Hubo 30 heridos en una disco de Corrientes

La Nación
 
Al caerse un entrepiso

 
CORRIENTES.- El fantasma de Cromagnon sobrevoló una discoteca del interior provincial en la madrugada de ayer cuando un entrepiso de la zona VIP se derrumbó parcialmente y causó heridas de distinta consideración a más de 30 personas.

El desmoronamiento se produjo en la madrugada del Día de la Madre en la disco Serena Dance Club, de la ciudad de Ituzaingó, distante 230 kilómetros al este de esta capital, hasta donde llegaron peritos policiales encargados de determinar si el accidente tiene relación con la gran cantidad de jóvenes que se hallaban en el local.

Fuentes policiales señalaron que al momento del derrumbe en el boliche había más de 1000 personas, pero que solamente treinta habían sufrido heridas, ya que el accidente ocurrió en el sector VIP de la disco.

Se trata de un entrepiso construido con madera, de cuya estructura cedió una superficie de aproximadamente 12 metros cuadrados. En ese momento se produjo un corte de energía que hizo temer lo peor, pero el susto disminuyó al encenderse las luces de emergencia y gracias a la tenue iluminación generada por los teléfonos celulares de los presentes, quienes de esa forma llegaron hasta las salidas de emergencia.

Se calcula que sobre la superficie siniestrada había unas 15 personas, que cayeron sobre otras tantas en pleno baile, lo que derivó en heridas y contusiones de diversos grados. Los dos jóvenes más lastimados fueron identificados como Gastón Castillo y Martín Villordo, derivados al Hospital Escuela de esta capital con traumatismos varios.

Villordo sufrió un fuerte golpe en la cabeza y esperaba los resultados de una tomografía computada, mientras que Castillo padeció un traumatismo de zona lumbar, que fue tratado por los traumatólogos de turno.

Ambos jóvenes estuvieron en observación un par de horas y fueron dados de alta, mientras que los demás lesionados fueron atendidos como pacientes ambulatorios en centros asistenciales de Ituzaingó.

De acuerdo con el relato de algunos habitués de la disco, el accidente habría ocurrido por la cantidad excesiva de personas en el lugar.

José Luis Zampa

 
 
 
Asesinan a un policía en un asalto a un videoclub
Recibió dos tiros; los ladrones, prófugos
 
 
Detienen a una joven por el homicidio de sus padres
La chica, de 17 años, sería amiga del autor del doble crimen

 
EN CORDOBA
Una mujer de 34 años fue violada y atada a un árbol

  • (Télam).- Una mujer de 34 años denunció ayer que había sido violada por un hombre que la había amenazado con un cuchillo y, luego, la había dejado atada a un árbol en un barrio de Córdoba, informaron fuentes policiales. Según el relato de la víctima, el ataque se produjo durante la madrugada del domingo, cuando caminaba por la avenida 24 de Septiembre rumbo al centro de la ciudad. Al cruzar el puente del mismo nombre, un hombre la amenazó con un arma blanca y la llevó hacia una vieja estación del ferrocarril. Allí, la obligó a practicarle sexo oral y, luego, la violó. Tras el ataque, el agresor dejó a la víctima atada a un árbol.

EN UN POOL DE LA PLATA
Una joven dijo que fue golpeada por un patovica

  • (Télam).- Una joven denunció ante la policía haber sido brutalmente golpeada por un patovica de una discoteca platense. La policía identificó a la denunciante como Gissella Paola Bustos, estudiante de 24 años. Según señaló la policía, el hecho habría ocurrido en los primeros minutos de anteayer en un bar-pool del barrio Altos de San Lorenzo. El hecho es investigado por la comisaría 9a. de La Plata, donde se instruyeron actuaciones por lesiones, caso que quedó a disposición de los fiscales María Laura De Gregorio y Sergio Delucis y el juez de Garantías Guillermo Federico Atencio.

Siguen desapareciendo personas

 
 
 
 
“Matías Makriyanns, de 21 años, viajó en diciembre a Grecia para estudiar en la Universidad de la capital. Pero desde hace un mes, sus familiares y allegados no saben nada de él.”
 
 
 
 
 
 
“LA RED SOLIDARIA CONVOCARÁ A DOCENTES, EDUCADORES, ESCUELAS, COLEGIOS Y UNIVERSIDADES, PARA QUE DIFUNDAN LA IMAGEN DE LA MAESTRA DESAPARECIDA EN TUCUMÁN”

Preocupados por la falta de pistas concretas y porque la causa no parece tener avances importantes, los voluntarios de la Red llamarán mañana a toda la comunidad, y especialmente a las comunidades educativas, a sumarse y a colaborar en la búsqueda de Beatriz Argañaráz.

Desde marzo del 2005, desde que la organización publicó una página web especial para personas pedidas, se recibe una denuncia cada seis días.

En el transcurso de un año y medio, fueron encontradas cuarenta y cinco (45) personas que eran buscadas, aunque desgraciadamente once (11) de ellas, aparecieron sin vida.

En este momento se registran cincuenta y tres (53) casos de argentinos cuyo paradero se desconoce.

Desde la Casa de la Provincia de Tucumán en Buenos Aires, realizará un llamado especial a docentes y directivos de comunidades educativas, escuelas, colegios y universidades de todo el país, para sumarse a la búsqueda de la maestra tucumana.

La vieron por última vez el lunes 31 de julio cerca de las 7 de la mañana, cuando subía a un auto blanco Fiat, con vidrios polarizados.

Iba a la escuela Padre Roque Correa de la ciudad de San Miguel de Tucumán en la que enseñaba, pero nunca llegó.

Betty había llegado hasta allí en un colectivo de la línea 103 que tomaba todos los días en El Manantial, la localidad del Gran San Miguel de Tucumán donde vivía.

Habitualmente no se bajaba en ese lugar. Sólo lo hacía cuando calculaba que llegaría tarde a la escuela. Entonces descendía y tomaba un remís o taxi para llegar más rápido.

En la escuela Padre Roque Correa debía estar bien temprano, a las 7, porque ese día era la encargada de recibir a los alumnos. Además, iba a asumir como directora.

Interviene la Fiscalía de Instrucción VIII, a cargo de Adriana Giannoni.

Red Solidaria (011) 4796-3923

http://www.personasperdidas.org.ar

Policiales

Sentencia: la Justicia consideró "irrecuperable" al principal imputado

 

Máxima pena para el asesino de Marela

 

Héctor Sánchez también fue hallado culpable de haber violado y matado a Mónica Vega; un caso que conmovió a Avellaneda

 
LA PLATA.- La justicia bonaerense condenó ayer a reclusión perpetua más la accesoria por tiempo indeterminado a Héctor "el Nene" Sánchez, por la violación y asesinato de la pequeña Yésica Mariela Martínez, a quien todos sus conocidos llamaban "Marela", de 9 años, y a Mónica Vega, de 13, crímenes ocurridos hace casi tres años en la ciudad de Avellaneda.
 
 
En Corrientes

 

A fin de mes comienza el juicio por el rapto de Cristian Schaerer

Habrá 100 testigos y cuatro acusados
 
La víctima aún no apareció, pero la Justicia ya fijó la fecha para el inició del debate. El 31 de este mes comenzará el juicio por el secuestro de Cristian Schaerer, el joven correntino capturado el 21 de septiembre de 2003 y por cuya liberación su familia pagó 270.000 dólares como rescate. Por el Tribunal Oral Federal de Corrientes desfilarán 100 testigos.

Si bien hay 19 detenidos en la causa, en el banquillo de los acusados habrá cuatro personas: Néstor Barczuck, Miguel Angel Barbieri, Pamela Ramos y Judith Alvarenga.

Si no se fijaba la fecha del juicio, Barczuck, Barbieri, Ramos y Alvarenga, según fuentes judiciales, podían solicitar su excarcelación, ya que la Constitución nacional adhirió en la última reforma al Pacto de San José de Costa Rica, que ordena la liberación de presos sin sentencia después de tres años continuos de encarcelamiento.

Para la Justicia, Barczuck, Ramos y Alvarenga se habrían encargado en distintos momentos de cuidar a Schaerer. En cambio, Barbieri es sospechoso de ser el cerebro local del dispositivo que interceptó a Cristian en la vereda de su casa, en el barrio Las Tejas, en la capital correntina.

El fiscal federal de Corrientes, Oscar Resoagli, que estuvo a cargo de la instrucción, firmó el auto de elevación a juicio en marzo pasado. Pero recién ahora el Tribunal Oral Federal local dispuso la fecha del debate.

La primera testigo del debate será la madre de Cristian, Pompeya Gómez, que en 2003 viajó a Ciudad del Este para pagar los 270.000 dólares exigidos por la banda que capturó a su hijo.

 
 
 

El calvario que viven las mujeres después de una violación

La Nación
 
 
 
Los dolorosos casos de tres víctimas

 
Sufren ataques de pánico e insomnio, viven medicadas y temen salir a la calle
 
 
 

Una víctima es la mujer del sodero de Padua que olvidó cerrar una reja. Otra, la hija de una familia de clase media de Villa del Parque que tomó un subte para encontrarse con su madre. La tercera, una manzanera de Tristán Suárez que viajó en tren a Constitución para comprar el cotillón para el cumpleaños de su hijo.

No se conocen, pero desde aquel día comparten una misma pesadilla. Luchan contra sombras. Contra ruidos. Contra olores que cuando las encuentran distraídas las asaltan por la espalda.

Varias veces al día los recuerdos las golpean con violencia, las despojan de la identidad que intentan reconstruir y las convierten en mujeres que no se reconocen a sí mismas. Que no pueden comer, ni vestirse, ni salir a la calle solas. Que luchan hora tras hora, desde el día en que fueron violadas, para seguir con sus vidas.

La hija de Mabel vive desde hace 17 días en ese infierno, cuando dos hombres la arrancaron del subte en la estación Callao de la línea B. Laura Gómez lleva un mes desde que un sujeto la bajó a punta de puñal del tren en Constitución y la violó en la calle paralela a la estación. Para Lina Castro ya van cuatro años de calvario. Sólo el martes pasado se animó a ir sola a la panadería cuando ya había oscurecido. Era el día después de que el violador serial José Antonio Vergara -más conocido como Satanás- fue condenado a 37 años y medio de prisión.

Los psicólogos definen ese infierno de pesadillas e insomnio como síndrome de trauma de violación, una reacción aguda ante una situación que desbordó las posibilidades normales de reacción.

"Aunque la persona haga lo imposible por alejar el suceso de su mente, este aparece como flashback , como sueños o pensamientos. En todo ese tiempo, su personalidad queda totalmente aplastada y le cuesta mucho volver a una rutina", explica el médico Federico Aberastury, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

El síndrome de trauma de violación tiene una primera fase, en la cual son evidentes los síntomas físicos, el pánico y la desorganización de distintas facetas del funcionamiento cotidiano, explica Silvia Chejter en "Mujeres víctimas de violencia sexual", una publicación del Centro de Encuentros Cultura y Mujer. "El impacto de la violación puede ser tan fuerte que provoque estados de confusión y de shock", señala el documento.

Los relatos de las mujeres abusadas que accedieron a contar a LA NACION cómo viven desde entonces lo confirman. Laura no puede dormir y oye voces. Lina lucha cada día contra la depresión. Evitar que la desborden situaciones como una cocina desordenada o las camas sin hacer es un verdadero triunfo para su marido.

Es frecuente que las víctimas tengan trastornos de comportamiento y también signos somáticos y psicológicos. Algunas de ellas pueden exteriorizar aquello que están viviendo, con llanto, risas, insomnio, ataques de pánico. Pero otras desarrollan una reacción controlada o contenida, con sentimientos de miedo, ira y angustia ocultos, que, en general, se traducen en depresión y abulia.

Aberastury explica que ésa es la manera en que reacciona la psiquis de una persona, tras un hecho inesperado, sorpresivo y en el cual la persona quedó imposibilitada de toda respuesta.

La segunda etapa comienza dos o tres semanas después del ataque y puede llevar años, señala Chejter. La víctima comienza a reorganizar paulatinamente su vida. Y volver a hacer lo que antes se hacía resulta traumático. Desde cocinar, ir a trabajar o reanudar la vida sexual. "Pueden aparecer trastornos o malestares sexuales, sobre todo si la pareja presiona", apunta Chejter.

"Es importante que el entorno sea muy comprensivo. El estado en el que se encuentra la víctima de una violación es el resultado de una humillación muy grande, y algunas mujeres o sus familias comienzan a preguntarse qué hicieron ellas para que esto les ocurriera. Pero no existe una respuesta. Es importante que la persona acceda a la atención médica y psicológica y sobre todo que no se oculte el hecho", dice Aberastury.

Por Evangelina Himitian
De la Redacción de LA NACION

Otros ataques sexuales

En el barrio de Núñez
8/5/2006

En la madrugada, dos jóvenes volvían de una fiesta y, en Deheza y O Higgins, fueron abordadas por un hombre que, pistola en mano, obligó a las dos chicas a subirse al automóvil que conducía. Dentro del vehículo, éste habría abusado sexualmente de una de las jóvenes y luego escapó.

En Palermo
13/5/2006

Una joven de 25 años denunció que fue violada por un hombre frente al predio de la Sociedad Rural de Palermo. El hecho ocurrió cerca de las 2, cuando la chica, empleada de una sucursal de McDonald s, regresaba a su hogar y fue interceptada por un individuo, mientras esperaba el colectivo 161, en Las Heras y Lafinur, frente al Jardín Botánico, a una cuadra de la comisaría 53a.

En Villa Santa Rita
15/6/2006

Una joven de 25 años denunció que fue violada en su casa del barrio porteño de Villa Santa Rita por un hombre que la sorprendió cuando se bañaba. Fuentes policiales informaron que el hecho ocurrió cerca de las 2, cuando el delincuente ingresó en la casa por los fondos y, tras romper una puerta, accedió a la vivienda y sometió a la mujer.

En el Centro
16/6/2006

En pleno mediodía una chica de 22 años denunció haber sido víctima de abuso sexual en la estación Callao de la línea B de subterráneos. La Asociación de Víctimas de Violaciones reveló que el hecho había ocurrido el mismo día y en la misma estación de subtes en que otra chica había sido violada por dos individuos, pero con diferencia de dos horas y media.

En Villa Lugano
26/6/2006

Un adolescente de 14 años fue detenido sospechado de haber abusado sexualmente de una joven indigente de 15, en Villa Lugano. El episodio se inició en la madrugada en las inmediaciones de la plaza Miserere, en Balvanera, donde el delincuente conoció a su víctima.

 

 

 

"Todavía siento su olor en mi cuerpo"

 Laura fue violada hace un mes
 
 
 

Lo que más duele, dice Laura Gómez, no es la violación en sí, sino todas las preguntas que retumbaron en su cabeza después del episodio. ¿Por qué en la comisaría la maltrataron cuando fue a denunciar que la habían violado? ¿Cómo puede ser que ningún pasajero haya hecho nada cuando la bajaron con un cuchillo en la espalda? ¿Cómo puede un funcionario decir que lo que le pasó fue porque ella no gritó, cuando tenía un arma a centímetros de su corazón y estaba petrificada de pánico?

"No les pido que me devuelvan mi vida, porque ya no va a volver. ¿Sabe qué es lo que yo no puedo perdonar? La falta de seguridad. Cómo puede ser que me hayan bajado del tren al mediodía. No puede ser que nadie haya visto nada. Cómo puede ser que la gente del Roca [la empresa que opera ese ramal ferroviario] y que el ministro [del Interior, Aníbal Fernández] no se hagan cargo de que hay inseguridad delante de sus narices y de que ellos no la ven?".

A pesar de la lluvia, el jueves 1º de junio al mediodía Laura, que es manzanera, decidió ir a Constitución a comprar el cotillón para el cumpleaños de su hijo. Pero un hombre le deslizó un cuchillo dentro de la campera. Le ordenó que no hablara, y mientras la llevaba como si la abrazara por la cintura, la condujo hasta Lima y O Brien, detrás de la estación Constitución. Apareció un cómplice, le hicieron aspirar algo y se quedó dormida.

Cuando despertó, tenía el pantalón y la ropa interior rotos y estaba tirada en la vereda, mientras la gente pasaba. "Una señora me preguntó si estaba bien, y un hombre le contestó que estaba borracha", cuenta Laura, en la casita que tiene con su familia en Tristán Suárez, partido de Ezeiza.

"Cuando llegué a casa, no le pude contar a mi marido. No podía decir esa palabra… «me pasó algo muy feo, muy feo», fue todo lo que pude decir, y él entendió. Estuve siete días metida en la cama, sin poder hablar", dice.

"Esa noche me acosté y pensaba «ya va a pasar, mañana va a pasar». Pero nunca pasó. Ya llevo 29 días en este infierno. El domingo pasado tuve una pesadilla y sentí que ya no podía más", confiesa. Hace una semana intentó quitarse la vida, cansada de luchar contra una depresión que no logra ahuyentar ni con psicólogos ni con pastillas.

Tiene fobia a dormir. Siente ahogos. Oye las voces lejanas de los hombres, como aquellas que sentía mientras estaba drogada y la estaban violando. "Cuando me durmieron yo sentía que me quería despertar y no podía. Ahora siento un ahogo similar. Tengo fobia de no poder despertarme. Me baño y me baño pero todavía siento el olor de ellos en mis manos, en mi cuerpo", cuenta.

Laura tiene dos hijos: una nena de 4 y un bebe de 1. Y teme que ellos, un día, digan: "Yo soy el hijo de la violada".

 

 

 

 

Medicada y con ataques de pánico

 La joven atacada en el subte B
 
 
"Ella va a salir. Siempre tuvo mucha fuerza. Este tipo no le va a arruinar la vida", dice Mabel, la madre de la joven de 21 años violada en una estación de subte el viernes 16, horas después del partido de la Argentina contra Serbia y Montenegro.

Pero la lucha por salir adelante es muy dura. La adolescente sufre entre ocho y nueve ataques de pánico por día. No quiere comer y no soporta que nadie se le acerque o que la toquen. "No quiere ayuda para vestirse y peinarse; todo lo relacionado con su cuerpo se volvió algo de mucho cuidado", dice Mabel. Cuando le vienen recuerdos empieza a temblar y se desmaya.

El día del partido, la chica no quiso faltar a su clase, en una universidad privada. Había quedado en tomarse el subte B para encontrarse con su mamá en una clínica del centro. Cuando Mabel la vio llegar a bordo de un taxi entendió que algo había pasado: "Bajó y quedó temblando en medio de la calle. Lloraba. Me dijo que le habían robado y que la manosearon. No me pudo decir lo que le pasó en realidad".

Se fueron a la casa y la adolescente se metió en la cama y no se quiso levantar hasta el domingo. La mamá empezó a sospechar que eso no había sido todo.

El papá y el hermano mayor opinaban que no podía haber pasado otra cosa en un lugar tan público. Pero la intuición materna no falló. La chica no quiso salir de su cuarto ni siquiera cuando la mamá le pidió que la acompañara a comprar un regalo para el Día del Padre.

Mabel llamó a su prepaga y pidió un psiquiatra. "El especialista habló con ella y me confirmó que él creía que había pasado algo más y que intentáramos que nos contara porque el cóctel de drogas para evitar el contagio de sida tiene efectividad dentro de las 72 horas. Me senté en la cama y le dije que no me iba hasta que me contara. Y ahí se abrió y me contó todo. Fue la única vez que pudo hablar de lo que pasó", dice Mabel.

Lo que siguió fueron horas de mucho dolor y miedo. Para toda la familia, corriendo contra reloj para conseguir la droga que justo faltaba en las farmacias. Con el odio y la impotencia de no saber cómo buscar justicia.

"Lo que duele es la impunidad. El hombre que la violó la arrancó del subte, la llevó a hasta el comienzo de una escalera, la puso de perfil al andén y mientras la manoseaba le decía «dame más plata porque te mato o te hago cualquier cosa. Si quiero te mato o te violo. Te hago cualquier cosa que a mí no me pasa nada», le decía", cuenta Mabel.

Hoy la adolescente está medicada. Siente mucha vergüenza. Hasta ahora no se atrevió a salir de su casa. Mabel, que es docente, dejó de trabajar. Quiere transmitirle fuerzas para que vuelva a ser la hija que era, aquella con la que iba a encontrarse en una clínica del centro.

 
 
 
 

Cuatro años sin atreverse a salir

 

Lina fue víctima de "Satanás"

 

 
 

"Hasta dentro de 37 años y medio no va a salir, pero eso no repara nada. Adentro queda mucha bronca, muchos nervios y todas las noches de angustia que viví, y eso no se va. Los recuerdos vuelven y vuelven. Van a estar dentro de mí siempre."

Lo dice Lina Castro, una de las víctimas de José Antonio Vergara, alias "Satanás", condenado hace una semana a la máxima pena prevista en el Código Penal. A cuatro años de haber sido violada, aún tiene miedo de salir de su casa y tiembla cuando habla de "esa basura que [la] convirtió en esto".

Todo ocurrió en la mañana del 21 de noviembre de 2002. El esposo de Lina había ido a llevar a las hijas al colegio. "Salí a despedirlos y sonó el teléfono. Corrí para atender y me olvidé de cerrar con llave la reja. Era mi cuñada, que me pedía que le avisara a mi suegra, que vive en el fondo, que la vendría a buscar", relata. Volvió a la cocina, y mientras contaba las gotas de la Buscapina para darle a la suegra, levantó la vista y vio a "Satanás". "«A este hombre yo lo vi antes», pensé. El día anterior había estado merodeando la casa", cuenta la mujer.

El sujeto las golpeó, les exigió dinero y encerró a la suegra de Lina en el baño. "¿No tenés dinero? Ahora vas a ver lo que te pasa", le dijo. Le puso el cuchillo bajo la axila y le ordenó que se sacara la ropa.

Lina revive la escena con el relato. Los ojos se le pierden en la nada, en las imágenes de una película que se repite en su mente tres o cuatro veces por día. "No sigas, si te hace mal", le pide Héctor, su esposo.

Siente que le robaron su historia, su personalidad, su manera de ser. Cada minuto de su vida es una nueva lucha por no dejarse derrotar por la depresión. Y el único objetivo es llegar entera al final del día.

Héctor y Lina viven en San Antonio de Padua desde que se casaron. Tienen dos hijas, de 13 y 15 años. Pero la vida de toda la familia cambió desde entonces. Se multiplicaron las rejas y se recortaron los ingresos y los gastos. Ella atendía una parrilla que quedó cerrada desde aquel día. Héctor tenía una pequeña empresa de reparto de bebidas que disolvió para poder estar más tiempo en la casa, por pedido de Lina. Las chicas dejaron inglés, y ya no volvieron a salir de vacaciones.

"Al principio, no podía aceptar lo que había pasado. Si hubiera sido por mí, no salía de la cama. No quería vivir la realidad, porque no entendía. Todavía no entiendo por qué pasó. ¿Por qué me pasó a mí? Creo que nunca lo voy a entender porque no tiene que ver conmigo o con que me haya olvidado la reja abierta, sino con la inseguridad, con la locura, con la enfermedad de algunos. Supongo que me va a llevar un tiempo más dejar de pensar. Algún día no tendré miedo de salir, pero ahora vivo en estado de alerta", relata.

"Los 37 años y medio de condena no son nada: si se aprueban las reformas del Código Penal, «Satanás» saldrá libre dentro de 16", dice indignado Héctor, siempre al lado de Lina.

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué miércoles pasa en el subte? ¿Es excitante tener sexo allí?

La Nación
Inseguridad en la Capital

Denuncian otro abuso sexual en el subte B

En la misma estación en que violaron a una chica
En plena conmoción pública a raíz de la denuncia realizada por una joven de 21 años que dijo haber sido violada el viernes de la semana pasada, cerca de las 15, en la estación Callao de la línea B de subte, ayer se conoció el caso de otra chica, de 22, que denunció que dos hombres intentaron violarla en esa estación, ese mismo día, poco antes, pero que su desesperada resistencia logró impedirlo.Paralelamente, también ayer una mujer de 30 años denunció que cerca del mediodía del 1° de junio pasado fue violada por dos hombres en inmediaciones de la estación de trenes de Constitución.La nueva agresión sexual en el subte habría ocurrido después del mediodía del viernes de la semana pasada. “Nos llamó la tía de la chica pidiéndonos ayuda para que le indicáramos qué debían hacer, porque la chica estaba muy asustada y no había realizado la denuncia policial, dijo a LA NACION María Elena Leuzzi, presidenta de la Asociación Ayuda a Víctimas de Violación (Avivi).Leuzzi afirmó que la forma de actuar de los delincuentes en los dos casos ocurridos en la estación Callao fue idéntica. La única diferencia sería que en el primer hecho (el dado a conocer ayer) el atacante no logró penetrar a la víctima, debido a la fuerte resistencia que opuso la chica. En este caso, el hombre se masturbó frente a la joven y terminó eyaculando sobre su ropa.

Pese a su estado de shock, la víctima inmediatamente informó del hecho a sus familiares y se encargó de preservar las prendas con el semen del agresor. Hasta el día de ayer, la joven no había podido aún realizar la exposición ante la fiscalía debido a su estado de ánimo. «Está muy mal y continúa medicada», afirmó la presidenta de Avivi.

Consultada ayer la empresa Metrovías, dijo estar «muy preocupada» por las violaciones denunciadas. «Hemos solicitado un aumento en la cantidad de personal policial en nuestras líneas», informó a LA NACION Juan Ordóñez, vocero de la empresa. La respuesta, al menos ayer, pareció inmediata. LA NACION pudo observar que, como casi nunca ocurre, varios efectivos de la Policía Federal custodiaban, además de las boleterías de la empresa, algunos de los andenes.

Según el contrato de concesión por el que Metrovías se hizo cargo de ese servicio de transporte, la seguridad dentro de los subterráneos es responsabilidad indelegable del Estado nacional a través, en este caso, de la Policía Federal, que, desde 1998, cuenta con una división dedicada exclusivamente a la vigilancia de las estaciones de subterráneos.

Sin embargo, el documento aclara que, «no obstante, el concesionario deberá implementar acciones que le permitan contribuir eficazmente a la adecuada prevención de actividades delictivas contra los bienes y personas transportados, brindar eficaz información a las autoridades policiales competentes y facilitar el accionar de las mismas sin quedar eximido de las responsabilidades que le corresponden en su condición de transportista».

Fuentes de la Policía Federal indicaron que, en total, son 40 los efectivos destinados al control de las 70 estaciones de subte y el Premetro y que, debido a que la cantidad de terminales supera ampliamente el número de uniformados, el personal policial está concentrado en las cabeceras de las líneas.

Las fuentes consultadas también aclararon que los policías que están ubicados frente a las boleterías no pertenecen a la división subterráneos, sino que son contratados por la concesionaria para evitar el robo de la recaudación.

Si bien Metrovías también cuenta con un plantel de 188 empleados privados de la Compañía Metropolitana de Seguridad, voceros de esa empresa aseguran que su tarea se limita a orientar y asistir a los pasajeros. «La función de brindar seguridad es responsabilidad exclusiva de la Policía Federal. La función de la seguridad privada es simplemente la de actuar como disuasivo frente a la comisión de algún delito», destacó Ordóñez.

De una estación a otra

En tanto, la denuncia de violación en las inmediaciones de la estación Constitución sumó otro caso más a la serie de ataques sexuales que se viene registrando en la ciudad y que, como anticipó ayer LA NACION, representa un aumento del 40% de aquellos iniciados por personas desconocidas de las víctimas.

Se trata de una mujer de 30 años que denunció que el 1° de junio pasado fue violada alrededor del mediodía, cerca de la cabecera terminal de trenes, por un hombre que la había abordado mientras viajaba en un tren del Ferrocarril Roca, en dirección a la Capital.

Según la víctima, de nombre Laura, segundos antes de que la formación se detuviera en la terminal un hombre la tomó por la cintura, le apuntó con un cuchillo y la obligó a caminar hasta una de las calles linderas a la estación, donde eran esperados por otro hombre. Contó que, al llegar a la calle O Brien, los delincuentes le «pusieron algo en la nariz», que hizo que se desvaneciera.

Laura, que tiene dos hijos, afirmó que decidió hacer público lo sucedido tras conocer la primera denuncia de violación en la estación de subte Callao de la línea B, y que podría realizar un identikit de sus atacantes.

Por María Eugenia Baliño
De la Redacción de LA NACION

Un tren arrolló a un colectivo: 6 muertos

Tragedia en San Miguel

 
El chofer del transporte automotor, que llevaba más de 20 pasajeros, quiso cruzar las vías con la barrera baja, según los testigos
 
 

Seis personas murieron y más de 15 resultaron heridas cuando el colectivo en el que viajaban fue arrollado por un tren en la ciudad bonaerense de San Miguel. Entre las víctimas había un bebe de cuatro meses.

El accidente ocurrió ayer, a las 11, en el paso a nivel de Juan Irigoin al 1600, cuando el tren 6617 de la línea San Martín, que había salido de la estación Retiro con destino a José C. Paz, embistió y arrastró unos 150 metros sobre las vías al interno 49 de la línea local 440, que se dirigía hacia el barrio Escolar 20, de San Miguel.

Fuentes policiales informaron a LA NACION que el accidente se produjo porque el chofer del colectivo, que resultó herido, cruzó con la barrera baja, sin advertir la marcha de la formación ferroviaria.

"La barrera empezó a bajar y el colectivo pasó justo cuando venía el tren, que estaba a unos cinco metros. Todos le empezamos a gritar que no pasara, pero se mandó igual", dijo ayer a la prensa uno de los pasajeros del colectivo, que presentaba un leve corte en el rostro, como consecuencia del impacto.

Los heridos, de diversa consideración, fueron trasladados al hospital Larcade, de San Miguel -situado a tres cuadras de donde ocurrió la tragedia-, y desde allí varios pasajeros fueron derivados a distintos centros médicos bonaerenses. Las víctimas mortales fueron identificadas por fuentes judiciales como Juan Giménez, de 73 años; Walter Baldi, de 36; Mariela Oviedo, de 30; Alicia Busso, de 70; Walter Martínez, de 32, y Elías Britos, de sólo cuatro meses de vida.

La causa está caratulada como homicidio culposo reiterado, y el caso es investigado por la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) No 4 de San Martín.

Testimonios de vecinos

"Parecían muñecos." Así describió Walter López, que vive sobre la calle Fraga, a veinte metros del cruce fatal, a las personas que salieron despedidas por las ventanillas del colectivo a causa del impacto con el tren.

López relató que estaba por abrir su quiosco cuando vio que un colectivo, a pesar del bocinazo del tren, esquivaba las barreras del paso a nivel: "Pensé que se iba a quedar parado en la primera vía, pero el chofer siguió y pasó lo que pasó", dijo López.

El hombre, según contó, se acercó para ver cómo estaban los pasajeros que habían quedado desparramados junto a las vías: "Eran cuatro, y todos respiraban. Les dije que no se movieran, que la ambulancia estaba en camino. Uno llegó a decirme que le habían arruinado la vida, porque temía por sus dos hijos que viajaban con él".

"Fue un acto de imprudencia. El colectivero pasó con la barrera baja; yo lo vi", dijo a LA NACION Omar Vildoza, vecino de López, que estaba justo por cruzar las vías cuando ocurrió el accidente.

"Además, el tren tocaba la bocina. Y el colectivero pasó tan despacio… Si por lo menos hubiera acelerado, quizá se hubiesen salvado", opinó Vildoza, y añadió que con la barrera ya baja antes del colectivo habían pasado una moto y una camioneta.

A 150 metros de lo de López y Vildoza, vive Soledad Arias. Ella, su hermana y su mamá fueron las primeras en asistir a los heridos que habían quedado atrapados dentro del colectivo.

"Es una imagen que no me olvidaré más. Sólo podía caminar el vendedor ambulante que venía a bordo del colectivo", relató Arias a LA NACION, y agregó: "Empezamos a romper los vidrios para poder sacar a la gente. Había muchos chicos, y como la ambulancia no llegaba, con un remís trasladamos a dos de ellos hacia el hospital".

Ayer, en tanto, los familiares de las víctimas no encontraban consuelo. "Estábamos preparando el asado para festejar el Día del Padre, cuando me llamó mi hijo para decirme que se había producido un accidente, pero no me decía que el bebe estaba muerto", contó a LA NACION María Gómez, abuela de Elías Britos, la criatura fallecida en la tragedia, mientras a puro llanto aguardaba el parte médico de sus otras dos nietas, de 10 y 8 años, que permanecían internadas.

 

Por Adriana M. Riva
De la Redacción de LA NACION

Infracción

  • El Código de Tránsito bonaerense, ley 11.430, prohíbe "terminantemente" a un conductor cruzar las vías férreas si advierte que se aproxima un tren, aún si la barrera no está baja. La violación de esta norma implica una contravención castigada con una multa establecida por cada municipio. Pero, si como consecuencia se producen muertes, la infracción cometida actúa como agravante del delito de homicidio culposo.

Antecedentes

14 de mayo de 2006

  • Diez personas resultaron heridas, tres de ellas de gravedad, cuando un tren de pasajeros de la empresa Metropolitano arrolló a un colectivo de la línea 266 que cruzaba las vías en las cercanías de la estación ferroviaria de Rafael Calzada, en el partido bonaerense de Almirante Brown.

2 de mayo de 2006

  • Tres personas resultaron heridas cuando la camioneta en la que viajaban fue embestida por un convoy del ex ferrocarril Urquiza en Villa Devoto.

11 de abril de 2006

  • El choque del tren de pasajeros de larga distancia El Gran Capitán contra un colectivo de la línea 237 en la localidad de William Morris causó heridas a diez personas. La circulación de trenes por ese lugar es aislada.antecedentes

20 de marzo de 2006

  • Un tren de carga embistió en el barrio porteño de Retiro a un camión (foto) que transportaba un contenedor que, por el fuerte impacto, cayó sobre un puesto de diarios. El chofer del camión fue el único herido porque, milagrosamente, el diarero no estaba en el local. El accidente provocó un gran embotellamiento de tránsito.

27 de febrero de 2006

  • Un total de 23 personas resultaron heridas cuando el tren de pasajeros en el que viajaban chocó contra tres vagones (foto) que, momentos antes, se había desprendido de una formación de carga de la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA). Fue en el viaducto sobre Salguero, frente al shopping Costa Salguero.

Breves policiales

 

  • LA VICTIMA ES UN FOTOGRAFO Y, SI SE SALVA, PUEDE QUEDAR PARALITICO

    Fue a quejarse por los ruidos y un chico de 14 años lo baleó

    Ocurrió en un barrio residencial de Santa Rosa, en La Pampa. El chico y unos amigos andaban en un cuatriciclo a la hora de la siesta. El fotógrafo fue a la casa y discutieron. Recibió dos tiros y está grave.

Un asesino serial que asoló en los 80

La Nación
 
Mataba taxistas; padece esquizofrenia
 
Ricardo Luis Melogno, asesino serial de taxistas. Así es conocido el preso más antiguo de la "cárcel de los locos". Está encerrado en la Unidad 20 desde el 20 de febrero de 1987, cuando tenía 20 años. Lejos hoy está de tener el aspecto de joven tímido y trabajador que ayudaba a su padre zapatero.

Melogno es esquizofrénico, según los psiquiatras que siguen desaconsejando su desinternación. Aún hoy insiste en que cuando estaba a bordo del taxi "oía voces que le ordenaban que tenía que hacerlo, matar al conductor", relatan sus compañeros.

Su historia policial conmocionó y aterrorizó la Buenos Aires de la década del 80. En seis días asesinó a tres taxistas en Mataderos, de un balazo en la cabeza con una pistola calibre 22. Estuvo prófugo menos de un mes hasta que su hermano lo denunció a la policía, que lo detuvo en el departamento que compartían circunstancialmente en Caballito. Los ataques ocurrieron en un triángulo de unas diez cuadras, entre el 23 y el 28 de septiembre de 1982. La primera víctima fue Angel Redondo, quien manejaba un Fiat 1500, que fue encontrado estacionado en la calle Pola al 1500 con el cadáver baleado en la sien derecha. Cuatro días después, en Oliden al 1800 se encontró también, dentro de un taxi, el cadáver de su chofer, Carlos Causerano. La última víctima fue Juan de la Santísima Trinidad Gálvez, quien apareció con una bala en la cabeza, dentro de su auto en la esquina de Basualdo y Tapalqué.

Se especulaba con que el asesino atacaba según un patrón dado por las sílabas de las calles en las que decidía matar. Hasta que fue su hermano quien lo denunció. Melogno confesó de inmediato. Nadie supo bien porqué eligió como blanco a los taxistas. La prensa especuló con que se debía a que un familiar suyo había sido atropellado por uno de ellos.

Melogno trabaja en el lavadero del penal por lo que cobra un estipendio. Está entusiasmado con pedir su libertad, pero se pregunta dónde ir, pues considera ese lugar como su casa.

 

Caso Viera: comenzó el juicio oral a cinco policías bonaerenses

 

 

Están acusados de torturar y asesinar en mayo de 2002 a una joven en una comisaría de Florencio Varela. El debate se inció esta mañana y está a cargo del Tribunal oral en lo criminal número 3 de Quilmes.

Murió el indigente al que le prendieron fuego

La Nación
 

EN MATADEROS 

  • El indigente que sufrió quemaduras cuando le prendieron fuego dentro de un auto abandonado en Mataderos murió anteayer en el Instituto de Quemados, donde estaba internado desde el 1° de este mes. El acusado del ataque, Diego Adrián de la Reta, un mecánico de 28 años, será nuevamente indagado hoy, pero esta vez por el delito de homicidio calificado. Julio César Barcos, conocido en el barrio como "Charly", murió a las 7.30 de anteayer. Tenía el 18 por ciento del cuerpo quemado y las vías respiratorias afectadas, informaron fuentes hospitalarias.