Luces y sombras de la economía argentina.

Por Gerardo Uceda para Alternativa Socialista.

A nuestro modo de ver, el triunfo de Cristina en las elecciones se debe en gran medida a la situación de la economía nacional: frente al nuevo pico de la crisis capitalista mundial, aparece como sólida y en crecimiento. Esa imagen es reforzada por la propaganda oficial, que recalca una y otra vez que la Argentina estaría “blindada” ante los avatares internacionales. Pero las luces de esa campaña K, que genera ilusión en sectores populares, dista bastante de la realidad: en el futuro económico asoman numerosas sombras.

Con un triunfo de Cristina con el 50%, basado fundamentalmente en una situación económica favorable, abona en el gobierno la idea de que todo lo pueden, incluso negar la realidad o ignorarla. Por eso el ministro A. Boudou insiste en que nuestro país no será afectado por el nuevo pico de la crisis económica mundial con eje en Europa.

Esa insistencia tiene un objetivo político: llevar confianza a los votantes. Sin embargo, la falta de medidas -desde el punto de vista capitalista- ante la crisis internacional hace pensar que el gobierno cree que su discurso se hará realidad. Nada más peligroso para los planes del gobierno.

Las fortalezas del modelo argentino

Podríamos resumir en cuatro puntos las principales fortalezas del modelo K que le han permitido hasta ahora y pese a la inflación seguir con una situación económico-financiera sólida.

• La tremenda devaluación aplicada, que con la complicidad de la burocracia sindical lograron que pasara sobre el pueblo argentino, que es del orden del 300%.

• El excepcional precio de las materias primas (commodi-ties) que exporta la Argentina, especialmente soja.

• El fuerte crecimiento de Brasil, que con su real apreciado por sobre el dólar y el peso argentino le permite a los industriales -sobre todo automotrices- seguir exportando autos a ese país con un alto margen de ganancia.

• Desde el punto de vista financiero, las reservas, que otra vez superan los 50.000 millones de dólares, le dan al gobierno y al Banco Central una fortaleza importante para manejar el dólar y evitar corridas bancarias o monetarias.

Ya hemos insistido desde estas páginas en que todo el modelo K estuvo sustentado desde sus orígenes en la devaluación del 300% con respecto al dólar. Eso le permitió a la burguesía argentina, sobre todo al sector exportador, una ganancia extraordinaria y cierta competitivi-dad para exportar sin invertir en bienes de capital para renovar la industria y hacerla realmente competitiva. Ese tremendo saqueo al bolsillo de millones de trabajadores se hizo gracias a la complicidad de la burocracia sindical, que lo dejó correr sin llamar ni una sola huelga general en años. Por eso los salarios recién alcanzaron el nivel pre-crisis en el 2008 y sólo en el sector en blanco. Tener presente esto, así hayan pasado ya diez años, no es ocioso. Ya que uno de los principales problemas de fondo que acumula la economía argentina está vinculado al agotamiento de ese recurso.

El segundo punto tiene que ver con el excepcional precio de las materias primas, en especial de origen agrario como la soja, que el país exporta y que han sido el motor indiscutido de los ingresos fiscales de los diez últimos años. Este precio excepcional se basa en dos componentes centrales: la demanda china y la especulación financiera -que se ha volcado a invertir en esos commodities inflando su precio internacional. Como vemos, ese “viento de cola” depende esencialmente de que la demanda y el precio internacional se sostengan.

Otro elemento importantísimo que sostiene la industria “nacional” son las exportaciones a Brasil, en especial de autos. Allí va el 60% de la producción automotriz, que genera trabajo en otras industrias relacionadas. Esto es así porque fruto de la crisis económica mundial, la inyección de capitales en dólares y euros realizada por los países imperialistas tuvo como destino a Brasil, entre otras economías. Esas tremendas masas de dinero han hecho apreciar el real frente al dólar y por lo tanto al peso, por lo que la economía argentina siguió siendo competitiva frente a Brasil pese a su inflación, a la falta de inversión en nuestra industria y a nuestro propio proceso inflacionario. Por eso por más problemas y trabas arancelarias que mantenga nuestro socio del Mercosur, el flujo de nuestros productos hacia ese país es un puntal de la economía argentina.

En esta estrecha síntesis debemos decir que otro “punto fuerte” está en el nivel de reservas. Supera los 50.000 millones de dólares y le permite al Estado manejar una cuestión muy sensible en nuestro país: el nivel del dólar. Eso desalienta cualquier corrida o especulación respecto del mismo, creando la sensación -pues de eso se trata cuando hablamos de especulación financiera- de que el gobierno controla la situación.

Las sombras que se levantan

Para atenernos al mismo esquema sintético, podemos decir que las sombras se levantan sobre todos y cada uno de los puntos antedichos.

• La alta inflación hizo que el dólar fuera perdiendo valor frente al peso. Hoy nuestra moneda estaría sobrevaluada frente al dólar, que a nivel mundial tiene también una tendencia bajista. Eso hace perder competi-tividad a la industria local -de allí el reclamo cotidiano de los industriales para que se devalúe el peso- y evidencia otro hecho que el gobierno oculta: que la inversión en bienes de capital para renovar la maquinaria industrial y así hacerla realmente competitiva sigue en niveles más que bajos (ver cuadro arriba). Este año será del 9%, mientras que en los BRICs se sitúa arriba del 20% en forma permanente. Ese es un impedimento fortísimo para el desarrollo industrial y que abona a la falta de oferta, escasez de mercancías y así retroalimenta la inflación.

• La excesiva dependencia de las exportaciones de cereales a China y otros países hace a la economía nacional muy sensible a los vaivenes de la economía-mundo, al revés de lo que repite Boudou. Si la recesión en Europa y EE.UU. lleva a una caída del crecimiento de China, eso hará caer los precios de los cereales y nuestro país estaría en serios problemas.

• La situación de Brasil no parece poder sostenerse mucho tiempo más. Ya se habla de devaluación del real y también puede disminuir el ingreso de capitales al vecino país. En ambas circunstancias nuestras exportaciones se verían afectadas y el motor del crecimiento industrial de los últimos ocho años se estancaría.

• El nivel de reservas, con ser grande, no es infinito. Ya en el primer semestre se fugaron más de 9.000 millones de dólares y la tendencia puede mantenerse. Y si eso se combina con caída de los ingresos por la soja y las exportaciones de vehículos, el resultado puede ser serio. Además, no hay que olvidar que ese nivel de reservas se logró mediante la emisión de bonos por más de 60.000 millones de pesos, que incre-menta nuestra deuda “externa”. La imposibilidad de colocar bonos en el exterior, como desesperadamente busca Boudou, hace que esa forma de endeudarse tenga un techo muy cercano. Por eso el panorama financiero también muestra nubarrones en su horizonte.

Debemos destacar, entonces, que por más dobles discursos de Cristina, la llegada más tarde o más temprano de la crisis capitalista internacional a nuestro país redundará en un intento de descargarla sobre los trabajadores y el pueblo. Las recetas serán las de siempre: despidos, suspensiones, aumentos en las tarifas porque recortarán los subsidios a las empresas de servicios, etcétera. Para enfrentar esas medidas antipopulares tenemos que prepararnos.

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