Usos y costumbres del beso

Clarín
 

Una forma de saludo con matices y diferencias que dan pistas sobre las distintas culturas del presente y del pasado.

Las costumbres, piensa El Viajero, son como el propio ombligo. Absolutamente natural para el portador, y sorprendentemente particular para el que mira. Y conocer las costumbres de cada región o cultura, que es como entrar en el ombligo de una comunidad. Como decía el filósofo escocés David Hume: "La costumbre constituye la guía fundamental de la vida humana", y entre ellas, el beso, el simple contacto de un labio con una mejilla o de dos labios, ha despertado suspicacias, enconos y sorpresas.

En las últimas décadas los argentinos varones asumieron el hábito curioso para muchos latinoamericanos, cuando no repulsivos, para otros: besarse entre hombres. Al parecer, y valga la redundancia, no parece cosa de hombres. Pero el beso entre hombres viene de antiguo.

En Bélgica, los amigos se saludan con tres sonoros besos en las mejillas. En cambio los egipcios tienen saludos más elaborados: los amigos varones suelen estrecharse las manos y besarse en una y otra mejilla. Esto puede repetirse más de una vez; y no es raro que concluyan con un beso en la frente. Pero este acercamiento entre los hombres no es igual para las mujeres: se les da la mano, pero sólo si ellas la extienden primero.

También en Nigeria los varones se saludan con sendos besos en las mejillas. Pero al sur de ese país africano, en Benin, suelen añadir un beso en la boca. En la Isla Mauricio los hombres se abrazan y se besan varias veces cuando se saludan. Y en países occidentales como Irlanda, recién en los últimos años los jóvenes de diferente sexo se saludan con un beso. En cambio, en México, no se acepta este "contacto de mejillas"; sin embargo cuando charlan lo hacen con sus cuerpos muy cerca, rozando las ropas.

Es que los besos, como reconoce El Viajero, pueden tener una connotación sexual y eso es lo que espanta a los hombres de ciertas culturas, cuidadosos de los malentendidos. Según pudo averiguar El Viajero, los primeros besos de la historia del hombre fueron dados a objetos sagrados con la finalidad de recibir su influencia mágica o sobrenatural. De ahí derivó la costumbre de besar los pies y rodillas de los reyes, jueces y santones. Los aborígenes australianos acostumbraban besar el suelo tal como lo hace el Papa cuando llega a un país. Lo hacían, dicen, con el objeto de recibir la energía de la tierra.

Sin duda, el beso que llama la atención, es el de boca a boca alejado de toda connotación sexual. Las madres antiguas, como ciertas aves, ablandaban la comida que luego entregaban en la boca a su criatura. Es decir, el boca a boca era una forma de transmisión de la vida. De allí surge, precisamente, el mito del beso del príncipe a la Bella Durmiente. Ese hálito, más que el beso, es el que revive a la muchacha.

Como ha visto El Viajero, en las islas Tinquia del Pacífico, las mujeres jamás besan a sus amantes en la boca. En un acto muy bello, pegan su nariz a la de su pareja y aspiran del mismo aire durante unos minutos. Muy parecido al ritual de los esquimales, que se frotan las respectivas narices en lugar de besarse. Para contrarrestar, los antiguos romanos consideraban un signo de distinción que los besaran en la boca; costumbre que observan los rusos contemporáneos sin necesidad de excederse en el vodka. Por el contrario, aun siendo amantes, ciertos ex presidentes no se besan en los labios con sus esposas y tampoco lo hacen los jóvenes reyes de España.

El arte, por cierto, no ha descuidado este singular detalle. El beso de Gustav Klimt o el homónimo de Rodin, tuvieron su cuarto hora de polémica. A finales del siglo XIX, la película El Beso, hizo público un acto sumamente privado. Cuarenta años más tarde, los hoy ignotos Jane Giman y Regis Tommey protagonizaron el beso más largo en la historia del cine: duró más de 3 minutos.

Sin embargo, Occidente tuvo que esperar hasta el mayo francés del 68 para liberarse de las ataduras de los besos a escondidas. Los jóvenes transformaron al beso en un símbolo de desobediencia. Y como bien recuerda El Viajero, el beso en los labios ya no fue una cuestión de amantes, sino también de buenos amigos. Llegaba el tiempo del amor libre.

En la actualidad, entre los jóvenes, el beso entre amigos del mismo sexo (masculino) está cada vez más difundido. Aunque en ciertos países, los nórdicos por ejemplo, la costumbre no ha sido asimilada.

Ya los besos no son brujos, como cantaba Libertad Lamarque; ni los ofrece la mujer araña, según la metáfora de Manuel Puig. Tampoco, claro está, es un sello mafioso y ni siquiera conlleva ya el estigma de la marca de Judas… pero, cada cual reconoce su propio ombligo, y por eso El Viajero cuando deambula por el mundo, primero mira, luego pregunta y finalmente, si cabe, explica las costumbres de su patria. Luego, sin miramientos, estrecha en un abrazo y hasta puede besar a sus seguramente perplejos anfitriones.

Un comentario en “Usos y costumbres del beso

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