Categorías
Rel. Internacionales

Gorbachov, de líder de la URSS a periodista

Encuentro en Moscú

 
Reapareció en el congreso de la WAN; habló con LA NACION
 
 
MOSCU.– Hace tantos años que Mikhail Gorbachov es una celebridad mundial que alguna gente se confunde cuando está frente a él y lo trata como a un ídolo del rock. Ocurrió ayer al mediodía: durante el almuerzo que el último líder de la Unión Soviética –premio Nobel de la Paz y padre de la perestroika– compartía junto a un grupo de los 1700 periodistas que cubren el Congreso Mundial de la Asociación Mundial de Periódicos (WAN), una colega no sólo se perdió en medio de la pregunta, sino que terminó pidiéndole un autógrafo.

Gorbachov, que está promoviendo un nuevo libro, “Cómo entender la perestroika”, comenzó opinando sobre temas como Chechenia, la ex Unión Soviética y la globalización, pero tuvo que aceptar que en ese ámbito la cuestión casi excluyente es la mala relación que el gobierno de Vladimir Putin mantiene con los medios. “Pero antes me gustaría darles una noticia –dijo, con tono intrigante–: he comprado el 49% del diario Novaya Gazzeta, lo cual creo que me coloca un poco más cerca de ustedes".

A los 76 años, anteojos más gruesos y una calvicie tan avanzada que realza la mancha roja en la frente, que un humorista norteamericano dibujaba siempre como el contorno de Afganistán, Gorbachov evita opinar acerca de cómo será recordado. "La historia es una señora muy caprichosa -dice- como para exponernos a que nos contradiga."

Al igual que el presidente Vladimir Putin, quien hace tres días se defendió de las fuertes críticas del presidente de la WAN sugiriendo que ningún gobierno puede controlar a los 54.000 periódicos que se editan en Rusia, Gorbachov sugiere que hay un trasfondo ideológico en las críticas que se hacen desde el exterior al gobierno.

Sin embargo, toma distancia de Putin al afirmar: "No tengo dudas de que en la televisión están ocurriendo cosas extrañas". Pronuncia la palabra "basura", para referirse a muchos contenidos con los que se ocupa hoy la pantalla para no darles cabida a noticias que pueden incomodar al gobierno, y la repite en inglés mirando fijamente al traductor, bullshit . En lo personal, dice, lo entusiasma mucho el modelo de la BBC.

Al terminar la ronda de preguntas, cuando todo el mundo va por el café, Gorbachov se queja de que no lo han dejado almorzar y protesta en un tono amigable pero firme. Vuelve a su mesa y para alegría de los fotógrafos y camarógrafos se sienta a comer su plato de carne al horno con papas glaseadas mientras todos lo miran.

Más tarde, en una pequeña sala contigua al comedor, en la que está su vocero, Vladimir Polyakov, y tres guardaespaldas enormes vestidos de negro de pies a cabeza, continúa dialogando con LA NACION durante algunos minutos más.

"Quienes no conocen bien nuestra historia -dice- olvidan de dónde venimos y eso los lleva a conclusiones equivocadas. Cuando pusimos en marcha la glasnost («transparencia», en ruso) fui criticado en los medios por el propio Solzhenitsyn, pero, como comenté hace un rato, a veces me pregunto dónde estaría él si la glasnost no hubiese avanzado, me refiero, avanzado con todos sus errores."

En un tono más pausado, íntimo, recuerda que en la casa de sus padres, en una ciudad llamada Privolnoie, cerca de Stavropol, a comienzos de la década del 30, convivían en las paredes los retratos colgados por su padre, de Stalin y Lenin, con los íconos religiosos heredados por su madre. "Vea cómo, a su manera, esa historia se ha repetido hasta llegar a nuestros días."

Un sistema insostenible

Como quien condensa una vida en un párrafo, Gorbachov sugiere que de él se puede decir que fue un buen hombre que cometió errores. Hijo de campesinos, estudió abogacía en Moscú, después Economía y Agricultura, fue protegido de Yuri Andropov y, a su muerte, lo sucedió como presidente del Soviet Supremo. Gobernó la Unión Soviética durante siete años y ganó el Premio Nobel de la Paz en 1990 por su contribución a la reunificación de Alemania. Normalizó las relaciones con China, se alió con George Bush padre para expulsar a los iraquíes de Kuwait y de él dijo Margaret Thatcher que era un "hombre con el que se pueden hacer negocios".

Cuando uno quiere saber si fue, a la vez, impulsor y víctima de sus dos grandes reformas, perestroika y glasnost , dice que no hay una respuesta posible. Como Napoleón, está convencido de que terminó al frente de un proceso histórico que era inevitable.

"Llegó un momento en que el modelo de la ex Unión Soviética se hizo insostenible, pero le mentiría si le dijese que yo conocía los tiempos del cambio de antemano. Todos fuimos sorprendidos. Sobre todo las fuerzas más reaccionarias, las que empujaron mi caída. Claro que haría algunas cosas diferentes ahora, pero nadie puede reescribir la historia, menos la propia."

Al despedirse, mientras avanza con paso algo torpe, con paso de pie plano, rumbo a un enorme auto negro, seguido siempre por esos guardaespaldas también de negro que parecen enormes chimeneas, cuenta que tiene una nieta estudiante de periodismo que está en la mitad de la carrera.

"Yo mismo me digo que tengo algo con su profesión porque leo tantos diarios al día como un periodista profesional. A la mañana escucho radio, recibo doce periódicos en casa y ahora hasta tengo cierta práctica para Internet. Navegar, ¿no? Me gusta navegar por Internet. A los 76 años, Internet, más que otras cosas, me hace sentir joven."

Por Héctor D’Amico
Enviado especial

Por David Encina

Periodista

Ver perfil en LinkedIn / twitter.com/DavidEncina

Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

Contacto: mencin@palermo.edu / david.encina@facebook.com / encina_david@yahoo.com.ar/ m.david.encina@gmail.com

Más información ver en David Encina V. - PRENSA.
http://cualeslanoticia.com/prensa/

¿Qué opinas? Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: