Las penas son de nosotros, las peleas son ajenas.

Editorial de Alternativa Socialista, publicación del MST en Mov. Proyecto Sur.

Cristina, Macri y Scioli…

Por estos días millones ven que la crisis internacional está entrando en el país y la cosa se pone cada vez más complicada. Las provincias son el eslabón débil de un modelo que hace agua y tiene las cuentas en rojo por varias puntas. El horizonte económico se va oscureciendo y la caldera social se calienta. Pero las acciones del poder agregan leña al fuego. Así lo vemos en la Provincia de Buenos Aires. La presidenta ataca a Scioli y el gobernador le responde. Una por cadena nacional, el otro en actos y conferencias de prensa. Juegan a dos bandas. Piensan en el 2015 y mientras tanto meten el ajuste, los dos.

Este modus operandi de los gobernantes excede a Buenos Aires y se extiende de la mano del impacto que la crisis tiene en la situación del país. El kirchnerismo intenta golpear a los que pueden hacerle sombra aprovechando su evidente desgaste, y los ‘opositores’ responden buscando colocarse en el escenario como alternativa. En la Capital vivimos la disputa entre Cristina y Macri frente a distintos hechos. Él reclama diálogo y ser escuchado. Ella le dice que se haga cargo de la ciudad. Por abajo, los voceros de uno y otro espacio tratan de subir la apuesta, acusándose de golpistas, gorilas, corruptos, autoritarios, etc. Trabajan para montar un escenario de virtual polarización, que le permita a cada uno de ellos concentrar la atención y llevar agua para sus molinos. Los dos tienen el respaldo mediático para amplificar esta política.

Sin embargo las cosas no son como se quieren mostrar. La relación con Metrovías es un ejemplo incontrastable, que muestra que ambos se pelean pero no para solucionar las cosas. A comienzo de año se firmó el traspaso del servicio de subterráneos a la esfera de la Ciudad. Macri aumentó el 127% el boleto, hizo anuncios y promesas. Semanas después se retiró de las reuniones de traspaso acusando al gobierno de no querer poner su parte para terminar las obras. El gobierno nacional dijo que ya estaba firmado el traspaso y que el jefe de gobierno tenía que hacerse cargo y conseguir el dinero correspondiente para que la Ciudad de Buenos Aires también subsidie el servicio. El resultado es que hoy tenemos un subte caro y no se sabe si las obras efectivamente se terminarán alguna vez. Ahora Metrovías presiona por los subsidios anunciando que retira 20 trenes porque no tiene fondos para mantenerlos y nadie se hace cargo de la situación. Eso sí, los usuarios siguen viajando como ganado y en cualquier momento habrá que lamentar una nueva masacre.

Mientras se desenvolvía la cuestión del subte un tren chocaba en Once, dejando decenas de muertos y cientos de heridos. La furia popular frente a tanto atropello puso en cuestión el plan ferroviario. Se fue Schiavi, cayeron más funcionarios. Hasta tuvieron que detener unos días a los directivos de TBA y prohibieron salir del país al ex Secretario Transporte. Con esto en la pantalla, el gobierno definió otorgarle a Metrovías la concesión de los ferrocarriles Sarmiento y Mitre. Un premio para el grupo Roggio y un cachetazo para los familiares de las víctimas y para todos los usuarios. Dos pájaros de un tiro. Pero ahí no termina la cosa. Metrovías, la misma empresa que reduce el servicio de subtes, después de asegurar que no había ningún problema para seguir garantizando el servicio de trenes, ahora acaba de anunciar que tiene que retirar formaciones por dos meses porque «no están en condiciones». Si antes del anuncio se viajaba de forma inhumana, no hace falta sacar muchas cuentas para saber lo que se viene…

No es un caso aislado, sino la marca de estos tiempos. Mientras se peleaban para las cámaras, estos gobernantes le aseguraban el negocio a esta empresa corrupta, que obtiene miles de millones en subsidios y en licitaciones para hacer obras del Estado. La solución comienza por sacar estas empresas y recuperar el sistema de transporte, avanzando a subtes y ferrocarriles 100% estatales con control social. Así lo planteamos con el proyecto de nuestro diputado Alejandro Bodart. Pero sabemos que esa solución no vendrá de Cristina, ni de Scioli, ni de Macri. Porque mientras ellos trabajan para sus futuras postulaciones, millones sufrimos las consecuencias de un modelo que no sirve. Por eso hay que salir a la calle y plantarse por lo que nos corresponde. Y por eso hay que construir una alternativa política que pelee por un país distinto, para los de abajo.

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