Categorías
Turismo

FENOMENOS URBANOS : CAFETINES DE BUENOS AIRES, HISTORIAS DE CLASICOS QUE APASIONAN A LOS PORTEÑOS

Clarín
 

El Británico resiste el cierre y los bares notables siguen dando pelea

El tradicional local de San Telmo iba a ser desalojado ayer, pero seguirá abierto mientras se negocia una solución definitiva. Cómo son y qué distingue a estos bares que movilizan a la gente en su defensa.

Nora Sánchez

nsanchez@clarin.com


La madera que recubre las paredes está deslucida. Las mesas, destartaladas. Y los dueños y mozos no son especialmente comunicativos. Sin embargo, en el Bar Británico la gente se siente como en su casa y puede pasar horas refugiada detrás de un pocillo de café. "Tiene magia", dice Carlos Macagno, uno de los vecinos que luchan para evitar su cierre. El desalojo —por vencimiento del contrato— estaba programado para ayer, pero quedó postergado mientras se negocia un arreglo definitivo (ver Esto fue…). El posible cierre generó protestas y movilización de la gente, en defensa de un patrimonio que considera propio. ¿Por qué el Británico y el resto de los cafetines históricos de la Ciudad son tan entrañables?

En Buenos Aires hay 54 bares notables. Según la ley porteña

Nº 35, notable es "aquel bar, billar o confitería relacionado con hechos o actividades culturales de significación; aquel cuya antigüedad, diseño arquitectónico o relevancia local le otorguen un valor propio". Esta definición no alcanza para explicar por qué algunos lugares tienen ángel.

"Te das cuenta de que un bar es notable por su atmósfera", afirma María Antonia Bychowiec, de la Comisión de Bares Notables. Este cuerpo, formado por representantes de la Comuna, la Legislatura y empresarios, se encarga de proponer bares, asesora en la restauración y programa actividades.

A mediados de la década del 70, el Museo de la Ciudad hizo una encuesta para desentrañar qué razones le confieren magia a un bar. "La gente dio tres, aún vigentes —cuenta el arquitecto José María Peña, creador del Museo—. Un bar debe permitir la absoluta libertad del parroquiano: el mozo sólo debe aparecer cuando lo llaman. La ornamentación no debe reunir muchos materiales diferentes. Y para que sea cómodo, debe tener o mucha o poca luz".

Esta otra definición tampoco sirve para revelar por qué Peña adora La Puerto Rico, un café creado en 1887 y que, desde 1925, está en Alsina 219. El dice que tiene "clima" por ser de época y porque "las mesas son únicas, con su tapa de mosaico con el nombre del café incrustado".

En cambio, Peña cuenta que cuando fue a conocer el bar La Paz remodelado, entró y salió sin tomar nada. En los 70, La Paz no exhibía una arquitectura o decoración destacadas. Pero en sus mesas gastadas reunía estudiantes y militantes, que discutían con pasión bohemia cómo salvar al mundo. Ahora tiene mesas de fórmica, pero aquellos parroquianos ya no están.

Esto da otra clave, confirmada por uno de los dueños de Los 36 Billares (Avenida de Mayo 1265): "Nuestro ángel es la gente, que viene desde hace años, saluda al personal, elige la misma mesa y juega en el mismo billar. Esa clientela es la que vuelve íntimo al lugar", afirma Norberto Cajaraville. Esos habitués vigilaron de cerca cuando, el año pasado, los Cajaraville restauraron su bar, fundado en 1894.

Es que así como entre los años 80 y 90, una fiebre remodeladora causó estragos en los cafés, ahora hay quienes descubren que restaurarlos también es negocio. Un buen ejemplo es el Bar de Cao (Independencia 2400), un antiguo despacho de comestibles abierto en 1915. Tras estar cerrado un año, el bar reabrió en setiembre de 2005 con nuevo dueño, el mismo que ya recuperó el Café Margot (Boedo 857) y El Federal (Perú y Carlos Calvo). Las mesas, la caja registradora fileteada y la cortadora de fiambre son los mismos, pero ahora están lustrados, igual que las vitrinas. "Los habitués volvieron y se sumó un público joven", cuenta Pedro Lodola, encargado del bar.

El hecho de que un café sea notable no obliga a su dueño a nada. Incluso puede destinar su local a otro uso. "La Comisión trata que se preserven intactos. Si no, los puede bajar del catálogo", dice Bychowiec. El 20 de abril la Legislatura debatirá un proyecto de la diputada Teresa de Anchorena (ARI), para oficializar a los bares notables como parte del Patrimonio Cultural de la Ciudad. También pide que la Comisión de Bares sea la encargada de aprobar cualquier restauración o cambio en el uso.

"Queremos darle más recursos a la Comisión porque la legislación actual no protege esa parte mágica e intangible del bar —dice Anchorena—. Buenos Aires no sería Buenos Aires sin sus bares. Y la base del ángel de un bar es una síntesis entre lo material y lo inmaterial que hace que cada bar sea único e irrepetible".

"No hay otro lugar con este aroma a especias", dice Fabiana Martínez, una habitué de El Gato Negro. Probablemente, haya tantos motivos que hacen a la magia como bares notables hay en la ciudad. Desde una mesa con inscripciones hasta una barra con botellas de ginebra y sifones de soda. Elementos mucho más cercanos al corazón que los potus de plástico, las luces dicroicas o los pisos de porcelanato.

 

 

 

 

FENOMENOS URBANOS : MAS LOCALES AMENAZADOS POR VENTAS, DESALOJOS Y ALQUILERES

Otros tres en peligro y uno que quiere resurgir

 

Sobre el edificio que atesora El Gato Negro (Corrientes 1669), pende un cartel que anuncia la venta "en bloque". Los dueños del Argos (Lacroze y Alvarez Thomas), están demasiado cansados para continuar. Y el Café El Mar Azul (Tucumán 1700), tiene un cartel de "Se alquila". El Británico no es el único bar en peligro.

En 1927, un español de apellido López Robredo abrió "La Martinica", un negocio de especias. Un año después se mudó al local actual, ya con el nombre de El Gato Negro, que aún exhibe sus bellísimas repisas de roble. Hace pocos años, se agregaron mesas y sillas Thonet para incorporar un pequeño café. Hoy el dueño del edificio quiere venderlo en bloque y el local tiene una orden de desalojo frenada por un amparo.

Los dueños del Argos superan los 80 años y están tentados de alquilarle su local a una cadena de farmacias. El año pasado, la Legislatura porteña aprobó un proyecto de ley para declarar la protección patrimonial del bar. La medida es de doble lectura y falta su ratificación en audiencia pública. Aunque tampoco impediría un cambio de uso del local.

Mientras algunos bares desaparecen, hay uno a punto de resurgir: el Café de los Angelitos, en Rivadavia y Rincón. El original, alguna vez frecuentado por Gardel, se derrumbó en 2001. "Lo reconstruimos respetando los materiales, como pisos calcáreos combinados con madera, arañas y vitreaux —dice Alfredo Piñera, integrante del grupo inversor—. También mandamos a hacer vitreaux, uno de ellos con motivos de angelitos. Vamos a reabrirlo en las vacaciones de invierno".

Por David Encina

Periodista

Ver perfil en LinkedIn / twitter.com/DavidEncina

Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

Contacto: mencin@palermo.edu / david.encina@facebook.com / encina_david@yahoo.com.ar/ m.david.encina@gmail.com

Más información ver en David Encina V. - PRENSA.
http://cualeslanoticia.com/prensa/

2 respuestas a «FENOMENOS URBANOS : CAFETINES DE BUENOS AIRES, HISTORIAS DE CLASICOS QUE APASIONAN A LOS PORTEÑOS»

¿Qué opinas? Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: