Se fue el ministro de Economía Lavagna

Clarín.com
Kirchner le pidió la renuncia a Lavagna y asume Felisa Miceli

Fue a raíz de diferencias sobre las políticas a seguir, según confirmaron fuentes presidenciales a Clarín.com y declaraciones del propio ministro. Lavagna había asumido en abril de 2002. Su gestión estuvo marcada por la reestructuración de la deuda, pero también por los problemas para frenar la inflación.


Guillermo dos Santos Coelho. De la redacción de Clarín.com.

gdossantos@claringlobal.com.ar

El jefe de Gabinete se lo reservó para el final. Tras anunciar uno por uno los cambios en el Gabinete que el presidente Kirchner debía realizar obligadamente por los ministros que pasaban a ocupar bancas en el Congreso, Alberto Fernández lanzó la bomba y dio un nombre que no participó en las elecciones: Roberto Lavagna dejará de ser el ministro de Economía y lo reemplazará la presidenta del Banco Nación, Felisa Miceli.

Tras el anuncio, Fernández se negó a responder preguntas y sólo aclaró que el recambio será el jueves. Fuentes de la Casa Rosada aseguraron a Clarín.com que fue el mandatario el que pidió la renuncia y que Lavagna le respondió que estaba a su disposición. Todo eso ocurrió en un encuentro de poco menos de media hora entre ambos en la Casa de Gobierno. Las mismas fuentes hablaron de una “nueva etapa en la que el Presidente está armando un equipo homogéneo que trabaje con un 100% de comunión de ideas con respecto a lo que hay que hacer de ahora en más”.

De la otra parte, según difundió la agencia estatal Télam, el saliente ministro argumentó en un breve texto que la presentación de su renuncia al cargo se produjo "atento" al deseo presidencial de "introducir cambios poselecciones". En ese mensaje, también él dio a entender con claridad que había diferencias insalvables sobre los pasos a seguir.

El recambio se da después de una semana cargadísima de rumores y versiones sobre la salida del ministro. Desde algunos sectores del Gobierno habían dejado traslucir un fuerte malestar con el titular del Palacio de Hacienda por sus denuncias de cartelización en empresas dedicadas a la obra pública. Un lugar sensible, porque recae en la órbita del ministro de Planificación, Julio De Vido, con quien Lavagna chocó más de una vez.

Esto fue el martes. Desde ese momento, la salida del ministro se convirtió en un rumor cada vez más fuerte y que sólo pareció menguar en las últimas horas, quizás en el alivio que precede a las tormentas más fuertes. El viernes, antes de participar en el coloquio de IDEA, el ministro había dicho que su permanencia dependía "solamente de dos personas", en referencia a Kirchner y a él mismo.  

No era la primera vez que Lavagna se cruzaba con los más kirchneristas dentro del Gobierno (hay que recordar que fue un ministro heredado de la gestión duhaldista) o con el propio Kirchner, pero en otras ocasiones la relación había retomado el cauce.

Es verdad también que el desgaste ya había sumado varias idas y vueltas. Y también que los últimos roces habían dejado una evidencia: el eje de cohesión de la relación entre el Presidente y el ministro, la renegociación de la deuda en default, había dejado de ser un conector hacía meses. Kirchner dejó, como otras veces aunque quizás más persistentemente, que las versiones crecieran. De modo que alguna señal del desenlace hubo, a pesar de la sorpresa.

Pero si la salida de Lavagna puede parecer sorpresiva, más lo es la designación de Miceli. Su nombre no estaba en el grupo de los que sonaban más fuerte y parecía muy opacado por otros, como el del actual titular del Banco Central, Martín Redrado.

Lo cierto es que esta ex directora del Banco de la Provincia de Buenos Aires, y consultora de gobiernos nacionales y provinciales en un área que es sensible para esta gestión como lo es la inversión pública, será la primera mujer en sentarse en el máximo sillón del Palacio de Hacienda. (Ver: “Miceli: la primera ministra…”)

En ese lugar todo indica que tendrá varias tareas clave: la negociación con el FMI, la contención de la inflación y el aliento a la inversión para que los números de la macroeconomía sigan teniendo el mismo lustre que les dio su antecesor.

De esos temas hay uno, el alza del costo de vida, que parece signar la partida de Lavagna, quien no pudo obtener una victoria en la batalla por los precios. La inflación opacó en los últimos meses una gestión económica que había tenido su punto más alto en la salida del default, a través de una complejísima operación de canje de deuda que resultó con una altísima aceptación del mercado.

A pesar de ese éxito, que Kirchner siempre reconoció, quien reemplazó a Remes Lenicov en el tormentoso abril de 2002 es a su vez relevado en estos días sin las glorias pasadas. Dan cuenta de ello las palabras con las que el jefe de Gabinete inició la conferencia del anuncio: "El Presidente me ha encomendado que transmita a ustedes los cambios que se van a producir en el gabinete nacional que incluyen los casos de funcionarios que han sido electos diputados y senadores y algún otro caso más". Cuando todos pensaban en algún funcionario de segundo orden, apareció el nombre de Lavagna. Y eso fue todo.

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