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Podría provocar un efecto dominó

La Nación  

ZAGREB – Varios movimientos independentistas de Europa destacan el ejemplo de Montenegro. Son, fundamentalmente, los nacionalistas del País Vasco, Cataluña y algunas regiones de la ex Unión Soviética Además, la Unión Europea deberá, en breve, resolver la cuestión de Kosovo.

Entre los más atentos observadores del proceso de secesión de Montenegro se cuenta un puñado de movimientos nacionalistas de Europa y de la ex Unión Soviética que, tomando como ejemplo el modelo balcánico, amenazan con derramar la onda independentista por varias regiones del Viejo Continente.

Las primeras voces al respecto provienen de España. Allí, los independentistas del País Vasco y de Cataluña se adelantaron en concluir que el referéndum montenegrino del domingo pasado es un prometedor «precedente» para lograr sus aspiraciones.

El presidente del gobierno autónomo vasco, Juan José Ibarretxe, dijo ayer que el referéndum en los Balcanes demuestra que «el derecho a decidir se aplica en el corazón de Europa para resolver los conflictos», y se mostró convencido de que el proceso de paz vasco acabará también en una «consulta democrática».

«No hay ningún partido en el País Vasco, excepto el Partido Popular (PP), que no considere, entre sus reflexiones, que esto va a acabar en una consulta democrática», afirmó Ibarretxe ante un grupo de corresponsales extranjeros, en la sede del gobierno vasco.

Por su parte Josep Carod-Rovira, líder del partido separatista catalán ERC -que se separó del resto de la izquierda tras negarse a aceptar el recientemente sancionado estatuto para Cataluña- declaró sentir una «sana envidia democrática [de Montenegro]». Para el dirigente, el referéndum montenegrino podía «dibujar el horizonte de aquello que conviene a Cataluña»; es decir, «un Estado nacional independiente, en una Europa unida», para una región que es mucho más rica que Montenegro y diez veces más poblada.

Sin embargo, en la vereda opuesta, el canciller español, Miguel Angel Moratinos, subrayó que la situación de España no es comparable con la de la naciente república balcánica, «ni política ni diplomática ni jurídicamente» y juzgó que hacer esa comparación es «una gran irresponsabilidad».

Fue aún más allá el Alto Representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), Javier Solana -un socialista español que tuvo sus reservas a la hora de apoyar el proceso independentista de Montenegro- para quien toda comparación de ese tipo es «un delirium tremens».

Un problema muy delicado

Pese a la vehemencia del jefe de la diplomacia de la Unión, los funcionarios europeos saben que, en breve, deberán enfrentarse con un problema más delicado: la cuestión de Kosovo.

Esta provincia serbia, pero habitada por una mayoría de albaneses, actualmente es administrada por la ONU. Pero podría ser declarada independiente a fines de 2006, aún pese a la fuerte oposición de Belgrado, que sólo quiere reconocer su autonomía.

Para los especialistas, la diferencia es clara: mientras Montenegro constituía un Estado, Kosovo es una provincia serbia, en donde ocurrieron algunos de los hechos históricos más significativos para el patriotismo de los habitantes de ese país.

«Montenegro es una de las seis repúblicas de la ex Yugoslavia y no se contestó nunca su derecho a la independencia. Pero Kosovo no es una república y su independencia tendría una connotación política muy diferente», observó Tim Judah, especialista en los Balcanes del Centro para la Reforma Europea de Londres.

«La eventual independencia de Kosovo reconocida internacionalmente legitimaría las ambiciones de otros independentistas que nunca en su historia tuvieron su propio Estado», señaló por su parte un diplomático occidental en Zagreb, que pidió el anonimato.

En este sentido, los serbios de Bosnia-Herzegovina -país que se independizó en 1992 de Yugoslavia a un costo de una sangrienta guerra interétnica de tres años- ya afirmaron que la eventual independencia de Kosovo representaría un modelo para su comunidad, agrupada en la República Srpska, entidad que forma, con la Federación Croata -Musulmana, la Bosnia actual.

Lo mismo ocurriría, por ejemplo, con los partidarios de la autodeterminación de la provincia autónoma italiana del Trentino-Alto-Adige -en la región nordeste del país-, que desean pasar a formar parte de Austria.

Por su parte, en el territorio de la ex Unión Soviética se beneficiarían del ejemplo kosovar algunas «repúblicas» autoproclamadas en los enfrentamientos que siguieron a la desaparición del coloso socialista y que, pese a contar con el apoyo de Moscú, nunca han sido reconocidas por la comunidad internacional.

Son los casos de las repúblicas separatistas no reconocidas de Abjazia y Osetia del Sur, en la república caucásica de Georgia.

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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