LUFRANO DESPIDIO A MARCELA PACHECO

La Política on line

POLEMICA DECISION DE LA DIRECTORA DE CANAL 7

La flamante directora de Canal 7, Rosario Lufrano, decidió despedir de la emisora a la excéntrica conductora del noticiero de la medianoche, Marcela Pacheco.

Según trascendió, Lufrano nunca tuvo una buena relación con Pacheco, y no se sentía atraída por el estilo libre y de cierto desparpajo a la hora de conducir sus programas. Más aún, algunas fuentes especificaron que algunos comentarios de Pacheco con cierta ironía sobre la movilización del pasado 25 de mayo que lideró el primer mandatario, Néstor Kirchner, habrían incomodado a la directora del canal Estatal.

"Los medios no son un lugar solidario", había dicho Pacheco en una entrevista para el diario Clarín tiempo atrás, mientras continuaba al frente de "Visión: 7, Tercera Edición" en Canal 7. Premonitoria frase, por cierto, que pone en debate la actitud que tomó Lufrano, cuya decisión de despedir a Pacheco pareciera centrarse exclusivamente en una cuestión de tipo editorial.

Estudian recuperar la casa que habitó Arlt

La Nación
 
En el barrio de Flores

 
Para que sea sitio de interés histórico
 
La Legislatura porteña estudia un proyecto de ley para declarar sitio de interés histórico e integrante del patrimonio cultural la casa donde pasó su infancia y adolescencia el reconocido escritor Roberto Arlt, situada en el barrio de Flores.

El proyecto fue presentado por el diputado Daniel Amoroso, del partido Juntos por Buenos Aires. La iniciativa establece que, una vez aprobada la ley, el Poder Ejecutivo porteño, por intermedio de la Secretaría de Cultura, disponga la realización de trabajos dirigidos a la conservación de la finca donde vivió el escritor, en la calle Méndez de Andes 2138.

El texto del proyecto plantea que se desarrollen acciones específicas dirigidas al mantenimiento y a la reparación de la vivienda y que se evite que una venta descuidada termine con la demolición del caserón. Y agrega: "Por intermedio de la Secretaría de Cultura, se dispondrá la colocación de una placa recordatoria y señalización adecuada en el frente de la casa a fin de permitir su identificación".

En los fundamentos del proyecto, Amoroso subrayó que varias de las obras de Arlt, como "Juguete rabioso", "Aguafuertes porteñas", "Los siete locos" y "Los lanzallamas", entre otras, "constituyen vivo y fiel retrato de la vida en los arrabales de la urbe porteña a principios del siglo XX, babélica ciudad de inmigrantes, moradores de inquilinatos y conventillos".

"Visitando hoy en día la casa que fuera de Roberto Arlt se puede conocer el lugar donde se gestó no sólo la personalidad del novelista sino también la identidad de sus obras. La casa se mantiene en gran medida como era hace más de un siglo, pero el paso de tiempo ha dejado su inevitable huella en su construcción y estructura", indicó el legislador.

"El techo y las columnas de la amplia galería del caserón parecen venirse abajo con sólo mirarlas, y su entrada se reconoce actualmente por las inscripciones y graffiti que la han ido ensuciando", lamentó Amoroso.

Historiar las letras argentinas | #Literatura Argentina

Por María Rosa Lojo para LA NACION – Castelar – 2006

La aparición de Breve historia de la literatura argentina, de Martín Prieto, trabajo orientado a la construcción de un canon nacional, reactualiza el debate sobre cómo escribir el pasado y presente de nuestras letras|#Literatura Argentina

Leer la reciente Breve historia de la literatura argentina (Taurus) de Martín Prieto lleva, inevitablemente, a plantearse preguntas como éstas: ¿qué función deben cumplir las historias y los diccionarios de literatura nacional, libros de consulta que se suponen destinados a mantenerse como tales por muchos años? ¿Es útil (para la vasta comunidad potencial de lectores) que representen sólo la tendencia crítica de una escuela o grupo, o deberían, mejor, preocuparse por ofrecer un panorama lo más amplio y objetivo posible de los movimientos y #autores argentinos, tanto en la crítica como en la invención, aun en el caso de los que no reflejen sus preferencias estéticas o su plataforma intelectual?

El unipersonal trabajo de Prieto supone en algunos aspectos una exasperación individualista de la primera orientación, que afronta incluso el riesgo de caer fuera del ámbito académico. No por una incompatibilidad de lenguaje (la academia puede utilizar también un estilo claro, ameno e incluso por momentos humorístico, como el de este libro), sino por razones de método. Mientras que la metodología académica supone la descripción rigurosa de un objeto, la prueba de hipótesis y la matizada cautela en los juicios de valor, la Breve historia… resulta en exceso proclive a las sentencias sin apelación o a las apologías taxativas (del tipo «Eduardo Mallea es hoy más un fenómeno que un escritor» o «Roberto Arlt escribió la máxima novela argentina del siglo XX»). Se acerca así peligrosamente al Diccionario de autores latinoamericanos (2001) de César Aira, a quien admira y cita con asiduidad como referencia crítica. Claro que el Diccionario… de Aira puede leerse desde un lugar individual y aporta para construir su «personaje» de escritor provocativo; en cambio, la solapa de la edición nos informa que Martín Prieto (además de poeta y autor de una novela) es profesor de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de Rosario.

No existe un solo concepto de lo que es hacer historia literaria. El que elige Prieto propende a la reformulación de un canon. En tal sentido selecciona y recorta, alaba y condena, destaca a unos autores y unos textos por sobre otros de acuerdo con su «novedad» y «productividad», en lo cual es tributario de Harold Bloom, así como también en su concepción de la historia de la literatura como un espacio agonístico, una competencia de talentos. Pero aunque parece sensato conceder que dentro de una época y un marco estético, habrá siempre obras más logradas que otras, no es tan razonable creer que la emergencia de nuevas obras obture necesariamente la valoración histórica y estética de las anteriores. El hecho de que Arlt, a juicio de Prieto, «supera toda la tradición romántico-realista de la novela argentina, desde José Mármol a los boedistas» no tendría por qué negar la posibilidad de leer y apreciar Amalia o El médico de San Luis , pertenecientes a un contexto en que la obra de Arlt no era objetivamente posible. La idea misma de «progreso» cronológico en materia artística es, por otro lado, un ítem discutible. Aunque la hayan convertido en un cliché industrial de yeso, la Venus de Milo es aún admirable, sin duda más interesante que un enano de jardín y no menos que la cabra de Picasso en el #MoMa de New York. También es discutible afirmar, en el caso de obras contemporáneas entre sí, que textos antirrealistas, en pugna filosófica con la representación, como los de Saer, «adelgazan la oportuna potencia del realismo crítico y político de los años sesenta -ejemplarmente representado en el volumen de cuentos Cabecita negra de Germán Rozenmacher». El libro de Rozenmacher, escrito desde otra postura literaria para la que también hay lugar en el mundo de los lectores y sus preferencias, seguirá siendo memorable sin que ello niegue los méritos de Saer.

Como señaló el mismo Bloom, la idea de canon existe ante todo porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado. Esa limitación nos obliga a seleccionar, de acuerdo con los gustos de nuestra época y sus propios valores estéticos (históricos también), que nos permiten aquilatar con mayor o menor complacencia las obras del pasado. El culto de la novedad, basado sobre todo en el «procedimiento novedoso», tiene sus acotaciones, porque no es garantía de eficacia constructiva. Idénticos recursos pueden ser evaluados, según las épocas, de manera muy diferente. Prieto apunta que la digresión y el fragmentarismo achacados a Lucio V. Mansilla como defectos de estilo recibieron una valoración crítica inversa en las últimas décadas. Esto le sucede al autor de esta Breve historia… en relación con distintos escritores: el superlativo que le molesta en Sabato es apreciado, por ejemplo, en Juan L. Ortiz. La singularidad de una obra tampoco se explica satisfactoriamente por sus procedimientos. Cuando Prieto advierte que «los ingenuos recursos y procedimientos de Puig, usados por otros, devienen sentimentales», no se trata sólo de que Puig los haya incorporado a la literatura «por primera vez» sino del «cómo» lo hizo, definido por la inimitable marca personal.

Una historiografía responsable debería contemplar tanto las «novedades» como las culminaciones o las (re)elaboraciones creativas de una estética y comprender su corpus en relación primaria con la sensibilidad y la historia de las ideas de una época dada, que no pueden ser medidas sólo con el rasero de la nuestra. Y puesto que de historia se trata, también tendría que ser bienvenido -al menos en el área de la investigación- cuanto signifique enriquecimiento de nuestro saber sobre los textos del pasado. No reducir y podar, sino extender el mapa de la red literaria, para entender mejor, incluso, las obras consideradas «mayores», a partir de las «menores», desdeñadas u olvidadas, que se recolocan en un panorama cada vez más complejo y más completo.

De todos modos, es ésta una meta inaccesible para una historia de un solo volumen y un solo autor, cuyo «contrato de lectura» resulta difícil de precisar. Es probable que la comunidad de especialistas lo halle insatisfactorio por diversas razones. No es la menor la cuestión del método. Si bien condicionado por la relativa brevedad de la Breve historia… , que favorece la elisión de procesos demostrativos, el discurso no deja de complacerse en el tono apodíctico. En la bibliografía de las notas, se siente la falta de las mejores ediciones críticas de los textos citados (sobre todo los de la Colonia y primeros tiempos de la Independencia) así como de muchos aportes de la investigación más reciente. La bibliografía general de autores incluye sólo a los que fueron mencionados en el libro y mezcla creadores y críticos, registros que sería importante diferenciar. En cuanto a los textos considerados canónicos del siglo XIX, así como la revisión del siglo XX, la mayor parte de las lecturas de Prieto no aportan una mirada original: derivan de Aira o bien de la crítica que desde hace más de veinte años ocupa una posición central en las Universidades nacionales de Buenos Aires y Rosario (#Beatriz Sarlo, Nicolás Rosa, Noé Jitrik, David Viñas, María Teresa Gramuglio, Adolfo Prieto, entre otros; parte de los cuales ya reconsideraron temas antes conflictivos que Prieto aborda, por ejemplo, la revaloración de Sur o la de la obra de Borges). Sólo en algunas ocasiones Prieto introduce (con razón o no) algún enfoque disidente o correctivo: como cuando declara su aprecio por la «enorme fuerza expresiva» de Castelnuovo, apunta la debilidad de lo narrativo (comparado con lo ensayístico) en la ficción de Piglia o revaloriza la Historia… de Ricardo Rojas.

En otros momentos, el trabajo importa un retroceso con respecto a sus maestros. Mientras que en la Historia crítica de la literatura argentina , de Jitrik, escritores como Mujica Láinez, Mallea o Sabato -aunque distan de ser axiales o preferidos- han sido objeto de estudios serios, escritos con amplitud de miras y prescindiendo de ataques ad hominem , en esta Breve historia… no alcanzan mucho más que el brulote profusamente adjetivado y el retorno, incluso, a perimidos argumentos (como el de la descalificación por razones de clase). Pero «los muertos que vos matáis gozan de buena salud «. La Historia de una pasión argentina de Mallea sigue siendo un libro clave para cualquier estudio de la sensibilidad y las ideas en la Argentina y, mal que le pese a Prieto, se reedita. Mujica Láinez (en opinión del autor, representante de la oligarquía, anacrónico y manierista que ha licuado todos los riesgos artísticos del modernismo en una prosa de supuesta «calidad») o Sabato (según Prieto, alegórico, pomposo y grandilocuente) son objeto de interés no sólo para muchos lectores, sino para la comunidad académica internacional. Sus obras pronto se incorporarán a la exigente colección Archivos de la Unesco.

El retroceso es visible también con respecto a otros avances de la investigación. Sin realizar ningún sondeo de ellas, Prieto descarta estéticamente las obras de las escritoras pioneras del XIX (Gorriti, Mansilla, Manso), que considera, a lo sumo, con piedad, como «documentos culturales» y atribuye a las estudiosas que se han dedicado a ellas la misma evaluación que él hace. Pero si algo han permitido esos últimos abordajes es ver hasta qué punto las escritoras introducen (ya que de «novedad» se habla) un cambio de perspectiva. El lenguaje coloquial en la narrativa, el motivo del gaucho perseguido y la humanización de la imagen de las culturas aborígenes aparecen en la obra de Eduarda Mansilla antes que en la de su más famoso hermano Lucio. A ella y a Juana Manuela Gorriti se deben relatos fantásticos liminares en la literatura argentina. También es inédita la construcción de la experiencia femenina desde una mirada interior lograda por Eduarda Mansilla, con personajes de alta densidad psicológica (como Dolores o Micaela, en Pablo o la vida en las pampas ). La poca atención a la narrativa de escritoras es característica de todo el volumen, que sólo dedica un apartado a la obra de Silvina Ocampo, parte de otro a Sylvia Molloy y Tununa Mercado, una mención al paso a otras importantes narradoras (Gorodischer, Heker, Uhart, Ulla) e ignora por completo a la mayoría (de Jorgelina Loubet a Luisa Valenzuela, de Sara Gallardo a Alicia Steimberg). Victoria Ocampo, María Rosa Oliver, Estela Canto no son evaluadas como creadoras sino como mecenas, traductoras o críticas relacionadas con escritores prestigiosos.

En cuanto a otros géneros (literarios), el teatro (fuera de sus inicios y antecedentes) lleva las de perder. El autor ni siquiera se detiene en la obra de Griselda Gambaro, a quien al menos consagra un apresurado elogio. La poesía, en cambio (ámbito en que se mueve con mayor precisión y refinamiento crítico), ocupa considerable espacio (sobre todo alguna de las últimas corrientes) en un texto que aspira a dar un panorama global de la literatura argentina.

Así como su faz académica resulta discutible, tampoco podría decirse que estamos frente a una obra de divulgación o un recomendable manual introductorio a la literatura argentina. Es probable que los estudiantes aprendan más de buenas ediciones anotadas y prologadas, con la guía de profesores que los estimulen a comprender la literatura nacional antes como legado y memoria imaginativa que se actualiza, que como un ring donde unos autores derriban a los otros, según criterios que están lejos de ser universales, atemporales y unánimes.

Quizá el público ideal de esta Breve historia… se halle en la franja de escritores y críticos interesados por establecer en el presente sus propias reputaciones, y a quienes la postura iconoclasta del libro de Prieto puede darles una ilusión de una filiación que valide sus obras. En especial, algunos poetas de las tendencias actuales a las que se dedica mayor atención, o los que se consideran herederos de Aira, colocado aquí en el nuevo centro canónico de la escena contemporánea.

Literatura LGBT de Argentina – #Movimiento a favor de los derechos LGBTDiversidad sexual

#Esteban Echeverría

#literatura infantil

Historiar las letras argentinas

La Nación

La aparición de Breve historia de la literatura argentina, de Martín Prieto, trabajo orientado a la construcción de un canon nacional, reactualiza el debate sobre cómo escribir el pasado y presente de nuestras letras

Leer la reciente Breve historia de la literatura argentina (Taurus)de Martín Prieto lleva, inevitablemente, a plantearse preguntas como éstas: ¿qué función deben cumplir las historias y los diccionarios de literatura nacional, libros de consulta que se suponen destinados a mantenerse como tales por muchos años? ¿Es útil (para la vasta comunidad potencial de lectores) que representen sólo la tendencia crítica de una escuela o grupo, o deberían, mejor, preocuparse por ofrecer un panorama lo más amplio y objetivo posible de los movimientos y autores argentinos, tanto en la crítica como en la invención, aun en el caso de los que no reflejen sus preferencias estéticas o su plataforma intelectual?

El unipersonal trabajo de Prieto supone en algunos aspectos una exasperación individualista de la primera orientación, que afronta incluso el riesgo de caer fuera del ámbito académico. No por una incompatibilidad de lenguaje (la academia puede utilizar también un estilo claro, ameno e incluso por momentos humorístico, como el de este libro), sino por razones de método. Mientras que la metodología académica supone la descripción rigurosa de un objeto, la prueba de hipótesis y la matizada cautela en los juicios de valor, la Breve historia… resulta en exceso proclive a las sentencias sin apelación o a las apologías taxativas (del tipo «Eduardo Mallea es hoy más un fenómeno que un escritor» o «Roberto Arlt escribió la máxima novela argentina del siglo XX»). Se acerca así peligrosamente al Diccionario de autores latinoamericanos (2001) de César Aira, a quien admira y cita con asiduidad como referencia crítica. Claro que el Diccionario… de Aira puede leerse desde un lugar individual y aporta para construir su «personaje» de escritor provocativo; en cambio, la solapa de la edición nos informa que Martín Prieto (además de poeta y autor de una novela) es profesor de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de Rosario.

No existe un solo concepto de lo que es hacer historia literaria. El que elige Prieto propende a la reformulación de un canon. En tal sentido selecciona y recorta, alaba y condena, destaca a unos autores y unos textos por sobre otros de acuerdo con su «novedad» y «productividad», en lo cual es tributario de Harold Bloom, así como también en su concepción de la historia de la literatura como un espacio agonístico, una competencia de talentos. Pero aunque parece sensato conceder que dentro de una época y un marco estético, habrá siempre obras más logradas que otras, no es tan razonable creer que la emergencia de nuevas obras obture necesariamente la valoración histórica y estética de las anteriores. El hecho de que Arlt, a juicio de Prieto, «supera toda la tradición romántico-realista de la novela argentina, desde José Mármol a los boedistas» no tendría por qué negar la posibilidad de leer y apreciar Amalia o El médico de San Luis , pertenecientes a un contexto en que la obra de Arlt no era objetivamente posible. La idea misma de «progreso» cronológico en materia artística es, por otro lado, un ítem discutible. Aunque la hayan convertido en un cliché industrial de yeso, la Venus de Milo es aún admirable, sin duda más interesante que un enano de jardín y no menos que la cabra de Picasso en el MoMa de New York. También es discutible afirmar, en el caso de obras contemporáneas entre sí, que textos antirrealistas, en pugna filosófica con la representación, como los de Saer, «adelgazan la oportuna potencia del realismo crítico y político de los años sesenta -ejemplarmente representado en el volumen de cuentos Cabecita negra de Germán Rozenmacher». El libro de Rozenmacher, escrito desde otra postura literaria para la que también hay lugar en el mundo de los lectores y sus preferencias, seguirá siendo memorable sin que ello niegue los méritos de Saer.

Como señaló el mismo Bloom, la idea de canon existe ante todo porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado. Esa limitación nos obliga a seleccionar, de acuerdo con los gustos de nuestra época y sus propios valores estéticos (históricos también), que nos permiten aquilatar con mayor o menor complacencia las obras del pasado. El culto de la novedad, basado sobre todo en el «procedimiento novedoso», tiene sus acotaciones, porque no es garantía de eficacia constructiva. Idénticos recursos pueden ser evaluados, según las épocas, de manera muy diferente. Prieto apunta que la digresión y el fragmentarismo achacados a Lucio V. Mansilla como defectos de estilo recibieron una valoración crítica inversa en las últimas décadas. Esto le sucede al autor de esta Breve historia… en relación con distintos escritores: el superlativo que le molesta en Sabato es apreciado, por ejemplo, en Juan L. Ortiz. La singularidad de una obra tampoco se explica satisfactoriamente por sus procedimientos. Cuando Prieto advierte que «los ingenuos recursos y procedimientos de Puig, usados por otros, devienen sentimentales», no se trata sólo de que Puig los haya incorporado a la literatura «por primera vez» sino del «cómo» lo hizo, definido por la inimitable marca personal.

Una historiografía responsable debería contemplar tanto las «novedades» como las culminaciones o las (re)elaboraciones creativas de una estética y comprender su corpus en relación primaria con la sensibilidad y la historia de las ideas de una época dada, que no pueden ser medidas sólo con el rasero de la nuestra. Y puesto que de historia se trata, también tendría que ser bienvenido -al menos en el área de la investigación- cuanto signifique enriquecimiento de nuestro saber sobre los textos del pasado. No reducir y podar, sino extender el mapa de la red literaria, para entender mejor, incluso, las obras consideradas «mayores», a partir de las «menores», desdeñadas u olvidadas, que se recolocan en un panorama cada vez más complejo y más completo.

De todos modos, es ésta una meta inaccesible para una historia de un solo volumen y un solo autor, cuyo «contrato de lectura» resulta difícil de precisar. Es probable que la comunidad de especialistas lo halle insatisfactorio por diversas razones. No es la menor la cuestión del método. Si bien condicionado por la relativa brevedad de la Breve historia… , que favorece la elisión de procesos demostrativos, el discurso no deja de complacerse en el tono apodíctico. En la bibliografía de las notas, se siente la falta de las mejores ediciones críticas de los textos citados (sobre todo los de la Colonia y primeros tiempos de la Independencia) así como de muchos aportes de la investigación más reciente. La bibliografía general de autores incluye sólo a los que fueron mencionados en el libro y mezcla creadores y críticos, registros que sería importante diferenciar. En cuanto a los textos considerados canónicos del siglo XIX, así como la revisión del siglo XX, la mayor parte de las lecturas de Prieto no aportan una mirada original: derivan de Aira o bien de la crítica que desde hace más de veinte años ocupa una posición central en las Universidades nacionales de Buenos Aires y Rosario (Beatriz Sarlo, Nicolás Rosa, Noé Jitrik, David Viñas, María Teresa Gramuglio, Adolfo Prieto, entre otros; parte de los cuales ya reconsideraron temas antes conflictivos que Prieto aborda, por ejemplo, la revaloración de Sur o la de la obra de Borges). Sólo en algunas ocasiones Prieto introduce (con razón o no) algún enfoque disidente o correctivo: como cuando declara su aprecio por la «enorme fuerza expresiva» de Castelnuovo, apunta la debilidad de lo narrativo (comparado con lo ensayístico) en la ficción de Piglia o revaloriza la Historia… de Ricardo Rojas.

En otros momentos, el trabajo importa un retroceso con respecto a sus maestros. Mientras que en la Historia crítica de la literatura argentina , de Jitrik, escritores como Mujica Láinez, Mallea o Sabato -aunque distan de ser axiales o preferidos- han sido objeto de estudios serios, escritos con amplitud de miras y prescindiendo de ataques ad hominem , en esta Breve historia… no alcanzan mucho más que el brulote profusamente adjetivado y el retorno, incluso, a perimidos argumentos (como el de la descalificación por razones de clase). Pero «los muertos que vos matáis gozan de buena salud «. La Historia de una pasión argentina de Mallea sigue siendo un libro clave para cualquier estudio de la sensibilidad y las ideas en la Argentina y, mal que le pese a Prieto, se reedita. Mujica Láinez (en opinión del autor, representante de la oligarquía, anacrónico y manierista que ha licuado todos los riesgos artísticos del modernismo en una prosa de supuesta «calidad») o Sabato (según Prieto, alegórico, pomposo y grandilocuente) son objeto de interés no sólo para muchos lectores, sino para la comunidad académica internacional. Sus obras pronto se incorporarán a la exigente colección Archivos de la Unesco.

El retroceso es visible también con respecto a otros avances de la investigación. Sin realizar ningún sondeo de ellas, Prieto descarta estéticamente las obras de las escritoras pioneras del XIX (Gorriti, Mansilla, Manso), que considera, a lo sumo, con piedad, como «documentos culturales» y atribuye a las estudiosas que se han dedicado a ellas la misma evaluación que él hace. Pero si algo han permitido esos últimos abordajes es ver hasta qué punto las escritoras introducen (ya que de «novedad» se habla) un cambio de perspectiva. El lenguaje coloquial en la narrativa, el motivo del gaucho perseguido y la humanización de la imagen de las culturas aborígenes aparecen en la obra de Eduarda Mansilla antes que en la de su más famoso hermano Lucio. A ella y a Juana Manuela Gorriti se deben relatos fantásticos liminares en la literatura argentina. También es inédita la construcción de la experiencia femenina desde una mirada interior lograda por Eduarda Mansilla, con personajes de alta densidad psicológica (como Dolores o Micaela, en Pablo o la vida en las pampas ). La poca atención a la narrativa de escritoras es característica de todo el volumen, que sólo dedica un apartado a la obra de Silvina Ocampo, parte de otro a Sylvia Molloy y Tununa Mercado, una mención al paso a otras importantes narradoras (Gorodischer, Heker, Uhart, Ulla) e ignora por completo a la mayoría (de Jorgelina Loubet a Luisa Valenzuela, de Sara Gallardo a Alicia Steimberg). Victoria Ocampo, María Rosa Oliver, Estela Canto no son evaluadas como creadoras sino como mecenas, traductoras o críticas relacionadas con escritores prestigiosos.

En cuanto a otros géneros (literarios), el teatro (fuera de sus inicios y antecedentes) lleva las de perder. El autor ni siquiera se detiene en la obra de Griselda Gambaro, a quien al menos consagra un apresurado elogio. La poesía, en cambio (ámbito en que se mueve con mayor precisión y refinamiento crítico), ocupa considerable espacio (sobre todo alguna de las últimas corrientes) en un texto que aspira a dar un panorama global de la literatura argentina.

Así como su faz académica resulta discutible, tampoco podría decirse que estamos frente a una obra de divulgación o un recomendable manual introductorio a la literatura argentina. Es probable que los estudiantes aprendan más de buenas ediciones anotadas y prologadas, con la guía de profesores que los estimulen a comprender la literatura nacional antes como legado y memoria imaginativa que se actualiza, que como un ring donde unos autores derriban a los otros, según criterios que están lejos de ser universales, atemporales y unánimes.

Quizá el público ideal de esta Breve historia… se halle en la franja de escritores y críticos interesados por establecer en el presente sus propias reputaciones, y a quienes la postura iconoclasta del libro de Prieto puede darles una ilusión de una filiación que valide sus obras. En especial, algunos poetas de las tendencias actuales a las que se dedica mayor atención, o los que se consideran herederos de Aira, colocado aquí en el nuevo centro canónico de la escena contemporánea.

Por María Rosa Lojo
Para LA NACION – Castelar – 2006

La escuela de periodismo TEA y Deportea invita a la decimonovena entrega de «Al maestro con cariño».

 " Como desde 1988 reconoceremos, una vez más, a maestros del periodismo, del arte, de la comunicación y de la vida.
 
    Esperamos contar con su presencia el martes 23 de mayo, a las 20.30, en la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza, Av. Corrientes 1660, Ciudad de Buenos Aires.   La entrada es libre y gratuita."
 
 
                                                                           Eduardo Antín (Quintín)                                                               Nora Lafón
Annamaría Muchnik
Osvaldo Orcasitas
Eduardo Pavlovsky
Paraná Sendrós
Estela de Carlotto
Marcos Cytrynblum
José D’Amato
Daniel Divinsky
                                                          Norma Fernández                                                        
 
" Y, como desde 1997, la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba) –en nombre de los periodistas desaparecidos- recibirá una de las manzanas con las que distinguimos a nuestros homenajeados."
 
 

La escuela de periodismo TEA y Deportea invita a la decimonovena entrega de «Al maestro con cariño»

«Como desde 1988 reconoceremos, una vez más, a maestros del periodismo, del arte, de la comunicación y de la vida.

    Esperamos contar con su presencia el martes 23 de mayo, a las 20.30, en la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza, Av. Corrientes 1660, Ciudad de Buenos Aires. La entrada es libre y gratuita.»

Eduardo Antín (Quintín)

Nora Lafón
Annamaría Muchnik
Osvaldo Orcasitas
Eduardo Pavlovsky
Paraná Sendrós
Estela de Carlotto
Marcos Cytrynblum
José D’Amato
#Daniel Divinsky
Norma Fernández

                                                      

 
» Y, como desde 1997, la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba) –en nombre de los periodistas desaparecidos- recibirá una de las manzanas con las que distinguimos a nuestros homenajeados.»
 
 

La poesía eslovena llega a Buenos Aires

La Nación
 
Literatura

 
Se presentan hoy dos libros de ese origen
 
"Las mariposas son animales frágiles, como nosotros. La imagen de la mariposa representa libertad, amor, paz y belleza. A veces soñamos que somos mariposas que vuelan, pero mis mariposas, por momentos, se vuelven aviones con bombas que sobrevolaron mis país durante la guerra. Entonces, nuestros sueños acerca de las mariposas cambiaron con las bombas."

Esta es la respuesta que el poeta esloveno Brane Mozetic dio a LA NACION sobre el título de su libro "Metulji", que significa "mariposas" en esloveno, y cuya edición bilingüe -de Gog y Magog Ediciones- se presentará hoy en el Centro de la Cooperación (Av. Corrientes 1543), Sala Solidaridad, a las 19, con entrada gratuita.

La presentación estará a cargo del autor y de Susana Cella, titular de la cátedra de literaturas eslavas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y cuenta con el auspicio de la embajada de Eslovenia.

Mozetic, que nació en 1958 en Liubliana, capital de la República de Eslovenia, es autor de once libros de poemas, dos novelas y un libro de relatos. Sus obras fueron traducidas a varios idiomas. Es también traductor, principalmente de autores franceses, y promotor y editor de literatura eslovena en el exterior.

En la poesía de Mozetic, lo social se imbrica con la existencia particular. El amor entre dos personas, su dolor, su pasión, no desconocen el contexto que las rodea, que expresa también sufrimiento y violencia. Uno de los poemas de Metulji dice: "Al anochecer, bajo la lluvia de bombas, las multitudes/cantan en los puentes para defenderlos/pero vos hojeás libros frente a la chimenea/leés algo, tirás al fuego susurrando: es una locura".

Y esa misma voz solicita: "Dame un minuto más de tu abrazo, un minuto/ de tu beso -al mirarte siento que/ te olvidarías del tiempo y yo me olvidaría de/regresar, de arar los campos, de segar y vivir".

Mozetic siempre se ha manifestado preocupado por los problemas sociales y por los derechos de las minorías. Es la segunda vez que el autor viene al país. La primera fue en 2001, en "un momento difícil para la Argentina", recordó en diálogo con LA NACION. De los poetas argentinos menciona a Alejandra Pizarnik: "Debo decir que su poesía me gusta mucho, mucho. Está muy cerca de mi visión del mundo".

Desde hace tres años Eslovenia forma parte de la Comunidad Europea. Mozetic señaló que la lengua siempre fue el elemento que unificó a su país como nación. Asimismo, comentó que en la actualidad, a pesar de estar en democracia, "la literatura no es tan importante y la gente no compra tantos libros como antes", sostuvo. Y agregó: "La gente en mi país está más interesada en el dinero, y a los grandes editores no les interesa publicar poesía".

Según Julia Sarachu, descendiente de eslovenos y adscripta a la cátedra de literaturas eslavas de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires, "Metulji" es "el primer libro que un autor esloveno publica en la Argentina, a pesar de que en nuestro país está la comunidad eslovena más grande fuera de Eslovenia". Además del libro de Mozetic, la editorial Gog y Magog presentará hoy una antología de poesía eslovena contemporánea (ambos libros editados con un subsidio de la Fundación Trubar, de Eslovenia) y también el libro de poemas "Impresos en rojo", de la argentina Karina Macció.

Laura Casanovas

La poesía eslovena llega a Buenos Aires | #Eslovenia

Elecciones parlamentarias de Eslovenia (2026) | Elecciones presidenciales de Eslovenia

La Nación

Literatura: Se presentan hoy dos libros de ese origen

Por Laura Casanovas. «Las mariposas son animales frágiles, como nosotros. La imagen de la mariposa representa libertad, amor, paz y belleza. A veces soñamos que somos mariposas que vuelan, pero mis mariposas, por momentos, se vuelven aviones con bombas que sobrevolaron mis país durante la guerra. Entonces, nuestros sueños acerca de las mariposas cambiaron con las bombas.»

Esta es la respuesta que el poeta esloveno Brane Mozetic dio a LA NACION sobre el título de su libro «Metulji«, que significa «mariposas» en esloveno, y cuya edición bilingüe -de Gog y Magog Ediciones- se presentará hoy en el Centro de la Cooperación (Av. Corrientes 1543), Sala Solidaridad, a las 19, con entrada gratuita.

La presentación estará a cargo del autor y de Susana Cella, titular de la cátedra de literaturas eslavas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y cuenta con el auspicio de la Embajada de Eslovenia.

Mozetic, que nació en 1958 en Liubliana, capital de la República de Eslovenia, es autor de once libros de poemas, dos novelas y un libro de relatos. Sus obras fueron traducidas a varios idiomas. Es también traductor, principalmente de autores franceses, y promotor y editor de literatura eslovena en el exterior.

En la poesía de Mozetic, lo social se imbrica con la existencia particular. El amor entre dos personas, su dolor, su pasión, no desconocen el contexto que las rodea, que expresa también sufrimiento y violencia. Uno de los poemas de Metulji dice: «Al anochecer, bajo la lluvia de bombas, las multitudes/cantan en los puentes para defenderlos/pero vos hojeás libros frente a la chimenea/leés algo, tirás al fuego susurrando: es una locura».

Y esa misma voz solicita: «Dame un minuto más de tu abrazo, un minuto/ de tu beso -al mirarte siento que/ te olvidarías del tiempo y yo me olvidaría de/regresar, de arar los campos, de segar y vivir».

Mozetic siempre se ha manifestado preocupado por los problemas sociales y por los derechos de las minorías. Es la segunda vez que el autor viene al país. La primera fue en 2001, en «un momento difícil para la Argentina», recordó en diálogo con LA NACION. De los poetas argentinos menciona a Alejandra Pizarnik: «Debo decir que su poesía me gusta mucho, mucho. Está muy cerca de mi visión del mundo».

Desde hace tres años Eslovenia forma parte de la Comunidad Europea. Mozetic señaló que la lengua siempre fue el elemento que unificó a su país como nación. Asimismo, comentó que en la actualidad, a pesar de estar en democracia, «la literatura no es tan importante y la gente no compra tantos libros como antes», sostuvo. Y agregó: «La gente en mi país está más interesada en el dinero, y a los grandes editores no les interesa publicar poesía».

Según Julia Sarachu, descendiente de eslovenos y adscripta a la cátedra de literaturas eslavas de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires, «Metulji» es «el primer libro que un autor esloveno publica en la Argentina, a pesar de que en nuestro país está la comunidad eslovena más grande fuera de Eslovenia». Además del libro de Mozetic, la editorial Gog y Magog presentará hoy una antología de poesía eslovena contemporánea (ambos libros editados con un subsidio de la Fundación Trubar, de Eslovenia) y también el libro de poemas «Impresos en rojo», de la argentina Karina Macció.

Idioma Esloveno

Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos

Barcelona lanza un libro de la conch@ de su madre

 
 
PUTO EL QUE LEE

 
Diccionario de insultos, injurias e improperios
Presentación: viernes 28 de abril de 2006, a las 21 horas, en la Sala José Hernández de la Feria del Libro
 
 
 

Tapa de la edición N° 80 del 13 de abril de 2006

Los próximos números

de Revista Barcelona salen el 28 de abril y 12 de mayo
 
 

La increíble historia de los 60 mil libros rescatados de la AMIA

Clarín
CULTURA : UN TESORO CULTURAL SALVADO DE LOS ESCOMBROS DEL ATENTADO

El trabajo lo hicieron 800 voluntarios. Recuperaron libros y documentos antiguos. Una historia casi secreta que sale a la luz en un libro de próxima publicación.
 
 
 
Rodolfo Compte ESPECIAL PARA CLARIN

Había que rescatar los libros. Había que rescatar a uno de los pocos testigos que iban a quedar en la historia. Son testigos vivientes, mucho más de lo que nosotros vimos y vamos a poder ver a lo largo de nuestras vidas", dice Martín, que tenía 21 años en 1994 y que fue uno de los 800 jóvenes que, a pulso, rescataron el patrimonio cultural que guardaba la biblioteca del Instituto Judío de Investigaciones (IWO), que funcionaba en el edificio de la AMIA.

Rescatar los libros, rescatar cultura, rescatar la historia… ésa fue la idea que movilizó a los voluntario judíos y no judíos, argentinos y extranjeros, para recuperar el patrimonio cultural de la Fundación IWO de entre los escombros, luego del atentado del 18 de julio de 1994.

"Cuando vi por televisión que una parte del edificio había quedado en pie y se veían libros, pinturas y otros objetos del IWO desde la calle, me propuse rescatar todo lo que se pudiera, aunque fuera disperso, dañado o roto", dice la profesora Ester Szwarc, coordinadora del IWO.

El IWO funcionaba en el tercer y cuarto pisos del edificio de la calle Pasteur 633 atesorando ochenta mil libros, colecciones de arte, discos, pinturas, piezas únicas en Judaica y testimonios de lo acaecido durante el Holocausto y la Resistencia Judía en la Segunda Guerra Mundial.

A pocos días del atentado, Szwarc convocó a jóvenes que conocía, como a Nicolás Máslo, que tenía 18 años y estudiaba idish en esa misma biblioteca. Los jóvenes —ellos y otros que se sumaron— empezaron el rescate. Los voluntarios trabajaron formando cadenas de cientos de metros de largo por donde bajaban cultura, historia y memoria en las peores condiciones imaginables.

"La mitad de la biblioteca se había caído y la otra estaba en pie pero muy endeble", cuenta Máslo ahora. "En la mitad que estaba en pie había cuadros, archivos de diario, esculturas y parte de los libros. Muchos estaban quemados o pegados a otros por la ola de calor de la explosión. Otros estaban llenos de escombros, muchos incluso tenían restos humanos", recuerda Máslo. La cadena de jóvenes trabajó unos meses en el edificio de la calle Pasteur.

"Paralelamente —cuenta Szwarc— se empezó a hacer la restauración. Levantamos mesas con caballetes, con liencillos y empezó la tarea, primero de todo, de secado y limpieza". Se trabajó con secadores de pelo, con pinceles. Ayudaron expertos de la Biblioteca Nacional —como Maite Zunino— y restauradores como Silvio Goren. "Pero en el tema de cuadros hay mucho todavía por hacer porque no se le puede pedir a una persona que trabaje meses ad honórem y nosotros no tenemos fondos".

En la parte que había caído estaban los libros de uso cotidiano, los incunables y todos los objetos de museo. Mientras los jóvenes recuperaban lo que podían de la parte del edificio que todavía se sostenía, los escombros de la parte caída habían sido trasladados a Ciudad Universitaria. Tardaron cuatro meses en conseguir un permiso para entrar a ese predio. "En ese lapso —dice Máslo— los libros estuvieron entre los escombros, a la intemperie. A todo lo que tenían los otros se sumaron hongos y humedad."

En Ciudad Universitaria los chicos se enfrentaron a "quinientas montañas de escombros". De ahí, piedra por piedra, sacaron el patrimonio cultural destrozado. "Encontramos libros muy antiguos", cuenta Máslo.

En total, rescataron 32.000 periódicos y revistas de todo el mundo; 9.000 fotografías; 2.100 discos de vinilo —entre los que estaban los primeros tangos en idish—; 700 afiches de cine y teatro, algunos de cien años de antigüedad. Rescataron 120 pinturas (parte de la colección del pintor polaco Maurice Minkowski); 38 estatuas y 17 instrumentos musicales de valor histórico.

"Convocamos simplemente a que nos dieran una mano y fue una avalancha de gente haciendo cadena para rescatar las cosas. Y después para limpiar y clasificar", dice Saúl Drajer, presidente del IWO.

Sin embargo, pasaron doce años del atentado y el IWO no ha podido volver a funcionar a pleno. De los 60.000 libros rescatadas, sólo 20.000 pueden ser consultados hoy en Ayacucho 483. Y eso gracias a que las bibliotecarias conocen el material palmo a palmo: apenas 5.000 libros están clasificados, a los otros 15.000 se llega porque las bibliotecarias los ubican. El resto —40.000 títulos, además de documentos y archivos— están almacenados en varios depósitos en la Ciudad.

Recientemente se conformó la comisión Alberto Gerchunoff con el objetivo de encontrar el lugar y los fondos necesarios para la creación de una "Casa de la Cultura Judeo-Argentina", que sea un centro donde se pueda poner a disposición de los investigadores y del público en general todo el patrimonio de la biblioteca, hemeroteca, pinacoteca, archivo y museo del IWO. Porque la biblioteca del IWO, reinaugurada en el subsuelo del nuevo edificio de Pasteur, no fue habilitada ya que no cumple con las exigencias de Bomberos.

El trabajo sigue, despacio, al ritmo de los voluntarios. Los jóvenes ya cumplieron su parte.