Ya salió Barcelona Mundial

 
 

BALADA DE UN ESCRITOR MILITANTE: Seremos como Haroldo Conti


                                                                                                        

 

Por Leandro Albani

Intelectual crítico y caminante de los rincones del pueblo, Haroldo Conti desarrolló en su obra literaria y periodística una mirada retratando a las simples personas que hacen la historia. Definido políticamente dentro del marxismo, su práxis revolucionaria continúa vigente e intachable.


El escritor, a pesar de todo, se mantenía firme, como el cartel que colgaba del escritorio. Le habían propuesto irse, seguir la militancia detrás de las fronteras, pero no se imaginaba lejos de sus hermanos y compañeros, respirando un exilio que imaginaba melancólico y cruel; lejos, también, de esas pequeñas historias que lo cruzaban por las calles de Buenos Aires o Chacabuco, o, como siempre sucedía, en las correntadas del Delta que remontaba anónimo.
Cuando los militares entraron a su casa, se dieron cuenta que toda la fuerza utilizada para romper, patear y pegar no les alcanzaba para descifrar esas palabras dibujadas en el cartel. Era una frase escrita en latín: “Hic meus locus pugnare est hinc non me removebunt”.
La traducción, que esas mentes obtusazas no descifraron, era una simple posición política que encerraba la coherencia de quien la escribió: “Éste es mi lugar de combate y de aquí no me voy”. Tal vez, como venganza a la incapacidad de comprender, los militares robaron todo lo que había en la casa.
Haroldo Pedro Conti había nacido el 25 de mayo de 1925 en la localidad de Chacabuco, provincia de Buenos Aires. Ese mismo mes, pero de 1977, la dictadura militar encabezada por Jorge Rafael Videla envió un grupo de tareas a secuestrarlo.
Maestro primario, profesor de latín (actividad que ejerció hasta su desaparición), empleado de banco, piloto civil, nadador, camionero, navegante, guionista de cine y periodista, Haroldo Conti se graduó en filosofía en 1954, luego de intentar encontrar su camino en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto.
Su militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, su adhesión abierta y solidaria hacia la Revolución Cubana y los libros publicados donde la libertad y las historias de la gente de a pie mostraban un pueblo que nunca se resignaba, desencadenaron sobre Conti la represión de las Fuerzas Armadas.
A los quince días de su secuestro, Videla se reunió y almorzó con cuatro escritores: Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Alberto Ratti (presidente de la Sociedad Argentina de Escritores) y el sacerdote Leonardo Castellani, quien había sido maestro de Conti en su época de seminarista. Tanto Ratti como Castellani preguntaron su paradero y el sacerdote pidió verlo en el lugar de detención. Borges y Sábato, fieles a sus ideas, callaron. Al tiempo, Castellani lo visitó en el campo de concentración Coordinación Federal y esas fueron las última noticias.

Un intelectual en su tiempo

Analizar la historia de Haroldo Conti es imposible sin enmarcarla en un contexto político y social que, principalmente, se desarrolló desde 1959 con el inicio de la Revolución Cubana y finalizó parcialmente en 1976 con la dictadura militar argentina.
El auge y toma de conciencia de la clase trabajadora, la solidaridad internacional entre diferentes movimientos de liberación y, en el caso de Conti, la lucha por el socialismo que proclamaba desde el PRT muestran a un intelectual orgánico y, a su vez, heterodoxo con la clase social a la que apostaba.
En agosto de 1974, y ya trabajando como periodista en la revista Crisis, publicó el artículo “Compartir las luchas del pueblo” donde afirmaba que “ser un revolucionario es una forma de vida, no una manera de escribir”. En tanto, agregaba algunas apreciaciones de su escritura: “Por supuesto quisiera ser un escritor comprometido en su totalidad. Que mi obra fuese un firme puño, un claro fusil. Pero decididamente no lo es. Es que mi obra me toma relativamente en cuenta, se hace un poco a mi pesar, se me escapa de las manos, casi diría que se escribe sola y llegado el caso lo único que siento como una verdadera obligación es hacer las cosas cada vez mejor, que mi obra, nuestra obra, como dice Galeano, tenga más belleza que la de los otros, los enemigos”.
Haroldo Conti integró el Frente Antiimperialista por el Socialismo, frente legal impulsado por el PRT donde convergían diferentes tendencias.
En el último párrafo de “Compartir las luchas del pueblo”, declaraba su participación en el FAS y expresaba “que he ofrecido en Córdoba mi colaboración para lo que mande al compañero Agustín Tosco y que creo decididamente en la patria socialista. Más claro, imposible”.
Como en muchas personas de su época, la Revolución Cubana se transformó en el prisma por dónde observar y aprehender América Latina. Ya en 1968, Conti se definió a favor de la Declaración General del Congreso Cultural de La Habana. En 1971 viajó por primera vez a la isla caribeña y declaró que había sido una de las experiencias más importantes de su vida. Luego sería jurado en Casa de las Américas y su novela “Mascaró”, premiada en 1975 con el galardón máximo del concurso organizado por la institución cubana.
La conducta de Ernesto “Che” Guevara también sería definitoria en Conti como en muchos intelectuales argentinos. Conti lo dejó plasmado en la carta enviada a la Fundación Guggenheim cuando rechazó la postulación a una beca que se le otorgaría. Su oportunidad, escribió Conti, era “el camino que nos señalara el comandante ernesto guevara”.
La obra y militancia de Haroldo Conti no reposa sobre el pueblo, sino que es parte concreta de él. Conti no dicta lección academicista sobre las “costumbres” de los sufridos de la tierra, sino que es uno más que, simplemente, apuesta a la revolución socialista para cambiar así las miserias padecidas por los oprimidos. En sus páginas y en la historia de su generación estos rastros son innegables.

Ideas en revolución

En el camino de Haroldo Conti se encuentran dos textos que marcan en forma definitoria y concreta su lucidez intelectual y humanismo. Dos artículos publicados en diferentes años y en circunstancias que, a primera vista, podrían parecer diferentes, pero ambos relacionados por el compromiso del intelectual frente a la realidad y la dependencia cultural como forma de dominación.
En diciembre de 1971 la “John Simon Guggenheim Memorial Foundation” le envió una carta postulándolo como posible candidato a una beca. La Fundación Guggenheim, durante años ha funcionado (y continúa haciéndolo) como sutil forma de control y dominación desde el poder hegemónico. Aunque en sus postulados explique que las ayudas serán utilizadas “para ampliar el desarrollo intelectual de estudiosos y artistas (…) respetando las condiciones de mayor libertad posible y sin distinción de raza, color o credo”, en el trasfondo se encuentra la cooptación y una lenta, pero eficaz, forma de penetración cultural.
Así lo denunció Conti en su respuesta, fechada el 28 de febrero de 1972: “deseo dejar en claro que mis convicciones ideológicas me impiden postularme para un beneficio que, con o sin intención expresa, resulta, cuanto más no sea por fatalidad del sistema, una de las formas más sutiles de penetración cultural del imperialismo norteamericano en América Latina”.
Luego de explicar las peripecias que debe sufrir un escritor en Latinoamérica y que, sin dudas, el dinero otorgado “habría significado una gran oportunidad”, Conti manifestó como “inaceptable” la postulación “para un beneficio que proviene del sistema al que critico y combato”.
En pocas líneas, reivindicó el rol del intelectual y sus únicas posibilidades en el continente: “Los antagonismos entre ese imperialismo y nuestros pueblos son profundos y violentos en todos los frentes incluido por supuesto el de la lucha cultural, y en este momento han llegado a una etapa de grandes definiciones en toda la extensa nación latinoamericana. Esto impone la claridad y la coherencia como deberes ineludibles del intelectual latinoamericano, cuya condición de ninguna manera entraña un privilegio sino una entera y exigente militancia”.
Para Haroldo Conti, la oportunidad revolucionaria en América Latina se llamaba socialismo y la trayectoria política del “Che” como enseñanza, se trasformaba en faro y praxis fundamental en la construcción del hombre nuevo.
En el último tramo de la misiva, se definía nuevamente por el pueblo y su inexorable liberación: “Por lo demás, yo he sido jurado de la Casa de las Américas en 1971, el mismo año en que usted me escribe, y considero que esa distinción que he recibido del pueblo cubano es absolutamente incompatible con una beca ofrecida por una Fundación creada por un senador de los Estados Unidos, o sea, no un hombre del pueblo norteamericano, sino del sistema que lo oprime y nos oprime”.
En diciembre de 1974, el suplemento cultural del diario La Opinión, desde sus páginas planteaba un debate en torno a la publicación de la novela “Libro de Manuel” de Julio Cortázar y la actitud del autor en donar el dinero obtenido por el premio Médicis que se le otorgaba. Cortázar, que desde hacía años bregaba por el socialismo y era criticado por su residencia en Francia, entregó ese dinero a Rafael Gumucio, representante de la resistencia chilena contra la Junta Militar encabezada por Augusto Pinochet.
Varios escritores e intelectuales se sumaron desde las páginas de La Opinión a analizar, no sólo la novela, sino la actitud de Cortázar. Uno de ellos fue Haroldo Conti.
“Cuando leí la noticia del premio que acaba de recibir Julio Cortázar y su actitud política al donarlo a los hermanos chilenos, me puse justamente en lugar de esos hermanos”, expresaba. Mientras algunos escritores, como Ricardo Piglia, sacaban a relucir en sus críticas un marxismo impoluto y perfecto, Conti definía: “A qué enturbiar, pues, esa actitud solidaria, fraterna, políticamente útil, con cargosas precisiones sobre el compromiso”.
Luego de afirmar que el gesto de Cortázar había sido bien aprovechado por el escritor para generar un hecho político y de denuncia, explicaba que frente a esta actitud “no le veo mucho sentido erigir, a partir de ella, una especie de sagrado tribunal para juzgar no sé qué entretelas en la conducta política de este escritor, a quien aprecio y respeto”.
En cuanto al grado de compromiso por el que Cortázar era juzgado, Conti exigía mirar hacia “dónde llegamos nosotros. Porque al juzgar a Cortázar nos juzgamos sin remedio nosotros”.
Dejando de lado la discusión estéril de la ubicación geográfica desde donde escribía Cortázar, pero a su vez apuntando a quienes son “capaces de escribir sobre el Renacimiento o sus aburridos fantasmas apoyados en el mismo paredón detrás del cual revientan a sus hermanos”, Conti convocaba a “asumir América no sólo en un poema o una discreta novela sino en cosas más concretas como resignar un premio para ayudar a los hermanos chilenos o denunciar la cárcel o las torturas a un compañero”.
Antes de finalizar su opinión, Conti realizaría una lectura que el devenir de la historia le daría la razón con respecto al rol de Julio Cortázar como intelectual y militante. “Yo aprecio esto de Cortázar -escribía- y se lo agradezco y creo que es bueno que se quede allá (en Francia) aunque sea nada más que para eso. Porque cuando enmudezcan todas la voces, habrá todavía una, salvada por la distancia, que señale y condene, que denuncie y ayude, que movilice y congregue”.

La vigencia de un caminador

Finalizada la dictadura en 1983, los operativos llevados a cabo por el poder militar para estructurar al país bajo el libre comercio, la cultura occidental y cristiana, y el despojo total de contenido a la política, dejaron marcas y huellas que todavía perduran.
En el campo intelectual, se produjeron reacomodamientos, zigzgeos o, directamente, domesticaciones que, en la actualidad, se observan en personajes como Santiago Kovadloff, Juan José Sebreli o Jorge Asis. De críticos de la sociedad burguesa, a partidarios del ex ministro de la ALIANZA y actual candidato de la derecha argentina, Ricardo López Murphy en los casos de Kovadloff y Sebreli. De “lúcido” integrante del Partido Comunista a funcionario multiuso del menemato en los noventa, en el caso de Asis.
En una entrevista realizada por La Opinión en 1975, Conti ya les contestaba a estos personajes. “El único privilegio al que puedo aspirar es que algún día mis compañeros albañiles o mecánicos me reconozcan como uno de los suyos. Y así como alguien podrá decir ‘mi orgullo es ser albañil’, yo diré ‘mi orgullo es ser escritor’, el de construir historias tal como el albañil construye casas”.
Enfrentados al poder que corrompe en beneficio de unos pocos, sin anacronismos o defasajes, las figuras de Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Roberto Santoro o Paco Urondo se convierten en la oposición de los intelectuales que coquetean y reciben el beneplácito de empresarios que utilizan sus cabezas como alcancías donde depositan monedas y doblones a cambio de teorías sobre el fin de la historia o las bondades que el primer mundo depararía si los pueblos y su “barbarie” aceptara esas indicaciones y coordenadas.
En este caso, Haroldo Conti (como muchos de su generación) resume teoría y práctica. Desde su militancia en el PRT y su concepción del mundo regida por el pensamiento de Ernesto Guevara y un socialismo con fuertes raíces en América Latina, hasta los relatos donde la vida cotidiana no es costumbre de pueblo, sino radiografía de una sociedad donde el hombre no pierde la identidad ni tampoco sus problemas y triunfos, Haroldo Conti dejó para los que vienen detrás la certeza que los caminos todavía no han sido destruidos. Muy por el contrario, se encuentran en construcción como ese circo que describió en “Mascaró”, mientras sus personajes recorrían las costas sumando vida y enfrentando vientos y tormentas sin parar la marcha.

La obra literaria

El buey risueño (Obra de teatro, 1944); Examinado (Pieza teatral, 1955. Premio Olat); Sudeste (Novela, 1962. Premio Fabril); Todos los veranos (Cuentos, 1964. Premio Municipalidad de Buenos Aires); Alrededor de la jaula (Novela, 1966. Premio Universidad de Veracruz, México. Llevado al cine en 1977 por Sergio Renán con el nombre "Crecer de golpe"); Con otra gente (Cuentos, 1967); En vida (Novela, 1971. Premio Barral, España); La balada del álamo Carolina (Cuentos, 1975); Mascaró, el cazador americano (Novela, 1975. Premio Casa de las Américas, Cuba).

PERIODICO RESUMEN LATINOAMERICANO


                                                                                                     

La contrainformación tiene futuro

Por Demetrio Iramain

Siete ediciones impresas: en argentina, venezuela, paraguay, Europa; una en Italia, traducida íntegramente al idioma de la península, y muy pronto tiradas propias en Uruguay y Guatemala. Varios programas de radio en no pocos países, un envío semanal televisivo, y una versión digital editada tres veces por semana que cuenta con 95.000 suscriptores en todo el mundo. Resumen Latinoamericano no es una experiencia más entre todas las ensayadas por los rebeldes que no se conforman con el discurso único del imperialismo. Tiene a su favor un largo recorrido. Carlos Aznárez es su director y responsable máximo de los caminos comunicativos que Resumen transita para torcer la gran mentira de los dueños del mundo. Sentado en una mesa del Café Literario de las Madres, en la entrada a la Universidad Popular, conversa pausadamente, aunque sin detenimientos, sobre su práctica contrainformativa y señala que su gran propósito es “tratar de generar un proyecto en el que el enemigo no sea el hombre de izquierda que tenemos al lado, sino fijar claro quién es el verdadero enemigo. Buscamos la amplitud”.
“Resumen tiene dos etapas –repasa Aznárez–. Una empezó en 1979, en el exilio. Comenzamos a sacar una revista que se llamaba ‘Resumen’, y que tenía que ver con la denuncia y el día a día del exilio argentino y también latinoamericano, teniendo en cuenta que gran parte de las organizaciones políticas y revolucionarias tenía gente en Europa, en México, en Venezuela. Allí escribían con asiduidad Galeano, Roa Bastos, Alvaro Mutis, Jacobo Timermann, Benedetti, y tantos otros”.
El segundo período de Resumen comenzará casi quince años después, cuando las dictaduras latinoamericanas cambian por otra forma más sutil de dominación: el neoliberalismo más obtuso. “La otra etapa empieza a germinar en 1992, y el primer número aparece al año siguiente. Por qué en ese año: por toda la bamboya que se hizo con el Quinto Centenario y el descubrimiento de América. Nosotros decíamos que había habido un genocidio. Eso provocó que todos los diarios del mundo hablaran de América latina, pero por un rato nada más. Después volvimos a ser una noticia breve, o una noticia de catástrofe, o una noticia negativa, pero no se habló más. Y entonces nosotros pensamos que había que hacer una publicación ya, eminentemente latinoamericana, y que había que jugar la cosa a nivel continental y no en un solo país. No había ni revolución, ni proceso de integración que no significara sumar país por país y sumar sus culturas, con una idea de tener un lenguaje distinto frente a Estados Unidos”.

-También existe una edición digital, ¿verdad?
-Sí, esos envíos nacen el 12 de septiembre de 2001, al día siguiente de las Torres. Ese día vimos que ahí más que nunca se necesitaba contrainformación, porque iba a venir el discurso único con todo. Incluso, compró el discurso único gente nuestra, “compañeros” que, asustados por la tremenda carga que larga el imperialismo contra cualquier voz de izquierda y lo demoniza, se plegaron a ese discurso único. Ahí empezamos con los envíos digitales, reuniendo las pocas informaciones que salían en disonancia con el discurso único. Nosotros salimos con el slogan de que el imperialismo no es invencible. Y a partir de ahí empezamos a transmitir la voz de los pocos intelectuales, los pocos periodistas, los pocos hombres o mujeres que se atrevían a escribir e interpretar la realidad por fuera de ese discurso único. Ahora ya tenemos casi 800 números digitales, que salen tres veces por semana, gratuitamente, y también tenemos una red de colabores muy grande, ad honorem: traductores en árabe, inglés, francés, alemán, italiano. Ninguno cobra por esta tarea, que es puramente militante.

¿Qué les falta a otras experiencias alternativas tal vez similares a la de Resumen?
-Paciencia. Para sostener un proyecto de estas características tenés que tener mucha paciencia, sobre todo ante la adversidad. No es una cuestión de dinero. Hay que tener claro el objetivo: informar a pesar de tener enfrente un muro tremendo. Hay que tener un espíritu militante. Es imposible pensar que se pueda combinar lo comercial con lo militante, porque en uno de los dos vas a patinar, y seguramente será en lo comercial. Nosotros tenemos la suerte de contar con muchas suscripciones en Europa. Con eso logramos el financiamiento, pero venderlo aquí es muy difícil. En muchas experiencias la gente cree que es fácil armar un periódico o un programa de lo que sea, y que después sale solo. Y no es así. Hay que estar todo el día detrás de la información, agarrar el paquete de periódicos para distribuirlos. En cada edición hay que ir a la terminal de ómnibus con diez paquetes armados previamente. Y esa idea la hemos expandido en cada una de las ediciones. En Venezuela los compañeros que lo editan lo distribuyen, y lo ubican en una red de vendedores callejeros, que lo vosean.

-Brevemente, ¿por qué vos afirmás que la contrainformación es un arma cargada de futuro?
-Copiándonos del poeta Celaya, creo que cada vez tiene más futuro el trabajo de este tipo de prensa. Lo demuestran las experiencias de Chávez en Venezuela, de Ecuador, de Bolivia, donde radios y televisoras y periódicos sirvieron para detener golpes, o convocar a levantamientos populares, o ahora mismo en Estados Unidos, donde si se habla de levantamiento popular es por la tarea de las radios de los propios inmigrantes. Cada medio de prensa puede ser un factor de movilización popular colectiva y con una carga ideológica muy fuerte.

«Cristo Hoy» cumplió 12 años y comenzó a publicarse en Paraguay

 

(AICA)

El domingo 4 de junio, el semanario Cristo Hoy celebró el duodécimo aniversario de la publicación de su primer número, en feliz coincidencia con su distribución, por primera vez, en Paraguay.

     Al frente de la edición local del país vecino, estará el licenciado Pedro Kriskovinch, un profesional de trayectoria en los organismos católicos, encargado de Comunicación de la Conferencia Episcopal Paraguaya y del arzobispado de Asunción (en los años recientes), y actual responsable del departamento de Pastoral de Radio Cáritas-Universidad Católica y director de Comunicaciones del Instituto Tomás Moro, de la misma institución.

     El presbítero Juan E. Arnau, en la editorial de Cristo Hoy de la edición del 1 al 7 de junio, destacó que "la implantación de un periódico, aparte de ser en sí un hecho bastante atípico, es también una ingente tarea. Encontrar en el lugar los responsables que se encargarán de distribuir el semanario a sus respectivos difusores, que a su vez deben ser hallados, es una labor nada fácil".

     Señaló que para ello se trasladó un equipo "que trabaja desinteresada y denodadamente, conformado por Luciano Borsetti, Osmar González y Mario Curuchet".

     El padre Arnau dijo que el día fundacional "podemos determinarlo el 28 de mayo", ya que ese día "fuimos al santuario nacional de la Virgen de los Milagros de Caacupé, y a los pies de la patrona del Paraguay pusimos este empeño bajo su amparo". En el marco de la XL Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, se anunció a los participantes la presencia de Cristo Hoy en el Paraguay.+

Oscar Wilde murió católico

(AICA)
 
Oscar Wilde vivió los últimos años de su vida como un paria. Tras pasar dos años en la cárcel de Reading, la sociedad le dio la espalda. Sin amigos, Wilde se retiró a París. Allí murió en una buhardilla, enfermo y acosado por las deudas. La suya habría sido la muerte de un infeliz de no ser porque poco antes de expirar le administraron el bautismo y la unción de los enfermos. La pregunta que surge ante semejante decisión es clara: ¿Tuvo ese último acto algo que ver con su vida?

     Acaba de editarse en Madrid la traducción al castellano del libro de Joseph Pearce titulado “Oscar Wilde, la verdad sin máscaras”. Esta obra propone una revisión de la vida de un autor aclamado por muchos como un liberador sexual progresista. No se cuestiona la homosexualidad del gran escritor inglés, ni sus promiscuas relaciones. Lo que Pearce hace es desvelar al hombre que se oculta tras la máscara de Wilde y mostrar sus verdaderas aspiraciones y deseos.

     Wilde, desde los años de su juventud, percibió que en el catolicismo había una belleza que no podía equipararse con ninguna otra del mundo. Sin embargo, se resistió y aún más, atacó durísimamente a la Iglesia católica. Durante años le opuso su “dandismo”, y su deseo de éxito entre la alta sociedad londinense.

     Mientras su corazón se carcomía, el mundo aplaudía sus aforismos y se escandalizaba por sus atuendos extravagantes. El cinismo superficial del autor estuvo a punto de destruir su profunda conciencia interior. Acostumbrado a vivir con la máscara puesta, Wilde sólo llegó a conocer la verdad de su vida cuando unos desgraciados incidentes lo llevaron a la cárcel. Con la sospecha de pervertir a menores y de práctica homosexual, fue condenado a dos años de trabajos forzados. Y fue allí donde se reencontró con Jesucristo.

     En los últimos años de su vida llegó a decir: “¿Quiere saber mi secreto? Se lo diré… he encontrado mi alma. Estaba feliz en prisión porque encontré mi alma”. En la cárcel, Oscar Wilde leía los Evangelios en griego. Y señaló al respecto: “Es una manera deliciosa de comenzar la jornada. Las infinitas repeticiones a todas horas han marchitado para nosotros la frescura y el encanto poético de los Evangelios”.

     La lectura de los Evangelios y la experiencia del sufrimiento desmoronaron su falsa fachada. En obras como “De Profundis”, una carta amarga dirigida a Alfred Douglas (el amante que arruinó su vida), o “La Balada de Reading”, el niño prodigio del decadentismo inglés encuentra un camino de redención y comprende que la verdad del arte está en Cristo.

     Para Wilde, el camino de la decadencia acabó en el de la cruz. “Todos estamos en la cloaca -dice lord Darlington en ‘El Abanico de lady Windermere’-, pero algunos miramos hacia las estrellas”. Por eso, como señala Pearce, “buscar a Wilde en la cloaca, sea para revolcarse con él en el fango o para señalarlo con el dedo del desprecio farisaico, es no entenderlo. Aquellos que deseen conocer con mayor profundidad a este hombre tan enigmático no deberían mirarlo a él en la cloaca, sino mirar con él hacia las estrellas”.

 
 
 
 
 
 
 

Recolectan fondos para rescatar al Archivo General

Clarín
 
PREOCUPACION DE GENEALOGISTAS POR EL PATRIMONIO ARGENTINO
 
 

 
Patricio Downes
pdownes@clarin.com


Seis grupos argentinos de genealogía realizaron una colecta para donar una cámara digital al Archivo General de la Nación. Los investigadores genealogistas Raúl Cayré, Irma Agara y otros colegas se pusieron de acuerdo para reunir los fondos cuando comprobaron la falta de elementos con la que trabajan los empleados del archivo.

Ya recibieron donaciones de argentinos y de ciudadanos de España, Alemania, EEUU e Israel. Cayré dijo a Clarín que la colecta comenzó en diciembre pasado y continuará hasta fin de mes para comprar una cámara y otros elementos para la digitalización de documentos.

Los foros genealógicos que organizaron la reunión de fondos son Argengen, Apellidos Italianos, Ciudadanía Italiana, Genealogía Francesa, Genealogía de Buenos Aires y Argenejud (Genealogía Judía).

La idea de Cayre y sus colegas es fundar una asociación de ayuda que brinde apoyo al trabajo archivístico de la entidad. El Archivo General de la Nación alberga buena parte del patrimonio histórico, social y cultural argentino, a través de documentos que se remontan a la época de la colonia e incluyen textos de todo tipo —oficiales y privados—, así como una importante colección de fotos y registros sonoros y fílmicos.

Como informó Clarín en enero pasado y en notas anteriores, el estado de conservación en el AGN ha sufrido un deterioro que pone en riesgo la preservación de valiosos documentos. En el caso del Departamento de Cine, Audio y Video, un episodio es revelador de las condiciones en que se encuentra el patrimonio audiovisual y resulta casi una metáfora del olvido instaurado durante años en el país. Ante la solicitud para acceder a una copia de la lectura de la sentencia del Juicio a las Juntas, se descubrió que el cassette no estaba.

 

 

 

 

Los periodistas argentinos más creíbles

Malas Palabras
 

¿Creíbles?

6 de Junio de 2006 por Diego Rottman

La consultora Equis difundió los datos de un relevamiento sobre credibilidad de periodistas radiales y televisivos:

creibles.jpg
click en el gráfico para ampliar

Me pregunto si es un triunfo para un periodista aparecer rankeado por haber sido mencionado en un 1,2% de los 400 casos, qué tan creíble puede considerarse. El estudio consigna que se relevaron más de 30 periodistas pero que sólo se incorporaron al gráfico de credibilidad los que superaron el 1% de las menciones, lo que aumenta la dispersión, salvo para los casos de Lanata, Biassatti y Nelson Castro. También llama la atención que “ninguno” está en tercer lugar y “No sabe/No contesta” en quinto.

Vale comparar este sondeo con nuestro informal y poco científico “Periodistas argentinos en combate”, donde no sólo figuran los de mejor imagen, sino también los de peor. Sería interesante saber si Equis incluyó en el cuestionario a referentes que no suelen ser considerados periodistas en este tipo de mediciones, como Pettinato, Guinzburg o Lalo Mir, pero que en nuestro juego figuran muy bien posicionados.

 

 

 

 

La impronta italiana en la prensa argentina

La Nación
 

En un acto emotivo, colmado de público, abrió sus puertas la muestra "Giornali al Plata", que recorre la historia de los diarios italianos en nuestro país. Se exhibe hasta el domingo en el Centro Borges. El embajador Stefano Ronca (der.) le entregó un testimonio a Mario Basti, decano de los periodistas italianos en la Argentina.

Premio a un periodista iraní

La Nación
 
MOSCU y GINEBRA.– La Asociación Mundial de Periódicos (WAN, según las siglas en inglés) entregó ayer su máximo galardón, la Pluma de Oro de la Libertad, al periodista investigador iraní Akbar Ganji, que acaba de cumplir en su país una condena de prisión de seis años.

La WAN ha llevado a cabo una campaña internacional para la liberación de Ganji, quien fue encarcelado por el régimen de los ayatollahs por haber denunciado la represión política en Irán y que se negó a retractarse de sus opiniones pese a las torturas.

El periodista iraní, quien recuperó la libertad en marzo pasado, fue detenido en 2000 y condenado a seis años de prisión por “ultraje a edictos y figuras religiosas, amenaza a la seguridad nacional y difusión de propagada contra el sistema islámico”. Ganji es autor del libro “Dungeon of Ghosts” (Calabozo de fantasmas) en el que se habla de la implicación del ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani y de otros líderes conservadores en los asesinatos de cinco escritores e intelectuales en 1998.

La Pluma de Oro de la Libertad es el galardón con el que la WAN premia anualmente a una persona o a un grupo por sus acciones de defensa y promoción de la libertad de prensa.

Ganji ganó el miércoles el premio Martin Ennals para los Defensores de los Derechos Humanos. El comunicado que emitió el jurado destacó que el periodista iraní, estando en prisión y “a pesar de los abusos físicos, rechazó firmemente comprometer los principios de la democracia y los derechos humanos de todos los iraníes”.

El premio es determinado por un jurado de 11 organizaciones de derechos humanos de todo el mundo.

Agen­cias EFE y REUTERS

Paul Auster habla de la literatura, el cine y los lectores

La Nación
 

"Doy lo mejor de mí cada vez que escribo"

 LISBOA (EFE).- El escritor estadounidense Paul Auster se encuentra rodando en Azenhas do Mar (Sintra) su nuevo trabajo como realizador cinematográfico, el largometraje de ficción "La vida interior de Martin Frost". El miércoles, cuando preparaba las primeras tomas del día, su productora, Diana Coelho, entró en el set de filmación con una gran sonrisa en su rostro para darle la enhorabuena: el escritor nacido en Nueva Jersey había sido distinguido con el premio Príncipe de Asturias de las Letras.

La celebraciones no duraron más de cinco minutos, y en seguida todos volvieron al trabajo. Los festejos se reservaron para la noche, cuando el autor y cineasta ofreció una cena en la playa para todo el equipo de rodaje, con el doble objetivo de celebrar el premio y despedir a Michael, uno de los actores.

Entre toma y toma, Paul Auster fue atendiendo a los medios de comunicación que se acercaron hasta el set de filmación. Más tarde, reflexionó sobre la intensidad de la jornada.

"Ha sido un día duro, no por el premio, sino por el rodaje; el cine necesita mucha entrega". Contento y satisfecho con la distinción, el autor de las novelas de "Trilogía de Nueva York" y de "Brooklyn Follies" habló de su relación con el cine, con la poesía y con sus lectores.

-¿Qué sintió al conocer la noticia del galardón?

-He recibido la noticia por mi productora, Diana, que ha entrado en el plató cuando estábamos realizando las primeras tomas del día. Y lo ha hecho con una gran sonrisa y felicitándome. Ha sido un momento muy bonito y emocionante.

-¿Esperaba el premio?

-En absoluto; ni sabía que estaba nominado; me he quedado muy sorprendido. Yo no esperaba este premio porque, cuando escribo, lo hago simplemente por placer y no para ganar premios. Y si un día ese reconocimiento nos llega, es algo que a los escritores nos hace sentir muy honrados. Sobre todo, por tratarse de una distinción que reconoce toda tu trayectoria profesional y no sólo un libro.

El jurado ha premiado su trabajo por considerar que representa una renovación literaria lograda al unir lo mejor de las tradiciones norteamericana y europea. ¿Está de acuerdo?

-Mi trabajo es simplemente humano. Que sea americano o europeo, la verdad es que para mí eso no dice mucho. Las cosas que cuento suceden en los Estados Unidos porque es el país en el que vivo, pero son historias de personas.

-¿Cuál considera que es su mayor contribución a la literatura?

-No lo sé; no me preocupo demasiado por eso. Yo doy lo mejor de mí cada vez que escribo una página y no me someto al entorno. Habito en mí y no en los otros.

-Es un escritor muy querido por los jóvenes. ¿Siente alguna responsabilidad por ello?

-La responsabilidad que siento es hacia mi trabajo y, en ese sentido, debo intentar llegar a la mayor honestidad en cada palabra que escribo. Creo que esa es mi verdadera responsabilidad.

-¿Cuál es la relación que existe entre usted y los lectores?

-La verdad es que no pienso nunca en ellos. Pienso en alguien cuando escribo, pero no sabría decir quién es.

-¿Cuándo tendremos su próximo trabajo?

-Terminé "Viajes por mi escritorio" a finales de noviembre, y creo que en los Estados Unidos llegará en febrero de 2007. Es una novela diferente de la última, muy extraña y corta. Surgió de la nada, no como las otras, que rondan mi cabeza durante algún tiempo hasta que las escribo.

-Después de haber escrito poesía, ¿se ha olvidado ya de ese género?

-No, pero ya no escribo poemas; sólo lo hago para ocasiones especiales, en cumpleaños, bodas. En general, son muy divertidos, y la intención es hacer reír a mis amigos y la familia.

-¿Puede elegir entre la literatura y el cine?

-Antes que nada, soy escritor; esa es mi actividad central, pero adoro también el cine. Tenía algunas historias que no podían ser novelas y por eso he decidido hacer esta película. Son dos formas totalmente diferentes de contar historias y en eso hay un desafío que me atrae mucho como creador.

-¿Lo divierte más escribir o ser director de cine?

-No puedo estar haciendo siempre cine, pero me viene muy bien salir de mi cuarto de vez en cuando y trabajar con otras personas. El cine es un acto colectivo, y adoro todo lo que tiene que ver con él.

-En este film actúa su hija Sophie. ¿Cómo es la experiencia de trabajar con ella?

-Maravillosa. No es la primera vez que trabajo con mi hija en el cine. Confío plenamente en ella.

-¿Piensa usted seguir haciendo cine?

-No hago previsiones; eso ya se verá. La vida puede ser muy larga o muy corta. Por el momento, tengo mucho trabajo en la producción de esta película, por lo menos hasta fin de año. Todavía falta encontrar la música, poner el sonido, decidir algunas imágenes… Son muchas las cosas que hay que hacer para que la película esté lista a tiempo.

-¿Lo veremos alguna vez delante de las cámaras?

-No, no. [Risas.] Soy muy malo en eso.

-¿Qué opinión tiene de la obra de Philip Roth y de Amos Oz, los otros dos finalistas del Príncipe de Asturias?

-Creo que son dos grandes escritores y, en ese sentido, ha sido sorprendente para mí recibir el premio. Es curioso: Philip Roth y yo hemos nacido en la misma ciudad.

Libros y películas

Las páginas

  • Paul Auster comenzó a llamar la atención en círculos literarios a mediados de los años 80, a partir de las historias que reunió en "La trilogía de Nueva York" (1987).
  • En su novela más reciente, "Brooklyn Follies" (2006), retoma algunos de sus temas predilectos: la amistad, la búsqueda de la identidad y el modo en que el azar puede modificar una vida.

La pantalla

  • Auster tiene una intensa relación con el cine. Escribió el guión de "Cigarros" (1995), dirigida por Wayne Wang, con quien, el mismo año, coescribió y codirigió "Humos del vecino". En 2000 escribió y dirigió "Lulu on the bridge". En 2004 su novela "La música del azar" inspiró el film homónimo de Philip Hass.
  • Ahora rueda "La vida interior de Martin Frost".