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San Patricio: alegría, cerveza y control

La Nación.
En el Bajo Retiro: una enorme cantidad de gente colmaba anoche la zona de pubs y bares
El festejo, importado de Irlanda, reunió a miles de personas en la ciudad de Buenos Aires; gran operativo de seguridad
De traje y corbata. De elegante sport o simplemente en jeans y remera. Para ellos la ropa era lo de menos. Para ellas, en cambio, hubo un poco más de producción en la vestimenta y en el maquillaje. Cada uno a su manera, jóvenes y no tantos, festejaron ayer San Patricio en la ciudad de Buenos Aires.En medio de un gran operativo de seguridad, los primeros en llegar a los pubs y a los bares de Retiro, sobre todo de la calle Reconquista, fueron los oficinistas que ya tienen como costumbre el after office.

Más de 100 agentes de la Policía Federal, 12 equipos de inspectores dependientes de la Secretaría de Seguridad porteña, integrantes de la Guardia Urbana y fiscales contravencionales se encargaron de la seguridad y control de la zona.

A las 20.30, según fuentes policiales, más de 5000 personas ya habían pasado por Reconquista y Tres Sargentos hacia Reconquista y Córdoba, donde estaba uno de los vallados.

Litros y litros de cerveza eran consumidos mientras pasaban los minutos. Los que tenían más dinero para gastar tomaban la cerveza en los locales. Otros, parados en las calles y algunos sentados en los cordones de las veredas.

Muchos extranjeros. Irlandeses, españoles, norteamericanos y sudamericanos. Como Paula Buritica y Eva Trujillo, dos jóvenes colombianas que estudian, una gastronomía y otra psicología, en Buenos Aires. Estaban acompañadas por otra amiga nacida en Puerto Madryn, Ana Meghini.

«Este año la fiesta está más tranquila. El año pasado llegamos cuando la policía comenzó a arrojar gas lacrimógeno. Eso también estuvo entretenido», contaron las tres jóvenes.

Uno de los lugares más elegidos por el público fue The Kilkenny, un clásico de los bares irlandeses, situado en Reconquista y Marcelo T. de Alvear. A las 20.30 la hilera para ingresar en el pub superaba los 50 metros.

«Este año está todo mejor organizado. Hay mayor cantidad de policías». comentó a LA NACION Lucas Barraza, uno de los encargados de la seguridad de The Kilkenny, donde anoche se cobraba, para los hombres una entrada de 50 pesos con $ 20 de consumición. Las puertas se abrieron a las 17.30.

Barraza sabe de lo que habla. Como empleado de seguridad estuvo en todos los festejos que se hicieron en la ciudad de Buenos Aires desde 2001.

Canilla libre

Otro de las lugares colmados fue John John, en Reconquista al 900. En este lugar el precio para ingresar era de 70 pesos con canilla libre y de $ 40 con dos vasos de cerveza.

El vallado que interrumpía el paso vehicular se armó a las 20, en el cruce de las calles Reconquista y Paraguay; en San Martín y Marcelo T. de Alvear; en Leandro N. Alem y Marcelo T. de Alvear, y en Rojas y Reconquista.

«El vallado se hizo con la intención de que los automovilistas no vendieran alcohol. El año pasado hubo varios casos de gente que aprovechó la ocasión para vender cervezas desde adentro de los vehículos», dijo una fuente del gobierno porteño.

Al cierre de esta edición, autoridades policiales y gubernamentales no habían hecho el cálculo de la cantidad de gente que seguía llegando al lugar.

Gastón, de 30 años, no perdió un minuto. Apenas salió de su trabajo, en una oficina de Plaza de Mayo, se fue derecho para la calle Reconquista al 900. Allí se compró una cerveza en lata de medio litro a cinco pesos y comenzó a festejar San Patricio. «Vine el año pasado y me gustó. Este año hay menos gente. No me olvido más: el año pasado tardé 40 minutos en comprar un cerveza, ahora lo hice en cinco», dijo el joven.

A unos metros, Cony Urueña, una estudiante de periodismo de 25 años, estaba alegre. Ella es una habitué de las fiestas de San Patricio. «Vengo todos los años. Es muy divertido», comentó la joven mientras tomaba una cerveza con su amiga Macarena Fernández.

Desde Temperley Juan Manuel González llegó con seis amigos, con la intención de quedarse hasta que la fiesta terminara, es decir bien entrada la madrugada de hoy.

«La idea es tomar mucha cerveza. Por eso vinimos en colectivo desde el sur del Gran Buenos Aires. Somos jóvenes precavidos», comentó Juan Manuel. Sus amigos, de acuerdo.

Cada grupo se divertía a su manera. Algunos llegaron al lugar con pelucas verdes, el color que predominó en la noche porteña. Todos querían compartir la onda verde.

Por Gabriel Di Nicola
De la Redacción de LA NACION

Batalla de Dublín

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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