Marte tuvo un ambiente húmedo y templado

La Nación
 
 

ESPACIO 

  • WASHINGTON (AFP).- Durante un breve período, Marte fue relativamente húmedo y templado. Fue antes de sufrir un gran cambio climático que lo volvió árido, frío y poco propicio para la vida, según un estudio internacional que se publica hoy en Science. Basándose en datos proporcionados sobre todo por Omega, el espectrómetro de la sonda europea Mars Express, los investigadores trazaron un mapa geológico del planeta rojo y llegaron a la conclusión de que sus minerales indican que hubo agua líquida en su superficie. Este mapa geológico cubre un 90% de la superficie del planeta e indica que las condiciones favorables a la vida sólo habrían existido en la "infancia" del astro. "Hace 3500 millones de años, Marte se volvió cada vez más seco y ácido", explicó John Mustard, geólogo de la Universidad de Brown.

Najash, la madre de todas las serpientes, tenía dos patas

La Nación
 
Hallazgo de paleontólogos argentinos

 
Es la más primitiva y constituye el eslabón que las une a los reptiles terrestres
 
Fue la madre de todas las serpientes. Y vivió en la Patagonia. Por eso los paleontólogos la llamaron Najash rionegrina. "Najash" en hebreo significa "serpiente" y en esa tradición el nombre designa a la que Dios condenó a arrastrarse por haber engañado a Adán y a Eva.

Aunque se arrastraba, esta serpiente de 90 millones de años, cuyos restos fósiles fueron descubiertos en la provincia de Río Negro, tenía patas: sólo dos, las traseras. Además, tenía cadera, una característica anatómica de la que carecen las serpientes modernas y que permite postular que sería el eslabón que permite vincularlas con los reptiles de cuatro patas de los que descienden.

"Aunque existen restos fósiles de serpientes más antiguas, de hasta 130 millones de años, ésta es la más primitiva que se conoce", dijo a LA NACION el licenciado Sebastián Apesteguía, jefe de paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azzara y autor de la descripción de najash que publica hoy Nature.

"Esta serpiente es un hallazgo importante porque es la primera que tiene hueso sacro. Este representa una morfología intermedia que nunca había sido vista [en serpientes] -declaró por su parte Hussam Zaher, investigador de la Universidad de San Pablo, Brasil, y coautor del estudio-. Llena una importante brecha de información morfológica sobre la temprana evolución de las serpientes."

Najash, además, aporta evidencias a favor del origen terrestre de las serpientes, en un momento en que la mayoría de los expertos en la materia se inclinan a favor de la teoría opuesta, que habla de un origen marino.

Lo inesperado

Los restos fósiles de najash fueron hallados en 2001, en La Buitrera, un yacimiento paleontológico del noroeste de la provincia de Río Negro. Allí, Apesteguía y sus colegas llevan siete años realizando tareas de exploración. "Lo que uno encuentra en La Buitrera es aquello que no espera encontrar -comentó Apesteguía-. Buscamos dinosaurios, pero lo que encontramos son los animales pequeños que vivían junto a ellos: lagartos, mamíferos, tortugas, peces…"

Y serpientes. En 2001, Pablo Gallina, uno de los paleontólogos del equipo, dio con los primeros restos de najash. "Encontró casi todo el esqueleto (desde la primera vértebra del cuello hasta el inicio de la cola), las patas y parte de la mandíbula -precisó Apesteguía-. Tiempo después hallamos restos fragmentarios de un ejemplar más grande y el año pasado encontramos medio cráneo."

Con todas esas piezas, los investigadores comenzaron a armar el rompecabezas, cuyo resultado final es un animal de 1,5 metros de largo que puede parecer bastante extraño -¡una serpiente con patas!-, pero que permite comprender cómo fue la transición entre los reptiles terrestres que caminaban en cuatro patas y las serpientes modernas.

Najash carece de una de las características clave de estas últimas, que incluso está presente en especies marinas más antiguas: la macrostomía, que es la capacidad de abrir la boca para engullir animales más grandes que la cabeza de la misma serpiente.

Al mismo tiempo, escribieron los autores del hallazgo en Nature, "esta serpiente fósil tenía un sacro que soportaba la pelvis y unas piernas robustas y funcionales". Aunque en algunas serpientes modernas, como las pitones, persisten resabios mínimos de las extremidades posteriores, éstas no se conectan con la columna como en najash.

En suma, se trata de una serpiente que aún conservaba rasgos anatómicos de reptiles cuadrúpedos (la cadera y las piernas funcionales), pero que todavía no había desarrollado una característica distintiva de las serpientes modernas: la macrostomía.

Un dato no menor es el ecosistema que habitó najash: "La encontramos en un ambiente terrestre: lo que hoy es La Buitrera era el valle de un río que corría hacia el Pacífico -señaló Apesteguía-. En ese sentido, najash presentaba varias características terrestres: las vértebras de su espina neural eran chatas, lo que se considera una adaptación para poder meterse en cuevas; además, sus fémures estaban bien desarrollados: le permitían anclar sus patas en el suelo para moverse o para atacar."

"Todo esto nos lleva a pensar que las serpientes se originaron en la tierra, mucho antes de lo que se piensa actualmente (quizás en el Jurásico) de modo tal que en el Cretácico, período en el que vivió najash, se diversificaron en formas terrestres y marinas", concluyó Apesteguía.

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

Por primera vez hallan 7 saurios carnívoros

La Nación
 
Enterrados en el mismo lugar, a 15 km de Plaza Huincul

 
Son de distintas edades, lo que sugiere que vivían en comunidad
 
 
Aunque la imagen del dinosaurio carnívoro que está solo y espera que su presa caiga dentro del alcance de sus garras y de su poderosa dentadura es la más difundida, el hallazgo en Neuquén de restos fósiles enterrados juntos de al menos siete ejemplares de una misma especie -hasta ahora desconocida- sugiere que estos peligrosos animales vivían en comunidad.

"La probabilidad de que se fosilicen siete dinosaurios carnívoros juntos son bajísimas: de una en cuarenta millones, por lo que el haber encontrado siete de una misma especie nos da la pauta de que habrían desarrollado algún tipo de estructura social; probablemente, vivían en manadas", dijo a LA NACION el profesor Rodolfo Coria, del Museo Carmen Funes de Plaza Huincul, Neuquén, que ayer dio a conocer allí el descubrimiento.

Es a quince kilómetros al sur de esa ciudad que, en 1995, Coria descubrió los restos de un dinosaurio desconocido. Fueron necesarios cinco meses de excavación, distribuidos en cinco años, para remover las cien toneladas de piedra que contenían los casi 300 huesos pertenecientes a los siete ejemplares del dinosaurio bautizado por Coria y su colega Phil Currie, de la Universidad de Alberta, Canadá, como Mapusaurus roseae.

El mapusaurio, cuya descripción acaba de ser publicada por la revista especializada Geodiversitas, es un carnívoro que nada tiene que envidiarles a bestias como el Tyrannosaurus rex. Con sus 12,5 metros de largo y aproximadamente seis toneladas de peso, este animal era una versión estilizada de su primo cercano: el Giganotosaurus carolinii, el dinosaurio carnívoro más grande conocido hasta la fecha.

"El mapusaurio tenía un porte similar al del giganotosaurio, pero era un poco más liviano y más esbelto; seguramente era más ágil -describió Coria-. Su cráneo era más frágil, pero sus dientes eran ligeramente más filosos, pues eran más delgados que los del giganotosaurio."

De caza en el cretácico

"Este nuevo descubrimiento nos ayuda a comprender mejor la diversidad de los dinosaurios carnívoros gigantes. Pero aún más interesante es el hecho de que el hallazgo incluye los restos de varios ejemplares de diferentes tamaños y edades", comentó el doctor Michael Ryan, director de paleontología de vertebrados del Museo de Historia Natural de Cleveland, Estados Unidos.

La cantera de quince metros de largo por seis metros de ancho excavada por Coria, Currie y sus colegas dejó al descubierto sólo restos de mapusaurios, pero no de otras especies.

"Eran ejemplares jóvenes, medianos y adultos que habrían muerto juntos -comentó Coria-. La composición del yacimiento fósil [el número de individuos por cada franja etaria] refleja la composición de cualquier población, lo que sugiere que se trata de animales que vivían juntos en un mismo territorio."

El hallazgo contradice las suposiciones sobre las costumbres de los dinosaurios carnívoros, que hasta ahora eran pensados como animales de hábitos más bien solitarios.

"El gregarismo en animales tan grandes nos sorprendió -confesó Coria-. Es esperable en animales pequeños, en los que la estructura social los ayuda a protegerse de sus depredadores, pero no en dinosaurios carnívoros como éste, que se encontraba en la cima de la pirámide de los megapredadores."

En otras palabras, nadie escapaba hace 90 millones de años de la voracidad de las manadas de mapusaurios. Ni los dinosaurios carnívoros Ilokelesia agudagrandensis, de cinco metros de largo, que habitaban la misma región, ni los gigantescos, pero vegetarianos Argentinosaurus huinculensis: una sola de estas moles de 80 toneladas de peso seguramente habrá bastado para saciar el apetito de varias de estas fieras.

"Cazar en manada debe haber sido una buena estrategia para poder derribar a un animal del tamaño del argentinosaurio", concluyó Coria.

Por Sebastián Ríos
De la Redacción de LA NACION

Modelo de referencia

  • Las 47 páginas que conforman la descripción del Mapusaurus roseae constituyen un trabajo poco común, al menos en lo que respecta a los carcharadontosaurios, familia de dinosaurios que amplia el descubrimiento de este nuevo carnívoro. "Con la publicación de su descripción, el mapusaurio pasa a ser el carcharadontosaurio mejor conocido -comentó el paleontólogo Rodolfo Coria-. Aunque ésta es una familia que se conoce desde principios del siglo XX, los trabajos que describen a sus integrantes (como el giganotosaurio) son descripciones cortas y poco minuciosas." Por mucho tiempo, sugirió Coria, "el mapusaurio será una referencia, a la hora de tomar modelos de comparación para describir animales nuevos."

La increíble historia del único argentino que murió en el Titánic

Infobae
 
En la localidad cordobesa de Villa General Belgrano, los integrantes de la familia Dick homenajearon a Edgardo Andrew que alguna vez residió en Río Cuarto. A 94 años de la tragedia, un museo familiar revela aspectos desconocidos de la víctima. Un viaje al pasado para sacar a flote la memoria
 
Enrique Dick es un militar de profesión y también oriundo de Villa General Belgrano, publicó hace cuatro años el libro "Una valija del Titánic", que relataba la historia del joven Edgardo Andrew, su tío abuelo de descendencia inglesa que residió alguna vez en Río Cuarto y que murió en el Titánic, en 1912.

Su hermana Marianne recordó que su abuela les contaba historias de su familia y entre ellas, la de su hermano menor, que con 17 años falleció en el Titánic”.

En 1988, en el marco de la película de James Cameron y en la búsqueda de más datos los especialistas en recuperar rastros de aquella historia confirmaron que entre los 1.515 pasajeros había un argentino: Edgardo Andrew.

A eso se sumó el rescate de algunos elementos del barco, desde el fondo del mar, a cargo de una empresa especializada, en el que se encontró una valija que perteneció a ese argentino.

“Allí apareció una carta que Edgardo le había escrito a su madre mientras estaba en el barco y que tenía la misma letra del escrito que figura en una postal a su amiga, que nosotros teníamos guardada como un tesoro”, explicó Marianne al diario "La Voz del Interior".

Una amiga de Edgardo, Josey Cowan, viajaba a Inglaterra junto con su madre, pero él debió embarcar días antes de que llegaran y molesto por ese desencuentro le escribía en el tercer párrafo de aquella tarjeta postal de 1912: “Figúrese Josey que me embarco en el vapor más grande del mundo, pero no me encuentro nada orgulloso, pues en estos momentos desearía que el Titánica estuviera sumergido en el fondo del océano”.

Jamás hubiera imaginado Edgardo que eso efectivamente ocurriría y encontraría la muerte junto al gigantesco barco tras un choque con un inmenso iceberg, apenas cuatro días después de zarpar.

Marianne posee un museo donde está la imagen de la postal del barco que contiene el texto de la carta.

Muy cerca se ubica el carruaje que pertenecía a la dueña de la estancia El Durazno, donde Edgardo pasó su infancia y adolescencia y además, un baúl con la inscripción de la familia Andrew.

El 10 de abril de 1912 el Titánic zarpó del puerto inglés de Southampton. Era el barco más poderoso y moderno de su tiempo. Sin embargo, se hundió en su primer viaje tras un choque con un inmenso iceberg, apenas cuatro días después de zarpar.

Restauran en el Museo de La Plata una colección única de piezas egipcias

Clarín
 
ARQUEOLOGIA : MAS DE 300 OBJETOS RESCATADOS POR UNA MISION ARGENTINA EN LOS AÑOS 60

El gobierno de Sudán se la había donado a la Argentina en la década del 70. Para la recuperación arqueológica se convocó a expertos de los Estados Unidos.

Sibila Camps

scamps@clarin.com

Con la intervención de un experto en conservación de objetos arqueológicos, el Museo de La Plata inició un camino tan delicado como apasionante, para poner en condiciones y volver a exhibir su colección egipcia, única en América latina. Las piezas —más de 300— forman parte de un gigantesco operativo internacional de salvataje en sitios arqueológicos, en el que participó la Argentina, y fueron donadas por el gobierno de Sudán.

La historia se remonta a 1954, cuando ese país y Egipto decidieron construir la gran represa de Asuán. El lago artificial cubriría una extensa zona de enorme riqueza cultural, conocida desde la antigüedad como Nubia. En 1959, los gobiernos sudanés y egipcio pidieron ayuda a la UNESCO, que lanzó un llamamiento que derivó en una campaña internacional para salvar el patrimonio de Nubia.

Desde 1961 hasta 1980 se excavaron centenares de sitios y se recuperaron millares de objetos. Varios templos fueron desmantelados y rearmados piedra por piedra en lugares más elevados, como los de Abu Simbel y Philae.

La Argentina fue el primer país sudamericano en participar en ese rescate, gracias a la iniciativa del doctor Abraham Rosenvasser, entonces titular de Historia Anti gua I en la UBA (ver El legado…). Como los fondos que el profesor consiguió del Conicet eran limitados, la misión argentina se asoció a la francesa, encabezada por Jean Vercoutter.

Rosenvasser y su equipo realizaron tres campañas, entre 1961 y 1963. Excavaron la fortaleza de Aksha, en especial las ruinas del templo de Ramsés II (1279-1212 a.C.). "Al sur de la Segunda Catarata, los faraones levantaron una serie de asentamientos para controlar el comercio y la explotación de minas de oro y de piedras semipreciosas", explica la doctora Silvia Lupo, del Departamento de Egiptología del Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (Conicet).

Setenta piezas de la colección platense provienen del templo, como hermosos frisos, dinteles y jambas de puertas con jeroglíficos que muestran el programa propagandístico e ideológico de Ramsés II (ver Aksha, un…).

En el Museo de La Plata también hay vajilla en cerámica —jarras vertedoras y de forma globular, cuencos y copas, con dibujos vegetales—, de una ocupación posterior, en la época meroítica (siglos I a.C. a IV d.C.). Y también una gárgola del año 482 d.C., y un capitel de la época en que los restos del templo sirvieron de base para una capilla cristiana, en el siglo VII.

En Aksha, los arqueólogos también excavaron la casa de la sacerdotisa de Isis, Mahy, y la vivienda del gobernador. La misión argentina trabajó además en la tumba de Bedier, un oficial nubio, un siglo y medio anterior al templo; de allí se exhibe objetos del ajuar funerario. Y el doctor Alberto Rex González recuperó piezas de la era paleolítica.

Con el material donado por Sudán, el Museo de La Plata montó en 1977 la Sala Aksha, buscando recrear el templo de Ramsés II. Pero con los años, la presentación de las piezas —lo que se llama guión museográfico— quedó desactualizada, pues han cambiado las técnicas de comunicación visual y los paradigmas científicos de exhibición. Además, las partes del templo expuestas fueron deteriorándose porque esa piedra es muy débil.

Por un curioso giro del destino y pese a no ser egiptóloga sino doctora en física, Elsa Rosenvasser, hija de quien lideró aquella misión, ayudó a gestionar un subsidio de la Fundación Getty para entrenar a los conservadores del museo en la restauración y el mantenimiento de la colección egipcia. Esa tarea está a cargo del experto Kent Severson, quien ya hizo un diagnóstico y varias reco mendaciones para la nueva exhibición (ver Los expertos…).

En el proyecto colabora la doctora Perla Fuscaldo, directora del Programa de Estudios de Egiptología del Conicet. "Ya tengo una lista de las cosas que hay que tener en cuenta para montar la nueva exposición", comenta Elsa.

Hacia fin de año estará listo el diseño, aunque el público recién podrá verla en 2008. "El montaje es muy caro, y como el museo depende de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata, necesitamos patrocinantes —admite la directora, Silvia Amitrano—. Pero nos importa mostrar a la sociedad que este museo tiene patrimonio, que está bien custodiado y que busca conservarlo".

 

 

Aksha, un templo para el dios Amón

"Al sur de la Segunda Catarata, los faraones levantaron una serie de asentamientos, fortalezas para el control de las poblaciones del sur, y de la explotación de minas de oro y de piedras semipreciosas", explica la doctora Silvia Lupo. Aksha era uno de estos puestos, fundado por Seti I (1291-1278 a.C.), padre de Ramsés II.

Desde allí también se controlaba el comercio, que circulaba por el Nilo. Generalmente era ejercido por los nubios, que llevaban hacia Tanis —la capital del imperio, en el delta— los objetos suntuarios que requería la élite egipcia, como pieles de pantera, monos, ébano, colmillos de elefantes y plumas de avestruz.

"En Aksha vivían los funcionarios y los soldados, y la gente tenía su templo. Este tenía adosada una residencia que ocupaba el virrey de Nubia, en sus recorridas recogiendo tributos", señala Lupo. Allí también se hallaron objetos provenientes de tumbas de nubios.

Seti I empezó a construir el templo, que terminó Ramsés II. "No sólo está dedicado a Amón, el dios que comandaba la expansión de Egipto hacia el norte y el sur, sino que aparece por primera vez adorado el propio faraón como jefe del ejército, y como un dios más", agrega la investigadora. Hay frisos que describen matanzas de prisioneros, y otros que muestran a los pueblos sometidos del sur. "Hay un programa propagandístico e ideológico volcado en esas paredes, una ideología del Estado", interpreta Lupo.

 

 

 

 

Descubren restos de una ciudad medieval

La Nación
 
 

 

  • LONDRES (ANSA).- Un arqueólogo británico descubrió en el sur de Gales una ciudad medieval del siglo XIII, considerada uno de los centros de producción de hierro más importantes de las islas británicas. Fueron hallados cuatro edificios medievales y las bases de un gran asentamiento, así como evidencia de que allí se producía hierro en gran cantidad.

Usos y costumbres del beso

Clarín
 

Una forma de saludo con matices y diferencias que dan pistas sobre las distintas culturas del presente y del pasado.

Las costumbres, piensa El Viajero, son como el propio ombligo. Absolutamente natural para el portador, y sorprendentemente particular para el que mira. Y conocer las costumbres de cada región o cultura, que es como entrar en el ombligo de una comunidad. Como decía el filósofo escocés David Hume: "La costumbre constituye la guía fundamental de la vida humana", y entre ellas, el beso, el simple contacto de un labio con una mejilla o de dos labios, ha despertado suspicacias, enconos y sorpresas.

En las últimas décadas los argentinos varones asumieron el hábito curioso para muchos latinoamericanos, cuando no repulsivos, para otros: besarse entre hombres. Al parecer, y valga la redundancia, no parece cosa de hombres. Pero el beso entre hombres viene de antiguo.

En Bélgica, los amigos se saludan con tres sonoros besos en las mejillas. En cambio los egipcios tienen saludos más elaborados: los amigos varones suelen estrecharse las manos y besarse en una y otra mejilla. Esto puede repetirse más de una vez; y no es raro que concluyan con un beso en la frente. Pero este acercamiento entre los hombres no es igual para las mujeres: se les da la mano, pero sólo si ellas la extienden primero.

También en Nigeria los varones se saludan con sendos besos en las mejillas. Pero al sur de ese país africano, en Benin, suelen añadir un beso en la boca. En la Isla Mauricio los hombres se abrazan y se besan varias veces cuando se saludan. Y en países occidentales como Irlanda, recién en los últimos años los jóvenes de diferente sexo se saludan con un beso. En cambio, en México, no se acepta este "contacto de mejillas"; sin embargo cuando charlan lo hacen con sus cuerpos muy cerca, rozando las ropas.

Es que los besos, como reconoce El Viajero, pueden tener una connotación sexual y eso es lo que espanta a los hombres de ciertas culturas, cuidadosos de los malentendidos. Según pudo averiguar El Viajero, los primeros besos de la historia del hombre fueron dados a objetos sagrados con la finalidad de recibir su influencia mágica o sobrenatural. De ahí derivó la costumbre de besar los pies y rodillas de los reyes, jueces y santones. Los aborígenes australianos acostumbraban besar el suelo tal como lo hace el Papa cuando llega a un país. Lo hacían, dicen, con el objeto de recibir la energía de la tierra.

Sin duda, el beso que llama la atención, es el de boca a boca alejado de toda connotación sexual. Las madres antiguas, como ciertas aves, ablandaban la comida que luego entregaban en la boca a su criatura. Es decir, el boca a boca era una forma de transmisión de la vida. De allí surge, precisamente, el mito del beso del príncipe a la Bella Durmiente. Ese hálito, más que el beso, es el que revive a la muchacha.

Como ha visto El Viajero, en las islas Tinquia del Pacífico, las mujeres jamás besan a sus amantes en la boca. En un acto muy bello, pegan su nariz a la de su pareja y aspiran del mismo aire durante unos minutos. Muy parecido al ritual de los esquimales, que se frotan las respectivas narices en lugar de besarse. Para contrarrestar, los antiguos romanos consideraban un signo de distinción que los besaran en la boca; costumbre que observan los rusos contemporáneos sin necesidad de excederse en el vodka. Por el contrario, aun siendo amantes, ciertos ex presidentes no se besan en los labios con sus esposas y tampoco lo hacen los jóvenes reyes de España.

El arte, por cierto, no ha descuidado este singular detalle. El beso de Gustav Klimt o el homónimo de Rodin, tuvieron su cuarto hora de polémica. A finales del siglo XIX, la película El Beso, hizo público un acto sumamente privado. Cuarenta años más tarde, los hoy ignotos Jane Giman y Regis Tommey protagonizaron el beso más largo en la historia del cine: duró más de 3 minutos.

Sin embargo, Occidente tuvo que esperar hasta el mayo francés del 68 para liberarse de las ataduras de los besos a escondidas. Los jóvenes transformaron al beso en un símbolo de desobediencia. Y como bien recuerda El Viajero, el beso en los labios ya no fue una cuestión de amantes, sino también de buenos amigos. Llegaba el tiempo del amor libre.

En la actualidad, entre los jóvenes, el beso entre amigos del mismo sexo (masculino) está cada vez más difundido. Aunque en ciertos países, los nórdicos por ejemplo, la costumbre no ha sido asimilada.

Ya los besos no son brujos, como cantaba Libertad Lamarque; ni los ofrece la mujer araña, según la metáfora de Manuel Puig. Tampoco, claro está, es un sello mafioso y ni siquiera conlleva ya el estigma de la marca de Judas… pero, cada cual reconoce su propio ombligo, y por eso El Viajero cuando deambula por el mundo, primero mira, luego pregunta y finalmente, si cabe, explica las costumbres de su patria. Luego, sin miramientos, estrecha en un abrazo y hasta puede besar a sus seguramente perplejos anfitriones.

Descubren en Egipto las «oficinas administrativas» de un templo faraónico

Clarín
 

Un grupo de arqueólogos halló las ruinas del templo de Madi, que sería de la época faraónica del Imperio Medio (2040-1777 A.C.) y está situado cien kilómetros al suroeste de El Cairo.

Faruq Hosni, ministro egipcio de Cultura, anunció el hallazgo hoy y reveló también que los expertos encontraron vestigios de almacenes de legumbres y salas que sirvieron de residencia a los sacerdotes y trabajadores del templo de la ciudad de Madi. Ese santuario, consagrado al culto de la divinidad de la cosecha, data de cuando el faraón Amememhet IV compartió el poder con su padre Amememhet III, recordó el jefe del Consejo Supremo de Antiguedades, Zahi Hawas.

Y eso no es todo lo que se sabe. Dentro de las oficinas, construidas de adobe, se descubrió un conjunto de sellos –entre ellos uno de un sacerdote-, un anillo de oro y una estatua sin cabeza de una esfinge y otra que representa a una mujer, fabricadas de granito y de bronce, respectivamente. También se encontraron gran cantidad de papiros escritos con alfabeto jeroglífico, que Hawas, se tratan de mensajes de la realeza de la dinastía grecorromana de los Ptolomeos (341 a.C.-30 d.C.).

Fuente: EFE

Descubren una pirámide del siglo IV en México

La Nación
 
Fue construida por los teotihuacanos y abandonada casi 1000 años antes de que los católicos comenzaran a representar la crucifixión de Cristo en ese lugar, en el siglo XIX
 
 
MEXICO (AP).- Un equipo de arqueólogos anunció el descubrimiento de una gigantesca pirámide indígena del siglo VI bajo un terreno en el que desde hace dos siglos se recrea la crucifixión de Jesucristo.

Construida en una colina por los teotihuacanos, la pirámide fue abandonada casi 1000 años antes de que los católicos comenzaran a representar la crucifixión de Cristo en este lugar en el siglo XIX, sin saber que lo hacían encima de un templo dedicado a los dioses de la tierra, el viento y la lluvia.

Los residentes de la colina ubicada en Iztapalapa, en el este de la Ciudad de México, expresaron su alegría por el descubrimiento. Sin embargo, refleja la dificultad para preservar las diversas etapas en la cultura mexicana. Los arqueólogos han decidido no excavar para no perturbar los rituales cristianos.

"La gente, cuando nos vieron trabajando, no nos creían que era una pirámide. Cuando salían los taludes, los pisos, los distintos cuerpos… y pisos con altares, entonces ya nos creyeron", dijo el arqueólogo Jesús Sánchez.

"La gran mayoría de la población se sintió muy contenta, muy orgullosa", agregó.

La población de Iztapalapa, en su mayoría de clase baja que habita en una aglomeración de casas muy pobres, comenzó en 1833 con sus rituales de representación de la crucifixión para agradecer a Dios por la protección dada durante una epidemia de cólera.

Durante el ritual, que congrega a millones de personas cada año, elevan a un hombre en una cruz de madera cerca del lugar donde están los restos del templo de los teotihuacanos.

Los arqueólogos explicaron que van a rellenar algunas de las zonas de la pirámide para prevenir que la estructura se vea dañada por los peregrinos cristianos.

"Tanto la estructura pre-hispánica es parte de nuestro patrimonio cultural, como también la celebración de la Semana Santa en Iztapalapa en el Cerro de la Estrella es parte de nuestro patrimonio cultural. Entonces debemos buscar la manera en que se protejan ambas manifestaciones culturales", dijo Sánchez, que junto a Miriam Advincula, han estado explorando la zona desde el 2004.

En México se dieron múltiples casos en los que se hallaron construcciones católicas sobre edificaciones de religiones más antiguas.

Hallan el primer animal que pisó la tierra

La Nación
 
Representa el "eslabón perdido" entre los peces y los vertebrados terrestres

Sus restos fósiles fueron descubiertos en una isla canadiense, al norte del Círculo Polar Artico
 
Tras cinco años de excavar y examinar rocas en una fría isla ubicada al norte del Círculo Polar Artico, un equipo de paleontólogos estadounidenses descubrió los restos fósiles de un animal clave en la historia de la vida en la Tierra. Justamente, se trata del primer vertebrado que, hace 383 millones de años, salió del agua y pisó tierra firme.

Con sus tres metros de largo y el aspecto de una cruza entre cocodrilo y pez, el Tiktaalik roseae -cuya descripción publica hoy la revista Nature- posee características anatómicas de los peces, pero también de los primitivos animales cuadrúpedos que adoptaron la vida terrestre (los tetrápodos) y se olvidaron de su pasado acuático.

"Representa un paso intermedio entre los peces con aletas y los tetrápodos con extremidades, que proporciona un conocimiento único sobre cómo y en qué orden aparecieron las características principales de los tetrápodos", escribieron en Nature los autores del hallazgo, Edward Daeschler, de la Academia de Ciencias Naturales de Estados Unidos, y Neil Shubin, de la Universidad de Chicago.

¿Qué características? Aunque sus miembros anteriores parecían aletas, dio como ejemplo Shubin, "si miramos en su interior, podemos observar un hombro, un codo y una versión primitiva de muñeca, muy similares a las de todos los animales que caminan sobre la tierra. Podía flexionar el codo y extender la muñeca, de modo tal que la punta de su aleta descansase sobre la tierra".

"Podía hacer flexiones de brazos", ironizó el paleontólogo, y agregó: "Esencialmente, tenemos un animal que ha sido construido para mantenerse sobre la tierra".

"Es un eslabón entre los peces y los vertebrados terrestres que con el tiempo quizá se convierta en un ícono de la evolución como la protoave Archaeopteryx", dijeron los expertos en anfibios primitivos Per Ahlberg, de la Universidad de Uppsala, Suecia, y Jennifer Clack, de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, en un comentario del hallazgo publicado en la misma revista científica.

"El hallazgo representa lo que todos los paleontólogos y los biólogos evolutivos buscamos: documentar a través del registro fósil cómo se produjeron las grandes transiciones; en este caso, cómo se pasa de un pez a un animal que camina en cuatro patas", comentó a LA NACION la doctora Claudia Marsicano, del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La pieza que faltaba

Aunque hoy no existen dudas de que los vertebrados de hábitat terrestre descienden de cierto grupo de peces llamados sarcopterigios, cuya característica distintiva son las aletas con forma de lóbulo, los científicos carecían de evidencias fósiles que permitieran comprender cómo se sucedieron las adaptaciones que hicieron posible el paso del agua a la tierra.

Más precisamente, había una brecha temporal de casi diez millones de años que separaba a peces como el Panderichthys, que hace 385 millones de años ya prenunciaban ciertos caracteres de tetrápodos pero que aún vivían en el agua, de los tetrápodos más primitivos conocidos a la fecha, que hace 376 millones de años pasaban parte de su vida en tierra firme.

Con sus 383 millones de años de antigüedad, Tiktaalik constituye la pieza que permite armar el rompecabezas que vincula ambos bandos, los de agua y los de tierra.

"Muestra una combinación de caracteres de pez y de tetrápodo -dijo a LA NACION Per Ahlberg, a través del correo electrónico-. De pez tiene aletas con radios en vez de dedos, y branquias internas; de tetrápodo posee una cabeza y un cuerpo con forma de cocodrilo, ha perdido la cubierta ósea de sus branquias y tiene huesos de extremidad (húmero, radio y cúbito) dentro de sus aletas pectorales."

Otros aspectos de su anatomía que lo distancian del acuático Panderichthys son su hocico más alargado (una probable adaptación a la necesidad de respirar y comer fuera del agua) y sus ojos alojados en la parte superior de la cabeza, como los cocodrilos. Además, este quimérico animal tiene cuello, algo de lo que carecen sus ancestros, los peces.

Lo único que resta conocer del Tiktaalik es su cola. Aunque los tres ejemplares fósiles recolectados en la canadiense isla Ellesmere están en excelente estado de conservación, todos carecen de cola. "Seguramente tenían una cola recta y corta, con el sencillo contorno de una aleta -sugirió Ahlberg a través del e-mail-. Este es el tipo de cola que tenían tanto el Panderichthys como los tetrápodos más primitivos."

Asignaturas pendientes

Lo que resta saber es qué empujó a estos peces a salir del agua. La respuesta a este interrogante, en parte, puede hallarse en su entorno. Según Shubin y Daeschler, Tiktaalik vivía en cursos de aguas poco profundas, a cuyas orillas emergían de vez en cuando. Pero, ¿para qué?

"Se supone que este animal vivía en ambientes continentales de lagunas y ríos -respondió la doctora Marsicano-. Seguramente se alimentaba de peces y pasaba la mayor parte del tiempo en el agua, pero había desarrollado la capacidad de desplazarse en tierra firme, para ir de una laguna o un río a otro cercano en busca de alimento."

En su artículo de Nature, Ahlberg y Clack coinciden en que, en definitiva, "Tiktaalik recorre un largo camino -aunque no todo el camino- en dirección a llenar un vacío fundamental en la pintura que ilustra la transición entre el agua y la tierra".

Entonces, ¿qué resta saber sobre el paso de la vida acuática a la vida terrestre de los animales vertebrados? "Algunos grandes cambios ocurrieron entre Tiktaalik y los primeros tetrápodos -respondió Ahlberg-. Es notorio cómo las aletas se convierten en extremidades con dedos y cómo la pelvis se sujeta a la columna. Todavía no sabemos con exactitud cómo ocurrieron esos cambios."

Por Sebastián A. Ríos