MUSICA: U2 Y SU PASO POR BRASIL

Clarín
Rock, pop, fútbol y pasión

La banda irlandesa arrasó el Morumbí de San Pablo. Bono habló de fútbol y dijo, con su clásica diplomacia, que "Dios es brasileño".

Unas 70 mil personas asistieron al concierto que U2 brindó el lunes a la noche en el estadio Morumbí de San Pablo (Brasil).

Desde un escenario de 60 metros de ancho y 25 de alto, Bono, Adam Clayton, The Edge y Larry Mullen Jr. recorrieron durante dos horas y 40 minutos sus clásicos. En la apertura de un show al que los medios calificaron como "impecable", U2 hizo City of Blinding Lights y Vértigo y otros temas del CD Cómo desmantelar una bomba atómica.

Durante todo el concierto, Bono trató de mantener una comunicación constante con el público y arrancó aplausos delirantes cuando mencionó (en portugués), el sueño de los brasileños de conquistar el hexacampeonato en el Mundial de Fútbol de Alemania. "Copa del Mundo: Vamos a buscar el hexa. Dios es brasileño", dijo el líder irlandés, quien también entonó algunos versos de la versión brasileña de la canción mexicana Cielito lindo.

El show terminó cerca de la medianoche con Bono interpretando With or Without You al lado de una fan a la que invitó a subir al escenario. U2 tenía previsto dar otro recital anoche en Brasil.

Ahora, la banda se prepara para tocar en la Argentina el miércoles 1 y el jueves 2 de marzo en el estadio de River Plate, con entradas agotadas.

 
 
 
 
 
 
 
 

Ante la devoción del público, los Stones hicieron estallar River

CLARÍN

GIRA MUNDIAL DE UNA BANDA LEGENDARIA : TOCARON UN REPERTORIO DE CLASICOS DURANTE DOS HORAS

 En su primer show en Buenos Aires, la banda empezó con el hit «Jumpin´ Jack Flash». Keith Richards se arrodilló en escena para agradecer la ovación. Y Mick Jagger se despidió con la camiseta argentina.

Y el Monumental estalló. Mientras afuera seguían las corridas y la gente se amontonaba en las puertas del estadio, pocos minutos antes de las 22 los Rolling Stones arrancaban su esperadísimo show (estaba previsto para las 21.30), y lo empezaron con un clásico imbatible, «Jumpin’ Jack Flash». Para que los ánimos, ya bastante caldeados, no decayeran, siguieron con «It’s only rock’n roll». Y luego, las palabras de Mick Jagger: «Hola Argentina, hola Buenos Aires. ¡Los extrañamos, es tan igual!».

Antes, a las 21.40, las luces del estadio se apagaron, sonó un estruendo y se encendió la pantalla gigante, con imágenes de rocas volando, en obvia alusión al Big Bang («A Bigger Bang» es el disco que los Stones vinieron a presentar a la Argentina). Unas 60 mil personas de todas las edades ovacionaron a la banda, que interpretó hits eternos como «Wild horses» o «Brown sugar», y temas actuales «Oh no, not you again» y «Rain fall down».

Un Jagger de 62 años, remera y pantalón negros, y chaqueta roja de torero, volvió a ostentar su envidiable estado físico. Cuando presentó a la banda, Ron Wood agradeció formal, Charlie Watts no se movió de su lugar detrás de la batería, pero cuando le tocó el turno a Keith Richards (camisa negra con dibujos dorados en la espalda), el estadio se vino abajo. Un conmovido Richards se arrodilló en el escenario y esbozó un esforzado «muchas gracias».

Entre el público stone se vieron famosos como Adrián Suar, con su hijo Tomás y Florencia (hija de Araceli González), Marcelo Tinelli y Paula Robles, Luciana Salazar, Iván Noble y Dady Brieva.

El show, que se repetirá mañana, fue el Nº 57 del tour «A Bigger Bang»: arrancaron en Boston en agosto, siguieron por ciudades de Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico, y el sábado protagonizaron el recital más masivo en la historia de la banda ante más de un millón de personas en Copacabana, Río de Janeiro.

Esta es la tercera vez de la banda en la Argentina: en 1995 y en 1998 habían llenado, en total, diez veces el estadio de River (con mejor sonido que ayer). Muchos fanáticos pensaron que los Stones no volverían a la Argentina post crisis. Sin embargo, el año pasado el anuncio devolvió la alegría a los rolingas locales. Para los que no pudieron estar allí, Canal 13 emitirá mañana un especial del show de anoche.

La jornada empezó temprano, cuando se abrieron los accesos a las 16.30. Poco minutos después, los músicos dejaron el hotel Four Seasons: antes de las 18 se acomodaron en el microestadio de River, que fue acondicionado como área de camarines. A Jagger, se lo vio —como el lunes cuando llegó a Buenos Aires— con su cámara filmadora en mano.

Ya dentro del estadio, los vendedores de merchandising ofrecían remeras stone a 50 pesos y pósters a 10. Quienes intentaban aplacar la sed debían desembolsar 5 pesos por una botellita de agua mineral —cuando a las 20 hacía más de 30 grados de sensación térmica— y acompañarla con un pancho a 4 pesos.

A las 23.10, un escenario movible se extendió hasta la mitad del campo. Allí, Jagger se despachó con «Start me up». Después de 45 minutos de clásicos, antes de la medianoche, el recital cerró con el cantante con la camiseta de la Selección Argentina, entonando su himno: «Satisfaction».

INFORME:

Silvina Marino y Guillermo Boerr

 

 

El sueño cumplido de Los Piojos

La ansiedad era grande: la actuación de Los Piojos estaba prevista para las 20. Pero 20 minutos antes, la banda de Andrés Ciro ya había subido a escena. Fue el tercer grupo telonero de los Rolling Stones. El primero fue La 25, que largó a las 17.10, cuando algunas gotas de lluvia anunciaban tormenta y en River sólo había 4.000 personas.

A la banda rolinga de Quilmes la siguieron los teloneros de los Stones en sus dos visitas anteriores: Las Pelotas arrancó a las 18 con «Desquiciado». El sol volvía a brillar y las colas seguían siendo interminables. El show del grupo de Germán Daffunchio y Alejandro Sokol estuvo precedido por un conflicto entre el empresario Daniel Grinbank y Roberto Costa, su ex socio y dueño de Pop Art, productora que tiene los derechos de Las Pelotas hasta 2007. Por eso, los de Hurlingham tuvieron que tocar canciones de discos anteriores, no incluidos en el contrato con Costa.

Cuando subieron Los Piojos, la gente seguía entrando, y hacia el final del show, las populares estaban repletas, los campos rebosaban de gente y ya se habían ocupado las mejores plateas. Tocaron hits de todos los discos, algunos temas del último CD, «Máquina de sangre», como «Amor de perros», «Fantasma» y «Como Alí», pero no le «exigieron» al público con más temas nuevos. Cuando interpretaron «Tan solo», la popular se puso a corear, pero para el plato fuerte hubo que esperar: la pantalla grande aún no estaba encendida —sí las laterales— y las luces del escenario, a medias. Entre tema y tema (cerró con «Cruel»), Ciro dijo: «Este es un sueño hecho realidad para nosotros».

Un asadito para Jagger

La primera cena de Mick Jagger en Buenos Aires fue en Barrio Parque. El lunes, a pocas horas de su arribo desde Río de Janeiro, estuvo cenando en la casa de Marcela Tinayre y Marco Gastaldi. La pareja estaba de viaje en Italia. Por eso, los anfitriones de la velada fueron Juanita Viale, hija de Marcela, y Federico Gastaldi, el hermano de Marco. A la mesa se sumaron el empresario Daniel Hadad con su esposa, y la conductora Flavia Palmiero. Jagger fue solo y, como no podía ser de otra manera, le prepararon un asado.

La relación entre los hermanos Gastaldi y el líder de los Stones no es nueva. La propia Marcela Tinayre le contó alguna vez a Clarín que su cuñado Federico, músico, «lo conoce de toda la vida».

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

Cuba deportó al historiador argentino José Ignacio García Hamilton

Periodismo.com


El Gobierno cubano le prohibió el ingreso a la isla al escritor argentino José Ignacio García Hamilton que debió abandonar La Habana apenas llegó al aeropuerto.

"Llegué junto con mi mujer a Cuba y al presentar mis papeles en Migraciones se encendió una alarma y un oficial me dijo que por orden del gobierno tenía la entrada prohibida al país", dijo el escritor a los medios locales.

García Hamilton aseguró desconocer las razones por las que no pudo ingresar a Cuba. Sospecha que a Fidel Castro pudo habarle molestado su libro “El autoritarismo hispanoamericano”, que está prologado por Carlos Montaner, un declarado anticastrista.

La Cancillería argentina confirmó que envió un pedido al Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba para solicitar explicaciones.

 
 
 
 
 
 
 

«El agua llegó a la Tierra con los cometas, ahora estamos seguros»

La Nación
Diálogo con Donald Brownlee, jefe de la misión Stardust
 

Presentan los primeros estudios del polvo interestelar que trajo la sonda de la NASA

 

A poco más de un mes de la llegada a la Tierra de la cápsula que trajo muestras de polvo interestelar tomadas por la sonda Stardust del cometa Wild-2, los científicos de la NASA ya no tienen dudas de cómo están formadas estas masas que vagan siguiendo una órbita elíptica a través del cosmos ni de cómo llegó el agua a nuestro planeta.

"El agua llegó a la Tierra con los cometas, ahora ya lo sabemos, definitivamente", dijo en una comunicación telefónica desde su laboratorio, ubicado en Seattle, el doctor Donald Brownlee, jefe principal de la misión Stardust.

"Esta misión ha excedido todas nuestras expectativas. Tenemos por primera vez polvo de cometa en las manos, lo que significa tener muestras del material que formó nuestro sistema solar", subrayó Brownlee, doctor en astronomía de la Universidad de Washington.

Si bien los informes oficiales de los análisis efectuados se darán a conocer durante la Conferencia Lunar y Planetaria, que se desarrollará en marzo en la ciudad de League, Texas, el investigador -que presentó resultados preliminares en la reciente reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia- adelantó a LA NACION que "las muestras de polvo de cometa estudiadas en el Centro Espacial Johnson, en Houston, contienen agua helada y algunos minerales como el carbono", elementos esenciales que dieron origen a nuestro Sol y a los nueve -o diez- planetas, hace ya 4500 millones de años.

Con un presupuesto de 212 millones de dólares, la sonda Stardust fue lanzada el 7 de febrero de 1999 con el objetivo de recoger partículas de polvo desprendidas de la cola del cometa Wild-2 en su acercamiento al Sol. Después de haber recorrido 4630 millones de kilómetros durante casi siete años, la cápsula aterrizó en el desierto de Utah el 15 de enero pasado, generando una gran expectativa entre los científicos y aficionados de todo el mundo, ya que desde el regreso de la nave Apolo 17, en 1972, con las últimas rocas lunares recogidas, nunca más se habían obtenido muestras provenientes de otros cuerpos espaciales.

A la caza de partículas

Bajo la atenta mirada de los científicos de la NASA, que calcularon con precisión absoluta la órbita del cometa, la sonda Stardust se ubicó 236 kilómetros detrás del objeto helado para fotografiarlo y recolectar el material interestelar que éste desprendía. Esas partículas fueron "cazadas" en un colector del tamaño de una raqueta de tenis cuando viajaban a 700 metros por segundo; es decir, seis veces más que la velocidad de una bala disparada por un fusil.

Para esto, los científicos utilizaron el material más liviano conocido hasta hora -el aerogel- para atrapar esas partículas de polvo sin que se desintegraran al chocar a tan alta velocidad. Este material, formado en un 99,8% de aire y el resto de sílice, tiene tres veces la densidad del aire y es transparente, lo que permitió facilitar la identificación de las muestras de polvo de cometa al momento de su extracción.

"Mediante técnicas computarizadas complejas y utilizando agujas de vidrio muy finas penetramos el aerogel y aislamos seis de las 132 muestras más grandes de partículas interestelares (miden desde un micrón hasta un milímetro de largo), pero la computadora contabilizó más de medio millón de impactos", agregó el experto, que además destacó la importancia de las 72 fotografías obtenidas del cometa en el momento de la recolección de partículas, ya que nunca el ser humano había llegado tan cerca.

Brownlee afirmó que en los cometas que nos visitan, originados en el cinturón de Kuiper, es donde mejor preservados están los elementos que dieron vida al sistema solar. "Es probable que se necesiten varias generaciones de científicos para concluir los estudios de estas muestras. Hoy tenemos la maravillosa oportunidad de iniciar un camino en el análisis de esta verdadera joya del espacio y conocer mejor cómo se forman las estrellas", enfatizó entusiasmado el investigador.

Y concluyó: "Somos polvo de estrellas, y qué mejor que estudiar el obtenido precisamente de un cometa para conocernos más a nosotros mismos y todo lo que nos rodea".

Por Víctor Ingrassia
De la Redacción de LA NACION

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegó Mick Jagger y los Rolling tocan esta noche en River

Clarín
 

GIRA MUNDIAL DE UNA BANDA LEGENDARIA : CENTENARES DE FANS LO ESPERABAN FRENTE AL HOTEL

Vino un día después que sus compañeros para pasar más tiempo en Brasil con su hijo.

Ahora sí: los legendarios Rolling Stones están en la Argentina. Con la llegada de Mick Jagger, se completó la banda que tocará esta noche en el Monumental de River Plate, en el primero de los dos shows que darán en la Argentina en el marco de la gira mundial llamada "A Bigger Band".

Los guitarristas Keith Richards y Ronnie Wood, y el baterista Charlie Watts habían antes de ayer, luego de tocar el sábado en las playas de Copacabana ante más de un millón de personas. Los tres, sus guardaespaldas y parte del equipo se instalaron en La Mansión del hotel Four Seasons, un sitio donde se puede pagar —como lo hacen por la suite presidencial— hasta 3.500 dólares más IVA por día.

Anoche a las 20.28 Jagger —quien le dijo a Clarín que el público argentino es uno de los "más excitantes del mundo"— entró al hotel con un pantalón beige y una camisa azulada. El sensual cantante había elegido quedarse en Brasil unas horas más. El domingo lo pasó en Río de Janeiro: fue al Sambódromo, estuvo en el ensayo de la escuela de samba Beija Flor y luego intentó divertirse en una discoteca de Ipanema. Pero no soportó el asedio de la gente y apenas se quedó unos minutos.

Jagger sorprendió ayer a medio mundo cuando ordenó al avión privado que lo traslada que se dirigiera al aeropuerto de Congonhas, en San Pablo. Una vez allí, fue a la escuela Saint Paul, donde estudia su hijo Lucas, fruto de un affaire con la modelo brasileña Luciana Giménez. Papá Jagger se interesó por cómo marcha en la escuela su hijo de 6 años.

Cumplido su deber de padre, Jagger embarcó rumbo a Buenos Aires. En la calle Posadas al 1000 lo esperaban unos 300 fans. Algunos, históricos. Como Luis Duarte, más conocido en Merlo como "Jagger". El muchacho, de 25 años, era un pibe cuando los Stones vinieron en 1998 a presentar el disco "Bridges to Babylon" (la primera vez fue en 1995). Entonces, sin trabajo, tenía una novia embarazada. Ahora es artesano, teje pulseras, está solo y es el padre de un niño al que llamó Brian, por Brian Jones, el temprano integrante de la banda que apareció muerto en una pileta en 1969.

Aquella vez, Duarte logró entrar a la sala de prensa. Cuando vio a Ronnie Wood, se arrodilló llorando. El guitarrista se le acercó y lo abrazó. Duarte conserva los recortes de prensa de aquel día. Sus frases de cabecera: "Los Stones son mi vida"; "Rolinga se nace, no se hace". Así se entiende mejor cómo hizo para juntar el dinero para comprar la entrada: "Comía una sola vez por día y dejé de fumar".

Mientras el "Jagger" de Merlo hablaba, Richards, Woods y Watts jugaban a las escondidas en una suerte de balcón de cara a la piscina de La Mansión, sentados alrededor de una mesa y más o menos protegidos de los ojos curiosos por una cortina de mimbre. En un momento se asomaron los tres juntos y asombraron a los que estaban en la calle cuando apuntaron sus celulares-cámaras de fotos al unísono. Los fans, al verse retratados por sus ídolos, sentían morirse. En otra de las apariciones fugaces se lo vio a Richard sosteniendo con su mano izquierda una guitarra.

Entre la gente había algunos que no eran tan fanáticos. Y en el medio de los "rolingas", una nena se distinguía. Fabiana, de 8 años, en su silla de ruedas acompañada por su padre, Humberto Quevedo. Adonde hay un famoso, ellos van. Su libro de fotos la muestra junto a Robbie Williams, Chayanne, Ricky Martin, Con Martin tiene la gran anécdota. Como el boricua le vio su silla en no muy buenas condiciones, le envió una nueva a su casa. No espera un gesto así de los Stones, pero anoche tenía esperanzas de conseguir, al menos, la foto.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Por diez días, el tango invadirá la Ciudad con conciertos y baile

Clarín

Todos los shows serán gratuitos. Y habrá clases y una milonga callejera.

Vivian Urfeig.

vurfeig@clarin.com

Desde este viernes y hasta el 5 de marzo, la Ciudad se transformará en una gran milonga. En el VIII Festival Buenos Aires Tango, el 2 x 4 vibrará en teatros, centros culturales, bares y plazas. Aficionados, bailarines profesionales y curiosos tendrán la posibilidad de tomar clases gratuitas con maestros de primera línea. Y disfrutar de la variada programación que copará los barrios, desde los consagrados hasta los intérpretes nuevos.

En la apertura, este viernes a las 21 en los Bosques de Palermo, Susana Rinaldi será la cantante invitada para la presentación de la Selección Nacional de Tango. Para los que buscan ritmos nuevos, la sede de El Dorrego volverá a convocar a las últimas tendencias. Allí se darán las clases de baile y, al igual que en la edición anterior, habrá una feria de productos vinculados al tango y se instalarán las muestras fotográficas de Carlos Furman y Leonardo García.

La presentación del festival se realizó ayer en el Centro de Museos de Buenos Aires. Allí, las autoridades del Gobierno porteño y los artistas convocados le dieron el puntapié inicial al encuentro, del que el año pasado participaron unas 170.000 personas.

Otro de los espectáculos destacados se hará el sábado a las 21, en El Dorrego. El Encuentro de Maestros reunirá en el mismo escenario a Raúl Barboza y Adrián Iaies. Otros encuentros previstos tienen a Atilio Stampone y Nicolás Ledesma, y a Néstor Marconi y Fernando Suárez Paz como protagonistas.

El sábado 4, en tanto, el Centro será el escenario de la tradicional Milonga al Aire Libre, con el Sexteto Mayor y la Orquesta Escuela de Tango, que actuarán en Diagonal Norte y Maipú a las 21. El cierre será el domingo 5, con el trío Vitale-Baraj-González, Juan Carlos Baglietto y Patricia Sosa en El Dorrego.

Entre las visitas extranjeras, Holanda dirá presente con la Orquesta Típica OTRA y Guitarras Porteñas del Conservatorio Superior de Rotterdam, que actuarán en el Teatro de la Ribera. Y por segunda vez, desde Montevideo llegará la colorida murga Falta y Resto, que subirá también al escenario de El Dorrego el sábado 4, a las 21.

Los espectáculos son gratuitos. Y en aquellos cuyas sedes tengan capacidad limitada, las entradas se entregarán allí mismo, hasta dos por persona, el día de la función desde las 10. Toda la programación está en www.festivaldetango.com.ar

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

GIRA MUNDIAL DE UNA BANDA LEGENDARIA : CONVOCARON A MAS DE UN MILLON DE PERSONAS EN UN MEGASHOW GRATUITO EN LA PLAYA DE COPACABANA

Clarín
 Los Rolling Stones tocaron en Río en el concierto más masivo de su historia


 

A tres días de actuar en Buenos Aires, hicieron parte de su repertorio más clásico en una noche muy calurosa y ante una multitud de lo más diversa. La seguridad fue controlada por 6.000 policías militares.

Guillermo Boerr.

gboerr@clarin.com


Más de 31º de sensación térmica treparon hasta lo indecible cuando la marea humana que esperaba desde hacía horas en las playas de Copacabana los vio aparecer. Faltaban algunos minutos para las 22 (hora local) y los Rolling Stones enfrentaban a la multitud más numerosa en sus más de 40 años de historia: arrancaron con dos clásicos "Jumpin’ Jack Flash" y "It’s only rock & roll". Y Río de Janeiro rugió.

La música —gran parte del repertorio clásico— ya tronaba por las torres de sonido distribuidas a lo largo de la playa, pero la gente aún seguía llegando. Era imposible acercarse al escenario a menos de 300 metros, por la masa compacta de espectadores y las altas temperaturas. En medio de un ambiente tranquilo y con el tránsito cortado, las pantallas gigantes reproducían la imagen de la mítica banda.

Durante todo el día Copacabana fue un hervidero. Literalmente. Al calor pegajoso típico de Río había que sumarle la enorme cantidad de gente que se acercó hasta la playa más renombrada de la cidade maravilhosa para disfrutar de un show gratuito —financiado, en parte, por la Alcaldía local—. La multitud que pululaba era en sí misma una celebración de la diferencia: estaban los muchachos brasileños con sus músculos obsesivamente trabajados, las garotas de bronceados imposibles, los pálidos extranjeros, niños, jóvenes y viejos, rockeros empedernidos y curiosos ocasionales —muchos— mezclados con vendedores y policías en cantidades nunca vistas.

Claro, el público llegaba sin prisa pero sin pausa al que se esperaba fuera el show de rock más masivo en la historia de la banda: los organizadores esperaban reunir dos millones de personas y anoche los medios brasileños calculaban entre un millón y un millón y medio. Lo cierto era que en Río no quedaba ni una habitación de hotel libre.

Los Rolling Stones, que tocarán en la cancha de River este martes y jueves, llegan a América latina presentando el disco "A Bigger Bang", su primer trabajo de estudio desde 1998 (ver Un hangar…). Las pocas horas que estuvieron esta vez en Río parecen haber sido movidas. Suspendieron una visita al sambódromo para ser homenajeados por la escola de samba Emperatriz Leopoldinense porque se negaron a movilizarse por las calles. Y, según los rumores, Mick Jagger y Ron Wood pasaron la noche como verdaderas estrellas, recibieron amigos brasileños para cenar y a chicas brasileñas en las fiestas privadas que hubo en sus suites.

Mientras todos esperaban que se hiciera la hora del concierto gratuito que superó el interés que el mundo tiene por el máximo atractivo carioca, el carnaval, había que matar el tiempo con algo. Se nadaba en el mar, se jugaba al futebol, se comía algo (el choclo con manteca y las brochetitas de langostinos son un boom) y, sobre todo, se bebía en cantidades industriales. Esto último no es una manera de decir: cada veinte metros uno podía comprar una gaseosa, una botella de agua o una lata de cerveza, la gran preferida. Todo, ante la mirada indiferentemente alerta de la Policía Militar que movilizó más de 15.000 agentes en todo el Estado —6.000 de ellos fueron destinados sólo a la ciudad—.

En los hoteles cinco estrellas que dan al mar había cierta sensación de pánico contenido a medias: no faltaba quienes temieran una ola de robos, y mientras lo murmuraban miraban significativamente hacia las favelas que rodean tanto lujo. Por eso los vallados, los chequeos en las entradas y otras medidas de seguridad. En la calle abierta, la seguridad no era un problema.

Mientras la multitud iba buscando su lugar en la arena, los 4.000 invitados al área VIP —separada del resto del público por un alambrado metálico y 80 policías— no tenían por qué preocuparse. Ellos, ricos y famosos de Brasil, recibieron remeras y pulseras para identificarse, entrar al sector especial a sólo 4 metros del escenario y disfrutar de un catering con champán en una carpa. Otros privilegiados se preparaban para la gran panorámica que les daría la belleza de la bahía: verían el recital desde las numerosas embarcaciones ancladas a unos 200 metros de la orilla, a modo de "palco flotante".

Durante los paseos que conjuran el tedio de la previa del recital, casi todos cumplían con un ritual: al pasar frente al fastuoso Copacabana Palace Hotel, se quedaban un rato mirando hacia los balcones superiores. Cada vez que alguien se asomaba, se escuchaba un grito unánime… aunque la mayor parte de las veces se trataba de algún miembro de la comitiva. Los Stones apenas tuvieron contacto con el público: Keith Richards se asomó el viernes para sacar fotos y Ron Wood apareció fugazmente con una remera de Brasil.

Desde el hotel mismo se desplegó una pasarela cubierta de 83 metros de largo por la que Jagger, Richards y compañía llegaron al escenario de 22 metros de alto, 28 de ancho y 60 de profundidad armado de forma perpendicular a la playa, al otro lado de la Avenida Atlántica.

Mientras bares, restaurantes y vendedores callejeros hacían su agosto en pleno febrero, la multitud estaba que ardía por un poco de rock. Los puestos de venta de merchandising también trabajaban de lo lindo. Había gorro, bandera y vincha, pero también remeras, tazas y hasta anteojos.

"Vinimos desde Martínez a ver a los Stones, y de paso nos quedamos de vacaciones", contaron a Clarín Verónica y su novio Matías, cuya camiseta de Argentina le valió unos cuantos moretones durante un picadito playero. "En el fútbol me mataron a patadas", exageró Matías, "pero después me quedé tomando una cerveza con los brasileños y estuvo todo bien". Como ellos, fueron muchos los argentinos que mataron dos pájaros de un tiro: salieron de vacaciones, y las empezaron con un show que quedará en la historia. Así lo anticipa la remera más vendida del evento: "Rolling Stones, Copacabana, 18/02/2006. Eu fui (Yo fui)".

#RollingStones | GIRA MUNDIAL DE UNA BANDA LEGENDARIA. CONVOCARON A MAS DE UN MILLON DE PERSONAS EN UN MEGASHOW GRATUITO EN LA PLAYA DE COPACABANA

#Rock / Sobre

Clarín

Los Rolling Stones tocaron en Río en el concierto más masivo de su historia. A tres días de actuar en Buenos Aires, hicieron parte de su repertorio más clásico en una noche muy calurosa y ante una multitud de lo más diversa. La seguridad fue controlada por 6.000 policías militares.

Por Guillermo Boerr|gboerr@clarin.com|Más de 31º de sensación térmica treparon hasta lo indecible cuando la marea humana que esperaba desde hacía horas en las playas de Copacabana los vio aparecer. Faltaban algunos minutos para las 22 (hora local) y los Rolling Stones enfrentaban a la multitud más numerosa en sus más de 40 años de historia: arrancaron con dos clásicos «Jumpin’ Jack Flash» y «It’s only rock & roll». Y Río de Janeiro rugió.

La música —gran parte del repertorio clásico— ya tronaba por las torres de sonido distribuidas a lo largo de la playa, pero la gente aún seguía llegando. Era imposible acercarse al escenario a menos de 300 metros, por la masa compacta de espectadores y las altas temperaturas. En medio de un ambiente tranquilo y con el tránsito cortado, las pantallas gigantes reproducían la imagen de la mítica banda.

Durante todo el día Copacabana fue un hervidero. Literalmente. Al calor pegajoso típico de Río había que sumarle la enorme cantidad de gente que se acercó hasta la playa más renombrada de la cidade maravilhosa para disfrutar de un show gratuito —financiado, en parte, por la Alcaldía local—. La multitud que pululaba era en sí misma una celebración de la diferencia: estaban los muchachos brasileños con sus músculos obsesivamente trabajados, las garotas de bronceados imposibles, los pálidos extranjeros, niños, jóvenes y viejos, rockeros empedernidos y curiosos ocasionales —muchos— mezclados con vendedores y policías en cantidades nunca vistas.

Claro, el público llegaba sin prisa pero sin pausa al que se esperaba fuera el show de rock más masivo en la historia de la banda: los organizadores esperaban reunir dos millones de personas y anoche los medios brasileños calculaban entre un millón y un millón y medio. Lo cierto era que en Río no quedaba ni una habitación de hotel libre.

Los Rolling Stones, que tocarán en la cancha de River este martes y jueves, llegan a América latina presentando el disco «A Bigger Bang», su primer trabajo de estudio desde 1998 (ver Un hangar…). Las pocas horas que estuvieron esta vez en Río parecen haber sido movidas. Suspendieron una visita al sambódromo para ser homenajeados por la escola de samba Emperatriz Leopoldinense porque se negaron a movilizarse por las calles. Y, según los rumores, #Mick Jagger y Ron Wood pasaron la noche como verdaderas estrellas, recibieron amigos brasileños para cenar y a chicas brasileñas en las fiestas privadas que hubo en sus suites.

Mientras todos esperaban que se hiciera la hora del concierto gratuito que superó el interés que el mundo tiene por el máximo atractivo carioca, el carnaval, había que matar el tiempo con algo. Se nadaba en el mar, se jugaba al futebol, se comía algo (el choclo con manteca y las brochetitas de langostinos son un boom) y, sobre todo, se bebía en cantidades industriales. Esto último no es una manera de decir: cada veinte metros uno podía comprar una gaseosa, una botella de agua o una lata de cerveza, la gran preferida. Todo, ante la mirada indiferentemente alerta de la Policía Militar que movilizó más de 15.000 agentes en todo el Estado —6.000 de ellos fueron destinados sólo a la ciudad—.

En los hoteles cinco estrellas que dan al mar había cierta sensación de pánico contenido a medias: no faltaba quienes temieran una ola de robos, y mientras lo murmuraban miraban significativamente hacia las favelas que rodean tanto lujo. Por eso los vallados, los chequeos en las entradas y otras medidas de seguridad. En la calle abierta, la seguridad no era un problema.

Mientras la multitud iba buscando su lugar en la arena, los 4.000 invitados al área VIP —separada del resto del público por un alambrado metálico y 80 policías— no tenían por qué preocuparse. Ellos, ricos y famosos de Brasil, recibieron remeras y pulseras para identificarse, entrar al sector especial a sólo 4 metros del escenario y disfrutar de un catering con champán en una carpa. Otros privilegiados se preparaban para la gran panorámica que les daría la belleza de la bahía: verían el recital desde las numerosas embarcaciones ancladas a unos 200 metros de la orilla, a modo de «palco flotante».

Durante los paseos que conjuran el tedio de la previa del recital, casi todos cumplían con un ritual: al pasar frente al fastuoso Copacabana Palace Hotel, se quedaban un rato mirando hacia los balcones superiores. Cada vez que alguien se asomaba, se escuchaba un grito unánime… aunque la mayor parte de las veces se trataba de algún miembro de la comitiva. Los Stones apenas tuvieron contacto con el público: #Keith Richards se asomó el viernes para sacar fotos y Ron Wood apareció fugazmente con una remera de Brasil.

Desde el hotel mismo se desplegó una pasarela cubierta de 83 metros de largo por la que Jagger, Richards y compañía llegaron al escenario de 22 metros de alto, 28 de ancho y 60 de profundidad armado de forma perpendicular a la playa, al otro lado de la Avenida Atlántica.

Mientras bares, restaurantes y vendedores callejeros hacían su agosto en pleno febrero, la multitud estaba que ardía por un poco de rock. Los puestos de venta de merchandising también trabajaban de lo lindo. Había gorro, bandera y vincha, pero también remeras, tazas y hasta anteojos.

«Vinimos desde Martínez a ver a los Stones, y de paso nos quedamos de vacaciones», contaron a Clarín Verónica y su novio Matías, cuya camiseta de Argentina le valió unos cuantos moretones durante un picadito playero. «En el fútbol me mataron a patadas», exageró Matías, «pero después me quedé tomando una cerveza con los brasileños y estuvo todo bien». Como ellos, fueron muchos los argentinos que mataron dos pájaros de un tiro: salieron de vacaciones, y las empezaron con un show que quedará en la historia. Así lo anticipa la remera más vendida del evento: «Rolling Stones, Copacabana, 18/02/2006. Eu fui (Yo fui)».

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La argentina «El custodio» fue premiada en el Festival de Berlín

Clarín
EL FILME DE RODRIGO MORENO TIENE A JULIO CHAVEZ COMO PROTAGONISTA

Obtuvo el Alfred Bauer, que distingue al filme más innovador de la competencia.


Diego Lerer. BERLIN ENVIADO ESPECIAL

dlerer@clarin.com

Como La ciénaga, de Lucrecia Martel, cinco años atrás, la película argentina El custodio, dirigida por Rodrigo Moreno, se llevó el Premio Alfred Bauer del Festival de cine de Berlín, en el que acaso sea el premio más importante conseguido por el cine argentino desde el doble Oso de Plata que obtuvo aquí mismo El abrazo partido, dos años atrás. El Alfred Bauer —nombrado así en honor al fundador de la Berlinale— se entrega al filme que es considerado más innovador, artísticamente, de la sección competitiva.

"Quiero agradecer al festival de Berlín por creer en mi proyecto desde el principio —dijo Moreno, una vez que subió al escenario del Berlinale Palast—. También quiero agradecer al jurado y al World Cinema Fund. Es increíble para mí." El premio se lo dio el artista multimedia y miembro del jurado, Matthew Barney, también él un innovador, y Moreno quiso compartirlo con su equipo. La dedicación fue por otro lado: "Quiero dedicarle el premio a mis padres, Carlos y Adriana —refiriéndose a los actores Carlos Moreno y Adriana Aizenberg—. Muchas gracias".

El premio a Moreno dado por el jurado que dirigía la actriz Charlotte Rampling— fue sorpresivo para algunos y festejado por otros. Y no estaba entre los candidatos de los medios —que sí tenían a los filmes de Robert Altman y Claude Chabrol, que no ganaron premio alguno—.

El Oso de oro correspondió al filme bosnio Grbavica, de Jasmine Zbanic, un premio con más sentido político que estético. El segundo premio —el Oso de plata— fue compartido por A Soap, de la danesa Pernille Fischer Christensen (que también ganó el premio a la opera prima dado por otro jurado) y el iraní Offside, de Jafar Panahi, en una decisión compartida que puede tener su significado político luego de las controversias por las caricaturas de Mahoma que tanto ofendieron a los musulmanes.

El premio al mejor director recayó en Michael Winterbottom y Mat Whitecross, realizadores de la gran candidata, The Road to Guantanamo, quienes hicieron subir al escenario a los tres hombres torturados en la base militar norteamericana en Cuba. Los alemanes se llevaron varios premios, aunque ninguno correspondió a Sehnsucht, la mejor de las cuatro locales. Mejor actor fue Mortiz Bleitbreu (Las particulas elementales), mejor actriz, Sandra Hüller (Requiem), y el también actor Jurgen Vogel ganó el premio a la contribución artística por su papel como un violador que sale de la cárcel tras cumplir su condena en el filme The Free Will.

El custodio —la opera prima como "solista" de Moreno luego de participar en los proyectos colectivos Mala época y El descanso— narra la historia de un guardaespaldas (Julio Chávez) de un ministro argentino, dedicado a seguir y a proteger al político en cuestión en todo momento, dejando de lado su vida por completo. El filme se estrenará en la Argentina en abril.

«Cancha», «Mate», «Vincha»: el quechua básico de los argentinos

Clarín

CULTURA : LA SUPERVIVENCIA DE LA LENGUA ORIGINARIA EN EL HABLA COTIDIANA DEL SIGLO XXI

Cómo y por qué muchas palabras se integraron y modificaron el español.

Rogelio Ramos Signes. ESPECIAL PARA CLARIN

El habla cotidiana de los argentinos le debe muchas palabras al quichua; términos que (casi siempre) usamos sin siquiera preguntarnos acerca de su origen. Así es como cultivamos una «achira»; asistimos a la «cancha» para ver un partido; sujetamos el cabello de nuestra hija con una «vincha»; nos sentamos en una silla de «totora», mientras la lluvia se desliza por el «toldo», llena el «tacho» y en la «pampa» crecen los «yuyos».

¿Cómo le habríamos llamado a cada uno de estos elementos, sin la ayuda desinteresada de nuestros olvidados antecesores? ¿Los morochos serían los «morenos», como dicen los españoles? ¿El zapallo sería la «calabaza», el choclo sería simplemente el «maíz», «patata» la papa, «alubia» el poroto, una «vaina leguminosa» la chaucha? ¿El locro sería un «guiso»? La cancha pasaría a ser el desabrido y explicativo «campo de juego»; el tacho, un «recipiente»; los yuyos, unas «hierbas silvestres»; la pampa, una «llanura»; la vincha, una «cinta elástica».

Resulta indispensable recordar que también hay palabras de esa lengua que han dado origen a algunos verbos, en perfecta conjugación castellana. Y es en esa simbiosis, dada por el uso cotidiano, de generación en generación, donde encuentra su nicho este mestizaje. Son sólo ejemplos. La palabra achura, de extendido uso en el arte del asado, dio como resultado el verbo «achurar», matar a alguien introduciéndole un arma blanca en el estómago, en las vísceras, en las tripas, en las achuras, ganándose un lugar en el submundo del hampa y la gauchesca.

El mareo producido por la falta de costumbre a permanecer en tierras altas, encontró en la palabra «puna» el pretexto para el verbo «apunar». Apunar no es cualquier mareo producido por las alturas, y muy poco tiene que ver con el vértigo; apunar (que también se da de manera reflexiva: apunarse, ya que es un acto personal, además de involuntario) es un mareo específico.

Sería bueno, entonces, recordar también dos o tres palabras aymaras que son parte de nuestro hablar cotidiano. El «cuco», por ejemplo, el famoso cuco con el que todavía algunos adultos estúpidos asustan a los niños, significa «fantasma» en aymara, y tiene su origen en viejas historias de la tradición oral. El término «chuso», que por alguna extraña razón también se usa como cachuso, significa «vacío» «que nada contiene», por ello es que algo que está arrugado y envejecido, está chuso.

En busca de la fascinante e imposible Ciudad de los Césares los invasores españoles conquistaron y sometieron a cuanto pueblo del Nuevo Mundo apareció en su camino, e incluso a aquellos pueblos de desarrollada cultura, como el de los incas, invasores en sí mismos. Así ambos pueblos, juntos, siguieron adelante en su tarea expansiva.

A partir de esa rara sociedad, de esa fanática cruzada por tierras atónitas, el quichua (cumpliendo decisiones de los concilios de Lima) pasó a ser el instrumento de catequización cristiana. Las lenguas cacana, comechingona, indamás, lule, sanavirona y tonocoté, entre otras, pasaron a ser ilegales. Practicarlas era ponerse automáticamente fuera de la ley. Español y quichua, nada más. Dios era bilingüe y las palabras extrañas lo ofendían. Por el Camino del Perú, Tucumán era atravesado hacia el sur, llevando la cruz y el sufrimiento de un hombre clavado en ella desde hacía muchos siglos pero que se expresaba en quichua con supervisión castellana. El quichua, por lo tanto, en muchas regiones de nuestro país, también es una lengua extranjera.

Al igual que el castellano, es una lengua eminentemente grave. Las palabras acentuadas en la penúltima sílaba son mayoría en el parque lingüístico de ambos idiomas. Tal vez por eso hayan podido abrazarse y solidificarse con tanta facilidad en los topónimos de las provincias del Noroeste Argentino, e incluso más allá. Vayan dos o tres ejemplos sólo para asentar con un ligero trago la afirmación: Tacahuasi («Casa donde se muelen espinas» en Catamarca), Horco Molle («Arbol del cerro» en Tucumán), Pucapampa («Llanura colorada» en Jujuy). Y tengamos en cuenta Tilcara, Humahuaca, Burruyacu, Uspallata. Ese abrazo lingüístico, previsible e inevitable, también se dio en otros órdenes; en la fe, por ejemplo. A sangre y fuego, primero; por resignación, después; y finalmente por voluntad propia, muchos indios abrazaron la fe de Cristo; de México a la Argentina, sin exclusiones.

 
 

Diccionario de bolsillo

Achura: vísceras.

Api: desabrido.

Chaco: región boscosa y de cacería.

Chango: niño, muchacho; existe el femenino changa, preferentemente utilizado en diminutivo: changuita, muchacha.

Chinchulín: achura trenzada.

Chúcaro: animal bravío.

Chuncas: pantorrillas y, por extensión, piernas.

Guagua: bebé, niño de pecho.

Guampa: cuerno.

Ojota: derivado de ushuta; específica sandalia sujeta al pie mediante una cinta que pasa entre dos dedos.

Pallana: juego de niños con piedritas.

Paspado: que tiene paspas, escamillas en la piel por efecto del frío, de la humedad o de la tierra.

Pis: adaptación de pish, orina; interjección familiar para ayudar a orinar a los niños: pish, pish, pish.

Pucho: en su acepción de «resto», de «sobra»; y por extensión, de «colilla» de cigarros, de leños, etcétera.

Pupo: ombligo.

Quincho: derivado de quincha, que es la unión de cañas, varillas, yuyos y barro.

Upite: ano.

Yuta: Curiosamente «hacerse la yuta» es sinónimo del uso español «hacerse la rabona» y del uso cuyano «hacerse la chupina»; o sea: faltar al colegio a escondida de los padres.