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Proyecto para salvar al bandoneón

La Nación
 
Desde hace 70 años, prácticamente no se fabrican

 
Músicos e investigadores argentinos utilizan modernas herramientas tecnológicas para reparar sus piezas
 

 
 Uno de los emblemas del tango, el bandoneón, está en peligro de extinción. Hace cerca de 70 años que prácticamente no se fabrican nuevos instrumentos, por lo que aún se utilizan los antiguos modelos alemanes.

"La mayoría se vendió antes de la [II] Guerra en la Argentina y el Uruguay debido al auge del tango. Pero ahora su número está decreciendo, porque muchos se han deteriorado y porque compradores del exterior se llevan ejemplares en buen funcionamiento", explica Juan Carlos Fredes, bandoneonista y contador público nacional.

Amante del bandoneón, Fredes elaboró dos proyectos: uno es ayudar a la reparación de los modelos clásicos y el otro, diseñar un bandoneón de estudio para niños, que esté al alcance económico de la mayoría de la población. Y para lograrlo recurrió a investigadores del Laboratorio de Entrenamiento Multidisciplinario para la Investigación Tecnológica (Lemit), perteneciente a la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC).

Tecnología de rescate

El bandoneón nació en Sajonia, Alemania, a mediados del siglo XIX. Allí, en la localidad de Carlsfeld, estuvieron ubicadas las fábricas que más instrumentos elaboraron y de mejor calidad sonora. Pero el último establecimiento cerró al comenzar la Segunda Guerra Mundial; posteriormente los bombardeos arrasaron con archivos e instalaciones, y se perdieron planos y matrices.

En este instrumento, el sonido es generado por el aire comprimido que pasa a través de lengüetas de acero (llamadas "voces"), haciéndolas vibrar. Las lengüetas están remachadas a platinas o "peines", que se encuentran en el interior del fuelle. Estos elementos fundamentales son reparados en nuestro medio en forma artesanal, con piezas de metal escogidas generalmente de manera empírica; por ejemplo, usando cuerdas de relojes antiguos.

Fredes se entusiasmó por investigar cómo está construido el bandoneón. Desarmó instrumentos en desuso y estudió sus piezas, buscando cómo reproducirlas y aun mejorarlas.

Para conocer la composición de las lengüetas, recurrió al Lemit. En la sección Metalurgia, dirigida por el ingeniero José L. Sarutti, se analizaron algunas de las voces de un valioso instrumento. Así, se pudo determinar que estaban elaboradas con un acero al carbono 1080 y que las platinas eran de cinc laminado. Se establecieron los parámetros de dureza, elasticidad, plasticidad y dimensiones de las piezas. Este conocimiento permitió comprender el método de afinación, que habitualmente se hace por limado de las voces.

Las platinas tienen formas intrincadas y para elaborarlas en forma tradicional se requeriría una matricería compleja y costosa. Por ello los profesionales del Lemit pusieron a Fredes en contacto con integrantes del Centro de Investigaciones Opticas (el CIOp, que depende de la CIC y el Conicet), dirigidos por el doctor Mario Garavaglia. En el laboratorio se fabricaron lengüetas de acero 1080 y platinas de acero inoxidable, cortándolas con un equipo láser con comandado computarizado.

Intérpretes del futuro

En su casa de La Plata, Fredes instaló una escuela de bandoneonistas, que bautizó Carsfeld, en honor a la sede de la desaparecida fábrica de prestigiosos instrumentos AA (conocidos como Doble A). En 2000 pudo viajar a esa ciudad como integrante del Conjunto Municipal de Bandoneones de Tandil, y recibió una afectuosa acogida y mucha información sobre la historia del instrumento.

Hace dos años, creó en La Plata una orquesta-escuela de jóvenes bandoneonistas llamada Chebandoneón, en la que la ejecutante más joven tiene sólo nueve años. Conocedor de las dificultades que tienen los niños para tocar los grandes bandoneones (pesan alrededor de siete kilos), y como actualmente no existen instrumentos adaptados a ellos, el músico decidió crearlos.

"En mi taller estoy fabricando los prototipos de dos bandoneones de bajo costo para niños de entre siete y diez años -explica-. Hemos hecho calcos de manos de chicos de esas edades y obtuvimos una medida promedio para diseñar las empuñaduras y teclados. La edad ideal para empezar a tocar un instrumento es alrededor de los seis años, aunque el oído musical debería ir formándose desde el jardín de infantes. Como tocar el bandoneón no es fácil, también tengo el propósito de desarrollar un método de enseñanza adaptado a los niños."

En abril, su proyecto de bandoneones de estudio fue declarado de interés público por la Municipalidad de La Plata. Ahora, mientras espera conseguir apoyo económico, ya encontró el tipo de cartón más apropiado para fabricar el fuelle, encargó la matricería para hacer sus puntas metálicas y él mismo elabora las tapas de madera que lo cierran.

"Las lengüetas y platinas cortadas en el CIOp ya están probadas y andan bien. Las teclas serán de acrílico y hay que determinar el mejor material para los resortes que las sostienen. También recurrí al ingeniero Bazo, especialista en Acústica de la Universidad Nacional de La Plata, para resolver el problema de la afinación. Queremos hacerlo con ayuda de programas computarizados, con un sistema inspirado en el que se usa para balancear las ruedas de los autos", concluye el músico.

Irene Maier
Comisión de Investigaciones Científicas

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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