Ningun pibe nace chorro!

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SEGURIDAD DE TODOS LOS PIBES. 
Porque inseguridad tambien es es morir de hambre y no tener futuro.

Mientras escuchamos voces que piden más patrulleros, más palos, más condenas… y el estado elude sus responsabilidades con la educacion y la salud de los niños.
Mientras solo se escucha hablar de menores delincuentes y nunca de chicos a quienes les robaron la infancia…
Mientras la unica propuesta para la niñez es la represion y la carcel sin asumir las obligaciones que nuestro estado tiene por ser miembro de las Naciones Unidas y por ende, haber adoptado como propios los terminos de la Convencion sobre los Derechos de los Niños , que se encuentra incorporada al cuerpo de nuestra Constitucion Nacional.

Digamos: Sí, saquemos a los chicos de la calle. Pero para que vayan a la escuela , tengan una vivienda digna y padres con trabajo. No con la cárcel.

 
 

CHICOS INVISIBLES : www.chicosinvisibles.com.ar

 
 
Ante el debate instalado sobre la inseguridad:

Rechacemos la pena de muerte

El 2008 terminó con un fuerte debate sobre la inseguridad y cómo resolverla. Si ya era un tema caliente, este verano subió de tono ante el terrible asesinato de un colaborador de Susana Giménez, entre otros hechos espantosos que fueron tapa de los diarios. Ella y otros artistas populares se expresaron en favor de la pena de muerte. Es un grave error, que la derecha alienta.
Así como proponemos medidas concretas para resolver la inseguridad, tenemos que rechazar de plano todo intento de imponer la pena capital en nuestro país.


 

El problema de la inseguridad se ha convertido en uno de los más sentidos de nuestra sociedad. Es un problema absolutamente real y cotidiano, pero sobre el cual se montan de manera interesada sectores reaccionarios. La polémica se volvió a encender y no sólo hay quienes proponen penas más duras sino hasta la pena de muerte. Luego del asesinato de su decorador, Susana dijo que “el que mata debe morir”. Y se reabrió un debate que parecía agotado desde que Menem, alguna vez, esbozó esa idea.
Por ejemplo Scioli, al abrir las sesiones en la Legislatura bonaerense, dijo: “Nadie nos detendrá en esta lucha, nadie nos atemorizará ni nos hará bajar los brazos”. Macri, De Narváez y Chiche Duhalde también salieron con propuestas represivas y de mano dura. No dicen que hace rato se votaron las famosas leyes de Blumberg, con penas más duras, pero el delito no bajó. Hasta Cristina, que solía eludir el tema, tuvo que hablar.
En cambio el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, afirmó: «Lo que hace falta es una política de Estado en materia de seguridad en las calles. La gente tiene razón y reacciona… Si tuviéramos políticas públicas concretas destinadas a la prevención en la materia de exclusión social habría menos delitos. Si tuviéramos una política constante sobre la materia de seguridad con la policía, también habría menos delitos. Y si los jueces actuaran, también…»
Susana luego se retractó y aclaró que cuando pidió «terminarla con los derechos humanos» no quiso decir eso porque es católica… Pero otras figuras del espectáculo tomaron su posta: Cacho Castaña pidió “plomo” y dijo que «hay que fusilar», y ahora Tinelli salió con algo parecido. Todo esto forma parte de un debate importante, que a nuestro criterio no debe admitir medias tintas.

Rechazamos que este Estado decida quién vive y quién no

Aunque no todas, frente a asesinatos brutales algunas familias desgarradas, en su dolor y desesperación, plantean la pena de muerte. Sectores de derecha lo aprovechan para llevar agua al molino de su postura retrógrada. Con comprensión y respeto por el dolor de los familiares y amigos de las víctimas, creemos que es una salida totalmente equivocada que no resolverá la falta de seguridad.
La pena de muerte ya se aplica desde hace años, por ejemplo, en algunos estados de EE.UU. y no sirvió para bajar la cantidad de delitos. En Argentina la aplicaron, de facto, los genocidas de la dictadura militar, que decidían la vida y la muerte de decenas de miles. Lo mismo hacen hoy, a su antojo, la Federal, la Bonaerense y demás policías del gatillo fácil.
Pero institucionalizar que este Estado capitalista y sus gobiernos, que son justamente los que generan las causas estructurales de la inseguridad, puedan decidir quién vive y quién no, matando «legalmente», no sólo no va a terminar con el drama de la inseguridad sino que se volverá una amenaza contra los pobres, los luchadores y todos los que piensen distinto al poder dominante. ¿Acaso qué ejemplo le da el poder político a miles de jóvenes sin perspectivas, que ven cómo muchos amigos del poder se enriquecen impunemente, mientras los comisarios viven de la coima, del narcotráfico y otros delitos?
Además, salvo excepciones, la justicia actual es corrupta, depende del poder político, persigue a los ladrones de gallinas y es cómplice de la impunidad de los ricos, los chorros de guante blanco y los polítocs de turno. No podemos esperar que sea ecuánime a la hora de juzgar y decidir quién debería morir. No les reconocemos a los capitalistas y a sus representantes políticos, policiales y judiciales ningún derecho sobre la vida ajena.

¿Cuál es la salida?

Sin atacar las causas de fondo, el problema no se resolverá nunca. En todo el mundo está probado que el delito aumenta cuando crecen la desigualdad social, la exclusión y la marginalidad. Por eso es clave lograr planes económicos que de verdad distribuyan la riqueza, opuestos a los que hoy se aplican. El que prometa resolver la inseguridad y no diga esto es un ingenuo o un reaccionario conciente. Si bien es cierto que cambiar este injusto modelo vigente no se logra de un día para otro, sí se podrían aplicar medidas económicas de emergencia.
Junto con eso, proponemos otras medidas concretas de carácter político. Entre ellas, una reforma y depuración total de la policía como parte de desmantelar el aparato represivo, que los comisarios y jueces sean elegidos por voto popular y puedan ser revocables, y el derecho a la autoorgani-zación y autodefensa de los vecinos en cada barrio. Ellos son quienes sufren la inseguridad todos los días y son, además, quienes mejor cónocen dónde y cómo funciona la delincuencia, incluidos los comisarios, los punteros políticos y los jueces corruptos.


Laura Lane