¿Quién dijo que Darwin y Fitz Roy lo pasaron bien?

La Nación
Viajeros ejemplares / Gerardo Bartolome

 
Un argentino indagó la vida en la Patagonia de estos dos exploradores

Desde hace tres años, Gerardo Bartolomé viaja al pasado. Sin pócimas ni palabras mágicas, este ingeniero civil de 43 años descubrió que para hacerlo sólo hay que buscar una buena historia y salir a su encuentro.

Transcurría fines de 1831 cuando el H.M.S. Beagle, barco exploratorio de la flota inglesa, zarpó en lo que fue su segundo viaje alrededor del mundo. Con el capitán Robert Fitz Roy al mando relevó, durante cuatro años, puertos comerciales y lugares nunca visitados, que luego fueron inmortalizados en mapas.

En el bergantín viajaba un joven que, décadas después, revolucionaría al mundo con su concepción científica sobre la evolución de las especies: el naturalista Charles Darwin, que durante el recorrido recolectó gran parte de lo que fueron las pruebas fundamentales de su teoría.

Bartolomé se apropió de esa historia. Mientras devoraba los libros con las crónicas de viaje de los tripulantes, cada detalle acrecentaba su necesidad de revivirla. "Me seduce reconstruir e imaginar las situaciones, y para eso empecé a ir a todos los lugares donde estuvieron -dice a LA NACION-. La expedición del Beagle está tan documentada que hace más fácil imaginar y revivir los hechos."

Por medio de una familia amiga que tiene una biblioteca digital de libros antiguos accedió a la información de las coordenadas donde el barco inglés realizó sus escalas, las cargó en su GPS y salió en su búsqueda.

Margen de error

Si bien la mayoría de los datos tienen un error de medición de un 1,5 kilómetros de promedio, los dibujos y detalles de los relatos lo guiaron para encontrar los sitios. Así llegó al primer lugar en el que Darwin descubrió fósiles de animales extintos: en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca, mientras el barco descansaba en lo que hoy es la base militar Puerto Belgrano; y en Pehuan-Có, donde quedó varado por tres días a causa de una tormenta que lo obligó a comer gaviotas para subsistir.

Allí estuvo Bartolomé, aunque su menú haya sido otro. Sabe cada detalle de aquellos viajes y con amigos o familiares que lo acompañan juega a reconstruirlos. Saca fotos que, digitalizadas, reproducen los dibujos que en aquella expedición realizaba el artista Conrad Martens para entregar al almirantazgo inglés como prueba de haber pasado por allí.

"Es genial ver los lugares descriptos y dibujados por gente hace 200 años y ver cómo están ahora", dice Bartolomé, mientras muestra las fotos que tomó, entre otros sitios, de las islas Galápagos, en Ecuador, o de Punta Quilla, donde el Beagle debió ser arreglado. "Algunas fotos están iguales que los dibujos, como el Basalt Glen, en Santa Cruz, mientras otras, como en Puerto Belgrano, son muy diferentes", cuenta.

Durante los dos años que duró el recorrido de los expedicionistas por el territorio argentino, uno de los viajes más interesantes fue el que hicieron, cuesta arriba, en 1834 por el río Santa Cruz, en la Patagonia. Por tres semanas, la tripulación se dirigió hacia sus nacientes, pero por falta de alimentos debió volver sin descubrirla y sin saber que estuvo a sólo una hora y media de caminata.

En una especie de homenaje a aquellos viajeros, 169 años después, Bartolomé, con cinco amigos entre los que se encontraba su suegro, el escritor Aníbal Ford, recorrió durante seis días los 300 kilómetros de agua. La isla de los Leones Marinos, el Condor Cliff, el Basalt Glen, como cada uno de los altos realizados por la vieja tripulación fueron fotografiados. E incluso en el último Western Station dejaron una placa en su honor.

Descubrimientos y debates

Desde ese último lugar, con la ayuda de un teodolito, Fitz Roy había bautizado a algunos de los cerros de los Andes que aún mantienen sus nombres: el Castillo; un poco más al Sur, una montaña triangular con un pico levemente torcido a la izquierda, el Hobbler Hill, y más al Sur, el Stokes, en honor a su asistente cartográfico.

Un año después de su expedición por el río, Gerardo volvió al lugar con su amigo Fabián Zamponi, otro apasionado por la historia. Allí descubrieron que luego del Beagle algo debió haber pasado: el actual monte Stokes no era aquel que Fitz Roy había denominado.

Bartolomé regresó a su casa y se puso a bocetar un libro que contiene las respuestas: la novela histórica La traición de Darwin , editada por Zagier & Urruty en noviembre último. Pero también surgieron más preguntas que generaron un debate acerca de la veracidad de los hechos en el foro de su página de Internet ( www.latraiciondedarwin.com ).

"Hago las cosas a medida que me van gustando. Ahora quiero escribir otro libro con la historia del peritaje que hizo Moreno -cuenta Gerardo, que descubrió la escritura literaria después de estos viajes-. Además, quisiera encontrar algunas de las botellas o placas que dejaban los del Beagle. En el Cabo de Hornos hallaron una hace tres años", dice esperanzado y con ganas de superar los 25.000 kilómetros que lleva recorridos en este juego.

Por Alicia Beltrami

El ser humano no causó la extinción del mamut | #PREHISTORIA

#Historia|#Conocimiento

La Nación

PREHISTORIA| DevónicoCELN: Breves | Ciencia

PARIS(AFP) – Señalado hasta ahora como el culpable de la extinción de los mamuts lanudos, el hombre prehistórico obtuvo su absolución en un estudio que se publica hoy en la revista Nature. La técnica de radiocarbono aplicada en 600 fósiles de mamuts, cérvidos, #bisontes, caballos y castores gigantes, entre otros, reveló que el caballo salvaje se había extinguido antes de la presencia humana y que el mamut lanudo se encontraba ya en regresión. Otro estudio que se publicará en New Scientist revela que el hombre del Neolítico tenía un alto riesgo de ser golpeado en la cabeza. Arqueólogos británicos estudiaron los cráneos de 350 personas que vivieron en el sur de Inglaterra entre el año 4000 y el 3200 antes de Cristo. Entre el 4 y el 5% presentaba cicatrices, mientras que un 2% mostraba heridas no curadas, indicio de que habían causado la muerte de esos individuos|#eventos de extinciónextinción masivaespecies, géneros y familias

El ser humano no causó la extinción del mamut

La Nación
 

PREHISTORIA

  • PARIS(AFP).- Señalado hasta ahora como el culpable de la extinción de los mamuts lanudos, el hombre prehistórico obtuvo su absolución en un estudio que se publica hoy en la revista Nature. La técnica de radiocarbono aplicada en 600 fósiles de mamuts, cérvidos, bisontes, caballos y castores gigantes, entre otros, reveló que el caballo salvaje se había extinguido antes de la presencia humana y que el mamut lanudo se encontraba ya en regresión. Otro estudio que se publicará en New Scientist revela que el hombre del Neolítico tenía un alto riesgo de ser golpeado en la cabeza. Arqueólogos británicos estudiaron los cráneos de 350 personas que vivieron en el sur de Inglaterra entre el año 4000 y el 3200 antes de Cristo. Entre el 4 y el 5% presentaba cicatrices, mientras que un 2% mostraba heridas no curadas, indicio de que habían causado la muerte de esos individuos.

La fecha del poblamiento de América, en duda por pinturas de 9000 años

La Nación
 
Arte rupestre en las sierras de Baja California, México

 
Son las más antiguas del continente; fueron fechadas por un equipo internacional
 

 
Hace miles de años, un grupo de seres humanos que vivían de la caza y la recolección de frutos silvestres dejó en las montañas de lo que es hoy Baja California, México, un conmovedor testimonio de su existencia: cientos de figuras humanas y animales de tamaño monumental y sobrecogedora belleza pintadas en las cuevas de la zona.

Un equipo científico internacional -integrado por la arqueóloga mexicana María de la Luz Gutiérrez, responsable de la zona por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México; la arqueóloga argentina María Isabel Hernández Llosas, investigadora de la UBA y el Conicet, y el geocientífico australiano Alan Watchman, especialista en datación directa por radiocarbono de pinturas rupestres (hay sólo dos en el mundo)- acaba de confirmar no sólo que son las más antiguas del continente americano, sino también que fueron hechas nada menos que hace 9000 años.

La revelación sorprendió a la comunidad científica, porque pone en tela de juicio la fecha aceptada de la llegada del ser humano a América por el estrecho de Bering, que hasta ahora se creía habría ocurrido sólo dos mil años antes de ese momento.

"Nuestras expectativas iniciales giraban en torno de los 2000 a 4000 años -cuenta la doctora María Isabel Hernández Llosas, especialista en arte rupestre-. Las primeras pinturas que analizamos dieron 6000 años y ya nos pareció muy novedoso. Pero en la última campaña confirmamos que el inicio fue hace no menos de 9000 años. El que haya tanta intensidad de ocupación del espacio como para tener una recurrencia en el uso de estas cuevas hace ya 9000 años hace dudar de que el poblamiento tenga una antigüedad de once mil."

Declaradas patrimonio de la humanidad en 1993, las sierras de Baja California albergan una profusión de figuras monumentales que deslumbra. "Es un arte estéticamente impresionante", dice Hernández Llosas.

El conjunto se considera un fenómeno cultural excepcional, no sólo por sus enormes dimensiones, sino también por la cantidad de figuras que se encuentran representadas en las cuevas y por el número de cuevas halladas, que conforman una de las mayores concentraciones de arte rupestre del mundo.

Para determinar el momento en que fueron hechas, los investigadores extrajeron más de trescientas pequeñísimas muestras de los motivos y las procesaron en el laboratorio. "Primero se hace un corte delgado y luego una microexcavación con láser capa por capa -explica la arqueóloga argentina-. Eso permite saber exactamente qué se está fechando, dado que hay varias capas de pintura sucesivas, pero además cualquier elemento puede desviar el fechado. Por ejemplo, las paredes de las cuevas «crecen» porque allí se depositan algas, quedan restos de nidos de abejas, crecen hongos… Entonces si uno hace el fechado sin discriminar obtiene un promedio de todo el componente de carbono, no es confiable. En este caso, fechamos estrictamente el motivo que nos interesaba."

Para analizar la extensión espacial y temporal de ese fenómeno llamado "arte rupestre gran mural", los científicos plantearon toda una estrategia de muestreo. Hicieron tres campañas con financiamiento del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y de National Geographic, obtuvieron las muestras y fecharon alrededor de 60. "Es uno de los pocos lugares del mundo que tienen tantas muestras fechadas", subraya la arqueóloga.

Las pinturas, muy naturalistas, representan básicamente figuras humanas en distintas actitudes y toda la fauna del lugar. Se encuentran en una zona muy remota, de muy difícil acceso y completamente inexplorada. "Algunas de ellas tienen acceso por camino de tierra y después hay que entrar a lomo de mula", recuerda Hernández Llosas.

Los antiguos pobladores de la zona parecen haberlas producido con materia prima mineral. "Encontramos un valle que tiene pigmento de manganeso, que es lo que usan para hacer la pintura negra, y de hematita, para el rojo y con tratamiento de color, para el amarillo -detalla la arqueóloga-. Ese pigmento mineral era molido y mezclado con aglutinante vegetal para obtener una consistencia pastosa."

Los cazadores recolectores vivían en familias extensas y, según las estaciones, se separaban en bandas o se juntaban en lo que se conoce como "sitios de agregación" para realizar ciertas actividades y ceremonias.

"Una de nuestras hipótesis -concluye- es que muchas de estas pinturas están relacionadas con estos momentos de agregación y cumplían funciones sociales y rituales."

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

TURISMO PALEONTOLOGICO: ARGENTINA

Clarín
 
Tierra de dinosaurios

Thelma Lucero.

ESPECIAL PARA CLARIN

Los "museos al aire libre" se imponen como modalidad, y el sur argentino es una "meca natural" si se trata de rastrear los huellas de vida pasada que maravillan al turista con alma de expedicionario, sobre todo cuando se habla de dinosaurios.

La riqueza paleontológica de la Patagonia constituye un poderoso atractivo y su poder de imantación se explica. Aquí el viajero puede asistir al meticuloso y delicado trabajo de los paleontólogos durante las jornadas de rescate de dinosaurios, que van apareciendo a medida que avanzan las excavaciones.

Además de comprender las técnicas de limpieza de estos fósiles y los procedimientos para su conservación, se revelan sorprendentes datos sobre las monumentales criaturas que poblaron la tierra hace 120 millones de años y que hoy la ciencia redescubre y descifra .

Al extremo norte del Lago Barreales, a 90 kilómetros de la capital de Neuquén, los investigadores lo llaman "Costa Dinosaurio". Este es un espacio que transporta a la historia más recóndita del planeta y que asombra, mire por donde se lo mire: la inmensidad del paisaje agreste rojizo contrasta con un enorme espejo de agua azul mientras que, al bajar la cabeza, la mirada encuentra, entre los desniveles de la tierra, imponentes fósiles que los expertos destierran de sus tumbas.

Una estudiante platense que realizaba su primera campaña paleontológica halló una astilla y comenzó a limpiarla. Tras 50 minutos, una vértebra cervical afloraba de la piedra. El yacimiento resultó tan promisorio que dio lugar al "Proyecto Dino", una de las campañas de mayor envergadura del continente para extraer restos de dinosaurios y otros fósiles.

Además de ser un centro de capacitación para estudiantes, esta excavación se encuentra abierta al público durante todo el año y conforma una experiencia de película, al mejor estilo Steven Spielberg. En la Patagonia se encontraron vestigios del 10 por ciento de todas las especies de dinosaurios conocidas hasta el momento.

En Sudamérica no existe otro lugar como éste, donde se puede participar de una excavación dirigida por paleontólogos en medio de un ambiente natural inalterado. Acompañados por un guía especializado, los visitantes pueden ingresar al campo y observar la actividad de los científicos; luego, en el laboratorio, acceden al resultado del trabajo de rescate y aprenden las técnicas de limpieza de los fósiles, su tratamiento y conservación. Mientras tanto, los más chicos pueden jugar a ser paleontólogos buscando huesos de verdad en un arenero diseñado especialmente para ellos.

Si se tiene en cuenta que el proyecto persigue fines educativos y a los investigadores del lugar les apasiona transmitir lo que hacen, abundan las explicaciones sobre el significado de los fósiles para la historia de los dinosaurios y del planeta. De esta manera, nadie puede irse sin saber en qué ambiente vivían, cómo nacieron y se extinguieron, además de compartir las situaciones diarias del arduo trabajo de campo que requiere de mucha paciencia y vocación.

Para conocer en detalle la geología del lugar y otros sitios paleontológicos cercanos, se puede recorrer un circuito de dos horas de caminata por senderos pedestres de mediana dificultad, donde se llega a distintos puntos de interés: un yacimiento de troncos fósiles, la cueva sedimentaria Coragyp, miradores panorámicos, la excavación "génesis" y un recorrido al pasado geológico basado en la interpretación de las rocas. Una aventura inolvidable que obliga a agotar todas las fotos.

A modo de despedida, el visitante puede sostener un enorme fósil de Titanosaurio. Entonces se siente el peso de la historia sobre los hombros. Una experiencia que casi deja petrificado.

Pisando fuerte

En la localidad de El Chocón, junto al lago artificial Exequiel Ramos Mejía, en Neuquén, la naturaleza ha montado otro museo al aire libre. Es que hace alrededor de 105 millones de años, el clima subtropical de la zona prestaba las condiciones ideales para que una de las especies de dinosaurios más grandes encontradas habitara el lugar junto con cocodrilos, tortugas y sapos.

Este gigante bípedo de patas anchas dejó sus huellas tan marcadas que aún se encuentran impresas en las rocas rojizas y conforman diversos recorridos que pueden apreciarse de cerca mediante pasarelas elevadas construidas para que el visitante pueda circular por encima de las huellas y evitar su depredación.

Anfiteatro natural

A 70 kilómetros de la ciudad de Cipolletti, en Río Negro, se levanta el anfiteatro natural "Retazo de Luna". La visión desde el borde de este gigantesco cráter abierto en la inmensidad de la llanura patagónica justifica el nombre con creces. Conserva restos fósiles de peces de agua dulce y cantos rodados del período Cretácico Superior. También se puede descender, pero se recomienda hacerlo con un guía que indique dónde pisar, ya que por aquí la tierra se desmorona fácilmente.

Una vez en el fondo del cráter, la diversidad de colores y formas colman la visual. Aunque parezca que un gigante hundió la zona con su pisada, lo cierto es que el agua y el viento se encargaron de moldear el terreno durante millones de años. Un paisaje impactante, casi lunar.

Parque Paleontológico

Bryn Gwyn

Gaiman, colonia fundada por inmigrantes galeses ubicada a 18 km de Trelew, en el Valle Inferior del río Chubut, ofrece un recorrido por el tiempo en que estas tierras conformaban el lecho del océano Atlántico. La caminata por el Parque Paleontológico Bryn Gwyn regala una panorámica de la estepa árida y continúa con particulares descubrimientos a lo largo del terreno: resguardadas en pirámides de cristal, se encuentran réplicas de mamíferos marinos, crustáceos y gastrópodos, todos pertenecientes a bancos fósiles hallados en el lugar, que datan de diez millones de años.

Sobre el final del recorrido —controlado por el Museo Egidio Feruglio—, la parte más profunda del valle despliega una enorme planicie de cenizas volcánicas y arbustos color musgo, donde suelen hallarse restos fosilizados de mamíferos.

Tanto argentinos como extranjeros integran contingentes que se asoman en tierra firme a este abismo de los tiempos, detenido en las formas que las piedras desnudan cuando los cinceles avanzan con suaves golpes. Como diría el artista, "la forma está dentro de la piedra, sólo hay que descartar lo que de ésta sobra".

Marte tuvo un ambiente húmedo y templado

La Nación
 
 

ESPACIO 

  • WASHINGTON (AFP).- Durante un breve período, Marte fue relativamente húmedo y templado. Fue antes de sufrir un gran cambio climático que lo volvió árido, frío y poco propicio para la vida, según un estudio internacional que se publica hoy en Science. Basándose en datos proporcionados sobre todo por Omega, el espectrómetro de la sonda europea Mars Express, los investigadores trazaron un mapa geológico del planeta rojo y llegaron a la conclusión de que sus minerales indican que hubo agua líquida en su superficie. Este mapa geológico cubre un 90% de la superficie del planeta e indica que las condiciones favorables a la vida sólo habrían existido en la "infancia" del astro. "Hace 3500 millones de años, Marte se volvió cada vez más seco y ácido", explicó John Mustard, geólogo de la Universidad de Brown.

Najash, la madre de todas las serpientes, tenía dos patas

La Nación Hallazgo de paleontólogos argentinos

 
Es la más primitiva y constituye el eslabón que las une a los reptiles terrestres
 

Fue la madre de todas las serpientes. Y vivió en la Patagonia. Por eso los paleontólogos la llamaron Najash rionegrina. «Najash» en hebreo significa «serpiente» y en esa tradición el nombre designa a la que Dios condenó a arrastrarse por haber engañado a Adán y a Eva.

Aunque se arrastraba, esta serpiente de 90 millones de años, cuyos restos fósiles fueron descubiertos en la provincia de Río Negro, tenía patas: sólo dos, las traseras. Además, tenía cadera, una característica anatómica de la que carecen las serpientes modernas y que permite postular que sería el eslabón que permite vincularlas con los reptiles de cuatro patas de los que descienden.

«Aunque existen restos fósiles de serpientes más antiguas, de hasta 130 millones de años, ésta es la más primitiva que se conoce», dijo a LA NACION el licenciado Sebastián Apesteguía, jefe de paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azzara y autor de la descripción de najash que publica hoy Nature.

«Esta serpiente es un hallazgo importante porque es la primera que tiene hueso sacro. Este representa una morfología intermedia que nunca había sido vista [en serpientes] -declaró por su parte Hussam Zaher, investigador de la Universidad de San Pablo, Brasil, y coautor del estudio-. Llena una importante brecha de información morfológica sobre la temprana evolución de las serpientes.»

Najash, además, aporta evidencias a favor del origen terrestre de las serpientes, en un momento en que la mayoría de los expertos en la materia se inclinan a favor de la teoría opuesta, que habla de un origen marino.

Lo inesperado

Los restos fósiles de najash fueron hallados en 2001, en La Buitrera, un yacimiento paleontológico del noroeste de la provincia de Río Negro. Allí, Apesteguía y sus colegas llevan siete años realizando tareas de exploración. «Lo que uno encuentra en La Buitrera es aquello que no espera encontrar -comentó Apesteguía-. Buscamos dinosaurios, pero lo que encontramos son los animales pequeños que vivían junto a ellos: lagartos, mamíferos, tortugas, peces…»

Y serpientes. En 2001, Pablo Gallina, uno de los paleontólogos del equipo, dio con los primeros restos de najash. «Encontró casi todo el esqueleto (desde la primera vértebra del cuello hasta el inicio de la cola), las patas y parte de la mandíbula -precisó Apesteguía-. Tiempo después hallamos restos fragmentarios de un ejemplar más grande y el año pasado encontramos medio cráneo.»

Con todas esas piezas, los investigadores comenzaron a armar el rompecabezas, cuyo resultado final es un animal de 1,5 metros de largo que puede parecer bastante extraño -¡una serpiente con patas!-, pero que permite comprender cómo fue la transición entre los reptiles terrestres que caminaban en cuatro patas y las serpientes modernas.

Najash carece de una de las características clave de estas últimas, que incluso está presente en especies marinas más antiguas: la macrostomía, que es la capacidad de abrir la boca para engullir animales más grandes que la cabeza de la misma serpiente.

Al mismo tiempo, escribieron los autores del hallazgo en Nature, «esta serpiente fósil tenía un sacro que soportaba la pelvis y unas piernas robustas y funcionales». Aunque en algunas serpientes modernas, como las pitones, persisten resabios mínimos de las extremidades posteriores, éstas no se conectan con la columna como en najash.

En suma, se trata de una serpiente que aún conservaba rasgos anatómicos de reptiles cuadrúpedos (la cadera y las piernas funcionales), pero que todavía no había desarrollado una característica distintiva de las serpientes modernas: la macrostomía.

Un dato no menor es el ecosistema que habitó najash: «La encontramos en un ambiente terrestre: lo que hoy es La Buitrera era el valle de un río que corría hacia el Pacífico -señaló Apesteguía-. En ese sentido, najash presentaba varias características terrestres: las vértebras de su espina neural eran chatas, lo que se considera una adaptación para poder meterse en cuevas; además, sus fémures estaban bien desarrollados: le permitían anclar sus patas en el suelo para moverse o para atacar.»

«Todo esto nos lleva a pensar que las serpientes se originaron en la tierra, mucho antes de lo que se piensa actualmente (quizás en el Jurásico) de modo tal que en el Cretácico, período en el que vivió najash, se diversificaron en formas terrestres y marinas», concluyó Apesteguía.

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

Por primera vez hallan 7 saurios carnívoros

La Nación
 
Enterrados en el mismo lugar, a 15 km de Plaza Huincul

 
Son de distintas edades, lo que sugiere que vivían en comunidad
 
 
Aunque la imagen del dinosaurio carnívoro que está solo y espera que su presa caiga dentro del alcance de sus garras y de su poderosa dentadura es la más difundida, el hallazgo en Neuquén de restos fósiles enterrados juntos de al menos siete ejemplares de una misma especie -hasta ahora desconocida- sugiere que estos peligrosos animales vivían en comunidad.

"La probabilidad de que se fosilicen siete dinosaurios carnívoros juntos son bajísimas: de una en cuarenta millones, por lo que el haber encontrado siete de una misma especie nos da la pauta de que habrían desarrollado algún tipo de estructura social; probablemente, vivían en manadas", dijo a LA NACION el profesor Rodolfo Coria, del Museo Carmen Funes de Plaza Huincul, Neuquén, que ayer dio a conocer allí el descubrimiento.

Es a quince kilómetros al sur de esa ciudad que, en 1995, Coria descubrió los restos de un dinosaurio desconocido. Fueron necesarios cinco meses de excavación, distribuidos en cinco años, para remover las cien toneladas de piedra que contenían los casi 300 huesos pertenecientes a los siete ejemplares del dinosaurio bautizado por Coria y su colega Phil Currie, de la Universidad de Alberta, Canadá, como Mapusaurus roseae.

El mapusaurio, cuya descripción acaba de ser publicada por la revista especializada Geodiversitas, es un carnívoro que nada tiene que envidiarles a bestias como el Tyrannosaurus rex. Con sus 12,5 metros de largo y aproximadamente seis toneladas de peso, este animal era una versión estilizada de su primo cercano: el Giganotosaurus carolinii, el dinosaurio carnívoro más grande conocido hasta la fecha.

"El mapusaurio tenía un porte similar al del giganotosaurio, pero era un poco más liviano y más esbelto; seguramente era más ágil -describió Coria-. Su cráneo era más frágil, pero sus dientes eran ligeramente más filosos, pues eran más delgados que los del giganotosaurio."

De caza en el cretácico

"Este nuevo descubrimiento nos ayuda a comprender mejor la diversidad de los dinosaurios carnívoros gigantes. Pero aún más interesante es el hecho de que el hallazgo incluye los restos de varios ejemplares de diferentes tamaños y edades", comentó el doctor Michael Ryan, director de paleontología de vertebrados del Museo de Historia Natural de Cleveland, Estados Unidos.

La cantera de quince metros de largo por seis metros de ancho excavada por Coria, Currie y sus colegas dejó al descubierto sólo restos de mapusaurios, pero no de otras especies.

"Eran ejemplares jóvenes, medianos y adultos que habrían muerto juntos -comentó Coria-. La composición del yacimiento fósil [el número de individuos por cada franja etaria] refleja la composición de cualquier población, lo que sugiere que se trata de animales que vivían juntos en un mismo territorio."

El hallazgo contradice las suposiciones sobre las costumbres de los dinosaurios carnívoros, que hasta ahora eran pensados como animales de hábitos más bien solitarios.

"El gregarismo en animales tan grandes nos sorprendió -confesó Coria-. Es esperable en animales pequeños, en los que la estructura social los ayuda a protegerse de sus depredadores, pero no en dinosaurios carnívoros como éste, que se encontraba en la cima de la pirámide de los megapredadores."

En otras palabras, nadie escapaba hace 90 millones de años de la voracidad de las manadas de mapusaurios. Ni los dinosaurios carnívoros Ilokelesia agudagrandensis, de cinco metros de largo, que habitaban la misma región, ni los gigantescos, pero vegetarianos Argentinosaurus huinculensis: una sola de estas moles de 80 toneladas de peso seguramente habrá bastado para saciar el apetito de varias de estas fieras.

"Cazar en manada debe haber sido una buena estrategia para poder derribar a un animal del tamaño del argentinosaurio", concluyó Coria.

Por Sebastián Ríos
De la Redacción de LA NACION

Modelo de referencia

  • Las 47 páginas que conforman la descripción del Mapusaurus roseae constituyen un trabajo poco común, al menos en lo que respecta a los carcharadontosaurios, familia de dinosaurios que amplia el descubrimiento de este nuevo carnívoro. "Con la publicación de su descripción, el mapusaurio pasa a ser el carcharadontosaurio mejor conocido -comentó el paleontólogo Rodolfo Coria-. Aunque ésta es una familia que se conoce desde principios del siglo XX, los trabajos que describen a sus integrantes (como el giganotosaurio) son descripciones cortas y poco minuciosas." Por mucho tiempo, sugirió Coria, "el mapusaurio será una referencia, a la hora de tomar modelos de comparación para describir animales nuevos."

La increíble historia del único argentino que murió en el Titánic

Infobae
 
En la localidad cordobesa de Villa General Belgrano, los integrantes de la familia Dick homenajearon a Edgardo Andrew que alguna vez residió en Río Cuarto. A 94 años de la tragedia, un museo familiar revela aspectos desconocidos de la víctima. Un viaje al pasado para sacar a flote la memoria
 
Enrique Dick es un militar de profesión y también oriundo de Villa General Belgrano, publicó hace cuatro años el libro "Una valija del Titánic", que relataba la historia del joven Edgardo Andrew, su tío abuelo de descendencia inglesa que residió alguna vez en Río Cuarto y que murió en el Titánic, en 1912.

Su hermana Marianne recordó que su abuela les contaba historias de su familia y entre ellas, la de su hermano menor, que con 17 años falleció en el Titánic”.

En 1988, en el marco de la película de James Cameron y en la búsqueda de más datos los especialistas en recuperar rastros de aquella historia confirmaron que entre los 1.515 pasajeros había un argentino: Edgardo Andrew.

A eso se sumó el rescate de algunos elementos del barco, desde el fondo del mar, a cargo de una empresa especializada, en el que se encontró una valija que perteneció a ese argentino.

“Allí apareció una carta que Edgardo le había escrito a su madre mientras estaba en el barco y que tenía la misma letra del escrito que figura en una postal a su amiga, que nosotros teníamos guardada como un tesoro”, explicó Marianne al diario "La Voz del Interior".

Una amiga de Edgardo, Josey Cowan, viajaba a Inglaterra junto con su madre, pero él debió embarcar días antes de que llegaran y molesto por ese desencuentro le escribía en el tercer párrafo de aquella tarjeta postal de 1912: “Figúrese Josey que me embarco en el vapor más grande del mundo, pero no me encuentro nada orgulloso, pues en estos momentos desearía que el Titánica estuviera sumergido en el fondo del océano”.

Jamás hubiera imaginado Edgardo que eso efectivamente ocurriría y encontraría la muerte junto al gigantesco barco tras un choque con un inmenso iceberg, apenas cuatro días después de zarpar.

Marianne posee un museo donde está la imagen de la postal del barco que contiene el texto de la carta.

Muy cerca se ubica el carruaje que pertenecía a la dueña de la estancia El Durazno, donde Edgardo pasó su infancia y adolescencia y además, un baúl con la inscripción de la familia Andrew.

El 10 de abril de 1912 el Titánic zarpó del puerto inglés de Southampton. Era el barco más poderoso y moderno de su tiempo. Sin embargo, se hundió en su primer viaje tras un choque con un inmenso iceberg, apenas cuatro días después de zarpar.

Restauran en el Museo de La Plata una colección única de piezas egipcias

Clarín

 
ARQUEOLOGIA : MAS DE 300 OBJETOS RESCATADOS POR UNA MISION ARGENTINA EN LOS AÑOS 60

El gobierno de Sudán se la había donado a la Argentina en la década del 70. Para la recuperación arqueológica se convocó a expertos de los Estados Unidos.

Sibila Camps

scamps@clarin.com

Con la intervención de un experto en conservación de objetos arqueológicos, el Museo de La Plata inició un camino tan delicado como apasionante, para poner en condiciones y volver a exhibir su colección egipcia, única en América latina. Las piezas —más de 300— forman parte de un gigantesco operativo internacional de salvataje en sitios arqueológicos, en el que participó la Argentina, y fueron donadas por el gobierno de Sudán.

La historia se remonta a 1954, cuando ese país y Egipto decidieron construir la gran represa de Asuán. El lago artificial cubriría una extensa zona de enorme riqueza cultural, conocida desde la antigüedad como Nubia. En 1959, los gobiernos sudanés y egipcio pidieron ayuda a la UNESCO, que lanzó un llamamiento que derivó en una campaña internacional para salvar el patrimonio de Nubia.

Desde 1961 hasta 1980 se excavaron centenares de sitios y se recuperaron millares de objetos. Varios templos fueron desmantelados y rearmados piedra por piedra en lugares más elevados, como los de Abu Simbel y Philae.

La Argentina fue el primer país sudamericano en participar en ese rescate, gracias a la iniciativa del doctor Abraham Rosenvasser, entonces titular de Historia Anti gua I en la UBA (ver El legado…). Como los fondos que el profesor consiguió del Conicet eran limitados, la misión argentina se asoció a la francesa, encabezada por Jean Vercoutter.

Rosenvasser y su equipo realizaron tres campañas, entre 1961 y 1963. Excavaron la fortaleza de Aksha, en especial las ruinas del templo de Ramsés II (1279-1212 a.C.). «Al sur de la Segunda Catarata, los faraones levantaron una serie de asentamientos para controlar el comercio y la explotación de minas de oro y de piedras semipreciosas«, explica la doctora Silvia Lupo, del Departamento de Egiptología del Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (Conicet).

Setenta piezas de la colección platense provienen del templo, como hermosos frisos, dinteles y jambas de puertas con jeroglíficos que muestran el programa propagandístico e ideológico de Ramsés II (ver Aksha, un…).

En el Museo de La Plata también hay vajilla en cerámica —jarras vertedoras y de forma globular, cuencos y copas, con dibujos vegetales—, de una ocupación posterior, en la época meroítica (siglos I a.C. a IV d.C.). Y también una gárgola del año 482 d.C., y un capitel de la época en que los restos del templo sirvieron de base para una capilla cristiana, en el siglo VII.

En Aksha, los arqueólogos también excavaron la casa de la sacerdotisa de Isis, Mahy, y la vivienda del gobernador. La misión argentina trabajó además en la tumba de Bedier, un oficial nubio, un siglo y medio anterior al templo; de allí se exhibe objetos del ajuar funerario. Y el doctor Alberto Rex González recuperó piezas de la era paleolítica.

Con el material donado por Sudán, el Museo de La Plata montó en 1977 la Sala Aksha, buscando recrear el templo de Ramsés II. Pero con los años, la presentación de las piezas —lo que se llama guión museográfico— quedó desactualizada, pues han cambiado las técnicas de comunicación visual y los paradigmas científicos de exhibición. Además, las partes del templo expuestas fueron deteriorándose porque esa piedra es muy débil.

Por un curioso giro del destino y pese a no ser egiptóloga sino doctora en física, Elsa Rosenvasser, hija de quien lideró aquella misión, ayudó a gestionar un subsidio de la Fundación Getty para entrenar a los conservadores del museo en la restauración y el mantenimiento de la colección egipcia. Esa tarea está a cargo del experto Kent Severson, quien ya hizo un diagnóstico y varias reco mendaciones para la nueva exhibición (ver Los expertos…).

En el proyecto colabora la doctora Perla Fuscaldo, directora del Programa de Estudios de Egiptología del Conicet. «Ya tengo una lista de las cosas que hay que tener en cuenta para montar la nueva exposición», comenta Elsa.

Hacia fin de año estará listo el diseño, aunque el público recién podrá verla en 2008. «El montaje es muy caro, y como el museo depende de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata, necesitamos patrocinantes —admite la directora, Silvia Amitrano—. Pero nos importa mostrar a la sociedad que este museo tiene patrimonio, que está bien custodiado y que busca conservarlo».

Aksha, un templo para el dios Amón

«Al sur de la Segunda Catarata, los faraones levantaron una serie de asentamientos, fortalezas para el control de las poblaciones del sur, y de la explotación de minas de oro y de piedras semipreciosas», explica la doctora Silvia Lupo. Aksha era uno de estos puestos, fundado por Seti I (1291-1278 a.C.), padre de Ramsés II.

Desde allí también se controlaba el comercio, que circulaba por el Nilo. Generalmente era ejercido por los nubios, que llevaban hacia Tanis —la capital del imperio, en el delta— los objetos suntuarios que requería la élite egipcia, como pieles de pantera, monos, ébano, colmillos de elefantes y plumas de avestruz.

«En Aksha vivían los funcionarios y los soldados, y la gente tenía su templo. Este tenía adosada una residencia que ocupaba el virrey de Nubia, en sus recorridas recogiendo tributos», señala Lupo. Allí también se hallaron objetos provenientes de tumbas de nubios.

Seti I empezó a construir el templo, que terminó Ramsés II. «No sólo está dedicado a Amón, el dios que comandaba la expansión de Egipto hacia el norte y el sur, sino que aparece por primera vez adorado el propio faraón como jefe del ejército, y como un dios más», agrega la investigadora. Hay frisos que describen matanzas de prisioneros, y otros que muestran a los pueblos sometidos del sur. «Hay un programa propagandístico e ideológico volcado en esas paredes, una ideología del Estado», interpreta Lupo.