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GUSTAVO CERATI: «Descreo del artista que utiliza la honestidad»

Clarín

«Ahí vamos», su nuevo álbum, saldrá el martes y «Clarín» lo escuchó con él en Nueva York. Aquí habla de su retorno a la canción, de sus hijos, de por qué no vuelve Soda Stereo y de si es necesario que un artista diga siempre la verdad.

Por Walter Domínguez NUEVA YORK. ENVIADO ESPECIAL|wdominguez@clarin.com

Mediodía de sol en la incipiente primavera neoyorquina. El hotel Hudson —un coqueto edificio de modernísimo diseño, escondido en pleno centro de la ciudad y a pocas cuadras de la zona teatral de Broadway— es la base de operaciones de Gustavo Cerati en la autodenominada, no sin razón, «capital del mundo».

En esta ciudad, el músico que se animó a dejar Soda Stereo en la cima de su popularidad, que cambió el calor de las masas por la no tan masiva experimentación electrónica y cuyo apellido ya es un adjetivo en las discusiones sobre rock nacional (se dice que algo es «muy Cerati» cuando es muy fashion, muy moderno, muy nasal, muy volado, está construído con palabras esdrújulas, o todo eso junto) le está poniendo los toques finales a Ahí vamos, su cuarto álbum como solista, que el martes estará en todas las disquerías de Latinoamérica, y que Clarín pudo escuchar en exclusiva, junto a su autor, en un estudio de grabación del barrio de Chelsea.

Vestido íntegramente de negro, con rulos casi afro y anteojos para el sol, Cerati está sin embargo muy lejos de la oscuridad. A los 45 años, conserva la pasión de un adolescente para hablar de su música y de todo lo que se le pregunte. Extrovertido y enérgico, pero no superficial.

¿Por qué titular a un disco «Ahí vamos»?

Los títulos de los discos tienen que ver con el proceso y el tiempo en que los hago. En este caso, era una frase que estábamos usando ante cualquier situación positiva que ocurría.

¿El plural a quién involucra?

Por más que se trate de un disco solista, involucra a mucha gente, y estoy mirando mucho hacia afuera también. Se trata de una situación realmente hacia adelante.

La primera impresión es que te alejaste un poco de la música electrónica y que te metiste más en las canciones.

Es así. El álbum está muy enfocado hacia la guitarra, la voz y la forma clásica de la canción: estrofa, estribillo, puente. Lo hice porque quería que el disco tuviera más una dirección y no fuera tan heterogéneo como otros. Y eso se conjuga perfecto con el «ahí vamos». A veces, uno da muchas vueltas para llegar a algo más simple.

Delicias del mercado discográfico, Ahí vamos saldrá el martes ya como disco de platino, debido a que las disquerías compraron más de 40.000 copias por anticipado. Por su parte, el tema de difusión —Crimen— suena en todas las FM y ocupa el primer lugar en los charts. La canción, una desgarradora balada de desamor, hace las delicias de cualquiera al que le guste interpretar las letras. Se sabe, Cerati se separó no hace mucho de la modelo y ahora cantante Déborah de Corral. Crimen, inevitablemente, remite a eso.

«Es una canción de ruptura —admite Cerati—, pero la verdad es que la escribí en un momento de mucha felicidad. Siempre sucede que, al ser una persona conocida, están las preguntas ‘¿con quién está?’, ‘¿con quién no está?’, ‘¿con quién va a estar?’ y parece que las relaciones son directas con eso. Y a veces me inspiro en cosas que están fuera del tiempo y del lugar. La canción es un rompecorazones de entrada, una especie de puñalada, pero yo estaba en una situación muy feliz. En un momento habla de «los celos otra vez’. Y remite a Muchacho celoso, el tema de John Lennon, que para mí es la canción de amor por antonomasia. Como artista, puedo recrear o imaginar una situación, aunque no esté pasando por ella en ese momento. Y me hago carne de eso, porque cuando estoy escribiendo, hay momentos en que hasta se me llenan los ojos de lágrimas.»

Mentir es, entonces, parte del arte.

Sí, es absolutamente así. Descreo del artista que utiliza la honestidad. Para ser una buena persona, hay que ser honesto, está claro. Pero para ser artista, no tiene que ser algo significante. Lo que estoy haciendo es crear una canción, una viñeta de sensaciones. Si analizás la letra, es una sensación de esa pérdida, que queda inconclusa en términos de explicaciones. «¿Qué otra cosa puedo hacer?», dice la canción. Lo aclaro porque después empiezan las suspicacias. El disco tiene referencias, uno siempre es algo autobiográfico, pero entro en esos lugares por una necesidad musical y de inspiración.

Aclarado el punto, Cerati dice sentirse aún inocente en algunas cuestiones. A pesar de los años de carrera, de la fama, hay situaciones de las que dice no tener conciencia. «Vivo sorprendiéndome de las cosas que pasan —afirma-. Jamás me imaginé que iba a ir a mi casa en Uruguay e iba a venir una cámara a perseguirme y tomar fotos (N. de R.: se refiere a un episodio del verano, en Punta del Este, cuando lo fotografiaron con Sofía Medrano, su nueva novia, veinte años más joven que él). Si me preguntás qué significa, muy bien no lo sé. He hecho un buen paquete de canciones y estoy orgulloso de la gran mayoría de ellas. Pero el proceso interno generalmente va por un lado que no está conectado con eso. Porque cuando estás demasiado conectado con eso, generalmente estás fuera de la realidad.»

¿Y qué vas a hacer en Punta del Este? ¿Vas a construir paredes para que no te espíen?

No me interesa exponerme. La gente puede pensar que sí, porque aparezco en esas fotos, pero no es así. Es un llamado: déjenme en paz, yo sólo hago canciones.

A Nueva York, Cerati vino por primera vez por motivos no muy alegres. «Cuando recién nos empezaba a ir bien con Soda, entre el primer disco y el segundo, nos robaron todos los equipos. Me acuerdo que los músicos de Virus y de Sumo nos prestaron instrumentos para seguir haciendo shows. Así que en cuanto pudimos, vinimos a comprar equipos. Después sí, volví cada vez que pude.»

Queda claro que es una decisión tuya si Soda se vuelve a juntar o no.

Sí, la decisión termina cayendo sobre mí. Pero no me hago el difícil ni nada por el estilo. Soda se disolvió porque nuestras personalidades empezaron a desencontrarse. La separación venía ocurriendo hace tiempo y también fue por una cuestión artística. La energía tiraba para abajo y no íbamos a llegar a nada bueno de esa forma. Y si alguna vez se da de juntarnos, espero que no sea como me dijo Andy Summers, cuando volvió a tocar con The Police: que a los cinco minutos empiezan a aparecer todos aquellos problemas por los que te separaste.

Zanjada la cuestión, Cerati —que supo ser factor de división en el rock argentino, o estabas con él o estabas contra él— admite sentirse más reconocido por sus pares. «Es lógico que los más chicos te cuestionen, era lo que hacíamos con Soda cuando empezábamos, despotricábamos contra los que ya estaban. Pero después, somos todos músicos. Y el público, que puede gritar contra mí en un concierto, después es el mismo que me ve en la calle y me felicita». Ahora llegó el momento de sentirse un referente del rock nacional. «Y sí, sé que soy importante para cierta gente. Lo agradezco.»

De los grupos nacionales, lo último que vio es un trío femenino, las No lo soporto, que le gustan bastante. Y es bastante fan, y amigo, de los Miranda! «Sí, en vez de «la guitarra de Lolo» tendrían que decir «la guitarra de Cerati» —se ríe—, porque Lolo me consulta bastante de guitarras y de las situaciones que están viviendo con la popularidad. Yo, desde Soda, no vi en México ningún grupo que fuera tan furor como ellos. Pero espero más de su próximo disco. Igual, estuve tan metido con mi música en los últimos seis meses, que casi fue lo único que escuché».

 

El disco, tema por tema, letra por letra

Con Ahí vamos grabado en su propio estudio, Unísono, Gustavo Cerati viajó a Nueva York para masterizarlo, un proceso en el que se levantan volúmenes y se cambian de registro algunos planos. El músico dice que necesitaba una «oreja experta», que no fuera la suya ni la de su ingeniero de grabación. Coproducido por Cerati y Tweety González, el álbum tiene 13 canciones y participan Richard Coleman, Fernando Nalé, Leandro Fresco, Tweety González, Emmanuel Cauvet, Fernando Samalea, Pedro Moscuzza, Bolsa González, Flavio Etcheto, Capri, Loló Gasparini y Paula Sotalis. El ingeniero fue Héctor Castillo, quien trabajó con artistas como Pete Townshend, David Bowie, Lou Reed y Suzanne Vega, entre otros. Howie Weinberg es quien estuvo a cargo del mastering.

En los estudios JSM Music Inc, en la 59 West 19th, en el barrio de Chelsea, Cerati le mostró el disco tema por tema a Clarín.

Si algo define al álbum es su perfil «guitarrístico», con una banda sonando fuerte y yendo al punto. Aquí, las canciones.

Al fin sucede. Un tema bien arriba, con guitarras fuertes: «estoy un poco harto de entrar en tus juegos de mente. Tanto le temes, que al fin sucede». Cerati explica que el disco sigue casi un orden cronológico en cuanto a la composición.

La excepción. Sigue arriba, con una letra bien Cerati: «todo acaba estropeado con tanta histeria. Todo el mundo es impostor. Hoy hagamos la excepción de romper las reglas…». Hay en todo el álbum una fuerte ligazón entre dos discos de Soda: Signos y el más beat Canción animal».

Uno entre mil (lírica compartida con Coleman). Cerati cuenta que este tema es de la época de Locas de amor, que lo barajó para el unitario, pero se decidió finalmente por Tu locura, que salió al aire. la letra sueña con que «por fin seamos uno, mientras tanto yo me encargo de evitarlo».

Caravana (también letra con Coleman). En un registro más The Police, con la batería de Fernando Samalea. Hay una «caravana de miradas. Mañana no me podrás ver».

Adiós (la letra con su hijo Benito, ver El padre). Me quedo aquí. Arranca con guitarras acústicas, pero la banda vuelve a aparecer luego de las primeras estrofas: «el tsunami llegó hasta aquí. Lo vi venir».

Lago en el cielo. Para Cerati, la mejor canción del disco: «el tiempo es arena en mis manos, vamos despacio para encontrarnos».

Dios nos libre. Suerte de gospel a la argentina, letra compartida con Coleman, y aparece el Cerati más nasal, el que dice en la entrevista «canté como una mina en muchos aspectos». La letra: «tal vez seamos la revelación. Dios nos libre de rogar por más».

Otra piel. «El más »García de todos», dice Cerati y apunta que la batería es de Samalea, que tanto tocó con Charly. «Recordarte es un hermoso lugar. Amo tu lucidez, veo tu desnudez».

Medium. «Una extraña sensación, no pertenecer a este mundo». Cerati y el más allá.

Bomba de tiempo. Con la banda a mil, Cerati confiesa: «lo mismo que nos une es lo que nos desintegra, tragame tierra.»

Crimen. La balada ya explicada. Jugo de luna. El último tema del disco es el último tema compuesto: «jugo de luna me diste de tomar. Voy por más».

 

El padre

Cerati tiene dos hijos: Benito, de 12 años, y Lisa, de 10, ambos con «los canales artísticos abiertos por ósmosis, esa bajada viene de los dos papás», dice el músico y se refiere también a su primera esposa, Cecilia Amenábar, ex modelo y actual dj.

Lisa estudia batería, piano y también está haciendo algo de danza. Benito escribe guiones de cine, cuentos y estudia guitarra con Fabio Rey (guitarrista de Los Brujos, banda de los 90 que apadrinó Cerati en la mentada «movida sónica» de esos años). Grabó algunos cds caseros, que se escuchan en familia y hasta subió con su padre a algún escenario (Belleza y Felicidad, en Palermo). La sorpresa viene ahora en Adiós, tema de Ahí vamos, que Cerati padre e hijo comparten en autoría.

«Benito es un referente continuo en lo que estoy haciendo. Viene al estudio, opina de las canciones. Con Adiós, la letra fue y vino entre él y yo varias veces», asegura.

Un párrafo: «Suspiraban lo mismo los dos, y hoy son parte de una lluvia lejos. No te confundas, no sirve el rencor, son espasmos después del amor. Ponés canciones tristes para sentirte mejor… Separarse de la especie por algo superior no es soberbia, es amor».

Cerati —que no falta en las reuniones de padres del colegio de sus chicos, en Florida— no sabe si sus chicos serán músicos. El tiempo dirá.

 
 

El cantante

Hace apenas diez días, en los Rock & Pop Awards, premios dados por la radio y sus oyentes, Soda Stereo ganó en los rubros «mejor show» (por el de despedida en River, en el 96) y «mejor disco», por Canción animal. Gustavo Cerati fue elegido como mejor cantante del rock nacional. Vaya título.

«Uno se propone ser lo mejor posible —dice Cerati—. Yo me propuse ser un buen cantante y un buen guitarrista. Soy muy competitivo, aunque no me gustan mucho los premios. Cuando escuchaba rock de más chico, en los 70, me parecía que había cierta desidia a la hora de cantar, salvo honrosas excepciones, como podía ser Spinetta. Como que lo importante era tocar y la voz, bueno… A diferencia de lo que sucedía con la música inglesa o americana que yo escuchaba. Así que me esforcé por cantar bien, por usar la voz como un instrumento más, que se entendiera lo que decía y que se escucharan los tonos que yo quería poner. Me preocupé porque mi instrumento, la voz, sonara bien, aunque no la cuidé bastante y fumo muchísimo.»

Cerati dice que «las puertas del rock están abiertas para mí ya desde hace un tiempo, pero no me puedo dormir ni pensar mucho en eso. Los premios los recibo, es un reconocimiento, pero no me saco las uñas por eso, ni ahí».

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

Contacto: mencin@palermo.edu / david.encina@facebook.com / encina_david@yahoo.com.ar/ m.david.encina@gmail.com

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