El milagro de Jesús en la ficción

Revista Ñ

TENDENCIAS

En los últimos dos años, la figura de Jesús fue recuperada por la ficción de una manera abrumadora: a caballo de la moda que impuso «El Código da Vinci», decenas de autores, que van desde Anne Rice hasta Federico Andahazi, aprovecharon la sospecha de que hay una historia oculta que ha sido escamoteada por la religión oficial, para escribir novelas que giran alrededor de la vida de Cristo. A las voces de un teólogo, un antropólogo y varios de estos autores, se suman en esta producción una columna del sacerdote Hugo Mujica y otra escrita especialmente para Ñ por el Premio Nobel José Saramago, autor de la novela «El Evangelio según Jesucristo».

ALEJANDRA RODRIGUEZ BALLESTER.
Especular sobre la vida de Jesús, aventurar teorías acerca de su naturaleza humana o divina, suponer hechos ignorados, ocultos en las grandes elipsis de los textos sagrados, ha sido, en la historia del cristianismo, algo que ha motivado violentos cismas y enfrentamientos, o se ha pagado con el fuego de la hoguera. Con resultados menos cruentos, aunque no por eso exenta de debate y anatema, la literatura contemporánea no se ha privado del desafío de reinventar a esta figura clave de nuestra cultura, hurgar en sus debilidades humanas y especular acerca del peso de llevar sobre las espaldas nada menos que la divinidad.

Esta tendencia se ha acentuado en los últimos dos años, tras el éxito de El Código da Vinci. Desde La Elegida. Historia de la hija de Jesús y María Magdalena de Omar Ramos, finalista del Premio Planeta 2005, a La hermandad de la Sábana Santa de la española Julia Navarro, pasando por la saga de Caballo de Troya de J. J. Benítez hasta llegar a la vuelta de tuerca de la vampírica Anne Rice con su novela Cristo, el Señor: Fuera de Egipto, decenas de títulos tocan de manera más o menos directa temas relacionados con la vida de Cristo y sus discípulos.

Las ficciones sobre Jesús casi siempre han resultado polémicas: a la literatura le gusta poner el dedo en la llaga. «Dios totalmente se hizo hombre, pero hombre hasta la infamia… Para salvarnos (…) eligió un ínfimo destino: fue Judas», arriesga Borges en Tres versiones de Judas, donde sostiene que, al encarnarse, el Hijo no estuvo libre de «las complejidades del mal y del infortunio». Diez años después, en 1954, la novela La última tentación de Niko Kazantzakis, que juega con esa misma idea borgeana, fue prohibida por el Vaticano y le valió al escritor la excomunión de la iglesia ortodoxa griega. En ella, el autor de Zorba el griego presenta a un Jesús en lucha con su propia humanidad, que intenta, por distintos medios, eludir su destino. Un Cristo tan humano que es capaz de tener un oficio vil (fabrica las cruces en las que los romanos ejecutan a los judíos), se confiesa débil y atormentado por el miedo, y frente a quien el personaje de Judas irradia dignidad y nobleza. Su última tentación es, simplemente, conocer la vida de un hombre común. La impactante película de Martin Scorsese, basada en la novela de Kazantzakis, también causó revuelo en el mundo católico por mostrar un Cristo demasiado humano, apegado al amor y a la vida.

Tildado de megalómano por la crítica, Norman Mailer narró en primera persona su Evangelio según el Hijo. Sin embargo, a pesar de su ateísmo y judaísmo, o quizás precisamente por eso, no se aparta en gran medida de la versión dogmática de la Iglesia. Por el contrario, el Premio Nobel José Saramago dibuja en El Evangelio según Jesucristo un Dios cruel, que trama fríamente el martirio de su hijo para aumentar su poder. El Jesús del escritor portugués es una víctima de los planes de Dios padre, quien negocia con el Diablo, hace alianzas con él para engañar a su hijo, y no oculta que su antagonista es un socio natural, que también será beneficiado por la extensión de su reinado a gran parte de la humanidad a la que, por cierto, desprecia. «Serás la cuchara que yo meteré en la humanidad para sacarla llena de hombres que creerán en el dios nuevo en el que me convertiré», dice Dios a Jesús, después de explicarle que el hombre es «palo para cualquier cuchara» ya que está «siempre dispuesto a obedecer».

El argentino Abelardo Castillo también se animó a bucear en los restos antiguos del catolicismo de su juventud y escribió El Evangelio según Van Hutten. En esta novela, Castillo polemiza con los evangelios canónicos y postula un evangelio oculto, revolucionario, «el manifiesto comunista de Dios», descubierto en 1947 en las excavaciones del Mar Muerto, por un arqueólogo que termina escondido en La Cumbrecita.

Revisionismo new age

Pero en este principio de siglo, el interés por la vida de Jesús llega renovado, desde una postura revisionista asociada a cierta espiritualidad new age y a la globalización de un mercado editorial que difunde y potencia las modas literarias. La hermandad de la Sábana Santa, Caballo de Troya, El complot de María Magdalena, El testamento del pescador, Jesús o el secreto mortal de los templarios, Magdalena, la diosa prohibida del cristianismo, son sólo algunos de los títulos recientes más exitosos .

En general, estas narraciones presentan un Jesús más humano, con María Magdalena como esposa o amante y una comunidad de discípulos en la que las mujeres tienen roles tan protagónicos como los de los hombres; se apoyan en mayor o menor medida en los evangelios apócrifos o gnósticos, y también en un rescate de las herejías y en una relectura de las leyendas medievales.

La sospecha de que hay una historia oculta, escamoteada por la religión oficial, parece alentar la abundancia de versiones que se presentan como tejidas con hebras de la verdadera historia, por fin develada. Esta literatura no viene a decir: Dios no existe. Ni mucho menos, como Saramago, Dios es cruel. Todo lo contrario: dice que existe, que es infinitamente bueno, pero la Iglesia, el poder, los discípulos que traicionaron sus enseñanzas, han disfrazado la historia y el mensaje verdadero de Cristo que resultó ser mucho más asimilable a nuestras concepciones contemporáneas sobre el amor, el rol de la mujer en la sociedad y la sexualidad.

«Creo que estos textos son un correlato en el ámbito de la divulgación de las investigaciones históricas de los últimos cincuenta años. Los descubrimientos de Qumrán (1947) y la publicación de sus documentos han contribuido a conocer mejor el judaísmo del tiempo de Jesús. También el conocimiento de la literatura apócrifa, de los targums y de los documentos de Nag Hammadi (1945). Muchos autores dan un gran valor a algunos apócrifos, como los evangelios de Pedro y de Tomás», explica el teólogo Ernesto Leguiza, para quien el desconocimiento del público y de la mayoría de los cristianos de esos documentos durante mucho tiempo, unida a «cierta desconfianza para con las instituciones religiosas tradicionales», es lo que origina la sospecha de ocultamiento, «que es aprovechada en el argumento de varias de estas novelas. Hay un desconocimiento generalizado sobre el cristianismo primitivo. Por eso todo texto que traiga una supuesta versión diferente a la sostenida habitualmente, despierta interés y resulta seductor», interpreta Leguiza.

El fenómeno del revisionismo ficcional de la religión parece comparable, en cierto sentido, al éxito de Felipe Pigna en nuestro país: hay un público no especializado que se sospecha estafado por el poder y la historia oficial y busca, por supuesto, ser reivindicado. Y allí está Pigna para derrumbar mitos que, sin embargo, para algunos historiadores, no son tales (ver la revista Ñ del 31 de diciembre). En ambos casos hay viejos temas que son narrados con nuevos géneros: Pigna cuenta la historia en clave periodística, en clave de denuncia, mientras que las ficciones sobre Jesús narran la religión en clave de thriller o de novela romántica.

«La literatura de masas es crecientemente el territorio en que se alían el consumo, la diversión y la formación de criterios éticos. En un contexto en que las grandes confesiones religiosas afrontan el dinamismo de una grey segmentada y tentada por el escape, la literatura con matices religiosos crea templos invisibles o íntimos parques de diversiones que compiten con las catedrales o allanan el camino a su llegada», opina el antropólogo Pablo Semán, quien llama la atención sobre otro fenómeno editorial asociado: el avance de los libros de espiritualidad. «Todavía está pendiente que alguien saque conclusiones del hecho de que las ferias del libro de distintos países albergan una legión considerable de sellos que editan, exitosamente, magia, religión, novelas esotéricas», agrega Semán.

El número de 2000 millones de cristianos en el mundo permite evaluar el «mercado» de potenciales lectores de toda literatura que toque alguna fibra de esa religiosidad, la interrogue, la cuestione, le saque el polvo o le agregue cuotas diversas de especulación y fantasía. El dato, divulgado en diciembre pasado por una encuesta de la Secretaría de Medios de la Nación, que junto a la constatación de que los argentinos leen poco y nada, agrega que el libro más citado por la gente es la Biblia, viene a confirmar la popularidad del tema en nuestro país. Ya lo había intuído Fernando Savater que arremetió, en 2005, con Los siete pecados capitales en versión contemporánea. Ya cosechó sus beneficios Dan Brown con El Código da Vinci que vendió más de 25 millones de ejemplares. Y bastante bien le está yendo a nuestro escritor de best sellers, Federico Andahazi, con La ciudad de los herejes, que con un protagonista igual a Cristo y una ayudita del Arzobispado que ya hizo oír su queja, lleva vendidos 30.000 ejemplares en tres meses (a Brown lo había «ayudado» nada menos que Ratzinger, el actual Papa Benedicto XVI, que llamó a los cristianos a no leer El Código da Vinci).

Jesús made in Argentina

La novela argentina La Elegida. Historia de la Hija de Jesús y María Magdalena, apuesta claramente a la fórmula que probó El Código da Vinci: combina elementos del thriller y de la novela histórica en una trama que tiene como acontecimiento principal el descubrimiento de un nuevo evangelio, escrito por Sara, la hija de Jesús y María Magdalena. Este, por supuesto, intenta ser silenciado por la Iglesia que persigue a su descubridor, un bibliotecario florentino, de la misma manera que antes persiguió y quemó en la hoguera a los monjes medievales que se interesaron en él. Aunque su autor, Omar Ramos, asegura que no leyó la novela de Dan Brown («para no influenciarme»), sí cita entre sus fuentes a Los secretos del Código da Vinci.

«También leí los evangelios gnósticos, descubiertos en 1945, y la leyenda de Gregorio de Tours del siglo VI, que cuenta que María Magdalena estaba embarazada y partió hacia Alejandría, donde nació Sara. Con todo esto armé una novela e inventé el evangelio de la Hija de Jesús: este predica el verdadero cristianismo que no tiene que ver con las cruces sino que exalta el sexo y el erotismo», sintetiza Ramos, contento de haber podido pergeñar, por fin, una religión más acorde a sus deseos. Aunque postula la existencia de un nuevo evangelio, su contenido no se desarrolla mayormente ni resulta claro por qué la libertad sexual habría sido un tema prioritario en el siglo I. El esfuerzo parece concentrado en atar los cabos de la trama en la que los sucesos sobrenaturales y sorprendentes son admitidos como parte de una sucesión de revelaciones divinas: el protagonista tiene el privilegio de hacer el amor nada menos que con la descendiente de Cristo, indudablemente, Cristina, la que predica entre los mendigos con un espíritu evangélico que no excluye el ofrecimiento generoso de su propio cuerpo.

La Elegida alterna su narración en distintos espacios y épocas de la historia, y en este sentido responde a lo que parece ser otra demanda de los lectores de estos tiempos: la de la novela histórica. La literatura parece así aportar un beneficio adicional al lector al cumplir una función presuntamente didáctica: además de entretener ofrece un conocimiento sobre el pasado, da la impresión de acrecentar el capital cultural.

Con un argumento que presenta coincidencias numerosas, La ciudad de los herejes de Federico Andahazi, también publicada por Planeta, suma al tema de moda la popularidad que se ha ganado su autor. «Mis novelas se preguntan las mismas cosas que se pregunta la gente», afirma Andahazi, que de esta manera explica su éxito: El Anatomista, su primer best seller, lleva vendidos 3 millones de ejemplares en todo el mundo. En La ciudad de los herejes narra la historia de Aurelio y Christine, dos monjes del siglo XIV, que intentan apagar su pasión en conventos donde la lascivia no tiene límites. El espíritu monacal está descripto en la primera página del libro, donde ya se prometen emociones fuertes: «Los látigos tronando sobre las espaldas llagadas de los monjes (…), los gemidos que procedían del éxtasis místico y los otros, nacidos de las pasiones menos devotas, todos a un tiempo iban creciendo entre los muros del monasterio…».

«La sexualidad mueve al mundo y la religión lo detiene», afirma Andahazi, quien recurre a los textos místicos de las santas en sus pasajes eróticos y elabora extensas disquisiciones teológicas, por parte de su protagonista Christine, para avalar, con argumentos sagrados, la prédica del amor libre. La historia de los amantes se cruza con la del templario Geoffroy de Charny quien, para fraguar la falsa reliquia del Santo Sudario de Jesús, somete al monje Aurelio al calvario y la crucifixión.

Citando a Foucault, Andahazi afirma que en su obra «es una constante la inquietud por la forma en que se gesta el discurso del poder» y asegura que su intención fue «discutir con la propia Iglesia tomando como base los textos canónicos. Incluso con la Biblia en la mano uno gana la discusión», asegura. La tesis que desarrolla en su novela sostiene que los principios de sufrimiento y castidad tienen origen en el primer cristianismo que era una secta apocalíptica ya que consideraba inminente el fin del mundo: con esa perspectiva, ni la procreación ni las riquezas tenían sentido. Con una argumentación teológica más elaborada que en la novela de Ramos, Andahazi llega también a una proclama de libertad sexual que resulta, de todos modos, algo anacrónica, como la rebelión de frailes y monjas que crean una comunidad donde rige el amor libre, propia de los años sesenta.

En sus Apostillas a El nombre de la rosa, Umberto Eco explicaba que había elegido la Edad Media para situar la acción de su novela porque ésta era parte de su «imaginario cotidiano», de tanto que había frecuentado el tema en sus estudios filológicos. «El presente sólo lo conozco a través de la pantalla del televisor pero del Medioevo, en cambio, tengo un conocimiento directo», afirmaba Umberto Eco.

El italiano también sostenía que «para inventar libremente hay que ponerse límites» y, en narrativa, esos límites tienen que ver con el «mundo subyacente», con la construcción de un entorno «lo más amueblado posible», que resulte coherente en sí mismo. Son los límites de la verosimilitud: en el caso de muchas de estas ficciones contemporáneas hay situaciones que resultan inverosímiles, quizás porque ubican en el pasado conflictos contemporáneos, o porque faltan en ese mundo de ficción suficientes «muebles» de ese pasado aludido.

Otro argentino, Martín Mazora, encaró también el mismo tema en María Magdalena condenada, publicada por la editorial Simurg. En una apuesta más filosófica que sus compatriotas, Mazora narra su propio evangelio: el Jesús que predica la religión del amor y cuestiona la dureza de la ley mosaica, muere en la cruz. La frialdad y la distancia del Cristo resucitado, la dureza de su mensaje, contrapuesto a la prédica anterior del Jesús vivo, subleva a María Magdalena que lo considera un impostor y, de amante y seguidora fiel pasa a ser una anarquista vengativa que asesina a Judas y se une a los zelotes rebeldes que buscan la libertad de los judíos del yugo romano. «Ahora hacen milagros y proezas, curan enfermos, desatan la lengua de los mudos… pero no por amor a ellos sino para exhibir el enorme poder que detentan», les reprocha Magdalena a los discípulos. «¿Difundirán las memorias o esparcirán las mentiras?», los increpa.

Con un intertexto que es más bíblico que contemporáneo —las citas de El Cantar de los Cantares se encuentran cómodas dentro del estilo de Mazora—, aquí no hay intriga ni tempos a lo Dan Brown. Se trata de una novela que narra y argumenta desde una perspectiva humanista y desde el interior mismo de la tradición católica, por más que tilde a Cristo de hereje y muestre a la santa acuchillando gentiles.

Más afín a las tradiciones todavía, el uruguayo Tomás de Mattos es profeta en su tierra: lleva vendidos unos 8.000 ejemplares de La Puerta de la Misericordia. «Mantuve numerosos contactos con lectores de todo el Uruguay y he comprobado que la novela ha interesado tanto a los cristianos confesos y militantes como a los »ateos anónimos» y a los »cristianos anónimos», o sea, los que dicen y creen seguir a Jesús pero en los hechos no practican sus exigencias éticas y los que dicen y creen no seguirlo, pero de hecho cumplen cabalmente todas los cometidos de buena voluntad y, sin saberlo, convergen en el insólito Reino que él, en vida, proclamó», afirma De Mattos, que en su novela pone cuerpo y alma al Jesús de los Evangelios pero no contradice los dogmas establecidos.

Los Cristos del otro lado del mar

Es difícil saber si en este revival literario la figura principal es Jesús o María Magdalena. Además de haber sido reivindicada por la Iglesia —que finalmente limpió su imagen y aclaró que no era ella la prostituta mencionada en los evangelios—, su participación en la historia de Jesús es considerada cada vez más relevante. El hecho de que ella estuviera presente en la Cruz y fuera la primera en ver el sepulcro vacío y la primera a la que se apareció Jesús resucitado es prueba, sostienen, de su protagonismo. Esto también desencadena ficciones diversas.

Así como Mazora postula que, para Magdalena, Jesús murió en al cruz y el resucitado es un impostor, el francés Gerald Messadié articula, en El complot de María Magdalena, una ficción entre religiosa y política en la que la amante de Jesús trama una conspiración y logra salvarlo de la muerte sobornando a los soldados que cuidan su tumba. Esta novela narra el argumento religioso en un marco histórico donde sacerdotes, zelotes, profetas y apóstoles se enfrentan entre ellos. En el epílogo, Messadié muestra los puntos oscuros del evangelio que le permiten elucubrar, con cierta verosimilitud, esta ficción.

Por su parte, la periodista española Julia Navarro, en La hermandad de la Sábana Santa, se interna en una trama que viaja por el siglo I y el Medioevo, donde Jesús es apenas un personaje secundario en una intriga policial que se interna en el tema de la autenticidad del Santo Sudario, también tratado por Andahazi. César Vidal ganó el Premio Espiritualidad de la editorial española Martínez Roca, en 2004, con El testamento del pescador, que fue best seller en su género. Y Roger Caratini, después de acometer las biografías de Mahoma y Alejandro Magno, emprendió ahora la de Jesús, en escuetas 700 páginas. Ensayos diversos, como Jesús o el secreto mortal de los templarios de Robert Ambelain, Los hijos secretos del Grial de M. Hopkins y G. Simmans, Los cátaros, la herejía perfecta de Stephen O»Shea o Magdalena, la diosa prohibida del cristianismo de Lynn Picknett, dan cuenta con mayor o menor rigor de la avidez por revisar los fundamentos de la religión.

Un párrafo aparte merece el periodista español J.J. Benítez que ha hecho de Jesús un best seller en su tierra. «Si se decide a leer Nahum, sus certezas religiosas saltarán por los aires, afortunadamente. Nada de lo que se considera oficial y ortodoxo guarda relación con lo escrito en Caballo de Troya«. Con estas palabras, la editorial Planeta invita a los lectores a internarse en el séptimo libro de la saga, que es el número 50 de las creaciones del escritor que ha vendido hasta el momento nada menos que 6 millones de libros.

Despreocupado de las anacronías, Benítez narra las andanzas del nazareno desde la voz de dos pilotos de la fuerza aérea norteamericana que viajan en el tiempo a la Palestina del año 30. Allí son testigos de prodigios, como la resurrección, que desconciertan pero convencen a su espíritu «científico» y dan fe de la verdadera historia. «Los evangelios no contaron toda la verdad. Los hechos fueron tergiversados, censurados, mutilados, obedeciendo a determinados intereses», advierte el narrador. «Caballo de Troya desmitifica y coloca en su justo lugar a protagonistas como María, la madre del galileo, a Poncio y a los discípulos. Ninguno de los íntimos entendió al Maestro y mucho menos su familia», asegura.

No lo entendieron sus íntimos aunque sí, por supuesto, Benítez, y el lector. «Muchas de estas novelas se han convertido en best seller, porque, como seguramente suponían, tocan inquietudes e incomodidades con lo religioso institucional que son propias de nuestro tiempo. Ya no se acepta el credo cristiano basándose simplemente en la autoridad ajena», afirma Leguiza para quien lo que está en cuestión es la institución, pero no lo religioso en sí.

Podría decirse que muchas de estas novelas encuentran eco en un espíritu de época que pretende creer «sin querer queriendo», algo así como descreer creyendo. O creer leyendo.

 

 

 «Son of Man»: Una película con un Jesús negro subraya su lado más político

 

JOHANESBURGO (Reuters) – Presentada como la primera película con un Jesús negro, «Son of Man» retrata a Cristo como un moderno revolucionario africano y trata de acabar con la imagen occidental de un salvador tranquilo con pelo rubio y ojos azules.

La película sudafricana, que se estrena el domingo en Estados Unidos en el Festival de Sundance, lleva la vida y mue rte de Cristo de la Palestina del siglo I a un estado africano contemporáneo destrozado por la guerra y la pobreza.

Jesús nace en una chabola, muy alejada del pesebre en el establo de Belén. Su madre, María, es una virgen, aunque co n la energía suficiente como para discutir con los ángeles. Las autoridades armadas temen su mensaje de igualdad y acaba siendo crucificado.

«La verdad es que Cristo nació en un país ocupado y que predicó la igualdad en un momento en el que era algo no muy aceptado,» declaró el director Mark Dornford-May en una entrevista con Reuters.

Al retratar a Jesús como un africano negro, Dornford-May espera destacar el contexto político de los evangelios, cua ndo Israel estaba ocupado por el Imperio romano, y cambiar las percepciones occidentales de Cristo como un predicador humilde, manso y europeo.

«Tenemos que aceptar que Cristo ha sido un poco secuestrado: se ha vuelto muy rubio y de ojos azules,» señaló.

«Lo importante de su mensaje es que es universal, no importa qué aspecto tenía.»

En 1969 ya se hizo una película llamada «Jesús negro» interpretada por Woody Strode, pero se ha descrito como un co mentario político, en lugar de una interpretación de la vida de Cristo.

ESPERANZA PARA ÁFRICA

Hecha por la misma compañía de teatro responsable del éxito del año pasado «U-Carmen eKhayelitsha,» «Son of Man» est á en inglés y en la lengua africana Xhosa, y fue filmada en los guetos negros cerca de Ciudad del Cabo.

El papel de María lo interpreta la estrella de U-Carmen, Pauline Malefane, mujer del director, que tiene un papel de inspiradora de la política y la humanidad de Cristo, comparado con sus breves apariciones bíblicas.

Jesús comienza a predicar tras un encuentro con Satán durante el tradicional rito de circuncisión Xhosa. Reúne a sus seguidores de entre las diferentes facciones armadas y les pide que dejen las armas y se enfrenten a sus dirigentes corruptos con una visión de protesta no violenta y solidaridad.

Su resurrección pretende ser una señal de esperanza para África, el continente más pobre del mundo y que está considerado muchas veces por los extranjeros como un caso perdido.

«El final es optimista pero realista. Hay una lucha increíble para llegar al optimismo,» dijo el director.

 

2 comentarios en “El milagro de Jesús en la ficción

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