Humanos y chimpancés se «cruzaron» antes de separarse

La Nación
 
Lo sugiere un estudio genético de científicos norteamericanos

 
Los genomas muestran que hubo hibridación durante cuatro millones de años
 
 
Toda familia tiene enredos en su pasado. De eso no cabe ninguna duda. Pero el que hoy describe un grupo de investigadores del Broad Institute y de la Universidad de Harvard, de Boston, supera todo lo imaginable: según un trabajo que publica la revista Nature, nuestros ancestros y los chimpancés se habrían cruzado repetidamente después de una divergencia inicial durante un extenso período de cuatro millones de años.

Los científicos siguieron las huellas de esta sorprendente y compleja historia evolutiva grabadas en los genes. Compararon los genomas de humanos, chimpancés y gorilas utilizando un "reloj molecular" para calcular cuánto hace que divergieron. Se considera que cuanto más tiempo haya pasado de la separación mayores serán las diferencias entre los genes.

Lo que hallaron es sorprendente. En algunos tramos de la secuencia de ADN, la diferencia genética entre ambas especies es grande, lo que indica que esos genes deben de estar aislados unos de otros desde hace casi 10 millones de años. Pero en otros tramos se aproximan tanto que da la impresión de que ambas especies seguían intercambiando material genético hace 6,3 millones de años.

"Lo que esto nos dice es que la especiación de humanos y chimpancés fue muy extraña", dijo Eric Lander, uno de los autores del trabajo, a AP. Según los científicos, una especie ancestral de primates se habría dividido en dos poblaciones aisladas hace unos 10 millones de años, pero habría vuelto a reunirse algunos milenios después. En ese momento, los dos grupos, aunque genéticamente algo distintos, se habrían apareado para dar lugar a una tercera población híbrida en un largo proceso que habría durado millones de años.

Los nuevos hallazgos sugieren, además, que la divergencia habría sido unos dos millones de años después de lo que se creía, hace entre 6,5 y 5,4 millones de años.

"Una especie es un conjunto de individuos que además de parecerse morfológicamente tienen libre flujo genético; es decir, que son capaces de dar descendencia fértil -explica el doctor Alberto Kornblihtt, director del Departamento de Fisiología, Biología Molecular y Celular de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Todos los humanos pertenecemos a la misma especie; sin embargo, los caballos y los asnos, por ejemplo, pertenecen a especies diferentes, porque si bien pueden dar descendencia, las mulas, éstas son estériles. Muchas veces la especiación no ocurre de forma abrupta, sino que aparecen poblaciones que si bien están diferenciadas morfológica y genéticamente de sus ancestros, durante un tiempo pueden cruzarse (hibridarse) y dar descendencia fértil con ellos. Este trabajo demuestra, a través de la comparación de los genomas humano y de chimpancé, hoy totalmente secuenciados, que la separación entre nuestros ancestros homínidos y los chimpancés ocurrió hace unos 5,5 millones de años, mucho más recientemente de lo que se pensaba. Pero lo más interesante es que esa separación fue la finalización de un proceso que duró aproximadamente 4 millones de años, durante los cuales los futuros homínidos podían todavía hibridarse y dar descendencia fértil con los chimpancés. Este sorprendente hallazgo surge de comprobar que algunos cromosomas humanos, como el X, son mucho más jóvenes, es decir que se parecen más a los equivalentes del chimpancé, que otros."

Según el investigador, aunque a veces las conclusiones que ofrece el "reloj molecular" pueden ser cuestionables, lo que queda en claro a partir de este estudio es que hay regiones del genoma que divergieron antes que otras.

"Es muy extraño. A mí me resulta asombroso -exclama del otro lado del teléfono el doctor Héctor Pucciarelli, antropólogo del Museo de Ciencias Naturales de La Plata-. Los genetistas tal vez estén más acostumbrados…"

Según el especialista, mínimas divergencias en el nivel genético pueden haber producido diferencias funcionales enormes. "Sin embargo -aclara-, los cálculos que hace la genética no se condicen con los que hace la paleontología, porque el que hasta ahora se creía que estaba en el centro de la divergencia entre humanos y chimpancés, Toumaï ( Sahelantropus ), tiene seis millones de años de antigüedad, que según este trabajo sería anterior al momento de divergencia. Por otro lado, la especiación indicaría que está excluida toda posibilidad de hibridación; sin embargo, ellos hablan de una especiación inicial seguida de una regresión durante la cual ambas especies pudieron seguir hibridándose de forma más o menos ocasional, de tal manera que habría algo así como «retornos» evolutivos. Es la primera vez que lo escucho, porque se considera que los procesos de especiación son más o menos unilineales…"

Sin duda, estos hallazgos vuelven a otorgar respaldo experimental a las teorías de Darwin. Explica Kornblihtt: "Entre el ancestro común y el chimpancé y hombre actuales, hubo muchas especies de homínidos que se extinguieron. La única que sobrevivió es el Homo sapiens sapiens" . Y enseguida bromea: "El hombre no desciende del mono; el hombre es un mono, un mono africano".

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

HALLAZGO ARQUEOLOGICO: La «Señora de Cao», gobernante mochica

La Nación
 

  • HUACA CAO VIEJO, Perú (Reuters).- Tras 16 años de excavaciones, se halló el cuerpo momificado de una gobernante de los mochicas, cultura que habitó la costa norte de Perú entre los siglos I y VIII d. C. Bautizada como la "Señora de Cao", fue encontrada en buen estado de conservación, junto con el cuerpo de una adolescente que se habría colocado en forma de ofrenda. El descubrimiento podría revolucionar las ideas que los científicos manejan sobre los mochicas, ya que hasta ahora se creía que esa sociedad había sido gobernada sólo por hombres. Junto al cuerpo, los investigadores hallaron objetos bélicos, joyas y lujosos vestidos.

Los enigmas de #Colón cumplen 500 años

elpais.es

Varios lugares se disputan el paradero de sus restos en vísperas del aniversario de su muerte.

Cinco siglos después de su muerte, que se cumplen el próximo sábado, Colón sigue siendo una personalidad polémica por los enigmas que encierra su figura. Hasta el siglo XIX, la época por excelencia de románticos y nacionalistas exaltados, #Cristóbal Colón no cobró importancia. Fueron ellos los que se inventaron un Descubridor de América que, en buena parte, no respondía a la realidad.

Fue un hombre polémico en vida y tras su muerte, incluso hoy día. Varios lugares se disputan celosamente el privilegio de acoger sus restos, sobre todo Sevilla y Santo Domingo. Fue enterrado en Valladolid y a los tres años se trasladó el cadáver a la Cartuja hispalense. El propio navegante expresó el deseo de que llevaran su cuerpo a la catedral de Santo Domingo, cosa que se hizo en 1544. En 1795, el arzobispo, por razones políticas del momento, evacuó todo lo que pudo a la catedral de La Habana, incluida una caja que contenía los restos de Colón. Pero en 1877, unas reparaciones en el templo dominicano sacaron a la luz una nueva caja con una inscripción en la que se afirmaba que se trataba de los restos del almirante. Tras el desastre de 1898, los huesos de La Habana fueron a parar a Sevilla. Parece que las pruebas de ADN realizadas en la ciudad hispalense van a confirmar que son despojos de Colón.

Lo más probable es que las dos cajas contengan parte de los restos, debido a que el traslado a la capital cubana se hizo con prisas. De Santo Domingo se enviaron fragmentos de huesos al Vaticano, Pavía y Caracas. Lo que está documentado es que Colón falleció el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, y que fue enterrado en la capilla de Luis de Cerda del convento de San Francisco, edificio derruido en 1837, y que unos expertos han precisado que se encontraba en lo que hoy es la Constitución, a escasos metros de unos grandes almacenes.

El navegante se había empeñado en llegar a Asia por el occidente, pensando que sería un camino mucho más corto que pondría a disposición de su patrocinador las especias y las riquezas de China y las islas Molucas. ¿Qué datos e informaciones poseía el marino genovés y dónde los había obtenido? Desde luego, ignoraba la existencia de un continente nuevo y desconocido que, con el tiempo, no llevaría su nombre, sino el de otro navegante más modesto, al servicio de la Corona castellana, llamado Américo Vespucio. Posiblemente los obtuvo de su suegro, Diego Perestrello, marino establecido en Portugal que, al morir, le legó una abundante documentación. También se maneja la hipótesis, con un punto de fantasía, de que un aventurero había llegado por casualidad a las costas de allende el Atlántico y murió a su regreso, no sin antes confiar el secreto a Colón. Juan Eslava Galán afirma, en su libro El enigma de Colón y los descubrimientos de América, que el proyecto no tenía fundamento científico y estaba plagado de errores, pero se basaba en dos datos aproximados: el conocimiento de la distancia a la que se encontraban las tierras y la ruta que había que seguir para alcanzarlas.

Como señala Peter Watson refiriéndose al descubridor en Ideas. Historia intelectual de la humanidad, la era moderna desconoce la experiencia medieval de adentrarse en lo desconocido, si exceptuamos los viajes espaciales; hizo gala de algo que se valoraba mucho en la sociedad posmedieval y prerrenacentista: la curiosidad intelectual.

Se ha tratado de restar importancia a su hazaña argumentando que, antes o después, otro habría hecho lo mismo. Pero, como dice Hugh Thomas, lo que ahora parece inevitable, entonces no parecía ni siquiera probable, y así lo certifica el rechazo que tuvo aquel proyecto en las cortes europeas, hasta que los #Reyes Católicos (Isabel y Fernando de Castilla y Aragón) decidieron darle crédito tras varios años de espera. Todos lo habían tachado de chiflado. Lo malo es que, ironiza Felipe Fernández-Armesto en su biografía, contagió a otros esa chifladura, que ha quedado plasmada en hipótesis disparatadas|Corona de Castilla|Corona de Aragón

Por fin llegó a una de las islas Bahamas, que él siempre creyó que eran la antesala de Asia. Y, precisamente, éste es otro de los puntos oscuros de su vida; no se ha podido determinar con exactitud el punto exacto ni a cuál de las islas arribó. Existen cuatro monumentos que reclaman la gloria de haber sido el escenario en el que fondearon las dos carabelas y la nao.

También ha sido notable la disputa entre los países y ciudades que en los últimos 150 años reclaman ser su cuna natal. No queda ninguna duda de que nació en Génova en torno a 1451 y de que era hijo de un tejedor. Es verdad, no obstante, que se expresaba mejor en castellano y latín que en italiano, lengua que no dominaba del todo. Los genoveses tenían su propio dialecto, muy alejado del italiano literario, y que no se utilizaba en la escritura.

Descubrimiento de América|Lugares colombinosEl Caribe, Cuba, La Española, Fuerte Navidad|Primer viaje de ColónPuerto Palos de la Frontera (HuelvaEspaña)|Las carabelas Pinta, Niña y Santa María, al mando de Martín Alonso PinzónVicente Yáñez Pinzón y Cristóbal Colón|Mar de los Sargazos|Guanahani, posiblemente, la actual isla de San SalvadorBahamas ó Cayo Samaná

Los enigmas de Colón cumplen 500 años

elpais.es

Varios lugares se disputan el paradero de sus restos en vísperas del aniversario de su muerte

Cinco siglos después de su muerte, que se cumplen el próximo sábado, Colón sigue siendo una personalidad polémica por los enigmas que encierra su figura. Hasta el siglo XIX, la época por excelencia de románticos y nacionalistas exaltados, Cristóbal Colón no cobró importancia. Fueron ellos los que se inventaron un Descubridor de América que, en buena parte, no respondía a la realidad.

Fue un hombre polémico en vida y tras su muerte, incluso hoy día. Varios lugares se disputan celosamente el privilegio de acoger sus restos, sobre todo Sevilla y Santo Domingo. Fue enterrado en Valladolid y a los tres años se trasladó el cadáver a la Cartuja hispalense. El propio navegante expresó el deseo de que llevaran su cuerpo a la catedral de Santo Domingo, cosa que se hizo en 1544. En 1795, el arzobispo, por razones políticas del momento, evacuó todo lo que pudo a la catedral de La Habana, incluida una caja que contenía los restos de Colón. Pero en 1877, unas reparaciones en el templo dominicano sacaron a la luz una nueva caja con una inscripción en la que se afirmaba que se trataba de los restos del almirante. Tras el desastre de 1898, los huesos de La Habana fueron a parar a Sevilla. Parece que las pruebas de ADN realizadas en la ciudad hispalense van a confirmar que son despojos de Colón.

Lo más probable es que las dos cajas contengan parte de los restos, debido a que el traslado a la capital cubana se hizo con prisas. De Santo Domingo se enviaron fragmentos de huesos al Vaticano, Pavía y Caracas. Lo que está documentado es que Colón falleció el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, y que fue enterrado en la capilla de Luis de Cerda del convento de San Francisco, edificio derruido en 1837, y que unos expertos han precisado que se encontraba en lo que hoy es la Constitución, a escasos metros de unos grandes almacenes.

El navegante se había empeñado en llegar a Asia por el occidente, pensando que sería un camino mucho más corto que pondría a disposición de su patrocinador las especias y las riquezas de China y las islas Molucas. ¿Qué datos e informaciones poseía el marino genovés y dónde los había obtenido? Desde luego, ignoraba la existencia de un continente nuevo y desconocido que, con el tiempo, no llevaría su nombre, sino el de otro navegante más modesto, al servicio de la Corona castellana, llamado Américo Vespucio. Posiblemente los obtuvo de su suegro, Diego Perestrello, marino establecido en Portugal que, al morir, le legó una abundante documentación. También se maneja la hipótesis, con un punto de fantasía, de que un aventurero había llegado por casualidad a las costas de allende el Atlántico y murió a su regreso, no sin antes confiar el secreto a Colón. Juan Eslava Galán afirma, en su libro El enigma de Colón y los descubrimientos de América, que el proyecto no tenía fundamento científico y estaba plagado de errores, pero se basaba en dos datos aproximados: el conocimiento de la distancia a la que se encontraban las tierras y la ruta que había que seguir para alcanzarlas.

Como señala Peter Watson refiriéndose al descubridor en Ideas. Historia intelectual de la humanidad, la era moderna desconoce la experiencia medieval de adentrarse en lo desconocido, si exceptuamos los viajes espaciales; hizo gala de algo que se valoraba mucho en la sociedad posmedieval y prerrenacentista: la curiosidad intelectual.

Se ha tratado de restar importancia a su hazaña argumentando que, antes o después, otro habría hecho lo mismo. Pero, como dice Hugh Thomas, lo que ahora parece inevitable, entonces no parecía ni siquiera probable, y así lo certifica el rechazo que tuvo aquel proyecto en las cortes europeas, hasta que los Reyes Católicos decidieron darle crédito tras varios años de espera. Todos lo habían tachado de chiflado. Lo malo es que, ironiza Felipe Fernández-Armesto en su biografía, contagió a otros esa chifladura, que ha quedado plasmada en hipótesis disparatadas.

Por fin llegó a una de las islas Bahamas, que él siempre creyó que eran la antesala de Asia. Y, precisamente, éste es otro de los puntos oscuros de su vida; no se ha podido determinar con exactitud el punto exacto ni a cuál de las islas arribó. Existen cuatro monumentos que reclaman la gloria de haber sido el escenario en el que fondearon las dos carabelas y la nao.

También ha sido notable la disputa entre los países y ciudades que en los últimos 150 años reclaman ser su cuna natal. No queda ninguna duda de que nació en Génova en torno a 1451 y de que era hijo de un tejedor. Es verdad, no obstante, que se expresaba mejor en castellano y latín que en italiano, lengua que no dominaba del todo. Los genoveses tenían su propio dialecto, muy alejado del italiano literario, y que no se utilizaba en la escritura.

La Patagonia era una enorme isla

La Nación
 
Hace millones de años
 
 
Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION
 

 
Si a Argentina hubiera existido hace cientos de millones de años, para visitar los glaciares o irnos a pescar truchas hubiéramos tenido que atravesar el océano y hacer un viaje “internacional”…

Ocurre que, según un trabajo que está a punto de publicarse en Earth Science Reviews, una de las revistas más reconocidas de las ciencias de la Tierra, la Patagonia sólo se fusionó con el extremo austral del continente americano –también con lo que es hoy el sur de Africa y un sector de la Antártida oriental– hace unos 315 millones de años.

“La zona de colisión se encontraba en lo que es ahora el norte de la provincia de Chubut”, explica el doctor Carlos Rapela, investigador del Conicet y director del Centro de Investigaciones Geológicas de La Plata, quien, junto con el geólogo británico Robert Pankhurst, del Isotope Geosciences Laboratory, del Reino Unido, firma el estudio.

Hace siete años, Rapela y Pankhurst decidieron analizar algunas de las rocas más antiguas que se encontraban al sur de la Sierra de la Ventana. El objetivo era verificar una audaz hipótesis postulada hace dos décadas por geólogos argentinos -entre los que se contaba el doctor Víctor Ramos, de la UBA- y sudafricanos sobre el origen de la porción más austral del territorio.

En los años sesenta y setenta, la idea de la deriva de los continentes y de la expansión del fondo marino -y la demostración de que la cadena del Himalaya surgió hace treinta millones de años de una monumental colisión entre continentes- había conmovido al mundo científico. Pero si bien el fondo de los océanos guarda el recuerdo del viaje de la India hacia el Norte, cuando se trata de reconstruir la historia más allá de los 200 millones de años ese tipo de registros se borra y hay que trabajar con rastros indirectos.

"Teníamos que descubrir rocas que tuvieran evidencias de colisión continental, que son las que se forman por fusión a alta presión -explica Rapela-. Como ocurre con dos automóviles que chocan de frente, en la zona de la colisión se produce un arrugamiento, eso hace que la corteza continental se engruese y en el interior de la tierra se formen rocas a temperaturas que superan los 650 o 680 grados."

Claro que, dado el lapso que transcurrió entre ese momento y el presente, encontrarlas no es sencillo. Sólo existen afloramientos pequeños, por lo que la tarea adquirió ribetes detectivescos.

"Las rocas antiguas que contienen evidencias de estos procesos son muy escasas en la Patagonia -subraya el científico-. Han sido en gran parte erosionadas o cubiertas por otras formadas en importantes episodios geológicos posteriores, como el desmembramiento de Gondwana o la formación de los Andes modernos. Pero encontramos lo que buscábamos en la parte central y a lo largo del río Chubut."

El paso siguiente consistió en determinar la edad, un procedimiento aún más complejo. Exigió una tecnología inexistente en América latina: la microsonda iónica de alta resolución desarrollada en la Universidad Nacional de Australia, en Canberra, conocida comoShrimp (sigla correspondiente a Sensitive High Resolution Ion Microprobe).

Durante más de seis años, los investigadores analizaron las piezas obtenidas. "Shrimp permite calcular no sólo la edad original de las rocas, sino también la edad de los episodios de calentamiento extremo que sufrieron después de formadas -detalla Rapela-. Esto último es esencial para estimar el momento de una colisión entre continentes, ya que durante esa etapa las rocas se calientan, llegando a fundirse parcialmente. Esta fusión hace recristalizar el borde de ciertos minerales, y analizando algunos como el circón, que tiene uranio y plomo, es posible determinar cuándo se formó, es decir, el momento del calentamiento, y en consecuencia el de la colisión del continente. Si pensamos que el tamaño promedio de un cristal de circón es de sólo 200 micrones (0,2 milímetros), analizar la composición del borde es una hazaña tecnológica de magnitud."

Según Rapela, es muy difícil definir las dimensiones del microcontinente que se aproximó desde el Sudoeste, pero éste seguramente debía incluir parte de lo que es ahora el centro de Chubut, Santa Cruz (el actual Macizo del Deseado) y Tierra del Fuego, y tal vez también la Península Antártica y parte de la Antártida actual.

"La colisión suelda el microcontinente al resto del supercontinente, y produce una extensa deformación que se prolonga en el tiempo, formando el cinturón plegado de Gondwana, fragmentado en la actualidad en pedazos que se encuentran en tres continentes distintos desde que se rompió, hace 130 millones de años", explica.

Y… sí, esto no hace más que confirmar que el mundo es un rompecabezas con pedazos dispersos por todo el planeta que se mueven uno o dos centímetros por año. "Es más -concluye el geólogo, y lanza un pronóstico estremecedor-, en estos momentos Africa está colisionando con Europa. El mar Mediterráneo está en extinción. Italia y Grecia van a desaparecer."

Por suerte, esto último sucederá dentro de… 20 millones de años.

¿Quién dijo que Darwin y Fitz Roy lo pasaron bien?

La Nación
Viajeros ejemplares / Gerardo Bartolome

 
Un argentino indagó la vida en la Patagonia de estos dos exploradores

Desde hace tres años, Gerardo Bartolomé viaja al pasado. Sin pócimas ni palabras mágicas, este ingeniero civil de 43 años descubrió que para hacerlo sólo hay que buscar una buena historia y salir a su encuentro.

Transcurría fines de 1831 cuando el H.M.S. Beagle, barco exploratorio de la flota inglesa, zarpó en lo que fue su segundo viaje alrededor del mundo. Con el capitán Robert Fitz Roy al mando relevó, durante cuatro años, puertos comerciales y lugares nunca visitados, que luego fueron inmortalizados en mapas.

En el bergantín viajaba un joven que, décadas después, revolucionaría al mundo con su concepción científica sobre la evolución de las especies: el naturalista Charles Darwin, que durante el recorrido recolectó gran parte de lo que fueron las pruebas fundamentales de su teoría.

Bartolomé se apropió de esa historia. Mientras devoraba los libros con las crónicas de viaje de los tripulantes, cada detalle acrecentaba su necesidad de revivirla. "Me seduce reconstruir e imaginar las situaciones, y para eso empecé a ir a todos los lugares donde estuvieron -dice a LA NACION-. La expedición del Beagle está tan documentada que hace más fácil imaginar y revivir los hechos."

Por medio de una familia amiga que tiene una biblioteca digital de libros antiguos accedió a la información de las coordenadas donde el barco inglés realizó sus escalas, las cargó en su GPS y salió en su búsqueda.

Margen de error

Si bien la mayoría de los datos tienen un error de medición de un 1,5 kilómetros de promedio, los dibujos y detalles de los relatos lo guiaron para encontrar los sitios. Así llegó al primer lugar en el que Darwin descubrió fósiles de animales extintos: en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca, mientras el barco descansaba en lo que hoy es la base militar Puerto Belgrano; y en Pehuan-Có, donde quedó varado por tres días a causa de una tormenta que lo obligó a comer gaviotas para subsistir.

Allí estuvo Bartolomé, aunque su menú haya sido otro. Sabe cada detalle de aquellos viajes y con amigos o familiares que lo acompañan juega a reconstruirlos. Saca fotos que, digitalizadas, reproducen los dibujos que en aquella expedición realizaba el artista Conrad Martens para entregar al almirantazgo inglés como prueba de haber pasado por allí.

"Es genial ver los lugares descriptos y dibujados por gente hace 200 años y ver cómo están ahora", dice Bartolomé, mientras muestra las fotos que tomó, entre otros sitios, de las islas Galápagos, en Ecuador, o de Punta Quilla, donde el Beagle debió ser arreglado. "Algunas fotos están iguales que los dibujos, como el Basalt Glen, en Santa Cruz, mientras otras, como en Puerto Belgrano, son muy diferentes", cuenta.

Durante los dos años que duró el recorrido de los expedicionistas por el territorio argentino, uno de los viajes más interesantes fue el que hicieron, cuesta arriba, en 1834 por el río Santa Cruz, en la Patagonia. Por tres semanas, la tripulación se dirigió hacia sus nacientes, pero por falta de alimentos debió volver sin descubrirla y sin saber que estuvo a sólo una hora y media de caminata.

En una especie de homenaje a aquellos viajeros, 169 años después, Bartolomé, con cinco amigos entre los que se encontraba su suegro, el escritor Aníbal Ford, recorrió durante seis días los 300 kilómetros de agua. La isla de los Leones Marinos, el Condor Cliff, el Basalt Glen, como cada uno de los altos realizados por la vieja tripulación fueron fotografiados. E incluso en el último Western Station dejaron una placa en su honor.

Descubrimientos y debates

Desde ese último lugar, con la ayuda de un teodolito, Fitz Roy había bautizado a algunos de los cerros de los Andes que aún mantienen sus nombres: el Castillo; un poco más al Sur, una montaña triangular con un pico levemente torcido a la izquierda, el Hobbler Hill, y más al Sur, el Stokes, en honor a su asistente cartográfico.

Un año después de su expedición por el río, Gerardo volvió al lugar con su amigo Fabián Zamponi, otro apasionado por la historia. Allí descubrieron que luego del Beagle algo debió haber pasado: el actual monte Stokes no era aquel que Fitz Roy había denominado.

Bartolomé regresó a su casa y se puso a bocetar un libro que contiene las respuestas: la novela histórica La traición de Darwin , editada por Zagier & Urruty en noviembre último. Pero también surgieron más preguntas que generaron un debate acerca de la veracidad de los hechos en el foro de su página de Internet ( www.latraiciondedarwin.com ).

"Hago las cosas a medida que me van gustando. Ahora quiero escribir otro libro con la historia del peritaje que hizo Moreno -cuenta Gerardo, que descubrió la escritura literaria después de estos viajes-. Además, quisiera encontrar algunas de las botellas o placas que dejaban los del Beagle. En el Cabo de Hornos hallaron una hace tres años", dice esperanzado y con ganas de superar los 25.000 kilómetros que lleva recorridos en este juego.

Por Alicia Beltrami

El ser humano no causó la extinción del mamut | #PREHISTORIA

#Historia|#Conocimiento

La Nación

PREHISTORIA| DevónicoCELN: Breves | Ciencia

PARIS(AFP) – Señalado hasta ahora como el culpable de la extinción de los mamuts lanudos, el hombre prehistórico obtuvo su absolución en un estudio que se publica hoy en la revista Nature. La técnica de radiocarbono aplicada en 600 fósiles de mamuts, cérvidos, #bisontes, caballos y castores gigantes, entre otros, reveló que el caballo salvaje se había extinguido antes de la presencia humana y que el mamut lanudo se encontraba ya en regresión. Otro estudio que se publicará en New Scientist revela que el hombre del Neolítico tenía un alto riesgo de ser golpeado en la cabeza. Arqueólogos británicos estudiaron los cráneos de 350 personas que vivieron en el sur de Inglaterra entre el año 4000 y el 3200 antes de Cristo. Entre el 4 y el 5% presentaba cicatrices, mientras que un 2% mostraba heridas no curadas, indicio de que habían causado la muerte de esos individuos|#eventos de extinciónextinción masivaespecies, géneros y familias

El ser humano no causó la extinción del mamut

La Nación
 

PREHISTORIA

  • PARIS(AFP).- Señalado hasta ahora como el culpable de la extinción de los mamuts lanudos, el hombre prehistórico obtuvo su absolución en un estudio que se publica hoy en la revista Nature. La técnica de radiocarbono aplicada en 600 fósiles de mamuts, cérvidos, bisontes, caballos y castores gigantes, entre otros, reveló que el caballo salvaje se había extinguido antes de la presencia humana y que el mamut lanudo se encontraba ya en regresión. Otro estudio que se publicará en New Scientist revela que el hombre del Neolítico tenía un alto riesgo de ser golpeado en la cabeza. Arqueólogos británicos estudiaron los cráneos de 350 personas que vivieron en el sur de Inglaterra entre el año 4000 y el 3200 antes de Cristo. Entre el 4 y el 5% presentaba cicatrices, mientras que un 2% mostraba heridas no curadas, indicio de que habían causado la muerte de esos individuos.

La fecha del poblamiento de América, en duda por pinturas de 9000 años

La Nación
 
Arte rupestre en las sierras de Baja California, México

 
Son las más antiguas del continente; fueron fechadas por un equipo internacional
 

 
Hace miles de años, un grupo de seres humanos que vivían de la caza y la recolección de frutos silvestres dejó en las montañas de lo que es hoy Baja California, México, un conmovedor testimonio de su existencia: cientos de figuras humanas y animales de tamaño monumental y sobrecogedora belleza pintadas en las cuevas de la zona.

Un equipo científico internacional -integrado por la arqueóloga mexicana María de la Luz Gutiérrez, responsable de la zona por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México; la arqueóloga argentina María Isabel Hernández Llosas, investigadora de la UBA y el Conicet, y el geocientífico australiano Alan Watchman, especialista en datación directa por radiocarbono de pinturas rupestres (hay sólo dos en el mundo)- acaba de confirmar no sólo que son las más antiguas del continente americano, sino también que fueron hechas nada menos que hace 9000 años.

La revelación sorprendió a la comunidad científica, porque pone en tela de juicio la fecha aceptada de la llegada del ser humano a América por el estrecho de Bering, que hasta ahora se creía habría ocurrido sólo dos mil años antes de ese momento.

"Nuestras expectativas iniciales giraban en torno de los 2000 a 4000 años -cuenta la doctora María Isabel Hernández Llosas, especialista en arte rupestre-. Las primeras pinturas que analizamos dieron 6000 años y ya nos pareció muy novedoso. Pero en la última campaña confirmamos que el inicio fue hace no menos de 9000 años. El que haya tanta intensidad de ocupación del espacio como para tener una recurrencia en el uso de estas cuevas hace ya 9000 años hace dudar de que el poblamiento tenga una antigüedad de once mil."

Declaradas patrimonio de la humanidad en 1993, las sierras de Baja California albergan una profusión de figuras monumentales que deslumbra. "Es un arte estéticamente impresionante", dice Hernández Llosas.

El conjunto se considera un fenómeno cultural excepcional, no sólo por sus enormes dimensiones, sino también por la cantidad de figuras que se encuentran representadas en las cuevas y por el número de cuevas halladas, que conforman una de las mayores concentraciones de arte rupestre del mundo.

Para determinar el momento en que fueron hechas, los investigadores extrajeron más de trescientas pequeñísimas muestras de los motivos y las procesaron en el laboratorio. "Primero se hace un corte delgado y luego una microexcavación con láser capa por capa -explica la arqueóloga argentina-. Eso permite saber exactamente qué se está fechando, dado que hay varias capas de pintura sucesivas, pero además cualquier elemento puede desviar el fechado. Por ejemplo, las paredes de las cuevas «crecen» porque allí se depositan algas, quedan restos de nidos de abejas, crecen hongos… Entonces si uno hace el fechado sin discriminar obtiene un promedio de todo el componente de carbono, no es confiable. En este caso, fechamos estrictamente el motivo que nos interesaba."

Para analizar la extensión espacial y temporal de ese fenómeno llamado "arte rupestre gran mural", los científicos plantearon toda una estrategia de muestreo. Hicieron tres campañas con financiamiento del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y de National Geographic, obtuvieron las muestras y fecharon alrededor de 60. "Es uno de los pocos lugares del mundo que tienen tantas muestras fechadas", subraya la arqueóloga.

Las pinturas, muy naturalistas, representan básicamente figuras humanas en distintas actitudes y toda la fauna del lugar. Se encuentran en una zona muy remota, de muy difícil acceso y completamente inexplorada. "Algunas de ellas tienen acceso por camino de tierra y después hay que entrar a lomo de mula", recuerda Hernández Llosas.

Los antiguos pobladores de la zona parecen haberlas producido con materia prima mineral. "Encontramos un valle que tiene pigmento de manganeso, que es lo que usan para hacer la pintura negra, y de hematita, para el rojo y con tratamiento de color, para el amarillo -detalla la arqueóloga-. Ese pigmento mineral era molido y mezclado con aglutinante vegetal para obtener una consistencia pastosa."

Los cazadores recolectores vivían en familias extensas y, según las estaciones, se separaban en bandas o se juntaban en lo que se conoce como "sitios de agregación" para realizar ciertas actividades y ceremonias.

"Una de nuestras hipótesis -concluye- es que muchas de estas pinturas están relacionadas con estos momentos de agregación y cumplían funciones sociales y rituales."

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

TURISMO PALEONTOLOGICO: ARGENTINA

Clarín
 
Tierra de dinosaurios

Thelma Lucero.

ESPECIAL PARA CLARIN

Los "museos al aire libre" se imponen como modalidad, y el sur argentino es una "meca natural" si se trata de rastrear los huellas de vida pasada que maravillan al turista con alma de expedicionario, sobre todo cuando se habla de dinosaurios.

La riqueza paleontológica de la Patagonia constituye un poderoso atractivo y su poder de imantación se explica. Aquí el viajero puede asistir al meticuloso y delicado trabajo de los paleontólogos durante las jornadas de rescate de dinosaurios, que van apareciendo a medida que avanzan las excavaciones.

Además de comprender las técnicas de limpieza de estos fósiles y los procedimientos para su conservación, se revelan sorprendentes datos sobre las monumentales criaturas que poblaron la tierra hace 120 millones de años y que hoy la ciencia redescubre y descifra .

Al extremo norte del Lago Barreales, a 90 kilómetros de la capital de Neuquén, los investigadores lo llaman "Costa Dinosaurio". Este es un espacio que transporta a la historia más recóndita del planeta y que asombra, mire por donde se lo mire: la inmensidad del paisaje agreste rojizo contrasta con un enorme espejo de agua azul mientras que, al bajar la cabeza, la mirada encuentra, entre los desniveles de la tierra, imponentes fósiles que los expertos destierran de sus tumbas.

Una estudiante platense que realizaba su primera campaña paleontológica halló una astilla y comenzó a limpiarla. Tras 50 minutos, una vértebra cervical afloraba de la piedra. El yacimiento resultó tan promisorio que dio lugar al "Proyecto Dino", una de las campañas de mayor envergadura del continente para extraer restos de dinosaurios y otros fósiles.

Además de ser un centro de capacitación para estudiantes, esta excavación se encuentra abierta al público durante todo el año y conforma una experiencia de película, al mejor estilo Steven Spielberg. En la Patagonia se encontraron vestigios del 10 por ciento de todas las especies de dinosaurios conocidas hasta el momento.

En Sudamérica no existe otro lugar como éste, donde se puede participar de una excavación dirigida por paleontólogos en medio de un ambiente natural inalterado. Acompañados por un guía especializado, los visitantes pueden ingresar al campo y observar la actividad de los científicos; luego, en el laboratorio, acceden al resultado del trabajo de rescate y aprenden las técnicas de limpieza de los fósiles, su tratamiento y conservación. Mientras tanto, los más chicos pueden jugar a ser paleontólogos buscando huesos de verdad en un arenero diseñado especialmente para ellos.

Si se tiene en cuenta que el proyecto persigue fines educativos y a los investigadores del lugar les apasiona transmitir lo que hacen, abundan las explicaciones sobre el significado de los fósiles para la historia de los dinosaurios y del planeta. De esta manera, nadie puede irse sin saber en qué ambiente vivían, cómo nacieron y se extinguieron, además de compartir las situaciones diarias del arduo trabajo de campo que requiere de mucha paciencia y vocación.

Para conocer en detalle la geología del lugar y otros sitios paleontológicos cercanos, se puede recorrer un circuito de dos horas de caminata por senderos pedestres de mediana dificultad, donde se llega a distintos puntos de interés: un yacimiento de troncos fósiles, la cueva sedimentaria Coragyp, miradores panorámicos, la excavación "génesis" y un recorrido al pasado geológico basado en la interpretación de las rocas. Una aventura inolvidable que obliga a agotar todas las fotos.

A modo de despedida, el visitante puede sostener un enorme fósil de Titanosaurio. Entonces se siente el peso de la historia sobre los hombros. Una experiencia que casi deja petrificado.

Pisando fuerte

En la localidad de El Chocón, junto al lago artificial Exequiel Ramos Mejía, en Neuquén, la naturaleza ha montado otro museo al aire libre. Es que hace alrededor de 105 millones de años, el clima subtropical de la zona prestaba las condiciones ideales para que una de las especies de dinosaurios más grandes encontradas habitara el lugar junto con cocodrilos, tortugas y sapos.

Este gigante bípedo de patas anchas dejó sus huellas tan marcadas que aún se encuentran impresas en las rocas rojizas y conforman diversos recorridos que pueden apreciarse de cerca mediante pasarelas elevadas construidas para que el visitante pueda circular por encima de las huellas y evitar su depredación.

Anfiteatro natural

A 70 kilómetros de la ciudad de Cipolletti, en Río Negro, se levanta el anfiteatro natural "Retazo de Luna". La visión desde el borde de este gigantesco cráter abierto en la inmensidad de la llanura patagónica justifica el nombre con creces. Conserva restos fósiles de peces de agua dulce y cantos rodados del período Cretácico Superior. También se puede descender, pero se recomienda hacerlo con un guía que indique dónde pisar, ya que por aquí la tierra se desmorona fácilmente.

Una vez en el fondo del cráter, la diversidad de colores y formas colman la visual. Aunque parezca que un gigante hundió la zona con su pisada, lo cierto es que el agua y el viento se encargaron de moldear el terreno durante millones de años. Un paisaje impactante, casi lunar.

Parque Paleontológico

Bryn Gwyn

Gaiman, colonia fundada por inmigrantes galeses ubicada a 18 km de Trelew, en el Valle Inferior del río Chubut, ofrece un recorrido por el tiempo en que estas tierras conformaban el lecho del océano Atlántico. La caminata por el Parque Paleontológico Bryn Gwyn regala una panorámica de la estepa árida y continúa con particulares descubrimientos a lo largo del terreno: resguardadas en pirámides de cristal, se encuentran réplicas de mamíferos marinos, crustáceos y gastrópodos, todos pertenecientes a bancos fósiles hallados en el lugar, que datan de diez millones de años.

Sobre el final del recorrido —controlado por el Museo Egidio Feruglio—, la parte más profunda del valle despliega una enorme planicie de cenizas volcánicas y arbustos color musgo, donde suelen hallarse restos fosilizados de mamíferos.

Tanto argentinos como extranjeros integran contingentes que se asoman en tierra firme a este abismo de los tiempos, detenido en las formas que las piedras desnudan cuando los cinceles avanzan con suaves golpes. Como diría el artista, "la forma está dentro de la piedra, sólo hay que descartar lo que de ésta sobra".