Slow Food

CLARÍN

UNA TENDENCIA A NIVEL MUNDIAL : EN CONTRA DE LA ENFERMEDAD DEL TIEMPO

Crece el movimiento de los que eligen "vivir lento" para estar mejor

Los seguidores se basan en el "slow food", que preconiza la vuelta a los sabores y comidas tradicionales. Pero la filosofía se extendió a otros aspectos de la vida, como el sexo y el trabajo, y ya llegó a la Argentina.

Un fantasma recorre el mundo: es la revolución del caracol. Un movimiento lento, claro está, que apareció en 1986 en Roma para oponerse a la instalación de un Mc’Donalds en medio de Plaza Di Spagna. El impulso contra el fast food se transformó en el movimiento mundial del "slow food"«. Una propuesta de una nueva/vieja forma de vivir: recuperar el derecho al placer por la buena comida. Pero a ritmo de tortuga, la tendencia se extendió a otros aspectos de la vida y ya se habla del slow sex, de ciudades slow y del slow laboral. En síntesis, de vivir en cámara lenta.

Entre los cultores del fenómeno se encuentran gerentes que dicen que el mail se debe revisar sólo dos veces por día; empresas de telefonía celular que recomienda apagar el aparato porque en esos momentos pasan las buenas cosas y hasta un periodista estresado y británico que acaba de escribir "Elogio a la lentitud", un libro ya publicado aquí. Y en esta lenta vorágine aparecieron hasta pueblos, como Mar de las Pampas, que quieren ser declarados slow para que lo único que corra en sus calles sea el viento.

¿Pero qué une a este grupo tan variopinto que suma a 100.000 miembros en todo el mundo y a muchos menos en Buenos Aires pero tan convencidos como aquellos? Un objetivo: provocar una transformación que promueva un cambio social, económico y ambiental que permita mejorar la calidad de vida. Basta de chicos estresados con celulares; de japoneses que sufren karoshi o muerte por exceso de trabajo; de cuentos infantiles para leer en dos minutos o de revista que dan recetas para llegar al orgasmo en treinta segundos.

El movimiento slow tiene una piedra fundacional el "Slow Food", un organismo no gubernamental cuyo símbolo es un caracol, y que es una red que tiene sus representantes argentinos. Fue creado por un periodista italiano que un día se hizo esta pregunta: "¿Te acordás cuando la comida tenía gusto a comida?"

La pregunta movilizó a varios argentinos. Ellos se reunieron durante dos días en Buenos Aires en diciembre pasado. Querían celebrar la buena mesa y mostrar qué era lo que salía de sus cocinas y de sus producciones. Así funciona parte de esta red internacional. El encuentro fue un salón de la antigua residencia de Juárez Celman. Ahí, entre delicias a fuego lento, Santiago Abarca explicaba que es "una ONG sin fines de lucro. Es un movimiento que tiene su base en la alimentación. La comida es el motor porque es pura cultura e implica compartir y recuperar las tradiciones".

Actualmente, la ONG se abre paso con un motor esencial: la educación. En Argentina funciona una escuela de sabores para educar el gusto por la que pasaron mil personas y en Italia hay más de 1.200 escuelas y una universidad de principios slow.

En las aulas lentas y con platos para saborear se ofrecen degustaciones para experimentar alimentos o se organizan catas dirigidas a expertos en alimentación. El objetivo es saborear.

La otra pata slow en Argentina es el apoyo a los pequeños productores. "No estamos en contra de la industria alimenticia —aclaró Abarca—. Pero tampoco queremos que desaparezcan los que se dedican a preparar alimentos en pequeñas cantidades y con materia prima y recetas tradicionales.", señaló.

Cuentas a la mesa. Según Slow Food hoy son menos de 30 plantas las que proporcionan la materia prima para el 95% de la nutrición mundial. En el siglo pasado se extinguieron 250.000 especies de plantas. Y desde el principio del siglo XX, América perdió el 93% de sus productos agrícolas y Europa, casi el 85 por ciento.

Pero el movimiento no se limita y ya pasó de la mesa a las calles. Hay muchas ciudades en el mundo que se definen slow. Este urbanismo aconseja que el centro sea peatonal, que los negocios cierren jueves y domingos.

Ahora, tómese un minuto y apriete el botón de "Pause", según explican los cultores del slow para esta época hay un diagnóstico: "la enfermedad del tiempo". Un término que, en 1982, acuñó Larry Dossey, un médico de EE.UU., y cuyo principal síntoma es creer hasta la obsesión que el tiempo se aleja, que no alcanza y de que hay que pedalear cada más rápido.

Para combatirlo surgió la filosofía de la lentitud, que aseguran es, en realidad, sinónimo de equilibrio. Sus cultores no comen vidrios cuando dicen que hay que andar por la vía lenta y usan la tecnología para cuando se deben apurar. Para disfrutar, comer, compartir y estar con la familia. En fin, dicen: "para vivir y bien".


Un grupo de choque

En el movimiento slow mundial hay un grupo de acción que si no fueran pacifistas hasta podrían ser llamados grupo de choque. Son los miembros de la "Sociedad para la Desaceleración del Tiempo", que aseguran agrupa a unos mil "desaceleradores" en todo Europa. Su campo de acción son las ciudades más habitadas del Viejo Continente. Su misión es cronometrar el paso de los transeúntes. Así de simple. El paso que enciende la luz roja es cuando se recorren cincuenta metros en menos de 37 segundos. Cuando alguien rompe esa marca, es detenido por el grupo y lo condenan a pasearse con un muñeco que tiene forma de tortuga. La mayoría, dicen, agradecen el llamado de atención.

   Diógenes y Alejandro
Silvina Heguy

sheguy@clarin.com
Cuentan que Diógenes, filósofo que ganó su fama más por cínico que por perezoso, tuvo un encuentro con Alejandro Magno. La anécdota huele a mentira, pero anduvo tanto tiempo por el mundo que merece ser contada. Dicen que el conquistador quedó admirado de la figura del filósofo que andaba con un farol durante el día porque decía querer encontrar a un hombre, ya que pocos podían reunir esa condición. También cuentan que hubo un diálogo entre ambos y que Magno confesó que de volver a nacer hubiera querido ser Diógenes. Este le preguntó que se le oponía para serlo ahora. "La conquista de la India", dijo. La contestación fue una ironía: "No veo la necesidad de hacerlo. Si al final quieres descansar y relajarte ¿Por qué no lo haces ahora?"

Una película argentina sobre Malvinas ganó el premio Goya

Clarín
MEJOR PELICULA EXTRANJERA EN HABLA HISPANA

Es "Iluminados por el fuego", de Tristán Bauer, una historia construida a partir de un relato de un ex combatiente. El equipo de la película dedicó el premio a todos los que murieron y sufrieron por esa guerra.

Juan Carlos Algañaraz. MADRID CORRESPONSAL

jcalganaraz@clarin.com

Un gran aplauso saludó a los argentinos que subieron al escenario donde se entregaban los Premios Goya del cine español para recibir la distinción de Mejor Película Extranjera de habla hispana que ganó "Iluminados por el fuego". El filme evoca el contexto histórico en que se desarrolló la guerra de las Malvinas, y el conflicto bélico centrado en el drama humano de los soldados argentinos. "Iluminados por el fuego" ha tenido una excelente acogida en los medios de comunicación españoles y el público desde que la película se estreno el lunes pasado.

Otro director argentino, Marcelo Piñeyro fue galardonado con el Goya al Mejor Guión Adaptado por "El Método", una coproducción argentina, española e italiana. Pero Pablo Echarri se quedó sin el Goya al Actor Revelación.

El autor del libro que inspiró la película, Edgardo Esteban, veterano de la guerra de Malvinas, fue el primero en agradecer el Premio acompañado por el director Tristán Bauer y el actor Gastón Pauls, protagonista del filme.

El equipo de la película triunfadora coincidió en dedicar el galardón a todos los que lucharon y murieron en la guerra. También a los numerosos veteranos que se suicidaron. "Tomo este reconocimiento como el reconocimiento que el pueblo argentino no les dio a los excombatientes cuando llegaron derrotados. Para ellos, ¡ojalá que la palabra guerra desaparezca de los diccionarios! ¡Paz!".

Tristán Bauer no suelta la estatuilla del Goya cuando habla para Clarín. "Es una alegría porque esta es la tercera distinción importante que recibe la película después del premio especial del jurado en San Sebastián y a la mejor película en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana".

Para el director de "Iluminados por el Fuego", "la mirada humana y la memoria son las ideas centrales de la película. No la memoria como fijación del pasado sino la memoria transformadora". Bauer define que "Malvinas, encierra muchas cosas. El horror de la dictadura militar, pero también el recuerdo de los excombatientes, los que murieron, los que fueron torpedeados por un submarino británico y fueron arrojados al fondo del mar. Los jóvenes que quedaron enterrados en Malvinas. Los que volvieron y siguen luchando, sobreviviendo, y los que no soportaron la post-guerra y se suicidaron".

Añadió, que "la palabra Malvinas también tiene que ver con la defensa de la soberanía. También con la esperanza por recuperar las islas, siempre por medios pacíficos. Todo eso encierra la palabra Malvinas y eso está en la película", dijo Bauer a Clarín.

Edgardo Esteban tenía 19 años cuando llegó a las islas como combatiente del Grupo de Artillería Aerotransportada de Córdoba. Años después quiso rescatar esa experiencia terrible y escribió un libro magnífico "Malvinas, diario del regreso. Iluminados por el fuego." porque, confió a Clarín que "quería cerrar una historia, una etapa fundamental en mi vida".

El periodista argentino estaba, por supuesto, muy contento con el Premio Goya pero entre las emociones de una noche de triunfo, le pesan recuerdos desgarradores. "Más que un día de celebración, no sentimos felices porque contamos una historia que estaba oculta. Y predomina un recuerdo a todos los que murieron en Malvinas, a los que volvieron y fueron marginados. Y también a aquellos que murieron como consecuencia de los fantasmas que no pudieron exorcizar después de la guerra. Conocer la guerra y la muerte a los 18, 19 años no es fácil, sin una ayuda psicológica, sin una política de Estado para ayudarnos. Porque a pesar de todo lo que se prometió, se nos olvidó y marginó. La consecuencia es que hay ahora entre 300 y 350 veteranos que se suicidaron", recuerda Esteban.

En Malvinas murieron 267 argentinos en combate, aparte de las 302 víctimas del crucero General Belgrano, o sea que los que se han suicidado superan esa cifra. "Lo que buscamos con la película es poder hablar de Malvinas con una madurez que creo nos faltaba a los argentinos. No nos creíamos los dueños de la verdad. Pero si teníamos la necesidad de hablar, de contar una historia que hasta ese momento no se podía abordar porque había como un pacto de silencio implícito por parte de los militares. Y también de la propia sociedad que no se atrevía a ver los errores que se cometieron con Malvinas".

«El plan sudamericano de los nazis iba más allá de Hitler»

Clarín

CULTURA : CARLOS DE NAPOLI, UN ESCRITOR QUE RASTREA LAS HUELLAS DEL III REICH EN LATINOAMERICA

En su nuevo libro revela dos intentos alemanes para invadir las islas Malvinas. Dice que trabajos como el suyo no alimentan el culto por el régimen nazi.

Matías Repar. ESPECIAL PARA CLARIN
El autor de Urbis 3000 (1981); Ultramar Sur (2002) y Evita, el misterio del cadáver se resuelve nació en 1950 en el barrio porteño de Villa Pueyrredón. Cerca de su casa vivía un jefe de submarinos nazis que —a finales de la década del 50— le contaba a quien quisiera oírlo como había llegado al país a bordo de una de esas naves. "Contrariamente a la imagen que la gente tiene hoy de estos personajes"— dice Carlos De Nápoli—, "éste no se ocultaba para nada. Salía con su uniforme de marino nazi y sus condecoraciones. Nosotros jugábamos en una plaza y a veces el alemán, como le decíamos, nos invitaba a pasar a su casa y nos mostraba sus logros".

Por la edad, De Nápoli tenía ideas muy vagas de lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, pero recuerda claramente, de aquellos cuentos, la secuencia del hundimiento de un crucero de guerra brasileño.

La anécdota sirve de introducción para Nazis en el Sur (Norma), libro con el que revela aspectos desconocidos del expansionismo alemán por esta región.

Un proceso iniciado con la Welpolitik (política mundial) de Guillermo II (a finales del siglo XIX) y continuado por Hitler en el poder y con el mismo objetivo: conseguir a cualquier precio petróleo, minerales y puertos seguros.

"Lo que hice fue narrar el accionar de los germanos del Segundo Imperio y el de los nazis en tierras sudamericanas, con especial mención a la Argentina. La mayoría de estos eventos se hubieran llevado a cabo aunque Hitler no hubiera llegado al poder, porque se trataban de políticas de Estado", explica Di Nápoli que llevó la investigación al top ten de no ficción.

Entre los hallazgos de su investigación está el rol del Lloyd Aéreo Boliviano en la guerra del Chaco —donde podría rastrearse el ADN de la futura Blitzkrieg o "Guerra Relámpago" (la táctica de combate aéreo al inicio del conflicto)— y la hipótesis de un posible plan de fuga de Hitler a la Patagonia ideado por la misteriosa piloto Hanna Reitsch. "Eso es algo anecdótico en comparación a otros elementos, como las dos invasiones que intentan los alemanes a las Islas Malvinas; la invasión nazi al sector noruego de la Antártida (donde recibí la colaboración del historiador Pablo Fontana) o el sistema de abastecimiento para sumergibles y barcos de superficie".

—Sin embargo, el libro no profundiza la relación de Perón con los Nazis. ¿Por qué?

—¿Sabía Perón quien era Priebke? ¿Sabía el ex presidente Menem quienes eran los terroristas que volaron la Embajada de Israel y la AMIA? Cada uno podrá sacar sus propias conclusiones. Sin embargo, los norteamericanos y los británicos sabían muy bien quien era Priebke. Perón debió conocer muchos secretos pero eso debe estudiarse con más profundidad para conocer la verdad histórica y no los mitos, el hecho de ser uno de los primeros mandatarios en reconocer al Estado de Israel pone en entredicho algunas de estas cuestiones.

—¿Porqué cree que el tema de la II Guerra Mundial sigue generando interés?

—La mayoría de los documentos sobre la Segunda Guerra Mundial son todavía secretos rigurosos, y la gente percibe que algo raro se esconde. Todo lo enigmático es atractivo para el público, y hay otras causas complejas, que tienen que ver con la psiquis y la demonización de algunos personajes.

—¿Que dice de la guía sobre Bariloche que sugiere que Hitler se refugió en la zona?

—En principio ignoro si Hitler sobrevivió a la guerra, ya que sus restos y los de la banda que lo rodeaba nunca fueron encontrados. Ni en Berlín, ni en Bariloche. Lo de la muerte en el búnker fue un mito nazi, los que dicen que se suicidó ahí niegan en forma unánime el Holocausto, por lo tanto no pueden ser creíbles.

—¿Estas revisiones no corren el riesgo de glamorizar la historia y alimentar al público filonazi?

—Yo busco verdades históricas. No creo que los libros sobre el nazismo interesen sólo a los pronazis, es una generalización exagerada.

—Puede ser exagerada, pero tiene lógica…

—Al contrario, son leídos por muchos judíos que quieren saber sobre el tema y que nada tienen de nazis. Hay que escribir más para mostrar que esos criminales existieron, no para negarlos.

Cosquín | COSQUIN ROCK

Clarín

MUSICA: LA CUARTA NOCHE DEL COSQUIN ROCK

Pop, glamour y rock and roll

Babasónicos, Arbol, Miranda! y Catupecu Machu fueron los números centrales. Y hubo homenajes a Pappo.

Silvina Marino / smarino@clarin.com

CORDOBA. ENVIADA ESPECIALEl escenario se enciende y se deja invadir: todo es rojo cuando Babasónicos larga con Carismático. Es la cuarta fecha del Cosquín Rock, la que promete un derroche de pop y glamour. Y la que cumple. Porque todos este sábado (o casi) se despacharon con shows correctos y, a veces, de calidad. Aunque, es cierto, ninguno tan arrasador como los cierres de Skay en la primera fecha o de Las Pelotas en la tercera jornada. Estos últimos, los prestidigitadores del espíritu, siempre en lo más alto del mix de calidad y potencia.

«Siento el impulso de alzar mi voz al infinito», Adrián Dárgelos se proyecta en Capricho y la banda lo acompaña. Como no pasaba en las últimas presentaciones festivaleras de Babasónicos (exceptuando la del Gesell Rock), dieron un espectáculo poderoso con mayoría de temas de su último disco Anoche y los infaltables hits (Los calientes, Sin mi diablo, Putita). En el medio, ¿dialogará? con su público «buenas noches, muchas gracias». Y esas palabras alcanzarán para el delirio femenino, mayoría preponderante de la noche.

Antes de los Baba, fue el turno de dos grupos con altas presentaciones como preludio: Catupecu Machu y Arbol. Y, antes, habían tocado Miranda y Pier.

La mira también mereció estar en otros escenarios, sobre todo, en el indie: mientras Miranda, la banda de Ale Sergi, tocaba con trajes de guerreros galácticos, en el escenario Top Line cerraba Estelares en uno de los mejores shows (sino, el mejor) de la noche, que merecía estar incluido en el principal, como el año pasado. Los platenses hicieron una presentación movilizante, con mayoría de temas de su último disco Ardimos y algunos nuevos.

En tanto, el escenario alternativo, al fondo del predio, mostraba el costado más rocker de la noche, con Lovorne —liderado por Luciano Napolitano—, El Bordo, Motor Loco y, nuevamente La 25 (había cerrado el principal dos noches atrás). El grupo de Luciano fue el primero en hacer el homenaje a su padre, con los temas de Pappo Fiesta cervezal y El hombre suburbano.

En la noche, abundaron más covers: Lovorne se despachó con Paranoid (Black Sabbath); Catupecu hizo Cowboy (de los Ratones Paranoicos) con Juanse y el zorrito Von Quintiero como invitados; Arbol tocó su versión funky de I Shot the Sheriff (Bob Marley) y ejecutó una hermosa intro de la beatle Eleanor Rigby. Curiosamente (como en el Gesell Rock), los Arbol no hicieron su clásico ricotero: Ji Ji Ji. Pero, no importó: Eduardo Schmidt y Pablo Romero coreografiaron los pogos desde arriba del escenario y las cerca de 18 mil personas que estaban en el predio, respondieron, tanto en los temas de Arbol como en los de la presentación power de los Catupecu.

#Black Sabbath | Black Sabbath (1970), Paranoid (1970) y Master of Reality (1971) | Blizzard of Ozz (1980) y Diary of a Madman (1981)

«Miren lo que han hecho con el duende del rock. Ustedes lo querían, ahí lo tienen», dirá Dárgelos, de Babasónicos, en mitad del espectáculo, cuando canta Pobre duende. Aunque, esta vez, el duende del rock saldría airoso.

MUSICA: MERCEDES SOSA, EN EL FESTIVAL FOLCLORICO DE COSQUIN

La noche más esperada

Después de siete años, La Negra volvió a la Próspero Molina y fue una fiesta. También tocaron César Isella y Raly Barrionuevo.

Gustavo Molina. CORDOBA. ESPECIAL.
La aparición de Mercedes Sosa —al grito de «Aquí Cosquín»— en la penúltima luna del Festival Nacional de Folclore, tras siete largos años de ausencia hizo vibrar a las más de 10 mil almas que el sábado a la noche colmaron la tradicional plaza Próspero Molina. Cinco minutos de aplausos, todo el mundo de pie y más de uno llorando de la emoción, fue la forma en que la gente recibió a «la más grande de América», como la calificaron sus colegas y amigos.
Mercedes abrió este reencuentro con Zamba del regreso. Sentada en un sillón rojo, la Negra deleitó a su público con su voz inconfundible. Zamba para olvidarte, de Julio Fontana y Daniel Toro, fue otra de las perlas del show. «Invito a Rafael Amor, de quién tomé su Corazón libre para mi último disco», dijo Mercedes y el público se emocionó nuevamente. El músico le devolvió la gentileza con un cálido «gracias madre nuestra».

Alberto Rojo, otro invitado, se lució con su guitarra en Chacarera del Fuego y con su voz en Zamba de Argamonte, en un homenaje al Dúo Salteño.

Había pasado media hora desde su regreso al escenario Atahualpa Yupanqui, cuando Alfonsina y el mar hizo poner de pie a la multitud.

Franco Luciani con su armóni ca fue otro de los amigos que se lució en esta noche de reencuentros con El otro país, una canción de Teresa Parodi. La chacarera El olvidau, de Miguel de Guernica, hizo que el público estallara nuevamente en gritos de algarabía.

«Pocho Sosa, que no es familiar mío —bromeó Mercedes—, viene a acompañarnos con esta Tonada de otoño«. «Ahora estoy sana, no muy sana, pero estoy sana», dijo emocionada la Negra, tras ante los obsequios de la Comisión del Festival y el intendente de Cosquín. Entre ellos se destacaba un poncho blanco: «abrilo —pidió la Negra—, porque me hace un poquito de frío».

Cuando sus músicos Popy Spatocco (piano y dirección musical), Carlos Gianoni (bajo), Rubén Lobo (percusión) y Jorge Giuliano (guitarra), comenzaron con sus acordes, Mercedes, en un guiño pidió a la Comisión: «¿Puedo seguir cantando?», y la plaza estalló nuevamente.

A esta altura, el público ya había decidido no sentarse y cantaba los versos de Volver a los 17, de Violeta Parra; Déjame que me vaya, de Cuti Carabajal, y La luna llena, donde Mercedes Sosa demostró con su bailecito final que volvió para no irse nunca más del corazón de los argentinos.

La noche más esperada de todas las lunas coscoínas siguió con otros platos fuertes, como César Isella que cantó sólo dos canciones: Soy de Anymaná y Canción con todos. Luego recibió un reconocimiento por los 50 años dedicado a la música al ex integrante de Los Fronterizos y éste aprovechó para cuestionar a «esos que lloran y dicen ‘llevame a Cosquín’ y después cuando se consagran, cobran fortunas», dijo y aseguró cantar gratis.

El broche final de esta verdadera fiesta estuvo a cargo de Raly Barrionuevo, quién se subió al escenario a las tres de la mañana. Una mujer fue el inicio de una hora de música que pasó de la intimidad con Baguala del desengaño, hasta la efusividad de Sólo tus ojos, donde las mujeres fueron las más expresivas.

Una versión rocanrolera de la canción de Carlos Puebla, Hasta siempre Comandante, hizo que la plaza recobrara el calor en la fresca madrugada, y hasta un policía cordobés se animó a tararear el pegadizo «de tu querida presencia, comandante Che Guevara».

TRADICIONES URBANAS: EL DESFILE MAS EMBLEMATICO DE LOS CARNAVALES PORTEÑOS HABIA SIDO SUSPENDIDO POR INCIDENTES EN 1998

Clarín

Después de ocho años, vuelve el corso a la Avenida de Mayo

Se realizará los días 18, 19, 25 y 26 de febrero, entre la Plaza de Mayo y la Avenida 9 de Julio. Si bien antes desfilaban comparsas de todo el país, este año estará reservado sólo para murgas de la Ciudad.

Horacio Aizpeolea.

haizpeolea@clarin.com

Después de ocho años, este febrero marcará el regreso del corso porteño que alguna vez supiera ganarse el título de «el más tradicional»: durante los fines de semana del 18 y 19, y el 25 y 26, la Avenida de Mayo será de nuevo un escenario de festejo para los carnavales. Los organizadores decidieron que el retorno del corso sea «sólo por cuatro cuadras».

Hay que mirar algunas fotos, por ejemplo, del verano de 1969 para medir las multitudes que convocaba el corso de la Avenida de Mayo: la concentración popular en el cruce con la 9 de Julio solo permite comparación con los festejos de la obtención de un Mundial de fútbol. Así fueron los corsos en la emblemática aveni da, salvo algunas interrupciones —entre ellas la prohibición de festejar el Carnaval durante la Dictadura—, hasta el corte que parecía definitivo, en 1998.

«Decidimos que estaban dadas las condiciones para retomar los festejos», le dijo a Clarín, Manuel Pérez Amigo, el presidente de la Asociación de Amigos de la Avenida de Mayo, grupo de comerciantes que tendrán a su cargo la organización del corso.

Estas «condiciones», explicó Pérez Amigo, están dadas por la muestras de «orden y organización» que han demostrado los diferentes corsos que vienen llevando adelante en la Ciudad, en los últimos años, casi todos coordinados por el Gobierno porteño.

«Este año sólo lo haremos en cuatro cuadras, desde la Plaza de Mayo a la 9 de Julio«, agregó el organizador. Los sábados 18 y 25 el corso se extenderá desde las 20 hasta las 2 de la mañana; los domingos 19 y 26, terminará a la 1. Si bien aún no se dieron a conocer las murgas que participarán, se sabe que los sábados actuarán siete y los domingos, cinco. El escenario central se ubicará en Bolívar, de espaldas a la plaza.

El regreso del corso es festejado por la gran mayoría de los bares y maxiquioscos de la Avenida de Mayo, pero también por los comercios ubicados, en las calles que la cortan. De todos modos, en otros —sobre todo restoranes de primera categoría— existen desconfianza y dudas sobre los alcances de la concentración popular. «La Comuna nos ha dado garantías, por lo que creemos que se respetará la prohibición de vender bebidas alcohólicas en la calle«, dijo Pérez Amigo.

La Asociación se hizo cargo de la organización del corso en 1980. Pero vale la pena echar mano a los archivos para ir más atrás en el tiempo. El escritor y letrista de tango, Francisco García Jiménez, recordaba en la edición de Clarín del 6 de febrero de 1975, que el primer corso porteño se realizó en 1869, «siete cuadras al oeste de la Plaza de Mayo (por entonces ‘de la Victoria’)». El Presidente Sarmiento pasó en un coche descubierto, dicen que de poncho y chambergo, y fue empapado por los pomos de los presentes. Algunos historiadores afirman que Sarmiento contraatacó con un par de pomos «con agua perfumada». La comparsa «Los Habitantes de la Luna» le regaló una medalla con la inscripción «Emperador de las Máscaras».

Ya en los años veinte, los coches que iban a los bailes de Carnaval, improvisaron caravanas por la Avenida de Mayo, tirando serpentinas al público que los miraba desde las veredas. La Municipalidad lo oficializó colocando palcos|#improvisar

Los corsos regresaron a la Avenida de Mayo a mediados de los 80. «La idea fue organizar un desfile que reprodujera las expresiones de carnaval de distintas partes del país«, recordó Pérez Amigo. Fue así que desfilaron, entre otros, la mítica comparsa correntina Ará-Berá, una delegación toba del Chaco, y hasta «la Diablada de Oruro», de Bolivia. Los desfiles recorrían la Avenida, desde la Plaza de Mayo hasta la de los Dos Congresos.

En 1997, la administración comunal de Fernando de la Rúa hizo un intento, por sugerencia del entonces Secretario de Cultura, Darío Lopérfido, de quedarse con la organización del corso. «Resistimos el embate, y el propio De la Rúa, al recorrer el desfile de Carnaval admitió que estaba bien organizado», recordó Pérez Amigo. Al año siguiente, a partir de una serie de incidentes callejeros, el corso quedó suspendido por decisión de sus organizadores.

«La gran novedad de estos carnavales —dijo Ana Villa, funcionaria del área de Cultura del Gobierno porteño— es el regreso la recuperación del corso para la Avenida de Mayo».

Para esta edición, los organizadores cambiaron el rumbo que había tomado el corso de la Avenida de Mayo durante los 80 y los 90: ya no volverá a ser una mezcla de comparsas de todo el país, sino que las murgas serán «ciento por ciento porteñas».