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Rasputín

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ESTUDIARON EL DIARIO DEL CONSEJERO DE LOS ZARES

Revelan que Rasputín fue un espía alemán

LA VANGUARDIA . ESPECIAL PARA CLARIN
Toda mi vida no ha sido más que una enfermedad". Este lamento de Rasputín, consciente de su patológica personalidad, sintetiza el carácter de este monje analfabeto que ejerció una poderosa influencia sobre los zares de Rusia.

El cine, la música, la televisión y la literatura han cantado sus proezas —sexuales y políticas—, pero el libro "Rasputín. El diario secreto", que acaba de publicarse en España, reproduce el diario íntimo que dictó a su secretaria, probablemente entre 1914 y 1916, y en el que reconoce haber cobrado dinero de Alemania durante la Primera Guerra Mundial, así como haber negociado la paz con este país a espaldas del zar Nicolás II.

Los autores del libro, padre e hijo, son el psicólogo Alexandr y el historiador Daniil Kotsiubinski. Ambos han buceado en el Archivo Estatal de la Federación Rusa, en busca de testimonios de primera mano sobre alguien al que el imaginario colectivo asocia a la ambición de poder sin freno. En una primera parte, ofrecen un estudio sobre el personaje, y en la segunda transcriben las impresiones fragmentarias del propio Rasputín sobre su vida.

Se trata de un diario que en el año 2000, en vísperas de la canonización de Nicolás II por la Iglesia Ortodoxa Rusa, fue calificado de "falsificación" por lo "indecente y repugnante" de algunos de sus pasajes, pero que hoy ha vuelto a ser considerado auténtico por diversos historiadores.

La causa principal de que Grigori Yefímovich Rasputín (1869-1916) tuviera gran influencia en el zar Nicolás II, no fue otra que su capacidad para detener las hemorragias del zarevich, el único hijo varón de la pareja reinante, que padecía hemofilia. Rasputín era un místico, famoso por sus prodigios curativos, que fue llamado a palacio en 1905, por consejo de una amiga de la zarina Alejandra, y que, al parecer, utilizó sus conocimientos de hipnosis para sanar al joven.

Aunque el volumen parece desmontar el mito de la potencia sexual de Rasputín, la realidad es que tal leyenda sigue viva a pesar de las evidencias. El año pasado, por ejemplo, abrió sus puertas el Museo de la Erótica de San Petersburgo, donde se exhibe el pene preservado de Rasputín como una gran reliquia. Cuando fue asesinado en esa ciudad en 1916, por orden del príncipe Félix Yusupov (de quien, curiosamente, se enamoró, según dice el diario) y del primo del zar, el gran duque Dmitri Pavolvitch Romanov, el cadáver fue castrado.

Los Kotsiubinski arrojan ahora luz sobre las auténticas causas del asesinato, que habrían sido su firme oposición a la guerra y su reivindicación de que los judíos tuvieran los mismos derechos que el resto de los súbditos rusos.

Por David Encina

Periodista

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