LAS INTRIGAS DEL ROBO DE «EL GRITO» Y «MADONNA»

CLARÍN

Abren el juicio por las obras de Munch que siguen sin aparecer

Hay seis acusados que empezaron a ser juzgados en Oslo. De las pinturas nada se sabe.

Sarah Lyall.
NEW YOK TIMES Y CLARIN.

Seis hombres están a punto de ser juzgados por uno de los robos más escandalosos de la historia. Pero, ¿dónde está "El grito"? Los ladrones dieron el golpe la mañana del 22 de agosto de 2004, no mucho después de que abriera el Museo Eduard Munch de Oslo. De los 80 visitantes, muchos estaban en la galería de planta baja, donde se exhibían pinturas valiosas.

La somnolencia del verano tardío se interrumpió por la repentina presencia gritona de dos hombres con pasamontañas que ingresaron por la puerta principal. Usando un arma para obligar a los guardias del museo a echarse al piso —ni los guardias de seguridad ni los policías en Noruega están habitualmente armados— los intrusos arrancaron dos pinturas de la pared de la galería principal. Los trataron con tan poco cuidado, que los testigos relataron luego su angustia por la gran brutalidad del asalto.

Todo llevó menos de cinco minutos, y para cuando llegó la policía, los ladrones ya hacía rato que habían desaparecido. Junto con dos tesoros de la enorme colección del museo de obras del expresionista noruego Edvard Munch. Una era "Madonna", un retrato erótico y sensual de una mujer de cabello largo y el pecho desnudo. El otro, un clásico del artista, "El grito", encarnación del horror existencial y la angustia.

El asalto fue visto en Noruega como un golpe humillante para el país, que considera las pinturas de Munch como uno de sus activos culturales más preciosos. La policía se abocó a la tarea de encontrar a los ladrones, y la ciudad de Oslo ofreció US$ 386.000 por la devolución de los cuadros. A un año y medio del episodio, hay seis hombres acusados por el crimen y su proceso judicial comenzó esta semana. Tendrán a los ladrones, pero siguen sin hallar los cuadros.

Los que siguen este tipo de casos recordarán que "El grito" ya fue robado una vez en 1994. Pero era otra versión, la que estaba en el Museo Nacional de Arte, del otro lado de la ciudad de Oslo. Y el robo fue risiblemente aficionado, con una escalera apoyada contra una ventana del segundo piso y un ladrón tan nervioso que se cayó, llegando casi a matar a su cómplice. Esa historia tuvo un final más feliz. La policía recobró la pintura cuatro meses después. Pero el robo de 2004 fue más pulido y violento, y la posterior investigación ha resultado mucho más difícil.

La policía sabe algo de lo que pasó después. Los ladrones rompieron pedazos de sus marcos, se metieron en un Audi negro que los esperaba afuera y huyeron conducidos por un cómplice. Al poco tiempo, abandonaron el auto después de rociar su interior con un extintor de incendios para borrar cualquier evidencia forense. La policía encontró el vehículo más tarde ese mismo día.

El Museo Munch esperó un pedido de rescate. Ingresaron docenas de llamadas —una de un loco que, según dijo, sentía la presencia de las pinturas en Estados Unidos, otra de un trío de brujas filipinas que intuían el paradero de los cuadros, aunque solamente si recibían primero un Munch original—, pero nada creíble.

El valor de "El grito" y "Madonna" juntos ha sido fijado entre US$ 40 millones y US$ 100 millones. Pero la realidad es que estos cuadros son demasiado reconocibles como para ser vendidos abiertamente. "Nunca entrarán en el mercado legítimo del arte", dijo Sarah Jackson, de Art Loss Register, directora de investigación histórica y recuperaciones del Registro de Obras de Arte Perdidas, con una base de datos de alrededor de 160.000 obras de arte y antigüedades saqueadas y robadas.

Las autoridades dicen que saben, por lo menos, dónde estuvieron escondidos los Munch durante un mes después del robo: en un autobús estacionado en un predio al norte de Oslo perteneciente a Thomas Nataas, un hombre que estaría en la periferia de la comunidad delictiva de la ciudad.

En una entrevista reciente con Reuters, Nataas, 25 años, que será sometido a juicio acusado de manejar bienes robados —los otros acusados enfrentan cargos distintos— afirmó que las pinturas habían sido puestas en su autobús y cubiertas con plástico, sin su permiso. Cuando los ladrones finalmente le dijeron que estaban ahí, vio brevemente las pinturas, dijo Nataas, lo suficiente como para determinar que "Madonna" tenía un pequeño raspón y que "El grito" estaba intacto.

Hojem Ervik, el fiscal que sigue el caso, reconoció que algunos oficiales secretos habían estado cerca cuando se trasladaron los cuadros. "Recibimos información de que los cuadros podrían cambiar de manos, pero no sabíamos dónde ni quién participaría", dijo. "Teníamos muy poca información para actuar —agregó—. Cuando llegó la unidad secreta, ya se habían ido".

Pasaron ocho meses hasta que la policía arrestó a Petter Rosenvinge, 38, que había sido acusado de vender el auto que ayudó a huir a los ladrones. Se dice que Rosenvinge a su vez los condujo a los otros imputados en el caso. Son Bjorn Hoen, 37, que tiene condenas anteriores por robo y estafa y que fue acusado de orquestar toda la operación; Morten Hugo Johansen, 38, acusado de guardar y entregar el auto para la huida; Petter Tharaldsen, 34, que está cumpliendo una condena por otro robo y fue acusado de conducir el auto en el que huyeron; y Stian Skjold, 30, acusado del robo propiamente dicho. El otro ladrón todavía está prófugo, al igual que los otros que están involucrados.

Con seis acusados esperando ser juzgados, ¿cómo es que la policía no puede convencerlos de revelar dónde están los Munch perdidos?

"La principal razón es que le tienen miedo a una venganza", dijo Charles Hill, ex detective del escuadrón de arte de Scotland Yard que orquestó la devolución de "El grito" en 1994 y ahora trabaja como consultor en recuperación de obras de arte. "Si alguno de estos tipos llega a hablar, los criminales perseguirán a sus familias". 

 
 
 
 
 

GOLPES AL PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD : ESPECTACULAR ASALTO EN EL PRIMER DIA DEL CARNAVAL DE RIO

Roban cuadros de Monet, Dalí y Matisse y se escapan en medio de las comparsas

Cuatro hombres entraron a un museo. Huyeron a pie entre la multitud y con las obras valuadas en US$ 50 millones en la cabeza.

Eleonora Gosman. SAN PABLO CORRESPONSAL
egosman@clarin.com

En una acción inusualmente violenta, una banda delictiva se valió del comienzo de la farra de Carnaval para robar obras de arte de un museo carioca valuadas en 50 millones de dólares. Fueron tres grandes cuadros: "El jardín de Luxemburgo" de Henri Matisse, "Marina" de Claude Monet, "Dos balcones" de Salvador Dalí y un grabado de Pablo Picasso, "Danza".

El ataque demoró 20 minutos. Fue tiempo suficiente para que los cuatro ladrones con sus rostros descubiertos, jeans y camisetas, tomaran a nueve rehenes y se alzaran con las obras de arte para huir entremezclados con una comparsa de Carnaval.

A pie, y por el mismo lugar que usaron para entrar en el museo asaltado, Chácara do Céu, los delincuentes cargaron los cuadros y el grabado sobre sus cabezas. En el camino, según relatos de algunos testigos, una de las pinturas resbaló y otra, que sería la de Monet, quedó enganchada en la rama de un árbol.

La directora del Museo, Vera de Alencar, se lamentó: "Son las obras más valiosas de la institución". Para los especialistas no hay consuelo. Si Brasil ya carecía de expresiones del modernismo europeo, ahora ya no cuenta con nada: se fue, al decir de un crítico de arte, "la parte más relevante" del acervo nacional. Estos expertos sostuvieron que estas obras no se pueden vender. "Las casas de remate famosas estarán avisadas. Por eso, hay dos hipótesis: que se trata de un loco con buen gusto y ojo para el arte; o tal vez de un secuestro para pedir rescate".

Ayer, la Policía Federal de Brasil pidió ayuda a Interpol para evitar que los cuadros salgan del país. Se divulgó, también, un retrato de los delincuentes. "Ahora el objetivo es monitorear el movimiento de los cuadros robados, en el país y en el exterior", indicaron los jefes policiales. Por de pronto, ya se cursaron los datos a 182 países donde eventualmente podrían recalar las pinturas.

Isabelle Vasconcellos, comisario de la Policía Federal, se asombró. "Es el primer caso de violencia que registra la institución en el robo de obras de arte. Desde ese punto de vista, es un delito atípico. Sin embargo, los asaltantes sabían bien lo que estaban haciendo". De acuerdo con los relatos de custodios del museo, los asaltantes fueron precisos: "Se dirigieron al sector de cámaras de seguridad y las dañaron". Estas características, según los investigadores de la Federal brasileña, hacen pensar que se trató de un delito por encargo. "Puede haberse tratado de un robo pedido por algún coleccionista", especuló el superintendente policial José Rodrigues.

Durante el asalto, la banda dominó a nueve personas, entre ellas 4 turistas extranjeros que visitaban el museo. Con amenazas de tirar una granada consiguieron reducir a una pareja neocelandesa y dos estudiantes australianos; encima, se llevaron sus máquinas fotográficas, sus pasaportes y sus celulares. También lograron paralizar a un guía turístico, dos custodios y dos empleados.

Los delincuentes entraron al museo por una escalera lateral que da acceso a la cocina y desde allí se dirigieron a la biblioteca donde retiraron las obras, que estaban colgadas de hilos de nylon. No tuvieron ningún problema para cortarlos: se sirvieron de un cuchillo que formaba parte de un juego de colección.

Funcionarios del gobierno de Lula da Silva consideraron ayer que puede ser una acción de una banda internacional. "Ahora, lo que importa es divulgar al máximo las imágenes de las obras, para inhibir la reventa", sostuvieron asesores del ministro de Cultura, Gilberto Gil. Sin embargo, la directora del museo, Vera de Alencar, cree difícil que los cuadros pasen a manos de coleccionistas.

El Museo Chácara do Céu fue fundado en 1972, en la antigua residencia del empresario y mecenas Raymundo Ottoni de Castro Maya. Nacido en 1894 (y fallecido en 1968), Castro Maya viajó innumerables veces a Europa donde se contactó con lo más granado del mundo parisino. En una de sus giras llegó a comprar 400 piezas de Debret, que hoy constituyen el mayor acervo mundial del artista. Hace 23 años, la institución pasó a depender el Ministerio de Cultura de Brasil. Bajo esa dependencia sufrió varios ataques. Uno de ellos, en 1989, les representó la pérdida de ocho telas, un tapiz y 27 piezas de plata. Según una investigación del Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, realizada en 2004, Río de Janeiro exhibe un feo récord nacional en materia de robos de piezas históricas. Más de 500 obras son buscadas, lo que representa más de la mitad de todo lo desaparecido en Brasil.

 

 

 

 

 

 

 

TELEVISION: YA SE ESTA GRABANDO «AL LIMITE»

Clarín

Historias de suspenso

El ciclo de unitarios de Endemol tendrá a Juan Gil Navarro, Leticia Bredice, Nicolás Cabré y Claudia Lapacó en los personajes —rotativos— centrales.

Adriana Bruno.

abruno@clarin.com

Juan Gil Navarro, Leticia Bredice, Claudia Lapacó y Nicolás Cabré comenzaron anteayer las grabaciones de Al límite, el ciclo de unitarios que los tendrá como protagonistas, posiblemente desde abril, por Telefé, en una producción de Endemol.

Con historias que tendrán su resolución en cada uno de los trece episodios previstos, el eje estará puesto en el suspenso, muchas veces a partir de la intriga que surge de un crimen. Los libros, de Mario Segade y Gustavo Belatti, intentarán involucrar al espectador en la resolución del misterio, dándole de a poco las pistas para descubrir la verdad.

El elenco será fijo, pero en cada episodio irán cambiando los personajes que encarnen. Personajes que, como ya anuncia el título del unitario, estarán "al límite" de sus posibilidades afectivas y por eso reaccionarán de la manera en que terminan haciéndolo.

Si bien con sus diferencias entre todos los productos, el género policial, que casi monopolizó la TV en 2005, parece entrar en 2006 con buena salud. A la ya anunciada segunda temporada de Mujeres asesinas (Canal 13), se sumará esta nueva propuesta de la productora de Historias de sexo de gente común y Doble vida, que este año encarará también la miniserie Acompañantes, con Jorge Marrale, Fabián Gianola, Pablo Rago y Nicolás Pauls.

"Este es un programa oscuro, pero no por marginal, sino por género", puntualiza Diego Palacios, director del programa, que ya hizo las otras dos ficciones de la productora. "Los espacios y los climas también tendrán que ver con las historias: puede ser un ambiente cerrado, más intimista, o una road movie —cuenta—. El primer episodio, por ejemplo, es la historia de un crimen, en una casa donde hay un asesino a sueldo, pero donde los demás también son sospechosos. La segunda es la estafa de un hijo a su madre, y también habrá una historia gay. Lo que las une es que en un momento no hay vuelta atrás."

A Juan Gil Navarro lo entusiasma poder participar en la realización: "los actores podemos charlar y sugerir situaciones, porque Segade y Belatti están muy abiertos a eso", dice. Y sobre el protagonismo alternativo, aclara que "somos actores que salen con el cuchillo en la boca a defender el trabajo, no el cartel. Apuntalar el trabajo del otro también está bueno; hay veces en que uno hace el pase y el otro hace el gol. Lo que estamos buscando es que la gente se siente en el borde de la silla mientras ve el episodio." A Cabré, lo que más lo atrajeron fueron los libros y, dice, el equipo. "Quería volver a hacer unitarios, con otros tiempos para trabajar y la oportunidad de crecer y mejorar".

 

La argentina «El custodio» fue premiada en el Festival de Berlín

Clarín
EL FILME DE RODRIGO MORENO TIENE A JULIO CHAVEZ COMO PROTAGONISTA

Obtuvo el Alfred Bauer, que distingue al filme más innovador de la competencia.


Diego Lerer. BERLIN ENVIADO ESPECIAL

dlerer@clarin.com

Como La ciénaga, de Lucrecia Martel, cinco años atrás, la película argentina El custodio, dirigida por Rodrigo Moreno, se llevó el Premio Alfred Bauer del Festival de cine de Berlín, en el que acaso sea el premio más importante conseguido por el cine argentino desde el doble Oso de Plata que obtuvo aquí mismo El abrazo partido, dos años atrás. El Alfred Bauer —nombrado así en honor al fundador de la Berlinale— se entrega al filme que es considerado más innovador, artísticamente, de la sección competitiva.

"Quiero agradecer al festival de Berlín por creer en mi proyecto desde el principio —dijo Moreno, una vez que subió al escenario del Berlinale Palast—. También quiero agradecer al jurado y al World Cinema Fund. Es increíble para mí." El premio se lo dio el artista multimedia y miembro del jurado, Matthew Barney, también él un innovador, y Moreno quiso compartirlo con su equipo. La dedicación fue por otro lado: "Quiero dedicarle el premio a mis padres, Carlos y Adriana —refiriéndose a los actores Carlos Moreno y Adriana Aizenberg—. Muchas gracias".

El premio a Moreno dado por el jurado que dirigía la actriz Charlotte Rampling— fue sorpresivo para algunos y festejado por otros. Y no estaba entre los candidatos de los medios —que sí tenían a los filmes de Robert Altman y Claude Chabrol, que no ganaron premio alguno—.

El Oso de oro correspondió al filme bosnio Grbavica, de Jasmine Zbanic, un premio con más sentido político que estético. El segundo premio —el Oso de plata— fue compartido por A Soap, de la danesa Pernille Fischer Christensen (que también ganó el premio a la opera prima dado por otro jurado) y el iraní Offside, de Jafar Panahi, en una decisión compartida que puede tener su significado político luego de las controversias por las caricaturas de Mahoma que tanto ofendieron a los musulmanes.

El premio al mejor director recayó en Michael Winterbottom y Mat Whitecross, realizadores de la gran candidata, The Road to Guantanamo, quienes hicieron subir al escenario a los tres hombres torturados en la base militar norteamericana en Cuba. Los alemanes se llevaron varios premios, aunque ninguno correspondió a Sehnsucht, la mejor de las cuatro locales. Mejor actor fue Mortiz Bleitbreu (Las particulas elementales), mejor actriz, Sandra Hüller (Requiem), y el también actor Jurgen Vogel ganó el premio a la contribución artística por su papel como un violador que sale de la cárcel tras cumplir su condena en el filme The Free Will.

El custodio —la opera prima como "solista" de Moreno luego de participar en los proyectos colectivos Mala época y El descanso— narra la historia de un guardaespaldas (Julio Chávez) de un ministro argentino, dedicado a seguir y a proteger al político en cuestión en todo momento, dejando de lado su vida por completo. El filme se estrenará en la Argentina en abril.

Trumanshow

Revista Ñ

El estreno del filme "Capote", que llega aquí en marzo, provocó reediciones de sus libros, en primer lugar la novela "A sangre fría", sobre un asesinato múltiple en Kansas. Y vuelve la discusión sobre los métodos que usó para conseguir de uno de los asesinos el relato del crimen. Aquí, una valoración de su estilo, la "non fiction", y una entrevista al director de la película.

GABRIELA ESQUIVADA.
En la vida de Truman Capote no hubo mejor año que 1966.

A fines del anterior había publicado A sangre fría —una "novela sin ficción", como bautizó el género, sobre una familia masacrada y sus asesinos— y había alcanzado la celebridad literaria. Si antes había vivido decorosamente de los derechos cinematográficos de su novela Desayuno en Tiffany»s y de sus textos para el semanario The New Yorker, ahora el dinero había comenzado a lloverle. Dejó la casa que compartía con su compañero Jack Dunphy, en Brooklyn, y compró un departamento en la Quinta Avenida de Manhattan, en el piso 22 del edificio de moda en Nueva York. Cambió su automóvil por un Jaguar descapotable y le regaló a Jack un Ford Falcon. Al firmar un contrato con Random House para un nuevo libro, Plegarias atendidas, recibió un anticipo de 250.000 dólares. El 28 de noviembre ofreció su inolvidable Fiesta en Blanco y Negro, astutamente dedicada a la poderosa dueña de The Washington Post. Quinientos invitados de la alta sociedad asistieron al Hotel Plaza: todos llevaban máscaras (incluido el servicio secreto que custodiaba a la hija del presidente Lyndon Johnson) y vestían, según el arbitrario protocolo, de negro los varones y de blanco las mujeres.

1966 fue el mejor año en la vida del escritor norteamericano Truman Capote, y ya se sabe lo que sucede cuando alguien llega a su punto más alto: sólo le resta el camino del descenso.

Qué motivos provocaron ese viraje es la pregunta detrás de Capote, que acaso le valga a Phillip Seymour Hoffman un Oscar como mejor actor. La crítica le dio un aplauso unánime, y Gerald Clarke, autor de la biografía del escritor en que se basa la película, dijo que Hoffman "ha hecho mucho más que interpretar a Truman: lo ha resucitado".

Benett Miller, un joven director con un solo antecedente (el documental The Cruise), y Dan Futterman, un guionista debutante, decidieron ignorar la historia completa de Capote y centraron su relato en la investigación y la escritura de A sangre fría, cinco años que encierran la clave que ilumina el pasado y el futuro del escritor. Eso mismo eligió hacer Douglas McGrath, el director de Infamous, otra película sobre Capote que se estrenará en octubre próximo. El cineasta se basó en Truman Capote —donde varios amigos, enemigos, conocidos y detractores recuerdan su turbulenta carrera—, libro de George Plimpton. Acostumbrado a los grandes elencos —dirigió Nicholas Nickelby y Emma—, McGrath dispuso de 3,6 millones de dólares para que Gwyneth Paltrow abriera la película como Miss Peggy Lee cantando This Thing Called Love. Sandra Bullock, Sigourney Weaver, Jeff Daniels, Isabella Rosellini y otros acompañan a Toby Jones, a cargo del personaje principal.

Capote se estrenó en los Estados Unidos el 30 de setiembre pasado, cuando el escritor habría cumplido 81 años si no hubiera muerto el 25 de agosto de 1984 por un exceso de barbitúricos y analgésicos. De inmediato A sangre fría regresó a las listas de best-séllers, una nueva edición con la estampa de Hoffman en la tapa, y Random House exhumó, entre los papeles hallados en la casa de Brooklyn y subastados en Sotheby»s, una novela que Capote escribió durante su adolescencia, Summer Crossing, y que nunca había querido publicar. Aunque predecible, la narración muestra la capacidad de Capote para observar, como un antropólogo social, las costumbres urbanas. Grady McNeil —un ensayo de la Holly Golightly de Desayuno en Tiffany»s—, joven rica de dieciocho años, se queda sola en su piso de la Quinta Avenida mientras su padre y su madre veranean tres meses en un crucero. El título evoca esa travesía veraniega y juega también con el cruce de dos mundos que sucederá cuando Grady se declare enamorada de Clyde Manzer, empleado de un estacionamiento, veterano de la Segunda Guerra Mundial, judío, pobre y vecino de Brooklyn. Entre los amigos vulgares, la imposible familia y la virilidad irresistible de Clyde, la adolescente pierde la cabeza. A lo largo del peligroso camino que toma Grady, Capote describe —amorosa, poéticamente— la ciudad de Nueva York.

Dos películas, dos libros. A cuatro décadas de aquel resplandeciente 1966, parece que Capote volverá a tener un gran año.

El 15 de noviembre de 1959 Perry Smith y Dick Hickock llegaron a la granja de los Clutter, en Holcomb, Kansas, típico paisaje del interior norteamericano: trigo, defensores de la abstención sexual y alcohólica, iglesias, votantes de los republicanos. "Como las aguas del río, como los automovilistas de la autopista y los trenes amarillos que bajan serpenteando por las vías del Santa Fe, el drama, en forma de acontecimiento excepcional, nunca se había detenido allí", escribiría luego Capote. Pero ese día Holcomb fue noticia porque Smith y Hickock, sin dar con el dinero que buscaban, pusieron una bala en la cabeza de cada miembro de la familia Clutter.

En la pantalla, Hoffman modula una increíble voz de pito, con acento del sur y morosidad artificiosa, ante unos policías que, imbuidos de los valores del oeste norteamericano, entre los que no sobresale la tolerancia, se espantan ante el extravagante atuendo que proclama —como si hiciera falta— la homosexualidad del enviado de The New Yorker. No lo reducen a patadas porque prefieren dedicar su tiempo a la investigación de ese caso inverosímil en un pueblo donde todos se conocen. Sólo la paciencia y la atención a las costumbres locales que muestra Nelle Harper Lee, la futura autora de Matar a un ruiseñor (interpretada por Catherine Keener), consigue que Capote penetre en la historia.

Las puertas de Holcomb se van abriendo y un día de diciembre dos sospechosos del crimen son arrestados en Las Vegas. Capote comprende que su reportaje ha cambiado: ahora debe reconstruir las vidas de las víctimas y los victimarios, y el aciago cruce de sus caminos en Kansas. Cuando llevan a los asesinos ante el juez, la mirada de Smith (interpretado por Clifton Collins, Jr.) encuentra la de Capote. El flechazo inquieta a Harper Lee.

—¿Cree usted que el vínculo entre Truman y Perry era amor? —le preguntaron a Hoffman en el Festival de Cine de Nueva York.

—El amor —respondió— se presenta en diferentes formas. ¿Qué clase de amor los unía? Creo que se trataba de identificación.

Su personaje lo dice, en una línea memorable del guión: "Es como si Perry y yo hubiésemos crecido en la misma casa. Y un día él salió por la puerta de atrás y yo por la de adelante".

Ambos habían sido abandonados en la niñez —Capote vivió con diferentes familiares, Smith en internados—; ambos habían crecido con la necesidad de probar —o probarse— que eran alguien; ambos se hundían en una soledad abismal donde no existía otro tema que ellos mismos.

—Cada uno se ve en el otro, a la vez tan diferente —siguió Hoffman—: eso los fascina y los lleva a la intimidad. Truman necesitaba romper la coraza de Perry, mantener ese canal abierto durante años para que le contara cómo habían sido los asesinatos, y creo que el subproducto de eso fue el amor. Tras la ejecución, Truman atravesó un profundo duelo.

Como si el escándalo de la periodista Judit Miller y su relación con fuentes de la Casa Blanca hubiera sucedido en Marte, en los Estados Unidos se discutió mucho sobre la ética de Capote, quien pagó abogados, sobornó autoridades de la prisión, escribió cartas e hizo regalos para ganar la confianza de Smith y traicionarla en un libro. El guionista Futterman ha citado en varias entrevistas la famosa frase con que Janet Malcolm abrió su libro El periodista y el asesino: "Todo periodista que no sea tan estúpido o arrogante como para ignorar cómo son las cosas, sabe que su tarea es moralmente indefendible". Hoffman, mucho más comprensivo, encarna sin juzgar la ambivalencia ética de Capote. Es la tradición de William Faulkner: "Un buen artista será completamente despiadado".

Y despiadado es el Capote que compone Hoffman, ansioso por poner un final al libro, lo cual implica la ejecución de Smith y Hickock. Pero los condenados apelan y apelan —"me están torturando", se lamenta ante Harper Lee—, y el desenlace se posterga. ("Tengo que liberarme del libro pase lo que pase. Casi diría que ya no me importa un huevo lo que suceda. Acabaré volviéndome loco", le escribió a un amigo, según la biografía de Clarke.) Por dos años Capote sufre, seguro de tener en sus manos su obra maestra —"cuando pienso en lo extraordinario que será este libro, se me corta la respiración", dice— imposible de terminar. Deja de enviarle libros a Smith y de responder a sus cartas. Con un telegrama se sacude un último pedido de ayuda: "Querido Perry. No puedo visitarte hoy porque no está permitido. Tu siempre amigo. Truman".

También Infamous recoge la idea de Capote según la cual el escritor debe servirse de todo, como el buitre de la carroña. "No pueden siquiera imaginarse mi agonía. Trabajé en este libro cuatro años, incesantemente, dejando todo mi ser… Y ahora debo esperar así, impedido de publicar lo que he escrito, hasta que los cuelguen", dice el Capote de Jones, bebe un trago y concluye: "No veo la hora".

—¿Le dejó heridas encarnar a un personaje tan oscuro? —le preguntaron a Hoffman en el NYFF.

—No. Pero me dejó exhausto. Un actor debe entender, debe perdonar a su personaje, anular su propio sentido crítico. Creo que él necesitaba que los asesinos muriesen por muchas razones, todas alrededor del libro. ¿Acaso podía publicarlo si ellos vivían? Hubieran podido leerlo, y refutarlo. Dentro de Capote bullían a la vez el dolor, la ambición, la culpa, el deseo… Precisamente esa tragedia interior me conquistó. Murió a los 59 años, solo, intoxicado, sin haber podido terminar nunca otro libro.

"Nadie sabrá nunca lo que A sangre fría se llevó de mí", cita Clarke a Capote. Su abuso del alcohol y las drogas escaló violentamente, y en general su vida se volvió más temeraria. Gore Vidal lo demandó —ya lo había hecho Marlon Brando— por contar cómo lo echaron de la Casa Blanca, borracho, de los fondillos. Sus amigos ricos y famosos se enfurecieron con él, y lo aislaron como a un paria, cuando "La CÉte Basque", un capítulo de la inconclusa Plegarias atendidas, apareció en la revista Esquire: muchos vieron allí, apenas disimuladas, sus propias historias. Sólo consiguió reunir los artículos que conforman Música para camaleones y renegociar una y otra vez el contrato por la novela cuyo título sale de una frase atribuida a Santa Teresa: "Más lágrimas se vierten por las plegarias atendidas que por las desoídas". Acaso hablaba —una vez más— de sí mismo, y esas lágrimas fueron las que derramó por A sangre fría.

 

Capote básico

 

NUEVA ORLEANS, 1924.
LOS ANGELES, 1984

Lilie Mae Faulk tenía 18 años cuando dio a luz a Truman. El padre, Arch Persons, de 27, mandó a la mujer y a su hijo al pueblo de Monroeville, Alabama, y se desligó de ellos. La madre se casó con el cubano Capote García, que dio su apellido al chico. Truman Capote estudió en la Trinity School de Nueva York y a los 17 años comenzó a trabajar en el semanario The New Yorker. Se convirtió en un escritor de fama en la elite neoyorquina con Otras voces, otros ámbitos, a los 23 años. En diez años había cultivado tanto las amistades importantes que pudo escribir una novela en la que retrataba la soledad encubierta por el brillo en la clase alta. La historia se llamó Desayuno en Tiffany»s (1958). Al año siguiente comenzó la investigación del asesinato de una familia de granjeros en Kansas que le permitió publicar A sangre fría (1965), considerada la pieza clave del estilo llamado "no ficción" que le dio fama y mucho dinero. La publicación de Plegarias atendidas le cerró las puertas de los ambientes exclusivos de la ciudad: notables personajes se sintieron reflejados en el libro. Tras pasar por varios hospitales, por sus descomunales ingestas de barbitúricos y alcohol, murió en la casa de amigos, en Los Angeles. No quiso que llamaran a los médicos.

 

 

La trampa de la no ficción

ME PARECE
JORGE AULICINO PERIODISTA Y ESCRITOR.

A sangre fría fue un giro menos radical de lo que parece en la narrativa de Truman Capote. Significa, eso es verdad, un desvío considerable. Capote no sólo era un niño terrible del llamado jet set neoyorquino, un bufón malicioso y estridente cuyas insolencias eran toleradas en nombre de su increíble talento; era además un narrador cuyo leit motiv lo constituía su propia biografía.

Podrá decirse que difícilmente un narrador logre escapar de sus experiencias vitales, cualesquiera sean. Escapan mucho menos de ellas los narradores que los poetas, a pesar de que se suele creer lo contrario. Sin embargo, la huella de la infancia en Alabama, de la semiorfandad paterna y del choque del sureño homosexual con la aristocracia bastarda de Nueva York no sólo son visibles, son explícitas en la obra de Capote, una rara combinación de espíritu proustiano y de precisión yanqui —sobre todo en los diálogos—, lo que da por resultado una prosa elegante y corrosiva.

Periodista del sofisticado New Yorker, no sabemos con cuánto interés llegó a Holcomb pero allí avisoró, tampoco sabemos cómo —tal vez cuando se enamoró del asesino Perry Smith—, un estilo distinto: la no ficción. Distinto, pero no nuevo en el mundo; aquí, con menos bambolla, lo había probado Rodolfo Walsh en Operación masacre (1957). Ambos libros aparecieron cuando sus protagonistas estaban muertos. Dicen que Walsh se encogía de hombros cuando alguien le preguntaba cómo supo que tal o cual detalle escrito en Operación masacre había sido así en la realidad. David Carr escribió en el New York Times, a propósito de Capote: "El periodista se sienta frente al sujeto, todo oídos, para ayudar al sujeto a contar su historia. Pero la historia que se cuenta es la que el escritor elige contar. Y una vez que la escritura llega a la página, se desencadena el infierno". Esta es la mejor definición de la non fiction que conozco. Y tal vez de todo el llamado nuevo periodismo.

 

Cuatro disparos que acabaron con seis vidas


ASI ESCRIBE

Hasta una mañana de mediados de noviembre de 1959, pocos americanos —en realidad pocos habitantes de Kansas— habían oído hablar de Holcomb. Como la corriente del río, como los conductores que pasaban por la carretera, como los trenes amarillos que bajaban por los raíles de Santa Fe, el drama, los acontecimientos excepcionales nunca se habían detenido allí. Los habitantes del pueblo —doscientos setenta— estaban satisfechos de que así fuera, contentos de existir de forma ordinaria… trabajar, cazar, ver la televisión, ir a los actos de la escuela, a los ensayos del coro y a las reuniones del club.

Pero entonces, en las primeras horas de esa mañana de noviembre, un domingo por la mañana, algunos sonidos sorprendentes interfirieron con los ruidos nocturnos normales de Holcomb… con la activa histeria de los coyotes, el chasquido seco de las plantas arrastradas por el viento, los quejidos lejanos del silbido de las locomotoras. En ese momento, ni un alma los oyó en el pueblo dormido… cuatro disparos que, en total, terminaron con seis vidas humanas. Pero después, la gente del pueblo, hasta entonces suficientemente confiada como para no echar llave por la noche, descubrió que su imaginación los recreaba una y otra vez… esas sombrías explosiones que encendieron hogueras de desconfianza, a cuyo resplandor muchos viejos vecinos se miraron extrañamente, como si no se conocieran.

(De A sangre fría, la novela publicada en 1965)

 

Ficha

DIRECTOR: BENNETT MILLER
ELENCO: PHILIP SEYMOUR HOFFMAN, CATHERINE KEENER, CLIFTON COLLINS JR. Y OTROS
ORIGEN: ESTADOS UNIDOS
ESTRENO EN LA ARGENTINA:
2 DE MARZO

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Documentales: El otro lado de Polo y Pastor en Malvinas

Clarín

El otro lado de Polo

Se acaba de editar Polo, el buscador, de Hugo Montero e Ignacio Portela. Se trata de una exhaustiva biografía de Fabián Polosecki, el periodista que en los ’90 llevó adelante el ahora clásico programa El otro lado, revolucionando el criterio de los documenales de la televisión argentina.

Pastor en Malvinas

Hoy partirá hacia Malvinas el periodista Facundo Pastor. Grabará allí un documental con el nadador Gustavo Oriozabala, producido por América. En homenaje a los caídos en la guerra, el deportista intentará cruzar a nado el Estrecho de San Carlos que separa a las islas Malvinas entre sí.

Documentales

Clarín

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Pastor en Malvinas

Hoy partirá hacia Malvinas el periodista Facundo Pastor. Grabará allí un documental con el nadador Gustavo Oriozabala, producido por América. En homenaje a los caídos en la guerra, el deportista intentará cruzar a nado el Estrecho de San Carlos que separa a las islas Malvinas entre sí.

La foto más cara de la historia

Clarín

CULTURA : SUBASTA RECORD

La luna, esa testigo silenciosa, esa gran irresistible. Ella es el motivo de la fotografía de Edward Steichen que ayer se convirtió en la más cara de la historia. Fue subastada en 2,9 millones de dólares.

«The Pond-Moonlight» (El estanque. Luz de luna), tomada por Steichen en 1904, muestra, entre una arboleda, el reflejo de la luna en las aguas mansas de un estanque de Long Island.

La imagen, de la que sólo hay dos copias, pertenecía al Metropolitan Museum pero ahora, y luego de pagar la cifra récord de 2,9 millones de dólares, ha pasado a manos del galerista Peter MacGill.

La pieza había salido a remate en Sotheby’s junto a otras 34 importantes fotografías de la colección del Metropolitan, y su precio de base se había estimado entre 700 mil y un millón de dólares. La cifra final logró triplicar la apuesta.

En la misma subasta, se vendieron también las fotografías «Hands» (Manos) de Alfred Stieglitz, en 1,4 millón, y «Nude» (Desnudo) en 1,3 millón. Ambos fotógrafos, Steichen y Stieglitz, abrieron en 1905 la galería de arte «291» de Nueva York.

Jefe de fotografía de las revistas Vanity Fair y Vogue, Steichen fue uno de los primeros estadounidenses en utilizar la autocromía en sus experimentaciones para producir color en las copias. Luchó incansablemente para que la fotografía fuera considerada una manifestación artística plena y este récord parece confirmar que lo logró.

Al fin se sabe cuál era el verdadero rostro de William Shakespeare

Clarín
SERA REVELADO POR LA NATIONAL PORTRAIT GALLERY DE LONDRES

La imagen coincide con un cuadro pintado cuando Shakespeare tenía cuarenta años.

Alberto Amato.

aamato@clarin.com

Cuando Julieta cae fulminada de amor por su Romeo no le importa nada más que su rostro. Ni siquiera que sea un Montesco le interesa. En medio de la noche, Julieta murmura entonces que una rosa igual sería una rosa aunque se llamara de otra forma.

Para William Shakespeare una cara lo era todo. Por eso oscurece el rostro de Otelo con el tizne brutal de los celos. Y en esa falsa historia de amor de Romeo y Julieta, que es más bien un tratado sobre el odio, el rostro de los dos chicos es el de dos ángeles.

Es curioso que Shakespeare no tenga cara. Es decir, la tuvo. Pero ya nadie sabe cómo era. El error está a punto de repararse gracias a un trabajo de relojero hecho por la National Portrait Gallery de Londres que durante cuatro años analizó, diseccionó y comparó bajo el microscopio los seis retratos más populares del escritor para llegar a la conclusión de que sólo uno, conocido como "Retrato de Chandos" era el que contenía la imagen más verosímil de Shakespeare. El nombre le viene al cuadro de un señor duque que fue su dueño.

El retrato, narró Tanya Cooper, conservadora de la National Portrait, fue sometido a las técnicas más avanzadas de rayos X y de análisis de pigmentos. Y fue pintado por John Taylor, un amigo de Shakespeare, entre 1603 y 1610, cuando el escritor tenía unos cuarenta años, una mirada apasionada, una barba levemente rala, una calva más que incipiente y un talento como una catedral.

También tenía un aro dorado en la oreja izquierda, con lo que además de ratificar que no hay nada nuevo bajo la luz de ya sabemos quién, Willy fue un ejemplo de prodigio literario y último grito de la moda, dos cualidades que no son incompatibles.

Los meticulosos y apasionados científicos y artistas de la National Portrait Gallery han sido capaces de hurgar entre capas de óleo y barniz patinadas por los siglos, hasta descubrir los trazos originales de la primera versión del Retrato de Chandos, al que los metidos de siempre le agregaron un poco de barba y un poco más de cabello hasta hacerlo llegar a la altura de los hombros. Prueba de que la tiñosa y siempre estéril creencia de que puede mejorarse lo que está bien hecho, tampoco es nueva. El aro dorado de Shakespeare ya estaba en la versión original.

Todo esto se conocerá mejor cuando los muchachos de la National Portrait den a conocer el nuevo retrato de Shakespeare, armado por una computadora en base a los datos de cuatro años de trabajo. Será parte de una gigantesca exposición de óleos y manuscritos sobre el escritor bautizada como "Buscando a Shakespeare", otra muestra de la pasión que encienden los enigmas que rodean a su figura.

La National Portrait Gallery alberga la mayor colección de retratos del mundo, cerca de 1.300, de hombres y mujeres que han hecho historia desde la Edad Media a hoy: desde Enrique VIII a Los Beatles. En 1856, el primero de los cuadros donados al museo fue el "Retrato de Chandos", que durante años se creyó era una imagen falsa de Shakespeare.

La paradoja hubiera encantado a William: aquello que se sospechaba engañoso, no sólo resultó genuino, sino revelador. El hombre para quien una cara lo era todo perdió la suya primero y la recuperó después gracias a un retrato que se creía falso.

Casi pueden oírse las carcajadas de las alegres comadres de Windsor.

 

 

 

 

 

 

Festival de Berlín

Periodismo.com
Comienza el Festival de Cine de Berlín. Se verán 20 films argentinos

Pinti se llevó la Estrella de Mar de Oro

Clarín

Los productores, la obra que protagoniza con Francella, recibió otras siete estatuillas. Los premios se entregaron anoche en el teatro Auditórium de la ciudad balnearia.

Enrique Pinti fue galardonado con el Estrella de Mar de Oro y la obra Los productores, que protagoniza junto con Guillermo Francella, fue la más ganadora de la noche, con siete estatuillas, durante la entrega de los tradicionales premios que se entregan cada temporada en Mar del Plata.

La obra protagonizada por Pinti y Francella, que tenía once nominaciones, se llevó las Estrellas de mar en los rubros comedia musical, dirección (Ricky Pashkus), producción artística (Pablo Kompel), mejor actuación femenina de reparto (María Rojí), revelación (Pablo Sultani), vestuario (Fabián Luca) y escenografía (Alberto Negrín, que también trabajó en El método Gronholm).

El premio al mejor drama se lo llevó Canto de amor contra la muerte; el de mejor comedia dramática, El método Gronholm, por el que Jorge Suárez fue premiado como mejor actuación protagónica masculina; el de unipersonal, No seré feliz, pero tengo marido; el de variete, Los locos mandan; y el de teatro alternativo, Shangay-Té verde, sushi en ocho escenas.

Betiana Blum recibió el galardón a la mejor actuación protagónica femenina por Filomena Marturano, mientras que Carmen Flores fue premiada en labor musical individual por Copla y Guitarra y Omar Lopardo como actor de reparto por Van Gogh.

Sueño de una noche de verano ganó entre los espectáculos para niños; Fabricando sonidos, entre los musicales; y 25 años poco serios entre los de humor. Entre los espectáculos marplatenses, El cardenal se llevó el premio en teatro; Arman trío Little Big Band, en música; y Misterios de Flamenco en danza.

La tradicional fiesta del espectáculo de Mar del Plata se realizó anoche en el teatro Auditórium.