Paraguay. Los peligros del nuevo vecino

 
El retorno de los colorados al Palacio López implica un desafío a la geopolítica regional. ¿Asunción jugará con el Mercosur o con Washington? Además, cómo convivir con un presidente que compara a los homosexuales con monos.

Anochecía en Asunción el domingo pasado y en la red social del pajarito azul, el tuit más comentado ironizaba sobre el retorno de los colorados al Palacio López: “Paraguay, la nueva empresa de Cartes con más de 6 millones de empleados”. En menos de 140 caracteres el humor negro guaraní daba la bienvenida a un primer mandatario que está lejos de ser un desconocido para el electorado local. Ocurre que para los ciudadanos paraguayos el nuevo jefe de Estado no es sólo quién ahora ejerce el vértice del poder público sino más bien el hombre que representa la corporación empresarial más fuerte del vecino país. Evidentemente, Horacio Cartes, a quienes los medios internacionales bautizaron como el Carlos Slim paraguayo o el Berlusconi guaraní –por haber presidido el exitoso club de fútbol Libertad–, no es una cara difícil en el pago chico local. La sociedad paraguaya ya tomó las bebidas que comercializa el Grupo Cartes (gaseosa Pulp), fumó sus cigarrillos (Tabacalera del Este S.A.), vistió sus prendas (Sporting Life), cobró cheques o abrió plazos fijos en su estratégico Banco Amambay, comió las carnes que vende (Ganadera Sofía) y, quizás, hasta se trató la obesidad en uno de sus centros médicos (el mediático doctor Máximo Ravenna monitorea sus clínicas). Entonces, más allá de las bromas y el sarcasmo popular, ¿qué implica el retorno de los colorados al poder? ¿Retornará Asunción al Mercosur o será Paraguay el nuevo portaaviones del Comando Sur en un territorio clave por ser el corazón geopolítico del proceso de integración?
En principio, dentro de dos meses, en Montevideo, en el marco de la cumbre de jefes de Estado del bloque regional de la Cuenca del Plata, seguramente dejará de tener efecto la suspensión de la membrecía de Asunción por haber vulnerado la “cláusula democrática” en el inconstitucional golpe parlamentario contra Fernando Lugo y, por lo tanto, Paraguay retornará al Mercosur como socio pleno del organismo. Sin embargo, la tarjeta amarilla contra el vecino país podría seguir su curso si el gobierno del colorado Horacio Cartes no cumple con ciertos requisitos previos de buena vecindad. Por ejemplo, dar marcha atrás en el Congreso con “la declaración de persona no grata” contra el presidente venezolano Nicolás Maduro. Además, el segundo paso para recuperar la armonía regional es que el Senado paraguayo apruebe formalmente el ingreso de Caracas al Mercosur; un hecho legislativo que, incluso, estuvo bloqueado por colorados y liberales durante la gestión de Lugo.
En este sentido, Brasil y Argentina parecen estar haciendo el rol del policía malo y el policía bueno, respectivamente. Mientras la presidenta argentina felicitó a Cartes por su triunfo y lo invitó a “estar en el Mercosur, junto a todos nosotros como siempre. Democracia y Mercosur: la mejor fórmula”; el Palacio Itamaraty –según reveló esta semana el diario Folha de Sao Paulo– es menos renuente a darle el visto bueno al retorno paraguayo y, en consecuencia, la jefa de estado brasileña Dilma Rousseff “espera conocer cómo estará integrada la Cámara de Senadores para evaluar si se tendrán los votos necesarios para aprobar el ingreso de Venezuela como socio pleno del Mercosur. Para Brasil, el Partido Colorado debe utilizar la muerte de Hugo Chávez como un pretexto para romper la resistencia en el Congreso local”.
Por último, habría que aconsejarle al nuevo primer mandatario paraguayo que limite los pronunciamientos públicos de algunos diputados de la bancada oficialista. El último viernes, por ejemplo, el asesor de la diputada kirchnerista Stella Maris Córdoba, Ezequiel Guazzora, le recriminó por twitter al legislador electo Hugo Rubín el hecho de que haya maltratado a la presidenta argentina y al jefe de Estado uruguayo José Mujica –“¿Saben qué yo le respondo a Cristina y a Mujica? ¡Vayan al diablo! Vamos a pensar nosotros cuándo queremos volver al Mercosur”, había vociferado Rubín en una radio de su propiedad–, a lo que el mencionado parlamentario respondió a Guazzora con un insulto aún mayor al anterior: “@GuazzoraE @cfkargentina empleadito anda a cobrar el subsidio come gato”.
¿Por qué es tan importante que una economía tan pequeña como la paraguaya retorne al juego regional? Muy simple, porque en términos geopolíticos, Paraguay es una pieza que, en manos del Comando Sur norteamericano, puede ser una quinta columna estratégica para quebrar el proceso de integración. En ese sentido, hay que recordar que en Paraguay los estadounidenses ya cuentan con una base militar “dormida”, que en caso de ser reactivada puede alojar a los aviones de guerra más importantes del mundo. En el recomendable libro Territorios vigilados, de la periodista Telma Luzzani, hay información muy interesante y precisa al respecto: “La base Mariscal Estigarribia tiene una localización estratégica por estar a 200 kilómetros de la frontera con Bolivia y Argentina, y a 320 de Brasil, muy cerca de la Triple Frontera. Tiene una pista de 3.500 metros de largo por 40 de ancho y una capacidad para acuartelar a 16 mil soldados. Se trata de la mejor pista de aterrizaje de Paraguay capaz de recibir aviones de gran porte como los C-5 Galaxy, pero con un tráfico aéreo casi nulo. Fue construida en tiempos del dictador Stroessner. Desde 2005 hay ejercicios militares y operaciones de las Special Operations Forces. También se denunció la presencia constante de supuestas misiones humanitarias de la Usaid y frecuentes aterrizajes de aviones norteamericanos con funcionarios estadounidenses y otros del ‘operativo de salud’ Medrete, lo que fue considerado por muchos sectores como un mecanismo de infiltración en la comunidad”.
¿Cuál será la agenda política y económica de Cartes en los primeros días de gobierno? Miradas al Sur trasladó este interrogante a Martín Almada, referente de los organismos de derechos humanos paraguayos, y al analista Abel Irala. La novedad, según dichos especialistas, es que el modelo de gestión clientelista y de economía semifeudal que siempre caracterizó al Partido Colorado se mantendría incólume en el primer aspecto pero no tanto en el segundo. Según Irala: “La apertura a nuevos tiempos y la modernización que se reclama desde Washington tiene que ver con crear un escenario favorable para la inversión extranjera, mantener una presión tributaria baja que favorezca al empresariado internacional, pero disminuir la corrupción y aumentar la recaudación estatal. Luego, lo mismo de siempre, Cartes gobernará para que el Paraguay siga ocupando el cuarto lugar de productor mundial de soja”. A su vez, Martín Almada es aún más pesimista y advierte que: “Seguirán los latifundios, la corrupción, la injusticia, el analfabetismo, el modelo político prebendario; seguirá en vigencia la doctrina de la seguridad nacional, la falta de atención medica y educación”.
Por otro lado, están todas las historias ocultas, semipúblicas o bastante comprobadas sobre cómo Cartes multiplicó su fortuna. En principio, el corresponsal de la agencia británica BBC resumió muy bien esta semana cuáles son las dos denuncias más fuertes que pesan sobre el nuevo presidente paraguayo: “La historia persigue a Cartes desde el año 2000 cuando las autoridades encontraron una avioneta con matrícula brasileña en su estancia con un cargamento de mediano tamaño de cocaína y marihuana. Otra acusación que enfrentó el empresario es la de lavado de dinero. Es dueño del Banco Amambay, que en 2004 fue investigado en Brasil por una comisión parlamentaria por presunto lavado de dinero, que se originó tras la publicación de una investigación periodística que se basada en informes de la Agencia Anti-Droga estadounidense (DEA, según sus siglas en inglés)”.
Ahora bien, quien quiera conocer en profundidad los negocios oscuros de Horacio Cartes debería leer el libro La otra cara de HC, del periodista paraguayo César Ávalos. Dicha obra, ignorada por los grandes medios paraguayos –los diarios ABC y Última Hora no publicaron ni una sola línea sobre la investigación de Ávalos– pero que, igualmente, es más popular que el tereré en las calles de Asunción –las primeras ediciones se vendieron en pocos días–, contiene detalles exclusivos sobre los orígenes mafiosos del Carlos Slim paraguayo. “De manera que la primera gran estafa de Cartes estaba en fabricar empresas, simular operaciones de compra en el exterior aprovechando un decreto por el que se podían conceder dólares preferenciales a 240 guaraníes (el precio en la calle estaba en 400 o más) los insumos que estaban destinados a dinamizar la agricultura (en los papeles llegamos a tener más tractores que la propia Unión Soviética, y cada ciudadano sería propietario por lo menos de 20 de ellos cada uno) abrir una cuenta en Estados Unidos, con la complicidad de bancos operantes para aligerar los trámites en connivencia con el propio Banco Central Paraguayo, venderlos en el mercado paralelo y embolsarse una suma que hasta hoy es incalculable”, escribe y denuncia Ávalos en un pasaje del libro que el propio autor subió a Internet como forma de romper la censura interna.
Por último, vale remarcar que las denuncias contra Cartes no sólo vienen por izquierda. Los últimos grandes caciques del Partido Colorado ya alertaron sobre el peligro que implicaba la centenaria maquinaria partidaria en manos del outsider tabacalero. El ex presidente paraguayo Nicanor Duarte advirtió que, con el ingreso de Cartes en la Asociación Nacional Republicana, comenzaba “la era de la pornografía política”. Y la presidenta del partido, Lilian Samaniego, aireó sus vínculos con el narcotráfico, pero ambos terminaron por conveniencia sumándose a su proyecto. Parece increíble pero es real. El nuevo presidente paraguayo advirtió que las “bailantas en los barrios” iba a ser su única política cultural y que, para lo que él respecta, “los homosexuales son como monos. Si mi hijo apoya el matrimonio igualitario, le pegó un tiro en las bolas”. Todo eso dijo Cartes y, en ningún momento, se puso colorado.

Ganar o perder
La paradojal elección de Fernando Lugo

Suena a cliché pero para hacer un balance de la elección hecha por el ex sacerdote tercermundista Fernando Lugo hay que hacer uso de la figura clásica del vaso medio lleno o medio vacío. Si se opta por una mirada pesimista hay que advertir que luego de ganar las anteriores elecciones presidenciales y de romper con seis décadas ininterrumpidas de poder colorado, el derrocado presidente paraguayo terminó en tercer lugar y a muchos puntos de los dos partidos principales. En cambio, una lectura más optimista subrayaría que, por primera vez en la historia paraguaya, una fuerza de izquierda, con un claro programa latinoamericanista y sin necesidad de armar alianzas con los partidos tradicionales –en la elección de 2008, Lugo ganó gracias a una sociedad con el conservador Partido Liberal, que luego lideró el golpe destituyente contra su investidura–, ganó varias bancas parlamentarias en Diputados y en Senadores. Incluso, este balance cobra más significado si se tiene en cuenta que el desempeño electoral pudo haber sido mucho mejor si el luguismo no llegaba a los comicios del domingo pasado fracturado en tres boletas partidarias.
Recapitulando, Lugo estuvo lejos de vencer a Horacio Cartes o al liberal y ex ministro de su gobierno Efraín Alegre pero su candidatura a senador superó las expectativas iniciales. Cosechó más del 10% de los votos; triplicó los números de quien lideraba la lista del Frente Guasú, el médico Aníbal Carrillo, y, por lo tanto, quedó ante la sociedad como el responsable de unir a los partidos críticos del bipartidismo local, como el ascendente Avanza País, cuyo candidato, el ex luguista y popular conductor televiso Mario Ferreiro, logró más del 5% de los sufragios. Quizá suene a poco comparado con el espacio institucional conquistado por las organizaciones sociales y populares del Cono Sur, pero hay que tener en cuenta que durante mucho tiempo Paraguay fue considerado “el país más anticomunista del mundo”.
“La política del “poncho yuru” de Lugo (ubicarse en el centro, como la boca del poncho) no ahuyentó, sin embargo, los fantasmas que la burguesía paraguaya se hace sobre un tránsito de Paraguay hacia el comunismo de Evo Morales y Rafael Correa. En una oportunidad, se conoció un e-mail de un ganadero paraguayo en el que propone realizar una contribución entre sus pares empresariales para comprar armamentos, formar escuadrones e identificar
y matar comunistas. No es casual que en un país donde la izquierda fue perseguida y casi exterminada, el anticomunismo devino política de Estado. Por ejemplo, una gigantesca estatua del líder chino anticomunista Chiang Kai Chek quedó como recuerdo en la avenida del mismo nombre en plena Asunción”, recordó, en su momento, el periodista Pablo Stefanoni en un artículo para la revista latinoamericana Nueva Sociedad.

 

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