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Histórica visita de un papa alemán a Auschwitz

La Nación
 
El viaje de Benedicto XVI

 
Dará hoy un mensaje en el campo de concentración
 
 
CRACOVIA.– Después de una emotiva ceremonia en la que anunció que su antecesor Juan Pablo II “pronto” será beatificado, el papa Benedicto XVI se despedirá de Polonia con una histórica visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, ubicado a 60 kilómetros de esta ciudad.

El vocero papal, Joaquín Navarro Valls, reveló ayer que fue el propio Benedicto XVI quien quiso incluir esa simbólica etapa que, en principio, no estaba prevista.

Navarro Valls adelantó también que el discurso de reconciliación que pronunciará allí el papa alemán será más que trascendental. Lo cierto es que, aun sin palabras, la simple presencia del papa alemán en el lugar donde la locura del régimen nazi exterminó a un millón y medio de personas, la mayoría judíos, será un hecho histórico.

Ayer, Benedicto XVI no defraudó a los cientos de miles de polacos que lo aclamaron en su gira sentimental por los lugares donde nació y vivió Karol Wojtyla antes de llegar al trono de Pedro.

“Espero que la providencia pronto nos conceda la beatificación y canonización de nuestro querido Juan Pablo II”, dijo el Pontífice, en unas palabras que improvisó en el santuario de Kalwaria Zabrzydowska, donde de niño el futuro papa polaco solía peregrinar junto con su padre. La frase, que fue pronunciada en italiano, pero inmediatamente traducida a la multitud por el cardenal Estanislao Dziwisz, arzobispo de Cracovia y secretario privado del papa polaco durante 40 años, enseguida provocó una catarata de aplausos.

Aunque dejó claro que Juan Pablo II no será santo " subito " (en italiano, "ya") -como pedía una inmensa pancarta de la plaza principal de Wadowice-, Benedicto XVI dejó así más que satisfechos a los polacos, que en el tercer día de esta visita se mostraron mucho más sueltos y entusiastas con el tímido papa alemán.

Los polacos, que hubieran deseado que en este viaje en homenaje a "su" amado "Lolek" el Pontífice los hubiera sorprendido con una beatificación, se sienten muy agradecidos de que Ratzinger decidiera hacer su primer viaje internacional a esta tierra.

Regla rota

Poco después de comenzar su pontificado, el 19 de abril último, el Papa dio inicio al proceso de beatificación de su extraordinario predecesor, quebrando la regla que indica que deben pasar cinco años de la muerte del candidato.

Para ser elevado al honor de los altares es necesario que se verifique la existencia de un milagro, y la Iglesia está analizando el caso de una monja francesa que se curó inexplicablemente del mal de Parkinson -la misma enfermedad que padeció Juan Pablo II-, el año pasado.

"Benedicto XVI nos honra con su visita, que le hace mucho bien a Polonia", dijo, a LA NACION, Aleksandra, una joven de 22 años, mientras observaba con lágrimas en los ojos el arribo del Papa a Wadowice, donde nació Juan Pablo II, el 18 de mayo de 1920, que queda a 50 kilómetros de esta ciudad.

"Quise detenerme aquí, en Wadowice, en los lugares donde su fe se despertó y maduró, para rezar con ustedes para que pronto sea elevado al honor de los altares", dijo Benedicto XVI ante unas 25.000 personas que se juntaron en la pintoresca plaza del pueblo.

"Johann Wolfgang von Goethe, el gran poeta alemán, dijo que [quien quiere comprender a un poeta, debe ir a su país]. Así, para comprender la vida y el ministerio de Juan Pablo II era necesario venir a su ciudad natal", agregó el Papa, ovacionado por una multitud que agitaba banderas polacas y del Vaticano.

Al margen de visitar la iglesia principal, donde el pequeño Karol fue bautizado, tomó su primera comunión y fue monaguillo, el Papa recorrió la cercana y modesta casa de los Wojtyla, que ahora es un museo. El pontífice alemán se mostró muy sonriente y visiblemente emocionado al observar allí la cuna de madera que perteneció al pequeño Lolek.

Benedicto XVI hizo después una escala en el cercano santuario mariano de Kalwaria Zabrzydowska, uno de los lugares favoritos de peregrinaje del pequeño Karol Wojtyla. Y al regresar a Cracovia visitó el santuario de la Divina Misericordia, donde se reunió con un grupo de enfermos.

Por la tarde, después de pasar por la magnífica catedral de Wawel, tuvo su primer gran baño de multitud en una vigilia con los jóvenes en el parque de Blonie, en un encuentro en el que fue vivado por más de medio millón de personas.

Los "papa-boys"

Pese a que no tiene el carisma de su predecesor, Benedicto XVI logró conectarse con los "papa-boys", que demostraron con su fervor que están dispuestos a serle incondicionales, como lo fueron con Juan Pablo II.

Algunos, de hecho, llevaban remeras que parecían confirmar este sentimiento, con la elocuente inscripción "JPII-B16".

"[Benedicto XVI] no es tan comunicativo y abierto como nuestro papa, pero lo amamos igual", dijo a LA NACION Tadeus Bielsk, un joven boy-scout que había venido desde Katowice para la ocasión y que estaba por armar una carpa para pasar la noche: esta mañana el Papa celebrará una misa siempre en el mismo parque de Blonie.

"Amigos míos, no tengan miedo de apostar por Cristo. Construyan su vida con El y para El, ya que no puede perder quien apuesta todo sobre el amor crucificado del Verbo Encarnado", les dijo el Papa a los jóvenes, que al final encendieron velas y entonaron el ya tradicional cantito "Be-ne-de-tto", en italiano.

Por Elisabetta Piqué
Enviada especial

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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