Concurso internacional de fotografía

La Nación
 
 

Petrobras Buenos Aires Photo

 
Hay premios $ 9000 y $4500, además de la exposición de las obras
 
 
 
Todos los fotógrafos, aficionados y profesionales, sin distinción de nacionalidad o lugar de residencia pueden participar del concurso Petrobras Buenos Aires Photo que premia a los dos primeros ganadores con $ 9000 y $ 4500 pesos, respectivamente, y la exposición de las imágenes galardonadas en la muestra Buenos Aires Photo 2006.

El certamen forma parte de esa exposición, que se realizará en Buenos Aires entre el 18 y el 22 de octubre, y es una de las actividades propuestas por el Programa Cultural de Petrobras.

El jurado, compuesto por Silvia Mangialardi, Elda Harrington, Alejandro Montes de Oca, Julio Sánchez y Diego Costa Peuser, seleccionará ocho trabajos, entre los presentados antes del 25 de agosto.

Los autores de esas ocho fotos recibirán $ 2300 cada uno como incentivo para la preparación de su presentación final.

Galerías de arte

El 18 de octubre, día de la inauguración de la feria Buenos Aires Photo, el jurado dará a conocer los nombres de los ganadores del primero y del segundo premios. El año pasado, la exposición reunió a más de 14.000 visitantes que se acercaron a conocer las nuevas tendencias del mundo fotográfico.

Los trabajos seleccionados serán expuestos especialmente durante la muestra junto con las fotografías que presentarán 28 galerías de arte de varios países, entre los que se encuentran Chile, Ecuador, Estados Unidos, México, Canadá, Holanda, Perú, Puerto Rico, Costa Rica y la Argentina.

Cada autor puede participar con una sola imagen de aproximadamente 20 x 30 cm. El tema del concurso es libre y, según informan sus organizadores, busca incentivar las nuevas manifestaciones fotográficas.

Para obtener mayor información sobre el concurso y sus bases, se puede consultar en las páginas web www.photobuenosaires.com.ar y www.artealdia.com.ar o, por teléfono, a la editorial Arte al Día: 5031-0023.

Agenda

 
 

Concebir

  • El sábado 3 de junio se realizarán las 10º Jornadas Concebir en el Salón Imperial del hotel Savoy, Callao 181. Inscripción: (011) 4941-9209 o 4703-0614 .

Diálogos abiertos 2006…..

  • Continúa hoy el ciclo "Diálogos abiertos 2006". A partir de las 19, en la sede de la Asociación Cristiana de Jóvenes, Reconquista 439, con el título de "Democracia y cuentas pendientes", se presentarán Torcuato Di Tella y Martín Hourest, sociólogos, y Rosendo Fraga, economista. Entrada libre. Informes: 4311-4785.

MUSICA
Clásica

  • I vespri siciliani, ópera de G. Verdi, en Libertad 621, a las 20.30. Informes: 4378-7305.

 

  • Marian Liebowitz, clarinete; Richard Thompson, piano, en Pje. Giuffra 371, a las 20. Entrada libre. Informes: 4362-1187

 

  • Fortunatissimo-Mazal Tov, en Pasteur 633, a las 13. Dirección: Mario Benzecry. Entrada libre. Informes: 4959-8892;
    culura@amia.org.ar.

Popular

  • Quinteto Lisandro Adrover, "Tango & Fire", en Rodríguez Peña 1062, a las 20. Informes: 4815-5665.

 

  • Ricardo Cavalli, jazz, en Sarmiento 1551, a las 20.30. Entrada libre. Inf.: 4372-2706.

 

  • Leo Alvarez Cuarteto, a las 19; Pimienta Negra, a las 21, ambos en Perón 1362. Informes: 4372-3981.

 

  • Fénix Jazz Band, en Rodríguez Peña 361, a las 21. Informes: 4372-2351.

 

  • Latinaje, en Paraguay 918, a las 21. Inf.: 4372-3981.

 

  • Carlos Varela y Gabriel Mamone, en Balcarce 725, a las 20.30. Informes: 4307-6696.

 

  • Juliana Ruiz, jazz, en Av. Callao 892, a las 21.30. Informes: 4812-8707.

 

  • Sergio Mihanovich, Pancho Carattino y Guadalupe Raventos, Callao 966, a las 21. Informes: 4815-8473.

 

  • Rojo Tango, en Martha Salotti 445, a las 20.30. Informes: 4010-9200.

 

  • Mora Godoy, "Tangorama", en Av. A. M. de Justo y Brasil, a las 20.30. Informes: 5239-3009.

 

  • Flavio Catuara, "Sombras de tango", en Avda. de mayo 829, a las 23. Informes: 4342-4328.

 

  • La Bordalesa Rock, Madre Maravilla, Pirañas Lunáticas, en F. Lacroze 4181, a las 20. Inf.: 4552-2257.

 

  • Orquesta Típica Fervor de Buenos Aires, en Av. Corrientes 1543, a las 19. Entrada libre. Inf.: 5077-8000.

Presentaciones de libros

  • "Habíamos amado tanto a Cinecittá", de Néstor Tirri, a las 19.30, en Thames 1762. Informes: 4331-2275, 4833-6637.

 

  • "Kabalah, un camino hacia la luz", de Beatriz Borovich, a las 18, en Alsina 1835. Informes: 4371-3643.

 

  • "Botiquín espiritual", de Guillermo García Arias, a las 19, en Av. Santa Fe 1860. Informes: 4813-6052.

CONFERENCIAS
Entrada libre

  • "Democracia y cuentas pendientes", por Torcuato Di Tella, Rosendo Fraga y Martín Hourest, a las 19, en Reconquista 439. Informes: 4311-4785.

 

  • "El arte argentino y su ubicación en el panorama internacional", por Alejandro Puente, Aldo Sessa y Osvaldo Svanascini, a las 18.30, en Av. Alicia M. de Justo 1300. Informes: 4349-0200.

 

  • "El arte romano: pintura", por Sabatina Veltri, a las 18.30, en Cabildo 2772. Informes: 4371-2480, int. 113.

 

  • "¿Liberalismo en la Argentina contemporánea? (1983-actualidad)", por Vicente Massot, a las 19, en Av. Alicia M. de Justo 1500. Informes e inscripción: 4338-0844.

 

  • "Distonías", por especialistas del Clínicas, a las 12, en Córdoba 2351, 5º, aula 50. Informes: 5950-8547.

 

  • "Divorcio: distribución de los bienes", por Osvaldo Ortember, a las 19, en Juncal 1246. Inf.: 4811-9457.

 

  • "Hidalgo, nobles y privilegiados", por Mauricio Drelichman, a las 19, en Hidalgo 775. Inf.: 4905-1157.

 

  • "La política exterior del presidente Frondizi", por Albino Gómez, a las 19, en Güemes 3941. Informes: 4832-0444.

 

  • "¿Cómo evitar la depresión?", por María C. Vieyra y Esteban Mongiello, a las 20, en M. T. de Alvear 2026, 1º. Informes e inscripción previa: 4962-8801.

 

  • "Umbría mística", por Susana Spiegler y Edit Binaghi, a las 18.30, en Tucumán 1646. Inf.: 4371-2480.

 

  • "Músicas, diversidad y rituales asociados", por Coco Romero, Daniel Miguez, Silvia Citro, a las 17; "La revalorización de las celebridades en la ciudad", por Raúl Carricat, Nicola Tridente y otros; a las 20.30, "Reflexiones sobre creencias y celebraciones populares en las ciudades de la diversidad", por Mónica Lacarrieu, Alejandro Frigerio, las tres en Perú 272. Informes: 4323-9400, interno 2772.

BELLAS ARTES
Inauguraciones

  • Carlos Godoy, plástica, en Malabia 1720, a las 19. Cierra el 30. Entrada libre. Informes:
    crgodoyred@gmail.com.

 

  • Miriam Jerusalmi, pinturas, en Pasteur 633, a las 19. Cierra el 2 de junio. Entrada libre. Informes: 4786-0287.

 

  • Horacio Sánchez Fantino, acrílicos sobre madera y lienzo de grandes dimensiones y colores monocromáticos, en Av. Callao 1870, a las 19. Cierra el 15 de junio. Entrada libre. Informes: 4804-7321; www.fundacionmundonuevo.org .

 

  • Colectiva, "Cerámicas francesas 1880-1940. Colección Molina", pinturas, en Av. del Libertador 1902, a las 12. Informes: 4801-8248;
    museo@mnad.org.

 

  • Colectiva, "¡Mueva la Arquitectura! Ciudad y movilidad", en Junín 1930, a las 19. Cierra el 4 de junio. Entrada libre. Informes: 4803-1040.

En exposición

  • José Aguirre, "Naturalezas", pinturas; Ana María Montes y Cristina Montes, "Lo que ellas ven", pinturas; Armando Sapia, "La línea piensa", dibujos, en Viamonte esquina San Martín. Informes: 4311-4865.

 

  • Mario Agatiello, "Reecuentro en el espacio", en Mitre 536, Quilmes. Informes: 4224-2573.

 

  • Julia Arrigoni y Victoria Prats, pinturas, en Pje. Bollini 2281. Informes: 4805-6399.

 

  • Adolfo Frías, "Catedrales góticas", pinturas, en Montevideo 938. Informes: 4501-2046.

 

  • Colectiva, "Artistas Académicos de Bellas Artes. 70º aniversario de la creación de la ANBA", en Av. Alicia Moreau de Justo 1300. Informes: 4349-0200.

 

  • Colectiva, "Patrimonio jesuítico Argentina y Canadá", en Perú 272. Cierra el 18. Informes: 4343-3260.

Pa­ra la co­mu­ni­dad

  • "Cómo digo lo que digo", es el curso que dictará Dionisia Fontán, el próximo 7 de junio, a las 19. Informes e inscripción previa por el 4829-2413;

Cris Morena: la señora TV

La Nación  Revista
Es el máximo exponente femenino de la producción en la pantalla chica. Entrevista con una mujer de bajo perfil que logró triunfar en «un mundo de tiburones»

Nos encontramos en una confitería de la avenida Figueroa Alcorta, en la mañana de un día feriado. Llegué media hora antes para repasar las preguntas y poner a punto los grabadores. Pero a los dos minutos la vi entrar: lo más sorprendente era el equilibrio que hacía para sostener en sus brazos la cartera, las carpetas y un cuaderno. «Vengo a repasar libretos», aclaró, como para decir algo.

Así es Cris Morena, una especie de estudiante, de alumna que nunca deja de hacer deberes, más allá de ocupar un espacio de poder importante entre los productores argentinos de televisión. Es la única mujer que está a la altura de Mario Pergolini, Marcelo Tinelli o Adrián Suar. «Me muevo entre tiburones –ironiza–. Es lindísimo nadar en aguas profundas y azules. Es bárbara la elegancia con que se mueven. Pero ojo con que no te salga ni una gota de sangre, porque te comen.»

En ese mundo se mueve. Un mundo implacable, masculino, competitivo, neurótico, al borde de un ataque minuto a minuto, igual que como se mide el rating. Sin embargo, este día feriado no parece tan involucrada con la locura. Se ríe encantadoramente, entre cómplice y traviesa, y su voz suena como si tuviera veinte años.

–En este mundo de tiburones de la televisión –como usted dice– no parece irle mal.

–Yo tengo éxitos mucho más «grosos» en mi vida personal. Por eso puedo lograr los éxitos de trabajo.

–Infiero que quiere que hablemos de su vida privada. De acuerdo: esta mujer que está hoy frente a mí, ¿es el resultado de qué historia?

–¡Upa! Qué buena pregunta. Es el resultado de una historia anterior a mí, que se vincula con mi propia familia y mis genes. Una historia en la que ha habido mucho sufrimiento, mucha locura, de la linda y de la fea, de la que hace daño. Tengo una historia en la que las mujeres de mi familia –desde mi bisabuela–, cuando luchaban, eran anuladas. Mi caso es distinto porque tuve un temperamento diferente y otro apoyo. Mi ex marido fue importantísimo para mí. Y otro apoyo fue mi creatividad.

–¿A qué colegio fue?

–A la Asunción (de la Virgen). Un colegio «rebelde way«.

–Creo recordar que en los 70 en ese colegio había monjas francesas muy revolucionarias.

–No cuando yo empecé; eso fue en la mitad de mi camino. Y yo me plegué a las monjas revolucionarias. Hubo otro grupo que se quedó en el miedo. Yo, por el contrario, empecé a ir a villas, estudié asistencia social. Lo conocí mucho al padre Mujica. Esa es la parte de mi historia que mucha gente no conoce. A mí me salvó siempre «la estupidez» (se ríe de su chiste): estudiaba asistencia social y a la vez hacía tapas de revistas como modelo. La pavada fue lo que me sacó de «lo otro», en un momento en que a mis amigas se las llevaban detenidas.

–Me pregunto por qué con esta historia Gustavo Yankelevich era el creativo y usted «la señora de…»

Sí, seguro; se veía eso (contesta sin titubear). Y fue justamente al revés; no en el sentido de que él no fuera creativo, sino que a mí me costó mucho lograr un espacio. Fue durísimo. El fue la persona que más piedras me puso en el camino. En nuestra pareja, yo era la arriesgada, la que lo empujaba a él… Yo estudiaba teatro y Gustavo no quería. Yo tenía a mis hijos, escribía canciones… Rendí el examen en Sadaic y empecé a trabajar. Jamás en la vida dependí económicamente de un hombre. Gustavo siempre dice que yo estoy diez años delante de él. Y suele preguntarme: «A ver, ¿qué pensás? Decime, porque yo sé que lo que vos decís va a pasar dentro de diez años; entonces, yo me subo a tu barco».

–De todas maneras, convengamos que la separación hizo más visible su trabajo.

–Sí, claro que sí. No por la separación en sí, sino porque sufrí muchísimo. Tenía la idea del matrimonio para toda la vida.

–Más allá del sufrimiento personal, en estos años se entendió que la mujer productora no necesitaba un marido gerente de programación para sobrevivir con éxito.

–Nunca lo necesité a Gustavo como gerente de programación; sí lo necesité como persona. En realidad, trabajar juntos nos sirvió a ambos y al canal. A partir de Jugate conmigo, de Amigos son los amigos, de Chiquititas y de Verano del 98, todos fueron éxitos imparables. No hubo nada que al canal le resultara una pérdida, desde ningún punto de vista. Al contrario: generó hasta cierto punto lo que ahora es el merchandising de esos éxitos.

–De alguna forma, el matrimonio de ustedes ha dejado huellas en la televisión argentina.

–Sí (responde con toda soltura). Incluso hasta en la técnica, porque nosotros trajimos al canal luces móviles, que en ese momento en los canales no existían. Gustavo puso musicalizadores, que tampoco existían; puso diseño de vestuario, diseño de arte, secciones que antes existían sólo en publicidad, no en la televisión. Todo eso fue lo que logró darle a Telefé una identidad que nadie movió hasta ahora.

–Sin embargo, hay diferencias enorme entre la mujer estilo adolescente que conducía Jugate conmigo y las obras posteriores, en los que usted no es el personaje en escena.

–Con Jugate conmigo nació la mujer productora. Me di cuenta de que siempre lo había sido, pero allí lo aproveché a nivel empresarial. Toda mi vida fui de las que solucionan las cosas sin darse cuenta. A mí no me sale nunca esa mujer que dice, ante una situación difícil (actúa un tono frívolo, burlesco): «Ay, ¿y ahora cómo hago?, ¿nadie me ayuda?».

–¿Por qué se dedicó al mundo de los adolescentes, de los jóvenes?

–Porque me fascina todo lo que todavía tiene posibilidades de modificarse, de crecer, de transformarse.

–¿Ese diría usted que es su talento?

–Tuve la capacidad de entrar en un hueco del que nadie se estaba ocupando, o bien los que se ocupaban lo hacían con mucha falta de respeto, con poca prolijidad. Trabajar con chicos y con jóvenes implica un esfuerzo doble, porque hay que ayudarlos a crecer. En realidad, contestando a tu pregunta, haberme dedicado a los chicos y a los adolescentes debe de tener relación con cosas mías, con situaciones mías no resueltas en mi infancia y mi adolescencia.

–Bueno, Woody Allen hizo de sus fobias el tema de casi todas sus películas. De usted dicen que es una gran descubridora de talentos.

–La mayoría de la gente que está protagonizando en este momento pasó por nuestras manos. Agustina Cherri, Marcela Klosterboer, Dolores Fonzi, Tomás Fonzi, Romina Gaetani. Estoy nombrando a los que han sido formados por nosotros, porque Mariano Martínez, por ejemplo, empezó con nosotros pero después siguió por otro lado. Luciano Castro, que en este momento está trabajando muy bien. Michel Brown, el famoso «Gavilán» de la novela Los gavilanes. Puedo seguir nombrando: Florencia Bertotti, mi propia hija. Facundo Arana empezó fuerte con Chiquititas. Isabel Macedo, que parecía invisible, es una gran actriz. Soy de las personas que hacen que la gente que está a su lado tenga todo en sus manos para poder crecer. Por supuesto que esto en el medio no lo reconoce nadie. Mientras trabajan conmigo nadie hace comentarios, y cuando pasan a otra producción dicen: «¡Opa, qué buenos actores!».

–Es cierto, la mirada de la crítica era descalificadora hasta Floricienta. ¿De quién fue la idea de que se fuera al 13?

–De Adrián Suar. Fue una oportunidad grande poder hacer ficción en un canal donde sólo había ficción de Pol-ka. Fue muy bueno, pero es una estructura que me resulta compleja. Es muy cool el 13. Pero es un canalazo. Todo en el 13 da esa imagen «correcta». Todo pasó a ser increíble, cuando ya hacía diez años que yo venía haciendo sucesos. Pero ojo que hay muchos productos en el 13 que no funcionan, aunque llevan mensajes similares.

–Hablemos de Telefé.

–Es un canal con mucha cintura y muy interesante. Defiende mucho todo lo que tiene adentro, aun al programa de menos rating.

–¿En qué momento de su carrera sintió que jugaba en primera?

–¿Entre los tiburones? Supongo que cuando llegué a Canal 13. No, en realidad sentí que jugaba en primera cuando logré, sola con mi alma, poner una producción en un canal, que incluso la negocié yo. También cuando logré asociarme con un israelí, que estaba a 20 mil kilómetros de distancia y que confió en mí. Ahí empecé a sentir que estaba jugando en primera. Pero en el sentido de considerarme como par, fue cuando entré en el 13. Me doy cuenta de que para todos sigo «dando» algo adolescente, pero de adolescente no tengo nada. Por ejemplo, una historia como Alma pirata está a años luz de toda la ficción argentina; no es nada adolescente. Acá confunden adolescencia con aventuras.

–¿Cómo es su método de trabajo? ¿Se despierta a la mañana y tiene una rutina? ¿Está horas frente a la computadora?

–No trabajo con computadora. Me encantaría, pero los botones no son mi fuerte. No es que no pueda aprender, pero soy una persona que, cuando no le interesa algo, le cuesta ponerle atención.

Cris Morena se para y hace su «demostración»: abre el bolso y saca cuadernos.

–Mis cosas las escribo yo. En un rato me junto con el equipo de teatro de Chiquititas. Sigo siendo infantil en un punto. ¿Ves? . La tira de Floricienta ahora está toda escrita a mano (muestra y va dando vuelta las páginas). Acá hay una canción (sigue recorriendo, cada vez más rápido). Acá empieza Chiquititas 2006. Es a mano, ¿ves? (sigue dando vuelta las páginas, como una nena que quiere mostrar todo). Soy así: todo escrito; es una cosa rara, no sé cómo explicarlo. Es estúpido, porque debería usar la computadora. Pero no sólo no la uso, sino que tengo biromes especiales, sin las cuales no puedo escribir. Soy un poco de antes en esto.

–¿Cuál es su momento más creativo?

–El momento creativo es cuando salgo con mis nietos, por ejemplo. Me ponen creativa cosas mucho más vitales que el trabajo, el negocio, el rating, el salir al aire…

–¿Es buena para los números?

–Pésima. Pero me estoy dando cuenta de que sí soy buena para vender las cosas en las que creo. Me pongo a hablar de algún proyecto, con cualquiera –por ejemplo, el otro día tuve una reunión con unos chinos–, y me encuentro de pronto envuelta en lo que estoy contando; cuando termino, me doy cuenta de que me creen. Hacen empatía con mi enamoramiento, y se enamoran del proyecto.

–Quiero insistir en este tema del poder. Porque cuando hay una reunión de «capos» de la tele a usted no la nombran, siendo, como es, la única productora mujer, y más poderosa que muchos.

–Sí. Y, además, trabajo a un nivel muy competitivo. Ahora bien, me estoy preguntando si me interesa de verdad…

–¡Qué reflexión tan femenina! De alguna forma, todas las mujeres con poder en algún momento se lo cuestionan. ¿Se imagina a los «popes» haciéndose esta misma pregunta?

–Es cierto, pero no me importa, porque a la hora de trabajar para afuera me junto con Pergolini para hacer ficción, por ejemplo, y me junto con la gente de Televisa, que me quiere contratar también para hacer ficción. Los canales están en un momento en el que son más importantes las personas que los contenidos.

–¿Cuánto control tiene sobre sus productos?

–Todo. Y me hago cargo totalmente, tanto de lo bueno como de lo malo que suceda en el producto. Tengo la última palabra, soy el «okey» del producto.

–¿Le preocupan las críticas que le han hecho a Chiquititas?

–No, para nada, porque eran críticas desde el prejuicio. Decían que el orfanato era demasiado lindo, y que todos los chicos se querían ir de su casa para vivir ahí. Pero era un orfanato de ficción. Si yo tuviera que narrar la verdad de los niños que sufren, tendría que hacerlo a las once de la noche. Si tuviera que mostrar lo que de verdad sucede en un orfanato en la Argentina de hoy, creo que no lo podría hacer en televisión.

–En el mundo de la tele, ¿cómo juega el aspecto físico? ¿Es mejor ser un poquito asexuado?

–A lo mejor atienden más a tu intelecto. Pero hay que saber también que ninguna persona del nivel al que nos estamos refiriendo es tonta. Pero, por otro lado, entiendo cómo muchas mujeres han llegado a muchas cosas sin haber hecho nada: apelan a la parte más ingenua, más mediocre y más tonta del varón.

–¿Cómo le cayó ser abuela?

–La sola idea fue impresionante, en cuanto a la emoción y al deseo de tener un nieto. Es más, no sé qué habría pasado si en todo este tiempo no hubiera tenido nietos. Mis nietos me abrieron un mundo nuevo; me permitieron volver a empezar la vida. Mis nietos me producen una sanación importante.

–Después de haber estado más de 20 años casada, ¿se acostumbra a circular sola?

–Me banco bien. Es un tema. Me preocupa un poco porque yo siempre pensé que el amor de una pareja era lo más importante. Pero creo que lo que sucede es que tengo pocos huecos en este momento. Me gusta mucho lo que hago, estoy muy enamorada de lo que hago, estoy enamorada de mi familia, de mis amigas, de mis amigos. Esto me está pasando de un año a esta parte, porque hace un año tuve un novio.

Levanta la vista, hace una pausa.

–¿Me traés otro café en jarrito?

Con el pedido a la camarera, María Cristina de Giacomi da por terminada la charla.

Por Any Ventura
Producción Lucía Uriburu
Fotos: Daniel Pessah y gentileza Cris Morena Group

Perfil

Puro trabajo

  • Su nombre es María Cristina de Giacomi. Durante 25 años compartió su vida con Gustavo Yanquelevich, uno de los hombres más influyentes de la televisión y el padre de sus dos hijos, Romina, actriz, y Tomás, director.
  • Desde 1991, con Jugate conmigo, encontró en el público púber a su mejor interlocutor. Pronto devino productora y creativa de ciclos exitosísimos, como Chiquititas, Verano del 98, Rebelde Way y Floricienta (con un rating promedio de 19 puntos).
  • En 2001 formó una productora, desde donde desarrolla contenidos para sus ciclos.
  • Escribió el libro Canciones de Cris para personas Chiquititas.
  • Edita las revistas de Floricienta (sobre la serie del mismo nombre), que vende alrededor de 50.000 ejemplares, y comercializa los discos de la serie. También, la revista de Rebelde Way, cuya tirada es de 50.000 ejemplares.
  • Es presidenta del Cris Morena Group, que comercializa sus productos y formatos a escala internacional. Warner Bros. Consumer Products, por su parte, comercializa la licencia de la marca Rebelde Way para ser utilizada en productos de gráfica, promoción y editorial. Además, con el CD de Erreway logró los discos de oro y de platino, por vender más de 120.000 placas. El de Floricienta, con 150.000, fue triple platino.
  • Hoy tiene en el aire Alma pirata y Chiquititas (Argentina). En México se está emitiendo Floricienta, en una coproducción con Televisa. En Brasil, va por la segunda temporada de Floribella. En Israel, se emite Amor mío.
  • Vendió licencias de estas marcas para álbumes de figuritas, indumentaria femenina, anteojos, tarjetas telefónicas y videoclips.

Algo personal

Bebida: una copa de vino tinto, a la noche, cuando sale.

Un lugar de vacaciones: para su cumpleaños, en agosto, se va con cinco amigas… a algún lugar.

Ropa: Anthropology. Casi todo lo que le gusta está en el Soho de Nueva York. Prefiere las prendas que no parecen de vidriera; las que dan la impresión de que alguien ya se las hubiera puesto antes.

Un lugar romántico: Roma. Nunca estuvo allí con una pareja.

Un regalo: libros, música. Orquídeas, jazmines y rosas blancas. ¿Joyas? No usa.

Dieta: no hace. Tiene una vida muy prolija. Duerme ocho horas. Come sano. No gasta demasiado dinero en nada.

Un tema musical: She, cantado por Elvis Costello. «Si alguien me lo canta, me enamoro».

Caracteristicas masculinas: «A mí me puede el sentido del humor, que Gustavo no tiene. La gente con mucho sentido del humor y muy inteligente. Pero con una inteligencia emocional, no la inteligencia del sabiondo o del estratega».

La fiesta inolvidable

Página 12

 

Con la excusa de celebrar el estreno de un ballet experimental producido por Serge Diaghilev, un inglés excéntrico organizó en mayo de 1922 una comida en un hotel parisino con una única idea en la cabeza: sentar a la mesa a los cinco grandes nombres de ese apoteótico modernismo que estaba redefiniendo el siglo. La cosa no salió exactamente como pensaba. Pablo Picasso hizo su entrada mudo como una efigie; Igor Stravinsky, con una notable mala onda; James Joyce, con una alevosa borrachera irlandesa; y Marcel Proust, recién después del postre. Ahora, aquella noche con la que tanto se fantaseó, y en la que se produjo el encuentro más extraño del arte del siglo XX, es reproducida bocado a bocado y copa a copa en el exhaustivo A Night in the Majestic.  

 

 

Por Rodrigo Fresán

La noche del próximo 18 de mayo se cumplirán 84 años de una de las más célebres y misteriosas fiestas en la historia del arte. Una dinner-party que tuvo lugar en el parisino Hotel Majestic en 1922 y que reunió –cortesía del matrimonio de Sydney y Violet Schiff– a lo más noble y representativo del convulsionado y revolucionario panorama artístico de entonces y, dentro de ese paisaje, a cinco nombres clave sentándose a la misma mesa para mirarse de reojo. Por orden alfabético: Serge Diaghilev, James Joyce, Pablo Picasso, Marcel Proust e Igor Stravinsky. Un libro recién aparecido del biógrafo e historiador Richard Davenport-Hines –A Night in the Majestic: Proust and the Great Modernist Dinner-Party of 1922 (Faber and Faber, 14,99 libras)– se cuela en el salón para reconstruir la antológica velada y teorizar sobre lo que en verdad ocurrió esa noche mágica, irrepetible y tan complicada.

ENTRADAS

Veinte años antes de la noche en el Majestic, durante las turbulentas jornadas del affaire Dreyfuss, Marcel Proust organizó una cena a la que invitó a los más apasionados defensores de ambos lados del conflicto. Uno de los convidados, Léon Daudet, acudió al ágape esperando lo peor, “que no sobreviviera ni una pieza de porcelana” y, a los pocos minutos de llegar, se asombró “por las corrientes de entendimiento y benevolencia que parecían originarse en Marcel para fluir entre los que allí estaban sentados para envolverlos como en espirales de calma y razón”. Cuando Daudet se acercó a felicitar a Proust por lo que había conseguido, éste se encogió de hombros y, restándole importancia al tema, musitó: “Lo cierto, monsieur, es que todo depende de la primera reacción que experimenten entre ellos los diferentes personajes”.

Cabe pensar que dos décadas después el fan proustiano Sydney Schiff pensó en las palabras de su ídolo cuando, junto a su adoradísima esposa Violet Beddington Schiff, se propuso –y consiguió– montar lo que en perspectiva se entiende como una cumbre modernista y, en su momento, fue una de esas comidas en la que todo podía ocurrir y todo ocurrió.

¿Y quiénes eran los Schiff? Para muchos eran unos entusiastas del arte, para muchos otros eran unos snobs ingleses fascinados por París, lo francés y, en especial, por el autor de En busca del tiempo perdido. Sydney Schiff (1868-1944) era el autor –bajo el seudónimo de Stephen Hudson– de un puñado de novelas modernistas cuyo nombre y títulos han sido olvidados. Schiff no aparece hoy en ninguna historia de la literatura inglesa o en diccionario biográfico alguno y, los más piadosos y memoriosos, lo consideran “un amateur de talento”. Hombre de bigote militar y temperamento depresivo, bebía champagne en cantidades industriales (para aprehensión de Proust, quien recomendaba la cerveza) y su más catalepsia que inmortalidad literaria se debe, hoy, a dos motivos: la publicación en la revista Criterion, editada por T.S. Eliot, de la nouvelle à clef y proustiana Céleste (donde Proust aparece anglificado como Richard Kurt) y el haber sido junto con su esposa destinatarios de la dedicatoria de Sodoma y Gomorra II: “Sólo ustedes me parecen a mí aquello que se busca sin pausa”.

Cuenta Davenport-Hines que los Schiff pensaron primero en el Ritz –guarida habitual de Proust– pero, como allí no se permite la música luego de la medianoche se pasan al Majestic (rebautizado siete décadas después como Hôtel Raphaël) en el 17 de la Avenue Kléver donde, tres años antes, se hospedó la delegación británica durante las negociaciones del Pacto de Versailles. La idea de Schiff, comunicada al impresario Serge Diaghilev, fue celebrar a la compañía de los Ballets Russes luego del estreno del ballet-burlesque –veinte minutos, cuatro bailarines, experimento de Igor Stravinsky– Le Renard. El bloomsburyano crítico de arte Clive Bell –uno de los pocos ingleses presentes, esposo de Vanessa, la hermana de Virginia Woolf– recordó que Schiff “invitó a cuarenta o cincuenta personas, miembros del ballet y seguidores del ballet, pintores, escritores, modistas, modelos, pero lo que en realidad le importaba era, en un reservado de la planta alta, reunir a los cuatro hombres que más admiraba: Picasso, Stravinsky, Joyce y Proust”.
Y Schiff consiguió lo que se propuso.

PRIMER PLATO

El primer capítulo de A Night at the Majestic se titula “18 de mayo de 1922” y funciona como un médium invocando el espectro de una noche que se niega a descansar en paz. Davenport-Hines ilumina todos los rincones del lugar, se preocupa por reordenar una posible lista de invitados (ya que los Schiff no la enviaron para su publicación en Le Figaro o Le Gaulois) y hasta recalienta el menú de lo servido basado en descripciones de la novela de Proust (mucho espárrago, pierna de cordero en salsa béarnaise, boeuf à la gelée, pollo financière, langosta à la americaine y postres como ananá y ensalada de trufas, pudding Nesselrode, tarta de almendras, café y helado de pistacchio y mousse de frutillas).

Pasada la medianoche ya han sucedido cosas interesantes: Picasso se presentó con un pañuelo anudado en la cabeza (alguien lo describe como “un pirata catalán”; nadie recuerda que haya dicho nada); la Duquesa de Clermon-Tonnere ha pronunciado aquello de “en el séptimo día Dios creó a Picasso”; la Nijinska (bailarina hermana de Nijinski) ha confiado que el astro ruso padece esquizofrenia, y alguien cree haber visto a Wyndham Lewis. Pero Proust no llega. Schiff no le ha enviado invitación por temor a asustarlo; pero sí le ha comentado, con delicadeza, fecha y lugar del acontecimiento para intrigarlo. Su lugar junto al anfitrión permanece vacío, Schiff sufre, pero –con los platos retirados y el café servido, cerca de las dos y media de la madrugada– aparece, vestido de etiqueta, con un abrigo de piel sobre su frac, guantes blancos, el francés del momento. Proust –vampiro de la alta sociedad, ahora vampirizado por su libro– es de una palidez casi transparente. Clive Bell –admirador confeso– lo encuentra “enfermizo y débil; pero sus ojos eran gloriosos”. Joyce –quien llegó media hora antes, pero igualmente tarde– yace borracho en un rincón. Joyce llegó así porque –teorizó Schiff– necesitaba envalentonarse y ocultar su vergüenza de no poseer un traje apropiado para la ocasión. Enseguida, Proust es un reactivo, todo se mueve en esta noche en el Majestic como –ya desde el título– en una película de los Hermanos Marx. Una aristócrata en decadencia, que se sintió “maltratada” por Proust en su novela, se pone de pie y deja la estancia. Proust deja escapar un gemido y se sienta junto a Stravinsky –a quien mencionaba cálidamente en Sodoma y Gomorra– y, para romper el hielo, ensaya un elogio de Beethoven. “Detesto a Beethoven”, le informa Stravinsky. Proust decide entonces dedicarse a Diaghilev (definido como “un encantador invasor” en su novela, el francés y el ruso ya habían intercambiado cartas con cierta frecuencia, aunque ninguna de ellas ha sobrevivido) y a Picasso (a quien admiraba por sus telones para el Parade de Jean Cocteau a quien, en una carta, le confiaba “¡Qué guapo es Picasso!”). Schiff le sugiere a Picasso que retrate a Proust. “Le llevará poco más de una hora”, ruega con pasión de doble groupie. Picasso se hace el que no escucha. Joyce ronca en un rincón y alguien lo despierta y es entonces cuando Violet Schiff tiene una idea.

SORBETE DE LIMON

El frío ácido que se utiliza para limpiar el paladar entre un platillo y otro, y quizás éste sea el mejor sitio para intentar una cauta aproximación al término y al concepto. Según The Penguin Dictionary of Literary Terms and Literary Theory, de J.A. Cuddon (edición revisada de 1982), Modernismo más o menos equivale a: “Término vago, pero comprehensivo para un movimiento (o tendencia) que comenzó de manera subrepticia en los últimos años del siglo XIX y que tuvo una gran influencia a lo largo del siglo XX. El término abarca a todas las artes y, sugieren algunos, alcanzó su punto más alto durante los años ‘20”. Davenport-Hines es más preciso en su libro, y no duda en señalar a 1922 como el anno mirabilis del fenómeno: “En la primavera de 1922, el Modernismo tenía quince años de edad y se encontraba en su apogeo. Puede afirmarse que su estreno fue durante 1906-7, cuando Picasso comenzó a pintar Les demoiselles d’Avignon, había entrado en una fase más estable en 1910 con la triunfal primera ejecución del ballet L’oiseau de feu de Stravinsky y la apertura de la exposición de los post-impresionistas en las Grafton Galleries de Londres… Pero 1922 –desde un punto estrictamente literario– fue el año en que T.S. Eliot publicó The Waste Land, James Joyce su Ulises y Marcel Proust –el 29 de abril de ese año– la segunda entrega de Sodoma y Gomorra”. Y tal vez haya que decirlo: a Davenport-Hines –como a Sydney Schiff– lo que más le importa es la figura de Proust. El ensayista lo coloca como centro de mesa y comensal en la cabecera (así aparece en la portada de la edición inglesa que simula un poster de la época) y la edición norteamericana de A Night at the Majestic –que aparecerá en junio próximo– va todavía más lejos al ser retitulada como Proust at the Majestic: The Last Days of the Author Whose Book Change Paris y poner en la cubierta una foto del francés a solas, mal que le pese al espectro de James Joyce. Davenport-Hines hace foco en Proust porque, después de todo y por encima de todo –proustificado y proustituido–, lo que a él le interesa es la recuperación de un tiempo perdido y el modo en que encajan los engranajes de diversas memorias para poner a funcionar el cuerpo y el alma de una noche simbólica de toda una época. Así, el libro de Davenport-Hines se inscribe dentro de un subgénero que los más piadosos definen como “biografía de anécdota y no de vidas y obras”, y los menos clementes descartan como “un profile de The New Yorker inflado”. Si se trata de ser equilibrados, puede decirse que A Night of the Majestic es un objeto simpático con la virtud de reunir información dispersa y rumores esparcidos (y, dicen los que saben, abundantes erratas en su costado musical) y que se lee con placer e interés. Y no es el único de esta tendencia de moda –que ya encuentra un exponente en 1971 en el goncourtiano Dinner at Magny’s de Robert Baldick– a la hora de lo histórico y lo biográfico y lo coral. Algunos hitos recientes son The Immortal Dinner de Penelope Hughes-Hallett (publicado en el 2000 y poniendo la mesa de una noche en la que coincidieron el pintor B.R. Haydon, William Wordsworth, John Keats y Charles Lamb); Evening in the Palace of Reason de James R. Gaines (del 2005 y explorando la partitura de la relación entre J.S. Bach y Frederick El Grande); February House de Sherill Tippins (2005, trazando la planta de una casa de Brooklyn en la que convivieron Carson McCullers, Jane y Paul Bowles, Gipsy Rose Lee, W.H. Auden y Benjamin Britten); y el muy comentado A Chance Meeting de Rachel Cohen (2004, donde se recuentan 36 encuentros casuales entre celebridades interconectadas estilo “seis grados de separación” e incluyendo a Henry James, Marcel Duchamp, Charles Chaplin y Norman Mailer). El 2006 no se conforma con A Night at the Majestic y trae y traerá The Yellow House de Martin Gayford (la historia de la casa de Arlès en la que vivieron Van Gogh y Gauguin), Rousseau’s Dog de John Eidinow (sobre la amistad primero y enemistad después entre Jean-Jacques Rousseau y David Hume) y, recién aparecido, Party of the Century de Deborah Harris, catando hasta el último canapé servido en la célebre fiesta black and white organizada por Truman Capote en el Plaza Hotel, en 1966, para festejar y autofestejarse por el descomunal éxito de A sangre fría. Pero volvamos al Majestic y, oh, Marcel Proust y James Joyce –quienes está claro que no se sentían parte de ningún movimiento o ismo sino gigantes solitarios– están conversando y…

SEGUNDO PLATO

…una cosa es segura: la idea de presentarlos para así crear un momento instantáneamente histórico fue de Violet Schiff. A partir de entonces, todo es incierto, abundan las versiones, y Davenport-Hines las analiza todas. Una de ellas se limita a Proust preguntando si le gustan las trufas y Joyce respondiendo que sí. Otra tiene que ver con apenas dos líneas de un diálogo terrible: “Nunca leí su obra, monsieur Joyce”, y “Nunca leí su obra, mister Proust” (esto último no era cierto; Joyce estaba interesado en Proust, pero su mala vista le impedía atreverse con la minúscula tipografía de los libros del francés, aunque sí había investigado varias páginas para comentar: “No les veo ningún mérito; pero también es verdad que yo soy un pésimo crítico”). Una tercera versión muestra a Proust recitando nombres de aristócratas del momento, preguntándole a Joyce si los conoce, y el irlandés respondiendo “Non, monsieur” una y otra vez. Violet Schiff aseguró que los oyó citarse a sí mismos para, enseguida, pasar a quejarse, alternativamente, de jaquecas (Joyce) y dolor de estómago (Proust). Y eso fue todo. Casi todo.

POSTRES, CIGARROS, CAFE Y LICORES

Porque las dificultades continuaron a la hora de dejar la escena del crimen y el frente de batalla. Proust había invitado a los Schiff a seguir conversando en sus aposentos porque, “de otro modo, los pobres camareros tendrán que estar en pie toda la noche”. Cabe suponer que Proust no estaba interesado en que el bamboleante Joyce fuera de la partida, pero Joyce no se dio por enterado y lo mismo se subió al taxi privado de Proust conducido por el fiel Odilon Albaret, marido de su ama de llaves Céleste. Joyce encendió un cigarro, abrió la ventanilla, Proust comenzó a toser y a hablar sin pausa y, al bajarse en la Rue Hamelin, le dio indicaciones a su chofer para que llevara al irlandés hasta su domicilio, lejos. Los Schiff –quienes se quedaron en lo de Proust hasta entrada la mañana– comentaron luego que pocas veces lo vieron tan feliz.

Exactamente seis meses después de la fiesta en el Majestic, fallecía Marcel Proust. El último capítulo del libro Davenport-Hines se titula “18 de noviembre de 1922” –entre una y otra fecha, el autor explica cómo fue que unos y otros llegaron a coincidir y repelerse– y se ocupa de la agonía del escritor francés y de los efectos casi cataclísmicos de su muerte. Son páginas tristes. Se sabe que poco después de su encuentro con Joyce & Co., Proust ya casi no salió y decidió encerrarse a terminar y corregir su libro (dedicándole especial atención a la parte de la muerte del escritor Bergotte, “porque ahora sé de qué se trata”) en una carrera a toda velocidad contra la parca. En su mémoire, Céleste Albaret narra en detalle una agonía en cámara lenta, pero que no por eso deja de moverse, avanzar hacia el inevitable final. Proust apenas abre sus puertas a las visitas (la aristócrata Marthe Bibesco narra en su Au bal avec Marcel Proust que se excusa de hacerla pasar a su dormitorio porque “le temo al perfume de las princesas”; el adicto insaciable Schiff sintió como un menosprecio la convalecencia de su héroe, preguntándole en una última carta si “está tan enfermo como para no interesarse por mí”) y, la madrugada del 18 de noviembre, Proust alucina a una mujer gorda y vestida de negro que tira de sus sábanas. La noticia de su muerte se extiende como un doloroso sismo por la ciudad que amaba y que lo amaba. Los taxistas y los camareros hacen un alto en sus actividades en señal de respeto (unos y otros adoraban a Proust tanto por su buen trato como por sus monumentales propinas que, en ocasiones, triplicaban el monto total de la adición), y el escritor modernista Ford Madox Ford, autor de El buen soldado, apuntó más tarde: “Todas las fiestas de ese día se convirtieron en funerales. La gente se limitaba a permanecer sentada, con cara de pánico, en silencio. Podía pensarse que, de pronto, todos eran hombres y mujeres que habían perdido a sus familias o sus ahorros durante una guerra”. Todos repetían una y otra vez, en calles y cafés: “Ha muerto…”. Las librerías colgaron crespones negros y pusieron sus libros en las vidrieras y comenzaron a circular anécdotas sobre “el martirio” o “el sacrificio” de sus últimos días, cuando lo único que le importaba a Proust era cerrar la puerta de su monumental obra. Intelectuales de renombre visitaron su cuerpo en el número 44 de la Rue Hamelin (Man Ray tomó una fotografía del muerto recién hecho; Jean Cocteau comentó que los cuadernos junto al lecho donde yacía el cadáver “parecían vivos, como un reloj en la muñeca de un soldado muerto”), telegramas y tributos discutiendo si con Proust terminaba la novelística del siglo XIX o se alumbraba la del XX cruzaron océanos y, el 21 de noviembre, el cortejo fúnebre es lento y monumental y recorre numerosos escenarios proustianos antes de llegar al cementerio de Père-Lachaise. James Joyce estuvo allí, silencioso y sobrio, y una semana después escribió en una libreta: “Su nombre ha sido a menudo ligado con el mío. En París, muchos no parecen muy sorprendidos por su muerte, pero cuando yo lo vi el pasado mayo no me pareció enfermo. De hecho, pensé que aparentaba diez años menos de los que tenía”.

Sydney Schiff publicaría tres días después su Prince Hempseed con la dedicatoria “A la memoria de mi amado amigo Marcel Proust, 18 de noviembre de 1922”, y con el correr del tiempo –fallecido el traductor oficial inglés Charles K. Scott Montcrieff– se daría el gusto de traducir Le Temps Retrouvé en 1931 en una versión para muchos deficiente y sin gracia.

Varios años después, triste y mirando casi sin ver por una ventana, Joyce –según Davenport-Hines– le comentaría algo a su joven secretario Samuel Beckett, autor de una monografía sobre Proust donde se lee: “El arte es la apoteosis de la soledad”. Asegura Davenport-Hines que entonces Joyce dejó escapar un suspiro largo y triste, y dijo: “Si al menos hubiéramos tenido la oportunidad de encontrarnos y conversar en algún otro sitio…”.

Los enigmas de #Colón cumplen 500 años

elpais.es

Varios lugares se disputan el paradero de sus restos en vísperas del aniversario de su muerte.

Cinco siglos después de su muerte, que se cumplen el próximo sábado, Colón sigue siendo una personalidad polémica por los enigmas que encierra su figura. Hasta el siglo XIX, la época por excelencia de románticos y nacionalistas exaltados, #Cristóbal Colón no cobró importancia. Fueron ellos los que se inventaron un Descubridor de América que, en buena parte, no respondía a la realidad.

Fue un hombre polémico en vida y tras su muerte, incluso hoy día. Varios lugares se disputan celosamente el privilegio de acoger sus restos, sobre todo Sevilla y Santo Domingo. Fue enterrado en Valladolid y a los tres años se trasladó el cadáver a la Cartuja hispalense. El propio navegante expresó el deseo de que llevaran su cuerpo a la catedral de Santo Domingo, cosa que se hizo en 1544. En 1795, el arzobispo, por razones políticas del momento, evacuó todo lo que pudo a la catedral de La Habana, incluida una caja que contenía los restos de Colón. Pero en 1877, unas reparaciones en el templo dominicano sacaron a la luz una nueva caja con una inscripción en la que se afirmaba que se trataba de los restos del almirante. Tras el desastre de 1898, los huesos de La Habana fueron a parar a Sevilla. Parece que las pruebas de ADN realizadas en la ciudad hispalense van a confirmar que son despojos de Colón.

Lo más probable es que las dos cajas contengan parte de los restos, debido a que el traslado a la capital cubana se hizo con prisas. De Santo Domingo se enviaron fragmentos de huesos al Vaticano, Pavía y Caracas. Lo que está documentado es que Colón falleció el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, y que fue enterrado en la capilla de Luis de Cerda del convento de San Francisco, edificio derruido en 1837, y que unos expertos han precisado que se encontraba en lo que hoy es la Constitución, a escasos metros de unos grandes almacenes.

El navegante se había empeñado en llegar a Asia por el occidente, pensando que sería un camino mucho más corto que pondría a disposición de su patrocinador las especias y las riquezas de China y las islas Molucas. ¿Qué datos e informaciones poseía el marino genovés y dónde los había obtenido? Desde luego, ignoraba la existencia de un continente nuevo y desconocido que, con el tiempo, no llevaría su nombre, sino el de otro navegante más modesto, al servicio de la Corona castellana, llamado Américo Vespucio. Posiblemente los obtuvo de su suegro, Diego Perestrello, marino establecido en Portugal que, al morir, le legó una abundante documentación. También se maneja la hipótesis, con un punto de fantasía, de que un aventurero había llegado por casualidad a las costas de allende el Atlántico y murió a su regreso, no sin antes confiar el secreto a Colón. Juan Eslava Galán afirma, en su libro El enigma de Colón y los descubrimientos de América, que el proyecto no tenía fundamento científico y estaba plagado de errores, pero se basaba en dos datos aproximados: el conocimiento de la distancia a la que se encontraban las tierras y la ruta que había que seguir para alcanzarlas.

Como señala Peter Watson refiriéndose al descubridor en Ideas. Historia intelectual de la humanidad, la era moderna desconoce la experiencia medieval de adentrarse en lo desconocido, si exceptuamos los viajes espaciales; hizo gala de algo que se valoraba mucho en la sociedad posmedieval y prerrenacentista: la curiosidad intelectual.

Se ha tratado de restar importancia a su hazaña argumentando que, antes o después, otro habría hecho lo mismo. Pero, como dice Hugh Thomas, lo que ahora parece inevitable, entonces no parecía ni siquiera probable, y así lo certifica el rechazo que tuvo aquel proyecto en las cortes europeas, hasta que los #Reyes Católicos (Isabel y Fernando de Castilla y Aragón) decidieron darle crédito tras varios años de espera. Todos lo habían tachado de chiflado. Lo malo es que, ironiza Felipe Fernández-Armesto en su biografía, contagió a otros esa chifladura, que ha quedado plasmada en hipótesis disparatadas|Corona de Castilla|Corona de Aragón

Por fin llegó a una de las islas Bahamas, que él siempre creyó que eran la antesala de Asia. Y, precisamente, éste es otro de los puntos oscuros de su vida; no se ha podido determinar con exactitud el punto exacto ni a cuál de las islas arribó. Existen cuatro monumentos que reclaman la gloria de haber sido el escenario en el que fondearon las dos carabelas y la nao.

También ha sido notable la disputa entre los países y ciudades que en los últimos 150 años reclaman ser su cuna natal. No queda ninguna duda de que nació en Génova en torno a 1451 y de que era hijo de un tejedor. Es verdad, no obstante, que se expresaba mejor en castellano y latín que en italiano, lengua que no dominaba del todo. Los genoveses tenían su propio dialecto, muy alejado del italiano literario, y que no se utilizaba en la escritura.

Descubrimiento de América|Lugares colombinosEl Caribe, Cuba, La Española, Fuerte Navidad|Primer viaje de ColónPuerto Palos de la Frontera (HuelvaEspaña)|Las carabelas Pinta, Niña y Santa María, al mando de Martín Alonso PinzónVicente Yáñez Pinzón y Cristóbal Colón|Mar de los Sargazos|Guanahani, posiblemente, la actual isla de San SalvadorBahamas ó Cayo Samaná

Los enigmas de Colón cumplen 500 años

elpais.es

Varios lugares se disputan el paradero de sus restos en vísperas del aniversario de su muerte

Cinco siglos después de su muerte, que se cumplen el próximo sábado, Colón sigue siendo una personalidad polémica por los enigmas que encierra su figura. Hasta el siglo XIX, la época por excelencia de románticos y nacionalistas exaltados, Cristóbal Colón no cobró importancia. Fueron ellos los que se inventaron un Descubridor de América que, en buena parte, no respondía a la realidad.

Fue un hombre polémico en vida y tras su muerte, incluso hoy día. Varios lugares se disputan celosamente el privilegio de acoger sus restos, sobre todo Sevilla y Santo Domingo. Fue enterrado en Valladolid y a los tres años se trasladó el cadáver a la Cartuja hispalense. El propio navegante expresó el deseo de que llevaran su cuerpo a la catedral de Santo Domingo, cosa que se hizo en 1544. En 1795, el arzobispo, por razones políticas del momento, evacuó todo lo que pudo a la catedral de La Habana, incluida una caja que contenía los restos de Colón. Pero en 1877, unas reparaciones en el templo dominicano sacaron a la luz una nueva caja con una inscripción en la que se afirmaba que se trataba de los restos del almirante. Tras el desastre de 1898, los huesos de La Habana fueron a parar a Sevilla. Parece que las pruebas de ADN realizadas en la ciudad hispalense van a confirmar que son despojos de Colón.

Lo más probable es que las dos cajas contengan parte de los restos, debido a que el traslado a la capital cubana se hizo con prisas. De Santo Domingo se enviaron fragmentos de huesos al Vaticano, Pavía y Caracas. Lo que está documentado es que Colón falleció el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, y que fue enterrado en la capilla de Luis de Cerda del convento de San Francisco, edificio derruido en 1837, y que unos expertos han precisado que se encontraba en lo que hoy es la Constitución, a escasos metros de unos grandes almacenes.

El navegante se había empeñado en llegar a Asia por el occidente, pensando que sería un camino mucho más corto que pondría a disposición de su patrocinador las especias y las riquezas de China y las islas Molucas. ¿Qué datos e informaciones poseía el marino genovés y dónde los había obtenido? Desde luego, ignoraba la existencia de un continente nuevo y desconocido que, con el tiempo, no llevaría su nombre, sino el de otro navegante más modesto, al servicio de la Corona castellana, llamado Américo Vespucio. Posiblemente los obtuvo de su suegro, Diego Perestrello, marino establecido en Portugal que, al morir, le legó una abundante documentación. También se maneja la hipótesis, con un punto de fantasía, de que un aventurero había llegado por casualidad a las costas de allende el Atlántico y murió a su regreso, no sin antes confiar el secreto a Colón. Juan Eslava Galán afirma, en su libro El enigma de Colón y los descubrimientos de América, que el proyecto no tenía fundamento científico y estaba plagado de errores, pero se basaba en dos datos aproximados: el conocimiento de la distancia a la que se encontraban las tierras y la ruta que había que seguir para alcanzarlas.

Como señala Peter Watson refiriéndose al descubridor en Ideas. Historia intelectual de la humanidad, la era moderna desconoce la experiencia medieval de adentrarse en lo desconocido, si exceptuamos los viajes espaciales; hizo gala de algo que se valoraba mucho en la sociedad posmedieval y prerrenacentista: la curiosidad intelectual.

Se ha tratado de restar importancia a su hazaña argumentando que, antes o después, otro habría hecho lo mismo. Pero, como dice Hugh Thomas, lo que ahora parece inevitable, entonces no parecía ni siquiera probable, y así lo certifica el rechazo que tuvo aquel proyecto en las cortes europeas, hasta que los Reyes Católicos decidieron darle crédito tras varios años de espera. Todos lo habían tachado de chiflado. Lo malo es que, ironiza Felipe Fernández-Armesto en su biografía, contagió a otros esa chifladura, que ha quedado plasmada en hipótesis disparatadas.

Por fin llegó a una de las islas Bahamas, que él siempre creyó que eran la antesala de Asia. Y, precisamente, éste es otro de los puntos oscuros de su vida; no se ha podido determinar con exactitud el punto exacto ni a cuál de las islas arribó. Existen cuatro monumentos que reclaman la gloria de haber sido el escenario en el que fondearon las dos carabelas y la nao.

También ha sido notable la disputa entre los países y ciudades que en los últimos 150 años reclaman ser su cuna natal. No queda ninguna duda de que nació en Génova en torno a 1451 y de que era hijo de un tejedor. Es verdad, no obstante, que se expresaba mejor en castellano y latín que en italiano, lengua que no dominaba del todo. Los genoveses tenían su propio dialecto, muy alejado del italiano literario, y que no se utilizaba en la escritura.

Pekerman anuncia la lista de jugadores que irá al Mundial de Alemania

Periodismo.com


El director técnico José Pekerman anuncia a las 17 la lista de los 23 jugadores que conformarán la Selección Argentina del Mundial de Alemania.

Uno de los cambios de último momento sería el del arquero Oscar Ustari en lugar de Germán Lux.

Entre los convocados habrá 13 futbolistas que salieron campeones del mundo Sub 20, y la mayoría pasó por las selecciones juveniles. “Ya conozco la lista y estoy satisfecho en su totalidad con la decisión del técnico”, aseguró el presidente de la AFA, Julio Grondona.

La Patagonia era una enorme isla

La Nación
 
Hace millones de años
 
 
Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION
 

 
Si a Argentina hubiera existido hace cientos de millones de años, para visitar los glaciares o irnos a pescar truchas hubiéramos tenido que atravesar el océano y hacer un viaje “internacional”…

Ocurre que, según un trabajo que está a punto de publicarse en Earth Science Reviews, una de las revistas más reconocidas de las ciencias de la Tierra, la Patagonia sólo se fusionó con el extremo austral del continente americano –también con lo que es hoy el sur de Africa y un sector de la Antártida oriental– hace unos 315 millones de años.

“La zona de colisión se encontraba en lo que es ahora el norte de la provincia de Chubut”, explica el doctor Carlos Rapela, investigador del Conicet y director del Centro de Investigaciones Geológicas de La Plata, quien, junto con el geólogo británico Robert Pankhurst, del Isotope Geosciences Laboratory, del Reino Unido, firma el estudio.

Hace siete años, Rapela y Pankhurst decidieron analizar algunas de las rocas más antiguas que se encontraban al sur de la Sierra de la Ventana. El objetivo era verificar una audaz hipótesis postulada hace dos décadas por geólogos argentinos -entre los que se contaba el doctor Víctor Ramos, de la UBA- y sudafricanos sobre el origen de la porción más austral del territorio.

En los años sesenta y setenta, la idea de la deriva de los continentes y de la expansión del fondo marino -y la demostración de que la cadena del Himalaya surgió hace treinta millones de años de una monumental colisión entre continentes- había conmovido al mundo científico. Pero si bien el fondo de los océanos guarda el recuerdo del viaje de la India hacia el Norte, cuando se trata de reconstruir la historia más allá de los 200 millones de años ese tipo de registros se borra y hay que trabajar con rastros indirectos.

"Teníamos que descubrir rocas que tuvieran evidencias de colisión continental, que son las que se forman por fusión a alta presión -explica Rapela-. Como ocurre con dos automóviles que chocan de frente, en la zona de la colisión se produce un arrugamiento, eso hace que la corteza continental se engruese y en el interior de la tierra se formen rocas a temperaturas que superan los 650 o 680 grados."

Claro que, dado el lapso que transcurrió entre ese momento y el presente, encontrarlas no es sencillo. Sólo existen afloramientos pequeños, por lo que la tarea adquirió ribetes detectivescos.

"Las rocas antiguas que contienen evidencias de estos procesos son muy escasas en la Patagonia -subraya el científico-. Han sido en gran parte erosionadas o cubiertas por otras formadas en importantes episodios geológicos posteriores, como el desmembramiento de Gondwana o la formación de los Andes modernos. Pero encontramos lo que buscábamos en la parte central y a lo largo del río Chubut."

El paso siguiente consistió en determinar la edad, un procedimiento aún más complejo. Exigió una tecnología inexistente en América latina: la microsonda iónica de alta resolución desarrollada en la Universidad Nacional de Australia, en Canberra, conocida comoShrimp (sigla correspondiente a Sensitive High Resolution Ion Microprobe).

Durante más de seis años, los investigadores analizaron las piezas obtenidas. "Shrimp permite calcular no sólo la edad original de las rocas, sino también la edad de los episodios de calentamiento extremo que sufrieron después de formadas -detalla Rapela-. Esto último es esencial para estimar el momento de una colisión entre continentes, ya que durante esa etapa las rocas se calientan, llegando a fundirse parcialmente. Esta fusión hace recristalizar el borde de ciertos minerales, y analizando algunos como el circón, que tiene uranio y plomo, es posible determinar cuándo se formó, es decir, el momento del calentamiento, y en consecuencia el de la colisión del continente. Si pensamos que el tamaño promedio de un cristal de circón es de sólo 200 micrones (0,2 milímetros), analizar la composición del borde es una hazaña tecnológica de magnitud."

Según Rapela, es muy difícil definir las dimensiones del microcontinente que se aproximó desde el Sudoeste, pero éste seguramente debía incluir parte de lo que es ahora el centro de Chubut, Santa Cruz (el actual Macizo del Deseado) y Tierra del Fuego, y tal vez también la Península Antártica y parte de la Antártida actual.

"La colisión suelda el microcontinente al resto del supercontinente, y produce una extensa deformación que se prolonga en el tiempo, formando el cinturón plegado de Gondwana, fragmentado en la actualidad en pedazos que se encuentran en tres continentes distintos desde que se rompió, hace 130 millones de años", explica.

Y… sí, esto no hace más que confirmar que el mundo es un rompecabezas con pedazos dispersos por todo el planeta que se mueven uno o dos centímetros por año. "Es más -concluye el geólogo, y lanza un pronóstico estremecedor-, en estos momentos Africa está colisionando con Europa. El mar Mediterráneo está en extinción. Italia y Grecia van a desaparecer."

Por suerte, esto último sucederá dentro de… 20 millones de años.

Radiografía del deterioro educativo

La Nación
 
 

El mapa salarial docente del país muestra graves desigualdades

La remuneración varía según las provincias; pocos chicos cursan más de 4 horas diarias
 
Las profundas desigualdades educativas entre las jurisdicciones del país se extienden más allá del acceso de chicos de zonas postergadas al aula. Afectan, también, al salario de los docentes y a la posibilidad de contar en cada jurisdicción con más horas de clases, a partir de escuelas de jornada completa.

Así lo indica el informe del monitoreo de la ley de financiamiento educativo, que puso en marcha el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) y que anticipó ayer LA NACION al advertir que más de 720.000 chicos están hoy fuera de la escuela.

La investigación, realizada por el Cippec con el respaldo de otras asociaciones civiles (entre ellas la Fundación Diario LA NACION), apunta a percibir el camino que se debe recorrer para alcanzar las metas que plantea la nueva norma desde ahora hasta 2010.

Con el propósito de corregir las amplias desigualdades que separan a los docentes de las distintas jurisdicciones de todo el país, el ministro de Educación, Daniel Filmus, dispuso en febrero último un piso salarial de $ 840. Sin embargo, dichas distorsiones persisten, aunque en menor medida.

Mientras que un maestro de primaria con jornada simple y diez años de antigüedad en Tierra del Fuego gana 1765,51 pesos, un maestro de Formosa percibe por igual tarea un sueldo de 610,50 pesos. Las provincias con más bajos sueldos (Formosa, Misiones, Corrientes, La Rioja y Tucumán) contrastan con las jurisdicciones que ofrecen mejor salario (Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Catamarca y Córdoba).

Con el piso salarial de $ 840 para todos los docentes del país se pretende comenzar a reducir las diferencias en el salario de los maestros que recién se inician en la actividad. La ley de financiamiento educativo prevé la mejora de las condiciones laborales y salariales de los docentes y creó el Programa Nacional de Compensación Salarial Docente para igualar el salario inicial de los maestros.

Sin embargo, los problemas de los docentes no son sólo de índole salarial. "El tema docente es más complejo que sus salarios porque sus condiciones de trabajo son malas. Ningún docente puede ser bueno si está corriendo de una escuela a otra. También importa que la carrera docente les permita tener más gratificaciones", dijo a LA NACION Guillermina Tiramonti, directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Por su parte, el investigador Emilio Tenti Fanfani, consultor del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE), de la Unesco, consideró que "la oferta de calidad educativa, de formación docente y de infraestructura, por ejemplo, es más pobre en los territorios pobres". La ley de financiamiento educativo también tiene entre sus objetivos la jerarquización de la carrera docente y el mejoramiento de la calidad en la formación inicial y continua.

Horas de clases

Otra de las metas que fija la ley de financiamiento educativo es lograr que, como mínimo, el 30% de los alumnos de educación básica tengan acceso a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando los sectores y las zonas geográficas más desfavorecidas.

Hoy apenas el 5% de los alumnos de todo el país accede a más horas de clases, por día, con parámetros similares a otras partes del mundo. Mientras que en los países desarrollados se tiende a dictar un mínimo de seis horas diarias de clases, en la Argentina se mantienen las tradicionales jornadas de cuatro horas.

La ciudad de Buenos Aires es la única jurisdicción que se acerca a la meta fijada en la ley de financiamiento educativo, ya que el 31,6% de los establecimientos tienen jornada completa o doble escolaridad. Le siguen Catamarca (14,2%), La Pampa (11%), Jujuy (9%) y Tucumán (8,5%). En el otro extremo están Tierra del Fuego (0,1%), Santa Cruz (0,4%), Río Negro (0,7%), Corrientes (0,9%) y San Juan (1,1%).

Según datos de la Unesco, mientras en nuestro país los alumnos reciben un promedio de 720 horas de clases a lo largo del año (siempre que el calendario no se interrumpa por paros), la intensidad y la exposición de los alumnos al aprendizaje es más intensa en Italia (748), Dinamarca (750), Bélgica (832), España (900), Francia (923), Irlanda (915), Estados Unidos (958), Holanda (1000) y Suiza (1085).

Por Laura Casanovas
De la Redacción de LA NACION

 
 
 
 
 
 

La pobreza, enemiga de la educación

Las historias de "Panchito" y Andrea, dos niños que tuvieron que dejar la escuela
 
 
SANTIAGO DEL ESTERO.- "Panchito" tiene 11 años. Todas las mañanas, desde la puerta de su casa ve cómo sus amiguitos y vecinos concurren de punta en blanco a la escuela del barrio, mientras él se prepara para subir a su carro tirado por un maltrecho caballo marrón, listo, como él, para recorrer las calles de la ciudad y juntar lo que se pueda: latas, botellas, cartón, papel y chatarra, que luego, por unas monedas, se cambian en los galpones del oeste de la capital santiagueña.

Tal como informó ayer LA NACION, Santiago del Estero es una de las provincias con peor nivel de escolarización en todo el país. La pobreza es la causa principal de este problema.

Zulema, la madre de "Panchito", es joven, pero su cara y sus manos denotan los sacrificios de una vida dura. Mira al resto de sus pequeños hijos, que seguramente seguirán la misma suerte de Francisco, en cuanto a la imposibilidades de acceder a la educación escolar básica.

"Cuando él era bien chiquitito, lo mandé un añito al jardín de aquí del barrio, pero después, cuando mi marido se fue de la casa, ya no pude seguir mandándolo. Después creció y ahora maneja el carro y el caballo, y él prácticamente mantiene la casa", relata con un dejo de vergüenza Zulema.

"Panchito" no sabe leer ni escribir; conoce los números por la escuela de la calle. Así se puede manejar con el dinero.

"El antes me decía que quería ir a la escuela -cuenta Zulema-, pero ahora ya no me lo pide; seguramente le dará vergüenza ir y ver que todos son más chicos que él."

Clodomira está a 30 kilómetros de la capital santiagueña y sus habitantes se jactan de que allí se produce la mejor alfalfa del país. No en vano, al ingreso de la ciudad hay un cartel enorme que reza: "Bienvenidos a la Capital de la Alfalfa".

Muñecas y pocas palabras

Se trata de una de las localidades más pobres de la provincia.

Andrea tiene 12 años y juega con sus muñecas, ya bastante gastadas, que conserva de su primera niñez. Parece detenida en el tiempo; habla poco y tiene un vocabulario que indica su falta de escolarización.

Angela, su abuela, recibe a LA NACION en su casa, hecha de adobe, quebracho y paja.

Angela cuenta que la mamá de Andrea se fue a probar suerte en Buenos Aires como empleada doméstica y que hace varios años que no da señales de vida.

"Andres tenía 5 años cuando la mamá se fue. La changuita se puso muy triste y de ahí que dejó de ir a la escuela del pueblo. La maestra vino varias veces a buscarla para que vuelva, pero ella no quiere. Además, yo no tengo plata para comprarle nada; apenitas vivo con un plan de los jefes [por el plan Jefas y Jefes de Hogar] que me dio el intendente."

Historias como las de "Panchito" y Andrea se repiten a lo largo de esta provincia. En el interior, la situación es, en muchos casos, todavía peor, ya que las familias completas suelen trabajar en las tareas de la cosecha. De esta manera, para muchos chicos, estudiar en la escuela es un sueño inalcanzable.

Leonel Rodríguez

 
 
 
 
 
 

La poesía eslovena llega a Buenos Aires | #Eslovenia

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La Nación

Literatura: Se presentan hoy dos libros de ese origen

Por Laura Casanovas. «Las mariposas son animales frágiles, como nosotros. La imagen de la mariposa representa libertad, amor, paz y belleza. A veces soñamos que somos mariposas que vuelan, pero mis mariposas, por momentos, se vuelven aviones con bombas que sobrevolaron mis país durante la guerra. Entonces, nuestros sueños acerca de las mariposas cambiaron con las bombas.»

Esta es la respuesta que el poeta esloveno Brane Mozetic dio a LA NACION sobre el título de su libro «Metulji«, que significa «mariposas» en esloveno, y cuya edición bilingüe -de Gog y Magog Ediciones- se presentará hoy en el Centro de la Cooperación (Av. Corrientes 1543), Sala Solidaridad, a las 19, con entrada gratuita.

La presentación estará a cargo del autor y de Susana Cella, titular de la cátedra de literaturas eslavas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y cuenta con el auspicio de la Embajada de Eslovenia.

Mozetic, que nació en 1958 en Liubliana, capital de la República de Eslovenia, es autor de once libros de poemas, dos novelas y un libro de relatos. Sus obras fueron traducidas a varios idiomas. Es también traductor, principalmente de autores franceses, y promotor y editor de literatura eslovena en el exterior.

En la poesía de Mozetic, lo social se imbrica con la existencia particular. El amor entre dos personas, su dolor, su pasión, no desconocen el contexto que las rodea, que expresa también sufrimiento y violencia. Uno de los poemas de Metulji dice: «Al anochecer, bajo la lluvia de bombas, las multitudes/cantan en los puentes para defenderlos/pero vos hojeás libros frente a la chimenea/leés algo, tirás al fuego susurrando: es una locura».

Y esa misma voz solicita: «Dame un minuto más de tu abrazo, un minuto/ de tu beso -al mirarte siento que/ te olvidarías del tiempo y yo me olvidaría de/regresar, de arar los campos, de segar y vivir».

Mozetic siempre se ha manifestado preocupado por los problemas sociales y por los derechos de las minorías. Es la segunda vez que el autor viene al país. La primera fue en 2001, en «un momento difícil para la Argentina», recordó en diálogo con LA NACION. De los poetas argentinos menciona a Alejandra Pizarnik: «Debo decir que su poesía me gusta mucho, mucho. Está muy cerca de mi visión del mundo».

Desde hace tres años Eslovenia forma parte de la Comunidad Europea. Mozetic señaló que la lengua siempre fue el elemento que unificó a su país como nación. Asimismo, comentó que en la actualidad, a pesar de estar en democracia, «la literatura no es tan importante y la gente no compra tantos libros como antes», sostuvo. Y agregó: «La gente en mi país está más interesada en el dinero, y a los grandes editores no les interesa publicar poesía».

Según Julia Sarachu, descendiente de eslovenos y adscripta a la cátedra de literaturas eslavas de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires, «Metulji» es «el primer libro que un autor esloveno publica en la Argentina, a pesar de que en nuestro país está la comunidad eslovena más grande fuera de Eslovenia». Además del libro de Mozetic, la editorial Gog y Magog presentará hoy una antología de poesía eslovena contemporánea (ambos libros editados con un subsidio de la Fundación Trubar, de Eslovenia) y también el libro de poemas «Impresos en rojo», de la argentina Karina Macció.

Idioma Esloveno

Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos