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| Incendio en carcel argentina deja 32 muertos | |||
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BUENOS AIRES (Reuters) – Un incendio en una cárcel argentina, tras una pelea entre internos, dejó 32 muertos y 12 heridos y una de las mayores tragedias en décadas de la historia penitenciaria del país sudamericano. "Los 32 fallecidos murieron por inhalar monóxido de carbono" producto de la quema de ropa y colchones tras una pelea entre reclusos, afirmó el ministro de justicia de la Provincia de Buenos Aires Eduardo Di Rocco. Este es el tercer episodio de violencia con muertos en cárceles argentinas este año y es uno de los mayores en la historia del país. La mayor tragedia en una cárcel Argentina data de 1978 cuando murieron 61 presos tras un motín en la cárcel de Devoto, en la Capital Federal. Los muertos en los centros de detención, en lo que va de 2005 ascienden a 53 personas. Di Rocco dijo que no se registraron rehenes durante la revuelta aunque cuatro funcionarios del penal resultaron con quemaduras y dos fueron heridos. Uno de los heridos de gravedad fue "el jefe del penal que fue el que intentó mediar y fue agredido con un objeto contundente y está en este momento internado en grave estado." El Ministerio de Justicia provincial dijo a Reuters que entre los reclusos se registraron seis heridos. El funcionario negó versiones anteriores que indicaban que la revuelta se había iniciado en la madrugada del domingo cuando detenidos reclamaban una extensión en el horario de visitas cuando en Argentina se festeja "el día de la madre." "Sacaban a muchos muertos (…), los cuerpos estaban apilados uno sobre otro," dijo la madre de uno de los reclusos a medios locales. La revuelta se inició en el pabellón 16 de autodisciplina (de menor riesgo) y luego se extendió al resto de la unidad de detención. El penal de Magdalena cuenta con una población de 1.040 reclusos distribuidos en 18 pabellones. "Fue una reyerta muy importante, generalizada, (…) y que al intentar desactivarla se descuidaron otros sectores del penal y fueron prácticamente tomados por los reclusos que accedieron a los patios, el taller al que prendieron fuego, luego al sector de cocina al que también incendiaron," dijo Di Rocco. Agregó que en la tarde del domingo "el penal esta totalmente recuperado y las visitas se realizan en forma normal." |
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Archivo de la categoría: Federal
De motín en motín
Nota y foto de Clarín.com
12:55 | LOS MOTINES MAS RECORDADOS
La historia trágica en las cárceles argentinas
El motín en la Unidad Penitenciaria Nº 28 de Magdalena es, sin duda, el más sangriento en lo que va del año, superando ampliamente al de Córdoba y al del penal de Coronda, en la provincia de Santa Fe.
Coronda, 11 abril de 2005 . Durante 10 horas, la Unidad Penitenciaria número 1 de Coronda fue copada por un grupo de presos santafesinos (de la capital de la provincia) en guerra con los rosarinos. La masacre dejó 14 muertos (10 acuchillados, uno degollado y dos quemados) y varios heridos graves. El grupo de presos santafesinos se vengó, de esa manera, de la muerte de uno de sus líderes, ocurrida una semana antes. En ese momento, la cárcel contaba con una población de 1.400 presos, cuando su capacidad real era de 1.100.
Córdoba, 10 de febrero de 2005. Luego de 24 horas de tensión, el motín en la cárcel del barrio San Martín, en la que se alojaban a 1.500 presos, dejó un saldo de 8 muertos (dos guardiacárceles, un policía y cinco recluso) y unos 35 heridos de distinta consideración entre presos, policías, familiares y rehenes. La intervención del capellán de la penitenciaría, Hugo Oliva, fue determinante para alterar el curso de esa tragedia. Tres de los reclusos muertos iban en un camión en el que intentaron huir junto a otros trece presos. Los dos presos restantes murieron luego de enfrentamientos dentro del penal. Todos eran de máxima peligrosidad. Mientras que los dos guardiacárceles y el policía murieron mientras trataban de impedir la fuga. Todavía está fresca la imagen del guardiacárcel que era lastimado con un arma blanca, humillado y amenazado con ser arrojado al vacío desde una de las terrazas del penal. Pocos días después de la finalización del motín, la directora del Servicio Penitenciario de Córdoba, Graciela Lucientes de Funes, presentó la renuncia a su cargo.
Sin embargo, la revuelta que se cobró la mayor cantidad de vidas, en la Argentina, fue la que se produjo en el penal porteño de Villa Devoto en marzo de 1978. Ese día murieron 61 internos en lo que se denominó el “Motín de los colchones”.
Otro de los motines violentos que registra la historia de nuestro país ocurrió el 6 de mayo de 1990 en el penal de Olmos, con un saldo de 33 reclusos muertos.
Si bien no hubo una gran cantidad de fallecidos, el levantamiento ocurrido durante la Semana Santa de 1996, en Sierra Chica, será recordado por la ferocidad con la que doce amotinados, a los que se llamó “Los doce apóstoles”, asesinaron a ocho de sus compañeros y los incineraron en el horno de la panadería del penal.
Clarín .com 16/10/05
32 muertos en el motín de la cárcel de Magdalena, Prov. de Bs.As.
15:30 | LA SITUACION FUE CONTROLADA
Trágico motín en la cárcel de Magdalena: hay 32 muertos
La cifra fue confirmada por el ministro de Justicia bonaerense, Eduardo di Rocco, quien señaló que son seis los heridos. La revuelta comenzó anoche, cuando 60 presos del pabellón de autodisciplina se enfrentaron entre sí. Quemaron los colchones y frazadas de las celdas y desataron un incendio. Los internos murieron por asfixia.
En una improvisada conferencia de prensa, el funcionario explicó que “son 32 los internos que murieron” por “asfixia” durante el motín. Y agregó que los heridos son seis, entre ellos el jefe interno de la cárcel, quien se encuentra internado en grave estado de salud.
El funcionario aclaró que la revuelta se inició a raíz de una “reyerta muy importante” registrada entre los reclusos de la unidad 16 de autodisciplina del penal, donde se alojan los presos de buena conducta. De este modo, desmintió que se hubiera originado -como se había informado en un primer momento- por un reclamo de los presos para que se extendiera el horario de visitas por el Día de la Madre.
En este sentido, aclaró que las muertes se produjeron por el incendio y no por la pelea. "La reyerta no causó muertos. Los 32 presos murieron por inhalar monóxido de carbono" producido por la quema de colchones y frazadas, dijo.
En medio de ese enfrentamiento –cuyas causas aún no fueron establecidas- los presos prendieron fuego los colchones y frazadas de las celdas. Fue entonces cuando los presos de la unidad 16 salieron del pabellón y la revuelta se generalizó.
El ministro de Justicia de la Provincia relató que "por intentar sofocar la pelea, los penitenciarios descuidaron otros sectores". Así fue como los presos incendiaron "parte de los patios, el taller y la cocina" y la situación se salió de control.
Los bomberos de Magdalena tardaron en apagar el incendio que –además del pabellón de autodisciplina- afectó los talleres y la cocina de la cárcel, ya que –según explicó el ministro bonaerense- “fueron atacados” por los presos.
Para finalizar el motín, según fuentes del Ministerio de Justicia bonaerense citadas por la agencia Télam, un grupo de internos negoció su rendición con el fiscal y el subsecretario de Políticas Penitenciarias, Carlos Rotundo, quien se habría comprometido a dar intervención a la Justicia para dar garantías a los presos que no participaron de la toma del penal.
Angustia y desesperación
La revuelta fue seguida por los familiares de los detenidos, quienes pasaron toda la noche en la puerta del penal. Reclamaban que los dejaran entrar y que se diera a conocer la lista de los fallecidos.
Pasadas las 11.30, y ya con la situación totalmente controlada, los familiares comenzaron a ingresar al penal para cumplir con el día de visitas.
La polémica
El intendente de Magdalena, Fernando Carballo, negó esta mañana que haya habido un motín en el penal de esa ciudad y calificó la situación como un "hecho desafortunado".
"No hay ningún motín, hubo un hecho desafortunado y se está tratando de restablecer el orden", dijo Carballo en declaraciones a radio Del Plata.
(Fuente: DyN y Télam)
Por debajo de la ciudad
Nota y fotos publicadas en la revis Viva de Clarín 16/10/05
INVESTIGACION VIVA
Las aguas bajan turbias
Entubado décadas atrás, el Arroyo Maldonado es un arroyo invisible que pasa por nueve barrios porteños y cada tanto se desborda. De 21,3 kilómetros de largo, viaja por debajo de la avenida Juan B. Justo y va a desaguar al Río de la Plata. Aquí, un recorrido por sus entrañas.
Por Diego Heller dheller@clarin.com | El cielo es de hormigón, o la pesadilla de un claustrofóbico. La oscuridad manda. Agua arriba o abajo, mil tonos de pardo. Humedad, y ese plaf plaf es el quejido de las botas multiplicado por diez, milagro del eco. Un aroma nuevo, inclasificable. ¿A sudor rancio o a basura mojada? El tiempo suspendido, una única inquietud –no ver lo que se va a pisar –y al cabo algo parecido a la paz. El sonido del agua anestesia los sentidos, y el extraño se adapta a este mundo en el que poco sirve la vista. Uno se relaja, a menos que se venga la sudestada.
Las entrañas del invisible arroyo Maldonado no son el infierno (salvo que diluvie), pero no es posible recorrerlas sin la guía de un buen baqueano. Adrián Quaini –ingeniero hidráulico, flamante padre primerizo– es nuestro Virgilio. Será su sexta vez bajo tierra. “Se puede entrar por una boca de Liniers, pero es mucho más peligrosa. Desde acá pueden andar lo que quieran”, avisa una vez finiquitadas las presentaciones de rigor. Su “acá” es la esquina de Santa Fe y Bullrich: un montacarga averiado es la puerta de entrada al túnel. Allá vamos, a la oscuridad. Un tanto ridículos, con capote amarillo (a tono con el casco del mismo color) y botas hasta la entrepierna.
La escalera de mano es precaria, pero temblequeante y todo cumple con su función. Once escalones, un resbalón y uno ya se ve en las profundidades de la ciudad, chapoteando sobre el tajo invisible que supo partirla en dos. El agua acaricia las rodillas. Flotan objetos varios: cáscaras de naranja, un envase de alfajor, un palito de helado… Nada del otro mundo, si se compara con las fantasías que se traen del otro lado del asfalto. No se ven ratas amenazantes, y brillan por su ausencia las cucarachas de porte kafkiano. Campea la decepción. Un par de centenares de metros y el paisaje que alumbra el haz de luz de la linterna es de lo más monótono. Sólo se ve un riacho de agua turbia, y una, dos, tres, mil columnas de cemento…
Cascadas subterráneas
Cuesta creer que estas aguas hoy calmas cada tanto se salgan de su cauce, embravecidas. Cuesta creer que este arroyo le deba el nombre a una española que llegó a lo que hoy es Buenos Aires en 1536, con Pedro de Mendoza. La Maldonado, cuenta la leyenda, no quiso morir de hambre sitiada por los indios, y burló el cerco preventivo que habían impuesto los conquistadores en torno a la aldea. Caminó kilómetros hasta llegar a una cueva junto a un arroyo; allí, cansada y hambrienta se desmayó. Una puma compartió con ella un trozo de carne, y la mujer ayudó a la fiera a sortear un parto difícil. Desde entonces, la Maldonado y el felino fueron inseparables.
El arroyo de la leyenda hace rato que no es el hábitat de animales salvajes. Hoy, el Maldonado es un riacho domado que cada tanto muestra sus fauces pero luce cansado. Un curso de agua que atraviesa la ciudad llevando encima su olor a viejo (nunca a podrido). Aquí abajo el agua corre hacia el Río de la Plata, y el arroyo tiene medio metro de profundidad a lo sumo. El túnel luce limpio, o casi. Lo afean apenas las bolsas de basura, enredadas entre las mil y un columnas. Un ruido viene de lejos, desde más allá de un recodo del recorrido. Es un desagüe pluvial; una cascada de dos metros de diámetro que trae el agua de lluvia de las calles aledañas a la avenida Juan B. Justo, techo del arroyo. El sonido engaña; si uno cierra los ojos, puede imaginarse con Brooke Shields en aquella laguna azul o en un manantial cordillerano.
Pero no. El fotógrafo grita y hace trizas la ilusión. Quiere un dúo de linternas iluminando el desagüe, y guay de no hacerle caso. Las voces rebotan en las paredes mientras él da órdenes y contraórdenes: sólo un poeta de la luz puede mostrar algo entre tanta oscuridad.
Seguimos cuesta arriba, hacia el lejano oeste, contra la corriente. A las columnas las reemplazan unos paredones interminables. “En el 98 se empezaron a sacar las columnas –dice el ingeniero Quaini–, y hoy el arroyo está entabicado desde Alvarez Thomas hasta Libertador. El agua corre mejor porque se eliminaron los grandes remolinos de aire que se formaban alrededor de las columnas.” Ahora pasamos por debajo de lo que eran las Bodegas Giol. Aquí arriba, si hubiese prosperado el proyecto presentado por una asociación vecinal, hoy habría un lago en el que desagotaría el arroyo en días de inundación. “El lago –explica Quaini– sólo beneficiaría a los vecinos de Palermo Viejo, que están en la cuenca baja del Maldonado. El proyecto no era malo ni bueno, pero dejaba afuera a los vecinos de otros barrios que también sufren con cada crecida del arroyo.”
La leyenda del indomable
Es que el tema de las inundaciones no es nuevo. Allá por 1865, si no era tiempo de sequía, el Maldonado sólo se podía cruzar arriesgando la vida en puentes endebles. Los más sólidos –el de la avenida Santa Fe o el del Camino de Moreno, actual avenida Warnes– apenas si resistían una lluvia torrencial.
A fines del siglo XIX, el Maldonado era el límite natural entre la Capital y la provincia de Buenos Aires. Su curso era interrumpido por una decena de puentes a la romana –con arcos–: el más importante era el de la actual avenida Santa Fe. En Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires, Manuel Bilbao escribía: “Al cruzarlo, el viajero nocturno se encontraba con el rondín de la policía de la provincia, compuesto de un cabo y dos soldados, armados con sus largos sables al cinto, las carabinas cruzadas a la espalda, el quepís colorado con la P de la Policía en su frentera, el poncho oscuro por fuera y colorado forro, montados en sus caballos respectivos, para ejercer la vigilancia de la zona, siendo de notar que muy pocas veces tenían que intervenir, porque además de ser poca la población, era nulo el alumbrado, peor el camino y la gente pacífica”.
Por ese entonces, los osados que se aventuraban más allá solían tomar el Camino de las Cañitas –hoy Luis M. Campos– antes de dar con el último vestigio de civilización: la pulpería de Ambrosio, parador de carreteros y jinetes sedientos. En 1888, cuando por ley se amplió la Capital, el Maldonado dejó de ser el límite entre la ciudad y la provincia y los solares de su orilla norte se fueron valorizando.
Mientras, dejaba de ser un arroyo límpido para convertirse en el maloliente hábitat de ratas gigantes. Ya no era un límite en los mapas, pero sí una frontera entre la parte decente de la ciudad y sus arrabales más pecaminosos. El arroyo supuraba hedores a cielo abierto, y el futuro barrio de Villa Crespo era pródigo en boliches de mala nota, esquinas peligrosas, cuchilleros y conventillos sólo aptos para el lumpenaje.
En la década del veinte, las inundaciones del Maldonado ocasionaban enormes pérdidas y se estudiaban soluciones. Remigio Yriondo, concejal y vecino perjudicado, propuso canalizar el arroyo y unirlo con el Riachuelo. Otros pensaron en dragarlo y hacer del arroyo un río Sena sureño. Pero pudo más el deseo de domar las aguas, y así fue como el arroyo terminó entubado en cemento, invisible bajo el asfalto de la sinuosa avenida Juan B. Justo.
Las obras comenzaron poco antes antes de 1930 y el primer sector, de Córdoba a la costa, quedó concretado en tiempo récord. Siete años más tarde, no quedaba ni rastro del viejo arroyo. Jorge Luis Borges ya había avisado, en Evaristo Carriego, lo que implicaba el entubamiento: “Ese casi infinito flanco de soledad será reemplazado por una calle tilinga, de tejas anglisantes”, escribía.
Viaje al fin de la noche
Tenía razón el escritor, aunque no se internó jamás en este túnel. El lado de arriba del asfalto está hecho a imagen y semejanza de las desangeladas catacumbas del arroyo. El Maldonado es gris y resbaladizo, como puede descubrirse al tropezar con el canal central (que corre medio metro más profundo). Hay poco para declarar, salvo las primeras cucarachas del día: hay un nido en el techo, y huyen de la luz de la linterna.
Arriba, cada cincuenta metros, el círculo de luz de una boca de registro. Abajo, el piso con su capa de musgo y un tótem de cemento que bien podría pasar por una escultura no figurativa. “Es que algún camión mezclador lo virtió clandestinamente por un hueco de ventilación y se secó así”, explica Rubén, operario que lleva veinte años recorriendo el tubo.
Un desagüe pluvial gigante conecta varios sumideros. La cascada de agua que vierte se ve (y huele) limpia. “El arroyo es autolimpiante; lo arrastra todo. No hay problemas graves de suciedad, puede haber alguna conexión cloacal clandestina pero los análisis químicos dicen que es agua limpia. Arrastra la basura de la calle nada más”, dice Quaini, y se pone a describir cómo mejorará la capacidad de drenaje del arroyo cuando se termine una nueva megaobra. “Los dos canales nuevos que vamos a construir estarán quince metros más abajo que el arroyo –señala las profundidades– y nos permitirán duplicar la capacidad de escurrimiento que hoy tiene el Maldonado.”
Una marca en la pared muestra hasta dónde llegó el agua en la última gran lluvia: a centímetros del techo. “Si hay un temporal de los grandes se completan los cuatro metros y medio de altura que a lo sumo tiene el tubo, y si hay sudestada ni hablar”, cuenta el ingeniero.
Mientras él habla, vamos arroyo abajo: un gomón espera en el Río de la Plata, cosa de atisbar la desembocadura del arroyo, que está a metros de la pista de Aeroparque. Hay más bocas de acceso y registro, más oscuridad. Todo es igual, y uno ya se habituó al chapoteo de las botas y el sonido de los desagües: hay paz aquí abajo, aunque se escuchen de fondo los colectivos de arriba.
Llegando a la Avenida del Libertador, la correntada se hace más fuerte y ya no es posible seguir a pie. “Me parece que se viene el viento del río, pero no se preocupen. El efecto fuerte llega desde el río hasta aquí nada más”, dice nuestro guía. El ingeniero habla ahora de las máquinas tuneleras que se traerán para hacer los canales nuevos; dice que son como las que se usaron en el Canal de la Mancha y apabulla con datos técnicos de esos que sólo apasionan a los ingenieros.
Mientras el hombre habla de hormigón y cálculos, empezamos a desandar el camino hacia la salida. La batería de las linternas no da para más, y vamos a tientas: se refuerza la sensación de que este es un mundo para topos, y no para gente.
Salimos, y aunque está nublado, el resplandor de la tarde deslumbra. Rubén, el operario, se asombra de que no hayamos traído nada del túnel. “Raro, porque ahí abajo nosotros encontramos un montón de carteras y documentos. Lleno está… Las descartan los chorros, se ve. Podrían volver otro día, pero no ahora: se viene la sudestada y ahí sí que se pone jodido. Ves que se te viene el agua y no te dan las piernas para rajar.”
¿Adiós a las inundaciones?
En el 2001 quedó claro que basta una tormenta severa para que el arroyo Maldonado colapse y las zonas bajas de Buenos Aires se aneguen. Desde entonces, se barajaron diversas posibilidades para evitar nuevas inundaciones. Roberto Feletti –Secretario de Infraestructura y Planeamiento del Gobierno de la Ciudad– reconoce que “la cuenca del Maldonado es una de las zonas más desprotegidas a nivel de obra hidráulica de envergadura. La inundación del 2001 coincidió con una crisis muy severa y se definió hacer obras de menor costo: grandes tanques de almacenamiento, que eran paliativos”. Según Feletti, el panorama cambió para mejor en los últimos años, y así se empezó a pensar en soluciones más definitivas: “Al ver el resultado que dio el aliviador del arroyo Vega, se optó por el desarrollo de la obra de los canales aliviadores”.
La obra consiste en la construcción de dos túneles de 6,90 metros de diámetro de 10 y 5 kilómetros de largo. Ambos túneles recogerán parte del agua que hoy drena por el Maldonado y facilitarán el escurrimiento. El túnel corto estará habilitado en tres años, y el largo, en cuatro. “No puedo prometer que no habrá más inundaciones, pero sí es seguro que con esta obra se podrá hacer frente a una mayor recurrencia de lluvias fuertes que se dio en los últimos años”, dice Feletti.
El Jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, asegura que “las obras para readecuar la red de desagües pluviales del Maldonado, en las que invertiremos un total de 190 millones de dólares, quintuplicarán el actual nivel de protección. Una vez finalizadas las obras, el millón de habitantes que vive en la cuenca del arroyo tendrán una protección mayor e integral ante los temporales y las tormentas excepcionales”.
Atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina – AMIA.
El atentado a la AMIA fue un atentado con coche bomba que sufrió la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires el 18 de julio de 1994. Se trató de uno de los mayores ataques terroristas ocurridos en la Argentina, con un saldo de 85 personas muertas y 300 heridas. La comunidad judeoargentina es la más numerosa de Latinoamérica y la quinta mayor del mundo.
El 25 de octubre de 2006, los fiscales Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos formalmente acusaron el gobierno iraní de planificar el atentado y al Hezbollah de ejecutarlo.5 3 6 7 8 Según la investigación de la fiscalía, Argentina fue elegida como blanco del ataque tras la decisión del gobierno argentino de suspender un acuerdo de transferencia de tecnología nuclear a Irán.4 Posteriormente el juez Canicoba Corral ordenó la captura de los siete ex-funcionarios iraníes y un miembro operativo libanés del Hezbollah acusados por la fiscalía.9 10 11 5 12
El 7 de noviembre de 2007, Interpol ratificó las conclusiones de la justicia argentina, y ordenó la emisión de circulares rojas para capturar a los fugitivos iraníes y llevarlos ante la justicia.13 14 Desde entonces, el gobierno argentino ha requerido a Irán la extradición de sus ciudadanos acusados por el ataque para ser juzgados por un tribunal argentino o extranjero,15 pero Irán se ha negado a acatar el fallo de la justicia argentina.16 17
Atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina – AMIA
El atentado a la AMIA fue un atentado con coche bomba que sufrió la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires el 18 de julio de 1994. Se trató de uno de los mayores ataques terroristas ocurridos en la Argentina, con un saldo de 85 personas muertas y 300 heridas. La comunidad judeoargentina es la más numerosa de Latinoamérica y la quinta mayor del mundo.
El 25 de octubre de 2006, los fiscales Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos formalmente acusaron el gobierno iraní de planificar el atentado y al Hezbollah de ejecutarlo.5 3 6 7 8 Según la investigación de la fiscalía, Argentina fue elegida como blanco del ataque tras la decisión del gobierno argentino de suspender un acuerdo de transferencia de tecnología nuclear a Irán.4 Posteriormente el juez Canicoba Corral ordenó la captura de los siete ex-funcionarios iraníes y un miembro operativo libanés del Hezbollah acusados por la fiscalía.9 10 11 5 12
El 7 de noviembre de 2007, Interpol ratificó las conclusiones de la justicia argentina, y ordenó la emisión de circulares rojas para capturar a los fugitivos iraníes y llevarlos ante la justicia.13 14 Desde entonces, el gobierno argentino ha requerido a Irán la extradición de sus ciudadanos acusados por el ataque para ser juzgados por un tribunal argentino o extranjero,15 pero Irán se ha negado a acatar el fallo de la justicia argentina.16 17
Atentado a la embajada de Israel en Argentina
El ataque a la embajada israelí en Buenos Aires ocurrió el 17 de marzo de 1992 a las 14:42 hora local cuando un furgón Ford F-100 conducido por un suicida fue cargado con explosivos y estrellado contra el frente del edificio de la Embajada de Israel, localizado en la esquina de Arroyo y Suipacha,2 causando la destrucción de la embajada, y daños a una iglesia católica y una escuela ubicada en un edificio cercano. En el atentado murieron 29 personas (5 de ellas sin identificar por la destrucción total de sus mutilados cuerpos), entre israelíes y argentinos e hirió otras 242. Fue el segundo peor ataque terrorista en la historia de Argentina, el primero fue el bombardeo terrorista de Plaza de Mayo (308 muertos), y el peor ataque contra una misión diplomática israelí. Los autores del ataque se cree que ingresaron al país a través de la región llamada triple frontera, el área donde confluyen las fronteras de Argentina, Paraguay y Brasil|#diplomacia, diplomático
El grupo terrorista Jihad Islámica se adjudicó la autoría de los ataques.
Investigación
Se realizaron tres investigaciones independientes llevadas adelante por el #Mosad, el #FBI y la Corte Suprema de Justicia de la Argentina.
En el caso de la Corte Suprema la investigación pasó por las manos de cuatro jueces de instrucción y varias conformaciones diferentes del tribunal. Durante los primeros años estuvo liderada por Ricardo Levene (hijo) quien impulsaba la teoría de que la embajada había sido destruida por una implosión.3 Alfredo Bisordi, en su rol de secretario penal de la Corte Suprema de Justicia fue quien se desempeñó como instructor de la causa judicial en ese momento. Bisordi afirma que:
«La hipótesis de la Policía era que el explosivo habría entrado a la embajada entre los materiales de construcción, porque estaban haciendo reformas en el edificio, y que la explosión fue de dentro hacia afuera».2
Ésta hipótesis fue descartada por pericias efectuadas por la PFA, Superintendencia de Bomberos, Dto. de Explosivos y por Gendarmería Nacional en 1992|gendarmería. Ambas investigaciones confirman la presencia de un cráter frente al portón de ingreso que es considerado el #epicentro de la explosión. Los proyecciones balísticas realizadas confirman que la artefacto explosivo explotó en el lugar donde quedó el cráter.
Una pericia solicitada por la DAIA a dos expertos de la #Universidad de Córdoba, llega a la conclusión de que existe compatibilidad entre los daños y la magnitud de la carga explosiva, habiendo coherencia entre efectos esperados y efectivamente producidos en concordancia con las pericias antes mencionadas.
Existen testimonios de más de 50 personas que vieron el cráter mientras que otros afirman no haberlo visto debido a los escombros existentes en el lugar.[cita requerida] Además se hallaron gran cantidad de autopartes tanto en la zona del atentado como en el interior del cráter.[cita requerida]
En 1997 la causa fue encomendada al secretario Esteban Canevari. Su investigación determinó que la explosión se debió a un coche-bomba y que el gobierno de #Irán era el responsable político del ataque. Además se declaró que el coordinador había sido Imad Mugniyah, líder de Hezbollah.4
Al día siguiente del atentado, aparecieron en Beirut una serie de comunicados donde la Jihad Islámica se autoadjudicaba la autoría de los hechos. Tres días después Hezbollah también se adjudicó los hechos mediante un comunicado y un video.[cita requerida] Otro elemento probatorio que apuntaría en este dirección son las declaraciones de un diplomático argentino en el Líbano quien identificó algunas grafías y sellos colocados en los billetes con que se pagó la camioneta. Según su declaración estas marcas son una costumbre de algunas familias de la ciudad de Biblos y los sellos corresponden a casas de cambio de esa ciudad.
La hipótesis es que que podría haber sido un ataque en venganza del asesinato del jeque Abbas al-Musawi, jefe del Hezbollah libanés, y su familia. Los investigadores sospecharon que la operación podría haber sido ejecutada por un grupo de pakistaníes y coordinada por Moshen Rabbani, quien se desempeñaba como el encargado cultural de la embajada de Irán en Buenos Aires. Años más tarde, este último fue detenido en Alemania, pero luego fue liberado por falta de pruebas.5
En febrero de 2008 la justicia de Estados Unidos condenó a Irán pagarle más de 33 millones de dólares a la familia de una de las víctimas del atentado, el diplomático israelí David Ben-Rafael.4
En marzo de 2010, el embajador de Israel en Argentina, Daniel Gazit, declaró al diario Perfil que Israel eliminó por su cuenta a los autores del atentado a la Embajada.6 Una fuente diplomática afirmó que uno de los responsables del atentado fue Imad Mugniyah, líder de Hezbollah asesinado en 2008.
El expediente de la causa se halla técnicamente prescripto, sin haber instado el Estado de Israel con posterioridad a los eventos judiciales de 1999
María Soledad Morales
María Soledad Morales (n. Valle Viejo, Catamarca, Argentina, 19 de septiembre de 1973 – † San Fernando del Valle de Catamarca, Catamarca, 9 de septiembre de 1990) fue una joven estudiante argentina asesinada en Catamarca por los «hijos del poder» local.
El intento de las autoridades de Catamarca por encubrir el asesinato desencadenó una serie de históricas movilizaciones populares que contaron con el apoyo de amplios sectores en todo el país, tras lo cual se logró el esclarecimiento del homicidio, se puso de manifiesto las condiciones semi-feudales de ejercicio del poder en muchas provincias argentinas, y produjo un considerable cambio político en Catamarca.
A este caso se debe que aquellas «marchas del silencio» se popularizaran como método de lucha popular en muchísimos otros lugares del país en los que se reclama contra la impunidad.
El caso María Soledad
En la noche del sábado 8 de septiembre de 1990, María Soledad Morales asistió a la discoteca Clivus, en donde se organizaba una fiesta a fin de recaudar fondos para el viaje de egresados de su colegio, a la madrugada partió junto a Luis Tula, un joven que según relatos de compañeros, era su novio.
A las 9.30 del lunes 10 de septiembre, en una zona conocida como Parque Daza (a siete kilómetros de la capital catamarqueña sobre la ruta 38)1 ,su cuerpo fue encontrado por unos operarios de Vialidad Nacional. Había sido salvajemente violada, le habían arrancado el cuero cabelludo, quemado con cigarrillos, cortado las orejas, vaciado un ojo, roto la quijada a golpes, desfigurado la cara y aplastado el cráneo. Se supo más tarde, que murió de un paro cardiaco por una dosis letal de cocaína. Fue reconocida por su padre por una pequeña cicatriz en una de sus muñecas.
Desde un primer momento las investigaciones fueron demoradas y manipuladas. El mismo jefe de la Policía de la Provincia, comisario general Miguel Ángel Ferreyra, al hallar el cadáver ordenó que lo laven (borrando huellas y señales irrecuperables).
Los primeros rumores del pueblo decía que los responsables serían parientes de funcionarios, coloquialmente se les llamó «los hijos del poder». Los medios de comunicación difundían que en el crimen estaban sospechadoss los jóvenes Guillermo Luque (hijo del diputado nacional Ángel Luque), Pablo y Diego Jalil (hijos del intendente José Jalil), y Miguel Ángel Ferreyra (hijo del jefe de Policía provincial).
Se tardó más de dos meses en abrir la investigación judicial, y una vez que la justicia intervino, el favoritismo hacia los posibles involucrados fue evidente.
En esas condiciones un diputado nacional por Catamarca, Angel Luque, había declarado que si su hijo hubiera sido el asesino, el cadáver no habría aparecido. El escándalo llevó a la expulsión del diputado del Congreso y a que en 1991 el gobierno nacional, a cargo entonces del presidenteCarlos Menem, interviniera primero el Poder Judicial de la provincia y luego los poderes ejecutivo y legislativo, destituyendo a Ramón Saadi, continuador de una larga tradición de gobernadores pertenecientes a su familia, y aliado de Menem.
El interventor enviado por el poder central fue Luis Prol, quien según Martha Pelloni:
- «Prol fue enviado para fortalecer al Frente Esperanza, que era el menemismo, pero le salió el tiro por la culata porque perdieron las elecciones y ganó el Frente Cívico«.2
La intervención federal a la provincia, que incluyó el envío del ex subcomisario de la Policía de la Provincia de Buenos Aires Luis Patti para aclarar los hechos, también demostró falta de voluntad en la resolución del caso.
La cobertura
En medio de la investigación, Luque (h) dejó de ser visto en la provincia. Su desaparición fue notoria y motivo de especulaciones periodísticas hasta que fue hallado por el periodista Alberto Moya en Buenos Aires, adonde fue llevado por Patti.3
El primer periodista de Buenos Aires enviado a Catamarca para cubrir el caso fue Ernesto Tenembaum que hizo varias notas para Página/12 antes que nadie, lo que le valió ascender en su carrera.4
Días después llegó Canal 9 y Alejandra Rey, de la revista Somos (editorial Atlántida). Sin embargo, la mejor cobertura fue la de Luis Pazos, de Clarín, galardonado por ello con el premio ADEPA.
Pazos y Rey habrán de escribir el libro No llores por mí, Catamarca. Tras ello, Rey fue despedida de la revista porque le endilgaron que lo había escrito en horario de trabajo y con material que la editorial consideró que le pertenecía.5
La película
En 1993, el director de cine Héctor Olivera, autor de «La Patagonia rebelde» y «La noche de los lápices«, filmó «El Caso María Soledad«, llevando el asesinato y la impunidad al conocimiento masivo.6
El juicio
En esas condiciones, hacia 1996 se inició el juicio oral por el asesinato de María Soledad. Los imputados fueron Guillermo Luque y Luis Tula (ex novio de la víctima). La televisión nacional dio amplia cobertura al juicio transmitiéndolo en directo y registró en detalle los gestos de los jueces que evidenciaron una actitud parcial. Los gestos del juez Juan Carlos Sampayo, fueron reiterados por Canal 13 (autor de la primicia, alertados por un televidente) y el resto de la televisión nacional y produjeron un nuevo escándalo que llevó a la anulación del juicio.7
En 1998, se realizó un nuevo juicio. Las condiciones políticas en el país y en la provincia habían cambiado considerablemente, y el 27 de septiembre Guillermo Luque fue condenado a 21 años de prisión por el asesinato y violación de María Soledad Morales, en tanto que Luis Tula fue condenado a 9 años de prisión como partícipe secundario del delito de violación.8
El tribunal ordenó investigar el encubrimiento, pero nunca se hizo. El encubrimiento podría alcanzar a la plana mayor de la Policía catamarqueña, el ex gobernador Saadi, el subcomisario Luis Patti y el propio ex presidente Carlos Menem.9
Bombardeo de la Plaza de Mayo
Wikipedia
El bombardeo de la Plaza de Mayo, también conocido como la Masacre de Plaza de Mayo, fue el bombardeo cometido el 16 de junio de 1955 en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). Ese día un grupo de militares y civiles opuestos al gobierno del presidente Juan Domingo Perón intentó asesinarlo y llevar adelante un #golpe de estado y, si bien fracasaron en su propósito, durante el mismo varios escuadrones de aviones pertenecientes a la Aviación Naval, bombardearon y ametrallaron la Plaza de Mayo y la #Casa Rosada, ubicada a su vera, el edificio de la Confederación General del Trabajo y el edificio que en aquella época servía como residencia presidencial, causando la muerte de 308 personas3 y más de 700 heridos siendo, irónicamente, el bautismo de fuego de la Aviación Naval (contra su propia gente).4 Perón se había retirado al Ministerio de Guerra ubicado a 200 metros de la Casa Rosada por lo cual no estaba en ella al comenzar los ataques aéreos y el intento de asalto por fuerzas de tierra. La violencia, de una magnitud nunca vista anteriormente en Argentina, con la cual se ejecutó el hecho y el desprecio por la vida de las personas hace que se lo vincule con el terrorismo de Estado|#terror aparecido años después en el país5 En febrero de 2008 el juez Claudio Bonadío, entendió que ese episodio no fue un genocidio, sino un intento de eliminación del entonces presidente, Juan Perón declarando que no fue un delito de «lesa humanidad» como solicitaba que se declare un planteo presentado|humanidad
