EL CUENTO DEL BUEN PAPA

Por Martín Caparrós | Página 12.
La Argentina se empapó. Mojada está, húmeda de gusto por su papa. Hace días y días que nadie habla de otra cosa o, si alguno sí, lo relaciona: papa y los diputados, fútbol y papado, papas y dólar blú y más papas, sus tetas operadas y el celibato de los papas. La Argentina reboza de gozo, se extasía ante la prueba de su éxito: seguimos produciendo íconos, caras para la camiseta universal. Habemus papam era una voz extraña, y en una semana se ha convertido en un justo lema de la argentinidad: tenemos papa –nosotros, los argentinos, tenemos papa. La figura más clásica de la tilinguería nacional, el Argentino Que Triunfó en el Exterior, encontró su encarnación definitiva: si, durante muchos años, Ernesto Guevara de la Serna peleaba codo a codo con Diego Armando Maradona, ahora se les unió uno tan poderoso que ni siquiera necesitó morirse para acceder al podio. Cada vez más compatriotas y compatriotos se convencen de que era cierto que Dios –al menos ese dios– es argentino.
Así las cosas, más papistas que el papa, el nuevo ha despertado aquí cataratas de elogios: que es humilde, que es bueno, que es modesto, que es muy inteligente, que se preocupa por los pobres. Sus detractores, sin embargo, no ahorran munición gruesa: algunos llegaron incluso a decir que era argentino y peronista. Y otros, más moderados, kirchneristamente basaron sus críticas en sus acciones durante aquella dictadura -y discutieron detalles. Como si no bastara con saber que, como organización, la iglesia de la que el señor Bergoglio ya era un alto dignatario apoyaba con entusiasmo a los militares asesinos.
Los críticos, de todos modos, no consiguieron unanimidad; algunos dicen que lo que hizo no fue para tanto, otros lo minimizan con un argumento de choque: que él es otro, ya no Jorge Bergoglio sino alguien distinto, el papa Francisco. Suena tan cristiano: el bautismo como renacimiento que deja atrás la vida del neófito; lo raro es que lo dijeron aparentes filósofos tan supuestamente ateos y materialistas como el candidato Forster. Y todos debatieron a qué políticos o políticas locales iba a beneficiar el prelado y su anillo a besar o no besar: me parecen pamplinas.
En el terreno nacional lo que me preocupa –lo escribí hace unos días en un diario– es el shock de cristiandad que vamos a sufrir los argentinos. Temo el efecto que este inesperado, inmerecido favor divino puede tener sobre nuestras vidas. No me refiero al hartazgo que a mediano plazo –en dos o tres días– pueda causar la presencia de Bergoglio hasta en la sopa; hablo del peso que su iglesia siempre intenta ejercer, ahora multiplicado en nuestro país por el coeficiente de cholulismo nacional que nos hizo empezar a mirar tenis cuando Vilas ganó algún grand slam, basket cuando Manu Ginobili, monarquías europeas cuando la holando-argentina se transformó en princesa.
Lo sabemos: la iglesia católica es una estructura de poder basada en fortunas tremebundas, millones de seguidores y la suposición de que para complacer a esos millones hay que escuchar lo que dicen sus jefes. La iglesia católica usa ese poder para su preservación y reproducción –últimamente complicadas– y para tratar de imponer sus reglas en esas cuestiones de la vida que querríamos privada y que ellos quieren sometida a sus ideas.
Así fue como, hace 25 años, se opusieron con todas las armas de la fe a ese engendro demoníaco llamado divorcio, que solo pudo establecerse cuando el gobierno de Alfonsín se atrevió por fin a enfrentar a la iglesia católica -y el mundo siguió andando. También intentaron oponerse a la ley de matrimonio homosexual hace un par de años, pero estaban de capa caída y no pudieron. Ahora, un papa argentino va a pelear con uñas y dientes y tiaras para evitar que un gobierno argentino tome medidas que podrían ser vistas como precedentes por otros gobiernos y sociedades regionales: el nuevo código civil, la fertilización asistida y, sobre todo, la legalización del aborto retrocedieron esta semana cincuenta casilleros. Y eso si no se envalentonan e intentan –como en España– recuperar el terreno ya perdido.
Pero peor va a ser para el mundo. El señor Bergoglio parece un hombre inteligente y parece tener cierto perfil vendible que puede ayudarlo mucho en su trabajo. Lo acentúa: cuando decide ir de cuerpo presente a pagar la cuenta de su hotel no está pagando la cuenta de su hotel –que puede pagar, un suponer, con su tarjeta por teléfono–; está diciendo yo soy uno que paga sus cuentas de hotel, uno normal, uno como ustedes. Uno que hace gestos: uno que entiende la razón demagógica y cree que debe hacer gestos que conformen el modo en que debemos verlo. Uno que, además, sirve para definir el populismo: uno que dice, desde una de las instituciones más reaccionarias, arcaicas y poderosas de la tierra, una de las grandes responsables de las políticas que produjeron miles de millones de humildes y desamparados, que debemos preocuparnos por los humildes y los desamparados.
Peor para el mundo. En estos días, demócratas y progres festejan alborozados la resurrección de un pequeño reino teocrático: la síntesis misma de lo que dicen combatir. La iglesia católica es una monarquía absoluta, con un rey elegido por la asamblea de los nobles feudales que se reparten los territorios del reino para que reine sin discusiones hasta que muera o desespere, con el plus de que todo lo que dice como rey es infalible y que si está en ese trono es porque su dios, a través de un “espíritu santo”, lo puso. La iglesia católica es una organización riquísima que siempre estuvo aliada con los poderes más discrecionales –más parecidos al suyo–, que lleva siglos y siglos justificando matanzas, dictaduras, guerras, retrocesos culturales y técnicos; que torturó y mató a quienes pensaban diferente, que llegó a quemar a quien dijo que la Tierra giraba alrededor del Sol –porque ellos sí sabían la verdad.
Una organización que hace todo lo posible por imponer sus reglas a cuantos más mejor y, así, sigue matando cuando, por ejemplo, presiona para que estados, organismos internacionales y oenegés no distribuyan preservativos en los países más afectados por el sida en África –con lo cual el sida sigue contagiándose y mata a miles y miles de pobres cada año.
Una organización que no permite a sus mujeres trabajos iguales a los de sus hombres, y las obliga a un papel secundario que en cualquier otro ámbito de nuestras sociedades indignaría a todo el mundo.
Una organización de la que se ha hablado, en los últimos años, más que nada por la cantidad de pedófilos que se emboscan en sus filas y, sobre todo, por la voluntad y eficacia de sus autoridades para protegerlos. Y, en esa misma línea delictiva, por su habilidad para emprender maniobras financieras muy dudosas, muy ligadas con diversas mafias.
Una organización que perfeccionó el asistencialismo –el arte de darle a los pobres lo suficiente para que sigan siendo pobres– hasta cumbres excelsas bajo el nombre, mucho más honesto, de caridad cristiana.
Una organización que se basa en un conjunto de supersticiones perfectamente indemostrables, inverosímiles –“prendas de fe”–, solo buenas para convencer a sus fieles de que no deben creer en lo que creen lógico o sensato sino en lo que les cuentan: que deben resignar su entendimiento en beneficio de su obediencia a jefes y doctrinas: lo creo porque no lo entiendo, lo creo porque es absurdo, lo creo porque los que saben me dicen que es así.
Una organización que, por eso, siempre funcionó como un gran campo de entrenamiento para preparar a miles de millones a que crean cosas imposibles, a que hagan cosas que no querrían hacer o no hagan cosas que sí porque sus superiores les dicen que lo hagan: una escuela de sumisión y renuncia al pensamiento propio –que los gobiernos agradecen y utilizan.
Una organización tan totalitaria que ha conseguido instalar la idea de que discutirla es “una falta de respeto”. Es sorprendente: su doctrina dice que los que no creemos lo que ellos creen nos vamos a quemar en el infierno; su práctica siempre –que pudieron– consistió en obligar a todos a vivir según sus convicciones. Y sin embargo lo intolerante y ofensivo sería hablar –hablar– de ellos en los términos que cada cual considere apropiados.
En síntesis: es esta organización, con esa historia y esa identidad, la que ahora, con su sonrisa sencilla de viejito pícaro de barrio, el señor Bergoglio quiere recauchutar para recuperar el poder que está perdiendo. Es una trampa que debería ser berreta; a veces son las que cazan más ratones.
* Pamplinas es un intento –insistentemente fracasado– de mirar el mundo desde la Argentina, o la Argentina desde algún otro mundo. Con esa premisa, el autor pensó llamarlo Cháchara, pero le pareció demasiado pretencioso. Desde las pampas argentinas, pues: Pamplinas.

EL CUENTO DEL BUEN PAPA.

Por Martín Caparrós | Página 12.
La Argentina se empapó. Mojada está, húmeda de gusto por su papa. Hace días y días que nadie habla de otra cosa o, si alguno sí, lo relaciona: papa y los diputados, fútbol y papado, papas y dólar blú y más papas, sus tetas operadas y el celibato de los papas. La Argentina reboza de gozo, se extasía ante la prueba de su éxito: seguimos produciendo íconos, caras para la camiseta universal. Habemus papam era una voz extraña, y en una semana se ha convertido en un justo lema de la argentinidad: tenemos papa –nosotros, los argentinos, tenemos papa. La figura más clásica de la tilinguería nacional, el Argentino Que Triunfó en el Exterior, encontró su encarnación definitiva: si, durante muchos años, Ernesto Guevara de la Serna peleaba codo a codo con Diego Armando Maradona, ahora se les unió uno tan poderoso que ni siquiera necesitó morirse para acceder al podio. Cada vez más compatriotas y compatriotos se convencen de que era cierto que Dios –al menos ese dios– es argentino.
Así las cosas, más papistas que el papa, el nuevo ha despertado aquí cataratas de elogios: que es humilde, que es bueno, que es modesto, que es muy inteligente, que se preocupa por los pobres. Sus detractores, sin embargo, no ahorran munición gruesa: algunos llegaron incluso a decir que era argentino y peronista. Y otros, más moderados, kirchneristamente basaron sus críticas en sus acciones durante aquella dictadura -y discutieron detalles. Como si no bastara con saber que, como organización, la iglesia de la que el señor Bergoglio ya era un alto dignatario apoyaba con entusiasmo a los militares asesinos.
Los críticos, de todos modos, no consiguieron unanimidad; algunos dicen que lo que hizo no fue para tanto, otros lo minimizan con un argumento de choque: que él es otro, ya no Jorge Bergoglio sino alguien distinto, el papa Francisco. Suena tan cristiano: el bautismo como renacimiento que deja atrás la vida del neófito; lo raro es que lo dijeron aparentes filósofos tan supuestamente ateos y materialistas como el candidato Forster. Y todos debatieron a qué políticos o políticas locales iba a beneficiar el prelado y su anillo a besar o no besar: me parecen pamplinas.
En el terreno nacional lo que me preocupa –lo escribí hace unos días en un diario– es el shock de cristiandad que vamos a sufrir los argentinos. Temo el efecto que este inesperado, inmerecido favor divino puede tener sobre nuestras vidas. No me refiero al hartazgo que a mediano plazo –en dos o tres días– pueda causar la presencia de Bergoglio hasta en la sopa; hablo del peso que su iglesia siempre intenta ejercer, ahora multiplicado en nuestro país por el coeficiente de cholulismo nacional que nos hizo empezar a mirar tenis cuando Vilas ganó algún grand slam, basket cuando Manu Ginobili, monarquías europeas cuando la holando-argentina se transformó en princesa.
Lo sabemos: la iglesia católica es una estructura de poder basada en fortunas tremebundas, millones de seguidores y la suposición de que para complacer a esos millones hay que escuchar lo que dicen sus jefes. La iglesia católica usa ese poder para su preservación y reproducción –últimamente complicadas– y para tratar de imponer sus reglas en esas cuestiones de la vida que querríamos privada y que ellos quieren sometida a sus ideas.
Así fue como, hace 25 años, se opusieron con todas las armas de la fe a ese engendro demoníaco llamado divorcio, que solo pudo establecerse cuando el gobierno de Alfonsín se atrevió por fin a enfrentar a la iglesia católica -y el mundo siguió andando. También intentaron oponerse a la ley de matrimonio homosexual hace un par de años, pero estaban de capa caída y no pudieron. Ahora, un papa argentino va a pelear con uñas y dientes y tiaras para evitar que un gobierno argentino tome medidas que podrían ser vistas como precedentes por otros gobiernos y sociedades regionales: el nuevo código civil, la fertilización asistida y, sobre todo, la legalización del aborto retrocedieron esta semana cincuenta casilleros. Y eso si no se envalentonan e intentan –como en España– recuperar el terreno ya perdido.
Pero peor va a ser para el mundo. El señor Bergoglio parece un hombre inteligente y parece tener cierto perfil vendible que puede ayudarlo mucho en su trabajo. Lo acentúa: cuando decide ir de cuerpo presente a pagar la cuenta de su hotel no está pagando la cuenta de su hotel –que puede pagar, un suponer, con su tarjeta por teléfono–; está diciendo yo soy uno que paga sus cuentas de hotel, uno normal, uno como ustedes. Uno que hace gestos: uno que entiende la razón demagógica y cree que debe hacer gestos que conformen el modo en que debemos verlo. Uno que, además, sirve para definir el populismo: uno que dice, desde una de las instituciones más reaccionarias, arcaicas y poderosas de la tierra, una de las grandes responsables de las políticas que produjeron miles de millones de humildes y desamparados, que debemos preocuparnos por los humildes y los desamparados.
Peor para el mundo. En estos días, demócratas y progres festejan alborozados la resurrección de un pequeño reino teocrático: la síntesis misma de lo que dicen combatir. La iglesia católica es una monarquía absoluta, con un rey elegido por la asamblea de los nobles feudales que se reparten los territorios del reino para que reine sin discusiones hasta que muera o desespere, con el plus de que todo lo que dice como rey es infalible y que si está en ese trono es porque su dios, a través de un “espíritu santo”, lo puso. La iglesia católica es una organización riquísima que siempre estuvo aliada con los poderes más discrecionales –más parecidos al suyo–, que lleva siglos y siglos justificando matanzas, dictaduras, guerras, retrocesos culturales y técnicos; que torturó y mató a quienes pensaban diferente, que llegó a quemar a quien dijo que la Tierra giraba alrededor del Sol –porque ellos sí sabían la verdad.
Una organización que hace todo lo posible por imponer sus reglas a cuantos más mejor y, así, sigue matando cuando, por ejemplo, presiona para que estados, organismos internacionales y oenegés no distribuyan preservativos en los países más afectados por el sida en África –con lo cual el sida sigue contagiándose y mata a miles y miles de pobres cada año.
Una organización que no permite a sus mujeres trabajos iguales a los de sus hombres, y las obliga a un papel secundario que en cualquier otro ámbito de nuestras sociedades indignaría a todo el mundo.
Una organización de la que se ha hablado, en los últimos años, más que nada por la cantidad de pedófilos que se emboscan en sus filas y, sobre todo, por la voluntad y eficacia de sus autoridades para protegerlos. Y, en esa misma línea delictiva, por su habilidad para emprender maniobras financieras muy dudosas, muy ligadas con diversas mafias.
Una organización que perfeccionó el asistencialismo –el arte de darle a los pobres lo suficiente para que sigan siendo pobres– hasta cumbres excelsas bajo el nombre, mucho más honesto, de caridad cristiana.
Una organización que se basa en un conjunto de supersticiones perfectamente indemostrables, inverosímiles –“prendas de fe”–, solo buenas para convencer a sus fieles de que no deben creer en lo que creen lógico o sensato sino en lo que les cuentan: que deben resignar su entendimiento en beneficio de su obediencia a jefes y doctrinas: lo creo porque no lo entiendo, lo creo porque es absurdo, lo creo porque los que saben me dicen que es así.
Una organización que, por eso, siempre funcionó como un gran campo de entrenamiento para preparar a miles de millones a que crean cosas imposibles, a que hagan cosas que no querrían hacer o no hagan cosas que sí porque sus superiores les dicen que lo hagan: una escuela de sumisión y renuncia al pensamiento propio –que los gobiernos agradecen y utilizan.
Una organización tan totalitaria que ha conseguido instalar la idea de que discutirla es “una falta de respeto”. Es sorprendente: su doctrina dice que los que no creemos lo que ellos creen nos vamos a quemar en el infierno; su práctica siempre –que pudieron– consistió en obligar a todos a vivir según sus convicciones. Y sin embargo lo intolerante y ofensivo sería hablar –hablar– de ellos en los términos que cada cual considere apropiados.
En síntesis: es esta organización, con esa historia y esa identidad, la que ahora, con su sonrisa sencilla de viejito pícaro de barrio, el señor Bergoglio quiere recauchutar para recuperar el poder que está perdiendo. Es una trampa que debería ser berreta; a veces son las que cazan más ratones.
* Pamplinas es un intento –insistentemente fracasado– de mirar el mundo desde la Argentina, o la Argentina desde algún otro mundo. Con esa premisa, el autor pensó llamarlo Cháchara, pero le pareció demasiado pretencioso. Desde las pampas argentinas, pues: Pamplinas.

Campamento Internacional de la Juventud anti imperialista y anti capitalista en Buenos Aires, Argentina.

Invitación a participar del próximo «Campamento Internacional de la Juventud anti imperialista y anticapitalista», que convocado por Juntos del PSOL de Brasil, la Juventud de Marea Socialista – PSUV de Venezuela, por COEN – La Lucha Continúa de Perú y la Juventud Socialista del MST en el Mov. Proyecto Sur de Argentina. Se realizará en Buenos Aires, Arg. entre el 28 y el 31 de Marzo de 2013. Asistirán al mismo delegaciones de Syriza de Grecia, del Bloque de Izquierda de Portugal y de Izquierda Anticapitalista de España, entre otras organizaciones de distintos países del mundo. Para más información ver http://www.mst.org.ar

Cristina Kirchner: «La diabetes afecta a la gente con alto poder adquisitivo, ya que son sedentarios y comen mucho”.

Infobae.

La mandataria argentina dijo que aqueja a la “gente con alto poder adquisitivo”, ya que “son sedentarios y comen mucho”. Infobae consultó a especialistas para ver si eso es cierto

En el marco de la presentación del plan Argentina Innovadora 2020, la presidente Cristina Kirchner se refirió a las investigaciones que realiza el Estado y definió a la diabetes como “una enfermedad de gente con alto poder adquisitivo”, ya que “son sedentarios y comen mucho”. «Hay 80 millones de diabéticos en el mundo que además tienen alto poder adquisitivo. Es una enfermedad de gente de alto poder adquisitivo, porque son sedentarios y comen mucho. Es para todos, no sólo los que tienen plata, pero la diabetes es una enfermedad de gente con determinado poder adquisitivo”, sostuvo la presidente.

En ese momento, las redes sociales estallaron con mensajes alusivos a dichas declaracionesy pusieron en tela de juicio tales afirmaciones.

«La diabetes mellitus es una enfermedad producida por una alteración del metabolismo (conjunto de reacciones químicas que tienen lugar en las células del cuerpo), caracterizada por un aumento de la cantidad de glucosa (azúcar) en la sangre y por la aparición de complicaciones microvasculares (enfermedad de los vasos sanguíneos finos del cuerpo, incluyendo vasos capilares) y cardiovasculares (relativo al corazón y a los vasos sanguíneos), que incrementan sustancialmente los daños en otros órganos (riñones, ojos, corazón, nervios periféricos)», detalló la doctora Dana Sobol, médica nutricionista, diabetóloga, especialista en medicina interna y docente adscripta de la UBA, en su blog Nutrición.

En ese sentido, Sobol especificó que los síntomas en la diabetes tipo pueden ser: la sed, el aumento de la cantidad de orina, el aumento del apetito, picores, infecciones y la aparición de enfermedades cardiovasculares asociadas.

En diálogo con Infobae, la doctora Juana Szurpik, jefa de la sección nutrición del Servicio de Endocrinología del Departamento de medicina del hospital Posadas, informó que la diabetes es una enfermedad que afecta a cerca del 7 ú 8% de la población argentina.

“No existe un censo, pero hay estudios epidemiológicos del país que indican que la afección involucra todos los estratos. La ciudad de Buenos Aires cuenta con un 6% de afectados”, agregó.

Y continuó: “Se trata de una enfermedad que aumenta a medida que se extiende la calidad de vida. Está asociada a la mala nutrición, al exceso de peso y a la obesidad”.

“En la ciudad de Buenos Aires, el total de la prevalencia de diabetes mellitus es del 6%, según los datos del libro Diabetes Millitus del doctor Maximino Ruiz”, detalló la especialista.

Por su parte, la médica nutricionista y directiva de la Sociedad Argentina de Obesidad, Rosa Labanca, explicó: “Primero hay que ver si la presidente se refería a la diabetes tipo 1 o del tipo 2. El poder adquisitivo no es algo fundamental para que una persona sea diabética. Lo que por ahí ella quiso decir (que) era la del tipo 2, que es la de personas obesas, pero no son, necesariamente, las de mayor poder adquisitivo”.

Y añadió que, de todas maneras, dicha enfermedad “se da mucho en la gente de menos recursos, ya que el que tiene cuidados con la alimentación y cuenta con la posibilidad de comer cosas diferentes son, en su mayoría, aquellas personas que cuentan con un buen nivel educacional”.

 

 

Fuertes críticas por los dichos de Cristina sobre la diabetes.

Para Cristina, es una enfermedad «de gente de alto poder adquisitivo». Especialistas la cuestionaron. Polémica en Twitter.

 

 

 

Alejandro Bodart (MST en Proyecto Sur) sobre el Papa Francisco y el tarifazo del Subte.

Intervención del diputado porteño del MST en el Mov. Proyecto Sur, Alejandro Bodart, en la sesión especial de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, sobre la designación del nuevo Papa Francisco I y sobre el anunciado tarifazo del Subte y la mentira de la «tarifa social» anunciada por Mauricio Macri. Para más información ver http://www.mst.org.ar

Movilización Nacional de las centrales de trabajadores CTA y CGT junto a organizaciones sociales.

Movilización al Ministerio de Trabajo organizada por la CTA, la CGT y la organizaciones sociales nucleadas en la Multisectorial, para exigir paritarias sin techo, la eliminación del impuesto al salario y contra las restricciones para el cobro del salario familiar, así como un salario mínimo, monto mínimo de las jubilaciones y planes sociales en $ 5.000.

Reportajes e intervenciones de Pablo Micheli, Secr. Gral de la CTA; de Hugo Moyano, Secr. General de la CGT;  de Guillermo Pacagnini, Secr. Gral de CICOP e integrante de la Mesa Nacional de la CTA; de Vilma Ripoll, dirigente nacional del MST en el Mov. Proyecto Sur y de Gustavo Giménez,  Coordinador Nacional del MST Teresa Vive. Para más información ver http://www.mst.org.ar

Alejandro Bodart y Vilma Ripoll (MST en Proyecto Sur) custionan la MorenoKard en el INDEC.

El MST en el Mov. Proyecto Sur cuestiona a Moreno y a su tarjeta para comprar en los supermercados, a las mentiras del INDEC y al fraude del congelamiento de precios anunciados por el Gobierno Nacional, en un momento en que la inflación anual en los alimentos supera el 30%. Entrevistas a Vilma Ripoll dirigente del MST y a Alejandro Bodart, diputado porteño por el MST en el Mov. Proyecto Sur. Para más información ver http://www.mst.org.ar

Afiche del Encuentro Memoria Verdad y Justicia para el 24 de Marzo.

Encuentro Memoria Verdad y Justicia.

afiche

Link para descargarlo: en PDF

CELN en el País.

LA PROTESTA DE LOS GREMIOS.

Moyano y Micheli marcharon juntos: van a un paro nacional.

Los jefes de la CGT y la CTA opositoras reclamaron paritarias libres frente al Ministerio de Trabajo. Por la falta de respuestas del Gobierno, llamarían a una huelga en abril.

Bodart y Ripoll entregaron una “MorenoKard” gigante.

entregan-morenokard-300x246

Ante el INDEC, antes de participar en la marcha de la CTA y la CGT, hoy Vilma Ripoll y el diputado Alejandro Bodart (MST en Proyecto Sur) entregaron una tarjeta “MorenoKard” gigante y una canasta con productos por valor de 6 pesos, destinadas al Secretario de Comercio. Bodart afirmó: “La inflación no es una ‘sensación’, […]Leer más »

Para ganar: coordinar la lucha de docentse y estatales

Marcha SUTE 13-03-2013

Por el 30% de aumento ya y un salario inicial de $ 5.000 El conflicto bonaerense se profundiza. Continuando la rebelión salarial y educativa que enfrenta presupuestos de ajuste, paran también los chaqueños de SITECH en la Federación Docente de la CTA. Los de ATEN en Neuquén, en Mendoza movilizan 10.000 docentes; siguen los paros […]Leer más »

Confirman que el subte subirá a $ 3,50 desde el miércoles

Desde el Gobierno porteño dicen que es para cubrir incrementos en los costos operativos.

Subte: ante la resolución del aumento.

subtepass-300x147

Ante la resolución del gobierno porteño y SBASE que confirma el aumento del boleto del subte, el diputado Alejandro Bodart (MST en Proyecto Sur) -quien tiene un amparo presentado ante la justicia- hoy afirmó: “Mauricio Macri habla de un ‘incremento de costos’ sin haber mostrado ni un solo dato serio, porque todavía no se realizó […]Leer más »

Movilización de las centrales de trabajadores CTA y CGT.

Fotografía

FotografíaFotografíaFotografía