El Archivo General de la Nación, entre el olvido y la desidia

La Nación
 
Valiosos documentos en peligro: grave deterioro

Faltan insumos, recursos y personal
 

  • Hay más de un millón y medio de fotos históricas sin catalogar
  • El subdirector Bevilacqua advirtió que entre diciembre y marzo últimos el organismo funcionó con apenas $3000

 
 
 
 

"Mire, esto es como estar sentado sobre una montaña de oro. Y para cubrirla nos dieron un paraguas."

La elocuente descripción del Archivo General de la Nación (AGN) por parte del subdirector a cargo de la dirección, Pedro Bevilacqua, da cuenta del grave riesgo en que se encuentra el mayor repositorio documental de la Argentina.

Mientras respira dificultosamente con la ayuda de un broncodilatador -justo en un organismo donde el polvo, el papel, los ácaros y las pulgas suelen hacer estragos, además, en las vías respiratorias-, Bevilacqua se aferra a una esperanza frente al riesgo de depredación y deterioro que sufre el AGN, situado en Alem 246. El ministro del Interior, Aníbal Fernández, de quien depende el organismo, dio luz verde a la licitación para digitalizar los fondos documentales hasta 1937, con una inversión de $ 20 millones.

Este es un primer paso, imprescindible para la posterior microfilmación, cuyo proceso evitaría en el futuro la manipulación de legajos y documentos históricos por parte de los investigadores. Y, además, desalentaría la depredación y el hurto, que ya ha llevado a más de un visitante a la comisaría con papeles valiosos ocultos entre sus ropas, los dos últimos años. Por haber sido el país parte de un virreinato que se extendió más allá de la actual geografía argentina, el AGN también alberga fondos documentales de la historia de Bolivia, Perú, Paraguay y Uruguay. Y hasta de Brasil, cuyos requerimientos de información histórica también satisface.

En la sede central del AGN hay, en muy precario estado de conservación, fondos documentales y bibliográficos que van desde la época del virreinato hasta la primera presidencia de Perón. En otros dos archivos anexos se clasifican en bultos sin inventariar, por ejemplo, todos los documentos de las empresas privatizadas durante el menemismo. Más de un millón y medio de fotografías históricas esperan turno para su catalogación y registro. Además, el Archivo tiene un millón de fotos, cuyas copias pueden solicitarse a un costo de dos pesos. Según el funcionario, unos 10 kilómetros lineales -la avenida Rivadavia empapelada de punta a punta- de documentación se encuentra sin clasificar y a la espera de su inventario y digitalización.

Lo primero que dice Bevilacqua -a raíz de la carta abierta que los empleados enviaron el sábado último a LA NACION, en la que exponían las condiciones deplorables de trabajo y la falta de escaleras para cumplir su labor- es que la dirección del organismo expuso antes que nadie "las necesidades que tenemos. Lo de las escaleras es verdad. Pero ya tenemos tres metálicas y nos faltan otras cuatro que llegarán en breve", subraya. Las de madera utilizadas hasta hoy tienen una antigüedad de cuatro décadas. Los empleados se niegan, desde la semana pasada, a usar esas viejas escaleras atadas, a la usanza telúrica, con cuerdas plásticas.

Burocracia y desidia

El pedido de este elemento, necesario para acceder a los legajos archivados en la parte superior de los anaqueles, fue hecho el año último. Lo mismo ocurrió con otros insumos que el Archivo usa para la restauración de documentos o, por ejemplo, para resolver la rotura de cañerías que obligó en 2005 a retirar de la consulta las colecciones del diario Crítica, de Noticias Gráficas y parte de la Biblioteca Celesia. El AGN no maneja presupuesto propio, según explicó el subdirector. "Nosotros hacemos el pedido de insumos y el ministerio se ocupa de licitarlos, comprarlos y enviarlos".

Bevilacqua admite que la burocracia es enorme y que cada pedido consume como mínimo seis u ocho meses. Los intentos de LA NACION de conocer los fondos de que dispone el AGN fueron vanos. Bevilacqua dijo desconocer la partida asignada en el presupuesto. Sólo suministró el dato de la caja chica: $ 3000, que tampoco se renuevan mensualmente. "Por ejemplo, entre diciembre de 2005 y marzo de este año estuvimos con esos $ 3000", dijo.

En el momento en que LA NACION recorría en compañía de Bevilacqua la sala del período colonial y la de consulta de legajos, un investigador le comentó a esta cronista: "Diga que los legajos se deshacen cuando uno los toca. Mire, mire estos papelitos". Al costado del preciado fondo documental que el hombre consultaba, se acumulaban pequeños trocitos de hojas amarillentas.

Tampoco resulta segura la forma de resguardo actual. La visita a la sala del período colonial permitió observar gruesos legajos de documentos valiosísimos sostenidos entre dos tapas de cartón y atados con "hilo chanchero", como dijo la historiadora Hilda Sabato en diálogo con LA NACION. "Esta desidia viene de lejos -dice Sabato-. Durante la gestión de Enrique Tandeter [fallecido] , cuando Nilda Garré era secretaria de Asuntos Políticos en el gobierno de Fernando de la Rúa, hubo un gesto importante de normalizar el Archivo. El cargo de director tiene que concursarse para asegurar una gestión eficiente y moderna. El actual modelo de gestión es antediluviano." Agregó que al AGN le falta, además, "una política de archivos, que el país tampoco tiene respecto de su memoria histórica".

La historiadora señaló que la conservación de los fondos documentales coloniales es un asunto grave. Otro de los problemas del organismo es la falta de personal. El organismo tiene 50 empleados para el cumplimiento de lo que se supone es la misión del AGN: inventariar, catalogar, digitalizar, microfilmar, archivar, restaurar y conservar los fondos documentales.

Consultado el ministro Fernández sobre la situación del AGN, a través de su vocero, dijo: "Se está trabajando en una solución integral edilicia y documental. A la brevedad la daremos a conocer públicamente".

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION

Hallaron restos de un mastodonte en profundidades del océano Atlántico

Los encontró un buque que realizaba pesca de arrastre

 
Pertenece a una especie que hasta ahora se creía que no había vivido tan al sur del continente
 
 
 
 
 

Entre los integrantes de la fauna de mamíferos gigantes que poblaron América del Sur hasta hace algo menos de 10.000 años estaban los mastodontes, unos animales emparentados y muy parecidos a los elefantes actuales.

Ahora, en un artículo aparecido en la revista científica alemana Neues Jahrbuch für Geologie und Paläontologie, los doctores Alberto Luis Cione y Eduardo Pedro Tonni, paleontólogos de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, junto con Alejandro Dondas, del Museo Municipal Lorenzo Scaglia de Mar del Plata, anuncian el inusual descubrimiento de una rama mandibular de un mastodonte perteneciente a una especie que se creía exclusiva del centro y el norte de América del Sur.

Lo más sorprendente es que este fósil fue hallado por un buque que realizaba pesca de profundidad con una red de arrastre en el océano Atlántico, a poco más de cien kilómetros de la costa bonaerense, dentro de la plataforma submarina argentina y a más de 45 metros de profundidad.

¿Cómo llegó el mastodonte a internarse en lo que hoy es un lecho oceánico? Cione y Tonni, dos estudiosos de los climas del pasado, explican que durante la época en que vivió ese mastodonte -conocida por los especialistas como Edad Lujanense- el nivel del mar llegó a ser unos 130 metros inferior al actual y los continentes ocupaban tierras que actualmente forman parte del lecho del Río de la Plata y del océano Atlántico.

"Este descenso -agregan los paleontólogos- se debió a un enfriamiento del planeta que alcanzó su máximo hace unos 18.000 años, la época más fría de la última glaciación."

Los restos de mastodontes hallados en América del Sur pertenecen a dos tipos diferentes, que los paleontólogos incluyen en los géneros Cuvieronius (dedicado al naturalista francés George Cuvier, el primero en describir un mastodonte) y Stegomastodon (mastodonte con defensas). Hasta ahora, el género Stegomastodon era conocido en la Argentina por una única especie: Stegomastodon platensis .

La otra especie, que se había descubierto en Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú y, posiblemente, Colombia, es Stegomastodon waringi , en homenaje a un investigador de apellido Waring, que descubrió restos de este mastodonte en Brasil. A esta última especie pertenece la rama mandibular hallada en el lecho oceánico.

Buena conservación

El fragmento de rama mandibular descripta por Cione, Tonni y Dondas, que mide 43 centímetros de largo, se encuentra en un buen estado de conservación. Este fragmento fósil incluye los dos molares que poseían estos animales en cada rama mandibular, el mayor de los cuales mide 20,5 centímetros de largo y 8,6 centímetros de ancho.

En los ejemplares juveniles, las muelas de los mastodontes presentan dos series longitudinales de cúspides cónicas con forma de pezón -mastodonte significa diente con forma de mama-. En los ejemplares adultos, algunas de las cúspides poseen una superficie de desgaste con forma de trébol. Es justamente la forma de estas superficies lo que permitió a los paleontólogos asignar el fósil a la especie Stegomastodon waringi .

En cuanto a la antigüedad, si bien no se pudo datar por el método del carbono 14 debido a que no contenía colágeno (la proteína que se extrae de los huesos fosilizados para su fechado), para Cione y Tonni tendría entre 8000 y 18.000 años. Esto se infiere a partir del hecho de que durante el máximo de la última glaciación (hace aproximadamente 18.000 años) el nivel del mar descendió más de 100 metros, mientras que el fósil fue recuperado a algo más de 45 metros de profundidad, lo cual indica un momento posterior al último máximo glacial y anterior al de la extinción de los grandes mamíferos del Pleistoceno, que ocurrió hace unos 8000 años.

Antes del hallazgo de la rama mandibular se habían descubierto molares de mastodontes en el área pampeana con características propias de la especie Stegomastodon waringi que, para Cione y Tonni, se asignaron incorrectamente a Stegomastodon platensis .

La dispersión de los mastodontes de la especie Stegomastodon waringi hacia el Sur podría haberse debido a cambios climáticos. Algo similar habría ocurrido con un armadillo gigante de Brasil, Holmesina paulacoutoi , que también se registra en el norte de la provincia de Buenos Aires y en el sur de Entre Ríos en tiempos correspondientes a un período interglacial, con condiciones climáticas similares a las actuales.

Por Ricardo Pasquali
Para LA NACION

Representante de Puerto Rico se corona Miss Universo

 

Por Bernie Woodall

LOS ANGELES (Reuters) – Miss Puerto Rico, Zuleyka Rivera Mendoza, la más joven de las cinco finalistas, fue coronada Miss Universo el domingo por la noche, y sólo cuarenta minutos después se desmayó durante una conferencia de prensa, aunque los organizadores confirmaron que estaba bien.

"Ella está bien, está bien," dijo un representante de la organización, Lark Anton, a Reuters. "Tuvo un mareo. Hace mucho calor aquí. Su vestido es ajustado y está bordado, lo que lo hace pesado. Se desmayó," explicó.

El 55to. concurso de Miss Universo se celebró en el Shrine Auditorium, cerca del centro de la ciudad de Los Angeles.

La canadiense nacida en Rusia Natalie Glebova entregó sus atributos a la nueva Miss Universo tras un año de reinado.

Mendoza asistió al Baile de Coronación tras reponerse de su desmayo, de acuerda a algunos invitados a la celebración, entre quienes figuraba el millonario Donald Trump, copropietario de Miss Universe Organization, que organiza el concurso.

La bella portorriqueña fue elegida Miss Universo 2006 entre cinco finalistas. Detrás suyo se ubicaron Miss Japón, Kurara Chibana, de 24 años, y Miss Suiza, Lauriane Gillieron, de 21.

El quinteto finalista lo completaron Miss Paraguay, Lourdes Arevalos, de 22, y Miss Estados Unidos, Tara Conner, de 20.

Durante la conferencia de prensa, Mendoza dijo que llevaría adelante el trabajo de la Miss Universe Organization, que consiste en asistir a enfermos de sida.

Puertasaurio: ¿el dinosaurio más grande del mundo?

La Nación
 
Sus restos fueron hallados cerca del lago Viedma, en Santa Cruz

Estiman que midió entre 35 y 40 metros
 
 
 
 

"Adentro del tórax de este dinosaurio cabía un elefante", asegura el doctor Fernando Novas, paleontólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, que ayer presentó en sociedad al Puertasaurus reuili , como una nueva especie que podría pelearle al Argentinosaurus huinculensis el título de dinosaurio más grande del mundo.

"El puertasaurio es al menos tan grande como el argentinosaurio. Es un rival", sugiere este investigador del Conicet que mide cuidadosamente sus palabras para no ir más allá de lo que las evidencias fósiles le permiten.

El minucioso estudio de cuatro vértebras (una del cuello, otra de la espalda y dos de la cola) desenterradas en 2001 cerca del lago Viedma, en la provincia de Santa Cruz, es lo que le ha permitido estimar que este dinosaurio herbívoro midió entre 35 y 40 metros de largo. El argentinosaurio medía aproximadamente 38 metros.

"Una de las cuatro vértebras, correspondiente al sector delantero de la espalda, nos da un dato concreto sobre el tamaño de la bestia -comenta Novas-. Mide 1,7 metros de ancho, mientras que la del argentinosaurio mide alrededor de 1,3 metros; una vértebra tan gigantesca no ha sido documentada en ningún otro dinosaurio."

Pero no todos sus colegas están de acuerdo con las conclusiones que extrae de esa comparación. Para el doctor Rodolfo Coria, también paleontólogo del Conicet, "las comparaciones de tamaño entre distintos ejemplares deben realizarse utilizando huesos análogos, y la vértebra de puertasaurio corresponde a una parte del argentinosaurio que es desconocida".

Es que el rival a destronar fue descripto a partir de un sacro, parte de un pubis, un íleon, una tibia y siete vértebras del lomo. Pero ninguna de éstas cercana al cuello, dice Coria, que en 1993 participó junto al paleontólogo José Bonaparte de la descripción del argentinosaurio.

"Esta vértebra es la primera de la espalda, ubicada inmediatamente detrás de las del cuello, mientras que las del argentinosaurio están tres o cuatro vértebras más atrás -admite Novas-. Y sabemos que hacia atrás las vértebras se van haciendo más angostas. Por eso no podemos decir que porque la vértebra del puertasaurio sea más ancha que la del argentinosaurio se trata de un animal más grande. Sí podemos decir que fue al menos tan grande."

Coria, por su parte, plantea una duda: "¿No podría ser que la vértebra del puertasaurio en realidad haya pertenecido a un argentinosaurio? Después de todo no sabemos cómo eran".

"Esa es una pregunta que nos formulamos al comienzo del estudio -cuenta Novas-. En primer lugar, hay una diferencia de tiempo enorme entre estos dos animales: el argentinosaurio vivió hace 90 millones de años y el puertasaurio hace 70 millones, y eso es mucho tiempo."

Además, continúa, "existen diferencias notables entre la morfología de los huesos, que nos permiten estar seguros de que se trata de otra especie".

Para Coria, "no hay dudas de que las vértebras corresponden a un dinosaurio de un enorme porte, pero es muy arriesgado describir una nueva especie con tan pocos huesos".

Un testigo del final

El puertasaurio presenta muchos aspectos interesantes, afirma Novas, que van más allá de si fue o no el más grande de todos los dinosaurios.

Cuenta que esta especie pertenece a una familia de dinosaurios herbívoros llamados titanosaurios -"las vacas del período cretácico", ironiza-, que se extinguieron hace 65 millones de años, cuando desaparecieron todos los dinosaurios. Lo curioso es que, podría decirse, el puertasaurio era demasiado joven para ser tan grande.

"Los grandes titanosaurios de la Patagonia, como el argentinosaurio, vivieron hasta hace 90 millones de años -explica Novas-. En períodos posteriores, sólo se habían hallado restos de dinosaurios pequeños, de alrededor de 6 metros de largo, como el saltasaurio."

Para Novas, las características del puertasaurio muestran que los titanosaurios gigantes extendieron su presencia en la Tierra hasta el fin de la era de los dinosaurios.

"Este descubrimiento nos dice que los saurópodos [familia que incluye a los titanosaurios] llegaron a fines del período Cretácico con una enorme diversidad y manteniendo un amplio rango de tamaño", concluye Novas.

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

Mañana sale Barcelona!!

Fabián Polosecki: su biografía inédita

Revista Sudestada

Por: Ignacio Portela, Hugo Montero

 
La aparición del programa de Fabián Polosecki a principios de los 90 representó algo más que una bocanada de aire fresco, fue la definitiva imposición de un estilo inédito en la televisión argentina. La clave fue detenerse en aquellas historias que ya nadie se preocupaba por escuchar. Esa nueva mirada que se instaló a partir del impacto de El otro lado y El visitante, se basaba en la búsqueda de historias que estaban allí, casi ocultas en las calles de Buenos Aires. El programa de Polo se encargó de correr las luces y enfocar la mirada hacia esas miles de historias escondidas en las sombras de la vida diaria y protagonizadas por ladrones, por vecinos, por trabajadores. Una verdad poética recorrió desde el principio su trabajo y generó una mística propia: lo extraordinario respira en lo cotidiano. Polosecki terminó sus días arrojándose bajo las vías de un tren el 3 de diciembre de 1996, dejando tras de sí una brumosa estela de dolor e interrogantes, pero también un legado artístico que resuena hasta nuestros días. A través del libro «Polo: el buscador», de próxima aparición, dos periodistas de Sudestada (Hugo Montero e Ignacio Portela) intentan aportar una mirada hacia la vida y la obra del periodista que agrietó las paredes de la televisión y que marcó a toda una generación de jóvenes periodistas. A continuación, un fragmento de la biografía en la que se describe cómo afectaban al propio Polo todos aquellos testimonios cargados de anhelos, traumas y frustraciones.

“Esas historias con las que me había encontrado y que habían sido como un rumor que me ayudaba a escribir; ahora eran un estruendo que me impedía escuchar mi propia voz. En los últimos meses, había oído demasiado y había visto cosas que hubiera preferido no ver”

Polo en off, durante el capítulo «Día de Cierre», El otro lado, 1993.

Cuando todo termina, cuando la lucecita roja de la cámara pierde su color y los micrófonos corbateros abandonan las solapas, cuando llegan los saludos de ocasión y vuelven los apuros del horario, y ya es hora de levantar campamento y seguir adelante, algo sigue encendido. Algo continúa su marcha, su interna procesión. No todo terminaba cuando el entrevistado se alejaba por una calle oscura, dejando atrás un puñado de heridas abiertas de frente a un tipo, un tipo cualquiera, que se interesaba por su historia, que indagaba, que buscaba casi con desesperación romper la cáscara de las cosas. Nada terminaba allí, en realidad, para Polo. Programa tras programa, toda aquella decisión casi obsesiva de rastrear lo más íntimo, lo más doloroso, lo más apasionado de una persona acababa por transformarse en un viaje del que, indefectiblemente, había que volver en algún momento. Y ese momento, supuestamente, era cuando la entrevista terminaba, cuando el trabajo terminaba.

Polo sabía que no era así, supo siempre que no era nada fácil quitarse de encima los recuerdos, las vivencias, las miserias de cualquiera de sus personajes. Y sabedor de los gajes del oficio, aceptaba las consecuencias de su viaje que, a decir verdad, era justamente aquel material que le daba a su programa una textura única en televisión. Gajes del oficio, pensaba Polo, mientras se largaba a caminar solo y perdido en el silencio, tratando de reconstruirse por fuera de aquella historia terrible que había buscado y había encontrado. Gajes del oficio, decía, como tratando de explicarse a sí mismo de qué se trataba todo aquello que lo dejaba marcado por horas, por días. No era fácil salirse de aquellas historias, no era fácil cerrar todo, saludar y listo, chau, olvidarse, como en cualquier trabajo en el que el reloj marca la hora de salida. Polo se quedaba atado a esas historias, y los hilos invisibles de aquellas ataduras se le iban acumulando, se iban enredando en una madeja cada vez más compleja.

“No entiendo, ¿por qué me cuentan estas cosas?”, le preguntaba Polo a su compañera Martina Miravelles, intentando buscar razones ante aquella confianza fugaz que permitía que cada uno de esos personajes se abriera ante aquel tipo de campera negra como si lo conociera de toda la vida. “¿Por qué me cuentan estas cosas?”, se preguntaba Polo, y sabía que no había respuestas, más allá de los argumentos que siempre intentaba improvisar para salir del paso ante alguna pregunta periodística, argumentos repletos de dudas y de nuevas preguntas. “El programa de los chorros o el de las putas fueron terribles. Me di cuenta que empezaba a escuchar. Una mina me dijo: ‘esto no se lo conté a nadie’, y me lo estaba diciendo a mí, sin conocerme. Me llevo un pedazo importante de esta gente, algo que es muy real y, al mismo tiempo, muy fuerte. Yo me siento muy involucrado. Después, no me puedo ir a dormir como si nada”, señalaba Polo en sus comienzos a la cabeza de El otro lado, antes que aquellas ataduras se convirtieran en la consecuencia cotidiana de cada entrevista. “Todos los que hacemos este programa vivimos algo fuerte que nos pega. Estoy aprendiendo muchas cosas. Una de ellas es estar preparado para escuchar cualquier cosa. Que hable con un ladrón no quiere decir que esté a favor del robo, ni que me solidarice con el tipo. Pero me interesa hablar con él, ver qué le pasa. Se puede hablar con cualquiera, sin juzgar. En definitiva, todos tenemos los mismos problemas, nadie es tan distinto. Me parece que es más importante lo que desconocemos del otro, que lo que sabemos de él. Todos guardamos secretos” (1), expresaba por entonces.

“Nadie es tan distinto”, afirmaba Polo. Y en esa sentencia reconocía una inevitable sensación de identificación con el otro, una suerte de viaje hacia el universo de ese otro que abría las puertas más oscuras de su existencia para relatar una anécdota que, para el protagonista, ya formaba parte de un pasado remoto y de muchos años de cargar con ese recuerdo, de ir asumiéndolo, de ir superándolo. Pero para el entrevistador, para un tipo como Polo, esos recuerdos eran ahora, eran presente, y eran uno atrás del otro, eran ese que tenía enfrente, sin tiempo para analizarlo fríamente (sin ganas también, incluso, porque hacerlo sería, de alguna manera, juzgarlo). Y cargar con decenas de historias por semana, historias terribles, dramáticas, divertidas, traumáticas, con ese presente inmediato de estar ahí, de escuchar y de meterse en el mundo del otro, era demasiado. Demasiado. Porque resulta que, en definitiva, uno no está tan alejado de la vida de un asesino, de una puta o de un carnicero: “Uno está inundado de eso mismo que la persona está contando. Por eso pega el relato, porque no creo que uno esté totalmente del otro lado de un linyera, un drogadicto o un ladrón” (2), reconocía Polo, ya en mayo de 1994.

Allí, en esa fusión invisible que tenía como protagonistas exclusivos a Polo y a sus criaturas, se encontraba con nitidez la esencia de sus programas. Pero también allí, en ese contacto casi inverosímil, en ese elemento tan poco usual en el mundo de los medios de comunicación, Polo se topaba diariamente con una pesada carga que debía soportar solo para seguir adelante. “No soy el mismo que empezó el ciclo. A mí me cambió la vida la gente que tuve oportunidad de entrevistar. Como la prostituta que me contó las cosas más fuertes que tuvo que hacer en su oficio. O como un chico que me explicó por qué robaba. Después de esas y otras notas, tuve que irme a caminar y tomarme una ginebra solo. Son cosas difíciles de digerir” (3), contaba.

En la vida cotidiana, esas ataduras mencionadas no se aparecían solamente en su mundo interior, a veces se hacían carne por fuera. “El tema de quedarse enganchado con la gente no tiene tanto que ver con su programa -reconoce Martina, quien convivió con Fabián durante los primeros meses del ciclo inaugural-. Nosotros nos íbamos de vacaciones, estábamos en las sierras y Polo se encontraba con un tipo de ahí y se ponía a hablar y a hablar; o en Brasil con el que nos alquilaba la casa. Se enganchaba con la gente del programa, pero para reportear a esa gente vos tenés que establecer algún vínculo. Y cierta gente, ciertos ambientes más densos, son peligrosos. Una vez vino a nuestra casa un taxista, que era el que llevaba a las prostitutas de una agencia y yo me rayé mucho. Era mi casa, ahí me asustó, pero por otro lado, era lógico. Es complicado, vos no podés decir ‘te entrevisto, te filmo, todo y después, te cierro la puerta en la cara’. Pero en ese momento eso me molestaba, hoy veo que es más complejo porque la gente no es descartable. Por ejemplo, conoció a unos basureros para un programa y, al tiempo, vinieron a casa a regalarle una campera de Manliba”…

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada n°36.

Cofundador de Pink Floyd Syd Barrett muere a los 60 años

 

LONDRES (Reuters) – Syd Barrett, miembro fundador del grupo de rock británico Pink Floyd, murió a los 60 años de edad, dijo el martes una fuente cercana a la banda.

"Supe de David (Gilmour) que (la muerte) fue confirmada por la familia," dijo la fuente que pidió no ser identificada. "Ocurrió el viernes," agregó.

El guitarrista David Gilmour se unió a Pink Floyd en 1968, tres años después de que se formó la banda y poco antes de que Barrett la abandonó.

Barrett, cantante, escritor de letras de las canciones y guitarrista, había vivido en solitario durante los últimos 30 años. Sufría de diabetes, aunque no estaba claro cuáles fueron las causas de su muerte.

Escritor de gran parte de la primera música de Pink Floyd, a Barrett se le había dado el crédito por ayudar a moldear su sonido progresista.

El comportamiento errático del guitarrista a finales de la década de 1960 fue vinculado entonces a su experiencia con drogas psicodélicas.

El tema de Pink Floyd de 1975 "Shine On You Crazy Diamond," del álbum "Wish You Were Here," se cree que es un tributo a Barrett.

Actriz Ana María Campoy muere en Argentina a los 80 años

 

BUENOS AIRES (Reuters) – La actriz Ana María Campoy, uno de los íconos del cine y del teatro argentino, murió el sábado tras sufrir una neumonía, dijo una fuente cercana a la familia.

Angel Mahler, socio del hijo de la actriz, confirmó el deceso a la agencia estatal de noticias Télam.

Campoy nació en Bogotá el 26 de julio de 1925 y se radicó en Argentina en 1949 junto a su marido, el también actor José Cibrián, quien murió en el 2002.

Intervino en 23 filmes realizados en España, Portugal, México y Argentina, según el sitio de internet de la argentina Fundación Konex, que la premió en varias ocasiones por su labor.

Se destacó en filmes como "Las Lobas," "Juan que reía," "Siete gritos en el mar" y "El extraño caso del hombre y la bestia."

También participó en exitosos ciclos de televisión y teatro.

"Era una mujer brillante, divertida, maravillosa (…) era una gran actriz y una gran persona. La recordamos con nuestro amor, nuestro respeto, va a encontrar toda la paz que necesita," dijo a Radio 10 su colega Zulma Faiad.

Argentores: denuncias por corrupción entre los autores de televisión y teatro

Clarín

EL LADO OSCURO DEL ESPECTACULO. La mutual que los nuclea recauda $ 42 millones al año. Afronta 7 juicios por corrupción. El Gobierno pidió su intervención. Y la Justicia le puso un auditor estable.

Por Gerardo Young / gyoung@clarin.com / Detrás de grandes nombres de la televisión y el teatro, detrás de las luminarias más deslumbrantes de la avenida Corrientes y del cine, se esconde un universo plagado de sospechas, con millones de pesos que se esfuman, caras conocidas y no tanto peleando por mucho más que los aplausos.

Argentores es la mutual encargada de recaudar las ganancias de autores y libretistas del mundo del espectáculo, y lleva años envuelta en un silencioso manto de sospecha. Supuestos balances adulterados, falta de pago a las viudas de los más célebres libretistas, denuncias por posibles coimas a funcionarios, emisión de cheques a autores truchos y complejos sistemas de fraude, forman parte del vocabulario al que se han acostumbrado, lejos de la escena pública, estos artistas. No por poco: hay en juego 42 millones de pesos al año.

El panorama es hoy caótico:

Un veedor judicial lleva siete meses inspeccionando la administración de Argentores.
Hay al menos siete causas judiciales investigando a sus directivos y empleados.
Los peritos contables de la Corte Suprema llevan dos años analizando sus balances.
El Gobierno acaba de volver a presionar para intervenirlo o al menos transparentarlo.
El prestigioso autor Ricardo Talesnik, creador de «La fiaca» y «Cien veces no debo» entre otros éxitos, asumió como presidente de Argentores hace tres meses y se encontró con una institución en un estado desolador: «Es un problema de fondo. El sistema de hoy permite el afano», se lamenta ante la consulta de Clarín. Talesnik ordenó la apertura de un sumario administrativo en el que, asegura, están bajo sospecha todos los empleados y directivos de la mutual (ver página 32).

El escándalo de Argentores no sólo afecta a los autores y libretistas, sino, indirectamente, a los millones de argentinos que son quienes aportan sus fondos cuando van al teatro, al cine, cuando prenden el televisor en sus casas o incluso cuando lo miran en una confitería. De todos los consumidores de cultura se alimenta Argentores.

Para darse una idea de la magnitud de los juicios y demandas que afectan a Argentores, alcanzan unos pocos datos: en la administración de la mutual hay 66 empleados, pero son 22 los abogados contratados, por los que se gasta un millón de pesos al año. Un millón de pesos sólo para defenderse de las denuncias que se investigan en la Justicia federal, en la Justicia civil, en la correccional, en la del fuero penal económico (ver Un millón…).

Todo empezó a estallar en mayo del 2004, cuando un grupo de socios denunció un supuesto fraude electoral en el nombramiento de la nueva conducción de Argentores —en ese momento con Alberto Migré al frente— y denunció irregularidades en los balances de la entidad. La puja electoral generó un caos interno y las denuncias no pararon hasta hoy. A la cabeza de los reclamos se pusieron las viudas de dos de los máximos referentes de las telenovelas argentinas. La de Abel Santa Cruz, creador de «Jacinta Pichimahuida», «Papá Corazón» o «Andrea Celeste», y la de Luis Gayo Paz, el de «Paloma» o «Aprender a Vivir».

Eve Ziegler, viuda de Santa Cruz, tiene 76 años y vive en Miramar, el lugar que eligió su marido para morir, hace ya once años. «Desde que se murió Abel, Argentores me debe los derechos por todas las novelas que se pasaron en el exterior y que tiene que cobrar Argentores. No me pagaron ni de México, ni de Italia, ni de España. Yo calculo que me deben unos diez millones de dólares. Pero claro, pagan sólo a los vivos. A los herederos, nada de nada», se queja Eve.

Otra viuda que está en una situación similar es María Cristina Gorrasi, la mujer de Gayo Paz, fallecido en 1997. También ella reclama millones, pero además se ha ocupado de reunir información sobre la comisión directiva de Argentores. Sus cuestionamientos apuntan directamente al secretario general de la mutual, Emilio Vieyra, autor y director, entre otros títulos, de «Comandos Azules», una comedia sobre un grupo parapolicial filmada en plena dictadura militar, en 1979 (ver página 32).

Vieyra está en el centro de cua tro de las siete denuncias que afectan a Argentores en la Justicia, pero no quiso responder a las imputaciones pese a los reiterados llamados que le hizo Clarín en las últimas dos semanas.

A las viudas se sumaron empleados y administrativos de Argentores, incluso uno de los miembros del directorio, Miguel Marchesini, quien sostuvo ante la Justicia que en Argentores se habían pagado coimas a un funcionario de la Inspección General de Justicia, un organismo público que estaba encargado de controlar los balances. Marchesini no era un directivo cualquiera: hasta fin del año pasado, estuvo a cargo de la junta fiscalizadora de la entidad.

A raíz de esa denuncia, la sede de Argentores, en una hermosa casona de Recoleta, fue allanada en el 2004 por el juez federal Claudio Bonadío, quien ordenó una pericia contable de todos los números de la entidad. Esa pericia está todavía en manos del cuerpo de peritos contables de la Corte Suprema, pero lleva dos años de retraso. Según la abogada Silvia Bertone, que asiste a otro de los empleados denunciantes, Daniel Di Conza, «los peritos contadores estarían todos comprados por Argentores».

Supuestas coimas, compra de peritos, falta de pagos de derechos. Según coinciden todos los denunciantes, y admiten incluso en Argentores, el problema es que la mutual recauda mucho más de lo que reparte entre los autores y le sobran no menos de dos o tres millones de pesos por año. Ese sobrante se convierte, claro, en una fuerte tentación.

El Instituto Nacional de Asociativismo (INAES) es el organismo oficial encargado de controlar a todas las mutuales del país. A fines de mayo pasado, el INAES comprobó que Argentores tenía 11,5 millones de pesos que no eran reclamados por nadie. ¿Por qué? Simplemente porque hay muchos autores que no cobran lo que merecen (como sería el caso de las viudas) y muchos otros que no cobran porque no saben que tienen ese derecho.

Los denunciantes aseguran que en Argentores se las ingenian para quedarse con los millones sobrantes. Uno de los métodos para ello sería el de los autores truchos. Es decir, prestanombres que cobran como si fueran grandes dramaturgos, aunque en realidad no han escrito nada. La auditoría interna de Argentores comprobó ya que entre 2002 y 2005 se liquidaron cientos de miles de pesos (aún no está claro el monto total) en favor de al menos seis autores truchos.

Clarín habló con uno de esos autores. Carlos Lío tiene 36 años, vive en Floresta y entre el 2002 y el 2005 cobró cheques por un total de 150 mil pesos, según se desprende del expediente que se tramita en el Juzgado de Instrucción 33. La casa de Carlos Lío es alquilada, no tiene revoques y el pequeño salón comedor cuenta con un viejo televisor que transmite imágenes ya fuera de tono.

— ¿Qué obras escribió? —le preguntó Clarín.

—Yo no escribí nada. Me daban los cheques, los cobraba y después tenía que entregar la plata.

—Pero los cheques salían a su nombre.

—Yo trabajaba para Argentores y cada seis meses me pedían cobrar un cheque que venía firmado por el tesorero. Después le tenía que dar la plata a Vieyra y a mí me daban 100 o 200 pesos. No tengo ni para caerme muerto.

El tesorero de Argentores, Donato Alvarez, y el secretario general, Vieyra, siguen siendo investigados en la Justicia pero también en el sumario interno de la mutual. A pesar de eso, todavía dominan la comisión directiva de Argentores, donde aún cuentan con la mayoría de los votos.

Otro de los mecanismos denunciados para «embolsar» los sobrantes son los supuestos proveedores falsos. Una de las denuncias comprobó la existencia de un supuesto proveedor de servicios de catering —»Claudio Biancardi»—, cuyas oficinas en Vicente López están vacías desde hace tres años.

Pero también existirían los «autores inflados». Según la viuda de Gayo Paz, hay muchos autores de obras pequeñas o escasas, que cobran como si fueran hiperproductivos. Y le apunta a uno: «Julio Maharbiz cobró 150 mil pesos y casi no tiene obra», denuncia María Cristina Gorrasi. Maharbiz, que durante el gobierno de Carlos Menem fue presidente del Instituto del Cine (INCAA), apela a la teoría de la persecución: «Desde que fui funcionario siempre me quieren acusar de corrupción. Yo tengo un montón de programas de cable en la señal Argentinísima. Por eso cobro. Yo soy socio de Argentores desde hace 40 años», se queja el creador del «Aaaaaaquí Cosquín».

Lo cierto es que los controles dentro de Argentores son muy laxos. El actor cómico Nito Artaza, uno de los que más dinero aportan a Argentores con sus obras, es claro en ese punto: «Entra mucha plata pero no se la justifica fehacientemente. Los socios, me incluyo, deberíamos controlar más». La realidad es que hoy alcanza con una declaración jurada para iniciar un trámite de autor y depende de la voluntad de Argentores confirmar o no su veracidad. Eso y las múltiples denuncias llevaron al INAES a pedirle a la Justicia la intervención de Argentores. La medida se concretó en diciembre pasado, en un sorprendente silencio teniendo en cuenta que en Argentores hay muchas personas reconocidas.

Desde diciembre, un auditor contable puesto por la Justicia trabaja codo a codo con los administrativos de la entidad. Pero el INAES no está conforme y el 28 de mayo pasado volvió a cuestionar a Argentores y a su sobrante de fondos, insistiendo con la necesidad de mantener un veedor judicial en la mutual.

Según un informe del INAES, Argentores debe contactar a los autores que son dueños de esos derechos y no esperar a que aparezcan como por arte de magia. Entre los que no saben que tienen plata para cobrar se cree que hay cientos de dueños de programas de televisión por cable, que ni siquiera están enterados de la existencia de Argentores. Y algunos famosos: Mauro Viale, Mariano Grondona, Mirtha Legrand —por sus almuerzos en la tele abierta— y otros a los que las viudas de Gayo Paz y Santa Cruz están contactando para que no quede plata sin dueño, una tentación quizás demasiado grande.

La despedida del Mundial: el partido ante Alemania

La Nación
 
 

Una tarde de lágrimas y cabezas bajas

 

La derrota de la selección sembró de desazón a la ciudad, en la que miles de porteños sólo estaban preparados para festejar

 
 

 

"¿Y ahora quién querés que gane, mi amor?", preguntó la mujer en un bar porteño pocos minutos después de terminado el partido, mientras al Cuchu Cambiasso en Berlín no había quién pudiera consolarlo…

"¿Vos me estás cargando? -le replicó su marido-. Qué sé yo, ahora no puedo pensar en nada", agregó con un tono de enfado, un tanto por la inesperada despedida de la selección argentina del Mundial y otro poco por la pregunta inoportuna de su compañera.

Porque aunque fuera posible, nadie pensaba en el regreso a casa. Cada partido del Mundial, o mejor dicho cada encuentro que protagonizaba el equipo de José Pekerman, regía la agenda del día de una buena parte de la población. Como ayer, que minutos después de las 12 del mediodía, un señor que retiró antes a su hija del jardín corría desesperadamente por la calle (aunque para la pequeña era imposible seguirle el paso) con tal de no perderse ni un segundo más del duelo entre las dos potencias mundialistas. "¡Vamos Melu, vamos que ya empezó el partido!", la acuciaba su padre.

O como en la esquina de Cabildo y Juramento, donde el canto de unas cuantas colegialas (que habían decidido faltar al colegio y reunirse en un bar para ver el partido) se escuchaba con fuerza. "¡Hay que saltar, hay que saltar, el que no salta… es alemán!"

Sensaciones encontradas

¿Y qué ocurrirá a partir de hoy? "Ahora hay que volver a empezar", respondió un vecino de Núñez. "Tengo una mezcla de bronca, tristeza y ganas de llorar. Es un bajón perder así. Ayer me gasté todo y compré el plasma, estaba seguro de que pasábamos a la semifinal. Me quiero morir, tendría que haberlo visto en el otro televisor, aunque sea por cábala", se lamentaba Sebastián Izquierdo.

Así de fácil, en tan sólo 120 minutos, la ansiedad, la euforia y las expectativas que iban incrementándose con el correr de los días (para la Argentina fueron 22) desaparecieron de repente. La ilusión quedó en el camino, y la polémica -como no puede ser de otra manera en el escenario futbolero-, se abrirá en torno del análisis táctico que el director técnico argentino decidió imponer frente a Alemania.

Que tendría que haber entrado Messi, que la lesión de Abbondanzieri complicó mucho las cosas o que los cambios que realizó José no fueron los más acertados, entre una interminable lista de reclamos, fueron algunos de los comentarios más escuchados en otro bar cerca del Obelisco, donde ayer un grupo de personas -la mayoría jóvenes-, se reunió para "festejar".

"Claro que estoy triste, pero igual hay que festejar. Llegamos hasta acá y perder con México hubiera sido peor. Hay que reconocer que la Argentina jugó bien", se consolaba Alejandro Aparicio mientras le compraba a su hijo un póster de la selección por dos pesos.

"Los penales son como la lotería, le jugás al 60 y seguro salen el 59 y el 61. Es así… cuestión de suerte nomás -opinó Charly Romero junto a su puestito callejero, donde una gran cantidad de camisetas, gorros, vinchas, trompetas y banderas de todos los tamaños quedaban apiladas sobre la mesa-. Si llegábamos a ganar, de todo esto no quedaba nada, hasta los hilos hubiera vendido. Qué sé yo, lo guardaré para lo próxima."

Finalmente, y después de intercambiar opiniones con otros hinchas, el señor del bar le contestó a su mujer. "No quiero que ganen ni Alemania ni Brasil, eso seguro. Pero este Mundial ya fue, ahora habrá que esperar otros cuatro años más", se lamentó mientras salía del bar con la bandera sobre los hombros.

Lentamente, la ciudad volvió a tomar su ritmo, la gente reanudó sus tareas y entre las caras largas, aunque sea por momentos, aparecieron algunas sonrisas. "El fútbol es el fútbol, y los argentinos somos muy apasionados. Después de unos días, la bronca se te pasa, pero bueno, ya hay que empezar a trabajar para ir a Sudáfrica", concluyó Pablo entre risas.

Por Soledad Vallejos
De la Redacción de LA NACION

Menos atención

  • En el hospital de Vicente López, familiares de los internados y el personal médico palpitaron los partidos de la Argentina por tevé. Ya en las contiendas con Holanda y México, la asistencia cayó sensiblemente en la guardia; ayer, en la terapia intensiva, una enfermera debió cerrarle la puerta a un familiar porque entraba y salía para ver la disputa, y el horario de visita se extendió hasta el final del primer tiempo.