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Mavirock. 20 hs el 8/07/2006 en El Teatro Av. Rivadavia 7800 Ciudad de Bs. Aires. www.mavirock.com.ar
Ariel Rot. El ex Rodriguez pasó por Buenos Aires para presentar su nuevo disco solista " Ahora piden tu cabeza" , y se encontró con una sorpresa: un tema de Tequila, su primera banda española, de allá por los 80, es hit local gracias a Pettinato.-
Jovenes pordioseros se animó a su tercer disco : " Sangre "
Los Natas y " El hombre montaña"
Bersuit Vergarabat se presentará en España, el 21 en Sevilla, el 23 en Madrid , el 24 en Zaragoza, el 27 en Gijón, el 28 en Pamplona y el 30 en Mataro. La ronda española termina el 1 de julio en Pomaluengo-Castañeda.-
Pepsi Music . En la segunda edición del festivalque, entre el 22 de septiembre y el 1 de octubre… además de Iggy Pop tocarán Gustavo Ceratti, Los Autenticos Decadentes y Babasónicos, los mexicanos de Plastilina Mosh y los colombianos de Aterciopelados.-
Gustavo Cerati .30 de Junio estadio Pepsi Music .-
Los Gardelitos . 23 y 24 de Junio , estadio Pepsi Music.
El argentino se impuso en el Abierto de Saint Omer, válido por el Tour Europeo de golf. Firmño hoy una tarjeta de 67 golpes (-4) y terminó con diez bajo el para para el campeonato.
Al argentino César Monasterio ganó el Abierto de Saint Omer, prueba del circuito europeo. Con un total de 274 completó las cuatro vueltas con un golpe menos que el sudafricano Martin Maritz y el sueco Henrik Nystrom.
Monasterio, de 42 años, profesional desde 1990, tuvo una increíble remontada en la jornada de hoy: arrancó en la séptima posición y firmó hoy una de las mejores tarjetas del torneo, con sólo 67 golpes (-4), para alzarse con el título.
El director José Luis Massa, los actores Norma Aleandro y Julian Weich, que les pusieron voces a dos personajes, y Soledad, que cantó el tema del filme, hablan de su trabajo en la nueva aventura del indiecito.
Por Miguel Frías | mfrias@clarin.com | José Luis Massa, director de Patoruzito, lo admite: él tampoco creía que este indiecieto cándido y tenaz, creado por Dante Quinterno en 1945, pudiera dar batalla, en el dinámico y globalizado mundo de la animación, contra superhéroes trasnacionales. Pero, ¡canejo!, el pequeño tehuelche no sólo dio batalla sino que ganó, en clara desventaja presupuestaria, tecnológica y visual: 2.500.000 personas vieron su primera película. Gran parte de estos espectadores jamás había leído sus historietas ni sabía de Pamperito, Isidorito, Upita, La Chacha, el Capitán Cañones, Chupamiel, Chiquizuel: personajes que parecían relegados a la melancólica categoría buenos recuerdos infantiles | superhéroe
La victoria de Patoruzito, su regreso, tiene una clara base sentimental. «Los padres nostálgicos llevaron a sus hijos al cine y ayudaron a que se diera el fenómeno —admite Massa—. La película provocó encanto a nivel familiar. Y pegó en los menores de 11; de 12 para arriba, no le dan pelota.» El 29 se estrena Patoruzito 2: La gran aventura, producto que, ahora sí, llega como gran candidato al éxito. Y no sólo por la contundente convocatoria de su antecesora. La nueva película tiene mayor presupuesto (2 millones de dólares contra 1,2); tecnología más moderna (con logradas secuencias en 3D); las voces de Norma Aleandro y Julián Weich en dos personajes nuevos; y una canción de Soledad como tema principal.
Aleandro, Weich, Soledad y Massa rodean una cordillera de triples de miga en el estudio del realizador, en Palermo. Soledad acaba de grabar el videoclip de Pide un deseo, su tema en la película. Cada uno entrega su recuerdo —filtrado por un prisma generacional— de Patoruzito. Aleandro:: «Era importante en mi casa, la historieta que nos compraban los jueves a mí y a mi hermana». Weich: «Yo no la compraba; la leía en lo de un amigo que la coleccionaba. Todavía no había 24 horas de dibujitos en el cable». Soledad: Yo no leía la historieta. Soy de la época de Mazinger y He-Man. Y admito que recién vi la película cuando me dijeron que iba participar en la segunda parte». La cantante del poncho es, por juventud, la más lejana del personaje del poncho.
Después de hacer «Patoruzito», Massa dijo que la principal dificultad había sido conseguir actores que hicieran las voces. ¿Por qué?
Massa: Porque en la Argentina no hay una cultura del doblaje. ¿Cuántas películas de dibujos animados nacionales se estrenaron en la última década? Dos o tres… ¿Y cuántas películas en vivo se doblan? Muy pocas. Hay actores especializados en doblaje. Pero, entre los conocidos, pocos están acostumbrados a hacerlo. Esta es la primera vez que Norma dobla un dibujo animado. En los Estados Unidos una actriz como ella, de primera línea, seguro que ya lo hubiera hecho varias veces.
Weich: Acá estamos acostumbrados al «castellano neutro», de serie televisiva. En el cine, animado o no, nos suenan raras las voces con acento argentino.
En «Los increíbles» se dobló, para la versión local, a personajes norteamericanos con tonos argentinos y artistas conocidos, como Carolina Peleritti, Favio Posca, Juana Molina o Rada…
Massa: No me gustó escuchar el timbre de voz de los personajes de esa película. Tal vez porque primero la vi subtitulada y después doblada: me chocó. Los personajes deben tener vida propia; si las voces te distraen, algo falla. En Patoruzito 2, la Bruja Jiuma y el Fantasma Benito, los personajes de Norma y Julián, fueron construidos en base a una caracterización previa que ellos hicieron para los animadores. Así los personajes funcionan con fluidez. Así se trabaja en los Estados Unidos.
¿Fue más fácil o más difícil construir personajes que no existían en la historieta de Quinterno?
Aleandro: Es más fácil inventar un personaje que ponerle la voz a uno muy famoso. Todos los argentinos adultos tenemos en mente una voz para Patoruzito, otra para Isidorito, otra para Cañones. Al tener que crear de cero a Jiuma y Benito, Julián y yo tuvimos una gran libertad creativa.
Massa: Igual es un trabajo muy complejo. Aunque se trate de una actriz de enorme calibre, como Norma. A ella le costó mucho; y a nosotros, más: dirigir a una artista de su nivel, quitarle lo que lleva de ella misma, convertirla en un dibujo animado con vida propia….
Aleandro: La primera voz que probé me resultaba demasiado impostada. Volví a grabarla. Fue un proceso complejo pero divertido: hice, con una capa, una interpretación de Jiuma para los dibujantes. Ellos fueron eligiendo algunos de mis movimientos para darle vida. Jiuma es mala pero tiene mucha imaginación. Me gusta. No sé si Massa pensó en mí o no al incluir una bruja: no sé si sentirme halagada (risas).
Weich: Yo me lancé con el fantasma Benito sin red: no probé, no ensayé, no miré nada. Hice una voz y me dijeron que iba por ahí. Si me hubieran pedido otra cosa, habría tenido grandes problemas. La verdad es que no tengo un registro de 16 voces para probar.
Massa: Las características de Julián eran ideales para Benito: su perfil gracioso, dinámico, de buen tipo. En cuanto a Jiuma, no tenía que hacerla alguien malo sino importante. El villano manda para los chicos: pone su sello. No había un personaje mejor para desarrollar ni alguien mejor para hacerlo.
Quinterno no repite malvados ni los hace extremos. Y, además, su «héroe» es ingenuo e inocuo: no mata, no lastima. ¿Eso complicó el trabajo?
Massa: Mucho. Que el villano no pueda morir es complicado. También trabajar con un héroe tierno e ingenuo: te limita mucho. Pero, cuando me invadían estos cuestionamientos, pensaba: «Si Quinterno logró tanto éxito, no hay por qué apartarse de su huella».
Weich: Patoruzito es un héroe cuyo único «superpoder» es la voluntad. Me parece un buen mensaje: depende de su tenacidad, no de una cualidad mágica.
Aleandro: Es un héroe humano, inocente, que comete muchos errores. Sus debilidades lo acercan más a nosotros. Y también lo hacen más simpático.
Y tiene características nacionales y populares: al estilo tuyo, Soledad…
Soledad: Es cierto. Los chicos de hoy a lo mejor aprenden sobre nuestros indígenas en la escuela, pero no los tienen como héroes de ficción. Esta es una buena oportunidad. Me pregunto cómo no participé en la primera película. Es un proyecto muy apropiado para mí: porque hago folclore, porque siempre tuve mucha llegada a los chicos, aun sin proponérmelo.
¿Por qué tuvo tanto éxito Patoruzito en una generación acostumbrada a los efectos visuales espectaculares?
Massa: Ese era un problema, la costumbre de los chicos de mirar películas hechas con tecnología de última generación. Cuando ves Shrek estás frente a un standard distinto de animación. Pero hay formas de nivelar: cuando tenés, como acá, una linda familia de personajes, con personalidades definidas. La historia de Patoruzito funcionó por décadas: es un buen testeo, una garantía. Con tanto talento nacional, sería lamentable que acá los chicos no tuvieran un personaje propio.
En «Patoruzito 2» hay muchas banderas, desfiles militares e íconos de un nacionalismo que, tal vez, en la época de Quinterno no tenían un costado tan polémico como hoy…
Soledad: Lamentablemente, a mucha gente le quedó una imagen terrible de nuestros símbolos. Recuerdo que cuando empecé a cantar usaba la bandera argentina en mi bombacha y mucha gente no lo veía bien. Yo no podía entenderlo: era nuestra bandera, la de todos. Pero claro, yo nací en 1980… recién después entendí con qué la asociaban.
Massa: Me interesa que Quinterno incluyera en la historieta el amor a la tierra, al hogar. Al poner a Cañones no creo que haya querido hablar de los militares sino de la patria en un sentido amplio. Por algo eligió un indiecito para contar su historia. Se despegó de los militares, de la Iglesia; eligió un niño indio, una de las cosas más puras que existen.
Un niño indio algo especial, ya que a la vez es terrateniente…
Massa: Es cierto… Terrateniente en una época en que la Patagonia estaba casi despoblada. Todavía no estaba Benetton ni tantos otros: era solamente tierra en la que resultaba difícil vivir. El pintó su momento: hay que ubicarse 70 años atrás, cuando nació Patoruzú. Nosotros pusimos un desfile no sólo con militares; también con gauchos y gente común. Quise rescatar los desfiles de mi infancia, no la dictadura.–
LA GIRA PRESIDENCIAL : EL PRESIDENTE VIAJARA MAÑANA: TAMBIEN INTENTARA ACORDAR CON AEROLINEAS Y TRAER INVERSIONES DE REPSOL
Es el dinero que prestó ese país para el Blindaje de De la Rúa. Apunta a destrabar la discusión por los US$ 6.000 millones en default con los países del Club de París y lograr bajar las tasas para inversiones.
Néstor Kirchner viajará mañana a Madrid con un tema central en su agenda: negociar la deuda de 1.000 millones de dólares que la Argentina tiene con España como saldo del fracasado "Blindaje 2001". Es el camino para abrir la puerta a una discusión con los restantes países del Club de París y así abaratar la financiación para inversiones y comercio exterior.
El viaje que emprende el Presidente y una delegación que incluye al jefe de Gabinete Alberto Fernández, los ministros de Economía Felisa Miceli, de Planificación Julio De Vido, de Educación Daniel Filmus, la senadora Cristina Fernández de Kirchner, secretarios de Estado, legisladores y empresarios tiene una agenda esencialmente económica. La firma del acuerdo de "asociación estratégica entre los dos países, el anuncio de una millonaria inversión por parte de Repsol, el acuerdo para la ampliación del paquete accionario del Estado en Aerolíneas Argentinas, el canje de deuda por educación y numerosas entrevistas con empresarios son el eje de la gira. "Pero el punto culminante se dará en el encuentro con el jefe de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando hablen de esos 1.000 millones", reconoció una fuente oficial.
En diciembre de 2000, un eufórico Fernando de la Rúa anunció que había conseguido US$ 40.000 millones para armar lo que luego se llamaría el "Blindaje 2001". De ese dinero, 1.000 millones fueron aportados por España. En febrero de 2001 Madrid despachó los primeros 500 millones. Pero a fines de ese año, el FMI suspendió sus desembolsos al país, y España también cerró la canilla: habían llegado a desembolsar poco más de de 800 millones. El Blindaje se cayó, vino la devaluación y luego el default. Esa es la base de la deuda con España. En el entorno de Felisa Miceli dicen que hoy suma "US$ 1.000 millones". En la Cancillería señalan que el número es "900 millones".
Más allá de la cifra, está la negociación. "El principio del acuerdo ya está, será extender los plazos, con las mismas tasas de interés —agregaron en la Casa Rosada—. Pero la empatía que hay entre Rodríguez Zapatero y Kirchner hará que sean ellos los que terminen de cerrarlo cuando se encuentren a solas".
El acuerdo tiene doble implicancia. "Primero, que lo que haga Rodríguez Zapatero será abrir la puerta para discutir toda la deuda con el Club de París", dicen en el máximo nivel del Gobierno, refiriéndose a un total de pasivos en default de US$ 6.000 millones (ver página 4). El segundo, el impacto en las tasas de intereses relativas al comercio y las inversiones.
"Si Argentina cierra un convenio por esa deuda, se eliminan las sobretasas que se pagan para operaciones de comercio exterior", señalan en la Cámara de Comercio argentino-española. "Si hay acuerdo podremos acceder a las líneas de crédito país-país a tasas subsidiadas para maquinaria", señaló un industrial.
Kirchner llegará a Madrid el martes al mediodía. El miércoles se encuentra con el rey Juan Carlos. El jueves, con Rodríguez Zapatero. En medio, audiencias con empresarios. En esa agenda se destaca el encuentro con Antonio Brufau, titular de Repsol-YPF. El ejecutivo le anunciará al Presidente que adelantará las inversiones previstas para los años 2010/2015, lo que incrementará su plan actual de inversión, que suma US$ 7.000 millones. Y el encuentro con la conducción de Aerolíneas Argentinas, donde cerrarían el acuerdo por el cual el Estado se quede con un 5% de la empresa (ver pág. 4).
En medio, los países firmarán el Canje de Deuda por Educación, una iniciativa de Filmus que tiene el aval de la UNESCO. La frutilla que completará el postre del viaje presidencial, al menos en los planes oficiales es, sin embargo, la firma del acuerdo de "asociación estratégica", del que se está hablando desde principios de 2005 pero que aún se demora. "Este acuerdo va a redoblar la mejora" de las relaciones bilaterales, dijeron en el Gobierno español.
Largamente rehén de un conflicto entre la Legislatura y el Museo Sívori, el óleo Chacareros (1935) de Antonio Berni vuelve a ser exhibido en una muestra por primera vez en casi diez años. La última vez que esta pintura que completa el diálogo de Berni con el muralismo mexicano fue colgada para el público había sido en la recordada retrospectiva del rosarino en Bellas Artes en 1997.
Ahora, tras una votación, se decidió que el enorme óleo sobre arpillera forme parte de la muestra "Territorios de Diálogo" que se puede ver desde el viernes en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. El año pasado, en cambio, el museo Malba tuvo que resignarse a no mostrar la obra en la muestra homenaje a cien años del nacimiento de Berni. Entonces se adujo que Chacareros necesitaba restaurarse.
En tanto se decide la forma en que la obra volverá a la colección del Sívori, vale la pena aprovechar la coyuntura para sentir en ese cuadro toda la fuerza de estética berniana. La obra forma parte de un período que Berni completó con Manifestación (colección Costantini-Malba) y Desocupados (colección privada), tres cuadros murales que definen el arte político en la Argentina. Curada por Diana Wechsler, la muestra incluye obras de Spilimbergo, Kahlo y Diego Rivera.
CULTURA : EXCLUSIVO: HABLA EL RECONOCIDO ARTISTA LATINOAMERICANO
Estrella del arte, recuerda aquí que su primera obra se vendió en apenas 2 dólares. Una serie de pinturas y dibujos sobre el drama colombiano se verá en Bellas Artes.
Dos millones treinta y dos mil dólares. Bajó el martillo en mayo, en Nueva York, en Christie’s y Sotheby’s, y el martillo fue rotundo: el colombiano Fernando Botero es el artista latinoamericano vivo mejor cotizado de la historia. Hace tiempo, sin embargo, que las formas voluminosas, gordas, de Botero son, a trazo grueso, la marca del arte latinoamericano en el mundo, cual Gabo de las artes visuales.
Nacido en Medellín en 1932, Botero pasó la mayor parte de su vida fuera de Colombia: México, España, Estados Unidos, fueron su horizonte. Pintor costumbrista hasta la comodidad —él mismo se considera "amable"— su última producción se ha replegado sobre algo que evitó puntillosamente: el malestar contemporáneo. Pintó a sus gordos torturados y torturando en Abu Ghraib y ahora, el martes 27, llega a Buenos Aires la colección de óleos y dibujos que donó al Museo Nacional de Colombia. Ahí se mete con el drama colombiano: escenas de matanzas, narcotráfico y guerrilla. Duro.
Desde Milán, una de sus posibles residencias, Botero resume para Clarín su credo personal. "Trabajo los veranos en Italia, donde vivo dedicado más que todo a la escultura. Los inviernos los paso entre París y Nueva York donde también tengo estudios. Soy un trabajador incansable por el simple motivo de que nada me da más placer que mi trabajo. Para mí no hay ni domingos ni días de fiesta. Siempre trabajo. Por esto mi obra es muy extensa. Son 58 años de actividad diaria".
—Dejó Colombia hace 50 años, ¿qué impresiones lo marcaron para mantener esa identidad?
—Ser latinoamericano es algo que marca para siempre. No vemos nunca las cosas de la misma manera que las ve un europeo. En mi caso, solo vi obras de arte recién en el momento de llegar a España. En Medellín, mi ciudad natal, no había museos ni galerías. En cierta forma para ser artista en ese ambiente se necesitaba inventar la pintura.
—¿Cuál es su mejor y peor recuerdo de Colombia?
—El Medellín que yo conocí de adolescente era provincial, tranquilo, muy religioso. Nada tiene que ver con el de hoy de grandes torres, grandes avenidas y grandes problemas. Es quizás cierta nostalgia que ha hecho adoptar ese Medellín de antes como mi temática principal.
—¿Cuál fue el primer y último artista que lo conmovió?
—Los muralistas mexicanos eran muy importantes en su momento y reproducciones de sus obras, de muy pobre calidad llegaban a Medellín. Después, a los 16 años, descubrí a Gauguin y Picasso. Al llegar a Italia me conmovió el "Quattrocento Florentino" y Piero Della Francesca. Y, aún hoy, me siguen conmoviendo.
—Hoy es el artista latinoamericano mejor cotizado. Sin embargo, sus comienzos en Europa deben haber sido menos cómodos. ¿Que recuerdos conserva de aquella época y de la escena artística en particular?
—Tuve la fortuna de vivir siempre de mi trabajo artístico, pobremente en un principio aunque no voy a negar que después viví más cómodamente. Fue muy difícil para mí llegar a Nueva York en el momento de la dictadura del abstraccionismo. Ser figurativo era el equivalente a ser leproso o algo peor.
—¿Recuerda la primera vez que vendió una obra? ¿Cómo fue y a qué precio se vendió?
—Como era muy aficionado a las corridas desde muy joven, mis principios fueron como pintor de toros y toreros. Hacía pequeñas acuarelas y las llevaba al almacén de don Rafael Pérez quien vendía las boletas de las corridas. Un día me llamó y me dijo "vendí una". El precio era dos pesos, como dos dólares de los de hoy. Me fui corriendo a mi casa a mostrarles a mis hermanos que había vendido un cuadro y en el camino se me perdieron los dos pesos.
—¿Cuál es su relación personal con Gabriel García Márquez? ¿Cree que la escuela del realismo mágico impregna de algún modo su figuración?
—A García Márquez lo conozco desde hace más de cincuenta años pero ahora nos vemos muy de vez en cuando. Mi trabajo no es realismo mágico. En mis obras lo que sucede es improbable pero no imposible.
—Usted mismo ha dicho que su obra intenta ser amable, ¿Esto lo hace un artista decorativo?
—Cuando se mira la historia del arte panorámicamente es evidente que el arte se hizo casi siempre sobre temas más bien amables pues la idea era producir placer. Todas esas Venus de Tiziano, las Meninas de Velázquez, los paisajes impresionistas fueron creados para hacer soñar: uno quisera estar allí. Hoy el arte perdió su rumbo pues está más dedicado a producir shock y a fastidiar que a elevar al hombre.
—¿Diría que sus "gordos" son bellos? ¿Cómo dio con esa figuración tan característica?
—La belleza en el arte y en la vida son dos cosas distintas. Una bella mujer pintada como tal resulta banal. En cambio, una mujer horriblemente fea, como Battista Sforza, produjo el más bello retrato de la historia, obra de Piero della Francesca. El tema es que yo no pinto gordos. Yo exalto el volumen de lo que pinto… mujeres, animales, naturalezas muertas, buscando una mayor plasticidad, mayor sensualidad.
—Por su edad y por los lugares que transitó ha sido testigo de la transformación total del arte ¿Por qué se mantuvo al margen?
—La pintura es inagotable a pesar de lo que digan algunos. Los videos y las instalaciones son expresiones artísticas que no pueden reemplazar a la pintura.
—En ese sentido, usted ha señalado que el gran arte se hizo para dar placer y no angustia ¿Qué decir entonces de Goya, Munch o el mismo Picasso?
—Un artista sin comprometer su estilo, su visión del arte, puede expresar lo que quiera, algunas veces como un paréntesis en su obra. Picasso estaba en su período de declaración de amor a su joven amante, Dora Maar, y realizó "Guernica" como un paréntesis. Lo mismo podría decirse de Goya y los fusilamientos.
—Si bien no deja de ser sensato asumir que sus pinturas no cambiárán la situación social hay al menos una mirada. ¿Cuál es su posición sobre Colombia?
—La situación colombiana es muy difícil pero ha mejorado notablemente con el actual gobierno que goza de la aprobación del 70% de los colombianos. Esperemos que en este segundo período se logre la paz a través del diálogo.
Un estrella posmoderna Ana María Battistozzi
Nacido a comienzos de la década del 30, Fernando Botero nunca llegó a entablar un diálogo fluido con los artistas de su generación, más bien optó por conectarse con el arte del 400 italiano que conoció en los museos, palacios e iglesias de la Toscana, con los Rubens y Velásquez del Museo del Prado o los Ingres y el arte antiguo griego y egipcio en París. Mucho de esto asoma de manera más o menos anecdótica en la figuración voluptuosa de sus pinturas que abordan escenas costumbristas de su Colombia natal. En ella conviven sus exuberantes naturalezas con prelados, vírgenes, prostíbulos y familias endomingadas en una escala que evoca la pintura popular y religiosa latinoamericana. Quizá son estos rasgos tan marcados de su estilo los que hicieron de él un artista tan popular y aceptado como Frida Kahlo y Rivera por el mercado internacional. El artista estrella, sin los favores de la crítica especializada, pudo encaramarse en las cimas de la fama por su presencia mediática y su valor en el mercado. En este sentido Botero encarna como pocos la condición del artista posmoderno, aureolado por el glamour, la seducción de los millones, el lujo de sus residencias dispersas por el mundo y sus monumentales esculturas emplazadas en las principales ciudades del mundo.
Pero no todas son mieles en su historia personal. La sospecha de vínculos con el narcotráfico lo sobrevoló cuando en 1996 su hijo Fernando Botero Zea fue eyectado del Ministerio de Defensa de Colombia por manejar dineros de ese origen y además se supo que Pablo Escobar Gaviria poseía varias obras suyas en su colección. A esto se suma que en los últimos dos años Botero eligió abordar en su pintura dos temas de profundo dramatismo relacionados con la situación de la violencia en Colombia (2004) y las torturas en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, todo esto sin modificar, sino de manera superficial, su tradicional figuración ingenua, ni ajustar la forma al contenido a fin de reforzar la hondura de semejante drama. Cabe entonces preguntarse por la oportunidad ¿o el oportunismo? de este artista que sale al ruedo con estas tragedias tan contemporáneas.
El número uno del mundo derrotó en la final al checo Tomas Berdych por 6-0, 6-7(4) y 6-2 e igualó la marca del sueco Bjorn Borg, quien logró 41 victorias consecutivas sobre pasto entre 1976 y 1981.
El suizo Roger Federer derrotó hoy al checo Tomas Berdych por 6-0, 6-7(4) y 6-2 en la final del torneo de Halle y se quedó con su quinto título de la temporada. De yapa, alcanzó el récord del sueco Bjorn Borg, quien logró 41 victorias consecutivas sobre césped.
El de hoy fue el cuarto título consecutivo que el número uno del mundo consigue en Halle. La semana próxima, cuando comience Wimbledon, el suizo también buscará coronarse en el torneo londinense por cuarta vez al hilo.
La semana pasada, con su victoria en primera ronda de Roland Garros (torneo que terminó ganando), el español Rafael Nadal había superado la marca de victorias consecutivas sobre polvo de ladrillo que estaba en poder del argentino Guillermo Vilas.
La primera ocupación de Fabio Alberti, criado en San Isidro, fue la de playboy. Diego Capusotto, que creció en Villa Luro, quiso ser como futbolista. Hasta que sus vidas se cruzaron. Y nació el dúo que hace reír a todos.
Hartos de las charlas conjuntas, Fabio Alberti y Diego Capusotto piden someterse por separado a la entrevista. Y el primer turno le toca padre de Peperino Pómoro: amable pero parco, en todo momento Alberti parece sentirse forzado a explicar algo que para él no tiene ningún sentido explicar. Casi como declaración de principios, dice que nunca sintió ninguna vocación, ni siquiera ahora: «Me entretengo, me divierto, pero no tengo pasión por lo que hago y no necesito de esto para vivir pleno. Sí económicamente: es mi laburo. Y en todo lo que hago estoy rodeado de amigos: me embolaría mucho ser un actor de esos a los que llaman para sumarse a un elenco».
Quizá por esa falta de pasión, al terminar la secundaria se dedicó a vaguear. Venía de curasar en un colegio católico, San Juan el Precursor: «Todos hombres. Peter Malenchini (acusado después de abuso sexual contra sus alumnos)fue maestro mío: en las clases de dibujo hacía cosas tremendas con los chicos. Un depravado. Ahora veo que estaba tanteando a ver si te callabas la boca o decías algo. También había profesores coimeros: los chicos, todos de familias de guita, les robaban algún whisky importado o una lapicera Cross a los padres, se los dejaban en el baúl del auto a los profesores, y los tipos los aprobaban. Yo decidí no mandar a mis hijos al San Juan el Precursor».
Cuando llegó el momento de inscribirlos, tomó una lista de todos los colegios de Zona Norte (Alberti vivió la mayor parte de su vida en San Isidro y alrededores) y tachó todos los que empezaban con «San»: «Quedaron dos. Los anoté en uno de ésos». Una anécdota actual, que habla de un responsable padre de familia; hace 20 años y pico, lo que menos quería era esponsabilidad. Jura que no venía, como sus compañeros de escuela, de una familia rica -padre cirujano, madre ama de casa- aunque la herencia que le dejó un tío le permitió jugar a Isidoro Cañones por un tiempo. «No era una fortuna, pero me permitió bancarme un par de años sin hacer nada. Leía mucho, hacía fiestas, y siempre invitaba yo: estuvo bien derrochada, me sirvió para tener una vida licenciosa». Hasta que un amigo que le recomendaba lecturas empezó a dar clases de teatro: «Fui porque estaba al pedo y me quedaba cerca. Me gustó y me di cuenta de que quería un poco más». Entonces estudió con tres instituciones teatrales andantes: Ricardo Bartís, Pompeyo Audivert, Alejandro Urdapilleta. Oh sorpresa, resultó un alumno aplicado, que hasta rasqueteaba pisos y pintaba paredes del estudio de Bartís para poder pagarse las clases. «Bartolo en ese momento me bancaba. Tenía buena onda conmigo, tomábamos caña Legui juntos». Fines de los 80, principios de los 90: de la caña Legui teatral a la cerveza en la barra del Parakultural de la calle Chacabuco, un paso. Y ahí apareció Capusotto.
El sí que había tenido una vocación. O dos: «De chico, yo quería jugar al fútbol profesionalmente, era mi único interés. O quizá tocar en una banda. Lo que más me vinculaba afectivamente era el fútbol y el rock». Capusotto venía de una infancia en Villa Luro, con «amigotes del barrio, mucho terrenito y empedrado, mucho parar la pelota porque pasaba el 181, tirar cascotes a los cargueros y hacer guerras de piedras, esas cosas de desaforados». Así se forjó un habilidoso que todavía recuerda sus partidos en Stentor contra Social Parque («club de donde han salido grandes cracks»), y el equipo de su grado en el colegio Bercier: «Teníamos un equipazo, ganábamos siempre los campeonatos. Jugábamos contra sexto, séptimo, los de la mañana, y les ganábamos a todos».
Más conversador que su secuaz, sin reparos para desplegar su visión del mundo, el fútbol es el tema que más lo entusiasma. Pero los escolares son sus últimos recuerdos futbolísticos del lado de los ganadores: fanático de Racing se probó pero no quedó; después intentó en otros clubes, pero también se quedó con las ganas. «Estuve ahí de entrar en Boca; en el año 75 llegué a jugar en la Bombonera, durante el entretiempo de la tercera y también de la primera», se lamenta. Mientras, seguía a todos lados a Carolina («una poderosa banda de rock de Floresta») y lo único que hacía en el colegio era pelearse: «Era el 77, la época de los rockeros contra los chetos, una versión berreta de la pelea entre mods rockers en Inglaterra. Yo era rockero. E iba al colegio San José, donde había mucho cheto: mucho cuenta ganado, mocasines, medias. Y yo los odiaba».
-¿Eras peleador?
-No era de provocar, pero si me tenía que pelear, me peleaba. Tampoco lo hacía como deporte: nunca me dio mucho el físico. Es decir que, de haberse cruzado el Capusotto rocker con aquel Alberti de colegio católico de Zona Norte, quizá todo habría terminado a las trompadas. Por suerte, el cruce se dio unos 15 años más tarde, esa noche en la barra del Parakultural. Capusotto había cumplido con lo que llama «la famosa frase ritual educativa: si no estudiás, trabajá». Se había dado cuenta de que tampoco sería músico: «Yo tocaba la batería intuitivamente. Tomé clases con Horacio Gianello, de Arco Iris, y vi que era un instrumento para el que tenía facilidad, pero al que no amaba. Y, para tocar, uno tiene que amar su instrumento».
Vendió corpiños, hizo fotoduplicaciones en el negocio de su padre, y un día vio un aviso de clases de teatro en el suplemento «Sí» de Clarín: alentado por un amigo, fue al teatro Arlequines, llegó y se volvió a su casa: era la segunda clase y no se animó a entrar a un grupo que ya consideraba formado. El, que también menciona a Urdapilleta y a Audivert como referentes, le atribuye parte de su presente a un llamado telefónico de uno de los profesores, que le avisó que se había abierto otro curso. «La primera vez que pasé al frente me di compañeros, que el teatral era un espacio que había tenido siempre.
De chico yo hacía cosas vinculadas a hacer reír al otro, y recreaba escenas de la película Juan Moreira, de Leonardo Favio, que me partió la cabeza. Pero no era consciente de que quería ser actor. Sólo me daba cuenta de que era actor cuando hacía quilombo en el colegio y ponía cara de yo no fui».
Rápidamente se juntó con un compañero y armó una obrita en un tugurio de San Telmo: «Un espectáculo espantoso que jamás volvería a hacer. Pero yo respeto los momentos históricos». Tuvo un dúo, Los Queterrecontra, con el que hizo una sola función en el Parakultural; suficiente para conocer a otro actor que trabajaba ahí: Alfredo Casero, el celestino que le presentó a Fabio Alberti. «Nos conocimos de la mejor manera: acodados en la barra del Parakultural, en una fiesta. Estuvimos toda la noche riéndonos de lo que pasaba alrededor nuestro. Y de nosotros mismos: toda una carta de presentación».
Enseguida –junto con Casero, Mex Urtizberea y compañía- compartieron la cofradía televisiva que sacudió la modorra del medio con «De la cabeza» y «Cha cha cha». Ya se iba perfilando el futuro dúo: «Solíamos juntarnos en bares para preparar material. Dentro del programa, para el espectador empezó a ser un sello que hiciéramos cosas juntos. Y en el 94, año en que ‘Cha cha cha’ no salió al aire, nos juntamos para hacer una obra en el bar El Taller. Cuando se armó ‘Delicatessen’, nos convocaron a los dos». Ese no duró, pero en 1998 tendrían la revancha: «Todo x $2», el programa que les dio barra brava propia y presencia teatral, primero con «Una noche en Carlos Paz» y ahora con «¡Qué noche, Bariloche!». Dos obras con marcados elementos televisivos: personajes de la tele (Boluda total, Irma Jusid, Peperino Pómoro, El Hombre Bobo’) y hasta una pantalla que, entre sketch y sketch muestra videoclips y otros delirios.
«Nos sale un lenguaje televisivo –admite Capusotto-, que es el que más conocemos. Y eso se nota claramente en el espectáculo. Es casi como ver el programa, pero en otro espacio. Lo de la pantalla forma parte de nuestro lenguaje. Y es algo que ya han hecho los Monty Python en el 82. Nosotros no inventamos nada, no hacemos humor nuevo ni absurdo: primero lean a los dadaístas, o miren a los Hermanos Marx, y después hablamos».<BR
-Por lo que decís, no hay que descartar un regreso a la tele.
-No lo descarto. Con «Cha cha cha» y «Todo x $2» hemos logrado algo bastante intenso para un medio televisivo en el que uno estaba acostumbrado a ver otra cosa. Y pudimos hacer algo intenso porque no teníamos nada que perder. A partir de ahí hubo una vinculación afectiva con la gente, lo cual hace que uno repita una fórmula. El tema es si sos elegante para repetirla, o no. Hoy haríamos un programa mejor que el último, pero en definitiva repetiríamos una fórmula. Entonces tengo una contradicción: respetar el «mito» o repetir esa fórmula. Por ahora me siento más cómodo haciendo televisión en el teatro, aunque parezca antagónico. Hay que ser estratégico: no es lo mismo hacer algo que volver con algo que ya hiciste. Hay que tener cuidado.
Dos padres de familia
Diego Capusotto tiene 44 años y nació un 21 de septiembre; un día y tres años antes que Fabio Alberti. Los dos tienen un par de hijos, pero los de Alberti son varones (Ciro, de 7, y Teo, de 9) y las de Capusotto, mujeres (Eva, de 3, y Elisa, de 7). Alberti nunca los llevó al teatro: ¿Por qué les tengo que explicar a mis hijos que me trasvisto? Además, si en una parte de la obra digo ‘culo, culo, culo’, después los pibes van a estar comiendo y diciendo ‘culo, culo, culo’. ¿Cómo les hacés entender que una cosa es lo que digas en el teatro y otra en la mesa?». Capusotto sí las lleva: Les gusta. Lo que no entienden, lo entenderán más adelante».
Laura, la mujer de Alberti, colabora con su marido en el libreto de la obra y en los guiones del programa de radio («Day tripper», por la Rock & Pop, con Juan Di Natale), y es la guionista de «Glorias de mi ciudad» -un programa musical que se verá en julio por el canal Ciudad Abierta-, donde Fabio hará algunas apariciones. María Laura, la mujer de Capusotto, es carpintera, escenógrafa y ama de casa. «En casa -cuenta Diego-, a los roles que la sociedad califica de masculinos los cumple ella, y yo, me encargo de los femeninos: yo lavo los platos y ella cambia los cueritos». Como a Alberti, Capusotto la conoció a través de Alfredo Casero. Ella era amiga de una novia de Casero; él le ofreció presentarle un amigo, y María Laura le pidió que fuera de Racing: Capusotto era su hombre. No con su grado de fanatismo, a Alberti también le gusta el fútbol. Es de River, y de adolescente llegó a ir a «Polémica en el fútbol» para opinar sobre el tema, pero fracasó. «No me dieron bola: levantaba la mano, pero hablaban siempre los mismos. Estaban todos entongados. Me acuerdo de uno que estaba sentado adelante, con una cadenita de oro: después lo vi revendiendo entradas». Ni siquiera al hacer una denuncia tan candente, Alberti levanta la voz.
Se presentaron ante 50 mil personas en el estadio Vicente Calderón en un megaconcierto que reunió a más de 40 artistas, en el marco de las celebraciones por las cuatro décadas al aire de una radio española. También se presentaron Joaquín Sabina, Julieta Venegas y Rosario, entre otras figuras.
Alejandro Sanz, Shakira y Juanes, entre otras figuras, se juntaron en un megarrecital ante 50 mil personas realizado en el estadio Vicente Calderón de Madrid. Se dieron cita para celebrar las cuatro décadas al aire de la cadena radial española ‘Los 40 principales’.
El concierto reunió –no casualmente- a 40 artistas que se sucedieron en el escenario desde las 19 hasta las dos de la madrugada, cuando un show de fuegos artificiales puso punto final al espectáculo cuya producción demandó cerca de 3 millones de euros.
También fueron de la partida Joaquín Sabina, Miguel Bosé, Julieta Venegas, Ariel Rot, y las bandas Amaral, La Oreja de Van Gogh y Estopa. El cierre quedó a cargo de Sanz, que con su "Corazón partío" hizo delirar a la platea femenina presente en el Calderón.
El recital formó parte de las celebraciones por las cuatro décadas de la emisora que desde 1966 escucha los pedidos musicales de los oyentes y acompaña la propia historia de la música popular española, su implantación y desarrollo, así como al asentamiento del pop internacional en ese país.