“Considerando que todos los animales poseen derechos. Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de éstos han llevado y llevan al hombre a cometer atentados contra la naturaleza y los animales… Considerando que los genocidios son perpetrados por el hombre y amenazan con seguir produciéndose…”. Estos argumentos del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos del Animal preceden a una larga lista de artículos que deberían instar a una relación de hermandad entre el hombre y los animales. Sin embargo, no parecen retumbar en los oídos del ser humano, empeñado en sostener una postura de superioridad frente a otras formas de vida.
Un ejemplo de crueldad y prepotencia se vio del otro lado del mapa, cuando funcionarios del Estado de la provincia de Yunnan, al sudoeste de China, ordenaron el exterminio de perros callejeros y domésticos, a causa de tres personas muertas en un brote de rabia. El resultado de la política dejó más de 54.000 perros asesinados durante la campaña y las voces de indignación se alzaron con la frase “no tenemos derechos humanos, ni hablar de los derechos del perro”. Por su parte, asociaciones protectoras aseguraron demandar a los funcionarios para hacer entender que el acto no era simplemente una cuestión moral, sino un crimen. Este tipo de maltrato se suma a miles de casos en el mundo, entre ellos el contado en un artículo periodístico mexicano, que reconoce la matanza legal y dolorosa -electrocución- de perros callejeros.
¿Qué pasa en la Argentina? En nuestro país la mayor causa de matanza perruna no se debe a la rabia sino a la superpoblación callejera, causada por la falta de criterio del hombre. En un contexto de desborde y abandono, Kitty Prestigiacomo, secretaria adscripta al consejo de administración de la Fundación Argentina para el Bienestar Animal (FABA), asegura que “el maltrato hacia los animales es moneda corriente a nivel mundial, lo que pasa es que países como EE.UU. e Inglaterra tienen leyes estrictas y las hacen cumplir”. Prosigue: “aquí no hay cultura de amor a los animales, todo lo contrario de lo que se cree si uno se guía por la gran cantidad de paseadores, veterinarias y otras cosas. Nosotros recibimos diariamente gran cantidad de casos de maltrato animal, pero la gente que nos llama no quiere hacer la denuncia porque le da fiaca o porque la policía no la toma. Aquí hay una ley de protección muy floja, la cual hay que agiornar”.
Hay proteccionistas que ya exigen la modificación de la ley 14.346, puntualmente movilizada por el asesinato de Quique, un perro quemado en acto deplorable: según su dueña, un vecino le echó nafta y lo prendió fuego al encontrarlo en su casa. Prestigiacomo asegura que se llegó a esta situación porque “a la gente le gusta adoptar cachorros pero cuando ya no son más divertidos, los abandona con mucha facilidad. Además el gobierno no se ocupa de esterilizar a los animales ni de dar presupuestos dignos a los centros de zoonosis, entonces los matan: la mayoría de los municipios son eutanásicos”. Raúl Portal, creador y conductor del programa de servicios El Portal de las mascotas, le dice a Clarín.com que a los perros “la perrera se los lleva y los mete en cámaras de gas. No me extrañaría que esa gente crea que tiene la solución para la pobreza, que sería matar a los pobres”.
¿Entonces cómo se hace para frenar la superpoblación de perros? Portal explica que “ésta es una sociedad abandónica, en la que hay que tomar conciencia sobre las medidas para la adopción responsable (ver recuadro). Todo está inmerso en un contexto general: no es que están abandonando cachorros y perros viejos, se abandonan nenes y viejos: se abandona vida. Será hasta que tomemos conciencia, y lo demás va a ser añadidura”. Por su parte la secretaria de FABA concluye que “el único método ético para combatir la superpoblación del animal comunitario en las calles es la castración masiva, gratuita y sostenida en el tiempo. Además, los criaderos deberían estar regulados o no deberían existir, ya que son fábricas de perros”.
Más allá de los problemas puntuales que pueda ocasionar la superpoblación de perros callejeros, detrás del comportamiento verdugo del humano, se encuentra una problemática mucho más profunda, que denota una forma de ser y relacionarse con la naturaleza y que lleva a la destrucción del planeta… ¿quién dijo que somos los dueños del mundo?
Tomar conciencia para recuperar los valores
Por Raúl Portal.
Las crisis económicas, sociales y políticas han generado otra: una profunda crisis de valores. Valores humanos que, curiosamente, el último reservorio está en los niños y los animales. Ellos no traicionan, ni envidian, ni odian, y el gran ejemplo es que no dependen de bienes materiales para ser felices. ¿Cómo se puede abandonar a un ser que jamás te abandonaría, ni te cuestiona, ni sabe qué religión tenés, qué ideología o clase social? La crisis también trajo desbordes de todo tipo: familias, comisaría, cárceles, hogares, por ejemplo en MAPA (Movimiento Argentino de Protección Animal) nosotros teníamos pensado tener entre 150 – 200 perros, pero hoy tenemos 1300. Hay que concientizarse sobre la adopción responsable. Trabajo en esto desde hace 6 años, y más allá de lo práctico de mi programa -10 mil reencuentros y más de 16 mil adopciones-, lo principal es llegar a:
– Creación de una raza PP (puro perro). Hemos creado razas y los perros no saben qué son tal ni tampoco les interesa. Los demás perros siempre fueron vistos como porquería, marginados. Deberíamos combatir esta tendencia.
– Practicar la castración (para prevenir la superpoblación).
– Considerar al perro como un miembro más de la familia. No estoy hablando de humanizarlos, pero sí de responsabilidad absoluta con el animal.
– Erradicación de dos palabras: amo y dueño. Concepto nefasto en la historia del hombre, que hizo que, hasta hace muy poco, los hombres fueran dueños de otros hombres.
– Erradicación de los experimentos con animales.
– Eliminación de las peleas de perros.
Recibo muchas críticas que dicen: “¿por qué no te dedicas a los chicos en vez de a los perros?”. Me dedico a los perros y voy a “Un sol para los chicos” en Canal 13, apadrino a instituciones y en la fundación tengo 6 mil chicos. Esto no es o sino y: la vida es una sola y es sagrada.
Una frase de la madre Teresa les cabe a los perros: “yo necesito muy poco, y de ese poco, necesito muy poco”. Ellos no te piden ni balanceado, sólo que le des un poquito de comida y cariño. Si el ser humano viviera una vida de perros seríamos felices en el mundo: no habría ni guerras, ni odio, ni nada de eso.
