El gobierno libanés, acorralado

La Nación
 
 
Se profundiza la ofensiva política de Hezbollah
 
Una multitud sin precedente se manifestó para pedir la renuncia del premier

 
JERUSALEN.- Al grito de "Beirut libre", "Fuera Siniora", "Muerte a Estados Unidos" y "Muerte a Israel", la oposición del Líbano reunió ayer a una multitud sin precedente en una manifestación contra el gobierno en Beirut que alimentó la tensión que reina en el país desde hace unas semanas.

"De aquí no nos movemos, aunque nos lleve semanas o meses", prometían los carteles. Y los manifestantes coreaban y aplaudían enardecidos los discursos del subjefe de la organización Hezbollah, el jeque Naim Qassem, y del líder cristiano Michel Aoun, cuyo llamado fue categórico: "La oposición está lista para ocupar la sede del gobierno y el Parlamento, como en Ucrania y en Serbia."

La declarada intención: derribar al gobierno del primer ministro Fouad Siniora, al que los grupos pro sirios y Hezbollah consideran un "traidor".

En medio de una creciente tensión, diez días después de iniciadas las protestas, la oposición encabezada por Hezbollah llevó a cabo ayer la mayor manifestación recordada en años en Beirut. Por lo menos 400.000 personas -algunas cifras hablaban de un millón- se congregaron en el centro de la capital, frente a las oficinas del acorralado gobierno, para exigir su dimisión.

El reclamo logró hacer imposible el libre movimiento del premier y de sus ministros, recluidos desde el 1° de diciembre en los edificios de gobierno, bajo la protección del ejército.

"Ustedes dicen que no podremos respirar, pero por ahora nosotros estamos aquí al aire libre y ustedes adentro, encerrados", dijo Qassem en tono burlón, dirigiéndose al gobierno. "No roben la patria libanesa al pueblo, vendidos", agregó. Hezbollah pretende dar a entender que el gobierno apoyó a Israel en su guerra contra la organización, hace pocos meses. "Esta situación constituye un desafío para el futuro del Líbano", declaró, por su parte, Siniora.

El grupo extremista exige un cambio básico en el sistema de gobierno libanés, uno de cuyos elementos es la división de la representación parlamentaria de los grupos comunitarios religiosos que conforman la sociedad libanesa. Los chiitas tienen un 20% de los diputados, un porcentaje que según Hezbollah debe duplicarse, ya que representan la mayoría proporcional de la población libanesa.

"Una arena de guerra"

"Esta no es forma de cambiar las cosas -declaró Siniora-. No deseamos que el Líbano sea una arena de guerra para los demás", agregó el premier, dando a entender una vez más que Hezbollah sirve a intereses de Siria e Irán.

De hecho, aunque se presente la lucha interna en términos de "democracia" y representatividad, está claro que hay otras motivaciones de fondo. Hoy debe confirmarse en forma oficial el mandato que el Líbano da a la ONU para formar el tribunal internacional que investigue el asesinato del ex premier Rafik Hariri, en febrero de 2005.

El presidente libanés, Emile Lahoud -cristiano pro sirio- rehusó ayer aprobar el documento necesario. Siniora sostiene que Siria, país al que amplios sectores de la opinión pública libanesa responsabilizaron por el asesinato, maneja todo para salvar su pellejo político.

No está en juego la representación parlamentaria de los chiitas en el Líbano, sino la cédula de identidad del Estado libanés. La crisis actual determinará si el Líbano sigue gobernado por un gabinete que aspira a buenas relaciones con Occidente y a posturas alejadas del fundamentalismo islámico o por un régimen favorable a Damasco y Teherán, capitales que arman, apoyan y financian a organizaciones radicales.

Por Jana Beris
Para LA NACION

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