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Marchan en Francia contra la reforma

La Nación
La polémica flexibilización laboral: hoy el gobierno enfrenta una prueba crucial
El presidente Chirac lanzó un llamado al diálogo, pero no logró detener las protestas, que se realizarán en 160 ciudades del país
  • La medida permite despedir sin aviso previo y sin indemnización a los menores de 26 años
  • La respalda el primer ministro Villepin, potencial candidato en 2007

PARIS – En un esfuerzo desesperado por evitar su descrédito como presidente y conservar un mínimo de poder, Jacques Chirac lanzó ayer un llamado al diálogo, pero no logró detener las gigantescas manifestaciones de protesta previstas para hoy en Francia.

Apenas 48 horas después de los violentos incidentes que sacudieron el jueves por la noche el corazón del Barrio Latino, los estudiantes desfilarán junto a las organizaciones sindicales desde Denfert-Rochereau hasta la Plaza de la Nación de París y están previstas otras manifestaciones en otras 159 ciudades de Francia. Esa prueba de fuerza pondrá en juego la credibilidad del gobierno y al mismo tiempo definirá el futuro del movimiento juvenil para exigir el retiro del llamado contrato de primer empleo (CPE) promovido por el primer ministro Dominique de Villepin.

En ese contexto crítico, el llamado al diálogo de Chirac constituye también un llamado de atención a Villepin, que lanzó el CPE sin concertación previa y que dice estar dispuesto a ir «hasta el final» para defenderlo.

Los estudiantes exigen el retiro de esa ley que reglamenta el trabajo de los menores de 26 años y es rechazada por un 68% de los franceses, según un sondeo publicado ayer por el diario Le Parisien. El texto, que permite el despido sin aviso previo durante un período de dos años, es considerado un inaceptable paso hacia la precariedad en un país históricamente apegado a la seguridad del empleo.

La iniciativa de Chirac constituye también un último intento por salvar el escaso caudal de confianza que conserva después del fracaso del referéndum europeo del 29 de mayo de 2005. Este callejón sin salida muestra la paradoja que acecha a Chirac desde que Nicolas Sarkozy -actual ministro del Interior- le arrebató el partido UMP (Unión por un Movimiento Popular) y se impuso como candidato casi indiscutido a su sucesión en las elecciones de 2007.

El presidente no quería a Sarkozy para reemplazar a Jean-Pierre Raffarin como primer ministro. La amplitud del no en el referéndum europeo lo decidió a apostar por Villepin y llevar al Hotel Matignon -sede del jefe de gobierno- a su ministro más teatral, más original y más imprevisible. Dominique Marie François René Galouzeau de Villepin no es un hombre mediocre. Tiene energía, elocuencia, entusiasmo y coraje. Pero tantas virtudes vienen acompañadas por los defectos propios de los hombres demasiado seguros.

«Tiene un orgullo barroco que lo vuelve sordo al consejo de los demás y ciego a sus propios errores. Villepin mira a sus rivales como a enanos, a sus adversarios como a impostores y a su único superior -Jacques Chirac- como a un subalterno», escribió el analista político Alain Duhamel.

Mientras en la calle se multiplican las manifestaciones, en la derecha reina la consternación. Sobre todo, nadie está dispuesto a hundirse con él cuando falta apenas un año para las elecciones presidenciales y legislativas de 2007.

Su gran rival, Nicolas Sarkozy, oficialmente apoya al CPE porque no tiene alternativa: le guste o no, está asociado a la acción gubernamental. Pero esa solidaridad es frágil: en el último mes, su popularidad cayó 8 puntos, mientras que Villepin perdió sólo 7 puntos.

A pesar de la presión, Villepin insiste en que no dará marcha atrás. Para él, ceder a la calle sería arruinar sus ilusiones de arrebatarle a Sarkozy la candidatura presidencial en 2007. También sería traicionar a Chirac que lo nombró primer ministro como quien juega su última carta. El mandatario vio en Villepin al único capaz de cerrar su último mandato presidencial con algunas reformas brillantes, que le evitaran caer en el pozo negro del olvido. «Estás muerto», le había escrito uno de sus amigos a Chirac después del referéndum europeo. Cruel, pero real: la consulta había sido «su» decisión.

La clase política, los empresarios, los diputados y hasta sus amigos más cercanos comenzaron a tomar distancias. Muchos evocaron la necesidad de elecciones anticipadas.

«¿Qué dejará Chirac? Nada», opinó el ex ministro oficialista François Fillon. Mientras tanto, la sociedad francesa -rehén de esa pugna de intereses políticos y electoralistas-, sólo atina a manifestar su descontento con estrepitosos noes a cualquier propuesta de cambio, sea ésta de izquierda como de derecha. Chirac parece haber fracasado en todos los objetivos que le propuso al país en 1995, cuando prometió reducir la fractura social.

Saldo negativo

En sus 11 años de gobierno, aumentaron el desempleo, la desigualdad, la marginación, la precariedad y la intolerancia. La sociedad se muestra incapaz de hacer frente a los desafíos de la globalización y la deuda pública del país es la más alta de su historia.

Encerrado en el Palacio del Elíseo, debilitado físicamente tras el accidente cerebral de septiembre, el jefe del Estado dejó de luchar y confió la gestión del país a Villepin. La masiva y violenta reacción estudiantil a los métodos de su primer ministro parecen haberlo obligado a reaccionar.

Jacques Attali, consejero del ex presidente socialista François Mitterrand, expuso claramente la alternativa que enfrenta Chirac: «El presidente tiene dos opciones: se decide a gobernar o bien le rinde un último servicio a su país y renuncia, para que haya elecciones presidenciales anticipadas a mediados de 2006».

Sin embargo, como el resto de los franceses, Attali no se hace demasiadas ilusiones: «Naturalmente -concluyó-, no hará ni una cosa ni la otra. A menos que la historia decida en su lugar».

Por Luisa Corradini para LA NACION

A la espera de un gesto

PARIS (EFE) – El primer ministro francés, Dominique de Villepin, se mostró anoche dispuesto, ante una representación de los rectores de las universidades del país, a hacer un gesto significativo para desbloquear la crisis provocada por su nuevo contrato laboral destinado a los jóvenes.

«Le hemos preguntado si estaba dispuesto a hacer un gesto para desbloquear la situación, y no nos ha dicho qué gesto, pero nos ha parecido dispuesto a escuchar, dispuesto a un gesto significativo», dijo el vicepresidente de la Conferencia de Rectores de Universidad, Yannick Vallée, al término del encuentro con Villepin, quien hasta ahora se ha mostrado inflexible en dar marcha atrás en la reforma laboral.

Vallée afirmó que el jefe del Gobierno es consciente de que se está al borde de un choque, y contó que le habían pedido que abriese un período de seis meses de reflexión durante los que se suspendería la entrada en vigor de la polémica reforma.

Los rectores también le transmitieron su inquietud por lo que podría pasar la semana próxima por la creciente crispación estudiantil.

Por David Encina

Periodista

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