CINE: CICLO GRATUITO EN EL CENTRO CULTURAL RECOLETA

Clarín

Los filmes de la buena memoria

Con el nombre «30 años, 30 mil desaparecidos, 30 películas», comienza el jueves.

La construcción de la memoria es una tarea colectiva. Es por eso que la iniciativa del Gobierno de la Ciudad de conmemorar un nuevo aniversario del golpe de Estado que inauguró los años de plomo es más que bienvenida. En particular si recuerda el 24 de marzo de 1976 organizando un ciclo como «30 años, 30 mil desaparecidos, 30 películas». La proyección de los filmes comenzará a partir del jueves en el Centro Cultural Recoleta, en los horarios de 14.30, 16.30 y 19.00 (de martes a sábado) y de 14.30 y 18.30 (los domingos). La entrada será libre y gratuita, y las películas se presentarán junto a la muestra «30 años, imágenes de la memoria».

«Desde la recuperación de la democracia en 1983, el cine argentino ha asumido, con compromiso y creatividad, la necesidad social de interpelar permanentemente nuestra memoria y también nuestro olvido —comentó al respecto el Secretario de Cultura porteño, Gustavo López—. El Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, en esta nueva conmemoración del período más trágico de la Argentina, ofrece una muestra que despliega los múltiples abordajes de con que la cinematografía argentina participó, a lo largo de estos treinta años, en la ineludible tarea de construir nuestra memoria histórica.» Por otra parte, como remarca el director del Museo del Cine porteño, David Blaustein, «en la construcción de todo este ciclo histórico es particularmente conmovedora la presencia de toda una generación de H.I.J.O.S. cineastas, como Roqué, Habegger, Carri, Avila y Bruschstein, que suman el apellido y la identidad de sus padres a la construcción de la memoria colectiva. Esa suma de nombres delata la existencia de un fenómeno cultural y cinematográfico tan denso como merecedor de un dudoso orgullo.»

El ciclo se desarrollará entre este jueves y el sábado 1º de abril, y contará con filmes como Vidas privadas, de Fito Páez, Los rubios, de Albertina Carri, H.I.J.O.S., el alma en dos, de Carmen Guarini y Marcelo Céspedes, Raymundo, de Ernesto Arditto, El Nüremberg argentino, de Miguel Rodríguez Arias, Un Buda, de Diego Rafecas, Kamchatka, de Marcelo Piñeyro, o Figli/Hijos, de Marco Bechis. Y, por si hace falta remarcar la importancia de que sea el Estado el que fomente la buena memoria, vayan las palabras de la Directora General de Museos porteña, Mónica Guariglio: «Los treinta años se cuentan a partir de los treinta mil. Por eso, exhibir estas películas resulta inevitable».

Finalizó la muestra que reúne lo mejor de la moda local

La Nación
Más de 55.000 personas pasaron por la Rural
 

Diseños de invierno en las pasarelas de FashionBA

Con un desfile con esculturas de hielo y vapor glaciar finalizó el viernes la 11a. edición de Fashion Buenos Aires, ciclo de moda dedicado al diseño de autor, organizado por Grupo Pampa. En el Pabellón Amarillo de la Rural, durante cinco días, se presentaron 24 colecciones en pasarela y 80 stands, además de las novedades de los auspiciantes. Se calcula que pasaron más de 55.000 personas.

Si bien la semana tiene nombre en inglés, lo que se ve es todo made in Argentina, muchas veces con recreaciones de lo autóctono. Por ejemplo, Cachi se llama la última colección del salteño Marcelo Senra, un favorito de Cristina Fernández de Kirchner, que tomó colores y texturas de los Valles Calchaquíes, y a su clásico tejido en chaguar le sumó otros en telar en un estilo más moderno.

Martín Churba, después de su última colección Monte (chaqueño), esta vez encontró motivación en los glaciares patagónicos, siempre con sus telas procesadas con estampas de última tecnología. También figuraron los zaguanes porteños recreados por Laura Driz, que llevó estampas de azulejos con la flor de lis en camisas y vestidos.

Por todo esto no se vio la tendencia rusa que domina las vidrieras de esta temporada, salvo algunas excepciones como Rapsodia, con su bohemia étnica. Más bien diseño argentino, independiente y con un estilo muy personal.

Tras presentar su invierno en Espacio Cibeles (Madrid), Cora Groppo lo mostró en Buenos Aires, siempre con una moldería desestructurada, con juego de volúmenes, cada vez más ponible todos los días. Verónica Ivaldi, diseñadora de Veroivaldi, presentó Topiario, con sus juegos de pliegues y formas orgánicas. Y María Pryor se lució con sus infaltables corsets y capas de volados en faldas largas para arrastrar con cola.

Sí hubo coincidencias en pasarela en cuanto a los colores: el negro absoluto, para llevar de la cabeza a los pies, los tonos oscuros en las gamas del verde, ciruela, beige y algún toque de colorado. Muchos apuntan a una silueta bien femenina, con detalles de volados, bordados y accesorios.

Maquillaje

Para completar la tendencia de temporada, un buen maquillaje. L´Oréal París, de la mano de Verónica Momenti y su equipo, realizó en 24 desfiles casi 1000 maquillajes. Eleonora Kaplan, relaciones públicas de la firma, habló sobre los colores de este invierno "para miradas profundas y seductoras en tonos granates, bordó, marrones. Con mucha máscara de pestañas".

Durante la semana, hubo largas filas en las puertas de ingreso en las salas de desfiles: clientes de la firma, compradores, periodistas, estudiantes de diseño y público en general. Kika Tarelli, directora general de FBA, precisó: "Llegó más gente de la que esperábamos. El primer día, que suele ser el más tranquilo, estuvo a sala llena. Y el resto de la semana, aun con los recitales de U2, vino mucha gente. Eso fue muy positivo".

Nuevamente, FBA contó con coberturas periodísticas internacionales, como The Telegraph (Inglaterra), Icon Magazine (Suiza), JC Report (EE.UU.) y la revista italiana Collezione, que no sólo se limitó a ver el desfile de Rapsodia, sino que se dio una vuelta por el local de Las Cañitas.

Daniela Liconti, periodista enviada, destacó la organización del ciclo y elogió el trabajo de los diseñadores: "En algunos se advierte la investi- gación para la elaboración de los tejidos. Esto hace a la identidad".

Por Gabriela Cicero
De la Redacción de LA NACION

 

 

 

Compradores del exterior

También se hicieron buenos negocios. Del exterior llegaron compradores, que participaron de la ronda de negocios organizada por la Fundación ExportAR. Entre ellos, de la exclusiva tienda paulista Daslu, que hicieron contacto, entre otros, con la marca Spina, de Flavio Spina y Carla Cando, en su debut en el FBA. Y se tentaron con su deconstructivismo. Por ejemplo, un buzo sport realizado en una tela de sastrería como el príncipe de Gales.

Camila Milessi y Emiliano Blanco, de la firma Kostüme, también participaron de las rondas. Tuvieron entrevistas con un representante mexicano y una firma venezolana, interesados en su colección que combina el glamour de los años 50 y el pospunk.

"Los showrooms de esta edición son más profesionales, están mejor iluminados y son más prácticos. Por otra parte, se nota que en el área de negocios hubo una preselección rigurosa. Y eso es positivo, nos nivela para arriba", sostuvo Emiliano Blanco.

Película acerca de la vida del papa polaco que marcó nuevos rumbos en sus 26 años de pontificado

La Nación|Entrevista

Juan Pablo II, según Jon Voight.

Por Claudio D. Minghetti de LA NACION. El 15 de abril llegará a la Argentina y a la región un multimillonario telefilm que recorre la vida y la obra de Karol Józef Wojtyla. El estreno de la producción, que convocó a Gary Elwes y a Jon Voight para componer el difícil papel de quien durante 26 años fue Juan Pablo II, será en el cable (en el canal MGM), a cinco meses de su proyección en el Vaticano -donde fue «bendecida» por el papa Benedicto XVI- y su pase por la TV italiana, y a uno de su estreno en cines en Polonia, coincidiendo con el primer aniversario de su adiós.

La biografía completa y con un impresionante despliegue de producción del hombre que nació en Wadowice, en el sur de Polonia, como Karol Wojtyla para convertirse en Juan Pablo II, llegó a la pantalla de la TV mucho antes de lo pensado. Al promediar 2005, es decir, a pocos meses de aquella noche del 2 de abril en que se apagaron las luces y se cerraron las ventanas de su aposento frente a la Plaza de San Pedro en señal de duelo, dos grandes empresas productoras norteamericanas ya habían salido a la carga con sus propuestas.

Así, el 1º de diciembre la cadena #ABC presentó «Have no Fear: The Life of the Pope John Paul II», que con dirección de Jeff Bleckner intenta mostrar a Wojtyla, desde los veinte años hasta su último aliento, según la composición de Thomas Kretschman, el mismo que fue el capitán nazi Wilm Hosenfeld en «El pianista». Cuatro días después de conocer aquella «biografía no autorizada» de 8 millones de dólares, la CBS puso en pantalla los primeros 100 minutos (de los 200 totales, en dos entregas sucesivas) de su miniserie «Papa Juan Pablo II», de John Kent Harrison|CBS records

El guionista y director de telefilms de alta calidad (como el western «Conoces mi nombre» y «Old Man») contó con un presupuesto de 22 millones de dólares y los trabajos de Elwes y Voight, como Wojtyla joven y adulto, respectivamente, acompañados por #Christopher Lee y Ben Gazzara, como los cardenales Stefan Wyszynski y #Agostino Casaroli, respectivamente.

Pocos días antes, el 17 de noviembre, la producción había sido proyectada especialmente para el papa Benedicto XVI, en la sala Pablo VI del Vaticano, poco antes de su estreno en Italia por la RAI, una de las empresas productoras. Acerca de la película, que contó con la asesoría de Joaquín Navarro Valls, portavoz del Vaticano (que en la producción es interpretado por Giuliano Gemma), Benedicto XVI aseguró que es una prueba de que los lazos espirituales y afectivos entre Wojtyla y los fieles no se han interrumpido. «No se han disuelto porque es una relación entre almas, entre la gran alma del Papa y la de innumerables creyentes, entre su corazón de padre y los corazones de los innumerables hombres y mujeres de buena voluntad que en él reconocieron al amigo, al defensor del hombre, de la verdad, de la justicia, de la libertad y de la paz», enfatizó el Sumo Pontífice en un discurso al terminar la proyección.

Benedicto XVI señaló: «La visión de la película ha renovado en mí, y pienso que en todos los que lo conocimos, el sentido de la profunda gratitud a Dios por haber dado a la Iglesia y al mundo un papa de tan alta estatura humana y espiritual».

En diálogo telefónico con LA NACION, Voight -el actor que supo componer personajes tan disímiles como aquel vaquero que termina prostituyéndose en la sombría Nueva York de «Perdidos en la noche», por el que ganó el #Globo de Oro, o el ex combatiente de Vietnam que vuelve a casa lisiado en la polémica «Regreso sin gloria», por el que ganó un Oscar y la Palma de Oro en Cannes- aseguró que en cierta forma fue el mismo Juan Pablo II quien lo eligió para esta composición. «En 1980, recuerdo que se iba a hacer una película sobre una pequeña pieza de su autoría, en la que debía interpretarlo en su juventud, y al enterarse él mismo dio su visto bueno para que lo interpretara. Pero, como ocurre muchas veces en el mundo del cine, aquella producción nunca se hizo. Veinticinco años después me convocaron para interpretarlo y creo que, desde el cielo, él mismo estará muy conforme con haber tomado aquella decisión», asegura. El primer convocado por los productores había sido #Ian Holm, quien no llegó a firmar contrato por razones de salud.

Voight, el elegido

-¿Qué pensaba de Juan Pablo II antes de interpretarlo?

-Lo veía como un personaje muy vital y le tenía afecto, pero después de hacer la película me di cuenta de dónde salía ese coraje, la fuerza, la bondad que transmitía. Me sacudió mucho su carisma, la forma en que se expresaba. Al principio, cuando empezamos a hacer la película, sentía mucho respeto por él, y ese respeto fue creciendo: lo sentía cada vez más cerca, y en los últimos días de rodaje como si fuese un amigo.

-¿Cree haber alcanzado su dimensión?

-Hice todo lo que pude. Lo que me ayudó a recrearlo fue ver muchos documentales. Hay cineastas que hicieron excelentes trabajos sobre su trayectoria.

-¿Cómo recreó su figura?

-Cada vez que hablaba con uno de sus amigos, descubría algo más. Uno podía sentir realmente que su espíritu estaba allí. Lo veía en la cara de los que hablaban conmigo, en especial cuando contaban anécdotas graciosas. Esa es la forma en que lo hice, una mezcla de todas esas cosas. El investigar tanto me permitió, incluso, colaborar con el director para incorporarle detalles más precisos.

-¿Piensa que es una responsabilidad grande que el público lo asocie con el verdadero Juan Pablo II?

-Probablemente tengan alguna dificultad para diferenciarme del verdadero Juan Pablo II, y el que puedan confundirme, si así ocurre, me alegra mucho. Cuando hacíamos la película en Europa, y lucía tan parecido, mucha gente se conmovía. Y me conmovían a mí, porque me transmitían tanto amor que me era imposible ser indiferente.

-¿Es católico?

-No soy dogmático: lo mío es más bien espiritual. Me interesan todas las religiones, hay muchas fuentes espirituales auténticas.

-¿Cuál fue el papel de su vida?

-El de «Perdidos en la noche», sin duda, pero hay otros, incluso algunos que hice para TV de manera muy bella. Hay muchos papeles de los que puedo estar orgulloso y, mirando hacia atrás, creo que no los hice tan mal; no obstante, estoy particularmente orgulloso del de Juan Pablo II.

-¿Espera que lo sigan eligiendo para trabajos como éste?

-Este tipo de papeles no se presentan con frecuencia. Creo que uno a lo largo de toda una carrera intenta hacer cosas buenas. Estoy interesado en diferentes tipos de papeles, pero creo que en el futuro buscaré historias con un sentido genuino, que realmente causen un impacto, que sean una guía moral, no importa si son pequeños o grandes: me interesaría hacerlos.

-¿Recuerda vivamente aquella anécdota de 1980?

-Pienso que Juan Pablo II me está mirando, porque fue él, a fin de cuentas, quien me eligió. Estoy muy contento. Espero que desde las alturas me esté premiando con una sonrisa.

#Globo de Oro|Premios Globo de Oro

En abril se estrenará en cable la película acerca de la vida del papa polaco que marcó nuevos rumbos en sus 26 años de pontificado

La Nación
Entrevista

 

Juan Pablo II, según Jon Voight

El 15 de abril llegará a la Argentina y a la región un multimillonario telefilm que recorre la vida y la obra de Karol Józef Wojtyla. El estreno de la producción, que convocó a Gary Elwes y a Jon Voight para componer el difícil papel de quien durante 26 años fue Juan Pablo II, será en el cable (en el canal MGM), a cinco meses de su proyección en el Vaticano -donde fue "bendecida" por el papa Benedicto XVI- y su pase por la TV italiana, y a uno de su estreno en cines en Polonia, coincidiendo con el primer aniversario de su adiós.

La biografía completa y con un impresionante despliegue de producción del hombre que nació en Wadowice, en el sur de Polonia, como Karol Wojtyla para convertirse en Juan Pablo II, llegó a la pantalla de la TV mucho antes de lo pensado. Al promediar 2005, es decir, a pocos meses de aquella noche del 2 de abril en que se apagaron las luces y se cerraron las ventanas de su aposento frente a la Plaza de San Pedro en señal de duelo, dos grandes empresas productoras norteamericanas ya habían salido a la carga con sus propuestas.

Así, el 1º de diciembre la cadena ABC presentó "Have no Fear: The Life of the Pope John Paul II", que con dirección de Jeff Bleckner intenta mostrar a Wojtyla, desde los veinte años hasta su último aliento, según la composición de Thomas Kretschman, el mismo que fue el capitán nazi Wilm Hosenfeld en "El pianista". Cuatro días después de conocer aquella "biografía no autorizada" de 8 millones de dólares, la CBS puso en pantalla los primeros 100 minutos (de los 200 totales, en dos entregas sucesivas) de su miniserie "Papa Juan Pablo II", de John Kent Harrison.

El guionista y director de telefilms de alta calidad (como el western "Conoces mi nombre" y "Old Man") contó con un presupuesto de 22 millones de dólares y los trabajos de Elwes y Voight, como Wojtyla joven y adulto, respectivamente, acompañados por Christopher Lee y Ben Gazzara, como los cardenales Stefan Wyszynski y Agostino Casaroli, respectivamente.

Pocos días antes, el 17 de noviembre, la producción había sido proyectada especialmente para el papa Benedicto XVI, en la sala Pablo VI del Vaticano, poco antes de su estreno en Italia por la RAI, una de las empresas productoras. Acerca de la película, que contó con la asesoría de Joaquín Navarro Valls, portavoz del Vaticano (que en la producción es interpretado por Giuliano Gemma), Benedicto XVI aseguró que es una prueba de que los lazos espirituales y afectivos entre Wojtyla y los fieles no se han interrumpido. "No se han disuelto porque es una relación entre almas, entre la gran alma del Papa y la de innumerables creyentes, entre su corazón de padre y los corazones de los innumerables hombres y mujeres de buena voluntad que en él reconocieron al amigo, al defensor del hombre, de la verdad, de la justicia, de la libertad y de la paz", enfatizó el Sumo Pontífice en un discurso al terminar la proyección.

Benedicto XVI señaló: "La visión de la película ha renovado en mí, y pienso que en todos los que lo conocimos, el sentido de la profunda gratitud a Dios por haber dado a la Iglesia y al mundo un papa de tan alta estatura humana y espiritual".

En diálogo telefónico con LA NACION, Voight -el actor que supo componer personajes tan disímiles como aquel vaquero que termina prostituyéndose en la sombría Nueva York de "Perdidos en la noche", por el que ganó el Globo de Oro, o el ex combatiente de Vietnam que vuelve a casa lisiado en la polémica "Regreso sin gloria", por el que ganó un Oscar y la Palma de Oro en Cannes- aseguró que en cierta forma fue el mismo Juan Pablo II quien lo eligió para esta composición. "En 1980, recuerdo que se iba a hacer una película sobre una pequeña pieza de su autoría, en la que debía interpretarlo en su juventud, y al enterarse él mismo dio su visto bueno para que lo interpretara. Pero, como ocurre muchas veces en el mundo del cine, aquella producción nunca se hizo. Veinticinco años después me convocaron para interpretarlo y creo que, desde el cielo, él mismo estará muy conforme con haber tomado aquella decisión", asegura. El primer convocado por los productores había sido Ian Holm, quien no llegó a firmar contrato por razones de salud.

Voight, el elegido

-¿Qué pensaba de Juan Pablo II antes de interpretarlo?

-Lo veía como un personaje muy vital y le tenía afecto, pero después de hacer la película me di cuenta de dónde salía ese coraje, la fuerza, la bondad que transmitía. Me sacudió mucho su carisma, la forma en que se expresaba. Al principio, cuando empezamos a hacer la película, sentía mucho respeto por él, y ese respeto fue creciendo: lo sentía cada vez más cerca, y en los últimos días de rodaje como si fuese un amigo.

-¿Cree haber alcanzado su dimensión?

-Hice todo lo que pude. Lo que me ayudó a recrearlo fue ver muchos documentales. Hay cineastas que hicieron excelentes trabajos sobre su trayectoria.

-¿Cómo recreó su figura?

-Cada vez que hablaba con uno de sus amigos, descubría algo más. Uno podía sentir realmente que su espíritu estaba allí. Lo veía en la cara de los que hablaban conmigo, en especial cuando contaban anécdotas graciosas. Esa es la forma en que lo hice, una mezcla de todas esas cosas. El investigar tanto me permitió, incluso, colaborar con el director para incorporarle detalles más precisos.

-¿Piensa que es una responsabilidad grande que el público lo asocie con el verdadero Juan Pablo II?

-Probablemente tengan alguna dificultad para diferenciarme del verdadero Juan Pablo II, y el que puedan confundirme, si así ocurre, me alegra mucho. Cuando hacíamos la película en Europa, y lucía tan parecido, mucha gente se conmovía. Y me conmovían a mí, porque me transmitían tanto amor que me era imposible ser indiferente.

-¿Es católico?

-No soy dogmático: lo mío es más bien espiritual. Me interesan todas las religiones, hay muchas fuentes espirituales auténticas.

-¿Cuál fue el papel de su vida?

-El de "Perdidos en la noche", sin duda, pero hay otros, incluso algunos que hice para TV de manera muy bella. Hay muchos papeles de los que puedo estar orgulloso y, mirando hacia atrás, creo que no los hice tan mal; no obstante, estoy particularmente orgulloso del de Juan Pablo II.

-¿Espera que lo sigan eligiendo para trabajos como éste?

-Este tipo de papeles no se presentan con frecuencia. Creo que uno a lo largo de toda una carrera intenta hacer cosas buenas. Estoy interesado en diferentes tipos de papeles, pero creo que en el futuro buscaré historias con un sentido genuino, que realmente causen un impacto, que sean una guía moral, no importa si son pequeños o grandes: me interesaría hacerlos.

-¿Recuerda vivamente aquella anécdota de 1980?

-Pienso que Juan Pablo II me está mirando, porque fue él, a fin de cuentas, quien me eligió. Estoy muy contento. Espero que desde las alturas me esté premiando con una sonrisa.

Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Ayer inauguró la 11a. edición de Fashion Buenos Aires

La Nación
Desfiles, showrooms y negocios

 

Todo el diseño de autor

La moda está de moda, y más que nunca esta semana. Ayer arrancó Fashion Buenos Aires (FBA) con su 11a. edición, como siempre, en la Rural. El ciclo, que se realiza dos veces al año, presenta las nuevas colecciones de diseño de autor (todo el invierno 2006), y como una gran vidriera, lo exhibe ante la prensa y a compradores nacionales e internacionales.

El primer desfile fue el de Martín Coronel, que debutó en esta pasarela inspirado en Frida Kahlo. "Esto representa un vuelco en mi carrera, porque la semana tiene una gran proyección internacional y además los diseñadores podemos manifestarnos con las puestas", dijo Coronel, feliz de haber inaugurado el ciclo. Contó con el apoyo de una automotriz (Ford) e incluyo una pieza de un auto en uno de sus accesorios.

En su colección monocromática dominó el negro, las tipologías de los vestidos mexicanos con mucha intervención en los géneros, muy ricos en texturas.

Lucrecia Gamundi fue la segunda en subir a la pasarela. En primera fila, Cecilia Roth, amiga y clienta de Aristocracia, firma de Gamundi. ¿Si la colección es para chicas Almodóvar? Sí. Conjuntos monocromáticos en crêpe con spandex, muy versátiles y para toda hora. Desfilaron chicas con mucha actitud sobre botas con tacos altos, que transformaban, en el acto, sus ajustados vestidos en polleras y sacaban telas de debajo de sus prendas para sumarles color, que no faltó: negro, amarillo, colorado, violeta. También desfilaron María Pryor, Laura Driz y hermanos Estebecorena, con desfiles muy concurridos.

En total están previstos 24 desfiles y hay casi 100 showrooms para ver lo último de lo último y las novedades de los auspiciantes.

Si bien FBA funciona, para el público, desde las 15 hasta las 22, la inauguración oficial se realizó por la mañana, con el Fashion Business, segmento dedicado a las rondas de negocios, según informó Kika Tarelli, directora general del FBA. "Dijeron «presente» la tienda Daslu y Clube Chocolate, de Brasil; Aviantage, de Nueva York, Catherine Jane Boutique, también de Estados Unidos, entre otras, que estarán llegando a la Argentina en estos días", agregó.

Hasta el viernes, los visitantes podrán actualizarse no sólo sobre indumentaria, calzado y accesorios. (La entrada general es de $ 10.) También, sobre el celular más fashion y la depiladora indolora, o bien podrán sumarse a degustaciones: tomarse desde el trago a base de hierbas, pasando por el champagne de moda, hasta saborear una noble empanada.

Gabriela Cicero

 
 
 
 
 
 

LAS INTRIGAS DEL ROBO DE «EL GRITO» Y «MADONNA»

CLARÍN

Abren el juicio por las obras de Munch que siguen sin aparecer

Hay seis acusados que empezaron a ser juzgados en Oslo. De las pinturas nada se sabe.

Sarah Lyall.
NEW YOK TIMES Y CLARIN.

Seis hombres están a punto de ser juzgados por uno de los robos más escandalosos de la historia. Pero, ¿dónde está "El grito"? Los ladrones dieron el golpe la mañana del 22 de agosto de 2004, no mucho después de que abriera el Museo Eduard Munch de Oslo. De los 80 visitantes, muchos estaban en la galería de planta baja, donde se exhibían pinturas valiosas.

La somnolencia del verano tardío se interrumpió por la repentina presencia gritona de dos hombres con pasamontañas que ingresaron por la puerta principal. Usando un arma para obligar a los guardias del museo a echarse al piso —ni los guardias de seguridad ni los policías en Noruega están habitualmente armados— los intrusos arrancaron dos pinturas de la pared de la galería principal. Los trataron con tan poco cuidado, que los testigos relataron luego su angustia por la gran brutalidad del asalto.

Todo llevó menos de cinco minutos, y para cuando llegó la policía, los ladrones ya hacía rato que habían desaparecido. Junto con dos tesoros de la enorme colección del museo de obras del expresionista noruego Edvard Munch. Una era "Madonna", un retrato erótico y sensual de una mujer de cabello largo y el pecho desnudo. El otro, un clásico del artista, "El grito", encarnación del horror existencial y la angustia.

El asalto fue visto en Noruega como un golpe humillante para el país, que considera las pinturas de Munch como uno de sus activos culturales más preciosos. La policía se abocó a la tarea de encontrar a los ladrones, y la ciudad de Oslo ofreció US$ 386.000 por la devolución de los cuadros. A un año y medio del episodio, hay seis hombres acusados por el crimen y su proceso judicial comenzó esta semana. Tendrán a los ladrones, pero siguen sin hallar los cuadros.

Los que siguen este tipo de casos recordarán que "El grito" ya fue robado una vez en 1994. Pero era otra versión, la que estaba en el Museo Nacional de Arte, del otro lado de la ciudad de Oslo. Y el robo fue risiblemente aficionado, con una escalera apoyada contra una ventana del segundo piso y un ladrón tan nervioso que se cayó, llegando casi a matar a su cómplice. Esa historia tuvo un final más feliz. La policía recobró la pintura cuatro meses después. Pero el robo de 2004 fue más pulido y violento, y la posterior investigación ha resultado mucho más difícil.

La policía sabe algo de lo que pasó después. Los ladrones rompieron pedazos de sus marcos, se metieron en un Audi negro que los esperaba afuera y huyeron conducidos por un cómplice. Al poco tiempo, abandonaron el auto después de rociar su interior con un extintor de incendios para borrar cualquier evidencia forense. La policía encontró el vehículo más tarde ese mismo día.

El Museo Munch esperó un pedido de rescate. Ingresaron docenas de llamadas —una de un loco que, según dijo, sentía la presencia de las pinturas en Estados Unidos, otra de un trío de brujas filipinas que intuían el paradero de los cuadros, aunque solamente si recibían primero un Munch original—, pero nada creíble.

El valor de "El grito" y "Madonna" juntos ha sido fijado entre US$ 40 millones y US$ 100 millones. Pero la realidad es que estos cuadros son demasiado reconocibles como para ser vendidos abiertamente. "Nunca entrarán en el mercado legítimo del arte", dijo Sarah Jackson, de Art Loss Register, directora de investigación histórica y recuperaciones del Registro de Obras de Arte Perdidas, con una base de datos de alrededor de 160.000 obras de arte y antigüedades saqueadas y robadas.

Las autoridades dicen que saben, por lo menos, dónde estuvieron escondidos los Munch durante un mes después del robo: en un autobús estacionado en un predio al norte de Oslo perteneciente a Thomas Nataas, un hombre que estaría en la periferia de la comunidad delictiva de la ciudad.

En una entrevista reciente con Reuters, Nataas, 25 años, que será sometido a juicio acusado de manejar bienes robados —los otros acusados enfrentan cargos distintos— afirmó que las pinturas habían sido puestas en su autobús y cubiertas con plástico, sin su permiso. Cuando los ladrones finalmente le dijeron que estaban ahí, vio brevemente las pinturas, dijo Nataas, lo suficiente como para determinar que "Madonna" tenía un pequeño raspón y que "El grito" estaba intacto.

Hojem Ervik, el fiscal que sigue el caso, reconoció que algunos oficiales secretos habían estado cerca cuando se trasladaron los cuadros. "Recibimos información de que los cuadros podrían cambiar de manos, pero no sabíamos dónde ni quién participaría", dijo. "Teníamos muy poca información para actuar —agregó—. Cuando llegó la unidad secreta, ya se habían ido".

Pasaron ocho meses hasta que la policía arrestó a Petter Rosenvinge, 38, que había sido acusado de vender el auto que ayudó a huir a los ladrones. Se dice que Rosenvinge a su vez los condujo a los otros imputados en el caso. Son Bjorn Hoen, 37, que tiene condenas anteriores por robo y estafa y que fue acusado de orquestar toda la operación; Morten Hugo Johansen, 38, acusado de guardar y entregar el auto para la huida; Petter Tharaldsen, 34, que está cumpliendo una condena por otro robo y fue acusado de conducir el auto en el que huyeron; y Stian Skjold, 30, acusado del robo propiamente dicho. El otro ladrón todavía está prófugo, al igual que los otros que están involucrados.

Con seis acusados esperando ser juzgados, ¿cómo es que la policía no puede convencerlos de revelar dónde están los Munch perdidos?

"La principal razón es que le tienen miedo a una venganza", dijo Charles Hill, ex detective del escuadrón de arte de Scotland Yard que orquestó la devolución de "El grito" en 1994 y ahora trabaja como consultor en recuperación de obras de arte. "Si alguno de estos tipos llega a hablar, los criminales perseguirán a sus familias". 

 
 
 
 
 

GOLPES AL PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD : ESPECTACULAR ASALTO EN EL PRIMER DIA DEL CARNAVAL DE RIO

Roban cuadros de Monet, Dalí y Matisse y se escapan en medio de las comparsas

Cuatro hombres entraron a un museo. Huyeron a pie entre la multitud y con las obras valuadas en US$ 50 millones en la cabeza.

Eleonora Gosman. SAN PABLO CORRESPONSAL
egosman@clarin.com

En una acción inusualmente violenta, una banda delictiva se valió del comienzo de la farra de Carnaval para robar obras de arte de un museo carioca valuadas en 50 millones de dólares. Fueron tres grandes cuadros: "El jardín de Luxemburgo" de Henri Matisse, "Marina" de Claude Monet, "Dos balcones" de Salvador Dalí y un grabado de Pablo Picasso, "Danza".

El ataque demoró 20 minutos. Fue tiempo suficiente para que los cuatro ladrones con sus rostros descubiertos, jeans y camisetas, tomaran a nueve rehenes y se alzaran con las obras de arte para huir entremezclados con una comparsa de Carnaval.

A pie, y por el mismo lugar que usaron para entrar en el museo asaltado, Chácara do Céu, los delincuentes cargaron los cuadros y el grabado sobre sus cabezas. En el camino, según relatos de algunos testigos, una de las pinturas resbaló y otra, que sería la de Monet, quedó enganchada en la rama de un árbol.

La directora del Museo, Vera de Alencar, se lamentó: "Son las obras más valiosas de la institución". Para los especialistas no hay consuelo. Si Brasil ya carecía de expresiones del modernismo europeo, ahora ya no cuenta con nada: se fue, al decir de un crítico de arte, "la parte más relevante" del acervo nacional. Estos expertos sostuvieron que estas obras no se pueden vender. "Las casas de remate famosas estarán avisadas. Por eso, hay dos hipótesis: que se trata de un loco con buen gusto y ojo para el arte; o tal vez de un secuestro para pedir rescate".

Ayer, la Policía Federal de Brasil pidió ayuda a Interpol para evitar que los cuadros salgan del país. Se divulgó, también, un retrato de los delincuentes. "Ahora el objetivo es monitorear el movimiento de los cuadros robados, en el país y en el exterior", indicaron los jefes policiales. Por de pronto, ya se cursaron los datos a 182 países donde eventualmente podrían recalar las pinturas.

Isabelle Vasconcellos, comisario de la Policía Federal, se asombró. "Es el primer caso de violencia que registra la institución en el robo de obras de arte. Desde ese punto de vista, es un delito atípico. Sin embargo, los asaltantes sabían bien lo que estaban haciendo". De acuerdo con los relatos de custodios del museo, los asaltantes fueron precisos: "Se dirigieron al sector de cámaras de seguridad y las dañaron". Estas características, según los investigadores de la Federal brasileña, hacen pensar que se trató de un delito por encargo. "Puede haberse tratado de un robo pedido por algún coleccionista", especuló el superintendente policial José Rodrigues.

Durante el asalto, la banda dominó a nueve personas, entre ellas 4 turistas extranjeros que visitaban el museo. Con amenazas de tirar una granada consiguieron reducir a una pareja neocelandesa y dos estudiantes australianos; encima, se llevaron sus máquinas fotográficas, sus pasaportes y sus celulares. También lograron paralizar a un guía turístico, dos custodios y dos empleados.

Los delincuentes entraron al museo por una escalera lateral que da acceso a la cocina y desde allí se dirigieron a la biblioteca donde retiraron las obras, que estaban colgadas de hilos de nylon. No tuvieron ningún problema para cortarlos: se sirvieron de un cuchillo que formaba parte de un juego de colección.

Funcionarios del gobierno de Lula da Silva consideraron ayer que puede ser una acción de una banda internacional. "Ahora, lo que importa es divulgar al máximo las imágenes de las obras, para inhibir la reventa", sostuvieron asesores del ministro de Cultura, Gilberto Gil. Sin embargo, la directora del museo, Vera de Alencar, cree difícil que los cuadros pasen a manos de coleccionistas.

El Museo Chácara do Céu fue fundado en 1972, en la antigua residencia del empresario y mecenas Raymundo Ottoni de Castro Maya. Nacido en 1894 (y fallecido en 1968), Castro Maya viajó innumerables veces a Europa donde se contactó con lo más granado del mundo parisino. En una de sus giras llegó a comprar 400 piezas de Debret, que hoy constituyen el mayor acervo mundial del artista. Hace 23 años, la institución pasó a depender el Ministerio de Cultura de Brasil. Bajo esa dependencia sufrió varios ataques. Uno de ellos, en 1989, les representó la pérdida de ocho telas, un tapiz y 27 piezas de plata. Según una investigación del Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, realizada en 2004, Río de Janeiro exhibe un feo récord nacional en materia de robos de piezas históricas. Más de 500 obras son buscadas, lo que representa más de la mitad de todo lo desaparecido en Brasil.

 

 

 

 

 

 

 

TELEVISION: YA SE ESTA GRABANDO «AL LIMITE»

Clarín

Historias de suspenso

El ciclo de unitarios de Endemol tendrá a Juan Gil Navarro, Leticia Bredice, Nicolás Cabré y Claudia Lapacó en los personajes —rotativos— centrales.

Adriana Bruno.

abruno@clarin.com

Juan Gil Navarro, Leticia Bredice, Claudia Lapacó y Nicolás Cabré comenzaron anteayer las grabaciones de Al límite, el ciclo de unitarios que los tendrá como protagonistas, posiblemente desde abril, por Telefé, en una producción de Endemol.

Con historias que tendrán su resolución en cada uno de los trece episodios previstos, el eje estará puesto en el suspenso, muchas veces a partir de la intriga que surge de un crimen. Los libros, de Mario Segade y Gustavo Belatti, intentarán involucrar al espectador en la resolución del misterio, dándole de a poco las pistas para descubrir la verdad.

El elenco será fijo, pero en cada episodio irán cambiando los personajes que encarnen. Personajes que, como ya anuncia el título del unitario, estarán "al límite" de sus posibilidades afectivas y por eso reaccionarán de la manera en que terminan haciéndolo.

Si bien con sus diferencias entre todos los productos, el género policial, que casi monopolizó la TV en 2005, parece entrar en 2006 con buena salud. A la ya anunciada segunda temporada de Mujeres asesinas (Canal 13), se sumará esta nueva propuesta de la productora de Historias de sexo de gente común y Doble vida, que este año encarará también la miniserie Acompañantes, con Jorge Marrale, Fabián Gianola, Pablo Rago y Nicolás Pauls.

"Este es un programa oscuro, pero no por marginal, sino por género", puntualiza Diego Palacios, director del programa, que ya hizo las otras dos ficciones de la productora. "Los espacios y los climas también tendrán que ver con las historias: puede ser un ambiente cerrado, más intimista, o una road movie —cuenta—. El primer episodio, por ejemplo, es la historia de un crimen, en una casa donde hay un asesino a sueldo, pero donde los demás también son sospechosos. La segunda es la estafa de un hijo a su madre, y también habrá una historia gay. Lo que las une es que en un momento no hay vuelta atrás."

A Juan Gil Navarro lo entusiasma poder participar en la realización: "los actores podemos charlar y sugerir situaciones, porque Segade y Belatti están muy abiertos a eso", dice. Y sobre el protagonismo alternativo, aclara que "somos actores que salen con el cuchillo en la boca a defender el trabajo, no el cartel. Apuntalar el trabajo del otro también está bueno; hay veces en que uno hace el pase y el otro hace el gol. Lo que estamos buscando es que la gente se siente en el borde de la silla mientras ve el episodio." A Cabré, lo que más lo atrajeron fueron los libros y, dice, el equipo. "Quería volver a hacer unitarios, con otros tiempos para trabajar y la oportunidad de crecer y mejorar".

 

La argentina «El custodio» fue premiada en el Festival de Berlín

Clarín
EL FILME DE RODRIGO MORENO TIENE A JULIO CHAVEZ COMO PROTAGONISTA

Obtuvo el Alfred Bauer, que distingue al filme más innovador de la competencia.


Diego Lerer. BERLIN ENVIADO ESPECIAL

dlerer@clarin.com

Como La ciénaga, de Lucrecia Martel, cinco años atrás, la película argentina El custodio, dirigida por Rodrigo Moreno, se llevó el Premio Alfred Bauer del Festival de cine de Berlín, en el que acaso sea el premio más importante conseguido por el cine argentino desde el doble Oso de Plata que obtuvo aquí mismo El abrazo partido, dos años atrás. El Alfred Bauer —nombrado así en honor al fundador de la Berlinale— se entrega al filme que es considerado más innovador, artísticamente, de la sección competitiva.

"Quiero agradecer al festival de Berlín por creer en mi proyecto desde el principio —dijo Moreno, una vez que subió al escenario del Berlinale Palast—. También quiero agradecer al jurado y al World Cinema Fund. Es increíble para mí." El premio se lo dio el artista multimedia y miembro del jurado, Matthew Barney, también él un innovador, y Moreno quiso compartirlo con su equipo. La dedicación fue por otro lado: "Quiero dedicarle el premio a mis padres, Carlos y Adriana —refiriéndose a los actores Carlos Moreno y Adriana Aizenberg—. Muchas gracias".

El premio a Moreno dado por el jurado que dirigía la actriz Charlotte Rampling— fue sorpresivo para algunos y festejado por otros. Y no estaba entre los candidatos de los medios —que sí tenían a los filmes de Robert Altman y Claude Chabrol, que no ganaron premio alguno—.

El Oso de oro correspondió al filme bosnio Grbavica, de Jasmine Zbanic, un premio con más sentido político que estético. El segundo premio —el Oso de plata— fue compartido por A Soap, de la danesa Pernille Fischer Christensen (que también ganó el premio a la opera prima dado por otro jurado) y el iraní Offside, de Jafar Panahi, en una decisión compartida que puede tener su significado político luego de las controversias por las caricaturas de Mahoma que tanto ofendieron a los musulmanes.

El premio al mejor director recayó en Michael Winterbottom y Mat Whitecross, realizadores de la gran candidata, The Road to Guantanamo, quienes hicieron subir al escenario a los tres hombres torturados en la base militar norteamericana en Cuba. Los alemanes se llevaron varios premios, aunque ninguno correspondió a Sehnsucht, la mejor de las cuatro locales. Mejor actor fue Mortiz Bleitbreu (Las particulas elementales), mejor actriz, Sandra Hüller (Requiem), y el también actor Jurgen Vogel ganó el premio a la contribución artística por su papel como un violador que sale de la cárcel tras cumplir su condena en el filme The Free Will.

El custodio —la opera prima como "solista" de Moreno luego de participar en los proyectos colectivos Mala época y El descanso— narra la historia de un guardaespaldas (Julio Chávez) de un ministro argentino, dedicado a seguir y a proteger al político en cuestión en todo momento, dejando de lado su vida por completo. El filme se estrenará en la Argentina en abril.

Trumanshow

Revista Ñ

El estreno del filme «Capote», que llega aquí en marzo, provocó reediciones de sus libros, en primer lugar la novela «A sangre fría», sobre un asesinato múltiple en Kansas. Y vuelve la discusión sobre los métodos que usó para conseguir de uno de los asesinos el relato del crimen. Aquí, una valoración de su estilo, la «non fiction», y una entrevista al director de la película.

GABRIELA ESQUIVADA.
En la vida de Truman Capote no hubo mejor año que 1966.

A fines del anterior había publicado A sangre fría —una «novela sin ficción», como bautizó el género, sobre una familia masacrada y sus asesinos— y había alcanzado la celebridad literaria. Si antes había vivido decorosamente de los derechos cinematográficos de su novela Desayuno en Tiffany»s y de sus textos para el semanario The New Yorker, ahora el dinero había comenzado a lloverle. Dejó la casa que compartía con su compañero Jack Dunphy, en Brooklyn, y compró un departamento en la Quinta Avenida de Manhattan, en el piso 22 del edificio de moda en Nueva York. Cambió su automóvil por un Jaguar descapotable y le regaló a Jack un Ford Falcon. Al firmar un contrato con Random House para un nuevo libro, Plegarias atendidas, recibió un anticipo de 250.000 dólares. El 28 de noviembre ofreció su inolvidable Fiesta en Blanco y Negro, astutamente dedicada a la poderosa dueña de The Washington Post. Quinientos invitados de la alta sociedad asistieron al Hotel Plaza: todos llevaban máscaras (incluido el servicio secreto que custodiaba a la hija del presidente Lyndon Johnson) y vestían, según el arbitrario protocolo, de negro los varones y de blanco las mujeres.

1966 fue el mejor año en la vida del escritor norteamericano Truman Capote, y ya se sabe lo que sucede cuando alguien llega a su punto más alto: sólo le resta el camino del descenso.

Qué motivos provocaron ese viraje es la pregunta detrás de Capote, que acaso le valga a Phillip Seymour Hoffman un Oscar como mejor actor. La crítica le dio un aplauso unánime, y Gerald Clarke, autor de la biografía del escritor en que se basa la película, dijo que Hoffman «ha hecho mucho más que interpretar a Truman: lo ha resucitado».

Benett Miller, un joven director con un solo antecedente (el documental The Cruise), y Dan Futterman, un guionista debutante, decidieron ignorar la historia completa de Capote y centraron su relato en la investigación y la escritura de A sangre fría, cinco años que encierran la clave que ilumina el pasado y el futuro del escritor. Eso mismo eligió hacer Douglas McGrath, el director de Infamous, otra película sobre Capote que se estrenará en octubre próximo. El cineasta se basó en Truman Capote —donde varios amigos, enemigos, conocidos y detractores recuerdan su turbulenta carrera—, libro de George Plimpton. Acostumbrado a los grandes elencos —dirigió Nicholas Nickelby y Emma—, McGrath dispuso de 3,6 millones de dólares para que Gwyneth Paltrow abriera la película como Miss Peggy Lee cantando This Thing Called Love. Sandra Bullock, Sigourney Weaver, Jeff Daniels, Isabella Rosellini y otros acompañan a Toby Jones, a cargo del personaje principal.

Capote se estrenó en los Estados Unidos el 30 de setiembre pasado, cuando el escritor habría cumplido 81 años si no hubiera muerto el 25 de agosto de 1984 por un exceso de barbitúricos y analgésicos. De inmediato A sangre fría regresó a las listas de best-séllers, una nueva edición con la estampa de Hoffman en la tapa, y Random House exhumó, entre los papeles hallados en la casa de Brooklyn y subastados en Sotheby»s, una novela que Capote escribió durante su adolescencia, Summer Crossing, y que nunca había querido publicar. Aunque predecible, la narración muestra la capacidad de Capote para observar, como un antropólogo social, las costumbres urbanas. Grady McNeil —un ensayo de la Holly Golightly de Desayuno en Tiffany»s—, joven rica de dieciocho años, se queda sola en su piso de la Quinta Avenida mientras su padre y su madre veranean tres meses en un crucero. El título evoca esa travesía veraniega y juega también con el cruce de dos mundos que sucederá cuando Grady se declare enamorada de Clyde Manzer, empleado de un estacionamiento, veterano de la Segunda Guerra Mundial, judío, pobre y vecino de Brooklyn. Entre los amigos vulgares, la imposible familia y la virilidad irresistible de Clyde, la adolescente pierde la cabeza. A lo largo del peligroso camino que toma Grady, Capote describe —amorosa, poéticamente— la ciudad de Nueva York.

Dos películas, dos libros. A cuatro décadas de aquel resplandeciente 1966, parece que Capote volverá a tener un gran año.

El 15 de noviembre de 1959 Perry Smith y Dick Hickock llegaron a la granja de los Clutter, en Holcomb, Kansas, típico paisaje del interior norteamericano: trigo, defensores de la abstención sexual y alcohólica, iglesias, votantes de los republicanos. «Como las aguas del río, como los automovilistas de la autopista y los trenes amarillos que bajan serpenteando por las vías del Santa Fe, el drama, en forma de acontecimiento excepcional, nunca se había detenido allí», escribiría luego Capote. Pero ese día Holcomb fue noticia porque Smith y Hickock, sin dar con el dinero que buscaban, pusieron una bala en la cabeza de cada miembro de la familia Clutter.

En la pantalla, Hoffman modula una increíble voz de pito, con acento del sur y morosidad artificiosa, ante unos policías que, imbuidos de los valores del oeste norteamericano, entre los que no sobresale la tolerancia, se espantan ante el extravagante atuendo que proclama —como si hiciera falta— la homosexualidad del enviado de The New Yorker. No lo reducen a patadas porque prefieren dedicar su tiempo a la investigación de ese caso inverosímil en un pueblo donde todos se conocen. Sólo la paciencia y la atención a las costumbres locales que muestra Nelle Harper Lee, la futura autora de Matar a un ruiseñor (interpretada por Catherine Keener), consigue que Capote penetre en la historia.

Las puertas de Holcomb se van abriendo y un día de diciembre dos sospechosos del crimen son arrestados en Las Vegas. Capote comprende que su reportaje ha cambiado: ahora debe reconstruir las vidas de las víctimas y los victimarios, y el aciago cruce de sus caminos en Kansas. Cuando llevan a los asesinos ante el juez, la mirada de Smith (interpretado por Clifton Collins, Jr.) encuentra la de Capote. El flechazo inquieta a Harper Lee.

—¿Cree usted que el vínculo entre Truman y Perry era amor? —le preguntaron a Hoffman en el Festival de Cine de Nueva York.

—El amor —respondió— se presenta en diferentes formas. ¿Qué clase de amor los unía? Creo que se trataba de identificación.

Su personaje lo dice, en una línea memorable del guión: «Es como si Perry y yo hubiésemos crecido en la misma casa. Y un día él salió por la puerta de atrás y yo por la de adelante».

Ambos habían sido abandonados en la niñez —Capote vivió con diferentes familiares, Smith en internados—; ambos habían crecido con la necesidad de probar —o probarse— que eran alguien; ambos se hundían en una soledad abismal donde no existía otro tema que ellos mismos.

—Cada uno se ve en el otro, a la vez tan diferente —siguió Hoffman—: eso los fascina y los lleva a la intimidad. Truman necesitaba romper la coraza de Perry, mantener ese canal abierto durante años para que le contara cómo habían sido los asesinatos, y creo que el subproducto de eso fue el amor. Tras la ejecución, Truman atravesó un profundo duelo.

Como si el escándalo de la periodista Judit Miller y su relación con fuentes de la Casa Blanca hubiera sucedido en Marte, en los Estados Unidos se discutió mucho sobre la ética de Capote, quien pagó abogados, sobornó autoridades de la prisión, escribió cartas e hizo regalos para ganar la confianza de Smith y traicionarla en un libro. El guionista Futterman ha citado en varias entrevistas la famosa frase con que Janet Malcolm abrió su libro El periodista y el asesino: «Todo periodista que no sea tan estúpido o arrogante como para ignorar cómo son las cosas, sabe que su tarea es moralmente indefendible». Hoffman, mucho más comprensivo, encarna sin juzgar la ambivalencia ética de Capote. Es la tradición de William Faulkner: «Un buen artista será completamente despiadado».

Y despiadado es el Capote que compone Hoffman, ansioso por poner un final al libro, lo cual implica la ejecución de Smith y Hickock. Pero los condenados apelan y apelan —»me están torturando», se lamenta ante Harper Lee—, y el desenlace se posterga. («Tengo que liberarme del libro pase lo que pase. Casi diría que ya no me importa un huevo lo que suceda. Acabaré volviéndome loco», le escribió a un amigo, según la biografía de Clarke.) Por dos años Capote sufre, seguro de tener en sus manos su obra maestra —»cuando pienso en lo extraordinario que será este libro, se me corta la respiración», dice— imposible de terminar. Deja de enviarle libros a Smith y de responder a sus cartas. Con un telegrama se sacude un último pedido de ayuda: «Querido Perry. No puedo visitarte hoy porque no está permitido. Tu siempre amigo. Truman».

También Infamous recoge la idea de Capote según la cual el escritor debe servirse de todo, como el buitre de la carroña. «No pueden siquiera imaginarse mi agonía. Trabajé en este libro cuatro años, incesantemente, dejando todo mi ser… Y ahora debo esperar así, impedido de publicar lo que he escrito, hasta que los cuelguen», dice el Capote de Jones, bebe un trago y concluye: «No veo la hora».

—¿Le dejó heridas encarnar a un personaje tan oscuro? —le preguntaron a Hoffman en el NYFF.

—No. Pero me dejó exhausto. Un actor debe entender, debe perdonar a su personaje, anular su propio sentido crítico. Creo que él necesitaba que los asesinos muriesen por muchas razones, todas alrededor del libro. ¿Acaso podía publicarlo si ellos vivían? Hubieran podido leerlo, y refutarlo. Dentro de Capote bullían a la vez el dolor, la ambición, la culpa, el deseo… Precisamente esa tragedia interior me conquistó. Murió a los 59 años, solo, intoxicado, sin haber podido terminar nunca otro libro.

«Nadie sabrá nunca lo que A sangre fría se llevó de mí», cita Clarke a Capote. Su abuso del alcohol y las drogas escaló violentamente, y en general su vida se volvió más temeraria. Gore Vidal lo demandó —ya lo había hecho Marlon Brando— por contar cómo lo echaron de la Casa Blanca, borracho, de los fondillos. Sus amigos ricos y famosos se enfurecieron con él, y lo aislaron como a un paria, cuando «La CÉte Basque», un capítulo de la inconclusa Plegarias atendidas, apareció en la revista Esquire: muchos vieron allí, apenas disimuladas, sus propias historias. Sólo consiguió reunir los artículos que conforman Música para camaleones y renegociar una y otra vez el contrato por la novela cuyo título sale de una frase atribuida a Santa Teresa: «Más lágrimas se vierten por las plegarias atendidas que por las desoídas». Acaso hablaba —una vez más— de sí mismo, y esas lágrimas fueron las que derramó por A sangre fría.

 

Capote básico
NUEVA ORLEANS, 1924.
LOS ANGELES, 1984

Lilie Mae Faulk tenía 18 años cuando dio a luz a Truman. El padre, Arch Persons, de 27, mandó a la mujer y a su hijo al pueblo de Monroeville, Alabama, y se desligó de ellos. La madre se casó con el cubano Capote García, que dio su apellido al chico. Truman Capote estudió en la Trinity School de Nueva York y a los 17 años comenzó a trabajar en el semanario The New Yorker. Se convirtió en un escritor de fama en la elite neoyorquina con Otras voces, otros ámbitos, a los 23 años. En diez años había cultivado tanto las amistades importantes que pudo escribir una novela en la que retrataba la soledad encubierta por el brillo en la clase alta. La historia se llamó Desayuno en Tiffany»s (1958). Al año siguiente comenzó la investigación del asesinato de una familia de granjeros en Kansas que le permitió publicar A sangre fría (1965), considerada la pieza clave del estilo llamado «no ficción» que le dio fama y mucho dinero. La publicación de Plegarias atendidas le cerró las puertas de los ambientes exclusivos de la ciudad: notables personajes se sintieron reflejados en el libro. Tras pasar por varios hospitales, por sus descomunales ingestas de barbitúricos y alcohol, murió en la casa de amigos, en Los Angeles. No quiso que llamaran a los médicos.

 

 

La trampa de la no ficción

ME PARECE
JORGE AULICINO PERIODISTA Y ESCRITOR.

A sangre fría fue un giro menos radical de lo que parece en la narrativa de Truman Capote. Significa, eso es verdad, un desvío considerable. Capote no sólo era un niño terrible del llamado jet set neoyorquino, un bufón malicioso y estridente cuyas insolencias eran toleradas en nombre de su increíble talento; era además un narrador cuyo leit motiv lo constituía su propia biografía.

Podrá decirse que difícilmente un narrador logre escapar de sus experiencias vitales, cualesquiera sean. Escapan mucho menos de ellas los narradores que los poetas, a pesar de que se suele creer lo contrario. Sin embargo, la huella de la infancia en Alabama, de la semiorfandad paterna y del choque del sureño homosexual con la aristocracia bastarda de Nueva York no sólo son visibles, son explícitas en la obra de Capote, una rara combinación de espíritu proustiano y de precisión yanqui —sobre todo en los diálogos—, lo que da por resultado una prosa elegante y corrosiva.

Periodista del sofisticado New Yorker, no sabemos con cuánto interés llegó a Holcomb pero allí avisoró, tampoco sabemos cómo —tal vez cuando se enamoró del asesino Perry Smith—, un estilo distinto: la no ficción. Distinto, pero no nuevo en el mundo; aquí, con menos bambolla, lo había probado Rodolfo Walsh en Operación masacre (1957). Ambos libros aparecieron cuando sus protagonistas estaban muertos. Dicen que Walsh se encogía de hombros cuando alguien le preguntaba cómo supo que tal o cual detalle escrito en Operación masacre había sido así en la realidad. David Carr escribió en el New York Times, a propósito de Capote: «El periodista se sienta frente al sujeto, todo oídos, para ayudar al sujeto a contar su historia. Pero la historia que se cuenta es la que el escritor elige contar. Y una vez que la escritura llega a la página, se desencadena el infierno». Esta es la mejor definición de la non fiction que conozco. Y tal vez de todo el llamado nuevo periodismo.

 

Cuatro disparos que acabaron con seis vidas


ASI ESCRIBE

Hasta una mañana de mediados de noviembre de 1959, pocos americanos —en realidad pocos habitantes de Kansas— habían oído hablar de Holcomb. Como la corriente del río, como los conductores que pasaban por la carretera, como los trenes amarillos que bajaban por los raíles de Santa Fe, el drama, los acontecimientos excepcionales nunca se habían detenido allí. Los habitantes del pueblo —doscientos setenta— estaban satisfechos de que así fuera, contentos de existir de forma ordinaria… trabajar, cazar, ver la televisión, ir a los actos de la escuela, a los ensayos del coro y a las reuniones del club.

Pero entonces, en las primeras horas de esa mañana de noviembre, un domingo por la mañana, algunos sonidos sorprendentes interfirieron con los ruidos nocturnos normales de Holcomb… con la activa histeria de los coyotes, el chasquido seco de las plantas arrastradas por el viento, los quejidos lejanos del silbido de las locomotoras. En ese momento, ni un alma los oyó en el pueblo dormido… cuatro disparos que, en total, terminaron con seis vidas humanas. Pero después, la gente del pueblo, hasta entonces suficientemente confiada como para no echar llave por la noche, descubrió que su imaginación los recreaba una y otra vez… esas sombrías explosiones que encendieron hogueras de desconfianza, a cuyo resplandor muchos viejos vecinos se miraron extrañamente, como si no se conocieran.

(De A sangre fría, la novela publicada en 1965)

 

Ficha

DIRECTOR: BENNETT MILLER
ELENCO: PHILIP SEYMOUR HOFFMAN, CATHERINE KEENER, CLIFTON COLLINS JR. Y OTROS
ORIGEN: ESTADOS UNIDOS
ESTRENO EN LA ARGENTINA:
2 DE MARZO

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Documentales

Clarín

El otro lado de Polo

Se acaba de editar Polo, el buscador, de Hugo Montero e Ignacio Portela. Se trata de una exhaustiva biografía de Fabián Polosecki, el periodista que en los ’90 llevó adelante el ahora clásico programa El otro lado, revolucionando el criterio de los documenales de la televisión argentina.

Pastor en Malvinas

Hoy partirá hacia Malvinas el periodista Facundo Pastor. Grabará allí un documental con el nadador Gustavo Oriozabala, producido por América. En homenaje a los caídos en la guerra, el deportista intentará cruzar a nado el Estrecho de San Carlos que separa a las islas Malvinas entre sí.