«Lo peor para el cerebro es el aburrimiento»

La Nación
Diálogo con Marsel Mesulam, pionero en el estudio de la mente

 
Asegura el especialista en neurología cognitiva, nacido en Estambul, que desde hace treinta años estudia su funcionamiento
 
 
 
 

Suele decirse que el cerebro es el objeto más complejo del universo y el gran poema de la materia. Marsel Mesulam seguramente estaría de acuerdo con estas definiciones: cautivado por la matemática y la literatura en sus épocas de estudiante, hace tres décadas explora los intrincados senderos de la mente. El director del Centro de Neurología Cognitiva y Alzheimer de la Universidad Northwestern -que estuvo en Buenos Aires para participar de la reunión del grupo de Investigación en Afasia y Trastornos Cognitivos de la Federación Mundial de Neurología, coordinada por Ineco- nació en Estambul, pero vive en los Estados Unidos desde que tenía 18 años, en 1964.

"Cuando estaba a punto de graduarme -recuerda-, decidí ingresar en medicina y psicología. Tuve la suerte de tener como mentor a Norman Geschwind (padre de la moderna neurología del comportamiento) y desde entonces la investigación ha sido un viaje maravilloso a través de la neurología, la neuroanatomía y las imágenes funcionales. Ya no me planteo dedicarme a la matemática, pero todavía disfruto de un buen libro."

-Doctor Mesulam, ¿se puede explicar en un párrafo cómo funciona la mente?

-Bueno, el problema es complicado. Sólo en la superficie del cerebro tenemos 20 mil millones de neuronas, cada una de las cuales forma unas diez mil conexiones. Este órgano es capaz de hacer cosas absolutamente asombrosas que ninguna máquina es capaz de emular, como los cálculos que hace un tenista, un poeta o un atleta. En los últimos 150 años hemos tratado de descubrir qué parte del cerebro hace qué tarea. Y ya sabemos algo: que diferentes partes del cerebro hacen cosas diferentes, y que éstas no están confinadas dentro de fronteras individuales. Las funciones cerebrales están organizadas en redes distribuidas e interconectadas entre sí. Por ejemplo, no es que las palabras se encuentren en una parte especial del cerebro. Están en todo el cerebro, pero hay un área crítica que sabe dónde, que opera como el directorio de una computadora. Si uno pierde el directorio… olvídalo, nunca las vas a encontrar, no porque el directorio contenga los archivos, sino porque sabe dónde están. Estamos empezando a describir las funciones cerebrales como un mosaico increíblemente complejo en el que hay diferentes áreas de especialización, áreas que pueden relacionar la información distribuida. Hemos realizado avances realmente fantásticos, pero todavía estamos en los comienzos.

-Sin embargo, hay quienes piensan que nunca lograremos entender totalmente el cerebro?

-Creo que las neurociencias del siglo XXI tendrán que definir el significado de las palabras que utilizamos al preguntar. Por ejemplo, cuando se dice que no vamos a entender cómo funciona el cerebro, yo tengo que dar vuelta la pregunta: ¿qué se quiere decir por entender? Porque si por entender se quiere decir que cuando uno mira esto y lo llama "reloj", puede manejarlo, puede hacer imágenes funcionales, puede decir qué parte hace qué cosa, entonces sí lo vamos a entender. Pero si la pregunta es si puedo explicar cuál es la esencia de un reloj, tengo que contestar que no lo sé. Creo que podremos describir cómo ingresa y cómo egresa la información, pero si vamos a preguntas más complejas, por ejemplo si preguntamos qué es la conciencia, entonces….

-¿Será imposible entender qué es la conciencia?

-Personalmente, no sé qué es la conciencia. Puedo decir que estar consciente es verbalizar algo internamente, aunque también hay instancias en que uno no necesita verbalizar. La totalidad de la conciencia está más allá del análisis lógico. Si queremos explicarla, vamos a encontrarnos con problemas, porque las respuestas que hallaremos serán triviales. De modo que tenemos que ser muy cuidadosos en cómo definimos nuestras preguntas.

-Se diría que es un "agnóstico" de las neurociencias…

-Tal vez, pero piense en la astronomía: si uno pregunta cómo empezó el universo, le responden "con el Big Bang", pero el Big Bang es algo llamado "una singularidad", que no tiene explicación. La astronomía es más inteligente que las neurociencias, porque ya definió la pregunta que no tiene respuesta. Creo que tendremos que aceptar que algunas preguntas, cuando las hacemos de cierta manera, pueden no tener respuesta. Pero tenemos tantas preguntas que sí pueden contestarse, que no creo que haya que perder el tiempo con las que no la tienen.

-¿Considera que hipótesis como la de Marvin Minsky -que habló de una "sociedad de la mente" en la que la conciencia surge de la interacción de procesos que, individualmente, no son conscientes- no son una explicación adecuada?

-Creo que es una idea muy razonable, porque lo que dice es que se pueden escalar niveles de complejidad. Por ejemplo, tenemos tantas sinapsis que gran parte de las funciones mentales podría manejarse en forma probabilística. Se podría decir que cuando llamamos a esto "reloj", este estímulo visual activa miles de posibles palabras, pero en un sentido darwiniano las más aptas sobreviven porque coinciden más con lo que uno ve. No tengo problema con ese enfoque, pero mis investigaciones no se ocupan de ese nivel de complejidad. Soy un simple neurólogo que está tratando de descubrir cuáles son los elementos para que, algún día, alguien vea cómo funcionan.

-¿Cómo explicaría el movimiento pendular que describe a la mente ya sea como algo inescrutable o como un simple engranaje químico?

-¿Sólo un engranaje químico? ¿Un cuarteto de Beethoven es sólo sonido? La mayoría contestaría que sí, pero por otro lado es un sonido muy complejo y muy especial. Otro ejemplo es la vida: es sólo una combinación de carbono, nitrógeno y oxígeno? Pero, cuando se juntan formas complejas, ocurre lo mismo que con los sistemas biológicos, dos más dos es igual a cinco. Incluso aunque el cerebro sea en el fondo "sólo una máquina química", cuando esas sustancias se combinan en un cierto orden dan por resultado algo más.

-¿Qué importa más para el desarrollo de la mente, la herencia o la experiencia?

-Ambas. En cada función hay instancias en la que se verifica una predisposición genética, en la que la experiencia juega un papel y en la que hay interacciones. Me gusta pensar en el cerebro como un barco (la predisposición genética) sobre el que se deposita la experiencia como una pintura; si la predisposición genética es la correcta, esa pintura será mucho más colorida. Pero hay que tener las dos. Uno no puede desarrollar el lenguaje sólo poseyendo los genes; sin embargo, si no tiene los genes, la experiencia sola no va a hacer que usted tenga habilidades lingüísticas. Ahora, si un chico no es expuesto al lenguaje, tampoco lo desarrollará.

-¿Cuále es el puente entre lo anatómico y lo simbólico?

-El lenguaje. Los humanos hemos creado este sistema cuyo único propósito es crear un símbolo que llamamos "palabra" para objetos específicos, ideas, sentimientos. Se podría decir que la red del lenguaje es el mejor sistema conocido hasta ahora para la creación de símbolos y no hay otro animal que lo tenga. Se ha trabajado años para que chimpancés y gorilas crearan símbolos y se comunicaran, y sólo se ha logrado que aprendieran una o dos palabras. En mi opinión, la razón es que el cerebro humano se ha desarrollado hasta un punto en que tiene un lujo: más neuronas (en relación con el tamaño del cuerpo) de las que son necesarias para sobrevivir. Ese "lujo" nos permite sistemas neuronales cuyo trabajo principal no es sólo escapar del peligro y buscar alimento, sino reflexionar acerca de la experiencia por medio de símbolos. Esta interfaz simbólica es un rasgo exclusivamente humano. La ventaja que ofrece este sistema es realmente increíble. Otro rasgo único de la mente humana es su deseo de diversidad; si no ¿por qué los humanos creamos miles de lenguajes para decir las mismas cosas?

-¿Por qué?

-¿Y por qué hay tantas formas de preparar los alimentos? A los monos les gustan las bananas? El secreto del cerebro humano es la búsqueda de la diversidad. Sentimos una urgencia intrínseca de buscar lo novedoso. Si uno toma una neurona y le muestra lo mismo dos veces, inmediatamente decrece su actividad. Se aburre. Lo peor para el cerebro humano es el aburrimiento y eso ha creado el combustible para el desarrollo de la humanidad. El problema es que buscar novedad no siempre es bueno, por eso el cerebro tiene potencial para lo bueno y para lo malo.

-¿Qué se puede hacer para cultivar la mente infantil?

-Todos los chicos son diferentes. Algunos son curiosos y quieren saber por qué las cosas son de la manera en que son. Otros están más interesados en las relaciones personales. Es importante ser muy sensible a los talentos particulares y permitirles desarrollarlos en un ambiente estimulante. No tiene sentido pretender que sea matemático un chico que no tiene inclinación hacia la matemática, eso sería frustrante para todos. Creo que primero hay que averiguar cuáles son las aptitudes del chico y luego darle el máximo de posibilidades para que se desarrollen. Y también asegurarse de que tenga una mente curiosa en cualquier área. Cuando yo estaba en la escuela primaria, había un patrón para todo el mundo. Todos aprendíamos lo mismo, leíamos lo mismo. Espero que seamos cada vez más sensibles a las diferencias y que podamos alimentarlas.

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

 

 

 

 

 

«Lo peor para el #cerebro es el aburrimiento»

La Nación

Diálogo con Marsel Mesulam, pionero en el estudio de la mente. Asegura el especialista en neurología cognitiva, nacido en Estambul, que desde hace treinta años estudia su funcionamiento

Por Nora Bär|Suele decirse que el #cerebro es el objeto más complejo del universo y el gran poema de la materia. Marsel Mesulam seguramente estaría de acuerdo con estas definiciones: cautivado por la matemática y la literatura en sus épocas de estudiante, hace tres décadas explora los intrincados senderos de la mente. El director del Centro de Neurología Cognitiva y Alzheimer de la Universidad Northwestern -que estuvo en Buenos Aires para participar de la reunión del grupo de Investigación en Afasia y Trastornos Cognitivos de la Federación Mundial de Neurología, coordinada por Ineco- nació en Estambul, pero vive en los Estados Unidos desde que tenía 18 años, en 1964.

«Cuando estaba a punto de graduarme -recuerda-, decidí ingresar en medicina y psicología. Tuve la suerte de tener como mentor a Norman Geschwind (padre de la moderna neurología del comportamiento) y desde entonces la investigación ha sido un viaje maravilloso a través de la neurología, la neuroanatomía y las imágenes funcionales. Ya no me planteo dedicarme a la matemática, pero todavía disfruto de un buen libro.»

-Doctor Mesulam, ¿se puede explicar en un párrafo cómo funciona la mente?

-Bueno, el problema es complicado. Sólo en la superficie del cerebro tenemos 20 mil millones de #neuronas, cada una de las cuales forma unas diez mil conexiones. Este órgano es capaz de hacer cosas absolutamente asombrosas que ninguna máquina es capaz de emular, como los cálculos que hace un tenista, un poeta o un atleta. En los últimos 150 años hemos tratado de descubrir qué parte del cerebro hace qué tarea. Y ya sabemos algo: que diferentes partes del cerebro hacen cosas diferentes, y que éstas no están confinadas dentro de fronteras individuales. Las funciones cerebrales están organizadas en redes distribuidas e interconectadas entre sí. Por ejemplo, no es que las palabras se encuentren en una parte especial del cerebro. Están en todo el cerebro, pero hay un área crítica que sabe dónde, que opera como el directorio de una computadora. Si uno pierde el directorio… olvídalo, nunca las vas a encontrar, no porque el directorio contenga los archivos, sino porque sabe dónde están. Estamos empezando a describir las funciones cerebrales como un mosaico increíblemente complejo en el que hay diferentes áreas de especialización, áreas que pueden relacionar la información distribuida. Hemos realizado avances realmente fantásticos, pero todavía estamos en los comienzos.

-Sin embargo, hay quienes piensan que nunca lograremos entender totalmente el cerebro?

-Creo que las neurociencias del siglo XXI tendrán que definir el significado de las palabras que utilizamos al preguntar. Por ejemplo, cuando se dice que no vamos a entender cómo funciona el cerebro, yo tengo que dar vuelta la pregunta: ¿qué se quiere decir por entender? Porque si por entender se quiere decir que cuando uno mira esto y lo llama «reloj», puede manejarlo, puede hacer imágenes funcionales, puede decir qué parte hace qué cosa, entonces sí lo vamos a entender. Pero si la pregunta es si puedo explicar cuál es la esencia de un reloj, tengo que contestar que no lo sé. Creo que podremos describir cómo ingresa y cómo egresa la información, pero si vamos a preguntas más complejas, por ejemplo si preguntamos qué es la conciencia, entonces….

-¿Será imposible entender qué es la conciencia?

-Personalmente, no sé qué es la conciencia. Puedo decir que estar consciente es verbalizar algo internamente, aunque también hay instancias en que uno no necesita verbalizar. La totalidad de la conciencia está más allá del análisis lógico. Si queremos explicarla, vamos a encontrarnos con problemas, porque las respuestas que hallaremos serán triviales. De modo que tenemos que ser muy cuidadosos en cómo definimos nuestras preguntas.

-Se diría que es un «agnóstico» de las neurociencias…

-Tal vez, pero piense en la astronomía: si uno pregunta cómo empezó el universo, le responden «con el Big Bang», pero el Big Bang es algo llamado «una singularidad», que no tiene explicación. La astronomía es más inteligente que las neurociencias, porque ya definió la pregunta que no tiene respuesta. Creo que tendremos que aceptar que algunas preguntas, cuando las hacemos de cierta manera, pueden no tener respuesta. Pero tenemos tantas preguntas que sí pueden contestarse, que no creo que haya que perder el tiempo con las que no la tienen.

-¿Considera que hipótesis como la de #Marvin Minsky -que habló de una «sociedad de la mente» en la que la conciencia surge de la interacción de procesos que, individualmente, no son conscientes- no son una explicación adecuada?

-Creo que es una idea muy razonable, porque lo que dice es que se pueden escalar niveles de complejidad. Por ejemplo, tenemos tantas sinapsis que gran parte de las funciones mentales podría manejarse en forma probabilística. Se podría decir que cuando llamamos a esto «reloj», este estímulo visual activa miles de posibles palabras, pero en un sentido darwiniano las más aptas sobreviven porque coinciden más con lo que uno ve. No tengo problema con ese enfoque, pero mis investigaciones no se ocupan de ese nivel de complejidad. Soy un simple neurólogo que está tratando de descubrir cuáles son los elementos para que, algún día, alguien vea cómo funcionan.

-¿Cómo explicaría el movimiento pendular que describe a la mente ya sea como algo inescrutable o como un simple engranaje químico?

-¿Sólo un engranaje químico? ¿Un cuarteto de Beethoven es sólo sonido? La mayoría contestaría que sí, pero por otro lado es un sonido muy complejo y muy especial. Otro ejemplo es la vida: es sólo una combinación de carbono, nitrógeno y oxígeno? Pero, cuando se juntan formas complejas, ocurre lo mismo que con los sistemas biológicos, dos más dos es igual a cinco. Incluso aunque el cerebro sea en el fondo «sólo una máquina química», cuando esas sustancias se combinan en un cierto orden dan por resultado algo más.

-¿Qué importa más para el desarrollo de la mente, la herencia o la experiencia?

-Ambas. En cada función hay instancias en la que se verifica una predisposición genética, en la que la experiencia juega un papel y en la que hay interacciones. Me gusta pensar en el cerebro como un barco (la predisposición genética) sobre el que se deposita la experiencia como una pintura; si la predisposición genética es la correcta, esa pintura será mucho más colorida. Pero hay que tener las dos. Uno no puede desarrollar el lenguaje sólo poseyendo los genes; sin embargo, si no tiene los genes, la experiencia sola no va a hacer que usted tenga habilidades lingüísticas. Ahora, si un chico no es expuesto al lenguaje, tampoco lo desarrollará.

-¿Cuále es el puente entre lo anatómico y lo simbólico?

-El lenguaje. Los humanos hemos creado este sistema cuyo único propósito es crear un símbolo que llamamos «palabra» para objetos específicos, ideas, sentimientos. Se podría decir que la red del lenguaje es el mejor sistema conocido hasta ahora para la creación de símbolos y no hay otro animal que lo tenga. Se ha trabajado años para que chimpancés y gorilas crearan símbolos y se comunicaran, y sólo se ha logrado que aprendieran una o dos palabras. En mi opinión, la razón es que el cerebro humano se ha desarrollado hasta un punto en que tiene un lujo: más neuronas (en relación con el tamaño del cuerpo) de las que son necesarias para sobrevivir. Ese «lujo» nos permite sistemas neuronales cuyo trabajo principal no es sólo escapar del peligro y buscar alimento, sino reflexionar acerca de la experiencia por medio de símbolos. Esta interfaz simbólica es un rasgo exclusivamente humano. La ventaja que ofrece este sistema es realmente increíble. Otro rasgo único de la mente humana es su deseo de diversidad; si no ¿por qué los humanos creamos miles de lenguajes para decir las mismas cosas?

-¿Por qué?

-¿Y por qué hay tantas formas de preparar los alimentos? A los monos les gustan las bananas? El secreto del cerebro humano es la búsqueda de la diversidad. Sentimos una urgencia intrínseca de buscar lo novedoso. Si uno toma una neurona y le muestra lo mismo dos veces, inmediatamente decrece su actividad. Se aburre. Lo peor para el cerebro humano es el aburrimiento y eso ha creado el combustible para el desarrollo de la humanidad. El problema es que buscar novedad no siempre es bueno, por eso el cerebro tiene potencial para lo bueno y para lo malo.

-¿Qué se puede hacer para cultivar la mente infantil?

-Todos los chicos son diferentes. Algunos son curiosos y quieren saber por qué las cosas son de la manera en que son. Otros están más interesados en las relaciones personales. Es importante ser muy sensible a los talentos particulares y permitirles desarrollarlos en un ambiente estimulante. No tiene sentido pretender que sea matemático un chico que no tiene inclinación hacia la matemática, eso sería frustrante para todos. Creo que primero hay que averiguar cuáles son las aptitudes del chico y luego darle el máximo de posibilidades para que se desarrollen. Y también asegurarse de que tenga una mente curiosa en cualquier área. Cuando yo estaba en la escuela primaria, había un patrón para todo el mundo. Todos aprendíamos lo mismo, leíamos lo mismo. Espero que seamos cada vez más sensibles a las diferencias y que podamos alimentarlas.

sistema nervioso|cerebro|neuronas

Los exámenes pueden mejorar la capacidad de retener información

La Nación
Según un estudio estadounidense

Proponen incorporarlos no sólo para evaluar, sino como herramienta de estudio
 
 
 
 

Si una propuesta de psicólogos estadounidenses prospera, los alumnos tendrán que perderle el miedo al temido "saquen una hoja". Basándose en un estudio reciente que sugiere que los exámenes ayudan a fijar los contenidos en forma duradera, los expertos proponen que éstos sean incorporados como una herramienta de estudio más.

En otras palabras, lo que sugieren es que los exámenes dejen de ser un evento que señala el fin de un cuatrimestre, de una materia o de un ciclo lectivo, y se conviertan en algo mucho más cotidiano dentro de las aulas. Es más, los investigadores aconsejan que los mismos alumnos adopten la costumbre de recurrir a las autoevaluaciones como herramienta de estudio.

"Los estudiantes que realizan autoevaluaciones frecuentemente mientras estudian solos son más capaces de aprender más y en mucho menos tiempo que si simplemente estudiaran el material una y otra vez", declaró Henry Roediger III, investigador de la Universidad Washington en Saint Louis, Estados Unidos, y principal autor del estudio que publica la revista Psychological Science.

"Nuestro estudio indica que los tests pueden ser utilizados como una poderosa forma de mejorar el aprendizaje, y no sólo para evaluarlo -agregó Roedinger III-. Hacer que los tests sean más frecuentes en el aula probablemente mejore el aprendizaje y promueva la retención del material mucho tiempo después de que el curso haya finalizado."

Este experto estadounidense en memoria llegó a esas conclusiones tras realizar experimentos en los que comparaba cuál era la capacidad de recordar lo leído de alumnos que empleaban distintas estrategias de estudio. Roedinger III observó, entonces, que aquellos que leían y releían varias veces los textos retenían una menor cantidad de información que los que se sometían a tests luego de leer unas pocas veces el material de estudio.

Más precisamente, Roedinger III halló que estos últimos fueron capaces de recordar el 60% de lo estudiado, mientras que los que sólo leyeron y releyeron el material sólo pudieron recordar el 40 por ciento.

Sin embargo, hay quienes no coinciden con la metodología empleada para fundamentar la postulada utilidad de los exámenes como método para fijar conocimientos.

"Si uno se para en el territorio de la pedagogía, debe tomar en cuenta que hay efectos del aprendizaje que no se pueden percibir y captar en el momento posterior inmediato a la enseñanza -comentó la doctora en ciencias de la educación Graciela Frigerio, directora del Centro de Estudios Multidisciplinarios-. El efecto del aprendizaje debe valorarse también en qué deja lo aprendido en otros escenarios de la vida del sujeto, como el contexto social y subjetivo del individuo."

Para esta investigadora, "hay otras cuestiones que escapan a los exámenes, como la capacidad de escucha, de atención y de registro que el educador debe evaluar en sus alumnos, y que pueden tener un valor mayor que los resultados de los exámenes. El verdadero efecto de la educación no puede ser evaluado en su totalidad a través de un examen, ya que no todo lo aprendido es cuantificable".

Un aliado de la memoria

Pero más allá de cuestiones metodológicas, lo cierto es que la neuropsicología ha aportado numerosas evidencias a favor de las conclusiones del psicólogo estadounidense.

"Existen muchos estudios que demuestran los efectos positivos de las situaciones de examen en el aprendizaje y en la consolidación de la información -aseguró la licenciada Teresa Torralva, investigadora del Centro de Estudios de la Memoria y de la Conducta, del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco)-. Según esos estudios, el ser expuesto a situaciones de examen hace que el aprendizaje sea más efectivo que la exposición pasiva al material de estudio."

¿Cuáles son las razones que respaldan la utilidad del examen como herramienta de aprendizaje? Como explica Torralva, "en la situación de examen repetida se practica de manera recurrente la evocación de la información que se debe aprender, y esto hace que quien aprende tenga que acceder al conocimiento sin depender de pistas externas y que, por lo tanto, necesite organizar la información para que pueda ser evocada".

"Desde el punto de vista neuropsicológico -agregó la investigadora-, hay estudios que sugieren que las situaciones de examen refuerzan el aprendizaje, produciendo una mayor elaboración de los recuerdos existentes y de las pistas que hacia ellos conducen. Otros trabajos sugieren que las situaciones de examen multiplican el número de rutas de acceso hacia los eventos almacenados."

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

 

 

 

 

 

Buenos Aires es sede de una cumbre mundial en neurociencias

La Nación
Diálogo con Karalyn Patterson y Matt Lambon Ralph: especialistas en trastornos del lenguaje

 

"Aún es un misterio cómo aprendemos a hablar"

La discusión es dinámica e informal: varios investigadores jóvenes se alternan en la presentación de sus proyectos, mientras una atenta y cordialísima dama británica pide precisiones o comenta distintos aspectos de los trabajos.

Quien de tan buen grado participa en el seminario del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) es nada menos que la doctora Karalyn Patterson, que desde mañana participará -junto con otros 50 o 60 especialistas llegados de todo el mundo- en la reunión del Grupo de Investigación en Afasia y Trastornos Cognitivos de la Federación Mundial de Neurología.

"Durante estos días, Buenos Aires será la capital mundial de la neurología cognitiva y la neuropsiquiatría", afirma el doctor Facundo Manes, director de Ineco y organizador local de estas jornadas.

La reunión, que por primera vez se realiza en el país, congregará a la crème de la crème de la investigación en trastornos del lenguaje, dice Matt Lambon Ralph, otro de los participantes que acaba de llegar.

Patterson, investigadora del Medical Research Council de la unidad de Cognición y Neurociencias de Cambridge, y Lambon Ralph, profesor de neurología cognitiva de la Universidad de Manchester, lideran importantes grupos de investigación británicos que intentan dilucidar cómo se adquiere, se desarrolla y se produce el lenguaje, facultad distintiva y esencial del ser humano.

El tema es apasionante. "Los chicos -explica Patterson- nacen con un conjunto de herramientas perceptivas que se desarrollan muy rápido: pueden ver, oír, sentir, y todo eso se inscribe en un conjunto de patrones coherentes y repetibles. Se sabe que aprenden a comprender el lenguaje asociando patrones de sonido con un particular hecho perceptivo. Pero ¿cómo aprenden a hablar? Todavía no entendemos cómo convierten sus percepciones auditivas en el conjunto de acciones necesarias para producir palabras. Es un misterio."

Según Patterson, que se especializó en este tema después de haberse dedicado al estudio de la memoria, el lenguaje está localizado en varias zonas específicas del cerebro.

"El significado, los sonidos, la forma en que las palabras se combinan para hacer oraciones son todos componentes del lenguaje localizados en diferentes áreas, mayormente del hemisferio izquierdo -explica-. Y aunque el cerebro es plástico, las funciones del lenguaje tienden a no serlo. Si sufren un daño extenso, suele ser permanente."

Uno de los cuadros que ponen al desnudo estos complejos engranajes es la demencia semántica, una condición neurodegenerativa poco frecuente que comienza a manifestarse alrededor de los cincuenta años. En quienes la padecen, el cerebro se encoge gradualmente y pierde sus funciones.

"Estos pacientes a veces recuerdan el sonido, pero no el significado de las palabras -explica la especialista-. Por ejemplo, si hacen un test que se llama «repite y define», pueden reproducir las palabras que les indicamos, pero no saben qué quieren decir. Tienen lesionado un tipo de memoria, la memoria semántica, pero no la memoria general, como en el caso de los pacientes con Alzheimer. Por supuesto, en el lenguaje normal tanto el sentido como el sonido de las palabras están interactuando continuamente, y si uno tiene muy degradado el significado también padecerá un impacto en el sistema de sonido."

Otra oportunidad de entender los mecanismos del lenguaje la ofrecen las lesiones por accidente cerebrovascular (ataque cerebral). En estos casos, cuando el daño es leve, dice Patterson, puede haber una recuperación espontánea, si algunas regiones no muy distantes de la lesión pueden hacerse cargo de la función perdida.

"En un reciente trabajo descubrimos que para predecir la gravedad del daño cerebral hay que tomar en cuenta la cantidad de capacidades cognitivas que se poseían antes del ataque -agrega Lambon Ralph-. Cuando hay trastornos del lenguaje, a veces se puede trabajar en mejorar la comunicación no verbal, pero si pasan varios meses y siguen los problemas, es probable que no desaparezcan."

¿Se puede estudiar el lenguaje del mismo modo en personas occidentales y orientales?

Dice Karalyn Patterson: "Al contrario de lo que podría pensarse, las similitudes son asombrosas, y puedo afirmarlo con seguridad porque hace varios años que investigo en Japón. El cerebro humano parece haber diseñado un conjunto de mecanismos para el lenguaje hace mucho tiempo y las diferencias que nos parecen tan sorprendentes son realmente diminutas."

Concluye Lambon Ralph: "Todos los idiomas usan los mismos procesos: uno tiene que ver cosas, escuchar cosas, mover la boca rápidamente y con precisión… Esas son las claves".

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

La memoria almacena mejor los hechos vinculados a lo afectivo

Clarín

CIENCIA : LOS ENIGMAS DEL RECUERDO Y DEL OLVIDO

Es la conclusión de los últimos estudios sobre este proceso cerebral. Científicos aseguran que para el cerebro algunos hechos dolorosos son más difíciles de codificar y, por lo tanto, de recuperar del pasado.

Eliana Galarza.
egalarza@clarin.com

Los mecanismos de la memoria son misteriosos, pero no zonzos. No todos los recuerdos están allí, listos para ser revividos nítidamente, como si uno volviera sobre sus pasos para que todo ocurra de nuevo. Afortunadamente, algunas vivencias quedan desdibujadas y por más que la persona se esfuerce en recordar detalles, jamás lo logrará.

"Eso ocurre, entre otros factores, porque la memoria almacena con más facilidad aquello que está relacionado con lo afectivo, con lo emocional", sostuvo Jorge Medina, un investigador argentino —que es, además, uno de los fundadores de la Sociedad Argentina de Neuroquímica—, en la conferencia "Memorias naturales, memorias artificiales", que dio recientemente en el Centro Cultural Rojas. Esa afirmación es compartida a nivel mundial por quienes investigan los enigmas del recuerdo y del olvido.

En contrapartida, parece que algunos hechos que conviene olvidar no se guardan o, para decirlo en términos neurológicos: tienen dificultades para ser codificados, almacenados y recuperados. ¿Por ejemplo? Los dolores del parto. Si uno le pregunta a una madre qué recuerda de ese momento seguramente se desbocará dando pelos y señales de cómo era la carita de su bebé, de lo que sintió cuando lo sostuvo en brazos por primera vez, de cómo eran las paredes de la sala en donde dio a luz, todo. Del dolor, poco.

"Las madres recuerdan que sintieron un dolor pero no son capaces de tener una noción acabada de su magnitud. Eso constituye una situación favorable en términos evolutivos porque, si lo hicieran, tal vez no se animarían a parir de nuevo, y qué sería de la continuidad de nuestra especie", comenta Iván Izquierdo, otro argentino, uno de los mayores investigadores sobre fisiología de la memoria en el mundo, actualmente a cargo del Centro de Investigaciones de la Memoria de la Universidad Católica de Porto Alegre, Brasil, y en estos días de paso por Buenos Aires.

¿Pero qué quiere decir que se almacene mejor lo asociado a lo afectivo o emocional? En principio, que uno recuerda más ese hecho puntual, como el día en que un hijo aprendió a caminar o la noche en que murió un abuelo querido, que lo que ocurrió un día antes o un día después de esos acontecimientos. Para probar: ¿Usted recuerda qué hizo el día previo a la "mano de Dios" frente a los ingleses? Pero seguramente podrá decir en qué televisor lo vio y con quién estaba.

Para quienes estudian rigurosamente el tema, no todo es así de cercano o coloquial. En los laboratorios en donde se considera a la memoria como un hecho fisiológico, propio de un organismo vivo, con patrones concretos, las instancias de recordar o de olvidar son apenas el punto de partida para una abundante saga de investigaciones y bibliografía. Incluso ahora, en los Estados Unidos, Alemania, Brasil, Suiza, por citar algunos países, y también en la Argentina, los científicos pasan meses y años focalizando esfuerzos sobre cuál sustancia o área del cerebro está más o menos involucrada en alguno de esos procesos.

Así se explica que Izquierdo pueda señalar, en base a lo que sabe hoy sobre el tema, dónde se encuentra la "memoria de trabajo", la que es muy rápida, que dura unos segundos, y que permite anotar un teléfono mientras otro nos lo dicta o nos permite enseguida marcarlo sin tener que ver el papelito en donde uno lo copió. "Eso tiene su localización en el área prefrontal del cerebro", dice con seguridad el investigador.

En tanto, "las memorias emocionales son la base de nuestra historia personal, porque las emociones pueden influenciar el aprendizaje y la memoria, influyendo sobre la información que recordamos. Por ejemplo, estar deprimido puede aumentar la tendencia a recordar eventos pasados que fueron tristes", explica Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).

Según Manes, en ese tipo de memorias (porque hay más de una; ver Cómo se guarda lo…) juega un papel importante la amígdala cerebral, una estructura que media los aspectos emocionales de la codificación de las memorias, el aprendizaje emocional y la evocación (el poder recordar) interactuando con estructuras específicas como el hipocampo y la corteza prefrontal en el cerebro.

Iván Izquierdo se entusiasma con estos temas. El fue uno de los investigadores pioneros en estas áreas, en los años 70 y 80, y pudo notar a lo largo de estos años cómo fueron cambiando los modelos de estudio según las épocas. "Ahora podemos saber mucho más porque las herramientas que tenemos para estudiar el cerebro ya no son solamente la observación o algún tipo de análisis: hoy contamos con la bioquímica, que nos permite saber más de lo que sospechábamos", explica.

 

Cómo se guarda lo vivido

"La codificación, almacenamiento y recuperación de la información es lo que se conoce como memoria. Amnesia es la falla en uno o más de estos procesos. Hay varios sistemas de memoria que se basan en el material involucrado, el marco temporal sobre los cuales opera y las estructuras neuronales que los soportan", define Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva. Estos son los tipos de memoria mejor conocidos:

Autobiográfica. Involucra los recuerdos conscientes de eventos pasados. Existe un cuándo y un dónde lo aprendimos. Ejemplos: el viaje de egresados o cuando nos caímos de la bicicleta.

Para caras. Incluye los recuerdos visuales. A veces es más fácil recordar caras que nombres. Ejemplo: si vemos una foto de nuestra clase de séptimo grado es muy probable que reconozcamos la cara de un compañero, pero es más difícil que recordemos su nombre.

Semántica. Es el conocimiento del significado de las cosas. No existe un dónde ni un cuándo lo aprendimos. Ejemplos: saber que Buenos Aires es la capital de la República Argentina, qué significa auto, cuchillo, o qué países pertenecen a Europa.

De trabajo. Es un tipo de memoria dinámica, a corto plazo u "online", de capacidad limitada. Ejemplo: marcar un número de teléfono instantes después de haberlo aprendido sin anotarlo.

Para objetos. Existen áreas cerebrales que se activan selectivamente cuando se presentan objetos y no otros estímulos. Una forma de evaluar ese fenómeno es pidiéndole al sujeto que discrimine entre objetos de formas posibles y de formas no posibles. Siendo los objetos de formas no posibles los que no existen en una forma tridimensional.

 


Selectividad
Silvina Heguy
sheguy@clarin.com

Parece que por fin la defensa de la supuesta mala memoria cuenta con argumentos científicos. Según los expertos, el arte de saber olvidar o el de recordar sólo lo grato quedaría en manos de algún mecanismo químico o (¿por qué no?) de nuestra última sabiduría que elige guardar lo que provoca bienestar en lugar de tristeza. Sin duda, vivir como rehenes de la memoria es un ejercicio que hace más ásperos los días, aunque en lo social es peligroso dejar la tarea de archivador en manos de otros o del silencio, porque no hay peor injusticia que la desmemoria o el olvido

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pensar mucho en un problema haría tomar malas decisiones

Clarín
CONCLUSION DE UN ESTUDIO PSICOLOGICO PUBLICADO EN "SCIENCE"

Dicen que en situaciones difíciles lo mejor es dejar actuar al inconsciente. Es porque en forma consciente, sólo se logra concentración en pocas cosas a la vez.

THE GUARDIAN. ESPECIAL PARA CLARIN
La próxima vez que necesite tomar una decisión compleja deje de pensar. Según un nuevo estudio de la Universidad de Amsterdam, el hecho de pensar demasiado en un problema hace que se tomen malas decisiones.

"Nuestro inconsciente maneja mejor las decisiones más complejas. Mientras que la mayoría de las personas compran felices un nuevo juego de toallas sin pensarlo demasiado, es poco probable que compren un auto o casa nuevos sin meditarlo ampliamente", afirmó Ap Dijksterhuis, un psicólogo de esa universidad. Y sostuvo que los seres humanos aplicamos mal los métodos de decisión.

El experto pidió a un grupo de voluntarios que eligieran su auto favorito de un total de cuatro, basándose en una serie de cuatro atributos, incluidos consumo de combustible y espacio para los pasajeros. Les dio cuatro minutos para pensar en la decisión y la mayoría optó por el auto que presentaba mayores ventajas. Cuando Dijksterhuis agregó complejidad a su experimento —les pidió que optaran entre 12 atributos, en lugar de 4—, la gente empezó a trabarse.

Sin embargo, cuando los investigadores distraían a los participantes de este estudio después de mostrarles los autos (les hacían resolver acertijos, por ejemplo, antes de pedirles que tomaran la decisión) más de la mitad identificó al mejor auto. "Los que más pensaban hacían una mejor elección cuando se trataba de productos simples, mientras que los más despreocupados tomaban mejores decisiones cuando se trataba de productos complejos" escribió Dijksterhuis en un documento que se publicó ayer en la revista especializada "Science".

El problema de pensar en las cosas de forma consciente es que uno sólo puede concentrarse en pocas cosas a la vez. En caso de una decisión compleja, esto puede llevar a darle una importancia excesiva a determinados factores. Pensar en algo muchas veces puede provocar que se hagan distintas evaluaciones que pongan al descubierto incongruencias. "Los participantes de este estudio que eligieron a su afiche favorito entre cinco, después de una rigurosa observación, se mostraron después menos satisfechos que los participantes que sólo los miraron brevemente" contó Dijksterhuis.

Agregó que el pensamiento inconsciente no parece tener límites. "Se ha demostrado que durante el pensamiento inconsciente se pueden sumar grandes cantidades de información para hacer un juicio de evaluación total".

Jonathan Schooler, de la Universidad de British Columbia, en Vancouver, dijo a "Science" que si bien el nuevo estudio se basa en pruebas de que demasiada reflexión es perjudicial en determinadas situaciones, todavía no habilita a prescindir del pensamiento consciente cuando se trata de decisiones complejas. "Sería importante que uno hiciera una reflexión consciente sin tomar una decisión de inmediato" opinó.

El doctor Dijksterhuis concluyó el tema poniéndose como ejemplo. Dijo que cuando él debe tomar una decisión importante reúne todos los hechos importantes y centra toda su atención en el tema. "Y luego dejo el tema a un costado para confiar en mi instinto".

TRADUCCION: Silvia S. Simonetti

 
 
 

Claves para evitar errores

Sentirse presionado a tomar una decisión puede ser un problema. Un problema que se suma al que ya se tenía entre manos. ¿Qué hacer?

Hilda Cañeque, directora de una consultora de creatividad, está acostumbrada a tratar con gerentes que a diario se ven obligados a tomar decisiones importantes. "Esas personas se organizan y se entrenan para eso. De hecho, en empresas de los Estados Unidos hay departamentos para resoluciones urgentes y otros para las de mediano y corto plazo. Nada es improvisado, hay técnicas. Lo que hace el estudio de la Universidad de Amsterdam es confirmar algo que en la práctica se viene observando desde hace años: para una decisión acertada, lo mejor es darse un tiempo, no apurarse, y luego ver qué pasa", comenta la experta.

Las vías recomendadas para la toma de decisiones son dos: la espontánea y la racional. La primera puede cristalizarse así, de repente, mientras uno está viendo la tele o una obra de teatro, por causa de un sueño o un recuerdo, o —por lo general— cuando llega a los oídos la resolución de un problema parecido. La racional implica analizar causas, hacer un diagnóstico, diseñar opciones, sopesar costo y beneficio y, luego, decidir.

"Hay mucha gente que se traba en eso: tiene todo analizado pero le cuesta accionar. A otros les cuesta tener una visión global del asunto. Para esos y otros casos, lo que conviene es hacer una pausa, ir a bailar, ver amigos, disfrutar de las relaciones sexuales, divertirse, todo eso hace que se aflojen los controles de la conciencia, que se conecten datos del preconsciente y que luego la decisión aparezca en un marco más relajado", dice Cañeque .

El estrés es otro convidado a la mesa de decisiones. "Las tres etapas del estrés son alarma, resistencia y agotamiento. Durante la primera, las actividades mentales mejoran, se optimizan y eso facilita la solución de problemas. Pero si el estrés se hace continuo y sostenido en el tiempo, ya no ocurre lo mismo y se presenta como un obstáculo más para resolver el conflicto. Por eso hay que evitarlo", explica Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés.

Eliana Galarza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lograron determinar cómo el estrés puede afectar al corazón

Clarín

CIENCIA : ESTUDIO DEL DEPARTAMENTO DE PSIQUIATRIA DE LA UNIVERSIDAD DE PITTSBURGH

Un área del cerebro ligada a las emociones, genera un aumento excesivo de la presión arterial. Lo probaron imágenes en plena actividad cerebral ante una situación de estrés.

Mariana Iglesias.
miglesias@clarin.com
Un equipo de científicos acaba de demostrar, por primera vez, cuál es la zona del cerebro que se activa ante determinadas situaciones estresantes. Es un área ligada a las emociones que genera en el resto del cuerpo respuestas fisiológicas que pueden ser negativas: graves y serios problemas cardíacos.

La explicación de los investigadores es que una actividad exagerada en esa zona del cerebro en momentos de mucho estrés provoca un aumento excesivo de la presión arterial, secuencia que inevitablemente termina perjudicando la actividad cardíaca.

Gracias a estudios anteriores, los científicos ya presumían que la corteza del cíngulo anterior —ubicada en la parte central del lóbulo frontal, justo detrás de la frente, a la altura de la nariz— regulaba los cambios en la presión sanguínea ante situaciones estresantes. Pero lo interesante es que ahora estos científicos pudieron demostrarlo empíricamente.

¿Cómo hicieron? Fue a través de un equipo de resonancia magnética funcional, que es una técnica muy nueva y moderna, para nada invasiva, que les permitió tomar neuroimágenes del cerebro cuando estaba en pleno funcionamiento.

La investigación acaba de ser publicada en el último número de Psychophysiology, una revista especializada. Allí, Peter Gianaros, jefe del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pittsburgh y líder de la investigación, cuenta con su equipo, cómo se desarrolló todo el estudio.

Una de las hipótesis era cómo un crecimiento desmesurado de la presión sanguínea —que excede las demandas metabólicas esperables durante una situación estresante— puede promover enfermedades cardiovasculares.

Lo que querían probar los especialistas es que la activación de la corteza del cíngulo anterior se relaciona con la suba en la presión sanguínea a causa del estrés. Y decidieron usar imágenes de resonancia magnética funcional. De esa forma podrían ver claramente en el cerebro si, ante una situación estresante, subía el nivel de oxígeno sanguíneo.

Lo que hicieron fue contratar a 20 personas, 11 mujeres y 9 hombres, con un promedio de edad de 64 años. Todos habitantes de Pittsburgh. Toda gente muy sana. Es que justamente se empeñaron en excluir del trabajo a aquellos que tuvieran antecedentes cardíacos, hipertensión, desórdenes mentales o hasta cáncer, para que esos trastornos no interfirieran en el estudio. Y les pagaron unos cuantos dólares por someterse a las pruebas.

Stroop. Así se llaman los ejercicios de apremio emocional que usaron para la investigación. El «Efecto Stroop» es un fenómeno de interferencia semántica producida como consecuencia de la automaticidad en la lectura. Esto ocurre cuando el significado de la palabra interfiere al nombrar, por ejemplo, el color de la tinta en que está escrita esa palabra. Este efecto fue descrito por John Ridley Stroop en 1935 en el Journal of Experimental Psychology.

Estas 20 personas fueron sometidas a ese ejercicio, que había sido modificado mediante un programa de computación: frente a una pantalla donde aparecían nombres de colores, debían decir el color, y no la palabra que leían. Además, cada 90 segundos les tomaban la presión sanguínea, que no paraba de subir.

A su vez, fueron tomando neuroimágenes del cerebro, donde se veía claramente que la zona que más se oxigenaba, y por ende, más trabajaba, era la corteza del cíngulo anterior —una zona relacionada a las emociones—, que a su vez tiene conexiones nerviosas con otros lados del cerebro, y cuya secuencia desemboca en los picos de presión.

El estrés no es bueno para nadie: se sabía perfectamente bien que ante un estímulo estresante se producen cambios físicos. Pero ahora también se sabe, porque los científicos lo pudieron medir, que una situación estresante activa el sistema nervioso y eleva la presión arterial. Y no sólo eso, la consecuencia más peligrosa es la que sufrirá el corazón: los investigadores hablan de problemas cardíacos como el infarto.

El mensaje es claro: los nervios y la psiquis enferman al cuerpo, y pueden llevar a la muerte.

 
 
 

Bach
Alberto Amato
aamato@clarin.com

Ya no es extraño que un estudio sobre cómo el estrés nos carcome el corazón, sea encarado por psiquiatras. Nuestro corazón no se enferma sólo de desamor, o de angustia o de silencio: es el cerebro el que le manda ajarse y abandonarnos. El humorista español Miguel Gila decía que lo malo de una bala no es la bala, es la velocidad que lleva. Lo malo del estrés no es el estrés, sino en cómo nos libramos de él. Parece que debemos proteger y mimar a nuestro cerebro, que del resto se encarga él. Pero ¿cómo? Angela Figueroa Aymerich escribió: «Si los médicos recetaran algo de Bach después de las comidas/esta cochina vida que vivimos sería, de seguro, más bonita». ¿Bach? Probar no nos va a dar estrés.

 Los oficios de mayor estrés

El estrés es un fenómeno individual, depende de cada persona. «Ante una misma situación, alguien puede estresarse, mientras que a otro no le pasa nada, porque tiene que ver con la percepción de cada uno», explicó a Clarín Daniel López Rosetti, presidente de la Asociación Argentina de Medicina del Estrés. Las situaciones más estresantes son las que al sujeto se le escapa el control, lo que sobrepasa a una persona, lo que se le «va de las manos», lo ingobernable.

En cuanto a las profesiones, López Rosetti pone en primer lugar a los periodistas («porque trabajan al límite del tiempo»), luego sitúa a los médicos («por la situación de emergencia, por la complejidad del trabajo»), a los docentes («hoy en día por la gran cantidad de trabajos que tienen, y en diferentes lugares»), a los bomberos («desde que suena la sirena hasta que llegan al lugar»). También están los controladores de tránsito aéreo y los pilotos de avión.

 


El huésped que lo trastoca todo

El estrés es la respuesta del cuerpo a condiciones externas que perturban el equilibrio emocional. El resultado fisiológico de este proceso es un deseo de huir de la situación que lo provoca o confrontarla violentamente. Participan casi todos lo órganos y funciones del cuerpo: el cerebro, los nervios, el corazón, el flujo de sangre, el nivel hormonal, la digestión y la función muscular. El estrés produce cambios químicos en el cuerpo. En una situación de estrés, el cerebro envía señales químicas que activan la secreción de hormonas en la glándula suprarrenal. Las hormonas inician una reacción en cadena en el organismo: el corazón late más rápido, la sangre se desvía a los músculos y la insulina aumenta para que el cuerpo metabolice más energía. A corto plazo, estas reacciones no son dañinas, pero si persisten, son nocivas | reacciones en cadena

El sueño profundo produce más aturdimiento que una borrachera

Clarín
SEGUN UN ESTUDIO EN EE.UU.

Un grupo de científicos descubrió que, al despertar, las personas experimentan peores efectos que si hubieran bebido en exceso. Además, confirmaron que descansar de más es peor que no dormir durante 24 horas.


El aturdimiento que, por un breve período, sigue a ocho horas de sueño profundo es tan malo o peor que una borrachera. Así lo señala un estudio sobre el funcionamiento de la memoria y el pensamiento, publicado hoy por una revista especializada estadounidense.

La revista de la Asociación Americana de Medicina (JAMA, por sus siglas en inglés) informa que un equipo de la Universidad de Colorado en Boulder, EE.UU., encontró que al despertar después de ocho horas de sueño profundo las personas se sienten más aturdidas que cuando se les ha privado de sueño durante 24 horas.

Los investigadores recordaron que otros estudios demostraron que las deficiencias cognitivas que siguen a la privación del sueño por 24 horas son similares a los efectos de la intoxicación con alcohol. Por lo tanto, aseguran, se puede decir que el sueño profundo produce más aturdimiento que una borrachera.

Durante el período de aturdimiento, conocido como inercia del sueño, las personas que fueron sometidas al estudio mostraron una disminución de la memoria de corto plazo, de la capacidad de contar y de otras funciones cognitivas, señaló Kenneth Wright, autor principal del estudio.

Estas conclusiones tienen implicaciones para los trabajadores de la salud, la seguridad y el transporte, a quienes a menudo se les exige que presten servicios de urgencia apenas se despiertan.

"Esta es la primera vez que alguien ha cuantificado los efectos de la inercia del sueño", señaló Wright.

"Encontramos que la habilidad cognitiva de los sujetos del estudio eran peores al despertar que después de una larga privación de sueño. Aunque breves, los efectos de la inercia del sueño son tan malos o peores que los de la borrachera", indicó el científico.

Después de observar a los individuos dormir ocho horas cada noche por un período de seis días, los investigadores los sometieron a pruebas cognitivas, tal como sumar números de dos dígitos, dijo Wright.

Los investigadores comprobaron que los individuos exhibían los efectos más graves de la inercia del sueño en los primeros tres minutos después de despertarse, agregó.

Estos efectos generalmente se disipaban después de un máximo de diez minutos, aunque a veces se podían detectar hasta dos horas más tarde, concluyeron los autores del estudio.

Salud: El cerebro trabaja más ante una situación de duda que de riesgo

Clarín

ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD DE IOWA Y DEL INSTITUTO CALIFORNIA DE TECNOLOGIA, EN EE.UU.

Los científicos sostienen que hay 24 áreas del cerebro que actúan frente a lo imprevisible y no lo hacen igual frente a riesgos conocidos. Y que son las zonas emocionales las que ayudan frente a la incertidumbre.

|California|

Por Gabriel Giubellino|ggiubellino@clarin.com
Al ser humano no le gustan las incertidumbres. Eso lo sabe cualquiera por experiencia propia. Lo que se desconocía es que su sistema neuronal responde de manera muy distinta cuando se lo enfrenta a distintos niveles de probabilidad. Se activa mucho más ante un resultado imprevisible: 24 áreas del cerebro se ponen a trabajar bajo condiciones de ambigüedad, antes que frente a riesgos conocidos. Son los centros emocionales los que ayudan a lidiar con la incertidumbre. La razón y la emoción van entonces de la mano.

Esta es una conclusión a la que llegaron investigadores de la Escuela Médica de la Universidad de Iowa, y la División de Humanidades y Ciencias Sociales del Instituto California de Tecnología, en Pasadena, Estados Unidos.

En teorías utilizadas en ciencias sociales se considera que las únicas variables que influencian en una evaluación son los juicios sobre los resultados probables, afirma el estudio publicado en la revista Science, de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

En algunas elecciones, como jugar a la ruleta, el apostador puede tener en cuenta algunas variables como ciertas frecuencias, u otros antecedentes antes de decidir su jugada. «En el otro extremo, como la chance de un ataque terrorista, las probabilidades están basadas en evidencias exiguas o conflictivas, donde la información importante claramente falta», dice el estudio.

El modelo teórico que explica esta forma de decidir indica que ante una probabilidad imprecisa, la gente se inclina a considerar el peor resultado posible. Se actúa como si del otro lado hubiese un oponente que pueda elegir con maldad lo que desfavorece al participante. Esta es una respuesta emocional. Pero también en ese caso hay una respuesta racional: se estima lo peor, se juzga cuánto paga y entonces se decide.

De esta manera distinguieron dos tipos de incertidumbre: una, llamada riesgosa; la otra, ambigua.

«Las elecciones pueden depender de cuánta información relevante está faltando, o qué tan ignorante se siente la gente comparado con otros», señala el artículo.

Los investigadores focalizaron el estudio en regiones antes asociadas al lado emocional de la toma de decisiones. Combinaron dos fuentes de información: imágenes de resonancia magnética y el estudio de la conducta de pacientes con ciertas lesiones. Ante estímulos que conllevan un alto grado de incertidumbre, las áreas procesadoras de emociones, como la corteza órbitofrontal y la amígdala, se activaron más que frente a estímulos apenas riesgosos. Ambas áreas, conectadas bidireccionalmente, actúan rápidamente como sistemas de «vigilancia» y evaluación.

La investigación demuestra que las situaciones riesgosas y las ambiguas mueven distintas área del cerebro. «Bajo un estado de ambigüedad, el cerebro es alertado de que falta información, y que las elecciones basadas en la información disponible puede por lo tanto tener consecuencias desconocidas y potencialmente peligrosas, y que se deben movilizar recursos cognitivos y conductuales para conseguir información adicional del entorno».

Estas respuestas, observadas en imágenes, fueron corroboradas al estudiar lo que sucede en pacientes con lesiones en la corteza órbitofrontal. No demostraron preferencia por decisiones con riesgo «conocido» por sobre las inciertas.

Lo que hacen estos investigadores es unir el conocimiento de la neurología con el de la economía. Esto lo ha planteado ya un autor del trabajo, Crolin Camerer, en un informe titulado: «Neuroeconomía. Por qué la economía necesita al cerebro». Entonces citó al economista Jacob Viner, quien ya en 1925 decía: «La conducta humana en general y, por lo tanto, presumiblemente también en el mercado, no se encuentra bajo la detallada y constante orientación de hedónicos cálculos exactos y cuidadosos, sino que es producto de un inestable e irracional complejo de acciones reflexivas, impulsos, instintos, hábitos, costumbres, modas e histeria».

En otro siglo, 80 años después, los científicos salieron a corroborarlo. Aldo Rustichini, investigador en teoría de la decisión en la Universidad de Minnesota, Minneapolis, explica esta aversión a la ambigüedad con una experiencia similar a la realizada en esta investigación. Se colocan dos mazos de cartas en una mesa. El de la derecha tiene 50 cartas rojas y 50 azules. El de la izquierda también tiene cartas rojas y azules, pero el conejillo no conoce cuántas de cada una. El investigador toma una carta de cada mazo. Promete darle 100 dólares al participante si acierta el color.

¿A cuál apuesta la mayoría? Al mazo de la derecha. Y la más pura lógica indica que en el otro mazo también hay un 50 y 50 de posibilidades de ganar y perder.

La diferencia es que se apuesta al mazo «conocido», esto es, del que se «conoce la probabilidad». En ese artículo se dice que este razonamiento se emplea cuando se evalúa la relación entre el precio de un producto de una compañía conocida ante otro precio —más barato— de un producto similar, pero de una empresa desconocida. «La gente le gusta más aquello que conoce», afirma Rustichini.

La relación de este tipo de investigaciones con la economía es evidente. Dos sectores importantes de ella, como el negocio del juego y el del seguro, se basan en la consideración de situaciones riesgosas. El estudio menciona incluso otras áreas delicadas sobre la toma de decisiones, como el combate al terrorismo.

«Dilucidar los procesos neurales de la toma de decisiones humanas ayudará a entender las importantes diferencias económicas entre riesgo y ambigüedad», dijo el doctor Facundo Manes, director del Instituto de Neurologia Cognitiva (INECO). «Los experimentos demuestran que mucha gente prefiere apostar en situaciones riesgosas o peligrosas antes que en ambiguas».

Es evidencia científica de un refrán que bien podría haber sido de cabecera de Sancho Panza: «Mejor malo conocido que bueno por conocer».

Salud

Clarín
ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD DE IOWA Y DEL INSTITUTO CALIFORNIA DE TECNOLOGIA, EN EE.UU.

El cerebro trabaja más ante una situación de duda que de riesgo

Los científicos sostienen que hay 24 áreas del cerebro que actúan frente a lo imprevisible y no lo hacen igual frente a riesgos conocidos. Y que son las zonas emocionales las que ayudan frente a la incertidumbre.

Gabriel Giubellino.

ggiubellino@clarin.com

Al ser humano no le gustan las incertidumbres. Eso lo sabe cualquiera por experiencia propia. Lo que se desconocía es que su sistema neuronal responde de manera muy distinta cuando se lo enfrenta a distintos niveles de probabilidad. Se activa mucho más ante un resultado imprevisible: 24 áreas del cerebro se ponen a trabajar bajo condiciones de ambigüedad, antes que frente a riesgos conocidos. Son los centros emocionales los que ayudan a lidiar con la incertidumbre. La razón y la emoción van entonces de la mano.

Esta es una conclusión a la que llegaron investigadores de la Escuela Médica de la Universidad de Iowa, y la División de Humanidades y Ciencias Sociales del Instituto California de Tecnología, en Pasadena, Estados Unidos.

En teorías utilizadas en ciencias sociales se considera que las únicas variables que influencian en una evaluación son los juicios sobre los resultados probables, afirma el estudio publicado en la revista Science, de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

En algunas elecciones, como jugar a la ruleta, el apostador puede tener en cuenta algunas variables como ciertas frecuencias, u otros antecedentes antes de decidir su jugada. "En el otro extremo, como la chance de un ataque terrorista, las probabilidades están basadas en evidencias exiguas o conflictivas, donde la información importante claramente falta", dice el estudio.

El modelo teórico que explica esta forma de decidir indica que ante una probabilidad imprecisa, la gente se inclina a considerar el peor resultado posible. Se actúa como si del otro lado hubiese un oponente que pueda elegir con maldad lo que desfavorece al participante. Esta es una respuesta emocional. Pero también en ese caso hay una respuesta racional: se estima lo peor, se juzga cuánto paga y entonces se decide.

De esta manera distinguieron dos tipos de incertidumbre: una, llamada riesgosa; la otra, ambigua.

"Las elecciones pueden depender de cuánta información relevante está faltando, o qué tan ignorante se siente la gente comparado con otros", señala el artículo.

Los investigadores focalizaron el estudio en regiones antes asociadas al lado emocional de la toma de decisiones. Combinaron dos fuentes de información: imágenes de resonancia magnética y el estudio de la conducta de pacientes con ciertas lesiones. Ante estímulos que conllevan un alto grado de incertidumbre, las áreas procesadoras de emociones, como la corteza órbitofrontal y la amígdala, se activaron más que frente a estímulos apenas riesgosos. Ambas áreas, conectadas bidireccionalmente, actúan rápidamente como sistemas de "vigilancia" y evaluación.

La investigación demuestra que las situaciones riesgosas y las ambiguas mueven distintas área del cerebro. "Bajo un estado de ambigüedad, el cerebro es alertado de que falta información, y que las elecciones basadas en la información disponible puede por lo tanto tener consecuencias desconocidas y potencialmente peligrosas, y que se deben movilizar recursos cognitivos y conductuales para conseguir información adicional del entorno".

Estas respuestas, observadas en imágenes, fueron corroboradas al estudiar lo que sucede en pacientes con lesiones en la corteza órbitofrontal. No demostraron preferencia por decisiones con riesgo "conocido" por sobre las inciertas.

Lo que hacen estos investigadores es unir el conocimiento de la neurología con el de la economía. Esto lo ha planteado ya un autor del trabajo, Crolin Camerer, en un informe titulado: "Neuroeconomía. Por qué la economía necesita al cerebro". Entonces citó al economista Jacob Viner, quien ya en 1925 decía: "La conducta humana en general y, por lo tanto, presumiblemente también en el mercado, no se encuentra bajo la detallada y constante orientación de hedónicos cálculos exactos y cuidadosos, sino que es producto de un inestable e irracional complejo de acciones reflexivas, impulsos, instintos, hábitos, costumbres, modas e histeria".

En otro siglo, 80 años después, los científicos salieron a corroborarlo. Aldo Rustichini, investigador en teoría de la decisión en la Universidad de Minnesota, Minneapolis, explica esta aversión a la ambigüedad con una experiencia similar a la realizada en esta investigación. Se colocan dos mazos de cartas en una mesa. El de la derecha tiene 50 cartas rojas y 50 azules. El de la izquierda también tiene cartas rojas y azules, pero el conejillo no conoce cuántas de cada una. El investigador toma una carta de cada mazo. Promete darle 100 dólares al participante si acierta el color.

¿A cuál apuesta la mayoría? Al mazo de la derecha. Y la más pura lógica indica que en el otro mazo también hay un 50 y 50 de posibilidades de ganar y perder.

La diferencia es que se apuesta al mazo "conocido", esto es, del que se "conoce la probabilidad". En ese artículo se dice que este razonamiento se emplea cuando se evalúa la relación entre el precio de un producto de una compañía conocida ante otro precio —más barato— de un producto similar, pero de una empresa desconocida. "La gente le gusta más aquello que conoce", afirma Rustichini.

La relación de este tipo de investigaciones con la economía es evidente. Dos sectores importantes de ella, como el negocio del juego y el del seguro, se basan en la consideración de situaciones riesgosas. El estudio menciona incluso otras áreas delicadas sobre la toma de decisiones, como el combate al terrorismo.

"Dilucidar los procesos neurales de la toma de decisiones humanas ayudará a entender las importantes diferencias económicas entre riesgo y ambigüedad", dijo el doctor Facundo Manes, director del Instituto de Neurologia Cognitiva (INECO). "Los experimentos demuestran que mucha gente prefiere apostar en situaciones riesgosas o peligrosas antes que en ambiguas".

Es evidencia científica de un refrán que bien podría haber sido de cabecera de Sancho Panza: "Mejor malo conocido que bueno por conocer".