Encontraron en China al «padre» del temible Tiranosaurus Rex

Clarín

CIENCIA : UN DESCUBRIMIENTO QUE ABRE NUEVAS PERSPECTIVAS

El antecesor del dinosaurio de Jurassic Park vivió hace 160 millones de años. Se lo dijo anoche a Clarín el científico chino que estudió los fósiles.

Eliana Galarza.

egalarza@clarin.com

Lo bautizaron como Guanlong wucaii, que significa «dragón coronado de las rocas de cinco colores«. Parece un nombre poético pero no hace más que describir algunas de sus características más sobresalientes. Este dinosaurio, efectivamente, tiene aires de dragón, posee una especie de corona, plumas, y su esqueleto fue encontrado en las montañas de Wucaiwan, en el noroeste de China, un lugar con tonalidades intensas que inspirarían a un artista.

«Para nosotros, lo más llamativo es su gran cresta porque es muy compleja: parece frágil y suave pero en realidad es neumática y hasta se puede inflar. Es un ornamento rugoso que se desconocía hasta ahora, un auténtico misterio», comenta desde China Katharina Schoebi, encargada de las relaciones públicas del grupo de científicos que participó en el análisis de los fósiles.

Por ése y otros motivos, así como se ve (no medía más de 3 metros desde el hocico a la punta de la cola) representa uno de los hallazgos paleontológicos más relevantes de este comienzo de 2006. «Es, además, el integrante más primitivo del grupo que incluye en su linaje al Tiranosaurus rex», señalan desde Beijing. El famoso T.rex es el mismo que al ritmo de su mandíbula batien te aportó una buena dosis de terror en el recordado filme Jurassic Park, de Steven Spielberg.

Este antecesor, el más antiguo conocido hasta el momento, vivió hace 160 millones de años, es decir, 90 millones antes de que apareciera sobre la Tierra el T.rex. Por eso afirman que se trataría de su «padre». Para los paleontólogos, el hallazgo de sus huesos fosilizados, especialmente el cráneo, representa una pieza más para ubicar en la cadena evolutiva de las especies de dinosaurios que poblaron el planeta hace más de 65 millones de años.

La historia de cómo fueron descubiertos los restos también merecería convertirse en una película. Según revela la revista Nature, que publica en su edición de hoy todos los detalles de Guanlong, primero fueron localizados por unos cazadores de fósiles, personas que se dedican afanosamente a detectar señales de piezas que podrían ser valiosas. La primera pista la tuvieron en la cuenca Junggar, en el noroeste chino. Sabían que había algo fosilizado debajo de la superficie pero no imaginaban que se trataría de dos esqueletos del «papá» de los T.rex. Con el trabajo del paleontólogo Xing Xu se logró identificar el valor de las piezas y aparecieron las primeras preguntas. Les llamó la atención una cresta, grande para su altura, una enorme saliente nasal que nadie pensaba viable en un ejemplar tan primitivo. Sin embargo estaba allí: como una caprichosa corona. Uno de los científicos encargados de su identificación, James Clark, de la Universidad de George Washington, en los Estados Unidos, comentó que esa característica fue el detalle que más les llamó atención a sus compañeros de investigación.

Según las especulaciones, esa estructura podría interpretarse como un molesto adorno sexual, algo análogo a la cola del pavo real o a las astas de un alce. Un atributo como para llamar la atención, para darse corte.

Más allá de sus rasgos físicos, lo que más entusiasma a los pa leontólogos es entender en qué lugar de la escala evolutiva encajaban los tiranosaurios. «Es el mejor ejemplo, hasta la fecha, de la condición ancestral de la que evolucionaron los T.rex y los otros tiranosaurios», confirmó el científico Thomas Holtz, de la Universidad de Maryland.

Para todos, es un eslabón importante para saber algo más sobre la época en que reinaban las bestias.

 

 
 
 
 
 
 
 
 

Voces desde el Altiplano

Revista Viva

 
La llegada de un aymará a la presidencia de Bolivia despertó interés en esta cultura nativa que conoció la gloria en el siglo IV.
 
A los aymará se los conoce como un pueblo resistente porque, desde hace más de mil años, han sabido sobrellevar con fortaleza, entre otras cargas, una vida cotidiana a 4000 mil metros de altura sobre el nivel del mar.

Los Incas aún no habían llegado al Altiplano cuando los aymará vivían en estados independientes sobre los actuales territorios de Bolivia, Perú y Chile. Y hoy, que Bolivia acaba de ungir presidente a un nativo aymará – Evo Morales, quien nombró como canciller al aymará David Choquehuanca, un políglota economista vinculado a organizaciones no gubernamentales de Europa- , la tradición y la cultura aymará despiertan interés como nunca antes.

Este pueblo originario conoció su tiempo de gloria en el siglo IV, en los alrededores del Lago Titicaca, donde floreció Tiwanaku, actual centro arquelógico donde viven 6000 mil personas. Los aymará consideran a Tiwanaku, desde siempre, el centro del mundo.

Slow Food

CLARÍN

UNA TENDENCIA A NIVEL MUNDIAL : EN CONTRA DE LA ENFERMEDAD DEL TIEMPO

Crece el movimiento de los que eligen "vivir lento" para estar mejor

Los seguidores se basan en el "slow food", que preconiza la vuelta a los sabores y comidas tradicionales. Pero la filosofía se extendió a otros aspectos de la vida, como el sexo y el trabajo, y ya llegó a la Argentina.

Un fantasma recorre el mundo: es la revolución del caracol. Un movimiento lento, claro está, que apareció en 1986 en Roma para oponerse a la instalación de un Mc’Donalds en medio de Plaza Di Spagna. El impulso contra el fast food se transformó en el movimiento mundial del "slow food"«. Una propuesta de una nueva/vieja forma de vivir: recuperar el derecho al placer por la buena comida. Pero a ritmo de tortuga, la tendencia se extendió a otros aspectos de la vida y ya se habla del slow sex, de ciudades slow y del slow laboral. En síntesis, de vivir en cámara lenta.

Entre los cultores del fenómeno se encuentran gerentes que dicen que el mail se debe revisar sólo dos veces por día; empresas de telefonía celular que recomienda apagar el aparato porque en esos momentos pasan las buenas cosas y hasta un periodista estresado y británico que acaba de escribir "Elogio a la lentitud", un libro ya publicado aquí. Y en esta lenta vorágine aparecieron hasta pueblos, como Mar de las Pampas, que quieren ser declarados slow para que lo único que corra en sus calles sea el viento.

¿Pero qué une a este grupo tan variopinto que suma a 100.000 miembros en todo el mundo y a muchos menos en Buenos Aires pero tan convencidos como aquellos? Un objetivo: provocar una transformación que promueva un cambio social, económico y ambiental que permita mejorar la calidad de vida. Basta de chicos estresados con celulares; de japoneses que sufren karoshi o muerte por exceso de trabajo; de cuentos infantiles para leer en dos minutos o de revista que dan recetas para llegar al orgasmo en treinta segundos.

El movimiento slow tiene una piedra fundacional el "Slow Food", un organismo no gubernamental cuyo símbolo es un caracol, y que es una red que tiene sus representantes argentinos. Fue creado por un periodista italiano que un día se hizo esta pregunta: "¿Te acordás cuando la comida tenía gusto a comida?"

La pregunta movilizó a varios argentinos. Ellos se reunieron durante dos días en Buenos Aires en diciembre pasado. Querían celebrar la buena mesa y mostrar qué era lo que salía de sus cocinas y de sus producciones. Así funciona parte de esta red internacional. El encuentro fue un salón de la antigua residencia de Juárez Celman. Ahí, entre delicias a fuego lento, Santiago Abarca explicaba que es "una ONG sin fines de lucro. Es un movimiento que tiene su base en la alimentación. La comida es el motor porque es pura cultura e implica compartir y recuperar las tradiciones".

Actualmente, la ONG se abre paso con un motor esencial: la educación. En Argentina funciona una escuela de sabores para educar el gusto por la que pasaron mil personas y en Italia hay más de 1.200 escuelas y una universidad de principios slow.

En las aulas lentas y con platos para saborear se ofrecen degustaciones para experimentar alimentos o se organizan catas dirigidas a expertos en alimentación. El objetivo es saborear.

La otra pata slow en Argentina es el apoyo a los pequeños productores. "No estamos en contra de la industria alimenticia —aclaró Abarca—. Pero tampoco queremos que desaparezcan los que se dedican a preparar alimentos en pequeñas cantidades y con materia prima y recetas tradicionales.", señaló.

Cuentas a la mesa. Según Slow Food hoy son menos de 30 plantas las que proporcionan la materia prima para el 95% de la nutrición mundial. En el siglo pasado se extinguieron 250.000 especies de plantas. Y desde el principio del siglo XX, América perdió el 93% de sus productos agrícolas y Europa, casi el 85 por ciento.

Pero el movimiento no se limita y ya pasó de la mesa a las calles. Hay muchas ciudades en el mundo que se definen slow. Este urbanismo aconseja que el centro sea peatonal, que los negocios cierren jueves y domingos.

Ahora, tómese un minuto y apriete el botón de "Pause", según explican los cultores del slow para esta época hay un diagnóstico: "la enfermedad del tiempo". Un término que, en 1982, acuñó Larry Dossey, un médico de EE.UU., y cuyo principal síntoma es creer hasta la obsesión que el tiempo se aleja, que no alcanza y de que hay que pedalear cada más rápido.

Para combatirlo surgió la filosofía de la lentitud, que aseguran es, en realidad, sinónimo de equilibrio. Sus cultores no comen vidrios cuando dicen que hay que andar por la vía lenta y usan la tecnología para cuando se deben apurar. Para disfrutar, comer, compartir y estar con la familia. En fin, dicen: "para vivir y bien".


Un grupo de choque

En el movimiento slow mundial hay un grupo de acción que si no fueran pacifistas hasta podrían ser llamados grupo de choque. Son los miembros de la "Sociedad para la Desaceleración del Tiempo", que aseguran agrupa a unos mil "desaceleradores" en todo Europa. Su campo de acción son las ciudades más habitadas del Viejo Continente. Su misión es cronometrar el paso de los transeúntes. Así de simple. El paso que enciende la luz roja es cuando se recorren cincuenta metros en menos de 37 segundos. Cuando alguien rompe esa marca, es detenido por el grupo y lo condenan a pasearse con un muñeco que tiene forma de tortuga. La mayoría, dicen, agradecen el llamado de atención.

   Diógenes y Alejandro
Silvina Heguy

sheguy@clarin.com
Cuentan que Diógenes, filósofo que ganó su fama más por cínico que por perezoso, tuvo un encuentro con Alejandro Magno. La anécdota huele a mentira, pero anduvo tanto tiempo por el mundo que merece ser contada. Dicen que el conquistador quedó admirado de la figura del filósofo que andaba con un farol durante el día porque decía querer encontrar a un hombre, ya que pocos podían reunir esa condición. También cuentan que hubo un diálogo entre ambos y que Magno confesó que de volver a nacer hubiera querido ser Diógenes. Este le preguntó que se le oponía para serlo ahora. "La conquista de la India", dijo. La contestación fue una ironía: "No veo la necesidad de hacerlo. Si al final quieres descansar y relajarte ¿Por qué no lo haces ahora?"

Los mayas escribían hace 2.300 años

Clarín

CULTURA : EN GUATEMALA

Los mayas practicaban la escritura casi al mismo tiempo que otras civilizaciones como la egipcia", afirmó el antropólogo Boris Beltrán, quién descubrió recientemente jeroglíficos mayas en Guatemala, con una antigüedad de 2.300 años.

Pintados en el interior de uno de los cinco edificios del complejo San Bartolo —al norte del país, en una de las regiones en las que los mayas edificaron las ciudades más impresionantes— los jeroglíficos "muestran un retrato detallado de la mitología maya de la creación" explicó Beltrán.

Según informó EFE, el antropólogo guatemalteco, que trabajó junto con un equipo de estadounidenses, aseguró que las pruebas de carbono 14 determinaron que los murales pertenecen a un período definido entre el año 100 y el 390 antes de Cristo, lo que determina que pueden tener más de 2.300 años.

"Este es el primer hallazgo que se haya hecho sobre escritura maya en pintura", comentó Beltrán. Sin embargo, también mencionó que sobre piedra hay un antecedente aún más antiguo, encontrado en Alta Verapaz. Se trata de una esfinge con jeroglíficos de 400 años antes de Cristo.

El edificio de San Bartolo, denominado por los investigadores "Los murales" fue reconstruido al menos cuatro veces porque los mayas tenían la tradición de volver a construir sobre edificaciones anteriores cada vez que cambiaban los gobernantes. Las escrituras más tempranas se encontraron en las pinturas de la tercera etapa de construcción.

Aunque hasta el momento, los arqueólogos no lograron descifrar los jeroglíficos, suponen por la naturaleza del edificio que pueden tratarse de textos relacionados con el poder.

Según un mapa, los chinos llegaron a América mucho antes que Colón

Clarín
CONTIENE DATOS DE 1418 Y FIGURAN EN DETALLE TODOS LOS CONTINENTES. PERO LOS EXPERTOS DUDAN.

El mapa da crédito a los viajes de un marino chino. Pero incluye muchos anacronismos.

Joseph Kahn. The New York Times

Un prominente abogado y coleccionista chino descubrió un mapa antiguo que, según dice, podría derribar una de las doctrinas centrales de la civilización occidental: que los europeos fueron los primeros en navegar por el mundo y descubrir América.

El mapa chino, que se confeccionó en 1763, pero tiene una anotación que dice que es una reproducción de un mapa fechado en 1418, presenta al mundo como un globo, donde todos los continentes principales están presentados con una exactitud que los mapas europeos no tuvieron durante por lo menos otro siglo, después de Colón, Da Gama, Magallanes, Díaz y otros exploradores.

Sin embargo, el mapa no contó con una recepción cálida de parte de algunos académicos chinos y parece poco probable que convenza a los escépticos de que los navegantes chinos fueron los primeros en dar la vuelta al mundo.

Liu Gang, socio de un conocido estudio legal de Beijing e historiador amateur, dijo el lunes que compró el mapa a 500 dólares en una librería de Shanghai en 2001 y que recién después descubrió su valor. Dijo que había consultado a académicos del campo y que había hecho una investigación por su cuenta antes de decidir mostrar su hallazgo en público.

"Lo importante no es el mapa en sí", dijo en una conferencia de prensa. "Es la posibilidad de que la información contenida en el mapa cambie la historia".

En discusión están los siete viajes de Zheng He, cuyos barcos navegaron por los océanos Pacífico e Indigo entre 1405 y 1433. Los registros históricos demuestran que exploró el sur de Asia, la India, el Golfo Pérsico y la costa este de Africa, utilizando técnicas de navegación y barcos que eran muy adelantados para su época.

Pero un pequeño grupo de académicos y lobbistas, liderados por Gavin Menzies, ex comandante de submarinos de la Marina británica, sostiene que Zheng He viajó mucho más lejos de lo que dice la mayoría de los académicos chinos y occidentales. Menzies sostiene que Zheng He visitó América en 1421, 71 años antes de que llegara Colón.

Su libro de 2003, titulado "1421: El año en que China descubrió América", revelaba una evidencia profusa pero polémica de que Zheng He navegó hasta la costa este de lo que hoy es Estados Unidos en 1421 y que puede haber dejado asentamientos en Sudamérica. Para Menzies, el mapa de Li comprueba que su teoría es correcta y ambos aunaron esfuerzos para demostrar su autenticidad.

Los logros de Zheng He fueron objeto de especulación durante años. El año pasado, el gobierno comunista chino conmemoró el 600 aniversario de los viajes más conocidos de Zheng He, pero Beijing no promovió la idea de que navegó más allá de las costas de Asia y Africa.

Gong Yingyan, un historiador de la Universidad Zhejiang y experto en mapas, sostiene que el mapa está lleno de anacronismos como para datar del siglo XV. Dijo, por caso, que los cartógrafos chinos no utilizaron el estilo de proyección que se ve en el mapa de Liu hasta después de que los europeos le introdujeran la técnica a los chinos mucho después.

Las anotaciones chinas en el mapa sobre las culturas, religiones y rasgos faciales de la gente en los continentes del mundo también contienen vocabulario que no le habría resultado familiar a un lector a principios del siglo XV, dijo. "Cuando escuché por primera vez sobre la existencia de este mapa, tenía esperanzas", dijo Gong. "Pero ahora puedo comprobar que es un mapa completamente común que no demuestra nada".

TRADUCCION Claudia Martínez

ANTROPOLOGIA | El turista: elige tu propia aventura

Revista Ñ

Por SONIA JALFIN. El turista fue, para la antropología del siglo XX, la imagen viva del embrutecimiento y la frivolización de la humanidad. Pero en los últimos años se estudia al turismo con la convicción de que investigando por qué y cómo viajamos es posible problematizar las nociones de patrimonio cultural y de mercado, y aprender mucho sobre las sociedades modernas. Aquí, un repaso de teorías y argumentos. El antropólogo Néstor García Canclini escribe, además, sobre el antagonismo entre el turismo de masas y el turismo de élite | élite

Como los banderines que indican cuán peligroso es el mar, deberían existir señales que alertaran a los turistas respecto de los antropólogos. El desprecio antropológico por los veraneantes puede ser rabioso. Tristes trópicos, uno de los textos fundadores de la etnografía contemporánea, comienza con una declaración tajante de su autor, #Claude Lévi-Strauss: «Odio los viajes y a los viajeros». Las ciencias sociales en general se acercaron al turismo con desconfianza y animosidad. Uno de los primeros en abordar el fenómeno desde la teoría, el historiador estadounidense Daniel J. Boorstin, consideraba al turismo «un mundo manufacturado, trivial e inauténtico».

Aliviados tal vez por reparadoras vacaciones, los años fueron trayendo luego interpretaciones antropológicas más benévolas respecto de los veraneantes. Cambiando las antiguas comunidades primitivas por otros espacios circunscriptos como los resorts o los cruceros, algunos antropólogos volvieron a hacerse preguntas acerca del turismo: ¿Por qué viajamos? ¿Qué dice de nosotros el hecho de que nos movamos por el mundo del modo en que lo hacemos, reuniéndonos en ciertos lugares a los que asignamos un valor especial y donde cumplimos con ciertos rituales? ¿Qué conclusiones pueden obtenerse acerca de la mirada del turista, la construcción de los espectáculos que se le ofrecen y la organización del ocio?

Detrás de la curiosidad académica se esconde una presunción de fondo: la que adjudica al turista la capacidad de representar al hombre moderno. Académicos como el británico Dean MacCannell, en los años 70, o más recientemente John Urry, Chris Rojek y el francés Yves Winkin, entre otros, suponen que el estudio de las actividades turísticas permite construir hipótesis más generales acerca del funcionamiento de la sociedad contemporánea. Los veraneantes no sólo dejaron de ser denostados, sino que aparecen como espejos de todos nosotros.

Varios elementos ayudaron a recortar al turismo como objeto de estudio. Por empezar, su expansión: según la Organización Mundial del Turismo, 763 millones de personas emprendieron viajes internacionales en 2004, un 11 por ciento más que el año anterior, según los últimos datos disponibles. En paralelo a ese desarrollo, la academia fue desestimando algunos prejuicios relacionados con el mundo de las vacaciones. Por un lado, se interesó por el estudio del tiempo libre, dejando atrás antiguas presunciones respecto de la banalidad del ocio. Por otra parte, se cuestionó la predilección por anteponer el análisis de las clases populares al de los sectores pudientes, más propensos a viajar.

Aún tímida en la Argentina, a pesar del boom que vive la actividad, la antropología del turismo ofrece hoy nuevas ideas para abordar el tiempo de vacaciones. Lo que sigue es una reseña de algunas de ellas, escritas mayormente en tierras lejanas pero, tal vez por eso mismo, atractivas y reveladoras como los viajes.

Viajar para unir el mundo

El acercamiento entre ciencias sociales y turismo se inauguró con Boorstin, quien en 1961 publicó La imagen: una guía de los pseudo-eventos en América. El planteo central del libro es que los viajeros individuales, exploradores y románticos, fueron reemplazados por turistas de masas, quienes disfrutan de espectáculos prefabricados sin salir de la burbuja del hotel o el tour organizado. Tuvieron que pasar quince años para que un sociólogo saliera en defensa de los veraneantes, y lo hizo MacCannell en su libro El turista: nueva teoría de la clase ociosa. El argumento principal de MacCannell es que, lejos de la superficialidad que se les atribuye, todos los turistas buscan tener experiencias auténticas, ya sea que lo logren o no. Todavía más, que esa búsqueda es relevante para comprender el funcionamiento de la sociedad contemporánea.

Para MacCannell, nuestros viajes representan un esfuerzo colectivo por unificar un mundo cada vez más contradictorio y fragmentado. La sociedad moderna atraviesa un proceso de diferenciación estructural por el cual las categorías que antes la ordenaban —clase social, profesión o grupo étnico— se vuelven cada vez más complejas. Ya no podemos, dice MacCannell, reconocernos en dualidades simples como la de patrones y obreros, o considerar las identidades sexuales en términos biológicos binarios. Esa explosión de diferencias, propia de la modernidad, es la que nos lleva, en esta teoría, a viajar para conocer ciertos lugares donde esperamos encontrar elementos auténticos pertenecientes a otras culturas o al pasado. «El acto de viajar nos ayuda a construir totalidades sobre la base de nuestras experiencias dispares —escribe MacCannell—; el turista puede formular su propia trayectoria y la de su sociedad como una serie ordenada de representaciones formales; como fotos en un álbum familiar».

Mochileros que se aventuran en la selva, turistas japoneses que llegan después de sus cámaras, matrimonios colorados por el sol que compran collares autóctonos en la playa, todos ellos, dice MacCannell, están guiados por la búsqueda de conocer lo auténtico del otro, para lograr una comprensión unificada del mundo. No existe aquí la distinción clásica entre el viajero (verdadero) y el turista (superficial). La dicotomía auténtico-inauténtico se revela mucho más compleja y fruto de una construcción social, como señalan los nuevos investigadores del turismo.

Auténtico, inauténtico

¿Qué es más auténtico?

A) Una tanguería for export en Buenos Aires.

B) Un tour por una favela de Río.

C) Una ceremonia religiosa en Ciudad del Cabo.

La respuesta puede ser más compleja de lo que parece. En su libro Turismo, entre el ocio y el neg-ocio, el director del Observatorio de Industrias Culturales porteño Octavio Getino relata cómo ciertas tribus africanas exageran los rasgos de sus máscaras para acercarlas al gusto europeo y tener más chances de venderlas. Lo auténtico, en los lugares turísticos, suele ser fruto de una negociación no exenta de conflicto. Mónica Lacarrieu, antropóloga e investigadora del Conicet, identifica esos mecanismos en la Argentina: «Las comunidades mapuches del sur argentino administran campos agrestes que están abiertos al turismo, para lo cual reciben subvenciones del exterior. Los problemas surgen cuando los auditores externos les exigen exotismo: no sólo deben gerenciar el lugar sino que se espera que lo hagan vestidos con sus atuendos tradicionales. Lo mismo ocurre en el noroeste argentino, donde las comunidades locales discuten cuál es el culto a la Pacha Mama que debe mostrarse a los turistas».

En ese contexto esquivo se sitúa la argumentación del antropólogo francés Yves Winkin, quien toma del teatro la idea de suspensión voluntaria de la incredulidad. Se trata del proceso por el cual los espectadores, durante un lapso determinado, aceptan como verosímil la trama del espectáculo que se les brinda. «Ese mecanismo caracteriza la experiencia turística», afirma Winkin, desde Lyon. «Cuando viajamos a Egipto, no investigamos la situación socioeconómica del país, sólo esperamos conocer a Cleopatra y Tutankamón, y casi lo logramos. Eso es lo que llamo turismo como encantamiento, un punto de partida que permite pensar fenómenos más extendidos de la sociedad contemporánea donde somos inducidos a participar de ciertos estados de ánimo. Pienso en lugares turísticos pero también en eventos de promoción, shoppings, o incluso congresos académicos».

Estas consideraciones vuelven tan compleja la búsqueda de lo auténtico que tal vez sea mejor abordarla con un chiste. Así lo entendieron tres autores australianos que publicaron, en 2004, una guía turística sobre un país que no existe: Molvania, una tierra no tocada por la odontología moderna. Con comentarios como «debido a la presión errática del agua se recomienda no usar bidet», o «las Grandes Planicies fueron declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO debido a su significativa monotonía», la guía de Molvania se parece tanto a los libros que parodia que es, en sí misma, un ejemplo perfecto de las dificultades para abrir juicio respecto de la autenticidad de los destinos turísticos.

Es frecuente que los antropólogos del turismo se refieran a un concepto clásico de la disciplina: la idea del peregrinaje religioso como rito de pasaje. Desarrollado en los años 60 por el antropólogo Victor Turner, el concepto de peregrinaje supone la transición desde la vida cotidiana hacia un mundo extraordinario donde se viven experiencias sagradas o #sobrenaturales, para finalmente volver al lugar de origen. El viaje puede ser visto como el espejo invertido de la vida cotidiana, un momento especial que, sin embargo, ayuda a establecer las reglas de los períodos normales, ordinarios.

Viajar para ver lo diferente

Esta es la formulación que toma el teórico británico John Urry en su libro La mirada del turista. Los viajeros, según su argumentación, buscan conocer lo distinto antes que lo auténtico. Urry recoge diversas modalidades a través de las cuales ciertos objetos encarnan la idea de lo diferente. Ciertos lugares son considerados únicos y especiales, como el #Palacio de Buckingham o la Torre Eiffel, incluso cuando hayan perdido el fundamento original de su fama (es el caso del Empire State, que atrae a dos millones de personas por año aunque ya no es el más alto de Nueva York). Otros objetos se hacen diferentes por ser considerados típicos, «como el chteau francés o la cerveza alemana»; por permitir asomarse a la vida doméstica de otras épocas u otras culturas, en el caso de ciertos museos; por desarrollarse en paisajes llamativos que dotan de un sentido especial a actividades comunes; o incluso porque un cartel aclaratorio les adjudica un valor diferencial, como en el caso de una piedra traída de la Luna o un cuadro de Rembrandt en un museo.

Este énfasis en lo diferente marca el rumbo futuro del turismo. Como señala Mónica Lacarrieu: «Los viajeros de la era postindustrial buscan lugares diferenciados, exóticos y localizados. Esperan escapar de la uniformidad de la globalización y apelan a novedades como el tour por una villa miseria, la participación en celebraciones religiosas indígenas o incluso el turismo rural. Ya no crece el turismo de playa, sino el turismo cultural«. Esa predilección por lo particular ha llevado a ciertos lugares des-industrializados de la Argentina a reconvertirse en función del turismo. «El caso prototípico es San Nicolás, que tomó la figura de la Virgen como atractivo para los visitantes luego del cierre de Somisa —agrega Lacarrieu—, pero existen ejemplos variados en todo el país, como la reciente institución de la fiesta de la soja en la provincia de La Pampa».

Viajar como rutina

En comparación con nuestra vida cotidiana, ¿qué resulta más contrastante?

A) La posibilidad de fotografiar un coatí en Cataratas | coatí de nariz blanca (Nasua narica) | pizote, antón o tejón americano | prociónidos

B) Hacer trekking en Bariloche.

C) Conocer diez ciudades europeas en 15 días.

Para el sociólogo inglés Chris Rojek, autor del libro Modos de escape, la respuesta es tan difícil como en el caso de la pregunta por la autenticidad. Rojek rechaza la posibilidad de entender los viajes como una búsqueda de lo diferente. «El ocio no es la antítesis de la vida cotidiana —se lee en su libro— sino su continuación dramatizada o espectacular. Lejos de ser una reacción contra las rutinas de la vida, el ocio implica a menudo la intensificación y extensión de esas rutinas».

Para Rojek, muchos aspectos de las vacaciones recuerdan a las actividades laborales: fotógrafos ocasionales son alentados a alcanzar estándares profesionales; deportistas amateurs invierten entrenamiento y esfuerzo para participar de una competencia; tours organizados exigen puntualidad y disciplina. La única diferencia real es que «la mayor parte de lo que nos sucede en nuestra vida cotidiana es ambiguo e inconcluso, mientras que las formas de ocio popular nos ofrecen, típicamente, una sensación satisfactoria y tranquilizadora de resolución». Ese es, para Rojek, el sentido de nuestros viajes: encontrar ciertas rutinas placenteras que nos resguarden de un mundo incierto y fragmentario.

Búsqueda de la autenticidad, peregrinaje hacia lo extraordinario que nos ayude a entender lo ordinario, necesidad de unificar una modernidad fragmentaria, la antropología reciente ofrece diversas interpretaciones para explicar nuestra voluntad de recorrer el mundo.

Esa maraña de argumentos puede resultar opresiva para quien, en estos días, emprende sus vacaciones anuales. A menos que se recurra a una idea alternativa, como la que desarrolló el sociólogo finlandés Tom Selanniemi en un artículo publicado en la revista Anales de la Investigación en Turismo: «Los antropólogos tienen dificultades para aceptar que los turistas puedan simplemente divertirse sin estar alienados, buscando autenticidad, estatus o un cambio en sus vidas. Sin embargo, es el placer lo que explica que los individuos le den tanta importancia al turismo». Dicho lo cual, ahora sí, felices vacaciones.

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#Australia|Primer ministro de Australia

Un dinosaurio en la Cuenca Neuquina

La Razón
 
PERTENECIA A LA FAMILIA DE LOS TITANOSAURIOS
Paleontólogos argentinos hallaron un ejemplar de 10 metros de largo y 71 millones de años. Estaba muy bien preservado.

POR PAOLA BRUNO. LOS ANDES, MENDOZA ESPECIAL 
Tal vez se cayó, se durmió o por alguna otra razón terminó tendido en el suelo. Sin signos aparentes de depredación, 71 millones de años después, encontraron sus restos articulados en la zona norte de la provincia de Neuquén. Los paleontólogos mendocinos y neuquinos que estudiaron el hallazgo descubrieron que los huesos pertenecían a un dinosaurio herbívoro de la familia de los titanosaurios o "saurios titantes", que fueron los animales terrestres más grandes de todos los tiempos.

Los restos hallados remiten a un ejemplar joven, que habría alcanzado 10 metros de largo y 12 toneladas de peso. Los investigadores encontraron la mitad posterior de un esqueleto articulado, que conservaba la posición del animal vivo, tal como murió hace millones de años.

Con estas características, el hallazgo cobra doble importancia. Por un lado permitirá ampliar el conocimiento anatómico de los titanosaurios y, por otra parte, se podrá estudiar el hábitat en que vivió y la causa de su muerte. "Lo extraordinario de esto es que los restos estaban articulados, como si el animal se hubiera caído o acostado y se hubiera quedado así. Es decir, no había signos de depradación. Encontramos restos de un pie con todos sus dedos y garras en un estado excepcional de preservación. Además, hallamos la extremidad posterior completa, la cola, las costillas y parte de la cintura pélvica", detalló Bernardo González Riga, geólogo, paleontólogo con orientación en dinosaurios y profesor de la Universidad Nacional de Cuyo.

El hallazgo se concretó en el norte de Neuquén, a 40 kilómetros de Rincón de los Sauces, y fue efectuado por un equipo de la Universidad Nacional del Comahue. La extracción y traslado de los restos estuvieron a cargo de dos equipos de trabajo, uno mendocino y otro neuquino.

No se observaron restos ni de la cabeza ni del cuello del ejemplar, porque probablemente el agua los degradó a través del paso del tiempo. "Toda la provincia de Neuquén, parte del oeste de La Pampa y sur de Mendoza constituyeron una gran depresión de la corteza terrestre, donde se depositaron sedimentos a lo largo de dos períodos: el Jurásico y el Cretácico. Esa depresión se llamó Cuenca Neuquina. Este dinosaurios se encontró allí, en una formación geológica que se llaman Allen, que registra sedimentos lacustres y fluviales; la cabeza y el cuello estaban en el fondo de la cárcava y el agua seguramente los erosionó", explicó González Riga.

Los titanosarios fueron los animales terrestres más grandes de todos los tiempos. Dominaron los ecosistemas de América del Sur durante gran parte del Cretácico y, en general, habitaron en ambientes fluviales. En este grupo se incluyen el "Mendozasaurus" (que vivió al sur de Mendoza), el "Saltasaurus" (en el norte argentino) y el "Argentinosaurus" (de la Patagonia).

HALLARON SIMBOLOS ESCRITOS 300 AÑOS ANTES DE NUESTRA ERA

Clarín
Revelan que los mayas desarrollaron la escritura antes de lo que se pensaba
 
 
Sibila Camps.
scamps@clarin.com
En las ruinas mayas de San Bartolo (Guatemala) se hallaron jeroglíficos pintados que datan de 200 a 300 a.C. Esto revela que los mayas usaban la escritura al menos dos siglos antes de lo que se creía. La información se publica hoy en la revista Science.

La cultura maya se extendió en Mesoamérica entre el 1500 a.C. y el 1200 d.C. Las ruinas de San Bartolo son muy valiosas por sus murales, de más de 2.000 años de antigüedad. Debido al calor y las lluvias en la selva, lo poco que se conserva de la pintura maya se halla dentro o por debajo de edificaciones posteriores, ya que solían construir por encima, destruyendo parte de lo anterior.

Así se han salvado los murales de San Bartolo, pintados al estuco en el siglo I a.C., a pesar de que el sitio fue dañado por los saqueadores de ruinas. Están por debajo de un templo piramidal que mide 33 x 15 metros, con escalinatas al norte y al sur.

"Sustentaba tres habitaciones, de las cuales la central son los muros que rompieron y utilizaron como relleno. En un bloque de un muro están los glifos", contó a Clarín Boris Beltrán, estudiante de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos, en Ciudad de Guatemala.

Beltrán fue quien detectó la inscripción, un conjunto de diez glifos que mide 15 x 3 centímetros. "Aún no sabemos en qué parte del muro estaban. Encontramos la jamba de la puerta, que tiene pintados la cara y el cuerpo del dios del maíz", precisó a Clarín el doctor William Saturno, de la Universidad de New Hampshire (Estados Unidos) y director del Proyecto San Bartolo.

Los glifos están pintados en gruesos trazos negros sobre yeso blanco. "Es la escritura maya más temprana hallada hasta el momento, pero no fue la primera, porque la persona que hizo esto sabía bien cómo pintar —destacó Saturno—. Si tenemos escribas ya desde 200, 300 años a.C., haciendo permanentes las historias, la escritura maya debió de comenzar al menos un siglo antes".

Hasta ahora se creía que la escritura más antigua de Mesoamérica era la de los zapotecas, en el valle de Oaxaca (México). "Tenemos escritura en piedra fechada en 300 a 400 a.C.", señaló Saturno. Fue grabada en estelas, bloques de piedra de 1,50 a 3 metros de altura, que se erigían al frente de las estructuras rituales. "Ahí se anotaban acontecimientos de los gobernantes, ascensos al trono, nacimientos y ciertas fechas importantes, como constancias de alguna conquista sobre otro reino", dijo Beltrán.

Algo de eso quizá registren los glifos de San Bartolo. "Sólo podemos leer una porción del texto, que significa noble, rey; no sabemos si es el título de una persona real o mitológica", indicó Saturno. Algunos glifos parecen claros —una mano que sostiene un buril o cuchillo, un pájaro en su nido—, "pero no se puede leer la secuencia completa porque hay glifos que no son similares a los que conocimos más adelante", explicó a Clarín el doctor Federico Fahsen, profesor adjunto de epigrafía en la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos).

Los mayas desarrollaron una escritura silábica, "que perfectamente comunica cualquier idea que uno pueda tener —observó Fahsen—. Hay expresiones glíficas para ‘murió’, y otras que dicen ‘su espíritu blanco voló en el aire’". Escribieron códices, en papel, de los que sólo cuatro se salvaron del fuego de los españoles. Una palabra pervivió desde las inscripciones y hoy es comprendida por todas las etnias: tz’ib, que significa escritura.

Estudio Científico

 
Por Patricia Reaney LONDRES (Reuters) – El hallazgo de herramientas de piedra incrustadas en la base de acantilados en el sudeste de Inglaterra indica que los primeros humanos vivieron en el norte europeo hace 700.000 años, mucho antes de lo que se pensaba hasta el momento, dijeron científicos.

Hallan restos humanos en un barco hundido en el sur en 1770

Clarín
FUE EN LA RIA DE PUERTO DESEADO, DONDE NAUFRAGO LA CORBETA INGLESA "SWIFT"

Serían de dos tripulantes que quedaron atrapados en el interior del buque.

Carlos Guajardo. CHUBUT. ESPECIAL

chubut@clarin.com.ar

Científicos del Instituto Nacional de Antropología encontraron restos óseos humanos en la corbeta inglesa Swift que se hundió frente a las costas de Puerto Deseado en 1770. El grupo viene trabajando desde hace más de diez años en el fondo del mar, donde fue hallado el barco en 1982 por jóvenes lugareños.

Además de los restos humanos se hallaron otros elementos valiosos: botellas, semillas de mostaza y pimienta y una cama y una silla cerca de donde supuestamente estaba la cabina del capitán.

Los restos óseos podrían pertenecer a uno de los dos tripulantes cuyos cuerpos nunca fueron encontrados. "De todas maneras volvimos a taparlos y a protegerlos. Los rescataremos en la próxima expedición que se hará en febrero", dijeron los científicos que realizaron el importante hallazgo a principios de mes.

La Swift era una nave de guerra inglesa con poderosa artillería. Tenía su base en las Islas Malvinas y patrullaba toda la zona para evitar la incursión de barcos españoles y franceses que por entonces se disputaban el dominio de la zona. Había sido botada a orillas del Támesis en 1763. Tenía veintiocho metros de eslora, ocho de ancho y cuatro metros de puntal

El 7 de marzo de 1770 la corbeta sale de Puerto Egmont, en las Islas Malvinas para explorar la costa patagónica. El 13 de marzo la sorprende una gran tormenta y el capitán George Famer decide refugiarse en la ría Deseado donde encalla dos veces: la segunda, pega muy fuerte contra una roca plana y se hunde.

Cuando se desató la tormenta Famer había seguido los consejos de su ayudante, William White, que conocía el lugar por haberlo visitado con otras expediciones. Pero mientras discutían sobre la mejor manera de entrar al estuario el barco chocó y se hundió.

Llevaba 91 tripulantes. La mayoría logró alcanzar la costa, pero tres quedaron atrapados en el barco: el cuerpo de uno apareció flotando tres días después; los otros dos nunca aparecieron. El resto de la tripulación fue rescatado un mes después.

A principios de diciembre de este año y en su decimocuarta expedición, los científicos encontraron restos óseos humanos: astrágalo (hueso del pie),tibia y peroné con piezas de calzado asociadas. Como la excavación para extraer los huesos es un proceso lento y delicado y el hallazgo se hizo en los últimos días de la expedición se decidió enterrarlos otra vez para protegerlos y reanudar la extracción la próxima temporada."El cadáver tendría todas sus piezas óseas , estaría casi completo. Pero como está semienterrado sellamos la zona de excavación hasta febrero", reveló a la prensa Cristian Murria integrante del grupo científico.

El equipo tiene la convicción de que en el lugar tienen que estar los restos del otro tripulante desaparecido de la Swift. En este último trabajo también se hallaron un reloj de arena, una botella de vidrio con su contenido líquido original y un cajón de madera con una amplia gama de semillas. "Esto nos va a permitir conocer las costumbres alimentarias de las tripulaciones de la época".

Hasta ahora se han recuperado 400 piezas de la corbeta. Todas están en el Museo Regional Provincia "Mario Brozoski", creado por los jóvenes que la encontraron para que allí se exhiban los restos rescatados. El museo lleva el nombre de uno de los jóvenes de Puerto Deseado que integró el equipo de búsqueda en 1982 (Ver "Una historia…").

Puerto Deseado es una localidad santacruceña de unos 15 mil habitantes al noreste de la provincia. Es el único puerto de aguas profundas de la Patagonia y desde hace 25 años basa su economía en la pesca. Uno de sus atractivos principales es la ría que desemboca en esa costa y donde se avistan numerosas aves y mamíferos marinos.

El equipo de científicos del Instituto Nacional de Antropología está integrado por Dolores Elkin, Damián Vainstub, Amaru Argüeso, Cristian Murria, Chris Underwood y Mónica Grosso. También colabora el personal de museo "Mario Brozoski".