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MEDIO AMBIENTE : LA TEMPERATURA MEDIA ANUAL SUBIO DOS GRADOS Y LAS LLUVIAS AUMENTARON UN 40%

Clarín

Buenos Aires, más calurosa y lluviosa que hace un siglo

Los porteños, además, ahora soportan más tormentas eléctricas, con caída de rayos. Es porque la ciudad tiene más cemento, más tránsito y mayor consumo eléctrico, de calefacción y de aire acondicionado.

Sibila Camps.

scamps@clarin.com

En un siglo, Buenos Aires se ha vuelto más calurosa y más lluviosa. Como si no fuera suficiente, los porteños soportan también más tormentas eléctricas, con caída de rayos incluida. No se debe al calentamiento global, pero sí al de la ciudad, que ahora tiene más cemento, más tránsito y mayor consumo eléctrico.

Desde 1906 —cuando comenzó a funcionar el observatorio de Villa Ortúzar del Servicio Meteorológico Nacional (SMN)— hasta 2005, la tendencia de la temperatura media anual marca un incremento de alrededor de 2º. Simplificando, podría decirse que pasó en un siglo de 16º a 18º, una cifra muy alta en términos meteorológicos.

Hubo años más cálidos que otros, por supuesto; sin ir más lejos, este verano es algo más fresco. Pero si se analiza el período 1991-2005, el promedio anual de los últimos doce años siempre ha estado unas décimas por encima de la media de las tres décadas anteriores (1961-1990).

No sólo eso: ha ido creciendo la temperatura máxima promedio, pero más todavía la mínima promedio. «Esto significa que se ha reducido la amplitud térmica«, apunta el doctor Héctor Ciappesoni, jefe de Investigación y Desarrollo del SMN.

Si la sensación de los porteños es que la Capital se volvió aún más calurosa que lo que muestran los registros, es probable que tengan razón. «El Observatorio de Villa Ortúzar —señala Eduardo Piacentini, director del Departamento de Cambio Climático Global del SMN— está en un abrigo meteorológico, a 1,50 metro de altura, como indican las normas internacionales, y en terrenos de la Facultad de Agronomía, donde no hay construcciones. No está en la isla de calor. Si se lo coloca en la avenida 9 de Julio, seguramente la diferencia de temperatura va a ser mucho mayor».

Mucho más han aumentado las lluvias, alrededor de un 40%. En todo sentido: más agua caída, más días lluviosos y más tormentas. Lo curioso, señala Ciappesoni, es que ese incremento es mayor en la Capital que en el área suburbana. Así lo demuestran los datos recogidos desde 1960 en Villa Ortúzar y Aeroparque y, fuera de la Capital, en Ezeiza, El Palomar y San Miguel.

El incremento general se debe, en alguna medida, al cambio climático registrado en la Argentina, donde en promedio llueve un 20% más que hace 40 años, y más aún en la pampa húmeda. Pero las diferencias entre Capital y Gran Buenos Aires —explican los expertos— están relacionadas con la temperatura, y ésta con el crecimiento de la ciudad.

«La primera causa es el aumento de cemento, junto con el aumento de superficie construida. Pero hace más de 20 años que la ciudad no varía en su estructura, e incluso ha perdido un poco de gente», hace notar Ciappesoni. Presume que una causa probable sea, entonces, la mayor cantidad de aerosoles —gases de los vehículos, polvo en suspensión, esmog | smog en general, sales marinas—, «que pueden producir una cobertura que no permite salir la radiación al exterior de la atmósfera».

Pero el meteorólogo estima que el mayor aporte a una ciudad calurosa lo hacen el incremento de sistemas de calefacción y de aire acondicionado.

«En invierno se calientan los edificios por encima de las temperaturas mínimas. Y en verano, si bien se enfría los ambientes, el calor que generan los aparatos sale al exterior —explica—. Seguramente también aumentó el consumo de electricidad y de gasoil en la ciudad».

Más calor, más humedad, más vapor de agua y más partículas atmosféricas: son los ingredientes del cóctel que genera las nubes convectivas, las que producen lluvias y, sobre todo, tormentas, con mayor actividad eléctrica.

Muchas veces vienen también asociadas a los chaparrones, que resultan mucho más difíciles de pronosticar.

«Las partículas atmosféricas —micropartículas de polvo en suspensión, como sales, carbonos, nitratos, microcristales— obran como núcleo de condensación del vapor. Por eso, después de la lluvia el cielo está límpido: porque las partículas se precipitaron junto con el agua», observa Ciappesoni.

Y agrega que existen estudios que muestran que, en algunas ciudades de los Estados Unidos, las lluvias son más frecuentes de lunes a viernes, que los sábados y domingos. «Eso no ocurre en Buenos Aires, porque la gente no se escapa de la ciudad los fines de semana», apunta.

 

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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