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Los nuevos santos

El Papa proclamó cinco santos y defendió el celibato

 

Uno de ellos es el jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga

 
 

Acción Católica

ROMA.- Benedicto XVI cerró ayer el XI Sínodo de Obispos con una misa solemne en la que proclamó los primeros cinco santos de su pontificado y defendió el celibato sacerdotal.

"Sobre el misterio eucarístico, celebrado y adorado, se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia el prójimo", dijo el Papa en la homilía de cierre de la asamblea de obispos, que luego de tres semanas de debate prefirió mantener el statu quo y no proponer ningún cambio en cuestiones doctrinarias, como por ejemplo la ordenación de hombres casados maduros y de virtud probada, como una forma de contrarrestar la escasez de sacerdotes.

Al margen de confirmar una vez más el celibato sacerdotal, en su sermón el Pontífice se refirió a otro tema que fue tratado por los más de 250 obispos de todo el mundo, que fue la coherencia entre la fe y la vida, en especial para los laicos comprometidos en política que deben vérselas con leyes contrarias a la ética cristiana.

"También para los laicos la espiritualidad eucarística debe ser el motor interior de toda actividad, y ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida en su misión de animación cristiana del mundo", sentenció el Papa ante una multitud de 30.000 personas en la Plaza de San Pedro.

Antes, el Pontífice había recordado que en coincidencia con la conclusión del sínodo también terminaba el Año de la Eucaristía. Además, explicó el porqué de las cinco primeras canonizaciones de su pontificado, en las que fueron elevados al honor de los altares dos italianos -Gaetano Canoso (1879-1963) y el franciscano Felice da Nicosia (1715-1785)-; dos polacos -el obispo de origen ucranio Jozef Bilczewski (1860-1923) y Zygmunt Gorazdowski (1845-1920)-, y el jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga.

Fervor latinoamericano

A raíz de la canonización de Hurtado, una de las figuras más admiradas de la Iglesia latinoamericana, unos 5000 chilenos -con banderas y gorros patrios- coparon la Plaza de San Pedro. Una delegación oficial liderada por el presidente Ricardo Lagos también asistió a la ceremonia.

Con cantos y gran fervor, el grupo latinoamericano por supuesto se hizo notar y aplaudió a más no poder cuando Benedicto XVI, en español, habló sobre San Alberto Hurtado, un jesuita famoso por haber dedicado su vida a los más pobres entre los pobres que en 1925 viajó a Córdoba, Argentina, para proseguir con el noviciado y juniorado y que en 1946 fundó El Hogar de Cristo, un sitio para los más necesitados y los sin techo. "Al final de sus días, entre los fuertes dolores de la enfermedad, aún tenía fuerzas para repetir: «Contento, Señor, contento», expresando así la alegría con la que siempre vivió", evocó el Pontífice.

La canonización tuvo lugar en una sugestiva misa concelebrada por los padres sinodales, a la que no pudieron asistir cuatro prelados de la República Popular China, un país que no tiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede. "Con sentida pena hemos vivido la falta de sus representantes", dijo el Papa, que agregó: "Quiero asegurarles a todos los prelados chinos que, con la oración, estamos junto a ellos y a sus sacerdotes fieles".

Por Elisabetta Pique
De la Redacción de LA NACION

 
 

Por David Encina

Periodista

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