el almuerzo. Luego fueron a la Asamblea Legislativa, donde oposición y oficialismo coinciden en las críticas. «¿A dónde quiere llegar el gobierno con este inmovilismo y esta falta de cohesión? Nadie parece darse cuenta del peligro?», se preguntan los legisladores.
Jean Louis Borlo, el ministro de Cohesión Social y el más abierto a encontrar una solución equilibrada a la crisis, dijo que «la firmeza debe continuar con la mano extendida del gobierno para responder a la violencia urbana».
Los mensajes a Sarkozy no le llegan desde el gobierno sino desde la policía. Uno de los sindicatos policiales le exigió que «modere el lenguaje» para no incitar más a la violencia. El ministro amenaza con limpiar industrialmente las villas miserias francesas y terminar con los «rateros», usando un lenguaje violento, vulgar y ofensivo para los inmigrantes. Otro sindicato le exigió «un toque de queda» en las «Cites», como se llama en Francia a las aglomeraciones de inmigrantes en los suburbios.
Sarkozy defiende su política de «mano dura» en esos barrios: «En materia de violencia urbana las cosas son muy claras: la policía y la gendarmería son bienvenidas en los barrios de las Cites».
Clarín.com 3/11/05
En Clichy sous Bois nunca vieron llegar al ministro del Interior, pero su figura es detestada. «Nosotros no somos rateros, como él dice, ni asesinos. Aquí no hay que usar Kaercher: se deben crear trabajos, hay que sacar a los jóvenes de la droga y no discriminar», se angustia Iman, una malí con seis hijos, dos de los cuales participaron activamente en los violentos disturbios de estos días.
La Policía ya no está en el barrio en la mañana del miércoles. La calma es completa si no fuera por los vestigios de una madrugada violenta. Los vecinos dialogan al salir a hacer las compras, un poco en francés y otro en árabe, del miedo de la noche anterior, de las balas de goma, del rol de los líderes musulmanes en conseguir la calma. La mayoría de sus habitantes son inmigrantes de Africa del Norte, que llegaron a Francia en la década del 60.
Los protagonistas de los violentos incidentes son sus nietos o sus hijos, que reaccionaron después de que dos jóvenes del barrio murieran electrocutados cuando treparon las paredes de un generador eléctrico.
Los edificios parecen palomares de varios pisos, con ventanas pequeñas, paredes húmedas y docenas de antenas satelitales. Allí viven hacinadas familias completas, incluidos abuelos, hijos casados y sus propios hijos, mayoritariamente sin trabajo y especialmente, alienados ante un futuro sin perspectivas.
Cuando la Policía llega a Clichy es para hacer controles de identidad. Los habitantes se quejan que su objetivo siempre son los negros, a los que requisan inevitablemente, aún en su propia casa. «Por eso los menores murieron electrocutados», explica el dueño de un mercadito. «Le tienen terror a la Policía».
Los imanes del barrio son las nuevas figuras de autoridad. Ante la fuerza de la violencia, ellos han salido a la calle a frenar a los jóvenes y forzarlos a regresar a sus casas.
Ana, una negra de 24 años nacida en Cabo Verde, pero francesa nacionalizada, explica el estigma de ser negro en la búsqueda laboral y tener como domicilio una «cite», como llaman en Francia a los ghetos de inmigrantes.
«Yo terminé mi bachillerato en Francia. Hablo fluidamente inglés, francés, portugués y español y nunca logré conseguir un trabajo de secretaria. Soy mucama por horas. La última vez que fui a un lugar a dejar mi currículum, me di vuelta y vi que la recepcionista lo tiraba a la basura. Ya me resigné pero me siento frustrada porque es injusto. Esas cosas son la raíz de esta furia», se lamenta, mientras espera un colectivo en Clichy, que no llega por los disturbios.
Sarkozy suspendió su visita a Afganistán y Pakistán, países en los que pensaba iniciar negociaciones para repatriar inmigrantes ilegales, a causa de la violencia. Pero no se arrepiente de su lenguaje. «Es hora que la clase política hable con las palabras que comprenden los franceses. Yo no empleo palabras crudas, soy alguien bien educado, y menos palabras violentas», aseguró.
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| Terremoto mató a 17.000 niños en escuelas paquistaníes: ONU | |||
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ISLAMABAD (Reuters) – Al menos 17.000 niños murieron en escuelas derribadas por el devastador terremoto que azotó Pakistán y podrían registrarse más muertes si la ONU no obtiene los fondos necesarios para asegurar el cuidado de los sobrevivientes, dijo el lunes UNICEF. Los niños que sobrevivieron al terremoto probablemente sufrieron traumas más severos que aquellos que escaparon al tsunami asiático, según Ann Veneman, directora ejecutiva de UNICEF, fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. "Ellos estaban en la escuela en el momento en que tantos otros edificios escolares se vinieron abajo," dijo Veneman en una conferencia de prensa que brindó en Islamabad, capital de Pakistán, después de visitar el área del desastre. "Muchos de los que sobrevivieron están heridos. Muchos de los que sobrevivieron también perdieron amigos. Perdieron maestros, perdieron a personas importantes en sus vidas," agregó. Según el gobierno, más de 55.000 personas murieron en el terremoto de Pakistán del 8 de octubre, mientras que otras 78.000 resultaron heridas. "Sabemos que los menores de 18 años son alrededor de la mitad de la población de las áreas afectadas," sostuvo Veneman. "Y por lo tanto pensamos que cerca de la mitad de las víctimas, tanto heridos como muertos, han sido niños," añadió. Veneman dijo que UNICEF estimó que al menos 17.000 niños fallecieron en escuelas destruidas por el sismo, que ocurrió durante una mañana de clases de sábado. "Ese es un número sobre el que tenemos estimaciones," dijo. Un masivo esfuerzo de rescate liderado por la ONU ha estado luchando para asegurarse de que los sobrevivientes de los remotos asentamientos ubicados en las montañas cuenten con refugio y alimentos para enfrentar el duro invierno himalayo. Los niños que sobrevivieron al terremoto están todavía bajo amenaza, según Veneman. "Estamos preocupados por la posibilidad de una segunda ola de pérdidas de vidas si los niños no reciben las intervenciones correctas," agregó. "Las intervenciones correctas son cuidados de salud si están heridos, inmunización para que no hayan brotes de enfermedades a gran escala (…) agua potable para que no haya un tremendo número de niños muriendo de diarrea," detalló Veneman. La mayor parte de los hospitales del área afectada quedaron dañados o destruidos tras el sismo y gran parte de los médicos murieron o resultaron heridos, dijo Veneman. Sin embargo, los pedidos de la ONU para recibir fondos de emergencia todavía no recibieron la respuesta apropiada. "Los pedidos efectuados por la ONU no han sido completamente satisfechos y, en verdad, ni siquiera una parte," sostuvo Veneman. "Entonces pensamos que es necesario que la comunidad internacional haga esfuerzos para brindar ayuda." Hasta el domingo, se habían recibido 120 millones de dólares en donaciones, pero esa cifra está muy lejos de los 550 millones de dólares que la ONU dice que necesita. |
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Uno de ellos es el jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga
ROMA.- Benedicto XVI cerró ayer el XI Sínodo de Obispos con una misa solemne en la que proclamó los primeros cinco santos de su pontificado y defendió el celibato sacerdotal.
"Sobre el misterio eucarístico, celebrado y adorado, se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia el prójimo", dijo el Papa en la homilía de cierre de la asamblea de obispos, que luego de tres semanas de debate prefirió mantener el statu quo y no proponer ningún cambio en cuestiones doctrinarias, como por ejemplo la ordenación de hombres casados maduros y de virtud probada, como una forma de contrarrestar la escasez de sacerdotes.
Al margen de confirmar una vez más el celibato sacerdotal, en su sermón el Pontífice se refirió a otro tema que fue tratado por los más de 250 obispos de todo el mundo, que fue la coherencia entre la fe y la vida, en especial para los laicos comprometidos en política que deben vérselas con leyes contrarias a la ética cristiana.
"También para los laicos la espiritualidad eucarística debe ser el motor interior de toda actividad, y ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida en su misión de animación cristiana del mundo", sentenció el Papa ante una multitud de 30.000 personas en la Plaza de San Pedro.
Antes, el Pontífice había recordado que en coincidencia con la conclusión del sínodo también terminaba el Año de la Eucaristía. Además, explicó el porqué de las cinco primeras canonizaciones de su pontificado, en las que fueron elevados al honor de los altares dos italianos -Gaetano Canoso (1879-1963) y el franciscano Felice da Nicosia (1715-1785)-; dos polacos -el obispo de origen ucranio Jozef Bilczewski (1860-1923) y Zygmunt Gorazdowski (1845-1920)-, y el jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga.
Fervor latinoamericano
A raíz de la canonización de Hurtado, una de las figuras más admiradas de la Iglesia latinoamericana, unos 5000 chilenos -con banderas y gorros patrios- coparon la Plaza de San Pedro. Una delegación oficial liderada por el presidente Ricardo Lagos también asistió a la ceremonia.
Con cantos y gran fervor, el grupo latinoamericano por supuesto se hizo notar y aplaudió a más no poder cuando Benedicto XVI, en español, habló sobre San Alberto Hurtado, un jesuita famoso por haber dedicado su vida a los más pobres entre los pobres que en 1925 viajó a Córdoba, Argentina, para proseguir con el noviciado y juniorado y que en 1946 fundó El Hogar de Cristo, un sitio para los más necesitados y los sin techo. "Al final de sus días, entre los fuertes dolores de la enfermedad, aún tenía fuerzas para repetir: «Contento, Señor, contento», expresando así la alegría con la que siempre vivió", evocó el Pontífice.
La canonización tuvo lugar en una sugestiva misa concelebrada por los padres sinodales, a la que no pudieron asistir cuatro prelados de la República Popular China, un país que no tiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede. "Con sentida pena hemos vivido la falta de sus representantes", dijo el Papa, que agregó: "Quiero asegurarles a todos los prelados chinos que, con la oración, estamos junto a ellos y a sus sacerdotes fieles".
Por Elisabetta Pique
De la Redacción de LA NACION