Salud

Clarín
ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD DE IOWA Y DEL INSTITUTO CALIFORNIA DE TECNOLOGIA, EN EE.UU.

El cerebro trabaja más ante una situación de duda que de riesgo

Los científicos sostienen que hay 24 áreas del cerebro que actúan frente a lo imprevisible y no lo hacen igual frente a riesgos conocidos. Y que son las zonas emocionales las que ayudan frente a la incertidumbre.

Gabriel Giubellino.

ggiubellino@clarin.com

Al ser humano no le gustan las incertidumbres. Eso lo sabe cualquiera por experiencia propia. Lo que se desconocía es que su sistema neuronal responde de manera muy distinta cuando se lo enfrenta a distintos niveles de probabilidad. Se activa mucho más ante un resultado imprevisible: 24 áreas del cerebro se ponen a trabajar bajo condiciones de ambigüedad, antes que frente a riesgos conocidos. Son los centros emocionales los que ayudan a lidiar con la incertidumbre. La razón y la emoción van entonces de la mano.

Esta es una conclusión a la que llegaron investigadores de la Escuela Médica de la Universidad de Iowa, y la División de Humanidades y Ciencias Sociales del Instituto California de Tecnología, en Pasadena, Estados Unidos.

En teorías utilizadas en ciencias sociales se considera que las únicas variables que influencian en una evaluación son los juicios sobre los resultados probables, afirma el estudio publicado en la revista Science, de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

En algunas elecciones, como jugar a la ruleta, el apostador puede tener en cuenta algunas variables como ciertas frecuencias, u otros antecedentes antes de decidir su jugada. "En el otro extremo, como la chance de un ataque terrorista, las probabilidades están basadas en evidencias exiguas o conflictivas, donde la información importante claramente falta", dice el estudio.

El modelo teórico que explica esta forma de decidir indica que ante una probabilidad imprecisa, la gente se inclina a considerar el peor resultado posible. Se actúa como si del otro lado hubiese un oponente que pueda elegir con maldad lo que desfavorece al participante. Esta es una respuesta emocional. Pero también en ese caso hay una respuesta racional: se estima lo peor, se juzga cuánto paga y entonces se decide.

De esta manera distinguieron dos tipos de incertidumbre: una, llamada riesgosa; la otra, ambigua.

"Las elecciones pueden depender de cuánta información relevante está faltando, o qué tan ignorante se siente la gente comparado con otros", señala el artículo.

Los investigadores focalizaron el estudio en regiones antes asociadas al lado emocional de la toma de decisiones. Combinaron dos fuentes de información: imágenes de resonancia magnética y el estudio de la conducta de pacientes con ciertas lesiones. Ante estímulos que conllevan un alto grado de incertidumbre, las áreas procesadoras de emociones, como la corteza órbitofrontal y la amígdala, se activaron más que frente a estímulos apenas riesgosos. Ambas áreas, conectadas bidireccionalmente, actúan rápidamente como sistemas de "vigilancia" y evaluación.

La investigación demuestra que las situaciones riesgosas y las ambiguas mueven distintas área del cerebro. "Bajo un estado de ambigüedad, el cerebro es alertado de que falta información, y que las elecciones basadas en la información disponible puede por lo tanto tener consecuencias desconocidas y potencialmente peligrosas, y que se deben movilizar recursos cognitivos y conductuales para conseguir información adicional del entorno".

Estas respuestas, observadas en imágenes, fueron corroboradas al estudiar lo que sucede en pacientes con lesiones en la corteza órbitofrontal. No demostraron preferencia por decisiones con riesgo "conocido" por sobre las inciertas.

Lo que hacen estos investigadores es unir el conocimiento de la neurología con el de la economía. Esto lo ha planteado ya un autor del trabajo, Crolin Camerer, en un informe titulado: "Neuroeconomía. Por qué la economía necesita al cerebro". Entonces citó al economista Jacob Viner, quien ya en 1925 decía: "La conducta humana en general y, por lo tanto, presumiblemente también en el mercado, no se encuentra bajo la detallada y constante orientación de hedónicos cálculos exactos y cuidadosos, sino que es producto de un inestable e irracional complejo de acciones reflexivas, impulsos, instintos, hábitos, costumbres, modas e histeria".

En otro siglo, 80 años después, los científicos salieron a corroborarlo. Aldo Rustichini, investigador en teoría de la decisión en la Universidad de Minnesota, Minneapolis, explica esta aversión a la ambigüedad con una experiencia similar a la realizada en esta investigación. Se colocan dos mazos de cartas en una mesa. El de la derecha tiene 50 cartas rojas y 50 azules. El de la izquierda también tiene cartas rojas y azules, pero el conejillo no conoce cuántas de cada una. El investigador toma una carta de cada mazo. Promete darle 100 dólares al participante si acierta el color.

¿A cuál apuesta la mayoría? Al mazo de la derecha. Y la más pura lógica indica que en el otro mazo también hay un 50 y 50 de posibilidades de ganar y perder.

La diferencia es que se apuesta al mazo "conocido", esto es, del que se "conoce la probabilidad". En ese artículo se dice que este razonamiento se emplea cuando se evalúa la relación entre el precio de un producto de una compañía conocida ante otro precio —más barato— de un producto similar, pero de una empresa desconocida. "La gente le gusta más aquello que conoce", afirma Rustichini.

La relación de este tipo de investigaciones con la economía es evidente. Dos sectores importantes de ella, como el negocio del juego y el del seguro, se basan en la consideración de situaciones riesgosas. El estudio menciona incluso otras áreas delicadas sobre la toma de decisiones, como el combate al terrorismo.

"Dilucidar los procesos neurales de la toma de decisiones humanas ayudará a entender las importantes diferencias económicas entre riesgo y ambigüedad", dijo el doctor Facundo Manes, director del Instituto de Neurologia Cognitiva (INECO). "Los experimentos demuestran que mucha gente prefiere apostar en situaciones riesgosas o peligrosas antes que en ambiguas".

Es evidencia científica de un refrán que bien podría haber sido de cabecera de Sancho Panza: "Mejor malo conocido que bueno por conocer".

El sexo es cultura

Revista Caras y Caretas
 
Silvia Bleichmar
La educación sexual no es sólo un debate que está sucediendo a nivel legislativo. Es un derecho que niños y adolescentes deben poder ejercer para ubicarse frente a la realidad que los rodea.(…)
 
" La Iglesia sabe que el tema de la educación sexual lo tiene perdido "
 
 Para  el teólogo y filósofo Rubén Dri, el último documento que emitió la Conferencia Episcopal Argentina representa " la posición de fuerza de la Iglesia Católica dirigida al Gobierno",  de Néstor Kirchner y viene  a sintetizar en el ámbito local " un concepto de Iglesia de poder,  alejada de sus fieles", que baja desde el Vaticano en la figura de Benedicto XVI.
 

Veneno de serpientes, contra los tumores | CIENTIFICOS ESPAÑOLES Y ESTADOUNIDENSES LO INVESTIGARON EN RATONES

Clarín.com

El veneno de serpientes, contra los tumores

El veneno de serpientes vuelve a asociarse con el cáncer. Una información divulgada por la agencia EFE asegura que un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSISC), de #Valencia, España, descubrió que dos proteínas, la obtustatina y la jerdostatina, procedentes del veneno de serpientes, resultan eficaces contra el crecimiento de algunas #células cancerígenas.

Las conclusiones del trabajo de investigación aparecieron publicadas ayer en The Journal of Bio logical Chemistry. Hasta el momento, la eficacia de esas sustancias sólo fue probada en ratones que padecían tumores de Lewis, pero los autores son optimistas sobre futuras aplicaciones: «Esto abre un abanico de posibilidades para la producción de fármacos de mayor potencial a partir de moléculas químicas sintetizadas en laboratorio y que reproduzcan los mecanismos de acción de las proteínas identificadas», sostuvo Juan Carlos Calvete, líder del equipo del Instituto de Biomedicina de Valencia | molécula

El grupo trabaja desde hace más de 10 años investigando la evolución y las características funcionales de proteínas provenientes del veneno de víboras. Según los estudios, esas proteínas son capaces de bloquear en forma selectiva la función de receptores de la superficie celular de la familia denominada «integrinas». Calvete explica las claves de ese mecanismo: esos receptores cumplen papeles esenciales en varios procesos fisiológicos pero también en determinadas patologías. Algunas de ellas son la isquemia coronaria, la osteoporosis, las infecciones bacterianas, la #artritis reumatoidea, las enfermedades autoinmunes, la inflamación y la angiogénesis, es decir la creación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan a las células cancerígenas|gota, enfermedad – artritis por microcristales

En los ensayos realizados con ratones, la aplicación de esa proteína logró reducir el tamaño tumoral en un 50%. Básicamente funciona bloqueando las vías de suministro de nutrientes para las células cancerosas. Así puede impedir el crecimiento del tumor.

La efectividad de la obtustatina animó a los investigadores a buscar otras moléculas similares en otros venenos. Fue a través de esa búsqueda que consiguieron que la bacteria Escherichia coli sintetizara otro análogo, la jerdostatina.

La comprobación de los españoles se pudo cristalizar con el apoyo de la Temple University, de Philadelphia, en los Estados Unidos. Cezary Marcinkiewicz, investigador de esa casa de estudios, fue fundamental para descubrir la proteína obtustatina en el veneno de la serpiente Vipera lebetina.

Ahora se espera que estas conclusiones ayuden a diseñar fármacos que sean eficaces para combatir tumores a través de la estrategia de bloquear sus vías de nutrientes. Calvete calificó a esta posibilidad como «fascinante» porque permitiría transformar #toxinas letales en drogas que ayuden a salvar vidas.

CIENTIFICOS ESPAÑOLES Y ESTADOUNIDENSES LO INVESTIGARON EN RATONES

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El veneno de serpientes, contra los tumores

El veneno de serpientes vuelve a asociarse con el cáncer. Una información divulgada por la agencia EFE asegura que un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSISC), de Valencia, España, descubrió que dos proteínas, la obtustatina y la jerdostatina, procedentes del veneno de serpientes, resultan eficaces contra el crecimiento de algunas células cancerígenas.

Las conclusiones del trabajo de investigación aparecieron publicadas ayer en The Journal of Bio logical Chemistry. Hasta el momento, la eficacia de esas sustancias sólo fue probada en ratones que padecían tumores de Lewis, pero los autores son optimistas sobre futuras aplicaciones: "Esto abre un abanico de posibilidades para la producción de fármacos de mayor potencial a partir de moléculas químicas sintetizadas en laboratorio y que reproduzcan los mecanismos de acción de las proteínas identificadas", sostuvo Juan Carlos Calvete, líder del equipo del Instituto de Biomedicina de Valencia.

El grupo trabaja desde hace más de 10 años investigando la evolución y las características funcionales de proteínas provenientes del veneno de víboras. Según los estudios, esas proteínas son capaces de bloquear en forma selectiva la función de receptores de la superficie celular de la familia denominada "integrinas". Calvete explica las claves de ese mecanismo: esos receptores cumplen papeles esenciales en varios procesos fisiológicos pero también en determinadas patologías. Algunas de ellas son la isquemia coronaria, la osteoporosis, las infecciones bacterianas, la artritis reumatoidea, las enfermedades autoinmunes, la inflamación y la angiogénesis, es decir la creación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan a las células cancerígenas.

En los ensayos realizados con ratones, la aplicación de esa proteína logró reducir el tamaño tumoral en un 50%. Básicamente funciona bloqueando las vías de suministro de nutrientes para las células cancerosas. Así puede impedir el crecimiento del tumor.

La efectividad de la obtustatina animó a los investigadores a buscar otras moléculas similares en otros venenos. Fue a través de esa búsqueda que consiguieron que la bacteria Escherichia coli sintetizara otro análogo, la jerdostatina.

La comprobación de los españoles se pudo cristalizar con el apoyo de la Temple University, de Philadelphia, en los Estados Unidos. Cezary Marcinkiewicz, investigador de esa casa de estudios, fue fundamental para descubrir la proteína obtustatina en el veneno de la serpiente Vipera lebetina.

Ahora se espera que estas conclusiones ayuden a diseñar fármacos que sean eficaces para combatir tumores a través de la estrategia de bloquear sus vías de nutrientes. Calvete calificó a esta posibilidad como "fascinante" porque permitiría transformar toxinas letales en drogas que ayuden a salvar vidas.

Producto del capitalismo en el que vivimos | SINDROME DE FATIGA CRONICA

Clarín.com

SINDROME DE FATIGA CRONICA

Legítima fiaca. Un nuevo estudio suma elementos físicos a las causas de la enfermedad y sugiere que podría ser también una dolencia neurológica . Cuando el cansancio se cura durmiendo en camilla.

Por Mariana Nisebe. De la Redacción de Clarín|conexiones@claringlobal.com.ar|Margarita tiene 32 años y durante casi cinco visitó a más doctores que amigos. El motivo: nadie encontraba realmente el porqué de su extremo cansancio. “A lteración de la memoria o la concentración, #dolor de garganta, cefaleas, dolores musculares o articulares y alteraciones de sueño”, describe ella. La respuesta llegó de la mano de un médico clínico que le recomendaron: sufría de E ncefalomielitis Miálgica (ENMI), más conocido como Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), un mal que no sólo afecta al sistema nervioso central sino que trastorna la vida social y el entorno de quien la padece. De acuerdo a un nuevo estudio de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos, publicado en la última edición de BMC Neurology, el Síndrome de Fatiga Crónica podría ser una dolencia neurológica genuina. La clave es: a partir de ahora se suman nuevos elementos físicos concretos a lo que, se suponía, era una dolencia atribuida a factores psicológicos o virus.

Además de las limitaciones que la enfermedad le impuso, Margarita se enfrentó durante mucho tiempo a la incomprensión de su familia: “No creían en mi enfermedad”, dice. A la incomprensión se le suma el desconocimiento que existe de la enfermedad tanto a nivel social como médico. La búsqueda de sus posibles causas, el parecido que el trastorno tiene con otras patologías y el hecho de que se identificara hace relativamente poco son algunos de los motivos por lo que el diagnóstico es complicado. Según la Asociación Argentina de Síndrome de Fatiga Crónica / Encefalomielitis Miálgica, es una condición clínica muy seria que afecta al sistema nervioso central y su conexión con los sistemas inmune y neuroendocrino . Produce variados niveles de discapacidad, deterioro reversible de las funciones cognitivas, dolores musculares o articulares y limitaciones físicas e intelectuales. Afecta tanto a adultos como a niños y adolescentes, tiene una manifestación clínica heterogénea y a pesar que no se cuenta aun con un marcador biológico especifico, es clínicamente reconocible.

En la investigación de la Universidad de Georgetown participaron 50 personas que sufrían de al menos dos trastornos asociados al SFC, incluyendo la #Fibromialgia (dolor en las articulaciones, los músculos – músculo, los tendones – tendón y otros tejidos blandos) y el curioso Síndrome de la Guerra del Golfo. Mediante el examen del fluido de la médula espinal en pacientes con el síndrome y en individuos sanos, los investigadores descubrieron que los pacientes con SFC tenían 16 proteínas que no poseían los individuos sanos. Esta diferencia química podría servir como una “firma biológica” de la enfermedad y algún día ser utilizada para su diagnóstico.

Las hipótesis lanzadas sobre el origen de la enfermedad han ido variando en los últimos años, según recoge el Journal of the American Medical Association. Están quienes apuntan que se trata de una variante de la infección por el virus de la mononucleosis y los que se la atribuyen a la depresión u otros trastornos psiquiátricos. También están los estudios que hallan a cierta susceptibilidad genética como responsable mientras otros que abren la posibilidad de una somatización. “Dada la controversia sobre si el SFC y sus síndromes aliados son dolencias médicas legítimas, nuestro modelo ofrece evidencia objetiva que la posiciona como una enfermedad neurológica distintiva”, declararon los autores del estudio.

Dado que no se conocen aun tratamientos específicos para el SFC, se ofrecen opciones terapéuticas sintomáticas o de soporte: desde los tratamientos alopáticos tradicionales hasta los alternativos y/o complementarios. Una encuesta nacional reciente de la Asociación Argentina de Síndrome de Fatiga Crónica reveló que más del 70% de los que sufren de este síndrome tardan de 2 a 5 años en ser diagnosticados, justo cuando el tiempo transcurrido es un punto esencialmente importante para la recuperación de esta enfermedad. Las personas con ENMI/SFC, explican desde la Asociación, “deben identificar y aceptar las limitaciones propias de esta enfermedad. Los síntomas tienden a agravarse por estrés físico o emocional y a mejorar con reposo y descanso”.

Producto del capitalismo en el que vivimos

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SINDROME DE FATIGA CRONICA

Legítima fiaca

Un nuevo estudio suma elementos físicos a las causas de la enfermedad y sugiere que podría ser también una dolencia neurológica . Cuando el cansancio se cura durmiendo en camilla.


Por Mariana Nisebe. De la Redacción de Clarín.com.

conexiones@claringlobal.com.ar

Margarita tiene 32 años y durante casi cinco visitó a más doctores que amigos. El motivo: nadie encontraba realmente el porqué de su extremo cansancio. “A lteración de la memoria o la concentración, dolor de garganta, cefaleas, dolores musculares o articulares y alteraciones de sueño”, describe ella. La respuesta llegó de la mano de un médico clínico que le recomendaron: sufría de E ncefalomielitis Miálgica (ENMI), más conocido como Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), un mal que no sólo afecta al sistema nervioso central sino que trastorna la vida social y el entorno de quien la padece. De acuerdo a un nuevo estudio de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos, publicado en la última edición de BMC Neurology, el Síndrome de Fatiga Crónica podría ser una dolencia neurológica genuina. La clave es: a partir de ahora se suman nuevos elementos físicos concretos a lo que, se suponía, era una dolencia atribuida a factores psicológicos o virus.

Además de las limitaciones que la enfermedad le impuso, Margarita se enfrentó durante mucho tiempo a la incomprensión de su familia: “No creían en mi enfermedad”, dice. A la incomprensión se le suma el desconocimiento que existe de la enfermedad tanto a nivel social como médico. La búsqueda de sus posibles causas, el parecido que el trastorno tiene con otras patologías y el hecho de que se identificara hace relativamente poco son algunos de los motivos por lo que el diagnóstico es complicado. Según la Asociación Argentina de Síndrome de Fatiga Crónica / Encefalomielitis Miálgica, es una condición clínica muy seria que afecta al sistema nervioso central y su conexión con los sistemas inmune y neuroendocrino . Produce variados niveles de discapacidad, deterioro reversible de las funciones cognitivas, dolores musculares o articulares y limitaciones físicas e intelectuales. Afecta tanto a adultos como a niños y adolescentes, tiene una manifestación clínica heterogénea y a pesar que no se cuenta aun con un marcador biológico especifico, es clínicamente reconocible.

En la investigación de la Universidad de Georgetown participaron 50 personas que sufrían de al menos dos trastornos asociados al SFC, incluyendo la Fibromialgia (dolor en las articulaciones, los músculos, los tendones y otros tejidos blandos) y el curioso Síndrome de la Guerra del Golfo. Mediante el examen del fluido de la médula espinal en pacientes con el síndrome y en individuos sanos, los investigadores descubrieron que los pacientes con SFC tenían 16 proteínas que no poseían los individuos sanos. Esta diferencia química podría servir como una “firma biológica” de la enfermedad y algún día ser utilizada para su diagnóstico.

Las hipótesis lanzadas sobre el origen de la enfermedad han ido variando en los últimos años, según recoge el Journal of the American Medical Association. Están quienes apuntan que se trata de una variante de la infección por el virus de la mononucleosis y los que se la atribuyen a la depresión u otros trastornos psiquiátricos. También están los estudios que hallan a cierta susceptibilidad genética como responsable mientras otros que abren la posibilidad de una somatización. “Dada la controversia sobre si el SFC y sus síndromes aliados son dolencias médicas legítimas, nuestro modelo ofrece evidencia objetiva que la posiciona como una enfermedad neurológica distintiva”, declararon los autores del estudio.

Dado que no se conocen aun tratamientos específicos para el SFC, se ofrecen opciones terapéuticas sintomáticas o de soporte: desde los tratamientos alopáticos tradicionales hasta los alternativos y/o complementarios. Una encuesta nacional reciente de la Asociación Argentina de Síndrome de Fatiga Crónica reveló que más del 70% de los que sufren de este síndrome tardan de 2 a 5 años en ser diagnosticados, justo cuando el tiempo transcurrido es un punto esencialmente importante para la recuperación de esta enfermedad. Las personas con ENMI/SFC, explican desde la Asociación, “deben identificar y aceptar las limitaciones propias de esta enfermedad. Los síntomas tienden a agravarse por estrés físico o emocional y a mejorar con reposo y descanso”.

Salud

Clarín.com
EN SANTA FE

Realizan un operativo de transplante múltiple de órganos

La donante es una mujer de 46 años que sufrió un accidente cerebro vascular.


Un operativo de ablación y trasplante múltiple de órganos fue realizado hoy en la ciudad de Santa Fe, a partir de la muerte de una mujer de 46 años que tuvo un accidente cerebro-vascular, informó el Ministerio de Salud provincial.

El operativo, efectuado por profesionales del Centro Unico de Ablación e Implante de Organos (Cudaio), se llevó a cabo en el hospital José María Cullen y permitió la ablación de los riñones, las córneas, los pulmones, el hígado y el corazón.

Los riñones fueron derivados al Laboratorio de Histocompatibilidad del Cudaio para su análisis, en tanto las córneas fueron enviadas al banco del Hospital Santa Lucía de Buenos Aires.

El hígado fue recibido por un equipo del Centro Regional de Ablación e Implante de Buenos Aires y uno de los pulmones y el corazón se derivó a la Clínica Burgos de Mendoza, en tanto el otro pulmón fue llevado al Hospital Italiano de Buenos Aires.

(Fuente: Télam)

12% más de consumo de antidepresivos. Un índice para tener en cuenta y medir uno de los resultados del capitalismo en el que vivimos

En la Argentina, en un año creció 12% el consumo de antidepresivos

Su uso «indiscriminado» alarma a los médicos

Por Víctor Ingrassia para LA NACION. El ritmo frenético que nos imprimen nuestras múltiples ocupaciones y la necesidad de enfrentar presiones de todo tipo no es, según los especialistas, el más saludable. «Vivimos en estado permanente de alerta, con mucho estrés laboral y cansancio generalizado. Estamos siempre contra reloj, incluso las amas de casa», dijo María del Carmen Vieyra, licenciada en psicología del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas (Iccap).

Y agregó: «Tener un nivel normal de ansiedad nos permite movilizarnos, estudiar para aprender o trabajar para cubrir las necesidades de todos los días. Pero las sobrecargas de horario y de actividades conducen a una persona al desequilibrio tanto físico como mental. Es como tener un auto encendido en punto muerto y acelerándose. Consume mucho, pero no avanza nada».

Así, los trastornos de ansiedad son tratados como un conjunto de enfermedades que afectan las conductas, los pensamientos y las sensaciones físicas de una persona, que se tornan tan intensos y persistentes, que interfieren drásticamente en su calidad de vida.

La sintomatología ansiosa consiste en palpitaciones, mareos, sudoración, cefaleas, contracturas musculares, dolor de estómago y sensaciones de ahogo, entre otras afecciones.

La doctora Elena Levin, médica psiquiatra de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó cómo actúan los psicofármacos más utilizados. «Los ansiolíticos disminuyen la ansiedad y la angustia. Los hipnóticos o #sedantes combaten el #insomnio. Los antipsicóticos o neurolépticos modifican los trastornos de conducta y suprimen los delirios. Y los antidepresivos modifican el estado de ánimo y revierten la depresión y la tristeza».

«Los ansiolíticos son medicaciones útiles y necesarias en un marco de tratamiento médico y por un tiempo determinado. Pero existen otras soluciones contra los estados de trastornos de ansiedad, como el yoga, el reiki y demás técnicas de relajación, que favorecen el aumento natural de la benzodiazepina que todos los seres humanos fabricamos», afirmó Levin.

Otro de los especialistas consultados por LA NACION fue el doctor Carlos Damín, jefe de la primera cátedra de Toxicología de la Facultad de Medicina de la UBA, que destacó que existe un altísimo consumo de psicofármacos en la Argentina y, por ende, mucha automedicación.

«Hay pacientes que durante años toman ansiolíticos, cuando el límite aconsejado dentro de un tratamiento médico es de tres meses. Esto genera un paciente con acostumbramiento grave que generalmente lo lleva a triplicar en tres años la dosis que tomaba. Su organismo desarrolla un síndrome de tolerancia que lo obliga a incrementar la dosis de la droga o a cambiar a un medicamento más potente», explicó Damín.

Esto produce también otros problemas. «Muchas personas que toman ansiolíticos necesitan luego ingerir un antidepresivo. A veces se recetan en forma conjunta», indicó Carlos Gurisatti, farmacéutico y director del Departamento de Salud y Sociedad de la COFA.

Depresión enmascarada

El crecimiento del consumo de los antidepresivos tiene dos razones claras para el doctor Franco. Por un lado, gran parte de las depresiones son ansiosas. La ansiedad enmascara la depresión y muchas veces se tarda en detectarla y hacer un buen diagnóstico. Por otro lado, los nuevos antidepresivos llamados IRSS (inhibidores de recaptación selectivos de serotonina) tienen menos efectos secundarios que los anteriores, llamados tricíclicos. Esto lleva a tener menos recaudos cuando se los receta.

Franco advierte que es necesario que el psicofármaco esté incluido en un proyecto terapéutico integral, dado que la automedicación sin un control médico lleva al paciente a la desesperanza y al pesimismo, en los casos más leves, y al suicidio, en los más graves.

Un informe de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), que abarca los 24 colegios farmacéuticos provinciales y más de 10.000 farmacias en todo el país, revela que en el último año (entre agosto de 2004 y el mismo mes de 2005) el consumo de antidepresivos aumentó el 12 por ciento.

El dato no es menor si se tiene en cuenta que los médicos están alarmados por el consumo “indiscriminado” que se hace en el país de psicofármacos que afectan el sistema nervioso, en particular, ansiolíticos, tranquilizantes y antidepresivos|nervios

Especialistas consultados por LA NACION advirtieron sobre los serios riesgos que corre la salud de aquellos que toman este tipo de fármacos sin un tratamiento médico y psicoterapéutico adecuado.

La ansiedad es un problema frecuente en la Argentina. Tanto es así que la #Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que en 2004 casi seis millones de argentinos padecieron trastornos de ansiedad, de los cuales sólo 40.000 están con tratamiento.

Las causas de esta enfermedad son diversas e incluyen desde problemas biológicos hasta trastornos psicológicos y simplemente dificultades de la vida diaria. Pero el adecuado tratamiento terapéutico y farmacológico (prescripto para determinados casos) al que el paciente debe someterse, es habitualmente desvirtuado cuando se lo diagnostica mal o directamente cuando se automedica.

«El uso de ansiolíticos se ha generalizado muchísimo. De uso pasó a ser abuso, debido a la alta automedicación que constatamos todos los días en el consultorio», dijo el doctor Juan Manuel Bulacio, psiquiatra y director del Departamento de Ansiedad y Estrés del Hospital Francés.

Según Bulacio, la creencia popular de que los ansiolíticos y tranquilizantes son inocuos y perfectamente controlables es errónea. Tomar continuamente estos fármacos pertenecientes a la familia de las benzodiazepinas genera dependencia, adicción y tolerancia (disminución de los efectos), y lleva al paciente a un estado peor que aquel en que se encontraba antes de tomarlos.

#Adicción, adicciones, abuso de sustanciasLO QUE PASA en el País

Una investigación realizada en el Hospital de Clínicas en 2004 reveló que el 42% de los 900 pacientes que iban por primera vez a los consultorios de Clínica Médica y de Salud Mental se automedicaba. Esto evidenció un crecimiento alto respecto del mismo estudio que en 2002 determinó que esa proporción era del 32 por ciento.

Y hay más: el 87% de los psicofármacos que consumían los sujetos que intervinieron en esa encuesta eran ansiolíticos.

«La necesidad de alivio sintomático apelando a los ansiolíticos es una conducta que tiende a convertirse en abuso. El alivio casi inmediato que produce en los síntomas psicológicos o somáticos de ansiedad le otorga un alto poder adictivo», dijo el doctor Jorge Franco, jefe de consultorios externos de Salud Mental del Hospital de Clínicas y coautor de este estudio.

Para evitar ese riesgo, según agregó Franco, es indispensable constituir una relación médico-paciente estable, en la que se deposite la confianza suficiente como para efectuar un plan terapéutico responsable.

Poder adictivo

El 42 por ciento

  • De los 900 pacientes que por primera vez acudieron al Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas en 2004 recurría a la automedicación. En 2002, esa proporción era del 32 por ciento.

6 millones

  • Son los argentinos que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), padecieron trastornos de ansiedad durante 2004. Actualmente, sólo 40.000 se encuentran bajo tratamiento.

El 87 por ciento

  • De los psicofármacos que consumen las personas que se automedican corresponde al grupo de los ansiolíticos, que se utilizan para disminuir la ansiedad y también la angustia.

Un índice para tener en cuenta y medir uno de los resultados del capitalismo salvaje en el que vivimos

En la Argentina, en un año creció 12% el consumo de antidepresivos

Su uso «indiscriminado» alarma a los médicos

Por Víctor Ingrassia para LA NACION. El ritmo frenético que nos imprimen nuestras múltiples ocupaciones y la necesidad de enfrentar presiones de todo tipo no es, según los especialistas, el más saludable. «Vivimos en estado permanente de alerta, con mucho estrés laboral y cansancio generalizado. Estamos siempre contra reloj, incluso las amas de casa», dijo María del Carmen Vieyra, licenciada en psicología del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas (Iccap).

Y agregó: «Tener un nivel normal de ansiedad nos permite movilizarnos, estudiar para aprender o trabajar para cubrir las necesidades de todos los días. Pero las sobrecargas de horario y de actividades conducen a una persona al desequilibrio tanto físico como mental. Es como tener un auto encendido en punto muerto y acelerándose. Consume mucho, pero no avanza nada».

Así, los trastornos de ansiedad son tratados como un conjunto de enfermedades que afectan las conductas, los pensamientos y las sensaciones físicas de una persona, que se tornan tan intensos y persistentes, que interfieren drásticamente en su calidad de vida.

La sintomatología ansiosa consiste en palpitaciones, mareos, sudoración, cefaleas, contracturas musculares, dolor de estómago y sensaciones de ahogo, entre otras afecciones.

La doctora Elena Levin, médica psiquiatra de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó cómo actúan los psicofármacos más utilizados. «Los ansiolíticos disminuyen la ansiedad y la angustia. Los hipnóticos o sedantes combaten el insomnio. Los antipsicóticos o neurolépticos modifican los trastornos de conducta y suprimen los delirios. Y los antidepresivos modifican el estado de ánimo y revierten la depresión y la tristeza».

«Los ansiolíticos son medicaciones útiles y necesarias en un marco de tratamiento médico y por un tiempo determinado. Pero existen otras soluciones contra los estados de trastornos de ansiedad, como el yoga, el reiki y demás técnicas de relajación, que favorecen el aumento natural de la benzodiazepina que todos los seres humanos fabricamos», afirmó Levin.

Otro de los especialistas consultados por LA NACION fue el doctor Carlos Damín, jefe de la primera cátedra de Toxicología de la Facultad de Medicina de la UBA, que destacó que existe un altísimo consumo de psicofármacos en la Argentina y, por ende, mucha automedicación.

«Hay pacientes que durante años toman ansiolíticos, cuando el límite aconsejado dentro de un tratamiento médico es de tres meses. Esto genera un paciente con acostumbramiento grave que generalmente lo lleva a triplicar en tres años la dosis que tomaba. Su organismo desarrolla un síndrome de tolerancia que lo obliga a incrementar la dosis de la droga o a cambiar a un medicamento más potente», explicó Damín.

Esto produce también otros problemas. «Muchas personas que toman ansiolíticos necesitan luego ingerir un antidepresivo. A veces se recetan en forma conjunta», indicó Carlos Gurisatti, farmacéutico y director del Departamento de Salud y Sociedad de la COFA.

 

Depresión enmascarada

El crecimiento del consumo de los antidepresivos tiene dos razones claras para el doctor Franco. Por un lado, gran parte de las depresiones son ansiosas. La ansiedad enmascara la depresión y muchas veces se tarda en detectarla y hacer un buen diagnóstico. Por otro lado, los nuevos antidepresivos llamados IRSS (inhibidores de recaptación selectivos de serotonina) tienen menos efectos secundarios que los anteriores, llamados tricíclicos. Esto lleva a tener menos recaudos cuando se los receta.

Franco advierte que es necesario que el psicofármaco esté incluido en un proyecto terapéutico integral, dado que la automedicación sin un control médico lleva al paciente a la desesperanza y al pesimismo, en los casos más leves, y al suicidio, en los más graves.

Un informe de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), que abarca los 24 colegios farmacéuticos provinciales y más de 10.000 farmacias en todo el país, revela que en el último año (entre agosto de 2004 y el mismo mes de 2005) el consumo de antidepresivos aumentó el 12 por ciento.

El dato no es menor si se tiene en cuenta que los médicos están alarmados por el consumo “indiscriminado” que se hace en el país de psicofármacos que afectan el sistema nervioso, en particular, ansiolíticos, tranquilizantes y antidepresivos.

Especialistas consultados por LA NACION advirtieron sobre los serios riesgos que corre la salud de aquellos que toman este tipo de fármacos sin un tratamiento médico y psicoterapéutico adecuado.

La ansiedad es un problema frecuente en la Argentina. Tanto es así que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que en 2004 casi seis millones de argentinos padecieron trastornos de ansiedad, de los cuales sólo 40.000 están con tratamiento.

Las causas de esta enfermedad son diversas e incluyen desde problemas biológicos hasta trastornos psicológicos y simplemente dificultades de la vida diaria. Pero el adecuado tratamiento terapéutico y farmacológico (prescripto para determinados casos) al que el paciente debe someterse, es habitualmente desvirtuado cuando se lo diagnostica mal o directamente cuando se automedica.

«El uso de ansiolíticos se ha generalizado muchísimo. De uso pasó a ser abuso, debido a la alta automedicación que constatamos todos los días en el consultorio», dijo el doctor Juan Manuel Bulacio, psiquiatra y director del Departamento de Ansiedad y Estrés del Hospital Francés.

Según Bulacio, la creencia popular de que los ansiolíticos y tranquilizantes son inocuos y perfectamente controlables es errónea. Tomar continuamente estos fármacos pertenecientes a la familia de las benzodiazepinas genera dependencia, adicción y tolerancia (disminución de los efectos), y lleva al paciente a un estado peor que aquel en que se encontraba antes de tomarlos.

Una investigación realizada en el Hospital de Clínicas en 2004 reveló que el 42% de los 900 pacientes que iban por primera vez a los consultorios de Clínica Médica y de Salud Mental se automedicaba. Esto evidenció un crecimiento alto respecto del mismo estudio que en 2002 determinó que esa proporción era del 32 por ciento.

Y hay más: el 87% de los psicofármacos que consumían los sujetos que intervinieron en esa encuesta eran ansiolíticos.

«La necesidad de alivio sintomático apelando a los ansiolíticos es una conducta que tiende a convertirse en abuso. El alivio casi inmediato que produce en los síntomas psicológicos o somáticos de ansiedad le otorga un alto poder adictivo», dijo el doctor Jorge Franco, jefe de consultorios externos de Salud Mental del Hospital de Clínicas y coautor de este estudio.

Para evitar ese riesgo, según agregó Franco, es indispensable constituir una relación médico-paciente estable, en la que se deposite la confianza suficiente como para efectuar un plan terapéutico responsable.

 

Poder adictivo

El 42 por ciento

  • De los 900 pacientes que por primera vez acudieron al Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas en 2004 recurría a la automedicación. En 2002, esa proporción era del 32 por ciento.

6 millones

  • Son los argentinos que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), padecieron trastornos de ansiedad durante 2004. Actualmente, sólo 40.000 se encuentran bajo tratamiento.

El 87 por ciento

  • De los psicofármacos que consumen las personas que se automedican corresponde al grupo de los ansiolíticos, que se utilizan para disminuir la ansiedad y también la angustia.

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Diario Domingo

 

Agustín Burton – Julieta Riera

El Código Penal no hace alusión a la violación de un cuerpo sin vida. El sadismo y el amor son las formas de esta perversión.
La necrofilia es una desviación sexual que tiene la condena social como el incesto, la violación o el estupro, pero en la Argentina a pesar de estar directamente asociada a casos criminales, no existe un marco legal que defina la pena específica para esta práctica.

Esta actividad, que por definición médica es la atracción y actos sexuales con cadáveres, pertenece al grupo de las conductas eróticas que no son comprendidas por la mayoría de las personas y que la psicología y psiquiatría entienden como perversiones.(…)

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