Trumanshow

Revista Ñ

El estreno del filme «Capote», que llega aquí en marzo, provocó reediciones de sus libros, en primer lugar la novela «A sangre fría», sobre un asesinato múltiple en Kansas. Y vuelve la discusión sobre los métodos que usó para conseguir de uno de los asesinos el relato del crimen. Aquí, una valoración de su estilo, la «non fiction», y una entrevista al director de la película.

GABRIELA ESQUIVADA.
En la vida de Truman Capote no hubo mejor año que 1966.

A fines del anterior había publicado A sangre fría —una «novela sin ficción», como bautizó el género, sobre una familia masacrada y sus asesinos— y había alcanzado la celebridad literaria. Si antes había vivido decorosamente de los derechos cinematográficos de su novela Desayuno en Tiffany»s y de sus textos para el semanario The New Yorker, ahora el dinero había comenzado a lloverle. Dejó la casa que compartía con su compañero Jack Dunphy, en Brooklyn, y compró un departamento en la Quinta Avenida de Manhattan, en el piso 22 del edificio de moda en Nueva York. Cambió su automóvil por un Jaguar descapotable y le regaló a Jack un Ford Falcon. Al firmar un contrato con Random House para un nuevo libro, Plegarias atendidas, recibió un anticipo de 250.000 dólares. El 28 de noviembre ofreció su inolvidable Fiesta en Blanco y Negro, astutamente dedicada a la poderosa dueña de The Washington Post. Quinientos invitados de la alta sociedad asistieron al Hotel Plaza: todos llevaban máscaras (incluido el servicio secreto que custodiaba a la hija del presidente Lyndon Johnson) y vestían, según el arbitrario protocolo, de negro los varones y de blanco las mujeres.

1966 fue el mejor año en la vida del escritor norteamericano Truman Capote, y ya se sabe lo que sucede cuando alguien llega a su punto más alto: sólo le resta el camino del descenso.

Qué motivos provocaron ese viraje es la pregunta detrás de Capote, que acaso le valga a Phillip Seymour Hoffman un Oscar como mejor actor. La crítica le dio un aplauso unánime, y Gerald Clarke, autor de la biografía del escritor en que se basa la película, dijo que Hoffman «ha hecho mucho más que interpretar a Truman: lo ha resucitado».

Benett Miller, un joven director con un solo antecedente (el documental The Cruise), y Dan Futterman, un guionista debutante, decidieron ignorar la historia completa de Capote y centraron su relato en la investigación y la escritura de A sangre fría, cinco años que encierran la clave que ilumina el pasado y el futuro del escritor. Eso mismo eligió hacer Douglas McGrath, el director de Infamous, otra película sobre Capote que se estrenará en octubre próximo. El cineasta se basó en Truman Capote —donde varios amigos, enemigos, conocidos y detractores recuerdan su turbulenta carrera—, libro de George Plimpton. Acostumbrado a los grandes elencos —dirigió Nicholas Nickelby y Emma—, McGrath dispuso de 3,6 millones de dólares para que Gwyneth Paltrow abriera la película como Miss Peggy Lee cantando This Thing Called Love. Sandra Bullock, Sigourney Weaver, Jeff Daniels, Isabella Rosellini y otros acompañan a Toby Jones, a cargo del personaje principal.

Capote se estrenó en los Estados Unidos el 30 de setiembre pasado, cuando el escritor habría cumplido 81 años si no hubiera muerto el 25 de agosto de 1984 por un exceso de barbitúricos y analgésicos. De inmediato A sangre fría regresó a las listas de best-séllers, una nueva edición con la estampa de Hoffman en la tapa, y Random House exhumó, entre los papeles hallados en la casa de Brooklyn y subastados en Sotheby»s, una novela que Capote escribió durante su adolescencia, Summer Crossing, y que nunca había querido publicar. Aunque predecible, la narración muestra la capacidad de Capote para observar, como un antropólogo social, las costumbres urbanas. Grady McNeil —un ensayo de la Holly Golightly de Desayuno en Tiffany»s—, joven rica de dieciocho años, se queda sola en su piso de la Quinta Avenida mientras su padre y su madre veranean tres meses en un crucero. El título evoca esa travesía veraniega y juega también con el cruce de dos mundos que sucederá cuando Grady se declare enamorada de Clyde Manzer, empleado de un estacionamiento, veterano de la Segunda Guerra Mundial, judío, pobre y vecino de Brooklyn. Entre los amigos vulgares, la imposible familia y la virilidad irresistible de Clyde, la adolescente pierde la cabeza. A lo largo del peligroso camino que toma Grady, Capote describe —amorosa, poéticamente— la ciudad de Nueva York.

Dos películas, dos libros. A cuatro décadas de aquel resplandeciente 1966, parece que Capote volverá a tener un gran año.

El 15 de noviembre de 1959 Perry Smith y Dick Hickock llegaron a la granja de los Clutter, en Holcomb, Kansas, típico paisaje del interior norteamericano: trigo, defensores de la abstención sexual y alcohólica, iglesias, votantes de los republicanos. «Como las aguas del río, como los automovilistas de la autopista y los trenes amarillos que bajan serpenteando por las vías del Santa Fe, el drama, en forma de acontecimiento excepcional, nunca se había detenido allí», escribiría luego Capote. Pero ese día Holcomb fue noticia porque Smith y Hickock, sin dar con el dinero que buscaban, pusieron una bala en la cabeza de cada miembro de la familia Clutter.

En la pantalla, Hoffman modula una increíble voz de pito, con acento del sur y morosidad artificiosa, ante unos policías que, imbuidos de los valores del oeste norteamericano, entre los que no sobresale la tolerancia, se espantan ante el extravagante atuendo que proclama —como si hiciera falta— la homosexualidad del enviado de The New Yorker. No lo reducen a patadas porque prefieren dedicar su tiempo a la investigación de ese caso inverosímil en un pueblo donde todos se conocen. Sólo la paciencia y la atención a las costumbres locales que muestra Nelle Harper Lee, la futura autora de Matar a un ruiseñor (interpretada por Catherine Keener), consigue que Capote penetre en la historia.

Las puertas de Holcomb se van abriendo y un día de diciembre dos sospechosos del crimen son arrestados en Las Vegas. Capote comprende que su reportaje ha cambiado: ahora debe reconstruir las vidas de las víctimas y los victimarios, y el aciago cruce de sus caminos en Kansas. Cuando llevan a los asesinos ante el juez, la mirada de Smith (interpretado por Clifton Collins, Jr.) encuentra la de Capote. El flechazo inquieta a Harper Lee.

—¿Cree usted que el vínculo entre Truman y Perry era amor? —le preguntaron a Hoffman en el Festival de Cine de Nueva York.

—El amor —respondió— se presenta en diferentes formas. ¿Qué clase de amor los unía? Creo que se trataba de identificación.

Su personaje lo dice, en una línea memorable del guión: «Es como si Perry y yo hubiésemos crecido en la misma casa. Y un día él salió por la puerta de atrás y yo por la de adelante».

Ambos habían sido abandonados en la niñez —Capote vivió con diferentes familiares, Smith en internados—; ambos habían crecido con la necesidad de probar —o probarse— que eran alguien; ambos se hundían en una soledad abismal donde no existía otro tema que ellos mismos.

—Cada uno se ve en el otro, a la vez tan diferente —siguió Hoffman—: eso los fascina y los lleva a la intimidad. Truman necesitaba romper la coraza de Perry, mantener ese canal abierto durante años para que le contara cómo habían sido los asesinatos, y creo que el subproducto de eso fue el amor. Tras la ejecución, Truman atravesó un profundo duelo.

Como si el escándalo de la periodista Judit Miller y su relación con fuentes de la Casa Blanca hubiera sucedido en Marte, en los Estados Unidos se discutió mucho sobre la ética de Capote, quien pagó abogados, sobornó autoridades de la prisión, escribió cartas e hizo regalos para ganar la confianza de Smith y traicionarla en un libro. El guionista Futterman ha citado en varias entrevistas la famosa frase con que Janet Malcolm abrió su libro El periodista y el asesino: «Todo periodista que no sea tan estúpido o arrogante como para ignorar cómo son las cosas, sabe que su tarea es moralmente indefendible». Hoffman, mucho más comprensivo, encarna sin juzgar la ambivalencia ética de Capote. Es la tradición de William Faulkner: «Un buen artista será completamente despiadado».

Y despiadado es el Capote que compone Hoffman, ansioso por poner un final al libro, lo cual implica la ejecución de Smith y Hickock. Pero los condenados apelan y apelan —»me están torturando», se lamenta ante Harper Lee—, y el desenlace se posterga. («Tengo que liberarme del libro pase lo que pase. Casi diría que ya no me importa un huevo lo que suceda. Acabaré volviéndome loco», le escribió a un amigo, según la biografía de Clarke.) Por dos años Capote sufre, seguro de tener en sus manos su obra maestra —»cuando pienso en lo extraordinario que será este libro, se me corta la respiración», dice— imposible de terminar. Deja de enviarle libros a Smith y de responder a sus cartas. Con un telegrama se sacude un último pedido de ayuda: «Querido Perry. No puedo visitarte hoy porque no está permitido. Tu siempre amigo. Truman».

También Infamous recoge la idea de Capote según la cual el escritor debe servirse de todo, como el buitre de la carroña. «No pueden siquiera imaginarse mi agonía. Trabajé en este libro cuatro años, incesantemente, dejando todo mi ser… Y ahora debo esperar así, impedido de publicar lo que he escrito, hasta que los cuelguen», dice el Capote de Jones, bebe un trago y concluye: «No veo la hora».

—¿Le dejó heridas encarnar a un personaje tan oscuro? —le preguntaron a Hoffman en el NYFF.

—No. Pero me dejó exhausto. Un actor debe entender, debe perdonar a su personaje, anular su propio sentido crítico. Creo que él necesitaba que los asesinos muriesen por muchas razones, todas alrededor del libro. ¿Acaso podía publicarlo si ellos vivían? Hubieran podido leerlo, y refutarlo. Dentro de Capote bullían a la vez el dolor, la ambición, la culpa, el deseo… Precisamente esa tragedia interior me conquistó. Murió a los 59 años, solo, intoxicado, sin haber podido terminar nunca otro libro.

«Nadie sabrá nunca lo que A sangre fría se llevó de mí», cita Clarke a Capote. Su abuso del alcohol y las drogas escaló violentamente, y en general su vida se volvió más temeraria. Gore Vidal lo demandó —ya lo había hecho Marlon Brando— por contar cómo lo echaron de la Casa Blanca, borracho, de los fondillos. Sus amigos ricos y famosos se enfurecieron con él, y lo aislaron como a un paria, cuando «La CÉte Basque», un capítulo de la inconclusa Plegarias atendidas, apareció en la revista Esquire: muchos vieron allí, apenas disimuladas, sus propias historias. Sólo consiguió reunir los artículos que conforman Música para camaleones y renegociar una y otra vez el contrato por la novela cuyo título sale de una frase atribuida a Santa Teresa: «Más lágrimas se vierten por las plegarias atendidas que por las desoídas». Acaso hablaba —una vez más— de sí mismo, y esas lágrimas fueron las que derramó por A sangre fría.

 

Capote básico
NUEVA ORLEANS, 1924.
LOS ANGELES, 1984

Lilie Mae Faulk tenía 18 años cuando dio a luz a Truman. El padre, Arch Persons, de 27, mandó a la mujer y a su hijo al pueblo de Monroeville, Alabama, y se desligó de ellos. La madre se casó con el cubano Capote García, que dio su apellido al chico. Truman Capote estudió en la Trinity School de Nueva York y a los 17 años comenzó a trabajar en el semanario The New Yorker. Se convirtió en un escritor de fama en la elite neoyorquina con Otras voces, otros ámbitos, a los 23 años. En diez años había cultivado tanto las amistades importantes que pudo escribir una novela en la que retrataba la soledad encubierta por el brillo en la clase alta. La historia se llamó Desayuno en Tiffany»s (1958). Al año siguiente comenzó la investigación del asesinato de una familia de granjeros en Kansas que le permitió publicar A sangre fría (1965), considerada la pieza clave del estilo llamado «no ficción» que le dio fama y mucho dinero. La publicación de Plegarias atendidas le cerró las puertas de los ambientes exclusivos de la ciudad: notables personajes se sintieron reflejados en el libro. Tras pasar por varios hospitales, por sus descomunales ingestas de barbitúricos y alcohol, murió en la casa de amigos, en Los Angeles. No quiso que llamaran a los médicos.

 

 

La trampa de la no ficción

ME PARECE
JORGE AULICINO PERIODISTA Y ESCRITOR.

A sangre fría fue un giro menos radical de lo que parece en la narrativa de Truman Capote. Significa, eso es verdad, un desvío considerable. Capote no sólo era un niño terrible del llamado jet set neoyorquino, un bufón malicioso y estridente cuyas insolencias eran toleradas en nombre de su increíble talento; era además un narrador cuyo leit motiv lo constituía su propia biografía.

Podrá decirse que difícilmente un narrador logre escapar de sus experiencias vitales, cualesquiera sean. Escapan mucho menos de ellas los narradores que los poetas, a pesar de que se suele creer lo contrario. Sin embargo, la huella de la infancia en Alabama, de la semiorfandad paterna y del choque del sureño homosexual con la aristocracia bastarda de Nueva York no sólo son visibles, son explícitas en la obra de Capote, una rara combinación de espíritu proustiano y de precisión yanqui —sobre todo en los diálogos—, lo que da por resultado una prosa elegante y corrosiva.

Periodista del sofisticado New Yorker, no sabemos con cuánto interés llegó a Holcomb pero allí avisoró, tampoco sabemos cómo —tal vez cuando se enamoró del asesino Perry Smith—, un estilo distinto: la no ficción. Distinto, pero no nuevo en el mundo; aquí, con menos bambolla, lo había probado Rodolfo Walsh en Operación masacre (1957). Ambos libros aparecieron cuando sus protagonistas estaban muertos. Dicen que Walsh se encogía de hombros cuando alguien le preguntaba cómo supo que tal o cual detalle escrito en Operación masacre había sido así en la realidad. David Carr escribió en el New York Times, a propósito de Capote: «El periodista se sienta frente al sujeto, todo oídos, para ayudar al sujeto a contar su historia. Pero la historia que se cuenta es la que el escritor elige contar. Y una vez que la escritura llega a la página, se desencadena el infierno». Esta es la mejor definición de la non fiction que conozco. Y tal vez de todo el llamado nuevo periodismo.

 

Cuatro disparos que acabaron con seis vidas


ASI ESCRIBE

Hasta una mañana de mediados de noviembre de 1959, pocos americanos —en realidad pocos habitantes de Kansas— habían oído hablar de Holcomb. Como la corriente del río, como los conductores que pasaban por la carretera, como los trenes amarillos que bajaban por los raíles de Santa Fe, el drama, los acontecimientos excepcionales nunca se habían detenido allí. Los habitantes del pueblo —doscientos setenta— estaban satisfechos de que así fuera, contentos de existir de forma ordinaria… trabajar, cazar, ver la televisión, ir a los actos de la escuela, a los ensayos del coro y a las reuniones del club.

Pero entonces, en las primeras horas de esa mañana de noviembre, un domingo por la mañana, algunos sonidos sorprendentes interfirieron con los ruidos nocturnos normales de Holcomb… con la activa histeria de los coyotes, el chasquido seco de las plantas arrastradas por el viento, los quejidos lejanos del silbido de las locomotoras. En ese momento, ni un alma los oyó en el pueblo dormido… cuatro disparos que, en total, terminaron con seis vidas humanas. Pero después, la gente del pueblo, hasta entonces suficientemente confiada como para no echar llave por la noche, descubrió que su imaginación los recreaba una y otra vez… esas sombrías explosiones que encendieron hogueras de desconfianza, a cuyo resplandor muchos viejos vecinos se miraron extrañamente, como si no se conocieran.

(De A sangre fría, la novela publicada en 1965)

 

Ficha

DIRECTOR: BENNETT MILLER
ELENCO: PHILIP SEYMOUR HOFFMAN, CATHERINE KEENER, CLIFTON COLLINS JR. Y OTROS
ORIGEN: ESTADOS UNIDOS
ESTRENO EN LA ARGENTINA:
2 DE MARZO

 
 
 
 
 
 
 
 
 

El corso vuelve esta noche a la Avenida de Mayo

Clarín
DESPUES DE OCHO AÑOS DE AUSENCIA

Como antaño y después de ocho años de ausencia, esta noche la Avenida de Mayo volverá a ser el escenario del corso más tradicional de la Ciudad. La fiesta arrancará a las 20 y se extenderá hasta las 2 de la madrugada. Se repetirá mañana, de 18 a 24 y también el fin de semana próximo.

La tradición se inició en los años 20, cuando los coches que iban a los bailes de Carnaval improvisaban desfiles por la Avenida. Hasta que la Municipalidad oficializó el festejo colocando pal cos. En los años 80, los corsos recobraron su fuerza, organizados por la Asociación de Amigos de la Avenida de Mayo. Por ese entonces, desfilaban comparsas de todo el país. Después hubo interrupciones: la dictadura militar no veía con buenos ojos los festejos carnavalescos.

En 1997, el Gobierno porteño se hizo cargo del desfile. Pero al año siguiente se produjeron disturbios y la Avenida se quedó sin corso. Hasta ahora. Este año, la Asociación de Amigos de la Avenida consideró que ya están dadas las condiciones para que regrese sin riesgo de desórdenes y se volvió a hacer cargo de la organización.

A diferencia de los antiguos carnavales de la Avenida, esta vez el corso abarcará sólo cuatro cuadras, desde Plaza de Mayo hasta la avenida 9 de Julio. El escenario central estará en la calle Bolívar, de espaldas a la plaza. Y sólo desfilarán murgas de la Ciudad.

Por otra parte, hoy también empieza el corso del barrio de La Boca. Este fin de semana, después de 15 años, se volverá a hacer en la Avenida Patricios al 500. Comenzará a las 20 y, pasada la medianoche, se espera el desfile de los casi 400 integrantes de la murga "Los Amantes de La Boca". El fin de semana próximo y los feriados de carnaval, que son el 27 y el 28, el corso boquense se hará en Pedro de Mendoza y Martín Rodríguez.

 

 

 

 

Documentales: El otro lado de Polo y Pastor en Malvinas

Clarín

El otro lado de Polo

Se acaba de editar Polo, el buscador, de Hugo Montero e Ignacio Portela. Se trata de una exhaustiva biografía de Fabián Polosecki, el periodista que en los ’90 llevó adelante el ahora clásico programa El otro lado, revolucionando el criterio de los documenales de la televisión argentina.

Pastor en Malvinas

Hoy partirá hacia Malvinas el periodista Facundo Pastor. Grabará allí un documental con el nadador Gustavo Oriozabala, producido por América. En homenaje a los caídos en la guerra, el deportista intentará cruzar a nado el Estrecho de San Carlos que separa a las islas Malvinas entre sí.

Documentales

Clarín

El otro lado de Polo

Se acaba de editar Polo, el buscador, de Hugo Montero e Ignacio Portela. Se trata de una exhaustiva biografía de Fabián Polosecki, el periodista que en los ’90 llevó adelante el ahora clásico programa El otro lado, revolucionando el criterio de los documenales de la televisión argentina.

Pastor en Malvinas

Hoy partirá hacia Malvinas el periodista Facundo Pastor. Grabará allí un documental con el nadador Gustavo Oriozabala, producido por América. En homenaje a los caídos en la guerra, el deportista intentará cruzar a nado el Estrecho de San Carlos que separa a las islas Malvinas entre sí.

La foto más cara de la historia

Clarín

CULTURA : SUBASTA RECORD

La luna, esa testigo silenciosa, esa gran irresistible. Ella es el motivo de la fotografía de Edward Steichen que ayer se convirtió en la más cara de la historia. Fue subastada en 2,9 millones de dólares.

«The Pond-Moonlight» (El estanque. Luz de luna), tomada por Steichen en 1904, muestra, entre una arboleda, el reflejo de la luna en las aguas mansas de un estanque de Long Island.

Estudiar en la Argentina

Pese a su crisis, Tartagal celebra el carnaval con una fiesta de culturas

Clarín

VERANO 2006 : LA CIUDAD ESTUVO CASI DOS MESES AISLADA DEL RESTO DE SALTA

Aborígenes de doce etnias, con trajes y bailes típicos, se unen a la tradición criolla.

Gustavo Ruiz. SALTA. ESPECIAL

salta@clarin.com

La luna arde en el cielo de Tartagal como la más grande de las guirnaldas. En la plaza central el pueblo se toma una licencia y asiste a las primeras noches de corsos que seguirán hasta el 26. Finalmente, el habitante de esta tierra siempre tiene una ventana abierta a la esperanza, y por allí entra a veces un poco de alegría que alivia sus penas. 

Tartagal convive aún con una crisis que estalló con el derrumbe del puente sobre el río Seco en el último día de 2005. La ciudad quedó aislada del resto de la provincia, escasearon los alimentos, aumentaron los precios, abundó la indiferencia de las autoridades y los días de lluvia parecían no tener fin. Desde el sábado, Tartagal tiene puente, aunque provisorio, no sin que antes el pueblo entero protestara a gritos.

Esta vez, la gente ganó las calles pero no para protestar. "La situación está difícil, pero el carnaval es la fiesta de los humildes", dice un joven que mira el desfile que sólo en la primera jornada tuvo casi tres mil participantes. Esperan duplicar ese número el próximo fin de semana. Sólo esta fiesta popular es capaz de desatar tanto alboroto. "El año pasado hubo quienes gastaron los 150 pesos del plan Trabajar en una sola noche, sin importarle si al otro día tenían para comer", revela María José Avila, de la organización municipal.

Murgas, carrozas, disfraces artísticos, comparsas indígenas y agrupaciones de aborígenes llamadas "pim pim" conforman una mezcla de culturas pocas veces vista. "Danzar el pim pim es una manera que tiene mi gente de agradecer a la madre naturaleza lo que nos brinda", dice el cacique Luis Velásquez del pim pim "Yagua", palabra toba que significa tigre.

La danza de agradecimiento contradice a la realidad: "El aborigen tiene un día de comida cada dos años de hambre", dispara Velásquez. Es que, dice, comen bien cuando los candidatos políticos carnean animales para las comunidades. Y como las elecciones son cada dos años, cambian comida por votos.

Doce son los "pim pim" que participan del corso. Tobas, guaraníes, chorotes, wichi, tapiete y coya, son las etnias que mezclan su danza con los criollos. Las mujeres usan largos vestidos de colores llamativos y sus pies descalzos dan pequeños saltos. Tomados de la mano, los varones lucen máscaras artesanales, flecos multicolores en la ropa y recorren las ocho cuadras adornadas con guirnaldas.

Sin embargo, también entre las etnias se marcan distancias. "La etnia guaraní es más civilizada que las otras. En nuestra comunidad hay maestros, profesores, enfermeros. Los wichi, en cambio, esperan que todo les venga de arriba. Nosotros protestábamos para pedir trabajo, no regalos", dice a Clarín Antonio Fernández, un guaraní, que lleva catorce años en el municipio.

Las comparsas indígenas impactan con las plumas de sus grandes gorros y sus tumbadoras. El varón usa grandes máscaras que ocultan su estado de ánimo. Aunque, se sabe, el carnaval es la fiesta en la que todo vale. Sólo hay que bailar, para algunos la mejor fuente de energía donde recargar el espíritu hasta el año próximo.

 
 
 
 
 

El agua corriente, otro drama

El agua sigue siendo un problema para la zona norte del territorio salteño. Si bien las lluvias mermaron su intensidad, el efecto de los 1.090 milímetros de agua que cayeron del cielo dejaron su efecto residual, el que, en parte, padecen vecinos de algunos barrios periféricos de Tartagal y zonas de influencia.

El agua de color marrón chocolate, con la presencia de hormigas y hasta pequeños alacranes, fueron el disparador de la ira y preocupación de los vecinos de villa Güemes, al noroeste de la ciudad. Unas 20 personas reclamaron en la plaza central portando frascos que mostraban el mal estado del agua que llegaba a sus casas.

"Fuimos a un escribano con las muestras del agua, y él nos recomendó que nos dirigiéramos a la policía, pero no nos dieron importancia", se queja a Clarín Aida, una ama de casa que espera una solución, preocupada por la salud de su familia.

El hospital Juan Domingo Perón, de Tartagal, se encarga de realizar un control periódico del agua. "Hasta el momento no encontramos ninguna bacteria que ponga en peligro la salud de la población", explica a Luis Fidel Martínez Negri, quien reconoce que, en algunos barrios, el agua sale de color marrón aunque se "comprobó su potabilidad."

Según el médico, el número de consultas por problemas derivados por el consumo de agua presuntamente en mal estado no subió. "La atención de casos está dentro de los parámetros normales para la época. Estamos en verano, donde por lógica sube el promedio de síntomas diarreicos", dice Negri.

Los vecinos más afectados son los de la localidad de Coronel Cornejo, que carecieron del servicio durante días. Desde Aguas de Salta, delegación Taratagal, explicaron que el ente regulador les ordenó no emitir facturas a las casas que no recibieron el servicio.

 
Polémica por los premios

Cerca de 62 mil pesos en premios repartirá el municipio para los ganadores del corso tartagalense. Y aunque se dice que el carnaval es la fiesta donde no hay diferencias, el aborigen se siente discriminado.

La comparsa artística que gane el primer premio se llevará 5.500 pesos; el ganador en la categoría "saya", 4 mil. Para el "pim pim" el baile aborigen, la cifra es de 3 mil. "Para los pim pim la plata es menor", se queja el cacique Velarde. La respuesta del municipio no se hizo esperar: "El premio es acorde a lo que invierten. Las comparsas gastan más plata en sus disfraces".

Un gorro de comparsa indígena ronda los 700 pesos. Un "tipoi", el vestido de las mujeres, y una máscara artesanal no superan los 30 pesos, explicaron. Mientras las comparsas indígenas tienen tumbadoras y cajas, los pim pim usan cajas, bombos, flautas y pinguyos una flauta más aguda.

 

 

 

 

 

 

 

#Spinetta hechizó a 55 mil personas

Clarín | #Rock

ANOCHE, EN EL ROSEDAL

Después de cuatro años, Buenos Aires volvió a escuchar gratis a #Luis Alberto Spinetta. Fue anoche a las 21 en punto, cuando El Flaco, que acaba de cumplir 56 años, llenó la noche de El Rosedal ante más de 55.000 personas emocionadas con la magia invulnerable de su voz. El tema elegido para iniciar el reencuentro fue Resumen porteño, de 1983, una mirada densa y poética de la ciudad.

Discografía | Almendra | Pescado Rabioso

EL PADRE ANDREA SANTORO

Clarín

El Vaticano quiere beatificar al sacerdote asesinado en Turquía

Por Julio Algañaraz. VATICANO. CORRESPONSAL | jalganaraz@clarin.com

El vicario del Papa en Roma, cardenal Camillo Ruini, dijo ayer que será santo el padre Andrea Santoro, asesinado el domingo en Turquía. Ruini presidió ante miles de personas acongojadas los funerales del misionero de Roma, que había ayudado durante los peores años de la dictadura militar argentino a las familias de los desaparecidos.

El cardenal dijo que se respetarán «las leyes y plazos de la Iglesia en los procesos de beatificación y canonización que tengo intención de abrir» y que estaba convencido que en el sacrificio del padre Andrea «se encuentran todos los elementos que constituyen el martirio cristiano».

Don Andrea, como era popularmente conocido, había decidido hace cinco años convertirse en misionero en Turquía y era el párroco de una pequeña comunidad católica en Trebzón, ciudad de un millón de habitantes.

El domingo mientras rezaba arrodillado en la iglesia de Santa María, construida en el siglo XIX, un joven de 16 años le disparó dos balazos desde atrás gritando «¡Ala es grande!».

Primero se habló de un fanático solitario, pero la policía turca investiga la probable instigación al crimen utilizando incluso la Internet, por parte de la organización de extrema derecha ultramusulmana, los «Lobos Grises».

A este grupo pertenecía el turco Alí Mehmet Agca que el 13 de mayo de 1981 intentó matar al Papa en la plaza de San Pedro.

En su funeral estaban presentes familiares de los desaparecidos en la Argentina. En setiembre de 1979, un grupo de ellos hizo una huelga de hambre en la parroquia de la Transfiguración, a la que pertenecía el padre Santoro. La protesta se extendió por solidaridad a otras parroquias hasta que el 28 de octubre Juan Pablo II habló durante el «Angelus» de la tragedia de los desaparecidos en la Argentina, por primera y única vez.

 
 
 
 
 
 
 

Hallaron en el río un águila de bronce del Graf Spee

Clarín

 

EL BUQUE ALEMAN FUE HUNDIDO HACE 66 AÑOS FRENTE A MONTEVIDEO

Esta pieza única en el mundo, impecable y de 2 metros de alto, era la insignia del navío.

MONTEVIDEO. EFE Y DPA.
Los expertos que trabajan en recuperar partes del «Graf Spee», hundido hace 66 años en la bahía de Montevideo, rescataron ayer un águila de bronce, que se hallaba en la popa del acorazado alemán. La pieza, que era la insignia del navío, es considerada única en el mundo.

Pesa media tonelada y mide 2,80 metros de envergadura y 2 metros de alto. Según informó Alfredo Eychegaray, encargado de prensa del grupo de expertos, en el rescate participaron arqueólogos especializados de la Universidad de Oxford, buzos de la Armada uruguaya y un equipo técnico dirigido por Héctor Bado, quien afirmó que la pieza está «en condiciones impecables«.

El 13 de diciembre de 1939, el «Graf Spee» fue seriamente dañado en la llamada Batalla del Río de la Plata, por tres buques británicos que custodiaban las costas sudamericanas. Murieron 36 marinos alemanes.

Esa medianoche, el navío amarró en el muelle en Montevideo. El capitán Hans Langsdorff presentó un informe con las averías, para justificar su entrada a puerto. Los marinos muertos fueron sepultados en un cementerio de Montevideo, y los heridos, asistidos en hospitales de la ciudad.

El Gobierno uruguayo, que se mantenía neutral en la Segunda Guerra, invitó al buque a abandonar el puerto, por lo que el capitán decidió volarlo. Antes, sus tripulantes fueron trasladados en una nave mercante alemana a Buenos Aires, donde Langsdorff se suicidó tres días después.

La insignia será exhibida al público en Montevideo, aunque ocultando la esvástica. «Es la única águila de la Armada alemana que sobrevive al día de hoy —destacó Bado—. En 1940 se dio la orden que esas piezas fueran removidas de los buques de guerra nazis, para que no fueran capturadas como trofeo» por las fuerzas aliadas. Sin embargo anunció que está a la venta.