Revelaron el mayor secreto de Hemingway

La Nación
Polémica en Alemania

En sus cartas admite que mató a 122 prisioneros alemanes

BERLIN.– Si se lo piensa bien, Günther Grass la sacó barata. Si en abril de 1945, cuando fue hecho prisionero por el ejército norteamericano, el entonces jovencísimo Waffen SS se hubiera topado con Ernest Hemingway, probablemente hubiera tenido el desdichado fin de tantos de sus compañeros de armas.

¿Cuántos fueron esos tantos? Exactamente, 122, al menos según el cálculo (real o imaginario) del escritor estadounidense. Todos eran prisioneros de guerra alemanes, desarmados: Krauts, como los llamaba con desprecio Hemingway. El autor de Adiós a las armas los mató –según dice, con gran gusto– durante el año que acompañó a las tropas aliadas como corresponsal de guerra.

¿Otra más de las tantas fanfarronerías de Hemingway? ¿Otra exageración de un hombre larger than life (más grande que la vida), tan apasionado de la caza mayor como de las corridas de toros, loco por las armas y el boxeo, consumidor insaciable de mujeres, alcohol y cigarrillos? Puede ser. Y Rainer Schmitz tampoco excluye esa posibilidad. Pero el periodista alemán ha querido llamar la atención sobre fragmentos de ciertas cartas del escritor, dos de ellas hasta ahora inéditas en Alemania.

Acaba de publicar con el sello Eichborn su libro ¿Que le ocurrió a la calavera de Schiller? Todo aquello que usted no sabía sobre literatura , una recopilación excelente y bien documentada de episodios, anécdotas y curiosidades poco conocidas o completamente desconocidas sobre escritores célebres.

Inmediatamente después del desembarco de Normandía, en junio de 1944, Ernest Hemingway se unió al regimiento 22 de la IV División de infantería estadounidense con el grado de oficial.

En realidad, no debía contar la gesta de los aliados; en aquel período de hecho ya trabajaba para la OSS, el servicio de inteligencia que antecedió a la CIA.

El trato a los prisioneros

Gracias a su perfecto dominio del francés, el escritor fue gobernador de facto de Rambouillet, a las puertas de París, donde tranquilizó a la población y sobre todo interrogó a centenares de prisioneros alemanes.

"Todo muy agradable y divertido", le escribió en el otoño de 1944 a Mary Welsh, que se había convertido ya en su cuarta y última esposa. "Muchos muertos, botín alemán, tantos tiroteos y toda clase de combates", relató.

La carta incriminatoria, que según Schmit no recibió la atención que hubiera merecido, es la que Hemingway le escribió el 27 de agosto de 1949, cuatro años después de la finalización de la guerra, a su editor, Charles Scribner.

"Una vez maté a un kraut de los SS particularmente descarado. Cuando le advertí que lo mataría si no abandonaba sus propósitos de fuga, el tipo me respondió: Tú no me matarás. Porque tienes miedo de hacerlo y porque perteneces a una raza de bastardos degenerados. Y además, sería una violación de la Convención de Ginebra . Te equivocas, hermano, le dije. Y disparé tres veces, apuntando a su estómago. Cuando cayó, le disparé a la cabeza. El cerebro le salió por la boca o por la nariz, creo", relató el escritor.

Menos de un año después, el 2 de junio de 1950, el autor de Por quién doblan las campanas volvió a evocar su experiencia bélica en una carta a Arthur Mizener, profesor de literatura de la Universidad de Cornell.

Allí hace un macabro balance de su pasión homicida: "He hecho el cálculo con mucho cuidado y puedo decir con precisión que he matado a 122".

Uno de esos alemanes, prosigue diciendo Hemingway, era "un joven soldado que intentaba huir en bicicleta y que tenía más o menos la edad de mi hijo Patrick".

Patrick había nacido en 1928, de modo que la víctima debía tener 16 o 17 años. El escritor le cuenta a Mizener que le "disparó a la espalda con un M1". La bala, de calibre 30, le dio en el hígado.

Esta carta no había sido publicada hasta ahora en Alemania. Sin embargo, no existe ningún testimonio que confirme la admisión de Hemingway.

Además, tal como aclara Schmitz, "en sus cartas el premio Nobel siempre tendía a la exageración, a alimentar el mito de su machismo".

Pero hasta sus admiradores aceptan que durante la Segunda Guerra Mundial probablemente haya violado las disposiciones de la Convención de Ginebra.

Schmitz, por su parte, señala que hasta ahora nadie ha indagado con seriedad en los archivos bélicos para arrojar luz sobre este aspecto importante de la vida de unos de los grandes de la literatura mundial de nuestro tiempo.

El ejercicio de matar

Hay algunos indicios de la fascinación que el acto de matar ejercía sobre Hemingway, que ganó el premio Nobel de Literatura en 1954.

"Me gusta disparar con un fusil, me gusta matar y Africa es el lugar donde puedo hacerlo", le escribió en la primavera de 1933 a Janet Flanner.

Seguramente hablaba de los animales que había abatido durante el safari de dos meses que había hecho ese mismo año, que más tarde inmortalizó en Las verdes colinas de Africa .

Pero más de uno recordará el principio de un artículo firmado por Ernest Hemingway que fue publicado en Esquire en abril de 1936: "Sin duda ninguna cacería es comparable con la cacería del hombre, y quien ha cazado hombres armados durante mucho tiempo y con placer, después ya no siente interés en otra caza".

Por Paolo Valentino
Del Corriere della Sera

Traducción: Mirta Rosenberg

Piden indemnizar a los autores de libros prohibidos

La Nación
Festival de la lectura en Rosario

Lo reclamó Osvaldo Bayer en Rosario
 
 
 

 

ROSARIO.- Con una conferencia en la que desgranó las vivencias que cuenta en el libro "Exilio", el escritor santafecino Osvaldo Bayer inauguró la Feria del Libro Rosario 2006, ante una nutrida concurrencia que colmó el auditorio principal del centro de convenciones Patio de la Madera.

"La melancolía de la injusticia, tener que dejar el país", definió el autor de "La Patagonia rebelde", buscando las palabras justas que dieran una idea de la dolorosa experiencia que sufrió durante la última dictadura militar, cuando se vio obligado a abandonar el país.

"Siempre me pregunté por qué las democracias no indemnizaron a los editores cuyos libros fueron prohibidos o fueron quemados", enfatizó el autor, que reclamó a la Secretaría de Derechos Humanos que ofreciera un resarcimiento a los editores y autores cuyos libros fueron censurados o destruidos.

"Es una forma de defender al libro", explicó Bayer, quien sufrió en carne propia que su obra fuera reducida a cenizas por razones políticas.

Bayer confesó que sintió indignación y estupor al enterarse de que los militares habían ordenado que, como en la novela "Farenheit 451", de Ray Bradbury, sus libros fueran arrojados al fuego, y reflexionó: "Quemar libros es como quemar niños, porque los libros, como los niños, no se pueden defender".

"Es, además, quemar el futuro, porque el futuro está en los niños y en los libros, en su sabiduría, en el debate de ideas que generan", insistió con un dejo de tristeza, y añadió: "Imagínense ir escalando cada vez más, hasta leer un libro de Kant, que nos hablaba de la paz eterna y de cómo conseguir la paz eterna".

"Los libros nos enseñan el camino al paraíso en la Tierra", comentó el autor, al evocar su ensayo "En camino al paraíso". Y se mostró muy satisfecho de estar "en este pequeño paraíso que es la Feria del Libro Rosario. Nunca voy a decir que no cuando me inviten a hablar en una feria del libro, como tampoco diré que no cuando me inviten a inaugurar un comedor infantil o una biblioteca pública. Es ahí donde comienzan a brotar las semillas".

La Feria del Libro se extenderá hasta el 3 del mes próximo, con la participación de autores nacionales y extranjeros. Entre ellos, el escritor Martín Caparrós, que hoy presentará su libro de crónicas "El interior", y la novelista colombiana Laura Restrepo, ganadora del premio Alfaguara 2004.

A lo largo de la feria pasarán Roberto Fontanarrosa, Antonio Dal Masetto, Angélica Gorodischer, Mempo Giardinelli, Eduardo Rawson Paz, Miguel Bonasso y Jorge Boccanera, entre otros.

Homenaje "canalla"

Nacido en Santa Fe, Bayer es un viejo conocido de los rosarinos, por la fuerte influencia de su obra en la intelectualidad local.

En sus frecuentes visitas a la ciudad hizo grandes amigos, entre los que se cuentan José "Perico" Pérez, dueño de la librería Homo Sapiens y principal organizador de la Feria del Libro Rosario, y José "Colorado" Vázquez, ambos dirigentes de la OCAL, la Organización Canalla para América Latina, la entidad que reúne a un grupo de entusiastas simpatizantes de Rosario Central.

Antes de la conferencia, ambos le obsequiaron al escritor una camiseta del equipo rosarino, con el número 10 y su apellido estampados en la espalda, como ofrenda de su admiración y cariño. Bayer la aceptó sonriente y complacido.

Ricardo Luque

Borges, siempre vivo en el recuerdo

 
 
 
La Nación
 
A 107 años del nacimiento del escritor
Kodama reunió a personalidades de la cultura para brindar por su memoria
 
 
 
 Jorge Luis Borges hubiera cumplido ayer 107 años. Con esa excusa, distintas personalidades de la cultura celebraron junto a María Kodama, presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, el aniversario del nacimiento del autor de "El Aleph".

En un clima cálido y distendido, unos 150 invitados brindaron a modo de homenaje en la amplia casona de Anchorena y Juncal, sede de la fundación. Muchos de ellos llegaron con flores para la anfitriona.

Empanadas, bruschettas y pata flambeada de ternera aderezada con distintas salsas precedieron a la torta de chocolate blanco coronada por velitas que recordaban el cumpleaños número 107 del escritor.

El embajador Juan Archibaldo Lanús, el ex juez de la Corte Suprema de Justicia Gustavo Bossert; los escritores Alina Diaconú, Ricardo Cordero y Virginia Carreño; el pintor Alfredo Plank, el empresario Alan Faena, la funcionaria Magdalena Faillace y el catedrático de la Universidad de Valenciennes Enrique Marini Palmieri, entre otros, soplaron las velitas con música de Pink Floyd de fondo.

Kodama se mostró renuente a explayarse sobre la polémica que se desató la semana pasada alrededor de una reedición crítica de la obra borgiana en Francia. "No existe confrontación alguna con la editorial Gallimard. El problema es con el señor Jean-Pierre Bernés, con quien mantengo una disputa judicial por derechos de autor", comentó a LA NACION en tono cordial, y dio el tema por cerrado. Bernés posee unos 20 casetes grabados con conversaciones con Borges, que servirían de base para la edición.

Por la tarde, Kodama había presentado junto con el ministro de Educación, Daniel Filmus, dos cuadernillos con cuatro textos de Borges que, en conmemoración de su nacimiento y con una edición de 200.000 ejemplares, se distribuyeron en forma gratuita en todo el país, en salas de cines y en taxis. La iniciativa se inscribió dentro de la Campaña Nacional de Lectura e incluyó sendos cuadernillos con el cuento "Las ruinas circulares" y el poema "Ajedrez", en uno, y el cuento "La forma de la espada" y el poema "Fundación Mítica de Buenos Aires", en el otro.

Miradas que se inspiran en Borges

La Nación
 
A 20 años de su muerte

 
Obras de Huadi, Sanz y Dinatale rinden homenaje al gran escritor universal
 

  • La exposición abrió en el Centro Cultural Borges
  • Son más de 30 pinturas y collages que recrean el pensamiento del autor
  • Aparecen el laberinto, el tango y los espejos

 
 
 
 

"Borges en el tiempo" es el nombre de la muestra que abrió anoche en el Centro Cultural Borges (Viamonte esquina San Martín), y que hasta el 13 de agosto rendirá un homenaje al escritor, a 20 años de su muerte.

Los artistas Huadi, Justo Antonio Sanz y Martín Dinatale (ilustrador, diseñador y editor de la sección Política de LA NACION, respectivamente) se juntaron para disfrutar, pensar y sentir la obra del autor de "El Aleph" y, a partir de ella, recrear con el lenguaje de la plástica esos universos y temas que Borges abordó con maestría literaria tanto en sus relatos como poemas.

Anoche se acercaron a saludar a los artistas y disfrutar de la muestra el presidente de la Asociación Borgesiana, Alejandro Vaccaro; el historiador Fernando Córdoba; compañeros de trabajo de los artistas de la Redacción de LA NACION, además de sus familiares y amigos.

La muestra, que puede ser visitada de 10 a 21, se estructura a partir de temas clásicos en la obra de Borges: el tango, los laberintos, los espejos. Y cada una de las obras está acompañada por el fragmento de un texto, ya sea un relato o poema borgiano, o un comentario del escritor.

En el catálogo de la muestra, Diego F. Barros, gerente de Edición y Arte de la Editorial Longseller, sostiene que "la muestra puede inscribirse en aquella preocupación borgiana por la lectura. Cada una de las imágenes que integran «Borges en el tiempo » constituye una de esas infinitas lecturas que puede suscitar una obra".

Tres expresiones

Los cuadros reunidos remiten a la figuración. Ponen en juego la subjetividad de cada uno de los artistas y, así, el trabajo en conjunto potencia la expresión individual.

Las obras de Dinatale se destacan por los rasgos expresionistas en las figuras humanas, que presentan formas angulosas y suelen apoyarse sobre fondos que recuerdan el expresionismo abstracto. De esta forma, sus imágenes generan cierta inquietud existencial y atmósferas enigmáticas. Algo de ese movimiento parece aquietarse en la obra "Crepúsculo borgiano".

"El Aleph", Walt Whitman, los laberintos, "El hacedor", el paso del tiempo, los espejos son algunos de los temas y relatos que desarrolla Dinatale. "La idea fue sentir a Borges y a partir de ahí expresar ideas sobre sus cuentos o poemas. Trabajé mucho en la búsqueda de los colores y las texturas", comentó el periodista y artista.

En el caso de Huadi, el rostro de un Borges envejecido está presente en todos los cuadros, como leitmotiv. "Se trata del Borges que yo tengo asumido y que amo; lo conocí a Borges ya de mayor y, entonces, no me reconozco tanto en el Borges de joven", dijo, al respecto, el reconocido dibujante. Y auguró: "Es probable que hagamos más muestras con Borges porque me inspira".

Huadi recurre con frecuencia a la técnica del collage y en algunas obras, incluso, juega con el marco, que ingresa en éstas como un elemento más. Como buen caricaturista, define las figuras con aquellos rasgos que hacen a su expresión única. Y así se reconocen los rostros de Kafka, Facundo Quiroga, Sarmiento. También sus obras remiten a otros temas caros al universo borgiano, como los tigres (en los cuadros "Búsqueda" y "Belleza"), la amistad, el tiempo.

Sanz es el único que no se sirve del rostro del escritor de "Ficciones", aunque en todas sus obras prevalece el cuerpo humano, inspirándose en relatos de Borges, como en los cuadros "Intrusa" e "Intrusa II", donde se desarrollan sendos desnudos femeninos.

El dibujo y, por lo tanto, la línea, se destacan en sus trabajos, así como también los tonos cálidos. "Siempre busco que haya una figura humana para que la obra no sea fría", expresó Sanz. El artista toma como ejes centrales los temas del tango, la mujer, los cuchillos. Y así se completa esta tríada que potencia sus posibilidades para agradecer a Borges tanta imaginación y talento.

Laura Casanovas

El Archivo General de la Nación, entre el olvido y la desidia

La Nación
 
Valiosos documentos en peligro: grave deterioro

Faltan insumos, recursos y personal
 

  • Hay más de un millón y medio de fotos históricas sin catalogar
  • El subdirector Bevilacqua advirtió que entre diciembre y marzo últimos el organismo funcionó con apenas $3000

 
 
 
 

"Mire, esto es como estar sentado sobre una montaña de oro. Y para cubrirla nos dieron un paraguas."

La elocuente descripción del Archivo General de la Nación (AGN) por parte del subdirector a cargo de la dirección, Pedro Bevilacqua, da cuenta del grave riesgo en que se encuentra el mayor repositorio documental de la Argentina.

Mientras respira dificultosamente con la ayuda de un broncodilatador -justo en un organismo donde el polvo, el papel, los ácaros y las pulgas suelen hacer estragos, además, en las vías respiratorias-, Bevilacqua se aferra a una esperanza frente al riesgo de depredación y deterioro que sufre el AGN, situado en Alem 246. El ministro del Interior, Aníbal Fernández, de quien depende el organismo, dio luz verde a la licitación para digitalizar los fondos documentales hasta 1937, con una inversión de $ 20 millones.

Este es un primer paso, imprescindible para la posterior microfilmación, cuyo proceso evitaría en el futuro la manipulación de legajos y documentos históricos por parte de los investigadores. Y, además, desalentaría la depredación y el hurto, que ya ha llevado a más de un visitante a la comisaría con papeles valiosos ocultos entre sus ropas, los dos últimos años. Por haber sido el país parte de un virreinato que se extendió más allá de la actual geografía argentina, el AGN también alberga fondos documentales de la historia de Bolivia, Perú, Paraguay y Uruguay. Y hasta de Brasil, cuyos requerimientos de información histórica también satisface.

En la sede central del AGN hay, en muy precario estado de conservación, fondos documentales y bibliográficos que van desde la época del virreinato hasta la primera presidencia de Perón. En otros dos archivos anexos se clasifican en bultos sin inventariar, por ejemplo, todos los documentos de las empresas privatizadas durante el menemismo. Más de un millón y medio de fotografías históricas esperan turno para su catalogación y registro. Además, el Archivo tiene un millón de fotos, cuyas copias pueden solicitarse a un costo de dos pesos. Según el funcionario, unos 10 kilómetros lineales -la avenida Rivadavia empapelada de punta a punta- de documentación se encuentra sin clasificar y a la espera de su inventario y digitalización.

Lo primero que dice Bevilacqua -a raíz de la carta abierta que los empleados enviaron el sábado último a LA NACION, en la que exponían las condiciones deplorables de trabajo y la falta de escaleras para cumplir su labor- es que la dirección del organismo expuso antes que nadie "las necesidades que tenemos. Lo de las escaleras es verdad. Pero ya tenemos tres metálicas y nos faltan otras cuatro que llegarán en breve", subraya. Las de madera utilizadas hasta hoy tienen una antigüedad de cuatro décadas. Los empleados se niegan, desde la semana pasada, a usar esas viejas escaleras atadas, a la usanza telúrica, con cuerdas plásticas.

Burocracia y desidia

El pedido de este elemento, necesario para acceder a los legajos archivados en la parte superior de los anaqueles, fue hecho el año último. Lo mismo ocurrió con otros insumos que el Archivo usa para la restauración de documentos o, por ejemplo, para resolver la rotura de cañerías que obligó en 2005 a retirar de la consulta las colecciones del diario Crítica, de Noticias Gráficas y parte de la Biblioteca Celesia. El AGN no maneja presupuesto propio, según explicó el subdirector. "Nosotros hacemos el pedido de insumos y el ministerio se ocupa de licitarlos, comprarlos y enviarlos".

Bevilacqua admite que la burocracia es enorme y que cada pedido consume como mínimo seis u ocho meses. Los intentos de LA NACION de conocer los fondos de que dispone el AGN fueron vanos. Bevilacqua dijo desconocer la partida asignada en el presupuesto. Sólo suministró el dato de la caja chica: $ 3000, que tampoco se renuevan mensualmente. "Por ejemplo, entre diciembre de 2005 y marzo de este año estuvimos con esos $ 3000", dijo.

En el momento en que LA NACION recorría en compañía de Bevilacqua la sala del período colonial y la de consulta de legajos, un investigador le comentó a esta cronista: "Diga que los legajos se deshacen cuando uno los toca. Mire, mire estos papelitos". Al costado del preciado fondo documental que el hombre consultaba, se acumulaban pequeños trocitos de hojas amarillentas.

Tampoco resulta segura la forma de resguardo actual. La visita a la sala del período colonial permitió observar gruesos legajos de documentos valiosísimos sostenidos entre dos tapas de cartón y atados con "hilo chanchero", como dijo la historiadora Hilda Sabato en diálogo con LA NACION. "Esta desidia viene de lejos -dice Sabato-. Durante la gestión de Enrique Tandeter [fallecido] , cuando Nilda Garré era secretaria de Asuntos Políticos en el gobierno de Fernando de la Rúa, hubo un gesto importante de normalizar el Archivo. El cargo de director tiene que concursarse para asegurar una gestión eficiente y moderna. El actual modelo de gestión es antediluviano." Agregó que al AGN le falta, además, "una política de archivos, que el país tampoco tiene respecto de su memoria histórica".

La historiadora señaló que la conservación de los fondos documentales coloniales es un asunto grave. Otro de los problemas del organismo es la falta de personal. El organismo tiene 50 empleados para el cumplimiento de lo que se supone es la misión del AGN: inventariar, catalogar, digitalizar, microfilmar, archivar, restaurar y conservar los fondos documentales.

Consultado el ministro Fernández sobre la situación del AGN, a través de su vocero, dijo: "Se está trabajando en una solución integral edilicia y documental. A la brevedad la daremos a conocer públicamente".

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION

Mañana sale Barcelona!!

Fabián Polosecki: su biografía inédita

Revista Sudestada

Por: Ignacio Portela, Hugo Montero

 
La aparición del programa de Fabián Polosecki a principios de los 90 representó algo más que una bocanada de aire fresco, fue la definitiva imposición de un estilo inédito en la televisión argentina. La clave fue detenerse en aquellas historias que ya nadie se preocupaba por escuchar. Esa nueva mirada que se instaló a partir del impacto de El otro lado y El visitante, se basaba en la búsqueda de historias que estaban allí, casi ocultas en las calles de Buenos Aires. El programa de Polo se encargó de correr las luces y enfocar la mirada hacia esas miles de historias escondidas en las sombras de la vida diaria y protagonizadas por ladrones, por vecinos, por trabajadores. Una verdad poética recorrió desde el principio su trabajo y generó una mística propia: lo extraordinario respira en lo cotidiano. Polosecki terminó sus días arrojándose bajo las vías de un tren el 3 de diciembre de 1996, dejando tras de sí una brumosa estela de dolor e interrogantes, pero también un legado artístico que resuena hasta nuestros días. A través del libro «Polo: el buscador», de próxima aparición, dos periodistas de Sudestada (Hugo Montero e Ignacio Portela) intentan aportar una mirada hacia la vida y la obra del periodista que agrietó las paredes de la televisión y que marcó a toda una generación de jóvenes periodistas. A continuación, un fragmento de la biografía en la que se describe cómo afectaban al propio Polo todos aquellos testimonios cargados de anhelos, traumas y frustraciones.

“Esas historias con las que me había encontrado y que habían sido como un rumor que me ayudaba a escribir; ahora eran un estruendo que me impedía escuchar mi propia voz. En los últimos meses, había oído demasiado y había visto cosas que hubiera preferido no ver”

Polo en off, durante el capítulo «Día de Cierre», El otro lado, 1993.

Cuando todo termina, cuando la lucecita roja de la cámara pierde su color y los micrófonos corbateros abandonan las solapas, cuando llegan los saludos de ocasión y vuelven los apuros del horario, y ya es hora de levantar campamento y seguir adelante, algo sigue encendido. Algo continúa su marcha, su interna procesión. No todo terminaba cuando el entrevistado se alejaba por una calle oscura, dejando atrás un puñado de heridas abiertas de frente a un tipo, un tipo cualquiera, que se interesaba por su historia, que indagaba, que buscaba casi con desesperación romper la cáscara de las cosas. Nada terminaba allí, en realidad, para Polo. Programa tras programa, toda aquella decisión casi obsesiva de rastrear lo más íntimo, lo más doloroso, lo más apasionado de una persona acababa por transformarse en un viaje del que, indefectiblemente, había que volver en algún momento. Y ese momento, supuestamente, era cuando la entrevista terminaba, cuando el trabajo terminaba.

Polo sabía que no era así, supo siempre que no era nada fácil quitarse de encima los recuerdos, las vivencias, las miserias de cualquiera de sus personajes. Y sabedor de los gajes del oficio, aceptaba las consecuencias de su viaje que, a decir verdad, era justamente aquel material que le daba a su programa una textura única en televisión. Gajes del oficio, pensaba Polo, mientras se largaba a caminar solo y perdido en el silencio, tratando de reconstruirse por fuera de aquella historia terrible que había buscado y había encontrado. Gajes del oficio, decía, como tratando de explicarse a sí mismo de qué se trataba todo aquello que lo dejaba marcado por horas, por días. No era fácil salirse de aquellas historias, no era fácil cerrar todo, saludar y listo, chau, olvidarse, como en cualquier trabajo en el que el reloj marca la hora de salida. Polo se quedaba atado a esas historias, y los hilos invisibles de aquellas ataduras se le iban acumulando, se iban enredando en una madeja cada vez más compleja.

“No entiendo, ¿por qué me cuentan estas cosas?”, le preguntaba Polo a su compañera Martina Miravelles, intentando buscar razones ante aquella confianza fugaz que permitía que cada uno de esos personajes se abriera ante aquel tipo de campera negra como si lo conociera de toda la vida. “¿Por qué me cuentan estas cosas?”, se preguntaba Polo, y sabía que no había respuestas, más allá de los argumentos que siempre intentaba improvisar para salir del paso ante alguna pregunta periodística, argumentos repletos de dudas y de nuevas preguntas. “El programa de los chorros o el de las putas fueron terribles. Me di cuenta que empezaba a escuchar. Una mina me dijo: ‘esto no se lo conté a nadie’, y me lo estaba diciendo a mí, sin conocerme. Me llevo un pedazo importante de esta gente, algo que es muy real y, al mismo tiempo, muy fuerte. Yo me siento muy involucrado. Después, no me puedo ir a dormir como si nada”, señalaba Polo en sus comienzos a la cabeza de El otro lado, antes que aquellas ataduras se convirtieran en la consecuencia cotidiana de cada entrevista. “Todos los que hacemos este programa vivimos algo fuerte que nos pega. Estoy aprendiendo muchas cosas. Una de ellas es estar preparado para escuchar cualquier cosa. Que hable con un ladrón no quiere decir que esté a favor del robo, ni que me solidarice con el tipo. Pero me interesa hablar con él, ver qué le pasa. Se puede hablar con cualquiera, sin juzgar. En definitiva, todos tenemos los mismos problemas, nadie es tan distinto. Me parece que es más importante lo que desconocemos del otro, que lo que sabemos de él. Todos guardamos secretos” (1), expresaba por entonces.

“Nadie es tan distinto”, afirmaba Polo. Y en esa sentencia reconocía una inevitable sensación de identificación con el otro, una suerte de viaje hacia el universo de ese otro que abría las puertas más oscuras de su existencia para relatar una anécdota que, para el protagonista, ya formaba parte de un pasado remoto y de muchos años de cargar con ese recuerdo, de ir asumiéndolo, de ir superándolo. Pero para el entrevistador, para un tipo como Polo, esos recuerdos eran ahora, eran presente, y eran uno atrás del otro, eran ese que tenía enfrente, sin tiempo para analizarlo fríamente (sin ganas también, incluso, porque hacerlo sería, de alguna manera, juzgarlo). Y cargar con decenas de historias por semana, historias terribles, dramáticas, divertidas, traumáticas, con ese presente inmediato de estar ahí, de escuchar y de meterse en el mundo del otro, era demasiado. Demasiado. Porque resulta que, en definitiva, uno no está tan alejado de la vida de un asesino, de una puta o de un carnicero: “Uno está inundado de eso mismo que la persona está contando. Por eso pega el relato, porque no creo que uno esté totalmente del otro lado de un linyera, un drogadicto o un ladrón” (2), reconocía Polo, ya en mayo de 1994.

Allí, en esa fusión invisible que tenía como protagonistas exclusivos a Polo y a sus criaturas, se encontraba con nitidez la esencia de sus programas. Pero también allí, en ese contacto casi inverosímil, en ese elemento tan poco usual en el mundo de los medios de comunicación, Polo se topaba diariamente con una pesada carga que debía soportar solo para seguir adelante. “No soy el mismo que empezó el ciclo. A mí me cambió la vida la gente que tuve oportunidad de entrevistar. Como la prostituta que me contó las cosas más fuertes que tuvo que hacer en su oficio. O como un chico que me explicó por qué robaba. Después de esas y otras notas, tuve que irme a caminar y tomarme una ginebra solo. Son cosas difíciles de digerir” (3), contaba.

En la vida cotidiana, esas ataduras mencionadas no se aparecían solamente en su mundo interior, a veces se hacían carne por fuera. “El tema de quedarse enganchado con la gente no tiene tanto que ver con su programa -reconoce Martina, quien convivió con Fabián durante los primeros meses del ciclo inaugural-. Nosotros nos íbamos de vacaciones, estábamos en las sierras y Polo se encontraba con un tipo de ahí y se ponía a hablar y a hablar; o en Brasil con el que nos alquilaba la casa. Se enganchaba con la gente del programa, pero para reportear a esa gente vos tenés que establecer algún vínculo. Y cierta gente, ciertos ambientes más densos, son peligrosos. Una vez vino a nuestra casa un taxista, que era el que llevaba a las prostitutas de una agencia y yo me rayé mucho. Era mi casa, ahí me asustó, pero por otro lado, era lógico. Es complicado, vos no podés decir ‘te entrevisto, te filmo, todo y después, te cierro la puerta en la cara’. Pero en ese momento eso me molestaba, hoy veo que es más complejo porque la gente no es descartable. Por ejemplo, conoció a unos basureros para un programa y, al tiempo, vinieron a casa a regalarle una campera de Manliba”…

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada n°36.

Ya salió Barcelona Mundial

 
 

BALADA DE UN ESCRITOR MILITANTE: Seremos como Haroldo Conti


                                                                                                        

 

Por Leandro Albani

Intelectual crítico y caminante de los rincones del pueblo, Haroldo Conti desarrolló en su obra literaria y periodística una mirada retratando a las simples personas que hacen la historia. Definido políticamente dentro del marxismo, su práxis revolucionaria continúa vigente e intachable.


El escritor, a pesar de todo, se mantenía firme, como el cartel que colgaba del escritorio. Le habían propuesto irse, seguir la militancia detrás de las fronteras, pero no se imaginaba lejos de sus hermanos y compañeros, respirando un exilio que imaginaba melancólico y cruel; lejos, también, de esas pequeñas historias que lo cruzaban por las calles de Buenos Aires o Chacabuco, o, como siempre sucedía, en las correntadas del Delta que remontaba anónimo.
Cuando los militares entraron a su casa, se dieron cuenta que toda la fuerza utilizada para romper, patear y pegar no les alcanzaba para descifrar esas palabras dibujadas en el cartel. Era una frase escrita en latín: “Hic meus locus pugnare est hinc non me removebunt”.
La traducción, que esas mentes obtusazas no descifraron, era una simple posición política que encerraba la coherencia de quien la escribió: “Éste es mi lugar de combate y de aquí no me voy”. Tal vez, como venganza a la incapacidad de comprender, los militares robaron todo lo que había en la casa.
Haroldo Pedro Conti había nacido el 25 de mayo de 1925 en la localidad de Chacabuco, provincia de Buenos Aires. Ese mismo mes, pero de 1977, la dictadura militar encabezada por Jorge Rafael Videla envió un grupo de tareas a secuestrarlo.
Maestro primario, profesor de latín (actividad que ejerció hasta su desaparición), empleado de banco, piloto civil, nadador, camionero, navegante, guionista de cine y periodista, Haroldo Conti se graduó en filosofía en 1954, luego de intentar encontrar su camino en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto.
Su militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, su adhesión abierta y solidaria hacia la Revolución Cubana y los libros publicados donde la libertad y las historias de la gente de a pie mostraban un pueblo que nunca se resignaba, desencadenaron sobre Conti la represión de las Fuerzas Armadas.
A los quince días de su secuestro, Videla se reunió y almorzó con cuatro escritores: Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Alberto Ratti (presidente de la Sociedad Argentina de Escritores) y el sacerdote Leonardo Castellani, quien había sido maestro de Conti en su época de seminarista. Tanto Ratti como Castellani preguntaron su paradero y el sacerdote pidió verlo en el lugar de detención. Borges y Sábato, fieles a sus ideas, callaron. Al tiempo, Castellani lo visitó en el campo de concentración Coordinación Federal y esas fueron las última noticias.

Un intelectual en su tiempo

Analizar la historia de Haroldo Conti es imposible sin enmarcarla en un contexto político y social que, principalmente, se desarrolló desde 1959 con el inicio de la Revolución Cubana y finalizó parcialmente en 1976 con la dictadura militar argentina.
El auge y toma de conciencia de la clase trabajadora, la solidaridad internacional entre diferentes movimientos de liberación y, en el caso de Conti, la lucha por el socialismo que proclamaba desde el PRT muestran a un intelectual orgánico y, a su vez, heterodoxo con la clase social a la que apostaba.
En agosto de 1974, y ya trabajando como periodista en la revista Crisis, publicó el artículo “Compartir las luchas del pueblo” donde afirmaba que “ser un revolucionario es una forma de vida, no una manera de escribir”. En tanto, agregaba algunas apreciaciones de su escritura: “Por supuesto quisiera ser un escritor comprometido en su totalidad. Que mi obra fuese un firme puño, un claro fusil. Pero decididamente no lo es. Es que mi obra me toma relativamente en cuenta, se hace un poco a mi pesar, se me escapa de las manos, casi diría que se escribe sola y llegado el caso lo único que siento como una verdadera obligación es hacer las cosas cada vez mejor, que mi obra, nuestra obra, como dice Galeano, tenga más belleza que la de los otros, los enemigos”.
Haroldo Conti integró el Frente Antiimperialista por el Socialismo, frente legal impulsado por el PRT donde convergían diferentes tendencias.
En el último párrafo de “Compartir las luchas del pueblo”, declaraba su participación en el FAS y expresaba “que he ofrecido en Córdoba mi colaboración para lo que mande al compañero Agustín Tosco y que creo decididamente en la patria socialista. Más claro, imposible”.
Como en muchas personas de su época, la Revolución Cubana se transformó en el prisma por dónde observar y aprehender América Latina. Ya en 1968, Conti se definió a favor de la Declaración General del Congreso Cultural de La Habana. En 1971 viajó por primera vez a la isla caribeña y declaró que había sido una de las experiencias más importantes de su vida. Luego sería jurado en Casa de las Américas y su novela “Mascaró”, premiada en 1975 con el galardón máximo del concurso organizado por la institución cubana.
La conducta de Ernesto “Che” Guevara también sería definitoria en Conti como en muchos intelectuales argentinos. Conti lo dejó plasmado en la carta enviada a la Fundación Guggenheim cuando rechazó la postulación a una beca que se le otorgaría. Su oportunidad, escribió Conti, era “el camino que nos señalara el comandante ernesto guevara”.
La obra y militancia de Haroldo Conti no reposa sobre el pueblo, sino que es parte concreta de él. Conti no dicta lección academicista sobre las “costumbres” de los sufridos de la tierra, sino que es uno más que, simplemente, apuesta a la revolución socialista para cambiar así las miserias padecidas por los oprimidos. En sus páginas y en la historia de su generación estos rastros son innegables.

Ideas en revolución

En el camino de Haroldo Conti se encuentran dos textos que marcan en forma definitoria y concreta su lucidez intelectual y humanismo. Dos artículos publicados en diferentes años y en circunstancias que, a primera vista, podrían parecer diferentes, pero ambos relacionados por el compromiso del intelectual frente a la realidad y la dependencia cultural como forma de dominación.
En diciembre de 1971 la “John Simon Guggenheim Memorial Foundation” le envió una carta postulándolo como posible candidato a una beca. La Fundación Guggenheim, durante años ha funcionado (y continúa haciéndolo) como sutil forma de control y dominación desde el poder hegemónico. Aunque en sus postulados explique que las ayudas serán utilizadas “para ampliar el desarrollo intelectual de estudiosos y artistas (…) respetando las condiciones de mayor libertad posible y sin distinción de raza, color o credo”, en el trasfondo se encuentra la cooptación y una lenta, pero eficaz, forma de penetración cultural.
Así lo denunció Conti en su respuesta, fechada el 28 de febrero de 1972: “deseo dejar en claro que mis convicciones ideológicas me impiden postularme para un beneficio que, con o sin intención expresa, resulta, cuanto más no sea por fatalidad del sistema, una de las formas más sutiles de penetración cultural del imperialismo norteamericano en América Latina”.
Luego de explicar las peripecias que debe sufrir un escritor en Latinoamérica y que, sin dudas, el dinero otorgado “habría significado una gran oportunidad”, Conti manifestó como “inaceptable” la postulación “para un beneficio que proviene del sistema al que critico y combato”.
En pocas líneas, reivindicó el rol del intelectual y sus únicas posibilidades en el continente: “Los antagonismos entre ese imperialismo y nuestros pueblos son profundos y violentos en todos los frentes incluido por supuesto el de la lucha cultural, y en este momento han llegado a una etapa de grandes definiciones en toda la extensa nación latinoamericana. Esto impone la claridad y la coherencia como deberes ineludibles del intelectual latinoamericano, cuya condición de ninguna manera entraña un privilegio sino una entera y exigente militancia”.
Para Haroldo Conti, la oportunidad revolucionaria en América Latina se llamaba socialismo y la trayectoria política del “Che” como enseñanza, se trasformaba en faro y praxis fundamental en la construcción del hombre nuevo.
En el último tramo de la misiva, se definía nuevamente por el pueblo y su inexorable liberación: “Por lo demás, yo he sido jurado de la Casa de las Américas en 1971, el mismo año en que usted me escribe, y considero que esa distinción que he recibido del pueblo cubano es absolutamente incompatible con una beca ofrecida por una Fundación creada por un senador de los Estados Unidos, o sea, no un hombre del pueblo norteamericano, sino del sistema que lo oprime y nos oprime”.
En diciembre de 1974, el suplemento cultural del diario La Opinión, desde sus páginas planteaba un debate en torno a la publicación de la novela “Libro de Manuel” de Julio Cortázar y la actitud del autor en donar el dinero obtenido por el premio Médicis que se le otorgaba. Cortázar, que desde hacía años bregaba por el socialismo y era criticado por su residencia en Francia, entregó ese dinero a Rafael Gumucio, representante de la resistencia chilena contra la Junta Militar encabezada por Augusto Pinochet.
Varios escritores e intelectuales se sumaron desde las páginas de La Opinión a analizar, no sólo la novela, sino la actitud de Cortázar. Uno de ellos fue Haroldo Conti.
“Cuando leí la noticia del premio que acaba de recibir Julio Cortázar y su actitud política al donarlo a los hermanos chilenos, me puse justamente en lugar de esos hermanos”, expresaba. Mientras algunos escritores, como Ricardo Piglia, sacaban a relucir en sus críticas un marxismo impoluto y perfecto, Conti definía: “A qué enturbiar, pues, esa actitud solidaria, fraterna, políticamente útil, con cargosas precisiones sobre el compromiso”.
Luego de afirmar que el gesto de Cortázar había sido bien aprovechado por el escritor para generar un hecho político y de denuncia, explicaba que frente a esta actitud “no le veo mucho sentido erigir, a partir de ella, una especie de sagrado tribunal para juzgar no sé qué entretelas en la conducta política de este escritor, a quien aprecio y respeto”.
En cuanto al grado de compromiso por el que Cortázar era juzgado, Conti exigía mirar hacia “dónde llegamos nosotros. Porque al juzgar a Cortázar nos juzgamos sin remedio nosotros”.
Dejando de lado la discusión estéril de la ubicación geográfica desde donde escribía Cortázar, pero a su vez apuntando a quienes son “capaces de escribir sobre el Renacimiento o sus aburridos fantasmas apoyados en el mismo paredón detrás del cual revientan a sus hermanos”, Conti convocaba a “asumir América no sólo en un poema o una discreta novela sino en cosas más concretas como resignar un premio para ayudar a los hermanos chilenos o denunciar la cárcel o las torturas a un compañero”.
Antes de finalizar su opinión, Conti realizaría una lectura que el devenir de la historia le daría la razón con respecto al rol de Julio Cortázar como intelectual y militante. “Yo aprecio esto de Cortázar -escribía- y se lo agradezco y creo que es bueno que se quede allá (en Francia) aunque sea nada más que para eso. Porque cuando enmudezcan todas la voces, habrá todavía una, salvada por la distancia, que señale y condene, que denuncie y ayude, que movilice y congregue”.

La vigencia de un caminador

Finalizada la dictadura en 1983, los operativos llevados a cabo por el poder militar para estructurar al país bajo el libre comercio, la cultura occidental y cristiana, y el despojo total de contenido a la política, dejaron marcas y huellas que todavía perduran.
En el campo intelectual, se produjeron reacomodamientos, zigzgeos o, directamente, domesticaciones que, en la actualidad, se observan en personajes como Santiago Kovadloff, Juan José Sebreli o Jorge Asis. De críticos de la sociedad burguesa, a partidarios del ex ministro de la ALIANZA y actual candidato de la derecha argentina, Ricardo López Murphy en los casos de Kovadloff y Sebreli. De “lúcido” integrante del Partido Comunista a funcionario multiuso del menemato en los noventa, en el caso de Asis.
En una entrevista realizada por La Opinión en 1975, Conti ya les contestaba a estos personajes. “El único privilegio al que puedo aspirar es que algún día mis compañeros albañiles o mecánicos me reconozcan como uno de los suyos. Y así como alguien podrá decir ‘mi orgullo es ser albañil’, yo diré ‘mi orgullo es ser escritor’, el de construir historias tal como el albañil construye casas”.
Enfrentados al poder que corrompe en beneficio de unos pocos, sin anacronismos o defasajes, las figuras de Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Roberto Santoro o Paco Urondo se convierten en la oposición de los intelectuales que coquetean y reciben el beneplácito de empresarios que utilizan sus cabezas como alcancías donde depositan monedas y doblones a cambio de teorías sobre el fin de la historia o las bondades que el primer mundo depararía si los pueblos y su “barbarie” aceptara esas indicaciones y coordenadas.
En este caso, Haroldo Conti (como muchos de su generación) resume teoría y práctica. Desde su militancia en el PRT y su concepción del mundo regida por el pensamiento de Ernesto Guevara y un socialismo con fuertes raíces en América Latina, hasta los relatos donde la vida cotidiana no es costumbre de pueblo, sino radiografía de una sociedad donde el hombre no pierde la identidad ni tampoco sus problemas y triunfos, Haroldo Conti dejó para los que vienen detrás la certeza que los caminos todavía no han sido destruidos. Muy por el contrario, se encuentran en construcción como ese circo que describió en “Mascaró”, mientras sus personajes recorrían las costas sumando vida y enfrentando vientos y tormentas sin parar la marcha.

La obra literaria

El buey risueño (Obra de teatro, 1944); Examinado (Pieza teatral, 1955. Premio Olat); Sudeste (Novela, 1962. Premio Fabril); Todos los veranos (Cuentos, 1964. Premio Municipalidad de Buenos Aires); Alrededor de la jaula (Novela, 1966. Premio Universidad de Veracruz, México. Llevado al cine en 1977 por Sergio Renán con el nombre "Crecer de golpe"); Con otra gente (Cuentos, 1967); En vida (Novela, 1971. Premio Barral, España); La balada del álamo Carolina (Cuentos, 1975); Mascaró, el cazador americano (Novela, 1975. Premio Casa de las Américas, Cuba).

PERIODICO RESUMEN LATINOAMERICANO


                                                                                                     

La contrainformación tiene futuro

Por Demetrio Iramain

Siete ediciones impresas: en argentina, venezuela, paraguay, Europa; una en Italia, traducida íntegramente al idioma de la península, y muy pronto tiradas propias en Uruguay y Guatemala. Varios programas de radio en no pocos países, un envío semanal televisivo, y una versión digital editada tres veces por semana que cuenta con 95.000 suscriptores en todo el mundo. Resumen Latinoamericano no es una experiencia más entre todas las ensayadas por los rebeldes que no se conforman con el discurso único del imperialismo. Tiene a su favor un largo recorrido. Carlos Aznárez es su director y responsable máximo de los caminos comunicativos que Resumen transita para torcer la gran mentira de los dueños del mundo. Sentado en una mesa del Café Literario de las Madres, en la entrada a la Universidad Popular, conversa pausadamente, aunque sin detenimientos, sobre su práctica contrainformativa y señala que su gran propósito es “tratar de generar un proyecto en el que el enemigo no sea el hombre de izquierda que tenemos al lado, sino fijar claro quién es el verdadero enemigo. Buscamos la amplitud”.
“Resumen tiene dos etapas –repasa Aznárez–. Una empezó en 1979, en el exilio. Comenzamos a sacar una revista que se llamaba ‘Resumen’, y que tenía que ver con la denuncia y el día a día del exilio argentino y también latinoamericano, teniendo en cuenta que gran parte de las organizaciones políticas y revolucionarias tenía gente en Europa, en México, en Venezuela. Allí escribían con asiduidad Galeano, Roa Bastos, Alvaro Mutis, Jacobo Timermann, Benedetti, y tantos otros”.
El segundo período de Resumen comenzará casi quince años después, cuando las dictaduras latinoamericanas cambian por otra forma más sutil de dominación: el neoliberalismo más obtuso. “La otra etapa empieza a germinar en 1992, y el primer número aparece al año siguiente. Por qué en ese año: por toda la bamboya que se hizo con el Quinto Centenario y el descubrimiento de América. Nosotros decíamos que había habido un genocidio. Eso provocó que todos los diarios del mundo hablaran de América latina, pero por un rato nada más. Después volvimos a ser una noticia breve, o una noticia de catástrofe, o una noticia negativa, pero no se habló más. Y entonces nosotros pensamos que había que hacer una publicación ya, eminentemente latinoamericana, y que había que jugar la cosa a nivel continental y no en un solo país. No había ni revolución, ni proceso de integración que no significara sumar país por país y sumar sus culturas, con una idea de tener un lenguaje distinto frente a Estados Unidos”.

-También existe una edición digital, ¿verdad?
-Sí, esos envíos nacen el 12 de septiembre de 2001, al día siguiente de las Torres. Ese día vimos que ahí más que nunca se necesitaba contrainformación, porque iba a venir el discurso único con todo. Incluso, compró el discurso único gente nuestra, “compañeros” que, asustados por la tremenda carga que larga el imperialismo contra cualquier voz de izquierda y lo demoniza, se plegaron a ese discurso único. Ahí empezamos con los envíos digitales, reuniendo las pocas informaciones que salían en disonancia con el discurso único. Nosotros salimos con el slogan de que el imperialismo no es invencible. Y a partir de ahí empezamos a transmitir la voz de los pocos intelectuales, los pocos periodistas, los pocos hombres o mujeres que se atrevían a escribir e interpretar la realidad por fuera de ese discurso único. Ahora ya tenemos casi 800 números digitales, que salen tres veces por semana, gratuitamente, y también tenemos una red de colabores muy grande, ad honorem: traductores en árabe, inglés, francés, alemán, italiano. Ninguno cobra por esta tarea, que es puramente militante.

¿Qué les falta a otras experiencias alternativas tal vez similares a la de Resumen?
-Paciencia. Para sostener un proyecto de estas características tenés que tener mucha paciencia, sobre todo ante la adversidad. No es una cuestión de dinero. Hay que tener claro el objetivo: informar a pesar de tener enfrente un muro tremendo. Hay que tener un espíritu militante. Es imposible pensar que se pueda combinar lo comercial con lo militante, porque en uno de los dos vas a patinar, y seguramente será en lo comercial. Nosotros tenemos la suerte de contar con muchas suscripciones en Europa. Con eso logramos el financiamiento, pero venderlo aquí es muy difícil. En muchas experiencias la gente cree que es fácil armar un periódico o un programa de lo que sea, y que después sale solo. Y no es así. Hay que estar todo el día detrás de la información, agarrar el paquete de periódicos para distribuirlos. En cada edición hay que ir a la terminal de ómnibus con diez paquetes armados previamente. Y esa idea la hemos expandido en cada una de las ediciones. En Venezuela los compañeros que lo editan lo distribuyen, y lo ubican en una red de vendedores callejeros, que lo vosean.

-Brevemente, ¿por qué vos afirmás que la contrainformación es un arma cargada de futuro?
-Copiándonos del poeta Celaya, creo que cada vez tiene más futuro el trabajo de este tipo de prensa. Lo demuestran las experiencias de Chávez en Venezuela, de Ecuador, de Bolivia, donde radios y televisoras y periódicos sirvieron para detener golpes, o convocar a levantamientos populares, o ahora mismo en Estados Unidos, donde si se habla de levantamiento popular es por la tarea de las radios de los propios inmigrantes. Cada medio de prensa puede ser un factor de movilización popular colectiva y con una carga ideológica muy fuerte.