Un viaje de regreso a la canción animal

La Nación
 
 Gustavo Cerati

Adelanto tema por tema de "Ahí vamos", su cuarto álbum solista, que llegará hoy a todas las disquerías

 
 "Ahí vamos", el álbum que aterrizará hoy en todas las disquerías del país, abre con "Al fin sucede", una canción que, extrañamente, parece haber empezado un rato antes, como si los músicos hubieran largado tras un imaginario "un, dos, tres", y alguien se hubiese olvidado de apretar el botoncito de rec a tiempo. Pero, es sabido, nada es casualidad en el universo Cerati y, así las cosas, su esperado nuevo álbum comienza con una especie de corte sucio y desprolijo, con un riff punzante, una batería pesada e incluso un grito primal que antecede a la voz del ex Soda Stereo en esta versión 2006.

Cruzado el umbral del álbum, entonces uno cae en la cuenta de que sí, que es cierto, que "Ahí vamos" empieza antes de su primer tema, más precisamente en la portada del disco: la silueta de Cerati blandiendo su instrumento, en blanco y negro, pero con un haz de luz (¿celestial?) que emana del centro mismo de la guitarra.

En el camino recorrido entre la tapa/tributo a la guitarra y "Jugo de luna", el tema que cierra el disco casi una hora después de su inicio, se encuentra una obra que recupera al Cerati más rockero (ese que los seguidores de Soda Stereo asocian indefectiblemente con "Canción animal" y "Dynamo", quizá los dos mejores trabajos del trío), con cierto instinto conceptual, apoyado en una banda de músicos impecables y en un trabajo obsesivo de producción admirable.

Uno entre mil

"Llevame a un lugar con parlantes que nos vuele la sonoridad por el aire", canta en el segundo tema, "La excepción", y la dupla Cerati-Coleman entrecruza guitarras distorsionadas como si se tratara de un par de adolescentes jugando a ser estrellas de rock. El ex Soda canta, hace los coros y su voz se repite en diferentes planos, de modo que crea su propio reverber. Para disfrutar con auriculares (ideal para los tan de moda reproductores de mp3, aunque también funciona en el viejo walkman, por supuesto).

En "Uno entre 1000", el asunto de la guitarra no se detiene y se suma una batería machacante a cargo del "Bolsa" González, un peso pesado del rock de acá, que trabajó con Pappo, David Lebón, La Renga, Los Piojos y Luis Salinas, entre muchísimos otros.

A esta altura, ¿qué decir de la producción de un disco así? Que sólo se explica a través de la religiosa y enfermiza búsqueda de la perfección infinita e inalcanzable de un sonido compacto, con la que músicos como Cerati o el Indio Solari, por dar otro ejemplo, le dedican al trabajo de producción de un álbum. "Uno entre 1000" dice la canción. Y sí, puede ser. O más, también.

Con "Caravana", parece que el álbum por fin bajara un cambio, pero no: sube dos. La canción se descubre como la mejor manera de justificar por qué Andy Summers y Stewart Copeland le ofrecieron a Cerati reemplazar a Sting y salir de gira como The Police. Fantasmas en la materia, pero ahora. Y ahí va Cerati. Ecos, efectos, muchas resonancias.

En "Adiós", la canción en la que comparte autoría con su hijo Benito, de doce años, una frase queda flotando: "Ponés canciones tristes para sentirte mejor". Una delicia de la lírica de este músico que acaba de editar su cuarto disco solista (para trazar paralelos caprichosos con los solistas del rock de acá, algo así como el Spinetta de "Kamikaze", el Charly García de "Piano Bar", el Páez de "¡Ey!" o el Calamaro de "Nadie sale vivo de aquí"), pero que está a punto de cumplir 25 años de carrera musical.

"Adiós" y "Me quedo aquí" buscan la canción sin distorsión y el cambio de músicos entre un tema y otro se hace una constante. Pasan, tocan, se van y vuelven: cuatro bateristas (González, Fernando Samalea, Pedro Moscuzza y Emmanuel Calvet), la guitarra de Coleman, el bajo de Fernando Nalé (el único que figura en todas las canciones) y los teclados, efectos, sintetizadores y programaciones a cargo de músicos como Tweety González, Capri o Flavio Etcheto, según la ocasión.

Lo sorprendente es que, de todas formas, el disco tiene un sonido de banda, de "grabación en vivo", permitido tanto por la tecnología utilizada como por el talento de los músicos en cuestión: una especie de seleccionado que recuerda a las formaciones que rodeaban a Charly García en los años 80 (GIT, Las Ligas, Los Enfermeros), con niños terribles de oído atento a la electrónica y experimentados con más de veinte años en este asunto llamado rock.

Para los fanáticos seguidores del ex Soda (que los hay, y muchos, casi tanto como los detractores a ultranza) es momento de un dato tonto, pero tan propio de Cerati que vale la pena: él dice que el tema siete, "Lago en el cielo", es su favorito. Algo así como la expresión artística a la que aspira en su forma más completa, o al menos eso es lo que piensa hoy en día.

Lado B

Con "Dios nos libre" vuelve la guitarra sucia, justo en la mitad del álbum, como si Cerati todavía pensara en lado A y lado B en el momento de concebir una obra. Las guitarras se superponen y el tema incluye un solo galáctico de sintetizador (made in Capri), sonido de campanitas y efectos varios que hacen que uno pueda comprender por qué este músico asegura haber vivido encerrado literalmente en su estudio durante los últimos seis meses. "Dios nos libre de rogar por más", canta.

En "Otra piel" vuelve a destacarse el protagonismo de los coros (prejuiciosamente olvidados en el ámbito del rock) y en "Médium" aparecen otra vez dos guitarras épicas, bien británicas, que reafirman el estado de psicodelia melancólica. El que compone y canta esta canción es el mismo aquel de cinco temas atrás, pero que ahora no pone, sino que hace canciones tristes para sentirse mejor: "Por encima del abismo, estoy condenado a errar, de amor en amor".

"Bomba de tiempo" confirma que Cerati sigue atento a lo que sucede musicalmente en su adorada Londres y alrededores. Riff cortantes que desembocan en un hipercandombe al palo (probablemente un punto alto de los futuros conciertos).

Casi en el final, llega "Crimen", la balada Lennon-Gallagher que se lanzó como primer corte del álbum. Cerati se luce apoyado en la soberbia interpretación de estos músicos que ahora tocan exclusivamente para acompañar su voz.

El disco cierra con "Jugo de luna", sosteniendo el protagonismo rítmico de la guitarra. Aparece, entonces, ese pop espacial que ha sido marca indeleble de este artista de 45 años, sometido a una forma de composición e interpretación que ha forjado su propia carrera. Así, confirma aquel pretencioso "Ahí vamos" que se insinúa en el título y cierra el círculo cantando como en un mantra: "Perderme en un zigzag frenético? Voy por más? Voy por más. Ahí vamos". Así es, el tipo siempre parece ir por más.

Sebastián Ramos

El disco

"Ahí vamos"
Gustavo Cerati

"Al fin sucede", "La excepción", "Uno entre 1000", "Caravana", "Adiós", "Me quedo aquí", "Lago en el cielo", "Dios nos libre", "Otra piel", "Médium", "Bomba de tiempo", "Crimen", "Jugo de luna".

Los amigos invisibles

  • Diseño: el arte de tapa del álbum estuvo a cargo de Ezequiel de San Pablo.
  • Músicos: acompañan a Cerati en esta nueva travesía Richard Coleman, Fernando Nalé, Leandro Fresco, Tweety González, Emmanuel Calvet, Fernando Samalea, Pedro Moscuzza, Bolsa González, Flavio Etcheto, Capri, Loló Gasparini y Paula Zotalis.
  • Producción: compartida por Cerati y Tweety González (que también trabajó como ingeniero de sonido a la par de Uriel Dorfman y Héctor Castillo).
  • Letras: todas a cargo de Cerati, excepto "Adiós" (junto a su hijo Benito) y "Uno entre 1000", "Caravana", "Dios nos libre" y "Jugo de luna", junto a Coleman.

Un comentario en “Un viaje de regreso a la canción animal

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