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Los desafíos del tango sinfónico

Clarín
MUSICA: LA FILARMONICA DE BUENOS AIRES EN EL COLISEO, DIRIGIDA POR GERARDO GANDINI.

El músico hizo un programa con obras propias, de Astor Piazzolla, de Néstor Marconi y de Gershwin.

Gerardo Gandini dirigió a la Filarmónica en el Teatro Coliseo, en un programa de corte popular que reunió, en este orden, Tangazo de Astor Piazzolla; Tangos concertantes para bandoneón y orquesta de Néstor Marconi; Milonga del Angel (Piazzolla) en arreglo de Gandini; Tristangos para bandoneón, piano y orquesta de cuerdas de Gandini; y Un americano en París de George Gershwin. El tango sinfónico es, por sí solo, un género complicado. Incluso un músico instrumentalmente tan sutil y arquitectónico como Piazzolla no supo muy bien qué hacer con la orquesta grande; tampoco en el Tangazo, a pesar de su petulante denominación.

El sombrío solo de contrabajo y la fuga de apertura introducen a una música particularmente solemne y llena de clichés, donde los eventuales solos del oboe o el corno no compensarán la pérdida del sentimiento solista, del filo contrapuntístico y del intercambio instrumental. Es una orquesta estática, uniforme, en cierta forma inactiva; es cierto que la orquestación de Piazzolla nos ahorra los empalagosos contracantos con platillos y golpes de timbal de la tradición Canaro-Mores, pero tampoco alcanza a crear algo convincente.

No es el caso de los Tangos concertantes de Marconi. No sólo porque en este caso el bandoneón solista que el autor interpreta magistralmente establece una productiva oposición con el conjunto, sino porque la orquesta está mucho más trabajada desde adentro.

Ya Gandini realiza algo sensiblemente diferente, tanto en sus Tristangos como en el exacto y arreglo de Milonga del Angel de Piazzolla. Los Tristangos son variantes de los Postangos que el autor escribió unos años atrás para la big band de la Radio de Colonia, Alemania.

A los instrumentos solistas piano y bandoneón se suma en esta selección un contrabajo. La suelta improvisación del trío choca expresivamente con una orquesta asordinada y dividida en varias capas. En algunos pasajes sobrevive todavía una atmósfera de big band, como en la encantadora parte B de La desgracia, tango que parece inspirado en una mazurca de Chopin. Son tangos brumosos, a distancia; tangos sin las figuras retóricas del tango, aún cuando se mantengan las cadencias armónicas.

El concierto cerró con una expresiva ejecución de Un americano en París.

Por David Encina

Periodista

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