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Grandes maestros del arte, unidos contra el autoritarismo

La Nación
 
Debe de ser de esos rarísimos casos en que una tesis postdoctoral se materializa en una muestra de excepcional calidad plástica para recorrer tres países. La investigadora Diana Wechsler, del Conicet, tradujo en imágenes su tesis para la Fundación Getty, en una muestra cautivante, con óleos de Dalí, Rivera, Orozco, Siqueiros, Berni, Spilimbergo y Forner, entre otras luminarias del arte occidental.

Auspiciada en el tramo argentino por la Fundación Nuevo Mundo, hoy a las 19, el Centro Cultural Recoleta presentará en la sala Cronopios la muestra "Territorios de diálogo. España, México y la Argentina entre los realismos y lo surreal (1930-1945)".

Se trata de un envío de 147 obras (60 óleos, además de grabados de Picasso, tintas de Batlle Planas, fotografías de Coppola, Stern y Heinrich, junto con revistas y afiches del período de entre guerras) seleccionadas por curadores de los tres países, que dan cuenta del intenso intercambio de experiencias estéticas que protagonizaron las tres metrópolis con el avance de los fascismos como telón de fondo.

Wechsler, doctora en Historia del Arte, postula en su tesis-y lo prueba con obras- que viajes, exilios y otros flujos de intercambios metropolitanos fueron las formas de introducir a las vanguardias del nuevo realismo y del surrealismo como gramáticas de la modernidad. Pero, a su vez, sostiene, esas poéticas en apariencia antagónicas sirvieron a un mismo fin: el combate de los artistas frente al avance de los autoritarismos.

"La marca plástica de esa época fue una forma de representación que ante todo plasmó la melancolía por lo perdido, la perplejidad ante el presente y los presagios de un futuro aciago, con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, materializados tanto a través del realismo como del surrealismo", explica Wechsler mientras recorre la muestra con LA NACION.

"Es allí cuando la conquistada autonomía artística se pone en cuestión y cede su primacía ante la necesidad de trabajar con imágenes que puedan garantizar ciertos significados y comunicar ideas con la aspiración de controlar el sentido de la obra", sintetiza la curadora para explicar cuáles fueron las armas políticas de los artistas en su afán por transmitir un clima de época.

El recorrido

Exhibido hasta hace poco en la Legislatura, "Chacareros", ese crisol de razas que Berni pintó sobre seis bolsas de arpillera cosidas como un gran lienzo, da la bienvenida al visitante. Unos pasos más allá están las célebres "Figuras", firmadas por el maestro rosarino y por su amigo Spilimbergo.

Con los brazos cruzados, atrapados en un presente desconcertante, esos célebre retratos cautivan a visitantes imprevistos. Son el canciller brasileño, Celso Amorim, acompañado por su esposa y el embajador Mauro Vieira, que en sorpresiva visita en Buenos Aires suman su entusiasmo al recorrido y se revelan como grandes conocedores de las estéticas hispanoamericanas. Sin apuro, observan absortos los tres rostros femeninos y anonadados en "Presagio", de Raquel Forner, junto a un paisaje de ensoñación, de cuño metafísico, por Spilimbergo.

En la sala contigua la poética surrealista despliega su poder de seducción a través de composiciones de Berni ("Landrú en el hotel"), Clemente Orozco ("Luchas fraticidas") y Agustín Lazo ("Niñas con jaula"). Los eróticos tubérculos que emergen de papas y batatas hilvanan la alegoría con que Diego Rivera narra la tentación de San Antonio, acechado en sus sueños por imágenes de mujeres desnudas.

Entre los artistas españoles sobresalen la escenografía surrealista de Remedios Varo, inserta en un paisaje desértico. Mientras, Orozco, escinde en dos el cuerpo de una mujer y Joan Massanet plasma su "Visión Surreal", como en un lienzo de Ernst.

Uno de los puntos más altos de la exposición es la secuencia que Forner dedica a la Guerra Civil Española y al triunfo de la sinrazón, con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, en tumultuosos cielos que recogen los colores de la bandera republicana.

"Para el ballet Misterio", se titula el lienzo de Dalí que reproduce la escena de "El entierro del conde de Orgaz" y que llegará un tanto rezagado a la sala. Pero el denso y sombrío empaste de "El bombardeo", un óleo subyugante del valenciano Enric Climent que muestra la destrucción bélica y que fue presentado junto al "Guernica" en la Exposición del París de 1937, establece otro orden de prioridades.

Al lado de las cuatro "Radiografías paranoicas", de Batlle Planas, que prestó el Malba, otros dos espacios diferenciados se dedican al grabado y a la fotografía. En la primera está "Sueño y mentira de Franco I y II", la sátira que le prodiga Picasso al Generalísimo en la primera estampa de cuño caricaturezco y en una segunda donde se cuelan imágenes del "Guernica".

En la sección fotografía, se despliegan registros documentales y artísticos que rápidamente mutan en audaces experimentaciones estéticas, como los fotomontajes de Grete Stern de la serie "Sueños". O las imágenes de Annemarie Heinrich en las que se ve a la fotógrafa y a su hermana reflejadas en una bocha de bowling, junto a una autorretrato de Horacio Coppola "impreso" a través de enigmáticos haces de luz.

Por Loreley Gaffoglio
De la Redacción de LA NACION

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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