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POLÍTICA

Convocó Kirchner a construir un país «cada vez más plural»

La Nación
 
Masivo acto en la Plaza de Mayo: según el Gobierno hubo 350.000 personas

 
Pidió apoyo para "profundizar el cambio"; no habló de reelección, un tema presente en pancartas y cánticos; reivindicó a los desaparecidos y subió al escenario con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo
 

 
 

Sin pronunciar la palabra por ahora prohibida, reelección, el presidente Néstor Kirchner enfrentó ayer la mayor movilización política en más de 10 años de historia argentina y pidió apoyo popular para “profundizar el proceso de cambio en el país”.

La Plaza de Mayo repleta, los carteles con la consigna “Kirchner 2007” y la euforia de todos los dirigentes y sindicalistas que conviven en el oficialismo potenciaron la contundente demostración de fuerza que el Gobierno preparó minuciosamente durante los últimos tres meses.

“Tenemos que ser generosos y convocar a todos los argentinos que quieren consolidar una patria diferente. Mi sueño es ayudar a construir una Argentina cada vez más plural”, enfatizó el Presidente, en línea con su plan de crear una red de respaldo multipartidario para el año próximo.

Aunque nadie haya hablado de la reelección, no pareció ser el acto de un líder que piense dejar el poder dentro de un año y medio. Más bien todo lo contrario. Antes de las 16, Kirchner subió a un escenario montado frente a la Casa Rosada, acompañado nada más que por su esposa, Cristina Fernández. Poco antes se habían acomodado allí las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Todo estaba organizado para que se luciera el Presidente. A lo sumo, los Kirchner.

“Y al final un día volvimos a la gloriosa Plaza de Mayo”, arrancó el Presidente, parado tras el atril que usa en el Salón Blanco. Se lo veía emocionado. Eligió esa frase para abrir y la repitió cerca del final de los 12 minutos de su discurso, como una reivindicación implícita de la juventud peronista echada de la plaza por Perón el 1° de mayo de 1974, cuando la tensión entre las alas opuestas del PJ empezaba a hacerse incontrolable.

“En estos miles de rostros veo los rostros de los 30.000 compañeros desaparecidos”, dijo, y miró hacia un lado. La imagen de las Madres y las Abuelas ampliaba el simbolismo.

Los dirigentes peronistas y sindicales fueron ubicados en otro palco, periférico y casi sin ángulo para ver al Presidente. Abajo, entre bombos y petardos, lo escuchaba una multitud, que en su gran mayoría llegó en ómnibus y trenes fletados por gobernadores, intendentes y sindicalistas.

El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el secretario general, Oscar Parrilli, anunciaron que había más de 350.000 personas para celebrar el tercer año de Kirchner en la Casa Rosada. ¿Fueron tantos? En la superficie de la plaza y las calles laterales entran de 120.000 a 150.000 personas. Ayer ese espacio estaba casi colmado y quedaron militantes en las dos diagonales y en la Avenida de Mayo. Más allá de las cifras, no hubo incidentes de ningún tipo: el Gobierno respiró aliviado.

La movilización había empezado en la madrugada. Parrilli era el encargado de coordinar el ingreso de las filas de militantes, en general identificados con banderas argentinas cruzadas por el nombre del dirigente que, en cada caso, organizó el traslado.

El doble festejo de Kirchner empezó bien temprano, cuando saludó en la Casa Rosada -protocolo estricto- a los embajadores extranjeros. Después caminó hasta la Catedral para participar del tedeum. Pasado el mediodía, cuando volvió, se acercó hasta los vallados para saludar a los militantes. Estaba ansioso, contaban sus ministros.

Antes de comer con sus íntimos, no pudo con la tentación de subir a la terraza de la Casa Rosada. Por encima de su cabeza flotaba un zepelín en forma de pingüino, con la banda presidencial y la inscripción Kirchner Presidente 2007. Le faltaban tres horas para salir al escenario, donde apenas empezaban a tocar los músicos invitados por el Gobierno: Alejandro Lerner, Soledad, Teresa Parodi, Víctor Heredia y Mercedes Sosa.

Puntual como casi nunca, Kirchner trepó al escenario antes de las 16. Recibió regalos de Hebe de Bonafini, líder de Madres, y de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas. Un hecho inusual: son dos mujeres que jamás comparten un acto público.

"La patria somos todos", decía el cartel al fondo del palco principal. Desde la plaza subieron estribillos: unos intentaron con la marcha peronista; otros con "el pueblo/unido/ jamás será vencido". Un sindicalista con un megáfono amagó con una verso: "Para Kirchner, la reelección…" No lo siguieron muchos. La señal del Gobierno a la dirigencia fue que no debían exigir una definición sobre 2007.

Treinta y tres años

Al Presidente se le resquebrajó la voz apenas empezó a hablar. Recordó otra manifestación en la plaza, en 1973; el día en que asumió la presidencia Héctor Cámpora: "Hace 33 años yo estaba allá abajo, como hoy, creyendo y jugándome por mis convicciones que un nuevo país comenzaba".

Enseguida reivindicó a los desaparecidos y saltó al repaso de los ejes que siempre destaca de su gestión. Dijo que había sido "acosado por los poderosos" y por los que sostenían que "la Argentina no era viable si no se pactaba con esos sectores". Entonces se acordó, como suele hacer, de la prensa. Primero dijo que "algunos medios que ustedes conocen" lo cuestionaron por la quita de la deuda privada. Y sobre el final aludió a los que "a veces por escribir, escriben cualquier cosa".

Pero la enumeración de sus logros se llevó medio discurso. En grito ronco, siguió: "La lucha cotidiana contra los intereses es muy difícil y los intereses se pueden agazapar, pero quieren retomar la iniciativa".

Los dirigentes que llenaban el palco lateral intentaban descifrar mensajes en el discurso. ¿Iba a llamar a una concertación multipartidaria? Lo insinuó cuando dijo que quería un país "más plural". Pero no fue taxativo.

Alberto Fernández daría después una síntesis de lo que buscó el Presidente: "Fue un discurso convocante. Que le dé fuerza al Presidente para seguir al frente de este proyecto".

Un dato llamativo fue que ningún gobernador radical estuvo en la plaza, pese al acercamiento de muchos de ellos con el Gobierno. Estaban sí todos los líderes provinciales del peronismo, salvo el salteño Juan Carlos Romero y el puntano Alberto Rodríguez Saá. También fueron el jefe de gobierno porteño, Jorge Telerman; varios intendentes radicales; jefes piqueteros, y la cúpula de la CGT, con Hugo Moyano a la cabeza. ¿Diputados, senadores, ministros? Estaban por todos lados, dentro y fuera de la Casa Rosada. Muchos opinaron ante los micrófonos que Kirchner debe pelear por la reelección.

Los dirigentes y los militantes esperaban alguna referencia a Perón. Kirchner aludió a él sólo para explicar por qué no salió al balcón: "No veníamos a la plaza a ocupar un balcón que ya tiene un dueño histórico que nosotros seguimos respetando con toda nuestra fuerza: allí estaban Perón y Eva Perón". Desde la calle subió el aplauso más rotundo de la tarde.

Terminó apenas después. Volvió a convocar a "una construcción plural" y se despidió: "Los amo". Explotaron papelitos celestes y blancos. Y Kirchner volvió a la Casa Rosada. "Fue espectacular. Espectacular." Lo repetía ante cada abrazo. Y había una fila de los que querían que los vieran celebrar con él.

Por Martín Rodríguez Yebra
De la Redacción de LA NACION

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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