Seguimos teniendo a muchos chicos pobres

Clarín

NIÑOS EN RIESGO : UNICEF PRESENTA HOY SU INFORME ANUAL "ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA"

Revelan una leve mejoría en los índices de pobreza infantil en la Argentina

El porcentaje de menores de 18 años pobres bajó en un año del 62,7% al 58,2%. Los expertos del organismo internacional aseguran que se está revirtiendo una tendencia negativa. De todos modos, 2 de cada 10 chicos argentinos son indigentes.


Georgina Elustondo.
gelustondo@clarin.com

La situación de los niños, niñas y adolescentes en la Argentina mejoró en el último año y estamos empezando a advertir un cambio interesante en referencia a la distribución del ingreso: algunos datos indican que el crecimiento económico ya no redunda en mayor disparidad entre ricos y pobres. La tendencia se está revirtiendo y las noticias son alentadoras, pero aún queda mucho por hacer: siguen siendo millones los chicos excluidos e invisibles y es importante que el Estado dedique todos sus esfuerzos a encontrarlos, identificarlos, ayudarlos e incluirlos en el futuro".

Con palabras precisas y cuidadas, el director regional de UNICEF para América latina y el Caribe, Nils Katsberg, adelantó a Clarín en exclusiva las primeras conclusiones del informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2006 de UNICEF, que será difundido hoy en todo el mundo. "Este año hacemos eje en los millones de chicos que viven en condiciones de invisibilidad y exclusión. En 2005 habíamos alertado sobre tres amenazas fundamentales: la pobreza, la guerra y el sida. Hoy creemos que los Estados y los fondos públicos deben hacer foco en los olvidados, los que no existen en las estadísticas y están al margen de toda dignidad", agregó.

Los nuevos datos que difunde UNICEF (en base a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y otras estadísticas oficiales) sobre la situación de la infancia en la Argentina reflejan mejoras respecto al año anterior, pero siguen siendo alarmantes: más de 3,4 millones de menores de 18 años de los centros urbanos viven en la pobreza y más de 1,4 millón de chicos transita su infancia en hogares indigentes— es decir, no acceden siquiera a los alimentos necesarios para sobrevivir—.

La cifra espanta en un país que supo honrar su mote de granero del mundo, pero algunas noticias son esperanzadoras: si se compara el primer semestre de 2004 con el primero de este año se desprende que la tasa de pobreza cayó del 62,7% al 58,2% para menores de 18 años, y el nivel de indigencia descendió del 28,2% al 23,7%; tendencias que se repiten —con diferencias notables— si se analiza su evolución en las diferentes regiones del país.

"Se redujo notablemente la mortalidad infantil, hay mayor conciencia respecto al VIH y son expectantes las nuevas estadísticas sobre desarrollo humano, pero queda mucho por hacer: hay muchísimos chicos a los que el Estado no llega, chicos que no existen en los censos y que jamás aparecen en las estadísticas. En el país no hay siquiera estimaciones sobre la cantidad de chicos indocumentados, que son quienes mayor vulnerabilidad padecen respecto al hambre, el analfabetismo, el tráfico y otros flagelos", destaca Jorge Rivera Pizarro, representante de UNICEF en la Argentina.

"Estamos haciendo una investigación en los 40 distritos con peores indicadores de mortalidad infantil para identificar los factores que la provocan. El objetivo es ir a buscar a los chicos invisibles, a los más pobres entre los pobres. Se estima que hay muchos niños y niñas que son explotados en trabajos domésticos y hay datos alarmantes respecto al tráfico en algunas zonas fronterizas. En el norte del país hay cementerios con chicos enterrados como NN. El Estado debe hacer un esfuerzo para darle identidad y dignidad a todos los chicos", dice Rivera Pizarro.

Para Kastberg, al frente del informe de toda la región, es un alivio que el tema de la invisibilidad y la exclusión de millones de chicos se instale en las agendas de los organismos internacionales como una prioridad. "Nosotros, lamentablemente, tenemos décadas de experiencia en el tema, por eso celebramos que se pida a los gobiernos que destinen fondos y orienten políticas para llegar a los más postergados. El desarrollo humano de los ciudadanos empieza a ser una preocupación en algunos países y eso es alentador", subraya.

"De todos modos, todavía estamos muy lejos de donde estábamos antes de las dictaduras militares. Sin duda fueron ellas las que sentaron las bases para un tipo de crecimiento económico que aumentó los niveles de pobreza y desigualdad —agrega Kastberg—. Nos queda un largo camino por desandar. Si no mejoran los indicadores de desarrollo humano, si no mejora la situación de la gente, dentro de diez años diremos que las democracias no supieron resolver los problemas más importantes. Luchar contra la exclusión y la invisibilidad de millones de niños sin duda va a fortificar las democracias. No hay otra manera de consolidar la institucionalidad que atendiendo a estas urgencias".

 

Página 12

LA MITAD DE LOS CARTONEROS SON CHICOS MENORES DE 18 AÑOS

A esta hora hay un niño en la calle

Un estudio realizado por Unicef y la Oficina Internacional para las Migraciones revela que cuatro de cada diez chicos que cartonean se encuentran excluidos del sistema educativo. El 10 por ciento de ellos fue detenido alguna vez por la policía. La mayoría dice que quisiera conseguir otro trabajo.

Se los ve en la ciudad por la noche, hundiendo sus manos en bolsas llenas de papeles, cartones y demás desperdicios. Son los cartoneros o recuperadores urbanos, instalados desde hace años en el paisaje de la ciudad, para quienes la clasificación de residuos es un medio de vida. De ellos, el 50 por ciento son niños, niñas o adolescentes que deberían estar en otro lugar. El dato fue sacado a la luz por el “Informe diagnóstico sobre trabajo infantil en la recuperación de residuos”, elaborado en conjunto por la Oficina Internacional para las Migraciones (OIM) y Unicef. El estudio, realizado en la ciudad de Buenos Aires, la localidad bonaerense de Moreno y la capital de Misiones, Posadas, también señala que cuatro de cada diez chicos que cartonean se encuentran totalmente excluidos del sistema educativo y que el diez por ciento fue detenido en alguna oportunidad por la policía.
“Comenzamos el trabajo porque estábamos preocupados por el tema de los cartoneros –comentó a Página/12 Jessica Koehs, coordinadora de la investigación por parte de la OIM–, porque veíamos a tantos chicos trabajando y no hay iniciativas para erradicar ese tipo de trabajo, que es muy peligroso y, sin embargo, en la Argentina no se lo reconoce como tal.”
En los tres lugares que recorrieron, los investigadores pudieron contabilizar 10.700 cartoneros o recuperadores urbanos de residuos, como se los denomina. De ellos, el 50,76 por ciento son niños, niñas y adolescentes, es decir que tienen menos de 18 años. En la ciudad de Buenos Aires, de las 8762 personas que se dedican a la recuperación de materiales reciclables, incluyendo tanto a las que residen en la Capital Federal como a quienes llegan desde el conurbano, los menores que realizan esas actividades suman 4223. Mientras que en la calles de Posadas, los chicos que recolectan residuos son el 68 por ciento de los cartoneros.
Según afirma el informe, esa actividad “daña la salud, la seguridad y la moralidad de los niños”, y “por estas razones, debe ser considerada como una de las peores formas de trabajo infantil”.
Pero la recuperación de residuos no es negativa para todos. “A costa de ese trabajo, realizado en condiciones sumamente peligrosas, se generan numerosos beneficios ambientales y económicos para las áreas urbanas donde ellos desempeñan su actividad: reducen la cantidad de residuos enterrados, y ahorran energía y recursos naturales”, asevera el escrito. Un ejemplo: “En la Ciudad, 8700 cartoneros recuperan entre el 9 y el 17 por ciento de los residuos generados por los vecinos”, lo que significa “un ahorro para la administración local que fluctúa entre los 30.000 y 70.000 pesos por día”.
Lo esperable para la OIM y Unicef es que ese ahorro sea “usado para implementar sistemas de protección para los recuperadores y para ejecutar programas con el fin de prevenir el trabajo de sus hijos, a la vez que apoyar su educación y acceso a servicios sanitarios”.
Al momento de buscar motivos para esta clase de trabajo infantil, las respuestas apuntan a que los chicos carecen de alternativas. Los padres los llevan a recorrer las calles con ellos por “miedo a dejarlos en un entorno barrial que presenta grandes déficit de saneamiento, en viviendas precarias o en espacios donde son frecuentes los robos, las violaciones y otro tipo de abusos hacia los niños y niñas.” Para Koehs, “debería haber proyectos para darles otras opciones a los chicos, como guarderías, talleres creativos o de deportes”.
Además de vivir situaciones de inseguridad, “el acceso a la justicia es percibido por los propios actores (cartoneros) como lejano e improbable, y la policía, lejos de garantizar la seguridad, termina siendo considerada como un peligro más para las familias, pues con ella recrudece la amenaza de detención de los niños cartoneros”.
Estos jóvenes son cartoneros y habitantes de villas, por lo que transitan la ciudad cargando el estigma de ser “sujetos sospechosos” para los ojos de las fuerzas de seguridad, “aunque más certeramente se trate de niños que son víctimas de un sistema socioeconómico que les roba su niñez”, destaca el informe. Incluso, el relevamiento muestra que uno de cada diez de esos chicos fue privado de su libertad por la policía, y el 90 por ciento de ellos pasó algunos días en comisarías.
Trabajo y escuela se manifiestan incompatibles para ellos. El 37 por ciento de estos chicos se encuentran completamente fuera del sistema educativo. Las cifras varían con las edades. Mientras que entre los menores de 13 la escolarización trepa al 96 por ciento, entre quienes tienen de 13 a 17 desciende al 48, cuando la media en Capital es del 93. Por otra parte, el 45 por ciento de los que van a la escuela repitió al menos una vez el año y el 44 registra sobreedad. Con esas dificultades para estudiar, se termina de cerrar el círculo de pobreza y trabajo infantil.
El acceso al sistema sanitario también les es negado. Aunque “el trabajo que realizan aparece ostensiblemente como perjudicial para su bienestar físico y psíquico en el corto, mediano y largo plazo, de acuerdo con los riesgos y peligros de accidentes, cortes, contaminación, enfermedades recurrentes en la piel, infecciones, abusos e, incluso, riesgos de muerte”, sólo el 5,6 por ciento de los chicos posee algún tipo de cobertura de salud.
Una de las respuestas de los chicos que más sorprendió a los encuestadores la escucharon al preguntar qué quisieran hacer si dejaran de cartonear. La mayoría, el 31 por ciento, dijo que quisiera conseguir otro trabajo. Y sólo el 17 por ciento manifestó que le gustaría estudiar.
Luego de la tarea de investigación, desde la OIM elaboraron propuestas para solucionar el problema. Con ese objetivo, lanzarán una línea de microcréditos para que vecinos de la Villa 31, donde se concentra la mayor cantidad de cartoneros porteños, desarrollen proyectos productivos. Según Koehs, “es preciso que los padres puedan tener oportunidades de mejorar sus ingresos y así mejoren la calidad de vida de sus hijos”.

Informe: Lucas Livchits.

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