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POLÍTICA

Una marcha masiva y con diferencias

La Nación
 
Treinta años después: unas 100.000 personas recordaron el golpe en la Plaza de Mayo

 
Una pelea por la proclama del acto, con críticas al Gobierno, opacó la ceremonia; Madres y Abuelas se retiraron molestas
 
 
 El multitudinario acto que conmemoró el trigésimo aniversario del golpe de Estado en la Plaza de Mayo dejó al descubierto, tal vez como nunca antes, las profundas disidencias que separan a los organismos de derechos humanos, centradas en la adhesión o rechazo al gobierno del presidente Néstor Kirchner.

Al caer la noche, y de acuerdo con una estimación en la que coincidieron fuentes del Ministerio del Interior y los organizadores del acto, unas 100.000 personas escucharon un documento que combinaba el "homenaje a los 30.000 detenidos-desaparecidos" durante la dictadura con duras críticas al oficialismo.

Las serias diferencias políticas entre sectores opositores y afines al Gobierno provocaron repetidos abucheos por parte de sectores identificados como peronistas hacia los organizadores del acto, e incluyeron un incidente violento del que, por poco, escapó la titular de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.

Desde muy temprano quedó claro que habría una encarnizada competencia entre los organismos para ocupar el centro de la escena. Pasadas las 16.30, gruesas columnas de militantes del kirchnerista Peronismo 26 de Julio llegaron al pie del escenario y comenzaron a gritar sus consignas. "Y ya lo ve, y ya lo ve, es la gloriosa JP" cantaban jóvenes con el torso desnudo al compás de los bombos que manejaba con destreza una decena de adolescentes.

Los discursos eran contrapuestos. La vocera del grupo, Patricia Fernández, afirmó: "Nosotros, los peronistas revolucionarios, somos los que más desaparecidos tuvimos". Desde el escenario, una de las locutoras le contestó: "No importa la ideología, eran todos compañeros desaparecidos".

Después de media hora, y en perfecto orden, el grupo abandonó la plaza y dejó un hueco frente al escenario que ocuparon centenares de jóvenes (y no tanto) con carteles identificatorios de la Juventud Peronista. Un muchacho rubio con remera negra sostenía la inconfundible bandera de la organización Montoneros.

Fue entonces, y por espacio de veinte minutos, que se desató el primer encontronazo. Los organizadores les pidieron en repetidas ocasiones que se ubicaran en los costados de la plaza para permitir la llegada de la columna central en la que caminaban, desde el Congreso, representantes de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y Abuelas de Plaza de Mayo, el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, líderes políticos y sindicales.

Los peronistas compartieron con la multitud el canto "Madres de la Plaza, el pueblo las abraza", pero sólo dieron algunos pasos al costado cuando la presión de las columnas que llegaban se hacía insostenible.

Luego de la lectura de la carta abierta que el escritor desaparecido Rodolfo Walsh envió a la junta militar en 1977, y ya con Madres y Abuelas en el escenario, los organizadores comenzaron a leer un documento que se suponía consensuado entre las 388 organizaciones convocantes a la marcha, denominada "Encuentro 30 años, Memoria, Verdad y Justicia". En aquel momento, las columnas de los también kirchneristas Barrios de Pie y Patria Libre, ubicadas frente al Banco Nación, abandonaron la plaza.

El documento, de cinco extensas carillas, terminó por enrarecer un clima ya caldeado. El texto, entre otros cuestionamientos, acusa al Gobierno de "manipular" el reclamo por "la nulidad de los indultos", de "pagar una deuda externa ilegítima", de "reprimir" las protestas sociales y de tener "más presos políticos que" todos los presidentes anteriores.

El enojo entre Carlotto y las Madres era evidente: mientras jóvenes de la JP insultaban duramente a los locutores, pedían a los gritos "que hablen las Madres" y hasta arrojaron algunos palos hacia el escenario.

Enseguida, y con voz quebrada, Martha Vázquez, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, aclaró: "Ni nosotros ni las Abuelas ni el Serpaj hemos firmado el documento que se acaba de leer". Un rato después, Vázquez explicó a LA NACION que las organizaciones convocantes les acercaron el texto el día anterior, y que ella lo había rechazado porque no era lo que pensaban.

En un momento de confusión, Carlotto intentó hablar a la multitud, pero repentinamente el micrófono perdió el sonido.

"Vayan tranquilos, que ya han cumplido", imploró Vázquez. No tuvo suerte: un joven con remera roja y blanca, y con claros signos de ebriedad, subió al escenario e intentó golpear a quienes habían conducido el acto. En la corrida, Carlotto fue sacada del escenario junto con otros familiares de desaparecidos.

"Estoy muy molesta. Aprovecharon una fecha así para incluirnos en un documento que no nos representa", se lamentó ante LA NACION la titular de Abuelas.

La lluvia, que comenzó a caer pasadas las 20.15, apuró la desconcentración y facilitó que se calmaran los ánimos.

Por María Cecilia Tosi y Jaime Rosemberg
De la Redacción de LA NACION

Por David Encina

Periodista

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Trabajador. Asesoría en comunicación social, comercial y política para el desarrollo de campañas. Análisis de servicios al cliente y al público. Aportes para la gestión de redes sociales con planificación estratégica.

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